viernes, 3 de enero de 2014

María Pacheco, Esposa de Juan de Padilla

Hija de don Iñigo López de Mendoza, cuarto duque del Infantado y quinto marqués de Santillana, conde de Tendilla y primer gobernador militar que había tenido Granada, y doña Francisca de Pacheco, hija del marqués de Villena, nació en los últimos años del siglo XV. 

Sus hermanos fueron el marqués de Mondéjar y Diego Hurtado de Mendoza, el escritor. Fue una de las primeras mujeres en seguir el movimiento intelectual promovido por Isabel la Católica, y Beatriz Galindo, preceptora de la reina y a quien se debe la frase que condensa el refinamiento humanista de "el buen gusto", Francisca de Nebrija, Lucía Medrano, Clara Chitera, etc.

De ella dice su secretario: "Fue... muy docta en latín, griego y matemática y muy leída en la Santa Escritura y en todo género de historia, y en extremo en la poesía... Después de venida a Portugal por ocasión de su dolencia, pasó los más principales autores de la medicina, de manera que cualquier letrado en todas estas facultades que venía a platicar con ella había menester venir bien apercibido, porque en todo platicaba muy sutil e ingeniosamente".

Se casó en 1510 con Juan Padilla, noble toledano.Con 14 años de edad (10 de noviembre de 1510), se acuerdan sus esponsales con Juan de Padilla, caballero toledano de rango inferior al de los Mondéjar (lo que parece no fue de su agrado). En los escritos de la época, ella aparece como Doña María Pacheco, mientras que su marido recibe el trato de Juan de Padilla. En dicho acuerdo se le obliga a renunciar a sus derechos de herencia paterna a cambio de una dote de cuatro millones y medio de maravedíes.

En 1511 se produce el matrimonio y en el año de 1516 nace su único hijo, Pedro, que murió niño. Ese año falleció también el reyFernando el Católico y es nombrado rey de Castilla y Aragón el futuro emperador Carlos I.

Desempeñó un importante papel en la política de su tiempo: intentó promover a su hermano, Francisco de Mendoza, a la sede arzobispal de Toledo; movió sus influencias para conseguir el cargo de gran maestre de Santiago para su esposo, y apoya la causa de los comuneros. Su participación en este movimiento fue decisiva, y dicen las crónicas que ella, precisamente ella, fue la instigadora de su esposo. 


Al suceder Juan de Padilla a su padre en el cargo de Capitán de gentes de armas, el matrimonio se trasladó a Toledo en 1518. María Pacheco apoyó y quizá instigó a su pacífico marido para que, en abril de 1520, tomase parte activa en el levantamiento de lasComunidades en Toledo. A continuación, Juan de Padilla acude con las milicias toledanas más las madrileñas de Juan de Zapata en auxilio de Segovia para, junto a las milicias mandadas por Juan Bravo, regidor de Segovia, combatir las fuerzas realistas de Rodrigo Ronquillo. El 29 de julio de 1520 se constituye en Ávila la Santa Junta, nombrándose a Juan de Padilla capitán general de las tropas comuneras.

Sin embargo, las rivalidades entre los comuneros provocan su sustitución por Pedro Girón y Velasco, ante lo cual, Padilla regresa aToledo. Cuando Girón deserta en diciembre al bando realista, Padilla vuelve a Valladolid con un nuevo ejército toledano (31 de diciembre de 1520). Sus tropas toman Ampudia y Torrelobatón. Sin embargo, de nuevo surgen disensiones dentro del ejército comunero. Todo ello provoca el debilitamiento de los sublevados, que son derrotados en una desigual batalla el 23 de abril de 1521 enVillalar.

Padilla fue hecho prisionero. Conducido al pueblo de Villalar, es decapitado al día siguiente. Con él fueron ajusticiados Juan Bravo yFrancisco Maldonado.

Resistencia en Toledo

María Pacheco de Padilla después de Villalar (1881). Lienzo de Vicente Borrás y Mompó (331 x 520 cm).

En ausencia de Padilla, María gobierna Toledo hasta la llegada el 29 de marzo del obispo de Zamora Antonio de Acuña, cuando se ve obligada a compartir el poder con él. Al recibir las malas noticias sobre Villalar, María cae enferma y se viste de luto. Sin embargo, en vez de abandonar, María Pacheco va a liderar la última resistencia de las Comunidades en Toledo

Dirige, desde su casa primero y desde el Alcázar después, la resistencia a las tropas realistas, estacionando defensores en las puertas de la ciudad y mandando traer la artillería desde Yepes, implantando contribuciones y nombrando capitanes de las tropas comuneras toledanas. 

Tras rendirse Madrid el 7 de mayo, solo resistía Toledo. Ante ello, el resto de los dirigentes comuneros de la ciudad se inclinan por capitular, pero ella logra evitar la rendición. Incluso el obispo Acuña huye el 25 de mayo intentando llegar a Francia. Parte de la rivalidad con Acuña se debía a su intención de lograr la mitra toledana, primada deEspaña, que María deseara para su hermano Francisco de Mendoza.

María Pacheco llegaría a prolongar la resistencia nueve meses después de labatalla de Villalar aunque este hecho se deba, más que a la feroz resistencia, a que el ejército real tuvo que acudir a Navarra para neutralizar el intento de recuperación del Reino por parte de tropas navarras. Para mantener el orden en Toledo, María llegó a apuntar los cañones del Alcázar contra los toledanos. El 6 de octubre requisa, entrando de rodillas en el Sagrario de la Catedral, la plata que allí se contiene para poder pagar a las tropas.

Mientras tanto las tropas realistas, con diversos combates de abril a agosto, cercan finalmente Toledo. El 1 de septiembre de 1521comenzó el bombardeo. El 25 de octubre de 1521 se firmó una tregua favorable para los sitiados, el llamado armisticio de la Sisla, de modo que los comuneros evacuaron el Alcázar, aunque conservando las armas y el control de la ciudad. Esta situación inestable culminó el 3 de febrero de 1522 con un nuevo alzamiento de la ciudad, en el que María Pacheco y sus fieles toman el alcázar y liberan a los comuneros presos. No obstante, la sublevación es sofocada por las tropas realistas al día siguiente. Gracias a la connivencia de algunos de sus familiares, que militaban en el bando realista, María Pacheco logra huir disfrazada de la ciudad con su hijo de corta edad y se exilia en Portugal.

En cualquier caso, durante estas revueltas adquirió enorme influencia en la ciudad, tanto que "en mentando a doña María de Toledo les hierve la sangre como a olla quando la ponen al fuego", dice el Capitán General D. Juan Ribera en una Carta a los gobernadores (29 de mayo, 1522).

 Ella designó autoridades municipales e implantó nuevos impuestos y contribuciones para la causa, y sus hombres de confianza recorrían las parroquias para mantener el ardor militar en la población. Tras la muerte de su marido en Villalar, María de Pacheco defendió con admirable temple la ciudad de Toledo. Obligada a claudicar, firma el 25 de junio un honrísimo acuerdo de rendición, por el que Toledo mantendría el nombre de "muy noble y muy leal", perdón para todos sus moradores y suspensión de daños y perjuicios hasta la llegada del Rey, y "que la ciudad conservaría íntegros todos sus fueros, franquicias y libertades".

Condenada a muerte en rigurosísimos términos (24 de enero, 1523), huye hasta Porto en 1521, seguida por sus fieles. Allí "adoleció de dolor de costado" y murió en marzo de 1531, y allí había ordenado que la enterraran, en el altar mayor de la catedral, en donde permanece, a pesar de que solicitó también ser trasladada a Villalar, junto a su marido.

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