lunes, 26 de octubre de 2015

Hoteles con Misterio en Toledo


Hace algunos años que asistí en el Paraninfo de Lorenzana a una interesantísima conferencia de Fernando Ruiz de la Puerta titulada “Las Casas Encantadas de Toledo”¹, en las que el profesor dio una amena charla relatando algunos sucesos acaecidos en diferentes viviendas de la ciudad de Toledo. 

Recuerdo que finalizada la charla, en el turno de preguntas, uno de los presentes que estaba en las primeras filas, y además era amigo de Ruiz, mostró su decepción por cierto detalle. 

Y es que el profesor, con buen criterio, no dio datos concretos de las viviendas, sino que se limitaba a relatar sucesos en una casa de tal o cual calle de Toledo. Yo lo comprendí perfectamente. Y es que en una pequeña ciudad es muy fácil reconocer a protagonistas de ciertas historias que tal vez no quieren pasar a un primer plano.

Por eso espero que también comprenda el que lea esta nueva entrada que en parecida tesitura me encuentro yo, narrando conocidos casos y en escenarios identificables, pero que prefiero no mencionar directamente al tratarse de negocios particulares que hoy en día están todavía en funcionamiento. Aún así, invito a aquellos curiosos que deseen obtener datos más concretos a escuchar los audios adjuntos o a indagar en cualquier buscador de Internet, en donde podrán encontrar con cierta facilidad más detalles de los hechos en cuestión.

En este caso vamos a hablar del caso de un par de hoteles de Toledo en donde, todavía hoy en día, ocurren ciertos fenómenos que no tienen explicación sencilla.

El primer caso, y posiblemente más conocido en la ciudad desde hace unos años, se trata de un famoso hotel afuera de las murallas, que ocupa lo que hace años fue un orfanato. Algunos empleados de la limpieza han asegurado escuchar en diferentes ocasiones alboroto de niños, que por momentos parecen jugar, y por momentos parecen entrar en inconsolable llanto.

Nada de extraño debería tener este hecho, ya que junto al hotel se encuentra uno de los colegios con más alumnado de la zona. Pero todo cambia cuando este alboroto de niños se escucha en periodo de vacaciones o en horario no habitual de un colegio al uso. Incluso algún que otro cliente ha afirmado pasar la noche con intranquilidad al oír ruidos extraños dentro de la habitación y tener sensaciones extrañas.

Javier Mateo Álvarez de Toledo lo cuenta en su intervención en el programa “Milenio 3” (32’20’’)

Como curiosidad agregar que a finales del pasado verano de 2014, junto a la fachada de este antiguo orfanato fue encontrado un hombre de mediana edad inconsciente a altas horas de la madrugada, sin que los sanitarios pudieran hacer nada a su llegada, ya que falleció antes de que pudieran trasladarlo. Parece ser que el motivo del fallecimiento de este hombre de unos 50 años fue un infarto repentino.

Otro caso más reciente, pero también conocido, es el de un hotel más céntrico y con algo menos de antigüedad que el anterior. Ya venía funcionando como hotel desde hace unos años, pero no fue hasta el año 2005, en el que acometieron una reforma para ampliar el hotel con unas casas anexas, hasta cuando se empiezan a notar los primeros fenómenos extraños. En este programa de radio, de Onda Mencia, facilitan el caso detalladamente (1:01’00’’)




Lo primero que empezaron a notar los trabajadores del hotel, cuando no había ningún cliente alojado, es el sonido como de arrastrar de camas en las habitaciones, y abrir y cerrar de las cerraduras de las habitaciones. Además, ciertos objetos ornamentales que se encontraban sobre los cubre-radiadores, aparecían colocados de forma diferente a la que los dejaban los empleados. También otros “síntomas” habituales de este tipo de fenomenología como es el encender y apagar de luces y aparatos eléctricos sin que medie mano humana.

Los clientes también han sido testigos y víctimas de sucesos inexplicables. Un viajante, cliente habitual del hotel, se presentó asustado en plena noche y en ropa interior en la recepción, pidiendo que le cambiaran de habitación, ya que en la que ocupaba estaban pasando cosas extrañas. Afirmaba que los cajones de los muebles se abrían y cerraban solos, y cuando él quería comprobar qué era lo que pasaba no podía mover estos cajones.

Narra también una empleada de la limpieza cómo vio volcarse una papelera sin que hubiera causa para ello.

El recepcionista de noche, al parecer un hombre ya mayor, también tuvo sus momentos de pánico que provocaron que en más de una noche tuviera que salirse a la calle y refugiarse en su coche hasta finalizar su turno. Y es que frecuentemente oía ruido de inexplicables pasos que recorrían las escaleras y pisos superiores. Parece ser que escuchar golpes y sonidos extraños desde la recepción es algo habitual.

Uno de los momentos más llamativos causó que una empleada que estaba haciendo el turno de noche tuviera que llamar a la policía presa del pánico, y es que inexplicablemente le llegaban a recepción llamadas desde una habitación en concreto, cuando el hotel estaba totalmente desocupado. Desde luego, si se oyen ruidos cuyo origen se desconoce, si se reciben llamadas desde habitaciones desocupadas, si se ven objetos moverse o que han sido movidos… es comprensible tener cierto miedo, o al menos preocupación ante lo desconocido.

Me gustaría aportar algo de mi experiencia, y es que he trabajado varios años como recepcionista nocturno en varios hoteles, y también he tenido experiencias de este tipo, pero en todos los casos fácilmente explicables. La mayoría de experiencias de este tipo fue en un hotel fuera de las murallas situado en un edificio de no demasiada antigüedad, pero sí con algo de historia.

El funcionamiento de los ascensores sin la intervención de ningún usuario era algo que me alertaba frecuentemente durante mis primeras noches en solitario. Pero con el tiempo y aclaración del técnico comprobé que es parte normal de su funcionamiento. Y es que en algunos casos están programados para que pasado cierto tiempo desde su último uso regresen de forma automática a la planta en donde reciben más clientes. En este caso pasados diez minutos después de que algún cliente subiera a su habitación regresaba sólo a la planta de recepción.

Los golpes fuertes, y sensación de escuchar murmullos cuando no había nadie, también era una sensación habitual. Pero enseguida comprobé que era la máquina de hacer hielo de la cafetería. Y es que en el silencio de la noche muchas veces los sentidos engañan.

También sufrí en carnes propias el funcionamiento descontrolado de los teléfonos. Algunas veces recibía en recepción llamadas desde habitaciones que estaban desocupadas, o algunos clientes recibían llamadas desde la recepción sin que yo hubiera llamado a la habitación. En este caso la solución no era demasiado complicada. Las líneas se encontraban “sucias” debido a, por ejemplo, la programación errónea del servicio de despertadores, y bastaba con limpiarlas marcando los códigos que indicaban las instrucciones de la centralita.

Dicho esto supongo que habrá algunas cosas que tendrán su sencilla y lógica explicación, aunque también comprendo que cuando hay aparatos que funcionan incorrectamente y los técnicos no encuentran explicación, o cuando se ven y escuchan cosas cuyo origen no se conocen el miedo se apropie del más valiente.

El caso del viajante que acudió asustado a la recepción del hotel anterior me ha traído a la memoria una conversación que tuve en su día con un viajante que acudía frecuentemente al hotel en el que yo trabajaba. Por acuerdo con su empresa cuando venía a Toledo solía pernoctar en dos hoteles. Uno era en el que yo trabajaba, y el otro el primero del que hemos hablado, el edificado sobre un antiguo orfanato.

Era un cliente que podía venir sin previo aviso a altas horas de la madrugada, y con el que teníamos un trato preferencial al ser un cliente habitual. Pese a que no teníamos servicio de restaurante siempre teníamos la deferencia de prepararle en la cafetería un sándwich o algo de picar, y a esas altas horas, en las que no había nadie más, era inevitable mantener conversación con el único cliente despierto. Recuerdo que me decía que, pese a que el otro hotel estaba más céntrico y disponía de restaurantes y más servicios alrededor, prefería no ir allí. 

Y es que, según comentaba, no podía dormir bien porque siempre le pasaban cosas raras en la habitación. En aquel momento no le di mayor importancia y no le pregunté, pensando que podría tratarse de cosas triviales como fallos en la calefacción, o ruidos de las tuberías del baño. Hoy me arrepiento y me pica la curiosidad de a qué se referiría.

Jesús J. Cerdeño 29 diciembre, 2014 
http://www.misteriosdetoledo.com/hoteles-con-misterio-en-toledo/

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