jueves, 8 de enero de 2015

Prolegómenos de la Sublevación Militar en Toledo de 1936

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La proclamación de la República el 14 de abril de 1931 fue acogida con gran entusiasmo por una parte significativa de la población y especialmente por los medios intelectuales. 

El cambio de régimen se había producido sin apenas incidentes de importancia, y el abandono del trono de Alfonso XIII y su posterior partida hacia el exilio, habían sido todo lo pacíficos que pudiera desearse. 

Pronto, sin embargo, al entusiasmo inicial siguió un periodo de incertidumbre que mermaría los apoyos al nuevo régimen, incluso de aquellos prohombres como  Ortega y Gasset, Gregorio Marañón o Pérez de Ayala, que habían sido considerados padres espirituales de la República. 



La entonces considerada “bolchevización”del PSOE tras el apartamiento de Julián Besteiro de la dirección del partido y el hundimiento del Partido Radical que, a pesar de su nombre, había moderado mucho su discurso inicial en un sentido de derecha moderada radicalizaron el ya de por sí enrarecido clima político español, polarizando la escena política entre los movimientos más o menos revolucionarios de izquierda(el PSOE y los anarquistas), los que añoraban restaurar el régimen monárquico de uno u otro signo (Renovación Española de Calvo Sotelo y los carlistas) y los que defendían posturas puramente dictatoriales relacionadas con la fundación de un estado parafascista (Falange Española).

En un clima abiertamente guerra civilista se desarrollaron los comicios de febrero de 1936 que llevaron al poder a la coalición de izquierdas denominada Frente Popular. La reanudación del curso parlamentario se inició en un clima marcado por el enfrentamiento que muy poco tiempo después dejó de ser sólo político. 

En julio de ese mismo año se sucedieron los acontecimientos que culminaron con los asesinatos del teniente de la Guardia de Asalto José del Castillo por parte de un grupo de carlistas y de José Calvo Sotelo por una patrulla perteneciente al cuerpo armado al que pertenecía la primera de las víctimas. Su muerte sería el detonante de la sublevación militar que comenzó el 18 de julio de ese mismo año. Sin embargo, lo que en principio nació como ungolpe de estado para acabar con el gobierno del Frente Popular se prolongaría por espacio de tres años como una cruenta guerra civil.

En esos mismos días de mediados de julio de 1936,la mayoría de los cadetes que cursaban en la Academia de Infantería toledana se hallaban fuera de la ciudad por haber finalizado el periodo de clases. Su director, el coronel Abeilhé, se encontraba en Madrid, donde poco después sería detenido y fusilado junto con su hermano,también militar, tras negarse a ponerse a las órdenes del gobierno del Frente Popular.

 De este modo, el coronel Moscardó quedó como único jefe militar en la plaza.Sus primeras órdenes se dirigieron a permitir la concentración en Toledo de la escasa guarnición de la ciudad, así como de los efectivos de la Guardia Civil que estaban repartidos por la provincia, pues, aparte de sede de la Academia militar, Toledo era además cabeza del II Tercio de la Guardia Civil. 

Esta circunscripción incluía las comandancias de Toledo y Cuenca. La primera de ellas, a la que afectó la orden de Moscardó, se encontraba bajo el mando del teniente coronel Pedro Romero Basart y tenía a sus órdenes cuatro compañías: la 1ª y 4ª, con cabecera en la misma Toledo, la 2ª con sede en Ocaña y la 3ª en Talavera de la Reina. 

El traslado de los guardias se hizo de forma discreta, tal como disponía la orden del coronel. Siguiendo las órdenes de la comandancia, los guardias y sus familias —que se unieron al convoy para evitar posibles represalias— sortearon aquellas poblaciones que eran consideradas peligrosas.

En total, Moscardó pudo reunir cerca de 1.300 hombres, entre cadetes y otros oficiales, suboficiales y personal de tropa presentes en la plaza (cerca del me-dio millar), fuerzas de la Guardia Civil (700 hombres aproximadamente) y Asalto (unos 25 hombres), a los que hay que añadir un centenar de voluntarios civiles reclutados entre las fuerzas de derecha y la Falange. 

En cuanto al armamento, estas tropas disponían de un buen arsenal de fusiles, mosquetones y ametralladoras, siendo sin embargo muy escasas las piezas de artillería y, sobretodo, la munición, uno de los principales problemas con los que habría de luchar y que,finalmente, pudo solucionar gracias a que pudo hacerse con el control de la Fábrica de Armas.

En efecto, con el estallido de la guerra civil, el 18 de julio de 1936, se puso de manifiesto la importancia que poseía la factoría militar. Ya desde el primer momento, cuando aún reinaba la confusión en torno al alzamiento militar en Melilla, se inició una dura pugna entre las autoridades gubernamentales de Madrid y la comandancia militar de Toledo por el control de la fábrica y de las armas y municiones allí almacenadas.



Durante el día 19 de julio, el coronel Moscardó trató de contemporizar con las autoridades civiles hasta que se aclarase la situación creada en el protectorado tras la sublevación militar, negándose en cualquier caso a entregar el control de la factoría al gobierno a pesar de las reclamaciones en este sentido hechas primero desde el ministerio de la Guerra y luego a través del diputado socialista José Prats y el teniente coronel de Artillería Juan Hernández Saravia. 

Estas mismas instrucciones habían sido transmitidas también al jefe de la Fábrica de Armas,coronel Soto, quien se mostró de acuerdo con el envío de la munición a Madrid, lo que dejaba al descubierto las intenciones de Moscardó de unirse a la sublevación.De hecho, pocas horas después, el día 21 de julio, se pro-cedió a la proclamación del estado de guerra en Toledo. Entre tanto, la sublevación en Madrid había sido sofocada después de la toma del Cuartel de la Montaña y la rendición del general Fanjul. 

Esto permitió al gobierno enviar hacia Toledo una columna bajo el mando del general José Riquelme general con amplia experiencia en la campaña de África para obligar a realizar la entrega de las municiones y asegurar el control de la Fábrica de Armas. Mientras, en Toledo, Moscardó había establecido ya un doble dispositivo defensivo centrado en un doble objetivo estratégico: el control de la ciudad y sus accesos. 

El primer dispositivo, desplegado entre el Hospital de Tavera, el convento de los Carmelitas y la Fábrica de Armas, tenía por objeto controlar las comunicaciones de ésta con Madrid, desde donde se esperaba la llegada de la columna Riquelme. Un segundo destacamento, dispuesto sobre el Ayuntamiento, Banco de España, Catedral y accesos de los puentes de Alcántara y San Martín, tenía como fin asegurar el interior de la ciudad de Toledo y las comunicaciones con otros puntos de la provincia.En la tarde del día 21 de julio llegaba a la ciudad la columna Riquelme, precedida por un bombardeo aéreo que afectó a la zona alta de la población. 

El primer ataque fue retenido a la altura del Hospital de Tavera, lo que dio tiempo a un grupo de militares sublevados alas órdenes del comandante Méndez para cargar en camiones la munición de la Fábrica de Armas y su traslado al Alcázar, ante la inoperancia del coronel Soto y los soldados y trabajadores que continuaban leales al gobierno del Frente Popular. 

Ni siquiera la llegada de una avanzadilla de la columna Riquelme frustró la operación de carga de municiones, aunque sí aseguraría el control gubernamental de las instalaciones del centro. Gracias aesta operación, el comandante Méndez y sus hombres se hicieron con un volumen ingente de municiones —cifra-do en torno a los 500.000 u 800.000 cartuchos, según las diversas fuentes— que a la postre fue decisivo para los fines de los sublevados.

A partir de ese momento, debido a la imposibilidad de emprender una defensa de la plaza por la inferioridad numérica y material que había supuesto la llegada de la columna Riquelme, el coronel Moscardó ordenó el repliegue escalonado de todos sus efectivos hacia el Alcázar y las dependencias y edificios aledaños (Gobierno Militar, picadero, comedor, convento de Capuchinos,Hospital de Santiago, etc.), donde se hicieron fuertes durante los 70 días de asedio, bombardeos aéreos, intentos de incendio y voladura del conjunto

Fuente: http://www.academia.edu/1423981/Arqueolog%C3%ADa_de_la_Guerra_Civil_en_Toledo._El_frente_Sur_del_Tajo_y_el_cigarral_de_Menores_un_escenario_de_guerra

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