miércoles, 6 de noviembre de 2013

Leyenda de Casilda... La degollada...

Regreso al puente de La Degollada...

Como cualquier visitante, la tentación de apuntarse a un paseo en el tren turístico "Imperial" nos invadió un día que cogí el Galiano desde Madrid para conocer Tolaitula. 

Perdido en descifrar el contenido de la mala grabación que acompañaba nuestro viaje del tren, sólo me dio tiempo de recordar una triste leyenda y un fúnebre lugar: El Arroyo de la Degollada… 

Un año después me vi en el mismo lugar interpretando al cristiano... 

La leyenda... 

Aquí la leyenda enclava otro episodio más de las historias de amores imposibles entre un caballero y una dama: el arroyo de la degollada o la muerte alimentada por el odio religioso. 

Ocurrió en el año 1085. El rey Alfonso VI reconquistaba Toledo. Las tropas cristianas habían tomado la ciudad y sus oscuras callejuelas eran un constante ir y venir de jinetes que vigilaban cualquier rebelión de los vencidos musulmanes, judíos y mozárabes. 

Cierto día los ojos de Rodrigo, uno de estos jóvenes caballeros que patrullaban la antigua Tolaitola, fueron a encontrarse con los de una bella musulmana llamada Zahira. 

Rodrigo no podía olvidar el rostro de la preciosa doncella hasta que, finalmente, obtuvo de ella una cita amparada por la oscuridad de la noche. 

Pasado un tiempo, los jóvenes llegaron a fundirse en la pasión del amor. 

Zahira confesó a su amado Rodrigo que quería convertirse al cristianismo y entregarse a un valiente caballero cristiano que la protegiese de la terrible venganza de sus padres por renunciar a sus creencias.

Rodrigo le declaró ser ese caballero cristiano y juró amor eterno a la que a partir de ese momento llamaría Casilda, como ella deseaba. 

Los dos jóvenes idearon el plan de huir hacia un cercano castillo para que un sacerdote la bautizara y la uniera a su amado con el sagrado lazo matrimonial. 

Los dos jóvenes nunca llegaron a ese castillo porque fueron sorprendidos en un camino entre el Puente de Alcántara y la subida hacia el Valle por dos atracadores árabes que, creyendo que la bella musulmana era secuestrada, entraron en lucha con Rodrigo. 

El joven intentó huir de ellos hacia el arroyo que dio nombre a esta leyenda, pero una vez ahí, uno de los árabes alcanzó con su puñal el cuello de Casilda, que cayó moribunda. 

El caballero acudió rápidamente a socorrer a su amada; nada podía hacer para salvar su vida por lo que, mirando hacia el cielo, tomó aguas del arroyo y vertiéndola sobre la cabeza de Casilda, hizo realidad su última voluntad antes de morir: ser bautizada en la fe de Cristo

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