domingo, 2 de marzo de 2014

Leyenda del Prado de los Ahorcados


Cuenta la leyenda que una tarde cualquiera del mes de marzo del año 1500 D. Agustín Moreto y Cabañas cruzaba a paso raudo la plaza de Zocodover en busca de abrigo ante la intensa lluvia que caía sobre el empedrado toledano, reflejando los numerosos edificios que jalonan este típico enclave toledano.

En la ya oscura tarde-noche nuestro personaje se apresuraba a resguardarse bajo el Arco de la Sangre. Se comentaba por la ciudad que era tan rápido con la pluma como hábil con la espada… Tan pronto elaboraba un soneto como desenvainaba su acero toledano con el fin de defender el honor o acabar con la vida de algún desdichado. Cierta fama le venía de sus numerosos éxitos en los duelos, atestiguados por las muescas que en la empuñadura de la espada hacía cada vez que acababa con la vida de un contrincante.

De estos encuentros guardaba nuestro “poeta” sus propios fantasmas y recuerdos, pues como a cualquiera, vuelven a visitarnos cuando menos los esperamos.

En sus pensamientos estaba, cuando un raudo desconocido pasó a su lado depositando en sus manos un sobre cerrado. Fue incapaz de distinguir de quién se trataba, pues tan sólo pudo distinguir un rastro de perfume que le resultó vagamente familiar.

Abrió el sobre con curiosidad y un rastro de temor y en un áspero papel pudo leer:

“Si sois hombre, si os tenéis por caballero, esta noche a las doce en el Prado de los ahorcados, os espero”.

Ni una sola letra más había en el papel que le acababan de entregar… Aún a riesgo de emboscada o de pesada broma, decidió acudir esta misma noche al lugar indicado, bien armado con capa, espada y al menos dos dagas.

La noche ya había caído sobre Toledo. Noche oscura y fría, en la que una llovizna muy fina lo impregnaba todo, como si el río Tajo ascendiera los rodaderos de la ciudad y con una terrible humedad lo invadiera todo.

Decidió adelantarse al menos media hora para inspeccionar el lugar. Llegado al prado indicado en la carta observó que ni un alma viva se dejaba ver a esas horas en aquél lugar maldito… Inmerso en estos pensamientos estaba cuando un leve sonido proveniente de las sombras hizo que desenvainara su espada, aunque nada pudo percibir entre los espesos ramajes.

¡Quién anda ahí! ¡Da la cara si eres hombre y enfréntate a tu destino!

Gritaba más por miedo que por valentía, a algo que levemente se movía entre las ramas. Cuando se aproximó un escalofrío de terror le surcó la columna: un hombre ahorcado se mecía colgando de una rama.

Mientras sus ojos se acostumbraban a la oscuridad, percibió un movimiento que le dejó totalmente paralizado: el cadáver que pendía de la soga estaba desplazando su brazo derecho, señalando un claro no muy lejano al lugar en el que se encontraban.

De inmediato, atenazado por el terror reconoció el lugar en el que no hace mucho tiempo acabó con la vida de un hombre, con mucha menor destreza que él con la espada. El cadáver le indicaba el lugar donde asesinó a aquella persona, mientras que el terror consumía lentamente su alma.

El cadáver de Agustín fue encontrado varios días después, con el cabello blanquecino y una horrible mueca de terror en el rostro. Nadie supo muy bien cuál fue el motivo de su muerte, aunque a algunos les llamó la atención la soga solitaria que colgaba de las ramas de un árbol próximo…

Adaptación libre de la versión original de la leyenda publicada por Fernando Aguilar Carmena, Revista Toledo (1926), núm. 230.

La realidad es que Agustín Moreto fue un gran autor teatral que terminó sus días como clérigo en Toledo, con cargos en diferentes establecimientos hospitalarios y religiosos. Medinilla fue un poeta y autor, amigo de Lope de Vega que murió asesinado y ese debe ser el origen de la leyenda. 

El Arco de la Sangre (antigua puerta de origen árabe) debe su nombre a que sobre él se encuentra el oratorio de la Sangre de Cristo, que era la sede de la Cofradía de la Preciosa Sangre de Cristo que atendía a los que iban a ser ajusticiados (las ejecuciones se realizaban fuera de la ciudad, al lado de la puerta de Bisagra, en el lugar que se llamó el brasero de la Vega). En esta capilla se celebraba misa para que pudiesen oirla los que estaban en la plaza de Zocodover vendiendo sus productos.

Justo al lado se encontraba la Posada de la Sangre, donde Cervantes situa su novela "La ilustre fregona"

Todo el conjunto quedó destrozado en la Guerra Civil y solo quedó milagrosamente en pie el arco de la Plaza de Zocodover. 

Fuentes: http://www.leyendasdetoledo.com/index.php/leyendas/terror-milagros/5776-el-prado-de-los-ahorcados.html
http://mtogetafe.blogspot.com.es/2012/03/el-prado-de-los-ahorcados-y-el-arco-de.html

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