jueves, 29 de octubre de 2015

Los Álvarez de Toledo en Toledo: Las "casas Principales de San Román"

Toledo conserva todavía restos de cuatro “casas principales” que pertenecieron al linaje de los Álvarez de Toledo, las llamadas“casas principales de San Román”, la “casa de los Toledo”, la “casa güena” del señor de Higares y la casa de la calle de la Sillería. 

Del prolífico Esteban Illán, célebre personaje mozárabe toledano de tiempos de Alfonso VIII, descienden varios linajes importantes en la vida política, social y artística de la ciudad a lo largo de la Baja Edad Media que, al compás de los años, fueron enlazando con otros miembros de la mozarabía y con otras familias asentadas en la ciudad. 

De su hijo Illán Estébanez proceden los García de Toledo de la Casa de la Gallinería que habitaron a lo largo de numerosas generaciones en el llamado Corral de Don Diego, al que equivocadamente algunos denominan Palacio de Enrique II el de las mercedes o de los Trastámara. Y también los Pétrez, cuyo personaje más relevante fue el arzobispo Gonzalo Gudiel

De otro de sus hijos, Juan Estébanez, casado con María Salvadores, proceden los Álvarez de Toledo, luego Duques de Alba.

De la ilustre descendencia de estos últimos nos informa una riquísima documentación. Por otra parte, otros restos tangibles, especialmente algunas de sus palacios, ostentando aún las armas de este linaje, nos permiten aproximarnos a los comienzos de su historia

Se trata de mansiones de mozárabes toledanos pero construidas en estilo mudéjar, contemporáneas de los palacios nazaríes de la Alhambra de tiempos de Yusuf I y Muhammad V, y del Alcázar sevillano de la época del rey don Pedro. 

Sabemos que estos palacios medievales pertenecieron a los Álvarez de Toledo por los documentos y además porque tres de ellos conservan aún el escudo primitivo de esta familia, el de Esteban Illán, que nos resulta familiar al haberlo contemplado en la efigie de este personaje visible en la bóveda de la girola de la Catedral.

Estas casas son cinco: las llamadas “casas principales de San Román”, las “casas de San Román”, la “casa de los Toledo”, la “casa güena” del señor de Higares, indebidamente llamada “Palacio del Rey don Pedro” arrastrando una tradición errónea, y la casa de la calle de la Sillería.

LAS “CASAS PRINCIPALES DE SAN ROMÁN”. 

Aunque en principio esta expresión es un tanto vaga, pudiendo entenderse como simple alusión a las viviendas más importantes de la colación de San Román, una de las principales parroquias latinas de la Edad Media, se aplica a las que, sin duda, fueron una de las casas toledanas más importantes de la Baja Edad Media, de la que hoy sólo resta la llamada“la Casa de Mesa” o “Salón de Mesa”, sede de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo. Sus yeserías y armaduras de madera nos permiten vislumbrar la trascendencia artística que en el pasado tuvo esta mansión.

Como propietarios de estas “casas principales de San Román”, pertenecientes al linaje de los Illán, luego Álvarez de Toledo, están documentados: Juan Estébanez, hijo de Esteban Illán, y sus inmediatos descendientes: Álvaro Yánez, García Álvarez de Toledo II —casado con Mencía de Meneses—, García Álvarez III —maestre de Santiago y primer señor de Oropesa y Valdecorneja—, García Álvarez de Toledo IV, tercer señor de Valdecorneja —casado con Constanza Sarmiento—, Fernando Álvarez de Toledo “el Mozo”, cuarto señor de Valdecorneja y primer conde de Alba, y finalmente el Duque de Alba2 . 

Posteriormente figuran habitando casas de la colación de San Román, no las principales sino otras cercanas a éstas, Fernán Álvarez de Toledo, tercer señor de Higares, y su nieto García de Toledo, quinto señor de Higares (m. 1576). Los Álvarez de Toledo en Toledo. Esteban Illán representado en la bóveda de la girola de la Catedral. Es posible que la primera efigie se debiera a la iniciativa de Miguel Estébanez, deán de la Catedral, hijo de Esteban Illán.

Juan Estébanez, señor de Viveros, vivió en la primera mitad del siglo XIII y fue alguacil de Toledo y alcalde de los adules.

En 1203 adquirió una casa en el arrabal de los francos, en el barrio de la Catedral3 .

En 1209 vende a su hermano, el tesorero de la Catedral, don García, un mesón del barrio de Santa María, en el arrabal de los francos4 . En 1215 es albacea de Lope Rodríguez, arcediano de Huete5 , y es testigo en el deslinde entre Yepes y Ocaña, según orden de Alfonso VIII, confirmada por Enrique II .

En 1226 confirma a Alonso Meléndez ben Lampader la posesión de la dehesa de Peña Aguilera, según sentencia del alcalde Diego Perea .

En 1229 otorga mayorazgo de sus casas de San Román8 .

En 1233 recibe la donación de Solí, mujer de Pedro Vicente, de todos los derechos que le pertenecían en la alquería de Chuca, en la Sisla . Al año siguiente Orabona, abadesa de San Clemente, le dona también los derechos que le correspondían en la citada alquería de Chuca, “por la buena voluntad que le tiene”10.

Ese mismo año de 1234 es albacea de Gonzalbo Gil.

En 1242, ante el alcalde “johan Stephan”, se da sentencia entre el cabildo y San Ginés12. De la misma fecha es la donación en dote de Juan Estébanez y su mujer, María Salvadores, a su hija Mencía para casarla con Diego Gonzá- lez, hijo de Rodrigo Díaz de los Cameros.

Y la actividad desarrollada por él como albacea del canónigo don Cristóbal. Juan Estébanez y su mujer, María Salvadores, tuvieron una amplia sucesión. En cuanto a las hijas recordemos a Marquesa, casada con Diego Ordóñez, y a Mencía, a la que dieron unas casas que labraron en Toledo, en la parroquia de San Román, “linde con las casas grandes de su morada”.

En cuanto a sus hijos destacamos a Álvaro Juanes, Yánez o Ibáñez, que casó con Juana García Carrillo, hija de Garci Gómez Carrillo, alcalde mayor de los hijosdalgos de Castilla. Estos fueron los padres de García Álvarez I y Juan Álvarez, asesinados en 1289 por orden de Sancho IV.

García Álvarez, de la parcialidad de Alfonso X en el enfrentamiento con su hijo Sancho, había sido un hombre autoritario que llegó a verdaderos atropellos. En medio de constantes revueltas en Toledo, con estas muertes “se asosegó la ciudad”.

Otro hijo de Juan Estébanez y María Salvadores fue Gonzalbo Juanes, casado con María Gonzálbez, a quien su padre, en 1229 donó las “casas grandes de San Román”, que fueron de su padre, y a su otro hijo Alvar Yánez otras casas nuevas en el adarve de la misma colación, con la condición de que se transmitieran forzosamente a sus descendientes.

Al morir los citados Garci Álvarez I y Juan Álvarez, la sucesión recayó en Garci Álvarez de Toledo II, hijo de este último, que casó con Mencía de Meneses —hermana del conocido alguacil-alcalde Suero Téllez de Meneses y de Mayor Téllez, señora de Villaverde—, los cuales vivieron en las “casas de San Román”, casas que, heredadas por los numerosos descendientes de Esteban Illán, se habían ido fraccionando, pasando en parte a otros propietarios de distintos linajes, como prueba la documentación.

Que García Álvarez y Mencía Téllez de Meneses fueron propietarios de las “casas principales de San Román” queda probado por el testamento de García, otorgado en 1328 —reinado de Alfonso XI (m. 1350)—, donde expresamente se dice que ambos habían hecho obras en ellas, con estas palabras: “…Otrosi mando e tengo por bien contienda entre mis hijos que por razón de la lavor que yo e mi muger Mencia Téllez fisimos en las casas de mi morada que son en la collaçion de San Roman las cuales son condicionadas e an a fincar en mi fijo el mayor, que por la meytad de lo que costo faser essa lavor que torne el mi fijo mayor a los otros hermanos tres mil mrs. e anssi que finque mi parte dessa lavor a él”.

Basándose en este texto se ha supuesto que el “Salón de Mesa”, único resto conservado de estas casas de San Román, ha de ser consecuencia de estas obras realizadas por García Álvarez de Toledo II. Es una hipótesis muy sugerente. Sin embargo el estilo de la decoración de las yeserías conservadas no corresponde en modo alguno al primer cuarto del siglo XIV, sino a la segunda mitad de esa centuria. Hacemos hincapié al respecto en la profusa decoración de hojas de vid y hojas de roble, claramente naturalistas, contrastando por su novedad con los viejos atauriques de hojas digitadas y anilladas que les sirven de fondo y las palmetillas aserradas, similares a las de las yeserías de la Alhambra.

 Las citadas hojas naturalistas son una creación del mudéjar toledano, aunque el motivo ornamental de la hoja de vid sea mucho más antiguo. La hoja de vid, acompañada o no de racimos de uva, es uno de los temas decorativos más viejos en la Historia del Arte, naciendo de la vid dionisíaca, de contenido simbólico como atributo de Baco, y pasando posteriormente a ser símbolo eucarístico en el mundo cristiano.

De los bizantinos lo tomó el arte omeya y de éstos pasó al abbasí, como advertimos en las yeserías de Samarra —Irak—. De los bizantinos pasó igualmente al arte visigodos, como demuestra la decoración de Quintanilla de las Viñas. Pero es en las yeserías mudéjares toledanas donde las hojas de vid adquieren un mayor protagonismo. En cambio no aparecen en las yeserías alhambreñas, contemporáneas de las toledanas a las que estamos haciendo referencia.


Hojas de vid, ya más tardías, se ven también en algunos relieves góticos de la Catedral de Toledo, como en el cerramiento del presbiterio, en un almohadón del sepulcro de Enrique II (1406) y en la portada de la capilla de San Pedro, fundada por el arzobispo Sancho de Rojas (1415-1422).

Las primeras hojas de vid en yeserías mudéjares toledanas, de datación segura, son las de la llamada sinagoga del Tránsito, de tiempos de Pedro el Cruel y por tanto anteriores a la fecha de su muerte (1369), y las de la sala capitular del convento de Santa Isabel, antiguo palacio de los Toledo de San Antolín, en las que aparece la fecha de 1361, “en tiempos del rey don Pedro que Dios mantenga”23, según reza la inscripción legible en este conjunto.

A tenor de lo expuesto creemos que las yeserías más antiguas del “Salón de Mesa”, a las que estamos haciendo referencia, y teniendo en cuenta que hay otras posteriores en este mismo salón, no deben corresponder a tiempos de Garcia Álvarez de Toledo II —hijo de Juan Álvarez de Toledo y Juana Palomeque— y de su esposa Mencía de Meneses, hermana del conocido alguacil Suer Téllez, sino a los del primogénito nacido de este enlace, García Álvarez de Toledo III.

El citado García Álvarez y Mencía de Meneses tuvieron los siguientes hijos: el mayor, García Álvarez de Toledo III, heredero de las “casas de San Román” y primer señor de Valdecorneja —muerto en 1370—, Gutierre Álvarez de Toledo, obispo de Plasencia y Cardenal de España, Teresa, “medio soror” en Santo Domingo el Real, que testa en 1396, y Fernán Álvarez de Toledo, apodado “el Tuerto”, mariscal de Castilla y alguacil mayor de Toledo. 

Este último, por herencia de su hermano García, fue segundo señor de Valdecorneja y casó con Leonor de Ayala —hermana del célebre Canciller autor de la “Crónica del Rey don Pedro”— y hermana también de Inés de Ayala la propietaria de las famosas alcaicerías toledanas.

El citado Fernán Álvarez de Toledo “el Tuerto” adquirió Higares en 1377, ya en tiempos de Enrique II el del las Mercedes. Muerto prematuramente en el sitio de Lisboa en 1384 fue enterrado en la iglesia de Santo Domingo de Piedrahita (Ávila). García Álvarez de Toledo III, heredero de las “casas de San Román”, fue electo en 1359 maestre de Santiago, pero no por todos los “treçes” y comendadores, sino por aquellos que seguían al rey don Pedro, ya que los partidarios de Enrique de Trastámara eligieron por maestre a Gonzalo Mejía.

Sin embargo don García fue puesto en la posesión del título de maestre con la ayuda de Pedro el Cruel, el cual le hizo además mayordomo de su hijo Alfonso, habido en María de Padilla. Al año siguiente García Álvarez III servía al rey don Pedro en la guerra contra el monarca de Aragón, siendo su capitán general.

Trasladado don Pedro a Toledo, dejó a don García con este cargo, designándole además, juntamente con su hermano Fernando Álvarez de Toledo, guarda de la ciudad. Por su parte, Enrique de Trastámara tomó Burgos y allí se coronó, partiendo a continuación hacia Toledo, donde unos caballeros quisieron acogerle y otros no. Al fin prevaleció el voto de Diego Martínez de Toledo, alcalde mayor, que tenía el alcázar, y de otros que tenían las puertas. Ante los hechos García Álvarez de Toledo III no pudo oponerse y acordó ir a besar la mano de don Enrique, por su señor y rey, como todos hacían.

El nuevo monarca le recibió muy bien, pero le rogó que renunciara a favor de Gonzalo Mejía y entregara a éste las villas que tenía de la Orden de Santiago, dando en recompensa a don García las villas de Oropesa y Valdecorneja con sus aldeas y términos. Llamábase Valdecorneja a las cuatro villas de Barco de Ávila, Piedrahita, Horcajada y Almirón. Don García le pidió a don Enrique que se las diera por juro de heredad para él y para sus sucesores y el monarca accedió a ello. Era el año 1366.

Posteriormente, en 1369, Enrique II le concedió los lugares de Jarandilla y Tornavacas. García Álvarez de Toledo III fue también alférez del Pendón de la Banda, muriendo en 1370. García Álvarez de Toledo III, como ya hemos dicho, heredó de su padre las “casas de San Román”y parece probable que en tiempos de su brillante carrera decorara el llamado “Salón de Mesa” con las yeserías que hoy admiramos, cuya temática, con las hojas naturalistas ya mencionadas, de tiempos de Pedro el Cruel, tiene muchas concomitancias con las de la Sinagoga del Tránsito, donde vemos también hojas de vid y de roble, y con las de la sala capitular de Santa Isabel, convento fundado en las casas de los Toledo de San Antolín, yeserías fechadas estas últimas en 1361, según la inscripción de esta estancia, perfectamente visible hoy, conforme hemos indicado.

La “casas de San Román”, al morir en 1370 don García, pasaron a propiedad de su hijo, Fernando Álvarez de Toledo —que casó con Elvira de Ayala, señora de Cebolla—, segundo señor de Oropesa. Pero el hecho de haber nacido Fernando fuera del matrimonio motivó una serie de reclamaciones por parte de sus primos, hijos de Fernán Álvarez de Toledo “el Tuerto”. Estos eran Gutierre Gómez o Álvarez de Toledo —a la sazón obispo de Palencia y después arzobispo de Sevilla y de Toledo y primer señor de Alba de Tormes—, Fernando Álvarez de Toledo “el Viejo”, señor de Higares, García Álvarez de Toledo IV, tercer señor de Valdecorneja —casado con Constanza Sarmiento—, y Leonor, María y Teresa.

Consta, gracias a una interesantísima carta de testimonio del Archivo de Santo Domingo el Real, fechada en 1406, cuando ya había muerto Fernando Álvarez de Toledo (1398), señor de Oropesa, y aún no había fallecido su esposa, la señora de Cebolla, que dos escribanos públicos, a ruego de Juan Díaz, procurador de Fernando Álvarez, alguacil mayor de Toledo, fueron a unas casas y corrales de ellas, hallándose allí el maestro Aly, y en nombre de Gutierre Gómez o Álvarez y de los hermanos Fernando Álvarez, Garcí Álvarez y Teresa Gómez, tomaron posesión de las dichas casas diciendo que les pertenecían por tener ellos el mejor derecho, a lo que el maestro Aly asintió y prometió guardar y cumplir.

En consecuencia estas casas pasaron a propiedad del mayor de los hijos de Fernán Álvarez de Toledo, “el Tuerto”, Garcí Álvarez de Toledo IV, tercer señor de Valdecorneja (m. 1464), casado con Constanza Sarmiento. Y de éste a su primogénito Fernando Álvarez de Toledo “el Mozo”, cuarto señor de Valdecorneja y primer conde de Alba, cuya esposa fue Mencía Carrillo.

En estas “casas de San Román”, siendo propietario de ellas este último, se reunieron, en 1419, los miembros de la Cofradía del Curpus Christi. El siguiente heredero de estos palacios fue el primer Duque de Alba, propietario de ellos a partir de 1464, fecha en que murió su padre. Este primer duque, que al parecer no los habitaba, es el que los vendió a don Rodrigo Manrique, padre del poeta Jorge Manrique. 

De tiempos de don Rodrigo puede ser la rica decoración de castillos y leones que se advierte en la parte alta de los muros del citado salón. Este es el largo proceso mediante el cual las casas principales de la colación de San Román, que habían venido heredándose por los descendientes de Esteban Illán, dejaron de pertenecer a este linaje.

Posteriormente otro hijo de don Rodrigo Manrique, Enrique Manrique de Ayala, las vendió al Cardenal Silíceo, quien instaló en ellas el Colegio de Doncellas Nobles, aunque muy pronto éste las enajenó a su vez a Ares Pardo de Tavera y a Luisa de la Cerda, heredándolas posteriormente el Marqués de Malagón quien finalmente las vendió a los jesuitas en 1633.

Balvina Caviró Martínez.
Correspondiente
http://realacademiatoledo.es/wp-content/uploads/2014/01/files_toletum_0102_21.pdf

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