viernes, 15 de agosto de 2014

Las Vígenes del Sagrario de Sebastián y José Aguado en Toledo

Devoción hecha cerámica

Una patrona en azulejos. Firmas como las de Juan Ruiz de Luna, Sebastián y José Aguado o Vicente Quismondo representaron a la Virgen del Sagrario en los retablos de cerámica que hoy permanecen como patrimonio artístico de la ciudad.

La devoción a la Virgen María bajo la advocación del Sagrario se remonta al siglo XIII, si bien antes, en el siglo VI, la Santa Iglesia Catedral Primada se consagró a Santa María. El legado devocional se transformó en lienzos, grabados, litografías y cerámica. En casas particulares, balcones y patios los toledanos rezaban en cerámica a su Virgen del Sagrario, la misma que aún permanece en los retablos de la calle Nueva, la avenida de la Reconquista o junto al Pasadizo de Balaguer en el Ayuntamiento.

Los pinceles de Ruiz de Luna, del Taller de Cerámica Aguado o de Vicente Quismondo plasmaron a la patrona a partir de una litografía del siglo XIX en la que la Virgen luce el desaparecido manto de las 80.000 perlas y la corona que en el siglo XVI labró el platero Alejo de Montoya, encargado de convertir la canastilla real de Isabel la Católica -adquirida a su muerte por el cardenal Cisneros- en imperial.

Esta pieza de orfebrería corrió la misma suerte que el manto rico de la Virgen, ya que según relata el deán de la Catedral José Polo Benito en una publicación de 1925 «fue sacrílegamente robada hace algunos años». La fecha concreta del suceso la da Elías Tormo -ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes durante el Gobierno del general Dámaso Berenguer- que fija la pérdida de la corona imperial de la Virgen del Sagrario el 2 de abril de 1869.

La Tribuna recoge pinceladas de historia en cerámica y propone una ruta por la devoción a la Virgen del Sagrario a partir de los retablos que antaño y ahora reciben las plegarias y las oraciones de cuantos toledanos sienten y veneran a la Virgen que inspiró a los grandes ceramistas de los siglos XIX y XX.

1. Juan Ruiz de Luna

La ruta por la devoción a la Virgen del Sagrario hecha cerámica comienza en la avenida de la Reconquista, en el soportal de los números 4 y 6 de esta vía que comunica la Puerta de Bisagra con Palomarejos. La firma de Juan Ruiz de Luna (1863-1945) rubrica el retablo de mayor dimensión de cuantos lucen en fachadas, patios y balcones. Los arquitectos Arístides Fernández, Francisco Moreno, Esteban Riera y Eduardo Lagarde se fijaron en el taller de cerámica ‘Nuestra Señora del Prado’ de Talavera de la Reina para la decoración cerámica de las fachadas de estos bloques construidos a finales de los años 40 y principios de los 50.

Ruiz de Luna representó a la Virgen del Sagrario sobre el trono que el cardenal Baltasar Moscoso y Sandoval mandó labrar en 1655 a Virgilio Fanelli, y quizás, tomó como modelo una de las fotografías de la Virgen tras el conflicto bélico del 36, cuando por iniciativa de Acción Católica se invitaba a las familias a presentar a los recién nacidos ante la patrona.

El retablo está formado por 285 azulejos y 38 piezas verticales que completan la cenefa-marco que cierra la composición para la que Ruiz de Luna emplea ornamentación vegetal, querubines y ángeles con los atributos marianos, como el sol y la luna. Esta misma ornamentación se repite en otros trabajos del taller talaverano, por ejemplo, en la misma avenida de la Reconquista en el retablo dedicado a la Virgen del Valle.

2. Sebastián Aguado

La ruta por la cerámica devocional continua en la calle Nueva, esquina con la calle Comercio. Un retablo de 15 azulejos con la firma de Sebastián Aguado (1854-1933) recuerda a los viandantes el patronazgo popular de la Virgen del Sagrario. Aguado incluye alrededor del rostro de la imagen una aureola de santidad con estrellas. La Virgen que representa el ceramista y escultor que logró el resurgir la cerámica toledana es similar a la litografía del siglo XIX que hoy se conserva como estampa devocional en numerosos hogares de la ciudad.

La técnica empleada por Aguado en este retablo es decoración sobre cubierta. La Virgen aparece enmarcada en una hornacina ficticia flanqueada por dos columnas de mármol con basamento y capiteles y un frontal con dragones alados y motivos renacentistas.

3. José Aguado

Uno de los mejores retablos de la Virgen del Sagrario que se pueden encontrar en la vía pública toledana debe su firma a José Aguado (1919-2007). La pieza se encuentra entre la cuesta de Carlos V y la plaza de la Magdalena, en el túnel que comunica estos dos espacios cercanos al Alcázar. En este punto continua la ruta por la devoción hecha cerámica.

De ejecución delicada y minuciosa, perfecta, Aguado juega con el negro y dos técnicas: cuerda seca para el manto y trono de la Virgen, y sobre cubierta para el rostro de la patrona y del niño, así como para sus manos. El retablo, además de la cenefa que sirve de marco, cuenta con una cartela superior con el anagrama de la Virgen María, es decir, las letras ‘A’ y ‘M’ entrelazadas. 35 azulejos forman esta impresionante pieza en la que la Virgen del Sagrario aparece ataviada con el manto de las 80.000 perlas en el trono de Virgilio Fanelli.

4. Vicente Quismondo

Discípulo de Aguado, Vicente Quismondo (1903-1980) cierra la ruta por los azulejos devocionales de la Virgen del Sagrario a la salida del Pasadizo de Balaguer o del Ayuntamiento. A varios metros sobre el suelo y datado en los años 50 el ceramista con taller en San Miguel el Alto plasmó a la patrona en numerosas ocasiones y bajo el mismo modelo: manto de las perlas, columnas y frontal con ornamentación floral, y nubes como telón de fondo. Un retablo popular de 12 azulejos que representa la época de mayor arraigo devocional de la ciudad a su Virgen del Sagrario.

Javier Guayerbas - lunes, 11 de agosto de 2014

Fuentes:


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