lunes, 18 de noviembre de 2013

El Oro de los Visigodos

El amplio espacio de la Vega Baja atesora un rico patrimonio arqueológico conocido desde antiguo, y puesto al descubierto desde el año 2001, gracias al inicio de las excavaciones arqueológicas que en su día fueron impulsadas por el proyecto de urbanización del espacio comprendido entre la Fábrica de Armas y el barrio de Santa Teresa. 

Durante la intervención arqueológica que realizamos en el año 2006, se produjo el hallazgo de un conjunto de 30 monedas de oro (denominadas tremises) que reflejan el sistema monetario que circulaba en Toleto a principios del reinado de Chindasvinto (siglo VII)

Tesorillo localizado en el proceso de excavación

Los reyes representados (Sisebuto (1), Suinthila (9), Sisenando (12) y Chintila (8)) confirman la extendida teoría de que las monedas de diferentes reyes se van sumando y se siguen utilizando hasta que las más viejas desaparecen por deterioro o por orden real. En este caso los 27 años de reinado que suman los cuatro monarcas (desde el año 612 al 639) nos da una idea de la posible duración de las emisiones visigodas. Sin duda, la moneda de Sisebuto debe ser considerada como residual.

Moneda de Sisebuto (muerto en 621)







Detalle de la moneda de Sisebuto
Moneda de Leovigildo (muerto en el 586). Anverso y Reverso

La fecha del ocultamiento debe situarse entre los reinados de Chintila, Tulga y Chindasvinto. El último rey representado es Chintila, pero el corto reinado de Tulga (sólo tres años) puede ser el motivo por el que no hay monedas suyas en el ocultamiento. Finalmente las circunstancias políticas que se vivieron desde el principio del reinado de Chindasvinto nos hacen decantarnos por este momento como explicación del ocultamiento. Este monarca llegó al poder a muy avanzada edad, tras una conjura que acabó con el reinado del joven rey Tulga. Durante gran parte de su vida estuvo muy ligado a la corte, donde fue duque y participó en los principales acontecimientos políticos nada menos que desde tiempos de Leovigildo. Su dilatada experiencia en intrigas le llevó a abordar su reinado sobre la base de la represión, de tal modo que la mayor parte de las fuentes clásicas mencionan las fuertes depuraciones que sufrió la nobleza goda bajo su férrea mano. Se habla de la muerte de 200 primates y 500 mediocres, el destierro de otros tantos y la enajenación de sus bienes a favor de los partidarios del rey. Se calcula que al menos la mitad de la nobleza palatina desapareció. La promulgación de leyes contra la traición, los desertores y los conspiradores, nos hablan de unos tiempos convulsos en los que parte de la nobleza tuvo que huir del reino. En este contexto puede explicarse el ocultamiento de este tesoro, y tal vez la destrucción de la vivienda en la que se halló.

Así pues, las características del tesoro nos pueden hablar de un propietario dedicado al comercio, lo que daría sentido a la variedad de cecas representadas, que pudo verse obligado a abandonar la ciudad precipitadamente como consecuencia de la deposición de Tulga y de la consiguiente política represora de Chidasvinto. La capital toledana se nos revela como un foco comercial muy relacionado con la Bética y la Lusitania.

En primer lugar habría que especificar que el patrón oro sigue siendo el metal relevante, estable y base de las acuñaciones visigodas. Se basa en la libra romana que se subdividía en 12 onzas o 72 sólidos aureus. Cada sólido aureus se subdividía en tres tremises. Pero ¿cuál sería el valor real de este tipo de monedas? o para entenderlo mucho mejor, ¿qué se podía comprar con ellas?

Para poder contestar a este tipo de cuestiones el estudio de la legislación visigoda es fundamental. Así sabemos que el robo de un burro o un buey se castigaba con un sólido y el de una vaca con dos tremises o un solo tremis en caso de que fuese un ternero. El trabajo de un obrero durante un año costaba tres sólidos y la educación de un niño menor de diez años dos sólidos al año. La operación de cataratas costaba cinco sólidos, lo que nos habla del alto estatus de los médicos. Estos ejemplos nos ilustran sobre el alto valor que tendrían los tremises en esta época y, en consecuencia, la importancia del tesorillo localizado en el yacimiento de Vega Baja.

Algunos apuntes sobre la moneda Visigoda

La mayoría de los investigadores coinciden en pensar que esta moneda no tuvo que circular de manera habitual entre la población por lo que nos planteamos entonces el siguiente interrogante ¿para qué servían?. Aunque son muchas las teorias la gran mayoría de los autores coinciden en otorgarle preeminencia del valor político sobre el económico. Así, según De Franciso y Vico, Leovigildo inicia un proceso buscando ver reconocida su autoridad frente a Roma. Comienza primero acuñando monedas similares a las romanas pero sigue con otras en las que sigue apareciendo el nombre del emperador de Bizancio en el anverso aunque en el reverso aparece el nombre de Leovigildo. Después de esta emisión “de prueba” acuña una nueva moneda en la que las leyendas son ilegibles y que estos autores consideran que no son fruto de la torpeza de los orfebres sino de una orden directa del monarca para ver la acogida de esta nueva moneda en el mercado. Por último, acaba acuñando monedas que nada tienen que ver con las clásicas romanas sino con el reino visigodo resultado de un gran programa político para conseguir la independencia total del poder imperial bizantino. La moneda sería entonces un instrumento propagandístico poderoso.

Por otro lado, llama la atención la ausencia de textos acerca de la fabricación de moneda en contraste con la abundancia de leyes que castigan su falsificación. Como suele suceder, la abundancia de leyes contra un delito da fe de la frecuencia con que se comete el mismo. Las falsificaciones fueron habituales y se encontraba diferenciado el delito de la falsificación del de la acuñación ilegal.

Recreación del proceso de acuñación de moneda

El oro se fundiría con plata, en mayor o menor proporción y en pequeñas porciones de cobre con el fin de conseguir la aleación deseada. El metal pasaba del crisol (recipiente preparado para contener este metal líquido) a un molde en el que se daba forma a los cospeles (disco de metal preparado para acuñar una moneda). 

Una vez enfriados, desmoldados y comprobado su peso se colocaban entre dos cuños: uno de ellos fijo en el yunque y el otro móvil. El monedero aplicaba un golpe seco con un martillo dejando acuñada la moneda.

La elaboración de los cuños era muy delicada y artesanal por lo que es prácticamente imposible que se fabricasen dos idénticos. Es por ello, que la comparación de monedas batidas bajo el reinado de un mismo monarca y en una misma ceca, ofrecen normalmente diferencias debidas al carácter artesanal del trabajo de los cuños.

Para comprobar los pesos de las acuñaciones existían unas pequeñas piezas metálicas elaboradas en bronce y conocidas como “ponderales”. Aquí tenemos un ejemplo que apareció en el yacimiento de la Vega Baja durante las excavaciones gestionadas por la empresa Toletum Visigodo.

Estos patrones ponderales, en época imperial romana, tenían la función de controlar las demás pesas. En estas piezas se muestran inscripciones con su valor, normalmente incrustadas en plata. Son siglas que están formadas por dos letras siendo la primera la abreviatura del valor o el nombre de la unidad monetaria a que se refiere, que puede ser la libra, la onza o el sólido; y la segunda el numeral o peso de la pieza. 

Ponderales documentados en Vega Baja

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