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martes, 29 de octubre de 2013

Recaredo. El rey católico de los Visigodos

Recaredo nació hacia el año 565. Era el segundo hijo de la unión entre Leovigildo y Teodosia, cuyo primogénito era Hermenegildo. A la muerte de su madre, Leovigildo se casó en segundas nupcias com Gosvinta, viuda de un rey anterior y mujer de fuerte carácter e influencia. 

En esos años los destinos de ambos príncipes se separaron. Hermenegildo parece haber residido siempre en Sevilla ejerciendo el gobierno de la Bética. Esta era una provincia muy romanizada y no muy apegada al poder visigodo, y el príncipe primogénito no tardó en unirse a la resistencia frente al poder de su propio padre.

Recaredo por su parte, parece sin embargo que siguió fielmente al rey Leovigildo en sus campañas militares en Sarabia, la Orospeda o Vasconia. Estaba junto a él en 579 cuando finalmente el primogénito Hermenegildo se rebeló contra su padre y se convirtió también al catolicismo. El alzamiento corría el riesgo de convertirse en guerra civil.

(Recaredo I : fue rey de los visigodos desde 586 a 601, cuando murió en Toledo)

Leovigildo, tras pacificar las regiones del norte, se dirigió hacia el sur para aplastar la rebelión de su hijo, al que finalmente apresó. Hermenegildo rechazó la oferta de perdón de su padre por fidelidad a la fe católica y que fue decapitado por su carcelero. La muerte de Hermenegildo en prisión en 585 convirtió a Recaredo en heredero único del trono. Su padre, ocupado en la conquista del reino de los suevos, lo envió a la Septimania (región del sureste de Francia en torno a Narbona que formaba parte del reino visigodo). Allí debía hacer frente a la amenaza de Gontrán, rey de Burgundia, cuyas tropas habian sitiado Nîmes y ocupado Carcasona gracias a la traición.

Recaredo llegó a la región al mando de un ejército godo de auxilio y pasó al contraataque, derrotando ante las murallas de Carcasona a las fuerzas burgundias, que huyeron dejando tras de sí unas cinco mil bajas en el campo de batalla. No detuvo ahí su ofensiva, sino que en un fulgurante avance tomó las fortalezas de Ugernurm y Caput Arietis (en la fontera del Ródano) y asoló la region de Toulouse. El príncipe había demostrado su valía militar ante los francos en una campaña que los cronistas hispanos calificaron de contundente victoria de las huestes visigodas. 

Al año siguiente su padre, el rey, falleció y Recaredo ocupó el trono, sin que las facciones nobiliarias que se disputaban el poder mostraran una oposición abierta en un principio. Sinembargo, a buena parte de esa nobleza goda no le debió de agradar demasiado la instauración de un principio de sucesión dinástica de padre a hijo, contraria al principio electivo por el que hasta entonces se habia regido el Reino de Toledo. Del mismo modo, a los obispos arrianos tampoco debió de complacerles la conversión al catolicismo del nuevo rey Recaredo, que abjuró del tradicional arrianismo germánico

Así narraba San Isidoro de Sevilla la conversión de Recaredo en el III Concilio de Toledo:

"En la era DCXXIIII, (...) muerto Leovigildo, fue coronado rey su hijo Recaredo. Estaba dotado de un gran respeto a la religión y era muy distinto de su padre en costumbres, pues el padre era irreligioso y muy inclinado a la guerra; él era piadoso por la fe y preclaro por la paz; aquél dilataba el imperio de su nación con el empleo de las armas, éste iba a engrandecerlo más gloriosamente con el trofeo de la fe. Desde el comienzo mismo de su reinado, Recaredo se convirtió, en efecto, a la fe católica y llevó al culto de la verdadera fe a toda la nación gótica, borrando así la mancha de un error enraizado. Seguidamente reunió un sínodo de obispos de las diferentes provincias de España y de la Galia para condenar la herejía arriana. A este concilio asistió el propio religiosísimo príncipe, y con su presencia y su suscripción confirmó sus actas. Con todos los suyos abdicó de la perfidia que, hasta entonces, había aprendido el pueblo de los godos de las enseñanzas de Arrio, profesando que en Dios hay unidad de tres personas, que el Hijo ha sido engendrado consustancialmente por el Padre, que el Espíritu Santo procede conjuntamente del Padre y del Hijo, que ambos no tienen más que un espíritu y, por consiguiente, no son más que uno." (1)

Fue por este motivo, entre otros, por los que se produjeron una serie de conspiraciones contra el nuevo rey, hasta cuatro consecutivas. En ellas intervinieron también católicos, lo que excluye que la religión fuera la única causa.

La primera de estas conjuras se produjo en el año 587. Sunna, obispo arriano de Mérida, y los condes lusitanos Segga y Vagrila planearon el asesinato de Masona, obispo católico de la misma sede, y de Claudio, duque de la provincia, con el fin de privar al nuevo monarca de apoyos fundamentales y posteriormente usurpar el trono.

El complot no tuvo éxito porque uno de los conspiradores, Viterico, lo denunció ante el dux Lusitaniae, quien llevó el caso a Recaredo.

(Moneda "Tremis" de Recaredo)

Una vez abortada la conjura, la sentencia fue bastante magnánima para la crueldad habitual entre los visigodos: a Segga le amputaron las manos y fue exiliado a la Gallaecia, a Vagrila se le confiscaron las propiedades y a Sunna, se le exilió a Mauritania, donde siguió predicando el arrianismo hasta encontar el martirio.

Al año siguiente, Uldila, probablemente obispo arriano de Toledo, y la poderosa Gosvinta, la viuda de Leovigjldo, también pretendieron acabar con el monarca, pero fueron descubiertos. El primado tomó la vía del exilio mientras que la antigua reina murió en oscuras circunstancias; en palabras del cronista Juan de Bíclaro.


"Gosvinta, siempre hostil a los católicos, entregó su vida".
Justo antes del III concilio de Toledo, Granista y Vildigerno, condes de la Septimania, decidieron sublevarse también contra Recaredo. El obispo de Narbona, Ataloc, de religion arriana, les aconsejó pedir ayuda al antiguo enemigo de Recaredo, el rey burgundio Gontrán que era católico (el credo tenia una importancia relativa frente a los intereses políticos y territoriales).

Las tropas burgundias ocuparon Carcasona, pero fueron derrotadas vergonzosamente por las tropas de Recaredo, el cronista Juan de Bíclaro relata que tan sólo 300 soldados arrasaron a un ejército de nada menos que 70.000 hombres. Aunque las cifras no son creíbles, sino más bien un alarde propagandístico, lo cierto es que la frontera con Burgundia quedo estabilizada y se puso freno a las ansias expansionistas de su rey. Para los godos de la época, todo ello evidenciaba que Recaredo gozaba de una protección divina.

(Mapa de la España Visigoda de Leovigildo, padre de Recaredo. La Península estaba ocupada por diferentes pueblos como los Suevos, Vascones, Bizantinos etc...)

En el afro 590, Argimundo, duque de la Cartaginense, encabezó otra trama para acabar con la vida de Recaredo, que otra vez fue descubierta. Los cómplices fueron ajusticiados, mientras que Argimundo sufrió una suerte peor:

"Fue primero interrogado con látigos y luego le arrancaron el cuero cabelludo como signo de vergüenza; a continuación, le cortaron la mano derecha y lo exhibieron por todo Toledo montado en un asno, como un ejemplo para todos de que los siervos no debian desafiar a sus amos".

Tanto la humillación pública como la amputación de la diestra tenían como objetivo incapacitar al reo para gobernar y luchar, eliminándose a un enemigo político sin matarlo. Y así como estos castigos eran habituales y conocidos en otros lugares, la "decalvatio" (arrancar el cuero cabelludo) parece ser una forma de castigo propiamente visigoda.

Recaredo se esforzó por atraerse a la nobleza, tanto la goda como la hispanorromana, también al episcopado arriano y católico. Así devolvió las propiedades confiscadas por su padre Leovigildo e instituyó los Seniores Gothorum, asamblea del consejo real que reunía a los aristócratas visigodos más poderosos. Gracias quizás a estas medidas, después del año 590 las fuentes no documentan sedición alguna contra su poder. Isidoro de Sevilla, en su Historia de los Godos, destaca el contraste entre la politica de Leovigildo y la de su hijo: 

"Las províncias que su padre conquistó con la guerra, él las conservó con la paz, las administró con equidad y las rigió con moderación." (1)

Pacificar el reino godo significaba resolver también el problema religioso. El rey se había convertido personalmente al catolicismo en 587, poco después de acceder al trono, bajo los auspicios de Leandro, arzobispo de Sevilla, y desde ese mismo instante se propuso lograr que el pueblo godo adoptara el catolicismo.

(El Rey Recaredo hablando a los Obispos en el Concilio III de Toledo, año 589. Códice Vigilano, fol. 145, Biblioteca del Escorial) 

A lo largo de dos años, el rey movió sus piezas y logró convencer a la mayoría de nobles y obispos, garantizándoles sus privilegios si se convertían al catolicismo. Así, los antiguos obispos arrianos mantuvieron su estatus en la Iglesia católica sin tener que ordenarse de nuevo. Eso sí, los elementos recalcitrantes fueron excluidos y purgados, como también se castigó a los responsables del trágico destino de Hermenegildo.

Despejado así el camino, se celebró el III Concilio de Toledo en el año 589. El reino visigodo tomó a partir de entonces un nuevo rumbo marcado por la entente entre Iglesia y Estado. La propaganda política del régimen se encargó de presentar a Recaredo como un nuevo Constantino, el emperador que permitió el triunfo de la Iglesia católica en el lmperio Romano a partir del edicto de Milán del año 313. 

(Corona visigoda que forma parte del tesoro de Guarrazar, un tesoro arqueológico compuesto por coronas y cruces votivas que los reyes visigodos españoles ofrecieron en su día a la Iglesia. Fue hallado entre los años 1858 y 1861 en el yacimiento arqueológico de la llamada huerta de Guarrazar)

Recaredo falleció el 21 de diciembre del 601. Más allá de su capital reforma religiosa, su reinado se caracterizó por asumir el legado de Leovigildo: la unidad territorial de la Península Ibérica y la instauración del principio de sucesión dinástica. Pero, en este aspecto, su política tuvo escasoefecto, ya que su hijo Liuva II tan sólo pudo reinar un par de años antes de ser depuesto y asesinado por un grupo de conspiradores encabezado por Viterico, el mismo que había abortado con su traición la primera sublevación contra Recaredo. Volvía así el Morbus Gothorum, (el mal de los godos) la usurpación violenta del trono.

Curiosidades :

» Recaredo tardó algún tiempo en informar al papado de su conversión al catolicismo. En una carta enviada en 599 el monarca explicaba al papa Gregorio Magno que no le había escrito antes porque una embajada anterior había naufragado en Marsella. En su respuesta, Gregorio lo celebróescribiendo:

"El nuevo milagro que ha sucedido en nuestros dias, de haber pasado los godos por obra vuestra de la herejía arriana a la verdadera fe (...) Qué corazón habrá tan insensible que, oyendo tan gran novedad, no se conmueva, alabe a Dios y ame a vuestra persona?"

Pero cuando Recaredo poco después, le pidió al papa que mediara en el conflicto que mantenía con los bizantinos por la presencia de éstos en el sur de la Península, el sumo pontífice se mantuvo neutral para no ofender a ninguna de las dos partes.

(Gregorio Magno es autor de una Regula pastoralis, manual de moral y de predicación destinado a los obispos. Recopiló y contribuyó a la evolución del canto gregoriano, llamado así en su honor pues en el año 600 d. C. ordenó que se recopilaran los escritos de los cánticos o himnos cristianos primitivos)

» Con la conversión de Recaredo y la adopción de la fe católica como credo oficial del reino de Toledo, en 589, los visigodos dejaban atrás doscientos años de perseverancia en el arrianismo. Esta corriente cristiana, considerada herética por la Iglesia de Roma, debía su nombre a Arrio, un sacerdote de Alejandría que vivió a comienzos del siglo IV. Arrio afirmaba que Dios Padre existía antes que todas las cosas y que había creado a Dios Hijo-Logos (el Verbo) o Cristo; la sustancia divina de éste no era igual a la del Padre, al que el Hijo estaba subordinado. Por tanto, la doctrina arriana negaba la equiparación de Cristo con Dios tal como la sostenía el dogma dominante en el mundo cristiano, lo que le valió una condena terminante en los concilios de Nicea (325) y de Constantinopla (381). 

Sin embargo, entre un sínodo y otro, el arrianismo cobró nueva vida cuando un obispo godo, Ulfilas, convirtió al cristianismo en su versión arriana a sus hermanos de raza, los godos de Mesia (al norte del Danubio). Desde allí, el arrianismo se difundió entre los pueblos germánicos: ostrogodos, visigodos, vándalos, burgundios y longobardos. Fue esta fe la que los visigodos llevaron consigo cuando se instalaron en Hispania en el siglo V. Allí se encontraron con una población autóctona católica, regida por una jerarquía eclesiástica fuertemente arraigada. Parecía una situación propicia para el conflicto, pero los historiadores han destacado la notable tolerancia de que hicieron gala los reyes godos, a semejanza de la que se practicó también en el reino ostrogodo de Italia.

Fuentes : 

» Pere Maymó i Capdevila "Un católico en el trono visigodo" a través de Historia de National Geographic.
» Thompson E.A., "Los godos en España", Madrid, 2007.
» Orlandis, José "Historia del reino visigodo español", Ediciones Rialp, 2006.
» (1) Las historias de los godos, vándalos y suevos, de Isidoro de Sevilla

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