jueves, 15 de diciembre de 2016

La verdadera historia del Callejón del Diablo,Toledo


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Elsa se traslada a vivir a Toledo, a una antigua casa situada en el callejón del diablo, donde el alma de una joven judía intentará conectar con ella para completar su ritual. Lo que Elsa no imagina es que esta terrible historia desvelará su verdadera identidad. Autora: Laura Ovejero Martínez.

La historia que os voy a contar llego a mí de forma muy extraña, cuanto menos misteriosa. Muchas personas lo llamarían casualidad pero muchas otras, destino. Nunca olvidaré tal testimonio descrito con una letra apresurada, pequeña y excesivamente curvada sobre un papel envejecido con el tiempo y sin embargo, fechado en la época actual.

Firmados bajo el nombre de Elsa aquellas palabras que apenas ocupan tres páginas, son el manifiesto de que en una de las calles más recónditas de Toledo, tuvo lugar algo más allá de la vida que se escapa a nuestra razón. Un hecho inexplicable del que no debería haber quedado rastro y siendo ignorado por la mayoría de la población, permaneció vivo en la soledad de una caja vacía, enterrada, entre viejas piedras derruidas e iluminadas cada amanecer por un fino rayo de luz entrante a través de un pequeño agujero del techo de madera de aquella vieja casa. Uno más de tantos misterios que esperando incesantes a ser encontrados aguardan en los rincones de la ciudad imperial.

Siento un dolor tan intenso en los pies que no me deja respirar. Parecen pequeñas agujas que me atraviesan por cada paso que doy. Apenas puedo levantar las piernas del suelo hundidas en un espeso y pegajoso lodo que intenta arrastrarme al fondo, y aunque camino con gran dificultad sé que no puedo detenerme. En la lejanía, escucho una voz suave y delicada que repite mi nombre una y otra vez, pero no logro ver quien es.
Elsa, Elsa, Elsa…

¿Mamá?

- Intento mantener la calma. Me quito precipitadamente la venda que rodean mis ojos, pero todo sigue oscuro. Mi corazón se acelera y mi respiración se agita, agotada, dedicó todas mis fuerzas en gritar enérgicamente hasta quedarme sin voz, pero nadie viene a ayudarme.

- Cuando cuente tres te despertarás y te sentirás tranquila. Uno, dos y tres.

Esta fue la última sesión de hipnosis que tuve con mi psicóloga y mejor amiga Gema. He tenido este sueño todos los días desde que llegué a Toledo. Gema estaba convencida de que mis males tenían su origen en los cambios que recientemente se habían producido en mi vida. Había terminado una fuerte relación con Víctor, mi novio, había perdido el trabajo y estaba empezando una nueva vida lejos de casa. Según su diagnóstico, todos mis miedos se expresaban a través de aquel sueño que me perturbaba por las noches.

Al principio no le quise dar importancia, y no quería dudar de la profesionalidad y experiencia de Gema pero en mi interior estaba convencida que aquello significaba algo más. Y así fue.

Sólo habían pasado dos meses desde que me había trasladado a vivir a Toledo en una pequeña casa, según la casera con muchos siglos de historia, situada en el Callejón del diablo. Nunca había sido supersticiosa ni había creído en historias de fantasmas, rituales, magia o conjuros, pero empecé a ver personas que no existían para el resto y empecé a escuchar extraños ruidos y cánticos que ocurrieron en otros tiempos.

Todo marchaba aparentemente normal hasta que un día algo cambió. Al llegar a casa, después de las clases en la Escuela de Arte, me detuve un momento a buscar las llaves en el bolso, y aquella vieja mujer de avanzada edad que todos los días barría la calle, me agarró fuertemente por el brazo. Mi sorpresa fue
que aquella anciana al levantar su mirada del suelo era una joven hermosa con el pelo negro como el carbón, los labios rojos como el carmín, su tez morena como el café y con una mirada profunda de ojos grandes y negros. Sin salir de mi asombro, temerosa retiré el brazo, pero ella se acercó aún más y me susurró:

Te he estado esperando, Elsa.

- Asustada la empujé para alejarla de mi, y al caer al suelo volvió a ser la anciana que cada día había visto barriendo la calle. Culpable por lo ocurrido me acerqué para ayudarla pidiéndole disculpas, pero sin retirar la mirada del suelo se levantó torpemente y se marchó. Creí estar volviéndome loca. Subí a casa atropelladamente y demasiado nerviosa para poder pensar. Esa noche no pude pegar ojo.

A la mañana siguiente en clase no podía quitarme de la cabeza lo ocurrido.Decidí ir a la biblioteca para investigar sobre la ciudad de Toledo, sobre sus leyendas y sus misterios, pero al salir de clase, Arturo, uno de mis profesores, me detuvo en el pasillo. Aún recuerdo la conversación.

Elsa, (al sujetarme el brazo un escalofrío me recorrió el cuerpo, pero lo reprimí, avergonzada), ¿estás bien?, no te he visto muy participativa en clase, parecías ausente.
Sí, estoy bien, sólo un poco cansada. Anoche no pude dormir bien. Tus ojos no dicen lo mismo.
Sólo es cansancio. Hasta mañana.

- Arturo me volvió a sujetar del brazo sin dejarme marchar.

Elsa, tengo algo para ti. Se lo que te está pasando.No entiendo a que te refieres.Estoy aquí para ayudarte, toma esto, pronto lo entenderás.

- Arturo me entregó un libro pequeño cubierto con un terciopelo marrón de aspecto antiguo sin nada en la portada que lo identificara. Desconcertada por su comportamiento desistí de ir a la biblioteca y me marché a casa. Sentada en el sofá miré fijamente al libro durante horas. Sé que parece una locura, pero no sabía si estaba preparada para averiguar aquello que sospechaba y que inevitablemente me aterrorizada. Con mi corazón saliéndose del pecho tomé el libro entre mis manos. 

Tenía un broche dorado que cedió con un poco de presión y se abrió por la mitad, asombrosamente estaba vacío. Las páginas estaban en blanco y por muchas veces que las revisé no había la más mínima letra, símbolo o testimonio escrito. ¿Por qué me había entregado un libro en blanco?

Ansiosa por preguntar a Arturo sobre ese misterioso libro llegué antes a clase, pero ese día no apareció. La directora nos dijo que Arturo se había marchado de la ciudad y que hasta la llegada de su sustituto ella misma nos daría las clases. No quería creer que Arturo se hubiera marchado sin darme ninguna explicación sobre aquel libro, por lo que me arme de valor y fui a hablar con la directora para preguntar su dirección o algún número de contacto. Esperando en su despacho, nerviosa e impaciente llegó la directora.

¡Elsa!, te estaba buscando, Arturo me dejó esto para que te lo entregara. (lo cogí temblorosa) Y dime, ¿que querías?
Nada. Sólo… (pensativa, no sabía qué decir) estaba preocupada por el profesor, ¿está bien?
Si, se ha tenido que marchar fuera por motivos de trabajo.
Vaya, pues me alegro que esté bien. Adiós (apenas podía mantener una conversación coherente)

- Me apresuré por llegar a casa lo antes posible para abrir la carta. Mi incertidumbre era insoportable. Quería averiguar que me estaba ocurriendo y a la vez deseaba que no me estuviera pasando a mí. Inexplicablemente, a pesar del miedo, por alguna razón, aquello misterioso y oculto siempre me había despertado un interés especial, arrastrándome inexorablemente y sin remedio hacia las tinieblas. Inquieta y con el vello erizado, abrí el sobre.

Querida Elsa, te preguntarás por qué no hay nada en el libro, a todos nos ocurre la primera vez. No desesperes, mantén tu corazón y tu mente abierta. La clave está en tu fe. Para poder ver lo que está escrito sólo debes creer. Pronto nos veremos

¡Esto es todo! (grité desesperada) ¡Creer que!

- Aquello tenía que ser una broma. Nada tenía sentido. Después de mirar el libro

varias veces esa misma tarde, me propuse descubrir lo que fuera que tuviera
que descubrir; tenía que llegar hasta el final de aquel asunto y sólo se me
ocurrió una manera.

Al caer la noche, me tumbé en el suelo con el libro sobre mi pecho y cerré
los ojos. Nunca me había costado tanto concentrarme y aislarme de aquello
que me rodeaba. Todos los nervios de mi cuerpo parecían atentos a cualquier
presencia o ruido que surgiera a mi alrededor. Con mucho esfuerzo y pasado

unos minutos conseguí no pensar en nada. Sentía estar preparada para
cualquier cosa, y decidí abrir el libro, pero todas las páginas seguían en blanco.

Resignada lo cerré y lo dejé en la estantería. Después de la ducha, al volver
a la habitación, el libro estaba abierto sobre la mesa y ante mis propios ojos
aquellas hojas vacías se llenaron de tinta negra revelando diversos textos y
dibujos aparentemente descolocados, que al principio juzgué árabes, pero
al examinarlos de cerca, estaban en griego. Los idiomas nunca habían sido
mi fuerte, pero increíblemente podía entenderlos. Aquellas letras y símbolos
describían lo que parecía ser un ritual.

Había llegado el momento de vencer a mis miedos. Preparé todo como el libro
indicaba. Dibujé aquellos símbolos y encendí diez velas colocadas sobre un
círculo de sal. Derramé unas gotas de azahar, unas cuantas semillas de hinojo
y pronuncié aquellos versos griegos. Antes de terminar los versos, y a pesar de
que todas las ventanas de la casa estaban cerradas, se levantó un fuerte aire
y el fuego de las velas se avivó con tanta intensidad que iluminó la habitación
por completo. En aquel momento, oí que una puerta se abría con estrépito
en el vestíbulo de abajo. Pasos pesados ascendieron por la escalera, y sin
poder mover un solo músculo de mi cuerpo, acto seguido todo paró. Mientras
pensaba que podía haber salido mal, me dí cuenta que estaba dormida y
dentro de aquel sueño que tantas noches me había perturbado.

Todo parecía aparentemente igual, pero no lo era. Pude salir con facilidad
de aquel espeso lodo, quitarme la venda de los ojos sin ver oscuridad y
caminar sin dolor en busca de aquella voz que repetía mi nombre. Corrí calle
abajo siguiendo la voz, pero llegó un momento en el que parecía proceder de
todas partes, me dejó confusa, sin saber a que lugar dirigirme, y me sentía
tan cansada que las tortuosas y desalineadas calles de Toledo parecían
estrecharse cada vez más convirtiéndose en un laberinto sin salida.

Sin saber cómo, llegué al callejón del diablo y allí estaba aquella anciana,
expectante, inmóvil e impasible a los gritos de su víctima. Con una postura
amenazante y vestida con una túnica negra tenía los ojos completamente
en blanco y alzando los brazos abiertos hacia el cielo comenzó un cántico
para invocar a los muertos y al mismo Lucifer. En un acto de valentía intenté
detenerla, pero antes de que me pudiera acercar a ella un fuerte estruendo y
un fogonazo de luz impidió mi objetivo.

Desperté en mi cama y dudé que aquello que había ocurrido fuera verdad. En
un intento de dar cordura a mi vida, me asomé por la ventana con la esperanza
de ver aquella anciana que se estaba convirtiendo en una auténtica pesadilla.
Bajé a la calle para preguntar a los vecinos sobre ella y todos contestaron lo
mismo. Nadie la conocía. Aturdida y creyendo enloquecer llamé a Gema, pero
no descolgó el teléfono. Decidí salir de la casa y después de dar tumbos por
varias calles de Toledo, entré a un bar a tomar una copa.

Después de un par de whiskys, me empecé a sentir mucho mejor pero también
diferente y fuertemente observada. Disimuladamente me alejé de la barra y
advertí como todos los hombres de aquel bar no dejaban de mirarme. Miradas

lujuriosas y seductoras. Percibía como deseaban mi cuerpo y lo que en un
principio, me hizo sentir avergonzada después me hizo sentir poderosa, y
esa sensación me agradaba. El tiempo pareció detenerse, y bailé eufórica
y aturdida, hasta que poco a poco aquellos hombres me fueron rodeando y
mientras acariciaban con sus manos mi cuerpo me dirigí sensualmente hacia
uno de ellos que me llamó especialmente la atención. No pude resistirme a
su aspecto de chico malo de ojos azules y penetrantes. Me sentía ardiente,
desatada y deseaba su cuerpo y su muerte.

Cuando me quise dar cuenta le tenía atado en mi cama y le arrancaba los
botones de la camisa a mordiscos. Me levanté a coger un pañuelo para taparle
los ojos y al alzar la mirada hacia el espejo en lugar de ver reflejado mi rostro vi
el de aquella joven y anciana. Me había poseído controlando mi cuerpo y mis
pensamientos. Al principio luché contra ella con todas mis fuerzas, pero pronto
supe que no debía resistirme dejándome llevar a su tiempo para revivir aquel
horrible episodio de su vida.

Respondiendo al nombre de Sara, era una joven judía de la que todos creían
que no había sido bendecida con el don de la belleza. Mientras el resto de
muchachas judías se casaban con sus pretendientes, ella aguardaba sumida
en la enorme tristeza que sentía su corazón, ansioso de ser correspondido. El
paso del tiempo, convirtió esa tristeza en odio, y el odio en venganza.

Cansada de los rechazos de los hombres, una noche fría de invierno, a
escondidas de su padre, acudió hasta lo que hoy se conoce como la calle del
Pozo Amargo para reunirse con una vieja hechicera con el fin de invocar a las
fuerzas del mal y realizar un pacto con el diablo. Sara poseería el poder de
la seducción y todo aquel hombre que se cruzara en su camino, si así era su
voluntad, caerían rendidos a sus pies. Convertidos en títeres, su única razón
de ser sería la de complacer todos sus caprichos y deseos. Sin embargo,
aquel pacto tenía un precio muy alto. A cambio de aquel poder, cada luna llena
debería elegir a uno de esos hombres, a quien mataría mediante un preciso y
maléfico ritual enviando su alma a los infiernos.

Lo que Sara desconocía es que el joven judío que había elegido aquella
noche de luna llena, estaba locamente enamorado de ella. La amaba desde
el primer día que sus miradas se cruzaron en la plaza de Zocodover mientras
acompañaba a su padre al mercado. Ella, ciega por su sed de venganza, no se
percató de las pretensiones de aquel joven muchacho y su dura indiferencia la
condenó. No sólo perdió el amor sino la oportunidad de ser feliz.

A pesar del rechazo de Sara, aquel joven la siguió amando en silencio, y ella
creyendo que estaba preso de su embrujo llevó a cabo el ritual, pero con
consecuencias diferentes. Ante su asombro, el embrujo no surtió efecto sobre
el joven sino sobre ella, que quedó condenada y atrapada en el tiempo en el
callejón del diablo.

Durante siglos había esperado pacientemente un portal por el cual volver a la
vida y conseguir el alma de otro joven, y ahora ese joven estaba atado en mi
cama. En aquel instante lo entendí. Debía morir el cuerpo para liberar el alma.

Antes de que Sara pudiera controlar mi cuerpo, tomé un cuchillo con firmeza
y me lo clavé en el corazón. Mi cuerpo se desvaneció, y mientras los latidos
de mi corazón disminuían, unas líneas negras empezaron a surgir desde los
dedos de mis brazos hasta cubrir todo mi cuerpo. Creí estar muerta, pero
cuando aquellas líneas se completaron, mi corazón volvió a latir, mi pelo se
volvió blanco y mis ojos completamente negros. Me había convertido en uno de
los guardianes de los cinco puntos.

Siento marcharme tan precipitadamente sin despedirme de ti, pero ya ha
comenzado mi nueva vida y bajo las calles de esta hermosa ciudad siempre te
estaré esperando. Ahora tengo una nueva misión, pero eso es otra historia.

***

Así terminan las líneas que Elsa escribió dos días antes de desaparecer. Su
madre lloró cada día por ella, pero una mañana se levantó diferente. Cambió
los llantos por una sonrisa, afirmando que su hija estaba viva. Familiares,
amigos, vecinos y cuantos la conocen creen que ha enloquecido porque no ha
sabido superar su muerte.

FIN



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