miércoles, 3 de diciembre de 2014

Almonacid, tierra árabe del Cid

Montes toledanos inmensos, sugerentes entre la ondulada cresta de sus racimos mondoñedos por donde las aguas de un río moruno como Guazalete riega apresuradamente sus llanuras encrespadas de moños que dan vida a un monte bajo aladino.

No sé, si la historia dice con certeza su origen, y bien digo que no lo sé porque no en vano, el topónimo te aturde entre esa palabra árabe de Almunia como huerta del Sidi o Señor o tal vez, ese Almonaster en forma de ribat o monasterio de recogimiento o regocijo, porque entre la historia, la leyenda nos hace eco de grandes gestas misteriosas, donde El Cid guardase en huertas fructíferas sus buenas relaciones con los árabes toledanos.

Pues de una u otra forma, el castillo se mantiene ahora en esa soledad del tiempo perdido, reconfortando sus almenas, las mismas que el Cid pudiese dar vida por eso de su posible origen en nombre incierto, pero entre sus llanos a los que divisa y manda, se encuentra ahora altiva como fortaleza, muy cerca del Toledo imperial de Alfonso VI, el castellano, donde albergase al infante don Alfonso, hijo de Juan I, en prisión por su traición parricida durante largos ocho años.

Castillo de Almonacid de Toledo, vista aérea

Las defensas que mantiene su estructura son fuertes, tal cual el foso estrecho y hoy poco profundo, otrora infranqueable cuando los moros toledanos le dieran vida. Una muralla exterior, un recinto interior y un torreón central, tal cual torre del homenaje, le dan vida en esa construcción perfecta de buena mampostería de sillarejo y adobe, ofreciendo sillar bien labrado en algunas esquinas de la muralla y de la torre central.

El toque color siena de sus piedras nos eleva al mayorazgo islámico de buena hechura, dando vida a un solemne castillo que fuera fortaleza defensiva con un camino de ronda estrecho que rodea a todo el recinto de la misma, gratificando la magnificencia de una construcción medieval de gran arboladura.

El castillo de Almonacid de Toledo es uno de los más interesantes de la provincia, pues ofrece en la soledad de su casi inaccesible altura la primitiva estructura del remoto siglo en que fue construido. Los árabes pusieron allí una fuerte alcazaba, que tras la reconquista de Toledo en 1085 fue entregado por Alfonso VI a los obispos toledanos. Reconstruido luego por los cristianos, se convertiría en una muestra de potencia señorial de estos jerarcas religiosos durante tiempo.



Su muralla externa ofrece un fuerte muro coronado de almenas y reforzado en esquinas por cubos semicirculares, adoptando en su cara de poniente un curioso sistema de articulación muy original. En la parte inferior de esta zona externa se conservan las troneras originales.

Vivió ya modernamente un hecho de armas en 1809 durante la francesada, produciéndose en sus cercanías una gran batalla entre las tropas del general español Venegas y las francesas de Sebastiani, Desoyen y el propio José Bonaparte, una vez que tomaran y destruyeran gran parte de la fortaleza, que ahora mira hacia el futuro con ojos desdentados en almenas históricas de renombre y aposento.

Fachada de la ermita

Pero a mí, me maravilla su entorno. Alrededor de este emblema, el lugar recuerda la pasado romano con su puente en las Zorreras y las fuentes del Sapo y de la Canaleja, mientras su patrón, San Antonio Abad le bendice todo el año, desde su parroquial del siglo XVIII. Buen templo, aunque sin ornamentación abusiva, buena traza y bien coronado por esas naves que le atesora sobriedad y solera.


Me maravilla esta pequeña población por sus detalles, pues a la ermita de la Oliva donde romeros hacen penitencia y se canta lindas canciones a la “Mariposita” como bien se le llama a su Virgen, hasta llegar al descanso de esa casona del tío Fortuna, conocida vulgarmente por su semblanza, o el Encallado o la Mona, en la plaza del lugar, alegorizando a la República, hecho curioso en esta comarca.

Y quisiera acabar con la Pleita y la Tomiza, al lado de sus tradiciones, en Judas inmerso por eso del domingo de Resurrección o tal vez, los Hornazcos sin más.

Interior de la ermita de Nuestra Señora de la Oliva

Almonacid de Toledo, su castillo árabe, posible capital de aquel Rodrigo de Vivar que, sino pasase por el lugar, buen prima diera para quedar como nombre su emblema y sus hazañas. En la leyenda queda, sobre todo, por nombre en dimensión y no por historia que no la hay escrita por ello.


Ayuntamiento Almonacid de Toledo

Pues, visiten este lugar, pequeño pero honesto en gentes que brillan por humildad entre una historia olvidada y un sempiterno disfrute de sus fiestas y romerías. La Virgen de la Oliva, San Blas y San Antonio Abad os bendecirán, sin duda.

Portada de la iglesia parroquial

REVISTA 44

ALMONACID. TIERRA ÁRABE DEL CID…por Miguel Romero Sáiz. Escritor e Historiador. Director de la UNED de Cuenca

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