lunes, 14 de abril de 2014

Félix Urabayen

Ejemplo de escritores y artistas que sin haber nacido en Toledo, la hicieron propia, y como a tal la sintieron y la amaron. Llegó Félix Urabayen a Toledo en 1911, movido posiblemente por sus inquietudes artísticas y por el reclamo que para la ciudad ejercía el descubrimiento de El Greco, para ejercer como catedrático de literatura en la Escuela Normal del Magisterio, de la que habría de ser su director desde 1931 hasta julio de 1936. Entre el claustro de profesores, se encontró con la toledana Mercedes Priede, profesora de Física, hija de los dueños del mítico Hotel Castilla, con la que luego se casaría sin aviso a las familias.

toledopiedad-1c2baedEn Toledo se hizo novelista, estampista y ensayista y es, sin lugar a dudas, el que más sistemáticamente ha escrito sobre Toledo. Varios temas locales aborda Serenata lírica a la vieja ciudad (1928), Por los senderos de mundo creyente (1928) contiene una magistral imágen de las cinco naves de la Catedral toledana. De sus más de ochenta estampas literarias publicadas a nivel nacional en el diario madrileño El Sol, fundado por Ortega y Gasset, sesenta versan sobre Toledo y su provincia. 

Casi todas fueron recogidas en Vida ejemplar de un claro varón de Escalona (1926), Vidas difícilmente ejemplares (1931) y Estampas del camino (1934). Las restantes veinte aparecieron mucho más tarde en Navarra, como Los folletones en "El Sol" de Félix Urabayen (1983), reunidas y prologadas por su sobrino, el profesor Miguel Urabayen.

Literariamente fue el único que ha ofrecido una nueva interpretación literaria de la ciudad más allá de Galdós. Supera la visión realista de Toledo, como escenario de la intriga, mediante una interpretación simbólica de la ciudad, convertida en protagonista. Así, la simbolizará en tres hermosas mujeres de la trilogía que dedica a Toledo: Toledo: Piedad(1920), joven y austera toledana, vestida de negro, es la ciudad recién descubierta, triste y mortecina, aún capaz de revitalizarse; Toledo la despojada (1924), es Doña Luz, mujer otoñal, cuya hermosura y riquezas son expoliadas por sus pretendientes y falsos amigos, como lo era la ciudad de sus tesoros artísticos, vendidos al mejor postor. 

La tercera es Leocadia, en Don Amor volvió a Toledo (1936), deseada e incomprendida por sus sucesivos amantes, representantes de todas las razas que pretendieron adueñarse de la ciudad. Su amor feliz por un ingeniero que pretende para hacer fructíferas las aguas del Tajo y crear una ciudad moderna, acaba en tragedia, porque las fuerzas vivas se oponen al proyecto industrial y dejan morir a Leocadia.

Comprometido por su amistad con Manuel Azaña con la causa republicana, se presentó Urabayen a las elecciones por el Frente Popular, aunque su verdadera vocación era la docencia y la preparación de los maestros rurales para elevar el nivel de instrucción del pueblo llano.

A terminar la Guerra Civil rechaza la posibilidad de exiliarse en México, para volver a Toledo, pero su aventura política le cuesta el encarcelamiento, lo que en pocos años precipita su muerte en 1943.

Fuente: http://www.toledo-turismo.com/es/toledo-y-sus-personajes-ilustres_739

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