martes, 15 de septiembre de 2015

Medicina popular en Toledo: El Curandero

Al pretender estudiar el curanderismo y sus orígenes hemos de situarnos en un campo sin unos límites precisos en el que no podemos acertar si es de Hipó- erates, de Merlin o de ambos a la vez, ya que la ciencia médica moderna no se remonta en la historia muy atrás, quizás desde que Clau de Bernard y otros la pusieron en los derroteros del análisis y la experimentación. En realidad algo más de un siglo. Más allá del XVIII, sólo existen balbuceos y descubrimientos importantes sin duda, pero aislados para la medicina científica. 

Deberíamos retroceder decenas de siglos para encontrarnos con el padre Hipó- crates (hacia el 460-475 a. de lC) que codificó todo el saber médico heredado de Egipto, la India y el Mediterráneo Oriental, con sus propias experiencias, conocimientos e intuiciones, recogidos por las civilizaciones clásicas y árabes posteriormente. La evolución de la medicina en Europa occidental va asociada al mundo de la magia y hechicería durante el paganismo y a los distintos movimientos de pueblos y sociedades en la Edad Media, período que continúa-en las premisas anteriores, asociadas a discusiones de orden filosófico o religioso enmascarando por lo general los propios hechos de la Naturaleza. Después aparecen las universidades y con ellas las facultades de medicina, muy vinculadas a la civilización árabe. 

Se avanza en los conocimientos anatómicos que va descubriendo la cirugía, se pone en práctica la dietética y otras terapias clásicas que trae y transmite la cultura árabe, siendo España y entre otros focos Toledo, el lugar desde el cual se imparte ciencia y doctrina médica que asimilan latinos y sajones, permaneciendo en el cuerpo colegiado hasta el siglo XVIII. Al mismo tiempo Toledo se convierte en el centro europeo de las «artes mágicas», lugar donde se dan cita magos, alquimistas, nigromantes ... médicos árabes, judíos y cristianos. 

Es un momento en el que parece distinguirse claramente 5 la medicina frente a la superstición pagana, pero en los siglos XIV y XV se estanca el conocimiento médico que despierta con el Humanismo para volver a la decadencia en el siglo XVII a pesar que Harvey, en 1628, incorporaba al mundo de la medicina el descubrimiento de la circulación de la sangre, fenómeno que ya se conocía en Oriente cuatrocientos años antes y Frascator intentaba convencer a sus colegas de la existencia de microbios tres siglos antes que naciera Pateur. 

Podríamos hablar de otros, apuntando etapas en el avance lento de la medicina europea que debía luchar contra tabúes, prohibiciones y polémicas, obstaculizando su desarrollo, hasta que en el siglo XIX se optó por el método de las disciplinas científicas modernas: El análisis. Por otra parte, la rica farmacopea natural desembocó en la quimioterapia abandonando la primera para recuperarla de nuevo en la actualidad. 

Así pues, el oscurantismo de la medicina occiental en la baja Edad Media crece confundido con los elementos de índole cultural, religioso o filosófico de las sociedades en las que se desarrolla, mientras que los herederos directos del conocimiento griego, musulmanes y judíos, mantuvieron la supremacía en el estudio y evolución de la ciencia médica, junto con algunas comunidades de monjes cristianos que supieron ser receptivos al conocimiento oriental. 

Durante siglos, extensas zonas geográficas de nuestro entorno, especialmente las rurales, carecieron de médicos y no tuvieron otros remedios frente a enfermedades que la «protección divina) y la herencia cultural terapéutica que unas veces procedía de los hispanorromanos, otras influenciadas por la tradición judeomusulmana o de viejas creencias autóctonas, cuya mezcla dio lugar a numerosas prácticas relacionadas con la magia, hechicería, kábala, alquimia, fitoterapia, cultos pseudo cristianos ... , cuya asimilación por el pueblo creó un cuerpo doctrinal al margen de la medicina de las universidades, que determinaron los conocimientos que, durante siglos, discurrieron marginales, con más o menos presencia y fuerza social a los que nos referiremos en este trabajo como elementos tradicionales, unidos a la cultura popular, cuyas reminiscencias han llegado hasta nosotros por tradición oral o por la documentación que poseemos. 

En definitiva una cultura instalada en el pueblo, relacionada con el instinto de conservación, que ha trascendido y nos acerca a horizontes mágicos, sobrenaturales y ancestrales el margen de la ortodoxia y las conquistas científicas de la medicina. El temor ante aquello que nos puede producir daño, inducir temores o destruir, crea unos mecanismos defensivos propios para combatirlos. Cuando no son suficientes, recurrimos a quienes creemos que pueden dominarlos por medios naturales o sobrenaturales, apareciendo así la figura del que remedia el mal por estar en posesión de poderes o conocimientos de la misma naturaleza que los medios. Surge el hechicero o el curandero como persona mediadora entre las fuerzas de la Naturaleza o la divinidad, con poderes extraordinarios capaces de conjurar el peligro.  

En la antigüedad estuvieron asociados, como hemos explicado en otro momento, la hechicería y el curanderismo e incluso la medicina, pero la evolución cultural de las sociedades a través de los siglos ha hecho que tomasen nuevas formas persistiendo algunas de las antiguas. Por ejemplo, nadie puede negar hoy la existencia de consultas para adivinar el futuro con todas sus variantes: Acultomancia, aeromancia, aleuromancia, astrología, cafeomancia, cartomancia y otros muchos métodos adivinatorios más, que pasarían de cincuenta si los enumeráramos y que aún se utilizan para predecir el porvenir. 

La mayor parte de ellos han pasado al campo de la pura superstición y otros al de las técnicas de observación e incluso algunos forman parte de las ciencias actuales. Los amuletos continúan presentes y no es raro observar en las revistas páginas enteras intentando convencer de las virtudes de una cruz, una piedra, una estrella ... , producto que el propio mercado comercial provoca, evocando el pasado. Muchas veces son objetos desposeidos de todo significado supersticioso, pero ahí están presentes, intentando devolver a la actualidad la fe en los poderes ocultos. La buena suerte, relacionada con el deseo de felicidad dei hombre y el disponerse contra la eventualidad negativa, suscita la consecución de los medios para ponerse a salvo. 

Desde siempre el hombre ha confiado en la ayuda de los poderes sobrenaturales de una forma intuitiva. A medida que fue empleando métodos racionalistas y científicos pasó a ser deductivo. Uno fue esperanzado y otro tuvo que aceptar las realidades y limitaciones. El crédulo, admite o presupone su buena o mala suerte por evidencias materiales, tratando pues de averiguar qué objetos o abstracciones son portadores de buena suerte o cuáles protegen del mal. Así surgieron los talismanes que aún hoy no han desaparecido. 

La réplica a lo malo, al diablo, en un principio y los deseos amorosos, de salud, etc., más tarde, dieron lugar a los conjuros que se utilizaron para alejar el mal y conseguir un beneficio. Hoy la psicología o la psiquiatría son los mejores remedios para su curación. Se practican en la actualidad, en líneas generales, tres tipos de conjuros: Los amorosos, los que se realizan para encontrar objetos perdidos o aquéllos que se aplican para curar, siendo éstos los que aquí nos interesan. Así pues, si la figura del curandero se asoció con el dominio de todas éstas y otras «artes)) relacionadas con la hechicería histórica. 

Hoy sus prácticas van desprendiéndose, en la mayoría de los casos, de esa carga para aislarse en las curativas. 

Los curanderos hoy, siguiendo las creencias, nacen y se hacen. Los primeros pertenecen a un grupo que creen estar en posesión de un don sobrenatural o especial que se manifiesta de manera casual o por ciertas señales físicas: Cruz en el paladar, «hablam en el vientre materno, nacer un viernes o nacer en Viernes Santo, ser el séptimo hijo varón sin presencia intermedia de mujer, haber curado casualmente por contacto, ser identificado por otro curandero ... , entre otras. 

Al segundo grupo pertenecen las personas que han recibido ciertos conocimientos curativos, generalmente por tradición familiar, en forma de remedios o técnicas relacionadas con la masoterapia o fisioterapia, sin excluir a los autodidactas del curanderismo. 

Existe un tercer grupo que podríamos calificar de los «elegidos», que agruparía a los que dicen tener el don de la curación, recibido directamente de Dios, la Virgen, los santos o los fallecidos y que además de mantener el contacto con ellos, rodean de virtudes curativas ciertos lugares y objetos que el pueblo con su fe «sacraliza».

De estos grupos existen y han existido curanderos en la provincia de Toledo. 

Hoy como ayer la enfermedad o el dolor crean estados de ansiedad que empujan al paciente a buscar remedios de origen metafísico o empírico de acuerdo con sus creencias, cultura o actitudes frente a la medicina legal u oficial. 

El curanderismo y «las otras medicinas» vuelven a colocarse en un primer plano de la actualidad y a ello recurren personas de cualquier condición. Ya no es un fenómeno marginal y oculto, hoyes pública su presencia y su práctica . • De forma paralela aparecen en las zonas urbanas una estela de consultores esotéricos que rara vez entran en el campo de la sanación, habiéndose marcado una frontera entre lo que son remedios populares terapéuticos y las otras prácticas que tienen sus remotos orígenes, históricos si se quier~, en la hechicería o la magia medieval, evolucionados y tecnificados hoy. De veinticinco curanderos que una reciente guía da como existentes en CastillaLa Mancha, trece pertenecen a la provincia de Toledo y el resto se reparten entre las otras cuatro. 

Al margen de la población de cada provincia, y no es mucha la diferencia con otras, ya es un indicativo interesante que la mitad sean toledanos. Pero también hay que apuntar que existen bastantes más que los reseñados en la guía. Aunque es necesario hacer la distinción entre curandero/a y saludador/a. 

Uno sana, por lo general, por medios físicos y el otro mediante los anímicos. El número, contando ambos, subiría notablemente. Predominan entre los sanadores toledanos los que intentan curar enfermedades dermatológicas como herpes, verrugas, abscesos, etc. Otros «componen» articulaciones y calman dolores musculares, los hay que hacen desaparecer los trastornos ocasionados por el mal de ojo o tratan cualquier tipo de enfermedad. 

Los métodos son muy variados, desde los conocidos por simpatfa, pasando por magnetoterapia, ungüentos, emplastos, hierbas, masajes, imposición de manos, invocaciones, exhorcismos, etc. A lo largo del trabajo se explicarán ritos, prácticas curativas, conjuros, sahumerios y otros fenómenos con sus formulismos y momento histórico en el que se desarrollaron en la provincia de Toledo, viajaremos a un mundo oculto, quizás marginal y supersticioso, a veces con buena dosis de eficacia, que marchó paralelo 8 a la medicina formal, asumido por el pueblo y mantenido a través de generaciones, que forman parte importante en nuestro folklore y como tal lo explicamos. 

EL CURANDERO 

Tanto la medicina popular o curanderismo como la científica marcharon paralelas hasta hace poco menos de doscientos años incluso se comprometieron en algún momento. El médico adquirió sus conocimientos a través del racionalismo y los descubrimientos de la física, la biología farmacológica, etc., mientras que el curandero permaneció transmitiendo su bagaje de saberes por medio de la práctica dentro del ámbito familiar o en círculos cercanos, en la mayoría de los casos. 

Este concibe al individuo a tratar como un ser que tiene alteradas algunas de sus funciones orgánicas o anímicas, no como una dolencia aislada sino dentro de un ámbito natural y metafísico de quien depende y a quien corresponde sanar, unido al comportamiento médico-cultural de cada grupo social. Teóricamente no cura una parte del cuerpo sino que la sanación va encaminada al individuo de manera integral buscando equilibrar su salud. Por ello escucha y se introduce junto al paciente en el universo cultural de las fuerzas que actúan en la Naturaleza y aplica terapias que emanan de ella o sobrenaturales. 

El curandero, pues, se hace o nace predestinado, según estas creencias. Para él sanar es una capacidad, un don, una gracia. Cosa distinta es el aplicador de remedios. El curandero descubre por sí, en la mayoría de los casos, su aptitud de sanar por algún indicativo o experiencia, generalmente delatados en la infancia, la juventud, después de crisis o situaciones emocionales graves. También los signos corporales, los astros, el carisma, etc., determinan el nacimiento de un curandero. Otras veces es el traspaso de la «gracia» para curar con todo el hermetismo que rodea esta situación. 

En ocasiones es la herencia familiar y la habilidad aprendida de un curandero quien hace otro. Aunque si bien en estos casos la técnica es puramente física, cuando se apela a lo sobrenatural también existen normas para la transmisión. Igual que se adquiere la «gracia» se puede perder, esto ocurriría en el caso de la revelación de los secretos a profanos, o los que tratan de explotarlo econó- micamente, etc.

 La gracia, el don, disminuye si existe otro curandero en las inmediaciones o se tienen los brazos o las piernas cruzadas, si existen objetos formando aspas ... De la misma forma no todos los días son apropiados para curar, especialmente los que en su nombre llevan la letra «f». 

Otras creencias populares sitúan en torno al nacimiento la habilidad para sanar. La mujer que ha tenido doble parto, por ejemplo, está más predispuesta a la 9 adquisición de facultades sanadoras. Si se nace en viernes o especialmente en Viernes Santo con una cruz en el paladar no existe duda de los poderes del niño. Ser hijo de hijo con número impar o el séptimo o noveno especialmente. Se conocen casos en Toledo de ser el séptimo hijo de padre que fue también séptimo. 

Por nacer en alguna fiesta especial como la Conversión de San Pablo, San Juan y San Lorenzo se adquiere el don especial para curar algunas dolencias. También quienes nacen con alteraciones anatómicas, como tener seis dedos, que curan el dolor de estómago. Aplicando la mano de los mellizos a un enfermo, en ciertas dolencias, es suficiente para aliviarlo. 

Igualmente guardan un ombligo para fines terapéuticos. Es decir, el curandero nace, como estamos descubriendo, o puede adquirir la «gracia» y los conocimientos a través de otros curanderos, incluso por la información erudita. 

El curanderismo, como todo fenómeno sociológico vivo, viene asociado a otras creencias y supersticiones que nos permiten descubrir en ellas ribetes de las grandes corrientes culturales formadas por la diversidad de pueblos que han marcado el sustrato mágico-religioso del nuestro, especialmente con un foco de tanta influencia como ha tenido Toledo, pese al influjo disuasorio de la iglesia cató- lica, cristianizando aquello que no pudo desterrar y eliminando aquello otro que se interpuso a su doctrina. 

El poder de curar mediante contacto, que aún se practic'a en nuestra provincia, se atribuía en la antigüedad a los dioses pasando por «derecho divino, a los reyes» especialmente en países más allá de los Pirineos. Fue practicado por los sacerdotes médicos egipcios como mediadores de la divinidad. Esta facultad sanadora no se destruía con la muerte, manteniéndose en las reliquias a las que aún se acude para tocarlas buscando remedio. Superstición convertida en creencia religiosa y además efectiva. 

También se ejercitaba en los templos paganos con la misma eficacia, rivalizando con los cristianos, por la milagrería de sus santos o sus huesos que en muchos casos eran de procedencia bien dudosa. Pues bien, como vemos las corrientes del curanderismo han sido alimentadas a la luz de la fe o perseguidas si no eran alumbradas por ella. De este grupo sumergido, procedente de otras religiones que dejaron de ser legales por la intransigencia de la oficial, aún encontramos vestigios a través de extrañas mezclas entre supercherías y viejas aplicaciones metafísicas que los curanderos y visionarios continúan manteniendo, al margen de quien puede determinar «oficialmente» si son milagros o no, ciertas curaciones «inexplicables»

. Así pues reconocemos un tipo de curanderismo que busca sanar el cuerpo con remedios mecánicos o naturales. Otro que busca rodearse de una fenomenología sobrenatural que incide en una persona o en el entorno sacralizado por ella misma, a través del que se produce la sanación. Y el mago que no tiene una cono- 10 cida incidencia en nuestra provincia, aunque sí se advierte una terapia de prevención mágica. Esta simplificación genérica habría que estudiarla en sus ramificaciones y detalles. En casi todas las comarcas toledanas se dan los dos primeros fenómenos. 

Curanderos que aplican terapias mecánicas, son los «arregla huesos», los que practican masajes, sobos, etc ... Al siguiente grupo pertenecen todos aquéllos que se esmeran con remedios relacionados con la fitoterapia y otras prácticas naturistas. Forman un grupo numeroso, aún, las saludadoras; los que curan por imposición de manos, los videntes y sus apariciones y, por último, los vividores. La mayoría de los curanderos toledanos son mujeres, siendo muy pocas las profesionales. En términos generales podemos hablar que en torno a la ciudad de Toledo se concentran los que practican remedios naturales; mecánicos, en Talavera; en La Sagra, milagreros, y en Los Montes, saludadoras. 

Hemos querido comentar en último lugar, con el fin de disociarlo en lo posible de lo anterior, las «artes mágicas» que de alguna manera están vinculadas a la sanación. Guardan una gran tradición histórica en Toledo, centro en la Edad Media de ellas, tanto que adoptaron el nombre de «artes toledanas» a las que se definía como aquéllas dedicadas al «estudio constante de las cosas naturales para poder /legar, por medio de su inve,stigaciónJ al verdadero conocimiento de lo sobrenatural, que es el fin y el objeto de las artes mágicas)}. 

Muy poco conocemos de estas investigaciones y disciplinas que se desarrollaron en Toledo. Quizás tengamos que profundizar en ciertas tradiciones y costumbres mantenidas por grupúsculos que desembocaron en la hechicería y vemos aflorar a través de algunos procesos de la Inquisición, en los que repararemos y seguiremos siempre que tengan relación con el curanderismo. Por otra parte, desde los tiempos antiguos también se ha venido asociando la magia a la curación de enfermedades cuya manifestación actual podría ser el tratamiento o terapia psicológica de la enfermedad. Así pues, los procedimientos generales del curanderismo, bien empleando medios naturales, por intervención de lo sobrenatural o la magia, pueden darse aislados o relacionados entre sí. 

De ellos surgen numerosas variaciones y aplicaciones. U nas eruditas y otras populares, al final todas las hallaremos en el gran recipiente de los procesos sanadores de estas terapias ancestrales, que aún podemos encontrar en nuestra provincia, no como hechos aislados del resto de la geografía española, sino incardinados en la vieja cultura europea con raíces en las primeras manifestaciones del pensamiento humano, pues se cree que la magia «es el sistema más antiguo conocido de la filosofía natura/».

Ventura Leblic García 
http://www.realacademiatoledo.es/index.php/publicaciones/temas-toledanos/1728-medicina-popular-en-la-provincia-de-toledo-por-ventura-leblic-garcia.html

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