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lunes, 17 de marzo de 2014

La repoblación medieval de los Montes de Toledo II

De este modo, el arzobispo consolidaba su poder en la comarca. En 1243 Jiménez de Rada y Fernando III hicieron un trueque por el que el monarca cedía Añover y Baza, ésta aún sin conquistar, obteniendo a cambio varios territorios en los Montes de Toledo según se especificaba en un documento fechado en Valladolid en 20 de abril de ese año:

“Yo, don Fernando por la gracia de Dios rey de Castilla… do a vos don Rodrigo por esa misma gracia arzobispo de Toledo, Primado de las Españas y a todos vuestros sucesores la villa y el río Cellero que dicen Añoel, con su castillo que es ribera del Tajo, con vasallos y todas sus heredades labradas, por labrar, pobladas y por poblar [...] e davos demas aquella villa que dicen Baza, que es ahora en poder de los moros y con todas sus aldeas y con todos sus terminos poblados [...] Nos don Rodrigo Arzobispo de Toledo con nuestro cabildo otorgamos todo esto por nos y por nuestros sucesores que si por ventura Baza no podemos ganar que no vos demandemos ninguna cosa de cuanto por cambio vos damos [...] Por todas estas cosas yo el rey recibo de vos en cambio todos aquellos castiellos que don Alonso Téllez nos vendio.

 Es a saber Muro, Malamoneda, Dos Hermanas, Cedenilla con todas sus pertenencias y con todas sus derechuras que han y deben ser exidos, con entradas, con montes, con dehesas, con molinos y con todos sus lugares poblados y por poblar [...] Por que las cosas que yo vos do son mucho mas mayores que las que de vos recibo, quiero que la mayoria vaya por mi alma e la de mis parientes en limosna…”

12.El 4 de enero de 1246 el rey santo vendió estos territorios a la Ciudad de Toledo por 45.000 maravedís. Las poblaciones mencionadas en el documento de venta 13 son Pulgar, Peña Aguilera, El Corral de Martín García, Dos Hermanas, Cedenilla, Malamoneda, Herrera, Peñaflor, San Andrés, Santa María de la Nava, Marjaliza, Navarredonda, Milagro, La Torre de Foia Abrahem, Muro, Cijara, Peña y Alcocer.

Entre estos hay lugares situados en el extremo oriental (Los Yébenes) y occidental (Cijara) de la comarca. El poblamiento de Cijara tuvo su origen en el castillo de Muro. En cuanto a Los Yébenes, situado en el camino de Calatrava, la repoblación dio lugar a tensiones entre la Ciudad de Toledo y la Orden de San Juan. En este lugar surgieron dos poblaciones: la de San Andrés bajo la jurisdicción de Toledo y la de Azuqueca bajo la de la Orden. Ambas poblaciones acabaron fusionándose, dando lugar a Los Yébenes, aunque conservaron sus respectivas jurisdicciones.

La compra de estos términos por el municipio toledano dio lugar a la creación de un señorío municipal cuya existencia perduró hasta 1855 en que fue suprimido por la desamortización civil. Siendo éste el principal señorío de la comarca, no fue sin embargo el único. También ejercían su dominio sobre distintos pueblos de la comarca los siguientes señoríos: el de Montalbán sobre las villas y lugares de Villarejo deMontalbán, San Martín de Montalbán, Menasalbas, Gálvez, Jumela, asícomo en La Puebla de Montalbán, El Carpio y Mesegar situados al norte del Tajo; el de Noez sobre este pueblo.

A los condes de Fuensalida pertenecía Guadamur. Al estado de Valdepusa, perteneciente al señor de Malpica, la villa de Navalmoral de Pusa. Al arzobispado de Toledo, Robledo del Mazo y, como dijimos antes, una parte de los Yébenes estaba bajo la jurisdicción de la orden de San Juan. Otros pueblos como Casasbuenas, Cobisa, Mazarambroz y Polán, sin estar integrados en los Montes y Propios de Toledo, estaban bajo la jurisdicción de la Ciudad que ejercía el derecho a poner justicia y cobrar impuestos.

Tras la compra de los Montes por el Ayuntamiento de Toledo, éste envió colonos para poblar sus nuevas propiedades. Esta labor le resultó más fácil que a sus anteriores propietarios pues el peligro musulmán ya había desaparecido pues en 1236 los castellanos habían entrado en Córdoba y en 1248 Fernando III conquistó Sevilla. Los castillos que se habían erigido en los Montes para vigilar las incursiones de los musulmanes perdieron su razón de ser y acabaron siendo abandonados.

En la repoblación de la comarca tuvieron un papel protagonista los cuadrilleros de la Hermandad Vieja de Toledo, constituida durante el reinado de Alfonso VIII por la libre voluntad de los colmeneros, cazadores, ballesteros y leñadores habitantes de las aldeas de los Montes que decidieron hermanarse para la defensa común contra los golfines o bandidos que buscaban refugio en aquellos parajes casi despoblados y cubiertos de una espesa vegetación.

 La Hermandad obtuvo importantes privilegios de Alfonso VIII, confirmados por Fernando III 14 que, además de calificarla de “Santa”, la dotó de jurisdicción propia y le concedió el derecho de asadura. Este derecho, que era percibido en Castilla y también en Navarra por el rey y los señores territoriales, consistía en el pago de una res por cada rebaño que atravesaba sus dominios lo que posteriormente fue sustituido por el pago de una cantidad fija.

Por motivos similares aparecieron también hermandades en Talavera y Villa Real (Ciudad Real) que acabaron formando una sola con la de Toledo. En 1300 ya aparece la constitución de esta unión y pocos años después la de las tres ciudades. En los documentos de constitución se manifiesta que la Hermandad de Toledo, Talavera y Villa Real era constituida para el servicio de Dios y del rey Fernando IV “e pro e guarda de la tierra” y era establecida para ir contra los golfines que andaban por los términos de las respectivas ciudades.

Los pastores que entraran por estos términos debían colaborar con la Hermandad so pena de verse expulsados de ellos. La unión de las tres hermandades no quiere decir que se fundieran en una sola ya que cada una conservó su autonomía con sus propios alcaldes y cuadrilleros y cada una ejercía su jurisdicción en sus términos 15.

La Hermandad intervino en las banderías y luchas civiles de los siglos XIV y XV. No olvidemos que durante la minoría de edad de Fernando IV, su madre la regente doña María de Molina buscó, frente a las presiones de la nobleza, el apoyo de los concejos. La Hermandad se distinguió en esta ocasión y en otras posteriores por su apoyo al poder real frente a los nobles. Por ello no se vio afectada por la política de Alfonso XI que acabó con la vida de la Hermandad general creada por las Cortes de Burgos en 1315. También tomó partido por Pedro I en su guerra contra los Trastámara, lo que no le impidió mantener su apoyo al poder real en sus pugnas contra la nobleza tras al advenimiento de la nueva dinastía, sobre todo durante la minoría y el reinado de Juan II, en cuyo apoyo acudieron lanceros y ballesteros de varias aldeas de la comarca cuando se encontraba cercado en el castillo de Montalbán.

Como consecuencia de la reorganización de las Hermandades del reino por los Reyes Católicos, se creó la Hermandad Nueva de Toledo sin que desapareciera la anterior que pasó a denominarse Hermandad Vieja.
Desde muy pronto, los Montes y Propios de Toledo fueron divididos administrativamente, siguiendo un criterio determinado por la organización de la Hermandad, en varias cuadrillas que agrupaban poblados, aldeas y alquerías.

Estas cuadrillas eran conocidas por el nombre del núcleo principal o el mejor situado geográficamente: Milagro, Estena, Arroba, Ventas, San Pablo y Herrera.

Publicado en la Revista de Estudios Monteños nº 96

ÁNGEL GÓMEZ-CABRERO ORTIZ
Mª. SOLEDAD FERNÁNDEZ DE LA IGLESIA

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