miércoles, 22 de enero de 2014

El Proceso al Arzobispo de Toledo Bartolomé de Carranza

Bartolomé Carranza de Miranda O.P. (Miranda de Arga, Navarra, 1503Roma, 2 de mayo de 1576), Arzobispo y teólogo navarro, muy influyente durante la Reforma católica tanto en Trento como en la restauración católica de Inglaterra bajo María I Tudor. Fue apresado por el tribunal de la Inquisición.

En esos momentos la Inquisición española se ocupaba en las audiencias de los reos del foco luteranizante castellano descubierto en el mes de abril de ese mismo año, donde el nombre de Carranza se decía que fue frecuentemente invocado. El inquisidor general, Fernando de Valdés, comienza enseguida a preparar el proceso que habría de sufrir Carranza posteriormente.

El 1 de agosto de 1559 el pleno inquisitorial decide su arresto. Es engañado y obligado a abandonar la corte, siendo apresado la noche 23 de agosto en Torrelaguna y conducido a la cárcel de la Inquisición en Valladolid, donde da comienzo su proceso, largamente demorado a causa de la conveniencia del rey Felipe II, quien, mientras quedase descubierta la vacante del Arzobispado de Toledo, cobraba las pingües ganancias del mismo.

El proceso

Fue su proceso largo, complejo y notorio, tanto por la calidad del acusado como por las circunstancias en que se desarrolló. Se le juzga primero en España (1559-1567). Carranza recusa al Inquisidor General; así, el acusado pasa a ser acusador del juez que le debía juzgar. Los árbitros del conflicto dieron por buena la recusación y nombraron como nuevo juez a Gaspar de Zúñiga. Su abogado,Martín de Azpilicueta y los testimonios de prestigiosas personas impiden que sus enemigos y los fiscales logren que el juez dicte sentencia de culpabilidad.

Posteriormente, el proceso es llevado a Roma por exigencia del papa Pío V. Carranza sale de España el 27 de abril de 1567, yendo a parar a la cárcel del Castillo de Sant’Angelo. El mismo Papa asiste a docenas de sesiones del proceso y decide dictar sentencia a favor de Carranza. Pero como la diplomacia exigía que antes se comunicara la decisión al rey de España, envió un embajador con ese encargo, quien se retrasó en la vuelta a Roma y no le dio tiempo llegar antes de la muerte de Pío V en mayo de 1572.

El sucesor de Pío V, Gregorio XIII, decide concluir la causa, pero los enemigos de Carranza vuelven a retrasar la sentencia.

Al final, Gregorio XIII le sentencia el 14 de abril de 1576, declarándole gravemente sospechoso de herejía -en una sentencia que quiso satisfacer a todos y no contentó a nadie-, exigiéndole una abjuración “ad cautelam” de dieciséis de sus proposiciones, a pesar de que la obra fuera declarada ortodoxa por el Concilio de Trento en 1563.

La última parte de su defensa fue llevada a cabo también por Martín de Azpilicueta, quien fue enviado a Roma por Felipe II precisamente para hacerse cargo de la misma. Gracias a su brillante defensa, Carranza fue finalmente absuelto, poco antes de morir. Como desahogo, escribió los siguientes versos para sí mismo, que Luis Gil Fernández cita en su Panorama social del Humanismo español (1997, 2.ª ed., p. 452):Son hoy muy odiosas / qualesquier verdades / y muy peligrosas / las habilidades / y las necedades / se suelen pagar caro. / El necio callando / parece discreto / y el sabio hablando / se verá en aprieto. / Y será el efeto / de su razonar / acaescerle cosa / que aprende a callar. / Conviene hacerse / el hombre ya mudo, / y aun entontecerse / el que es más agudo / de tanta calumnia / como hay en hablar: / sólo una pajita / todo un monte prende / y toda palabrita / que el necio no entiende / gran fuego prende; / y, para se apagar, / no hay otro remedio / si no es con callar.

Muere en el Convento de Santa María sopra Minerva de Roma, donde es enterrado. Gregorio XIII, como reparación por su confusa sentencia, redactó el epitafio que se puso sobre su tumba: “Bartolomé Carranza, navarro, dominico, Arzobispo de Toledo, Primado de las Españas, varón ilustre por su linaje, por su vida, por su doctrina, por su predicación y por sus limosnas; de ánimo modesto en los acontecimientos prósperos y ecuánime en los adversos”.

En 1993 sus restos fueron exhumados y trasladados a la catedral de Toledo.

Wikipedia


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