sábado, 16 de agosto de 2014

Los cerdos mejor criados de Toledo en 1883


El mes de noviembre se abre con el día de Todos los Santos, le sigue el de los Difuntos y especialmente estos días volvemos los pasos hacia los lugares donde se encuentran aquellos que hemos perdido, nuestros muertos. Por este motivo compartimos una curiosa noticia que hemos encontrado en el diario "La Autonomía", en octubre de 1883.

Es curioso como la sociedad ha ido modificando la manera y lugar de enterrar a sus difuntos y aunque la historia nos cuenta que en época romana la costumbre era enterrar a los muertos fuera de las poblaciones, a medida que pasó el tiempo, los cementerios se fueron acercando a las urbes. En un principio estuvo prohibido enterrarse dentro de las iglesias, pero se comenzó a hacer excepciones con personajes muy concretos como reyes, obispos, priores, maestres, etc., y poco a poco casi todos los vecinos serían enterrados en los cementerios parroquiales y en las capillas de las iglesias.


En el siglo XVI, sería Lutero el que propusiera volver a la costumbre antigua de enterrar los cadáveres fuera de las ciudades, motivado sobre todo por la sanguinaria epidemia de peste que asoló toda Europa. Pero hasta finales del siglo XVIII no se comenzaría a regular y ordenar que los cementerios fuesen construidos extramuros de las villas y poblaciones1. En el caso de Toledo hasta 1836 no se construiría el nuevo cementerio de la ciudad.

Pero no sería la primera vez que los toledanos se enterraran fuera del casco antiguo de la ciudad. Históricamente podemos afirmar que toda la zona alrededor de las murallas toledanas fue un gigantesco cementerio, que diferentes culturas como la romana, visigoda, islámica, cristiana y judía fueron reutilizando a medida que necesitaban enterrar a sus gentes. Estos cementerios se fueron adaptando y modificando, pero siempre situándose cerca de las entradas a la ciudad, es decir a sus puertas.

En Toledo se tienen documentadas diversas necrópolis en la zona del Circo Romano, cerca de la Puerta del Cambrón, de la de Bisagra, en la zona de la Reconquista, en el barrio de San Lázaro y en el conocido "Cerro de la Horca", donde se ha podido ubicar uno de los principales cementerios judíos de Toledo2.

Alrededor de los cementerios, de la forma de enterrar, del ritual y ceremonia de los mismos, hay toda una tradición que la sociedad va a ir modificando según los tiempos y la influencia de la propia iglesia católica.

Historias truculentas, episodios siniestros y pasajes terroríficos siempre han abundado alrededor de los cementerios. Lugares evocadores, románticos si cabe, donde la imaginación y la pluma de muchos autores se ha desbordado para ubicar en ellos historias con finales no demasiado felices. Como se suele decir, a veces la realidad supera la ficción y para ello hemos recuperado una noticia referente al guarda de un cementerio toledano, aparecida en un diario de 1883 titulado "La Autonomía", cuyo texto reproducimos literalmente:

"El guarda del cementerio de Toledo se dedicaba a cebar una manada de cerdos, que luego vendía, llamando la atención del vecindario, por ser los mejores que se presentaban en el mercado.

Hace pocos días vieron unos muchachos algo extraño en el depósito general, y dando aviso, llegó al cementerio un inspector de policía, pidió la llave del depósito, que le fue entregada después de gran resistencia, y se encontró la manada de cerdos cebándose en los cadáveres que allí había.

Fue el guarda inmediatamente puesto a disposición de la autoridad y los cerdos quemados en la vega."3

Como vemos, también en nuestros antiguos cementerios toledanos se han producido en algún momento, historias cuantos menos sorprendentes, que tienen como protagonistas a nuestros difuntos y en este caso también a sus propios cadáveres.

José García Cano
Cementerio Toledo
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1. Real Cédula de S. M. y Señores del Consejo, en que por punto general se manda restablecer el uso de Cementerios ventilados para sepultar los Cadáveres de los Fieles, y que se observe la ley II, tit. 13 de la Partida primera, que trata de los que podrán enterrarse en las Iglesias; con las adiciones y declaraciones que se expresan. Año 1787. En Madrid: En la Imprenta de Don Pedro Marin.
2. Ruiz Taboada, A.: La necrópolis medieval del Cerro de La Horca en Toledo. Sefarad, Vol. 69:1, enero-junio 2009, págs. 25-41.
3. “La Autonomía. Diario Republicano Democrático Federalista”. Fecha: jueves, 18 de octubre de 1883.

Fuente: http://www.rutasdetoledo.es/index.php/blog-toledano/156-como-cebaba-muertos-cementerio-toledo.html

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