jueves, 23 de enero de 2014

Toledo: la Enigmática Virgen del Tiro

Toledo, ciudad universal y emblema cultural de primera magnitud.Axis Mundi desde tiempo inmemorial. Lugar donde la Magia y la Tradición persisten a través de los siglos, en base a los elementos multiculturales que han llegado hasta nosotros, muchos de ellos envueltos en un halo extraordinario de leyenda.

 Elementos, otros muchos, que continuamente, y durante la época de lluvias, el Tajo deposita, con criterio justiciero, cabría pensar, en las orillas.Pieza clave antes y durante la Reconquista, quebradero de cabeza para los emires cordobeses, resultaría, de hecho, decepcionante, no observar la implicación de la Orden del Temple en alguno de sus enigmas. 

Quizás uno de los más controvertidos, pero, sin duda, también de los más interesantes, sea la aureola mistérica que se cierne sobre la propiedad, el origen y la autenticidad de ésta sorprendente Virgen Negra, conocida como la Virgen del Tiro.

La Virgen del Tiro, tiene todos los caracteres de una "Dama Negra del Grial", heredera de los viejos cultos a la Madre Tierra. Por su color, postura, atributos y tamaño, parece una imagen de fines del s.XII o comienzos del XIII. Muy estilizada, la vestimenta de la madre y la postura lateral del Niño los asemejan -salvando las distancias- a la imagen negra de la Mare de Dèu del Claustre, en Solsona (Lleida), que dicen es una copia de la Virgen Negra de la Daurade, en Toulouse (Francia), aquella esotérica "Dama de los Trovadores".

Curiosamente es la única imagen, en todo Toledo, sobre la que no quedan datos, pues de todas las demás, incluidas otras dos que tienen ciertos caracteres de Virgen Negra: la del Sagrario (en la Catedral) y la de San Cipriano -que por cierto, dicen que "son primas"-, se conserva algún recuerdo de sus orígenes y andanzas. ¿Estamos ante la imagen perdida que recibió culto en la capilla templaria?

El cajetín que la contiene se localiza, extramuros, en la fachada sur de la catedral y queda enfrente, curiosamente, de una estrecha cajelluela que desciende, de forma gradual y empinada, hasta la misma orilla del Tajo, a escasos metros de un pequeño embarcadero que -detalle no menos curioso- suelen rondar, mendicante y juguetonamente, las familias de ocas que anidan a lo largo de la ribera. El nombre de la calle, para añadir, quizás, un poquito más de pimienta al fantástico universo del símbolo, es del Barco. 

Mucho se ha especulado sobre la identidad y el origen de ésta Dama Negra, difícil de observar y más complicado aún de fotografiar, detrás del cristal que la protege, aunque se tienen ciertas sospechas de que quizás fuera la originaria Virgen Negra -¿la Virgen de los Dolores?- que los templarios veneraban en la iglesia de San Miguel el Alto.

Referente a esta Virgen de los Dolores, que se localizaba en la iglesia de San Miguel el Alto, se cuenta que fue salvada por un vecino durante los terribles avatares de la Guerra de la Independencia, ante la avidez de la soldadesca napoleónica, que arramplaba, como una plaga de langosta, con todos los objetos de valor que se encontraba a su paso. 

También parece ser que, en recompensa a su acción, se le otorgó a la familia del individuo en cuestión -de nombre Munera- el honor de custoridar la imagen. Honor que, también parece ser, se llevó a cabo durante generaciones.
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Cuando el Temple fue extinguido, en 1312, el arzobispo toledano don Gutierre Gómez de Toledo tomó posesión de las riquezas de la Orden, tras perseguir, encarcelar, y hacer torturar hasta la muerte, a los caballeros. Tales bienes fueron empleados según conveniencia. Generalmente, los objetos de culto, como cálices, relicarios, crucifijos e imágenes, eran reutilizados tras un examen minucioso para borrar posibles símbolos templarios. Aunque no sería hasta la época barroca, cuando se dieron los casos más descarados de ocultación. 

A veces, en el caso de imágenes de santos, cristos, o vírgenes, sobre todo si eran famosas y de gran veneración en santuarios de la Orden, se retiraban del culto por un tiempo. Luego, volvían a aparecer, cambiados su hábitos, su color, sus símbolos, e incluso sus tradiciones y leyendas. Otras, eran relegadas a destinos humildes, poco destacados, como ermitas, humilladeros y hornacinas...
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¿Acabó, la Virgen Negra del Temple, en los desvanes catedralicios, hasta que en el s.XVI alguien decidió utilizarla en la hornacina del edificio de Enrique Egas

Fuente: http://juancarlosmenendez.blogspot.com.es/
http://laberintoromanico.blogspot.com.es/2010/12/una-virgen-negra-del-temple-viajera-en.html

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