viernes, 18 de septiembre de 2015

Hechiceras de Toledo

Hechiceras famosas por sus conjuros fueron la «Marijona)), de Carpio; la «Boquineta)), de Villarrubia; «La Barzana»), María Castellanos y Catalina Gómez, en Toledo; María Fernández y la «Cacha», en Madridejos; Angela Rodríguez, la «hechicera de Alcabóm>; la «Fandanga», de Talavera; Isabel Martínez, «La Entera)), de Tomelloso; las «Claudias»), Juana «Dientes» y la «Tendera», de La Puebla de Montalbán; las «Pelonas», de Navahermosa ... 

Todas ellas expertas en conjuros, sortilegios, oraciones, supersticiones, sahumerios y sanaciones.

Pretendían que una persona fuese amada por otra, que apareciera el desaparecido, trataban de unir matrimonios, proporcionaban amantes o los conservaban, quitaban el sueño, desataban las furias y diablos ... Las devociones preferidas por ellas eran el Santísimo Sacramento, al que rezaban una oración para que una persona se casase con otra; los mismos efectos causaba otra oración a la Virgen, sin advocación alguna, o a San Marcos, a quien la mujer rezaba lo siguiente: «Señor San Marcos tú que humillaste la gran serpiente, humilla el corazón de mi marido su corazón y su lengua. 

Debajo de mis pies lo traigo yo para que haga y diga cuanto quiero yo». San Antonio Abad y Santa Elena también eran santos de su devoción, a esta última rezaban una oración para atraerse la amistad de un hombre. A Santa Marta la tenían gran predilección las hechiceras del siglo XVII, incluso existió una oración a Marta la «Mala)). 

Tampoco se olvidaron de las ánimas benditas para atraer al hombre elegido, una de las oraciones de 1631 decia así. 20 Animas benditas que el purgatorio estáis angustiadas y aflijidas y llenas de caridad: Por las penas en que estáis y la gloria que esperáis que levantéis y juntéis y el corazón nuestro, apretéis que no le dejéis dormir, ni sosegar, ni en su cama estar, ni con mujer hablar hasta que le traigáis queriéndome y amándome». 

En época muy tardía, ya a finales del siglo XVIII, dos curanderas de Nava- hermosa fueron denunciadas al Santo Oficio de Toledo, tratándolas de brujas o hechiceras, episodios que comentamos como el colofón ya decadente de estas prácticas que el racionalismo y la ciencia fue desterrando. Las dos fueron requeridas por un vecino de Ajofrín para curar a un enfermo. Ellas pidieron los calzones y unos pelos del mismo, a la sazón un clérigo de corona.

Al poco tiempo se personaron en Ajofrín. La hechicera, llamada Leonarda Huete, acompañada de su hermana Francisca, a la vista del enfermo le diagnosticó después de palparle el estómago con aceite, «hechizos rezados). traducido como envidias por haber sido buen mozo; no le daban muchas esperanzas de alivio porque el mal estaba muy avanzado, teniendo el interior del cuerpo «lleno de gusanos», sin conocer cuál era el origen del hechizo. 

Para curar a don Ulpiano, nombre del clérigo, recurrieron a remedios espirituales, sugiriéndole que se encomendara al Santo Cristo del Camino de Hontanar, que aseguraba la curación por las experiencias que habían tenido con otros enfermos.

 En Ajofrín también trataron estas mismas curanderas a otros dos desdichados pacientes que fallecieron. Sin embargo Antonia Sánchez Palencia curó después de dieciocho años de padecer una enfermedad. Incluso habían frecuentado la casa de un familiar del Santo Oficio del mismo pueblo, llamado Leonardo Orgaz. 

En Navahermosa se las consideraba hechiceras y curanderas. Conocemos un suceso en el que intervinieron para curar la impotencia sexual de un matrimonio que, habiendo sido reconocido por el médico, no encontró defecto físico que impidiera la relación normal. No obstante al persistir el problema, en secreto recurrieron a la tal Leonarda Huete, quien dio a la mujer una bolsita cosida para que la llevase siempre en sus vestidos y además les proporcionó «cierta untura» para aplicarla en los genitales. 

Después de experimentar ambos remedios no apreciaron «habilidad» alguna y quemaron la bolsita. No pararon ahí los cónyuges y recurrieron a la «tía María», una curandera tenida como la «capitana» de todas las de los Montes de Toledo y recomendó al marido tal remedio que su mujer se negó a aplicarlo por «horrible y sucim), en palabras del cura de Navahermosa, relator del hecho.

Pese a la reputación que en Navahermosa tenían como personas deshonestas, de vida licenciosa, brujas, protagonistas de numerosos escándalos y vividoras, la sociedad hacía abstracción de lo negativo buscando en ellas el remedio para sus males, aferrándose a la vida y agotando todos los remedios sin cautela alguna. Para la Inquisición estas dos mujeres eran unas solemnes embaucadoras que se fingían hechiceras para «llenar de terror a los insensatos, a los menos cautos ... exponiendo a quien no tiene la menor instrucción a que solicite la salud por medios tan extraños ... » 

Impreso con una oración contra las brujas, enfermedades y otros maleficios. 22 

La Inquisición en toda su historia no relajó por hechicería a más del 0,25 por 100 de las personas procesadas. 

En la provincia de Toledo hubo procesos inquisitoriales por estos motivos en Alcabón, Alcañizo, Bargas, Borox, Corral de Almaguer, Dosbarrios, Escalona, Espinoso del Rey, Fuensalida, Lagartera, Lillo, Madridejos, Marjaliza, Mazarambroz, Navahermosa, La Puebla de Montalbán, Quintanar de la Orden, Santa Cruz de la Zarza, Santa Olalla, Talavera de la Reina, Tembleque, Toledo, Tomelloso, Torrijos, Totanes, Turleque, Villacañas, Yébenes y Yepes.

Ventura Leblic García 
http://www.realacademiatoledo.es/index.php/publicaciones/temas-toledanos/1728-medicina-popular-en-la-provincia-de-toledo-por-ventura-leblic-garcia.html

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