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domingo, 17 de mayo de 2015

La Cultura de los Cigarrales de Toledo a finales del Siglo XIX y en el primer tercio del Siglo XX (II)

De hecho él hace una exaltación de los cigarrales del siglo XVII como fincas de recreo, en las que asegura que autores como Baltasar Eliseo de Medinilla, Tirso de Molina, Lope de Vega, el Conde de Mora, Jerónimo de Cevallos o Tomás Tamayo de Vargas, entre otros, celebraban “animadas, discretas e ingeniosas diversiones, donde se elaboraron prodigiosos poemas, tiernas poesías, maestras obras de ciencias, inmortales libros de historia”.

Sin embargo, Juan Marina se lamenta de la situación de los cigarrales contemporáneos a su tiempo, puesto que nada tenían que ver con los idealizados del siglo XVII: “En la actualidad, quedan únicamente las bellezas naturales, las hermosas vistas, los indescriptibles panoramas, es decir, aquello que no puede desaparecer porque es debido a su propia esencia; lo demás, lo que en los cigarrales puso la mano del hombre, ya generalmente no existe. 

A los espléndidos jardines, cuya detallada descripción con vivos colores nos hacen Medinilla, Lope de Vega, Tirso de Molina y tantos otros, han sucedido la pelada roca, sin apenas cultivo, donde crecen raquíticos y miserables algunos almendros, albaricoqueros y olivos. A las casas artísticamente aderezadas, ha sucedido la humilde morada del cigarralero. 

Las grandes, artísticas y fastuosas fiestas que en los cigarrales se celebraban, han quedado reducidas a alguna que otra merienda, motivo para pasar la tarde entre bostezos, mirando una vez más el horizonte que se divisa a lo lejos. El sonido de musicales instrumentos se ha reemplazado por la monótona canturria, chabacana y grosera del vulgo de las ciudades modernas, a los delicados gustos de los hombre de otro tiempo, han sucedido los bajos gustos del burgués.”  

En las primeras década del siglo XX el mundo de la cultura sigue manteniendo una opinión idealizada de los cigarrales, basada en su historia; en la literatura del siglo de oro; en las magníficas vistas de Toledo que se apreciaban desde estas fincas; y en sus paisajes, considerados como bellos, serenos, silenciosos, limpios, solitarios, austeros… Se trataba de percepciones y sensaciones, donde se imbricaba lo real con lo irreal, que se reflejaban en diversas publicaciones, entre ellas, en la revista de los años 20 “Toledo. Revista del Arte” dirigida por Santiago Camarasa (que disponía de un Cigarral), de la que hemos seleccionados los siguientes párrafos pertenecientes a los artículos denominados “Cigarrales de Toledo”:

“La sublime belleza de este maravilloso Toledo, contemplado desde sus bellos y típicos cigarrales”. 

“Desde los altos cerros, donde los típicos cigarrales ponen su bella nota de color y poesía, Toledo aparece serena y magnífica, envuelta regiamente en el manto de oro del sol crepuscular”. 

“Y, en efecto: en aquel albergue silencioso, halló mi corazón sosiego; paz mi espíritu; nueva alegría mi pecho atribulado: lo que no puede hallarse en las urbes, lo que sólo en el agro se encuentra”.

“¡Cigarrales toledanos, nidos de amor y remansos de paz, cuanto os cantaron los poetas”. 

“Cigarrales silenciosos, lugares apartados y típicos, desde donde Toledo se admira.” 

“En lo alto de la loma, y en medio del otero, anida en su casita feliz cigarralero, y puede asegurarse no hallar otra casita que esté mejor situada, que sea más bonita.” 

En esta revista también se incluyeron artículos más realistas, en los cuales se describían los nobiliarios palacios y las burguesas casas de los cigarrales, escritos por un autor que firma bajo el seudónimo “Yak”, y cuyo título era “Mansiones Toledanas”. Los cigarrales descritos son El Bosque, Mirabel, Menores y Buenavista. 

Los aspectos que relata en todos sus artículos son: el lugar donde se ubica la mansión; el paisaje que se observa desde estas fincas; la historia de estos cigarrales; la descripción de la casa, tanto exterior como interior; habla también del propietario y de su familia; y se incluyen varias fotos realizadas por Rodríguez, que acompañaba al escritor en la visita a la finca. En el artículo “El Bosque, del Excmo. Sr. Marqués de la Vega de Retortillo”, escribe: “Las casas primitivas de los varios cigarrales que componen hoy la finca, han sido respetadas integralmente. La de El Bosque, ocúpanla los guardas y servidumbre; junto a esta ha edificado el garaje y un grandísimo palomar con diez mil nidos. En la otra, interesantísima, construirán en breve, sin modificarla exteriormente, una capilla-ermita. El interior es notablemente hermoso, verdaderamente interesante. Todo él responde a un ambiente distinguido y práctico.”  

En el artículo “La Quinta”, de los Duques de Bailén, hoy llamada de Mirabel, hemos seleccionado el siguiente texto: “Todos sus departamentos son admirables, de un lujo severo y distinguido: zaguán, alcobas, cuartos de baño, salón de billar y recreos, gabinetes, comedor con una preciosísima terraza, y todo el complemento de dependencias para servicios y criados…. Recorremos la preciosa capilla ricamente ataviada, el lindísimo jardín y campo de recreos, los garajes, las cocheras y cuadras. Seguimos recorriendo más dependencias y establos…..mostrándonos ejemplares soberbios de distintas razas, en caballar y lanar, este último que están esquilando mecánicamente

También hemos visitado la escuela que sostienen los Duques, instalada en una de las casas de la finca, con amplio y modernísimo material pedagógico, a la que asisten todas las hijas e hijos de los criados y obreros de la casa, y todos los de los contornos, gratuitamente, suministrándole además, los elementos precisos para la enseñanza”. De la casa del Cigarral de Menores dice que: “De la maravillosa casa, verdadero tipo de casona reciamente toledano, todo sencillez, pero todo interés y austeridad.

Doblemente interesante por su pasado y por su orientación, escondida entre los cigarrales vecinos, pero dominando el más exquisito paisaje, la más bella visión: Toledo…. Son sus aposentos todos, verdaderamente interesantes por la sencillez y el gusto con que están dispuestos; son además admirables por su orientación, el sol domina en galerías, en dormitorios, en comedores, en toda la casa….. Avaloran más la decoración de sus habitaciones, interesantes obras y objetos de arte, traídas de su casa de Madrid, algunas muy notables como un lindo cuadro de Bécquer, representando la típica romería de la Virgen del Valle”.  

Uno de los artículos más interesantes sobre los cigarrales que aparecen en la revista “Toledo. Revista de Arte” es el que escribió Ramón Pérez de Ayala, “un extraordinario escritor, hoy injustamente preterido” . 

Don Ramón visitó el Cigarral de Menores, entonces llamado “de Dolores”, dos semanas después de haberlo adquirido Gregorio Marañón, ya que era “su amigo del alma”, y desde entonces quedó bien prendido por su belleza. Dos años más tarde, en abril de 1923, realizó otra visita a Don Gregorio y en su Cigarral escribió el artículo citado: “Aprovechando los días de Semana Santa, salí de Madrid en busca de una emoción religiosa directa. Estuve primero en Toledo, invitado a la hospitalidad magnífica de mi amigo el doctor D. Gregorio Marañón”. Pérez de Ayala expresa dos percepciones contradictorias de los cigarrales: desde fuera y por dentro. La primera descripción corresponde al emplazamiento, los paisajes y las vistas de Toledo. 

Los ubica en el sur, entre el puente de San Martín y el puente de Alcántara: ”Saliendo por la puente de San Martín, en los alcores y colinas que la enfrentan, clarean, aquí y acullá, unas casitas de apariencia humilde, recatada. Son los cigarrales”. Según va caminando hacia el Cigarral de Menores, va observando un paisaje rústico, áspero, difícil, es decir, el que existía entonces en las laderas del “torno del Tajo”; unos parajes que Don Ramón consideraba poco agradables: “Estamos todavía en el camino que sube a los cigarrales, ante los montículos donde estas fincas deleitosas se ocultan. ¿Deleitosas? ¿Qué vemos? 

Por donde quiera asoma la roca gris, monda, ceñuda, paupérrimo; a trechos, los alcores descubren en el costado una cicatriz árida, de tierra polvorosa, blanquinosa, a penas brota la vegetación, á no ser la mota rotunda y descolorida muy espaciada, del olivo solitario…… “¿Es posible – nos preguntamos, según ascendemos el repecho agrio, hacia los cigarrales – es posible que entre estos berruecos, al parecer desolados y malditos, escuetos como un paisaje lunar, se esconda especie ninguna de amenidad y deleite?” Sin embargo, más hacia arriba iba descubriendo los cambios de la naturaleza y de las intervenciones humanas. En primer lugar, las vistas de Toledo: “Acaso de vez en vez, volvemos la cabeza a contemplar Toledo. Y podemos observar que, conforme nos alejamos y subimos, la ciudad, antes que reducirse, crece y se magnifica, no ya en volumen, que también en expresión de dignidad y señorío”

Y se explica por qué los toledanos eligieron estos parajes para ubicar sus fincas de recreo: ”Pensamos que los toledanos añejos, de alma cultivada y sensitiva escogieron los cigarrales como el mejor punto de mira sobre Toledo. No pretendían desgarrarse de la amada ciudad, antes bien anhelaban abrazarla con la mirada, envolviéndola en un acto pleno de posesión…. En vez de elegir para sus fincas de placer la vega del río, florida y frondosa, escogieron los cigarrales, como si dieran a entender su desgrano de separarse de Toledo y su orgullo en dominarlo del todo, de arriba abajo, con mirada aquilina”. 

Dos de los elementos del paisaje que iba percibiendo en su ascenso a los cigarrales, de los que estaba maravillado, era la vegetación natural que, cuanto más alto era el camino, iba siendo más diversa y exuberante, y la presencia de algunos manantiales y arroyos de aguas cristalinas: “Estos padrezuelos están revestidos de toda la variedad de olorosas hierbas campesinas; tomillo, cantueso, romero, retama, cuya flor es diminuta.

Estas flores silvestres, hijas directas de Dios y sin el padrinazgo del hombre, se parecen a las diminutas especias, tan generosas y colmadas de ardor… Y ahora…. Y ahora, nos detenemos embelesados, supensos….. por fuerza ha de haber la voz de otro cristal sonoro; la voz del agua. ¿Ha pasado Moisés por aquí, y ha herido con su vara la roca?” Y de repente se encontraba con los cigarrales; primero con las cercas propias de estas fincas: “Ya nos topamos con algunas paredillas, construidas con pardo adobe y tapial, desmoronándose…”

 Después con los cultivos arbóreos y los jardines: “Detrás de la paredilla, asoman, y más allá se extienden ribazo arriba, los olivos de cráneo hirsuto y cenizoso…. En los cigarrales crecen y cuajan, en muchedumbre espesa y polícroma, rosas, claveles, azucenas, clavellinas, alelíes, lirios, violetas, margaritas…. Los árboles frutales más comunes son el albaricoquero, el guindo y el olivo.” Y por último las casas, que aunque “en general, no son suntuosas, ni siquiera artísticas…”, sin embargo, en 
particular, “el de Los Dolores, del Sr. Marañón, es sin duda el más hermoso y rico actualmente…..”

En conclusión, entre todas las descripciones de los cigarrales que se llevaron a cabo en los años 20, Ramón Pérez de Ayala nos ofrece una de las más realistas y con un exquisito lenguaje, en este artículo de la Revista de Arte. Otros de los grandes autores de los años 20 y 30 que se interesó por los cigarrales, de los que escribió interesantes artículos periodísticos-literarios, fue el navarro Félix Urabayen, nacido en el pueblo de Ulzurrum, pero residente durante largo tiempo en Toledo al ser profesor de su Escuela Normal.

Alfonso Vazquez Gonzalez
Pilar Morollón Hernández
Febrero 2005

Fuentes: http://abierto.toledo.es/open/urbanismo/03-CIGARRALES/Memoria/Historico.pdf
http://www.cigarraldelangelcustodio.com/historia-cigarral-bodas-eventos.html

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