jueves, 22 de octubre de 2015

La reja del diablo, Toledo

Ismael se asoma desde la terraza de la casa de sus padres. El aire es fresco, desde la carretera de Piedrabuena sube volando el dios Eolo después de haber mojado su túnica sobre el Tajo. 

Agradece el joven herrero el cambio de temperatura, la fragua parece tener vida propia esta tarde y amenaza con consumir a todo aquel que se ponga a su alcance. 

El descanso es breve, Ismael ansía volver al yunque, está “enganchado” a la labor que tiene entre manos, extrañamente más que lo haya podido estar nunca. Al entrar en su pequeño taller, adosado a la parte de atrás de la casa paterna, vuelve a tener la misma sensación que ha tenido todo el día: algo o alguien parece vigilar su labor. 

Sonríe para alejar esa pequeña nube de superstición que ha pasado por su cabeza, sabe de sobra que su padre, el viejo herrero, se asoma de vez en cuando para ver como va la reja que está rematando. Una reja que parece hecha por el diablo …

Ismael Ortega, herrero toledano, trabaja armando una reja singular, de muy difícil ejecución. A simple vista parece un reja corriente, similar a las que defienden las ventanas de las casas de construcción tradicional. 

Al observar de cerca el férreo entramado advierto que el conjunto parece un entrelazado imposible de barras de hierro. Machos y hembras se alternan formando lo que parece una tela. Ismael no me deja grabar un vídeo en el que se vea el procedimiento manual que utiliza, quiere preservar en secreto la esclusividad del proceso, muy pocos conocen la técnica de ejecución de este tipo de forja y eso le da un valor añadido a su trabajo. 


La reja es pequeña en tamaño, pero un coloso en valor artesano. Ismael utiliza un barrotillo de 10 que todavía complica más el trabajo, el punzonado que da forma a las hembras debe ser delicado, el fuego amalgama delicadeza y fuerza sobre el hierro. 

Yo no se distinguir si hay trampa o cartón en el armado de esta malla, que parece hecha gracias a un pacto con fuerzas misteriosas del averno, pero si se que Ismael es honesto y que los compañeros del gremio, que han visto la reja, callan sus escépticos comentarios al verla. El taller queda un instante en silencio, mientras sus colegas contemplan la reja.

Ya no retumban los martillos de los herreros en las calles de Toledo, la última fragua del casco histórico cerró hace tiempo. Dónde están los carpinteros, torneros, ceramistas … aquellos artesanos que modelaron y vistieron las casas que hoy contemplamos con admiración. 

La ciudad poco a poco va quedando despojada de sus viejos trastos de anticuario. Las rejas que instalamos no tienen alma, el herrero que las “fabrica” perdió la suya hace tiempo. El viejo carpintero de la Magdalena se aburre haciendo ventanas de perfil normalizado, ya nadie le encargará un taujel de estrellas como el que ha visto en la Calle de los Dos Codos …

Por eso el trabajo de Ismael trasciende más allá de la dificultad de su endiablada reja, porque busca la singularidad en lo que hace e intenta no desmerecer con su labor la ciudad a la que sirve. Toledo necesita salir de esa cómoda mediocridad que la invade y la renueva cada vez más pobre, … aunque sea necesario hacer pactos con el diablo.

por Jose María Gutiérrez Arias
http://www.consorciotoledo.org/la-reja-del-diablo/

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