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viernes, 15 de mayo de 2015

Félix Urabayen y la intrahistoria de Toledo

Poco tiempo después de terminada la tesis de Singer, en España comienza la guerra civil (1936-1939) y Urabayen, pone al frente de su último libro publicado en vida del escritor una dedicatoria desafortunada e inoportuna que le va a traer muchos problemas.

Después de su muerte y el triunfo de los rebeldes que nombran caudillo al general Franco, la obra de Urabayen, sobre todo en España, se hunde en un total olvido.

En el extranjero parece correr la misma suerte. The New York Times, tan solícito con Urabayen en tiempos de la república, no vuelve a mencionarle. Hay que esperar a 1979 cuando Walter Rubin de la universidad de Houston, Texas, escribe un ensayo titulado “Toledo por dentro, Toledo por fuera: Félix Urabayen y la intrahistoria de Toledo” y publicado en un volumen titulado Romance Literary Studies en “Homage to Harvey L.Johnson”.

El ensayo comienza con el elogio desmesurado a un periodista de Toledo del que copia una frase9 en la que, de una manera directa, pero sin citarle, arremete contra Urabayen. …ningún poeta, ningún prosista de nuestras Letras captó, abarcó totalmente para exaltarle, el espíritu de Toledo que es más
complicado, menos reducible a común denominador, más inaprensible que ninguna otra ciudad. … Toledo, aunque lo parezca, no está muerta. 

Ni siquiera dormida. Rubin elogia Toledo, en su introducción, como una ciudad que “para los eruditos es una cátedra; para los artistas, inspiración; para los poetas, un pretexto para desahogar la sublimidad interior; para el novelista de raigambre, la obligación de decirnos cómo somos…” y la llama “crisol de grandes civilizaciones y religiones”. Ilustra lo dicho con una larga cita de don Benito Pérez Galdós, que parece rebatir la idea de  Moreno Nieto de que“ningún prosista” haya captado el espíritu de Toledo.

Sigue una breve biografía que, como ocurre a menudo y ya hemos comentado, indica que Urabayen nació en 1884 y no en 1883. No es éste el único error ya que al anotar sus obras encontramos con que el profesor Rubin afirma que La última cigüeña fue publicada en 1919, cuando en realidad lo fue en 1921; Toledo la despojada en 1922, cuando lo fue en 1924; El barrio maldito en 1925, siendo 1924 el año correcto. 

A continuación agrupa en el año 1923 a las siguientes obras: Por los senderos del mundo creyente, Estampas toledanas, Vida ejemplar de un viejo de Escalona, Centauros del Pirineo, cuando en realidad se publicaron, respectivamente, en 1928, 1934, 1926 y 1933. Pero además altera el título de dos obras: Estampas toledanas, es en realidad Estampas del camino (en que incluye quince “estampas
toledanas” y diez “estampas de mi raza”) y Vida ejemplar de un viejo de Escalona cuyo título correcto es Vida ejemplar de un claro varón de Escalona.

Se concentra el ensayista en la novela Don Amor volvió a Toledo que después de resumir minuciosamente concluye con que en esta novela coinciden “los valores galdosianos expuestos en Doña Perfecta” (112). 

Apunta que Leocadia, que es la protagonista, y la Ciudad Imperial “son sinónimos en los sentimientos del tío cura, y no está dispuesto a que ninguna de las dos sea poseída, ni controlada por el ingeniero Lorenzo Santafé”. En el cura y en el ingeniero están personificadas “las marcadas y extremadas facciones que existían y existen en torno a la evolución de Toledo.” 

Anota que los nombres escogidos, el cura como don Inocente y el ingeniero como Santafé “hablan de por sí de las intenciones de dos personajes más guiados por ideales que por realidades.”

En su conclusión, Rubin, mantiene que la obra termina “con el triunfo del conservador.” Analizando el papel de la ciudad y la gente, sus monumentos y geografía “es difícil saber si la ciudad influye en la gente, o si es la gente la que hace la ciudad” (125). Rubin cree que si Toledo no evoluciona al paso del tiempo como otros lugares, no se deberá sólo a razones topográficas, sino a un fenómeno filosófico también.” 

Los reformistas luchan contra la actitud estática y los tradicionales se aferran al pasado. En estas dos actitudes, concluye Rubin, “está precisamente la sustancia total de Toledo. Toledo existe por su pasado, por un ayer que se hace presente en cada día que la lucha por mantenerlo sin cambios ha triunfado”

El ensayo termina mucho mejor que empezó: con una cita de Ortega y Gasset en la que el autor de la Rebelión de las masas escribe que en cada localidad hay un latido de un posible destino humano “que parece en todo instante pugnar por realizarse y actúa como un imperativo atmosférico sobre la raza que lo habita.” Y termina: “cada forma típica de vida humana proyecta ante sí el complemento de un paisaje afín.”

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