viernes, 20 de diciembre de 2013

La Leyenda de Las bodas de Abdallah Parte I

Alfonso V de León deseaba casar a su hermana con el Rey musulmán de la ciudad del Tajo. Grandes festejos y una importante razón de estado impulsaban esta boda, una de las más recordadas en la ciudad de Tulaytulah.

Recuperamos esta bonita leyenda de Toledo...

PARTE PRIMERA

Vestidos los caballeros árabes de Toledo con sus mejores galas, y sus mujeres con las mejores joyas, el 29 de marzo de 1008 celebraban una gran fiesta. Era normal, pues su joven rey, Abdallah-ben-Abdellazzis, contraía matrimonio.

Por fin su enlace iba a realizarse, habiendo sido proyectado hace ya algún tiempo, y los toledanos, que lo veían alegre, deseaban que tal buena nueva llegase pronto.

Además de suponer una buena ocasión para los festejos, también este enlace incluía importantes razones de estado para su realización, pues traía como dote la amistad del rey de León, y con ella el pago de antiguos servicios hechos por los musulmanes de Toledo a los cristianos leoneses.

Sin embargo, los pocos cristianos que habitaban en “Tolaitola”, gracias a la benevolencia de sus gobernantes, sentían la mayor de las tristezas, pues este enlace suponía algo que iba en contra de toda naturaleza y resquebrajaba la tradición más arraigada entre los monarcas castellanos.

Mientras el pueblo musulmán corría hacia la puerta vieja de Bisagra para esperar al gran cortejo que acompañaba a la joven desposada, los sacerdotes cristianos, en las pocas iglesias que habían permanecido fieles al culto cristiano en Toledo, rezaban a su Dios pidiendo por el terrible sacrilegio que se iba a realizar.

La joven princesa prometida a Abdallah no era infiel como él y su pueblo no adoraba a Allah como autor de todo lo creado y a Mahoma como su profeta. Pero Don [[Alfonso V de León]] tenía en poca estima las arraigadas creencias cristianas de Doña Teresa, que así se llamaba, y deseaba sacar el máximo provecho de la hermosura de su hermana. Para él esta unión no era un sacrilegio, sino que suponía una oportunidad de sellar una alianza con los musulmanes que facilitaría su dominio en las luchas intestinas que mermaban sus territorios cristianos. Era el precio a pagar para comprar el auxilio de Abdallah.

Fue el propio rey musulmán el que fijó el precio por esta alianza, en un viaje que realizó por tierras castellanas, y Alfonso se lo había concedido.

Al tener conocimiento del pacto para el enlace, Doña Teresa había dado a conocer su oposición y gran pesar, pero de poco sirvió su opinión, pues las razones de estado y la voluntad de su hermano se anteponían a su propia vida.

Así, algunos días antes de la fatídica fecha, había partido de León portando numerosos presentes para el Rey de Toledo y una gran comitiva que lentamente se acercaba a la ciudad.

Aquella mañana Abdallah había abandonado las murallas de su ciudad para salir al encuentro de su prometida, cerca de Olías, a dos leguas de Toledo.



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