viernes, 19 de junio de 2015

La Venerable Orden Tercera de San Francisco de Lillo

LA VENERABLE ORDEN TERCERA DE SAN FRANCISCO DE LlLLO

Es de sobra sabido que la Orden franciscana consta, ya desde los tiempos de San Francisco, de tres ramas: La masculina, constituida a su vez por varios grupos; la femenina, compuesta principalmente por las Clarisas, y la seglar, conocida hasta hace poco con el nombre de Venerable Orden Tercera. Actualmente se la denomina con el de Orden Franciscana Seglar.

La V.O.T. pretendía ayudar 23 a sus miembros a vivir el ideal cristiano, desde sus propias circunstancias de seglares, siguiendo la doctrina y ejemplo de San Francisco. 

Aunque era y es una Orden esencialmente orientada a la promoción de la fe religiosa de sus miembros, ésta afectaba también, indirectamente, otras áreas de la vida de éstos y de los pueblos en que vivían.

En Lillo, a pesar de ser un pueblo de no muchos habitantes, existieron dos fraternidades o grupos de la V.O.T., una fundada y con vida activa en la propia iglesia parroquial, y la otra con sede en la iglesia conventual.

Es muy probable que la primera fuera fundada, con anterioridad a la llegada de los franciscanos a Lillo, por los hermanos de hábito de alguno de los conventos que se encontraban en la zona.

La Fraternidad con sede en la iglesia conventual debió de ser fundada poco después de la llegada de los frailes. Con todo, no debía de funcionar muy satisfactoriamente, ya que el 19 de marzo de 1737, el P. Pedro del Puerto, en calidad de visitador, fIrma el acta de renovación de la misma, incluida su Junta directiva. (Cf. Apéndice IIJ. 

En 1764, por un acuerdo de la Junta local, tomado a propuesta del visitador de la V.O.T. de Lillo, P. Nicolás de San Antonio, se solicita al General de los Servitas autorización para «fundar la Cofradía de Santa María de los Dolores en este Convento para que todos los Hermanos y Hermanas del penitente instituto (la V.O.T.J fuesen esclavos de esta divina Reina». Dicha facultad fue otorgada poco después tal y como había sido solicitada. En consecuencia, a partir del año 1764, en los libros de tomas de hábito y profesión de la V.O.T. de Lillo se dejará constancia de que talo cual persona ha recibido «el hábito parto y de los Dolore<».

En 1757, el P. Joaqu{n de Albalate, Provincial de la Provincia de la Concepción, propuso, sin resultados positivos, la unificación de ambas fraternidades o la firma de un acuerdo que evitara roces innecesarios que restaban credibilidad y eficacia apostólica a ambos grupos. En consecuencia, debieron continuar existiendo y desarrollando actividades paralelas hasta quizá finales del siglo XIX. 

La existencia de cuatro de los libros oficiales de la V.O.T., radicada en el convento de Lillo, que abarcan desde el año 1737 hasta finales del siglo XIX, nos permite conocer con relativa facilidad la vida interna de la misma. No ocurre lo mismo respecto a la fundada en la parroquia, de la que no nos ha sido posible encontrar documentación alguna. Las noticias que sobre la primera de las fraternidades expondremos a continuación están tomadas de los libros mencionados. 1. Organización La V.O.T., tanto de Lillo como de otras partes, gozaba de una organización perfectamente estructurada que era el resultado de una experiencia multisecular

A pesar de responder a unas normas comunes, cada grupo solía introducir innovaciones que permitieran una mejor adaptación de la Orden a las circunstancias concretas del lugar. Así ocurrió de hecho en Lillo. Los cargos principales eran los siguientes: El Visitador (una especie de responsable espiritual, cargo que ostentaba un religioso franciscano), el Ministro (seglar, superior nato del grupo, sobre cuyo cargo se advierte en los libros de Lillo que debe ser rotatorio entre tres clases sociales: Cléritos, nobles y gente común), Coadjutor (ayudante del anterior), Discretos (consejeros), Procurador, Secretario, Enfermero, Vicario del culto divino, Síndico, Celadores, Maestro de novicios, Cobradores. Es importante lo que se anota acerca de tres de los oficios mencionados. Respecto al Coadjutor se advierte que «será de estado contrario al Ministro. Esto es, si el Ministro fuese eclesiástico, el coadjutor será seglar, y al contrario».

Hay dos cargos muy importantes: El de Procurador y el de Enfermero. Respecto al primero se hace hincapié en que «El hermano a quien se diere este oficio deberá ser de los hombres principales del pueblo y de los más inteligentes para los negocios de la Orden y defender a los hermanos pobres de cualquier injusticia».

La importancia del cargo de Enfermero queda recogida en el siguiente artículo de los Estatutos: «Este oficio debe darse siempre a un sacerdote, y no habiéndolo se dará a un seglar profeso y de caridad conocida. Tendrá cuidado de saber dónde ai enfermos y enfermas de la Orden, a los que visitará y avisará al Visitador y Ministro para que los visiten y socorran si fuese necesario, y procurará saber si tienen asis (sic) asistencia, y en caso de no tenerla, abisará al Visitador para que nombre hermanos y hermanas para que la asistan con caridad, y el Visitador procurará embiar aquellas que le parecieren combenir, bariando entre ellas para no molestar a todas, atendiendo a la calidad de las personas y zercanías de las casas».

Las reuniones, de frecuencia semanal, giraban en torno a la vida y actividades, especialmente religiosas, de la V.O.T. Entonces, como ahora, la Orden Franciscana Seglar gozaba de total autonomía respecto a los asuntos mencionados, siendo el Visitador un mero asesor religioso.

Influencia de la V.O.T. en la vida del pueblo No es fácil conocer la influencia real que la V.o.T. pudo tener en la vida del 25 pueblo de Lillo en sus diversas facetas. Merece la pena, con todo, hacer mención de algunos datos de interés. En cada una de las Fraternidades de la V.O.T. de Lillo -la parroquial y la conventual- existían a su vez dos grupos, el masculino y el femenino, ambos regidos de forma independiente.

De esta manera, la influencia de los Terciarios se extendía a amplias capas sociales. La mayor incidencia de estos grupos se producía, como es lógico, en el campo de la religiosidad. Sus miembros se comprometían a llevar a cabo diariamente una serie de prácticas religiosas que los convertían en la espina dorsal de las parroquias e iglesias conventuales. No insistiremos en este aspecto para no alargarnos excesivamente.

La V.O.T. era un grupo abierto que servía de aglutinante en ambientes reacios, a veces, a la integración de diversos grupos sociales. Así se advierte, por ejemplo, que «a todos, hombres y mujeres, sin distinción ni aceptación de personas, estados ni oficios se les diesse el hábitm>. Esta actitud, que hoy nos parece obvia, no lo era tanto en aquella época, por lo que la postura de la V.O.T. podía generar, al menos en alguna ocasión, fuertes tensiones internas entre distintas clases sociales.

Un incidente de este tipo tuvo lugar precisamente durante la reunión de la Junta de la V.O.T. celebrada el 19 de septiembre de 1772, en la que uno de sus miembros protestó enérgica y bastante violentamente contra ,la actitud de algunos Hermanos que, dada su categoría social, exigían se utilizara, al dirigirse a ellos, el título de «don» y no el de «Hermano», como se hacía con el resto de los Terciarios.

En la rama femenina, por otra parte, debía ocurrir un fenómeno similar, puesto que uno de los Provinciales se vio obligado a ordenar que (das Hermanas nobles de la Tercera Orden no se segreguen de las plebeyas en los actos de la comunidad, lo que encarga al P. Visitador, Fr. Antonio de Madrid». La única condición que se ponía para poder ingresar en la V.O.T. era de carácter ético y sorprende por su importancia y actualidad.

Dicen textualmente las normas de admisión: « ... que no sean recibidos los logreros ni vsureros públicos, ni a los que estubiessen enemistados públicamente mientras no se reconcilien con sus enemigos y restituyan lo mal tenido, como manda N.P.S. Francisco en este capítulo (el 2.0 de la Regla»>.

 Imagínese la importancia y trascendencia de esta norma en una sociedad en que el pobre se encontraba indefenso frente a los prestamistas y especuladores. En épocas históricas en que el Estado era incapaz de proporcionar a los ciudadanos unos servicios sociales mínimos, la V.D.T. suplía tales deficiencias en aspectos importantes como, por ejemplo, la asistencia a los pobres y enfermos. y así, al Visitador se le ordena que visite a los enfermos todos los días «y si hubiere alguno necesitado, procurará se le socorra en la mejor forma que se pudiere; ha de aiudarlos a bien morir, procurando hazerlo en particular con los pobrecitos y más necesitados».

 ¿Cuántos fueron los vecinos de Lillo que ingresaron en las filas de la V.O.T.? 

No lo sabemos con exactitud. Lo único que podemos decir es que fue considerable. He aquí algunos datos estadísticos de interés referidos a los años 1762-1784:

                               Hombres    Mujeres    Total

Tomas de hábito        112          320          432

Profesiones                133          192          325

Un examen comparativo de los ingresos y profesiones por año revela que el mayor número de incorporaciones, tanto entre hombres como mujeres, se encuentra entre los años 1762-1767, fecha en que se inicia un claro descenso coincidente, por otra parte, con el progresivo deterioro religioso producido por entonces en casi toda España.

De todas formas, la estadística de los Hermanos existentes en Lillo en la época que nos ocupa es suficientemente significativa y nos permite vislumbrar la importancia e influencia que debió de tener en la vida cotidiana del pueblo.

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