viernes, 11 de diciembre de 2015

Leyenda de Godulfo (La Casulla de un Santo)

Otra de las nuevas leyendas creadas por Juan Álvarez Hernández llega a nuestras páginas. En este caso inspirada en la famosa casulla de San Ildefonso. 

A continuación Juan Álvarez comparte con todos una leyenda inspirada en un famoso milagro (la imposición de la Casulla a San Ildefonso), ampliamente conocida y difundida en numerosas obras artísticas por toda por toda España y que te contamos en las visitas guiadas por Toledo, en la Catedral. 

Nuevamente, recorriendo las naves de tan majestuosa catedral, me sentía, como explicarlo, henchido, lleno de gozo de ser toledano. Decididamente los cuentos de mi abuelo eran mucho más entretenidos que los infantiles que hasta ahora había leído pero lo que les hacía sublimes era eso, que eran de Toledo.

Aunque, como queda dicho, no era la primera vez que entraba a la catedral, esta capilla, de la cual no sabía el nombre, siempre me llamaba la atención, porque no era como las demás capillas de la catedral introducidas en el muro. Esta capilla, estaba literalmente, adosada a una de las enormes columnas que había en el templo catedralicio.

De ella, lo que más me había llamado siempre la atención era ver, no solamente a mis familiares cuando aquí veníamos, sino a todo toledano que, pasando delante de una pequeña reja, leía unas líneas que no llegaban a ser una oración y luego, con devoción, besaban la piedra que tras la reja reposaba.

- Bueno –dijo mi abuelo- Ya hemos llegado. En esta capilla está la piedra en la que, según la tradición, puso los pies la Virgen María cuando bajo de los Cielos a imponer la casulla a San Ildefonso. 

- ¿Y es de eso de lo que va a tratar esta historia?

- Bueno, la historia trata de otro personaje que vivió en la misma época que San Ildefonso pero, que como verás, no tuvo tan buen fin como nuestro santo patrón.... este personaje se llamaba GODULFO.

“Godulfo era un joven novicio que ni siquiera era toledano. Había nacido en Sevilla. De familia pobre, cuando Godulfo cumplió los quince años tuvo que elegir: seguir viviendo pobremente de la limosna de sus vecinos ya que no encontraba trabajo debido a su conducta, forma de ser y, por qué no decirlo, de su vagueza, hacerse soldado o monje. Y, como además de lo antes dicho, Godulfo era un cobarde pues no tuvo más remedio que acogerse a la iglesia.

Entró a servir como novicio en el convento que los monjes agalienses tenían en Sevilla, pero su carácter huraño, introvertido y malhumorado, hizo que Godulfo se ganara más la antipatía que la simpatía por parte de los demás frailes. Por si fuera poco, su escaso interés en las oraciones y meditaciones que le exigía la orden monacal así como los hábitos de ayuno e higiene hizo que Godulfo pasara hambre, frío y estrecheces en el convento por lo que más de una vez le pillaron hurtando comida y ropa de abrigo a otros monjes.

No tuvo más remedio el Abad del monasterio que despedir a Godulfo de Sevilla y mandarle a Toledo donde, por la zona que hoy conocemos por San Bernardo o el Cigarral del Ángel, tenían los agalienses un monasterio cuyo Abad, en ese momento de la llegada de Godulfo a Toledo, era San Ildefonso.

A pesar de la mala reputación que Godulfo traía de Sevilla, San Ildefonso le acogió con cariño y bondad, le animó a mejorar su conducta y, para mostrarle su confianza en él, le nombró su diácono personal.

Pero todo esto no llegó a mejorar la conducta de Godulfo, todo lo contrario, le produjo una nueva maldad en su alma: la envidia que sentía por San Ildefonso.

Con el tiempo no mejoró la conducta de Godulfo, seguía vago, perezoso, robaba a hurtadillas siempre que podía... Fue entonces cuando ocurrió el suceso que todos conocemos y va cambiar la vida de San Ildefonso. Muerto San Eugenio, obispo de Toledo, los toledanos eligieron como su sucesor A San Ildefonso que no tuvo más remedio que dejar su tranquilo monasterio e ir a la capital del reino visigodo. Godulfo también acompañó a nuestro santo patrón y, a los pocos días, ocurrió el milagro de la descensión de Nuestra Señora para imponer la casulla bordada por la Virgen y sus ángeles a San Ildefonso.

Esto aumento la envidia de Godulfo hacia nuestro arzobispo y sus ansias de poder.

Meses más tarde murió San Ildefonso y Godulfo va a intentar hacer una nueva pillería. Aprovechando el momento de los funerales del arzobispo muerto, Godulfo entro en las estancias privadas de San Ildefonso. Fue derecho al armario donde estaba guardada la Casulla de la Virgen y no dudó en hacerse con ella. Pensaba huir pero su vanidad y ansiedad le hizo dudar unos instantes..., no podía esperar a estar lejos y probarse tan lujosa joya así que, allí mismo, en la habitación de San Ildefonso, se puso la casulla...

- ¡Qué bien me veo con ella!

No le dio tiempo a más, pronto notó una sensación de ahogo, de asfixia que le subía por todo el cuerpo... El cuello de la casulla se iba estrechando cada vez más, y más, y más hasta que Godulfo perdió, primeramente el sentido y después... LA VIDA.

- Justo castigo a sus pecados-concluyó por contar mi abuelo-
- Y... ¿dónde está hoy en día esa casulla, abuelo? –pregunte con la impaciencia del que quiere saberlo todo rápidamente-
- ¡Huy, Juanito! Eso, solo Dios lo sabe, son otras historias que ya no tienen que ver con Toledo
- ¿Por qué, abuelito?
- Porque, tras la invasión de los árabes, los restos de San Ildefonso salieron de Toledo y de la santa casulla nada se sabe.... y ¡basta ya que es muy tarde! –mi abuelo quiso poner el punto y final de esta manera pero yo seguí insistiendo-
- Abuelo y....dónde está enterrado ahora San Ildefonso?

- En ZAMORA y, ahora, vayamos a casa, la abuelita nos espera.

AUTOR: Juan Álvarez Hernández

Juan Luis Alonso Oliva  Publicado el 13 Julio 2015

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