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sábado, 28 de diciembre de 2013

Desmanes de los Franceses en Toledo durante la invasión de 1808

En Toledo, la destrucción del monasterio franciscano de San Juan de los Reyes tuvo lugar en diciembre de 1808. 

Igual suerte corrieron otros muchos conventos e iglesias de la ciudad por aquellas fechas; las tropas de Víctor saquearon e incendiaron el monasterio jerónimo de La Sisla, los conventos de Mínimos, Agustinos Calzados, Santísima Trinidad Calzada, Franciscanos Descalzos, el Carmen y San Pedro Mártir, el colegio de Santa Catalina, las ermitas de la Virgen del Valle, Nuestra Señora de la Cabeza y un largo etcétera de templos e inmuebles de diversas instituciones religiosas.

Martín de la Cerda escribe en Toledo a 13 de enero de 1809:

El 13 de diciembre de 1808 entraron los franceses en Toledo al mando de Bellune, Semelle, Billard, Pitot y otros generales. 20.000 hombres que venían de Madrid. Estuvieron 10 días haciendo atrocidades, las que diré por mayor en los cuarteles que fueron Santo Domingo, San Juan de los Reyes, San Agustín Calzado, La Merced, Trinitarios Calzados y Descalzos, el Alcázar, La Universidad, Colegios de Sta. Catalina y San Bernardino, las Provisiones del Vino, en una habitación de niños expósitos de un hospital, y la Iglesia de este ocupada con las del Pan.

Este autor nos detalla los muchos desmanes y destrozos causados por las tropas francesas que se alojaron (u ocuparon) Toledo durante la Guerra de la Independencia. Detalla incendios, como el que sucedió en el mencionado hospital que “no fue cosa mayor porque se acudió a tiempo con paisanos y facultativos, pero la tropa sólo se dedicó en reir y ver cómo ardía el citado”.

También incendiaron el convento de San Juan de los Reyes, que ardió cuatro días, y fue uno de los monumentos que más destrozos sufrió durante la ocupación (ahora reconstruido, afortunadamente, en especial su magnífico claustro). El autor narra cómo los soldados se hicieron capotes del sayal de los religiosos, les comieron cuanto había en provisiones, robaron cuanto pudieron, y provocaron una salida masiva de los vecinos de la ciudad por temor a los primeros días de la ocupación.

Narra el ensañamiento de las tropas francesas con edificios religiosos, como el convento de san Francisco de Paula, en el que hicieron caballeriza la Iglesia y Sacristía, robaron toda la plata, desnudaron a las imágenes y cortándoles manos y cabezas… También el incendio fue algo habitual entre los ocupantes.

Las represalias contra los vecinos no se hicieron de esperar. Además de alojarse en sus casas y cometer robos y saqueos, en numerosas ocasiones fueron asesinados toledanos por diversas causas. Tampoco el honor de las toledanas quedó en respeto, pues según narra “cometieron los mayores excesos uniéndose pandillas de 8, 12 y 16, y entrando en las casas forzaron cuantas mujeres hallaron en ellas, daban quejas estas a sus jefes, estos se hacían los sordos y para decir de una vez su brutal vicio no estuvo segura destos una anciana de 68 años…”

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