jueves, 10 de julio de 2014

Prim: Huellas toledanas de un general de leyenda

El Museo del Ejército muestra entre sus piezas más conmovedoras laberlina en la que el general Juan Prim sufrió el atentado que le causó la muerte, sus ropas desgarradas por los disparos, los proyectiles extraídos de su cuerpo y otras piezas relacionadas con su brillante biografía militar y política. 

ABC
Retrato ecuestre del general Prim

Poseer este legado convierte a Toledo en lugar de peregrinaje para los amantes de la historia, especialmente en el año en que se conmemora el bicentenario del nacimiento de quien llegó a ser jefe del Gobierno y ministro de la Guerra, inductor de la revolución «Gloriosa» y finalmente víctima de un magnicidio nunca del todo esclarecido.

Todo ello subraya la oportunidad de rememorar la figura del general,estrechamente vinculado con Toledo por sus propiedades en Los Montes pero también por otros hechos y circunstancias dignos de ser conocidos.

UN MAGNICIDIO NUNCA RESUELTO

El 27 de diciembre de 1870, a las siete de la tarde, en un ambiente nevado, Juan Prim abandona el Congreso de los Diputados y sube a su berlina para dirigirse a su residencia, acompañado de sus dos ayudantes personales. El vehículo toma la calle del Turco (actualmente, Marqués de Cubas) y al llegar a la confluencia con la calle de Alcalá, dos carruajes le cierran el paso. Ocho o diez hombres se sitúan a ambos lados de la berlina y disparan sus armas, hiriendo al presidente y a uno de sus acompañantes. Con gran dificultad, el cochero logra esquivar el bloqueo y prosigue su marcha a toda velocidad hasta el palacio de Buenavista, en la cercana calle de Alcalá, residencia oficial de Prim.

 El general logra subir por su pie la escalera del ministerio e intenta tranquilizar a su esposa respecto a la gravedad de las heridas. Según los partes médicos, las balas le produjeron dos fracturas óseas importantes, una en el hombro y la otra en el codo izquierdo, y hubo que amputarle el dedo anular de su mano derecha. Pese a todo, las heridas no parecían en principio mortales. Pero, al desencadenarse una infección, se produce su muerte por septicemia tres días más tarde.

Toda su vida fue Prim un político y militar audaz, de convicciones liberales, cuyo credo se resumía en los principios de Libertad, Democracia y Monarquía. Su iniciativa de instaurar la dinastía de Amadeo de Saboya le grangeó numerosos enemigos y, a la postre, su muerte, muchas veces anunciada.

PRIM, PRESO EN EL ALCÁZAR

La más prolongada de sus estancias en Toledo tiene que ver con elarresto de dos meses largos que hubo de cumplir en el Alcázara la espera de que se le formara un consejo de guerra, acusado de alterar el orden público y alentar una sublevación en contra del gobierno.

La base del arresto era una carta escrita por Prim a su amigo Mariano Pons y Tàrrech en la que calificaba de «caprichoso», «insolente», «brutal» y «estúpido» a la primera autoridad militar de Cataluña. «Tenéis un general que, además de bruto y estúpido, es injusto», llegaba a decir en la misiva, cuya difusión dentro y fuera de España causó un gran revuelo.

En el Alcázar, Prim se sintió bien alojado. Nunca se le privó de comunicación con el exterior, mantenía libre correspondencia y recibía frecuentes visitas incluso de las autoridades locales y de su mujer.

En aquel tiempo, el Alcázar no era todavía sede de la Academia de Infantería. La formación de los oficiales del Arma tenía su sede en el antiguo Hospital de Santa Cruz. Curiosamente, fue Prim el que, años después, siendo Presidente del Gobierno, decidió cerrar el Colegio de Infantería de Toledo.

Finalmente, la sentencia lo condenó a seis meses de residencia forzosa en Alicante, una «iniquidad muy grande» en opinión de Prim, que esperaba la absolución. A pesar de ello, estando todavía en el Alcázar consiguió el acta de diputado a Cortes gracias a los votos de sus paisanos de Reus.

Prim no llegó a cumplir íntegramente la sentencia porque el general solicitó que se le conmutase la pena por la de extrañamiento a Francia para ir a tomar los baños de Vichy, lo que le fue concedido, eso sí, «en calidad de arrestado».

SU «CASTILLO» EN LOS MONTES DE TOLEDO

La relación más estrecha de Prim con las tierras toledanas se produce al convertirse por matrimonio en propietario de la dehesa de «El Cerrón», todavía hoy conocida como «el castillo de Prim», en el corazón de los Montes de Toledo. Abarcaba 13.000 hectáreas de monte bajo dentro del término municipal de Retuerta del Bullaque, y pasó a ser el escenario de sus partidas de caza y de sus intrigas con los protagonistas de la política española del momento. La finca había sido comprada por la familia de su mujer en tiempos de la Desamortización, y años después, como una ironía del destino, registraría el encuentro entre el General Prim y Su Santidad el Papa Pio IX en el transcurso de su visita a España en 1857.

Siendo presidente del Gobierno, Prim se ocupó de la erradicación de la plaga de los bandoleros que infectaban los Montes, haciendo la vista gorda a métodos poco ortodoxos que no excluían el de la tristemente famosa «ley de fugas». Muchos años después, el célebre bandido Moraleda, después de cumplir muchos años de condena por sus delitos, acabó como criado en la finca de El Cerrón, a sueldo del hijo del general. Este hecho, completamente cierto, se adorna con la leyenda de que ello se debió a que muchos años antes, Moraleda socorrió al primogénito de Prim, perdido una noche en las soledades monteñas.

Las partidas cinegéticas de Prim y sus invitados solían durar alrededor de una semana. Los convidados llegaban hasta Toledo en el recién inaugurado ferrocarril (1858), que recorría el trayecto Madrid-Toledo en cuatro horas. A la mañana siguiente, en coche de caballos se dirigían a Polán, donde desayunaban, terminando el día en Ventas con Peña Aguilera. Al tercer día, llegaban a la dehesa. A veces, el día comenzaba con una sonora broma: el toque de diana a cargo de Prim, que tocaba la corneta de infantería, y de su hijo, que le acompaña con el tambor.

Benito Pérez Galdós, en su novela «Prim», describe al general en su castillo de los Montes, pertrechándose de lo necesario antes de huir a Portugal con una columna de húsares, tras fracasar en su intento de sublevación. Su figura gallarda al frente de la columna deja atónitos a los carboneros de los Montes de Toledo, que no aciertan a saber qué hacen los soldados por esos «riscosos vericuetos».

Aquella intentona frustrada de enero de 1866 —que Prim definiría más tarde como una especie de «romería» incruenta— supuso para él tener que pasar una larga temporada de exilio, y que su castillo de los Montes de Toledo sufriera el saqueo de las autoridades, que oportunistamente se apropiaron de cuantas armas y trofeos, muchos de ellos de la guerra de África, tenía allí depositados.

Su tentativa de movilizar a los habitantes de los Montes falló estrepitosamente, como testimonia la anécdota de que medio centenar de campesinos acudieron a ponerse a su disposición, convencidos de que se organizaba una montería, pero cuando escucharon sus intenciones revolucionarias, «les faltó tiempo para volverse a sus casas», según explicaba el propio Prim en una carta.

En otoño de 1866, Prim escribe desde su exilio en Bélgica al apoderado de su finca en los Montes de Toledo ordenándole la venta de trescientas botellas de vino de su bodega, en su mayor parte de marcas francesas, para obtener fondos con destino a una más de sus intentonas subversivas.

Los dos hijos del General murieron sin sucesión, por lo que el castillo de Prim ha venido a parar en nuestros días a manos particulares, junto con muchos objetos personales y documentación del eminente político.

Al declararse el año 2014 «Año Prim» con motivo del bicentenario del nacimiento del general, la Sociedad Bicentenario ha organizado diferentes actos culturales e institucionales que han comenzado a celebrarse en Reus, Barcelona y Madrid. También se ha anunciado, para finales de año, una exposición en el Museo del Ejército de Toledo, que se centrará en mostrar las cualidades del General Prim en su faceta militar.

Tal vez nunca como en nuestros días la figura del general Prim haya adquirido tanto valor como paradigma de razonable catalanismo, pues este español de Reus demostró cómo y de qué honrosa manera se puede ser patriota catalán y español al mismo tiempo.


Mariano Calvo, autor del texto junto a Mari Luz González

POR MARIANO CALVO Y MARI LUZ GONZÁLEZ
Día 25/06/2014 - 12.57h
Fuente: http://www.abc.es/toledo/ciudad/20140625/abci-huellas-toledanas-general-leyenda-201406251223.html

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