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miércoles, 11 de diciembre de 2013

Rebelión de Toledo en tiempos de los Omeyas

Cuando Muhammad I apenas llevaba una semana como emir, Toledo, capital de la Marca Media y continuo foco de sublevaciones y desencantos hacia el poder de los omeyas, volvió a alzarse en rebeldía pretextando un nuevo abuso de poder por parte de Muhammad I. 

Los líderes de la revuelta depusieron al gobernador impuesto por Córdoba y formaron un ejército con el que consiguieron hacerse con el control de Calatrava, aunque la plaza fue recuperada al año siguiente por el príncipe al-Hakam.

No obstante, los toledanos persistieron en su actitud rebelde, por lo que decidieron buscar la alianza del rey astur Ordoño I para enfrentarse contra Muhammad I, el cual envió gustoso un impresionante contingente de tropas al mando del conde Gastón. 

Las tropas toledanas y astures fueron literalmente aniquiladas por las cordobesas en la batalla de Guazalete, en el año 853, en la que Muhammad I mató a más de ocho mil enemigos, cuyas cabezas amontonó juntas para que fueran claramente visibles.

 De todas formas, Toledo siguió resistiendo varios años las continuas embestidas y asedios por parte del propio Muhammad I y las de su hijo y heredero al-Mundhir, hasta que en el año 858, ante el abandono manifiesto por parte de los aliados cristianos, la ciudad solicitó una amnistía que concedió el emir. En el año 875, Toledo volvió a alzarse en rebeldía, pero esa vez Muhammad I actuó sin dilación alguna, sometiendo a la ciudad a la rapiña de sus ávidas tropas. 

Para acabar con el problema toledano, Muhammad I nombró gobernador de la ciudad a uno de sus propios hijos, al-Mustarrif.

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