lunes, 2 de enero de 2017

Relaciones de los judios de Toledo con la Catedral (II)

Resultado de imagen de judios de Toledo con la CatedralCONVIVENCIA ALTERADA 

Hasta aquí hemos presentado un panorama que, aparentemente, podríamos considerar como de buena convivencia entre judíos y cristianos de Toledo. Sin embargo, esas relaciones, como ya se ha comprobado, se basaban casi exclusivamente en unos mutuos intereses económicos —especialmente en todo lo relativo a la usura— que, en realidad, era el germen de unas rivalidades que, en ocasiones, podían manifestarse de una manera violenta. Por eso, para mejor comprender el verdadero alcance de esa «convivencia», de la que ya hemos visto una faceta, es necesario conocer la otra, para así tener una visión más ajustada a la auténtica realidad de los hechos. 

A pesar de haber estado bajo la protección directa de la propia monarquía, los judíos de Toledo —al igual que todos los de la Corona de Castilla— se vieron afectados por todo un conjunto de disposiciones antisemitas —no siempre cumplidas también es cierto— dimanadas tanto de los poderes públicos (Cortes), como de los poderes religiosos (concilios. sínodos).

De ahí, por consiguiente, que existiesen trabas que tendían a liacer más dificultosas las relaciones de convivencia. Además, en Toledo —lo mismo que en otras ciudades castellanas— y desde el Ayuntamiento, en determinadas ocasiones se acordaron medidas contra los judíos, por lo que todavía se tendía a reforzar más, a nivel local, el estado de segregación en el que se encontraban. 

Resultado de imagen de toledo catedral interiorAl estar basadas esas relaciones en unos intereses casi exclusivamente económicos, iban a estar muy directamente condicionadas por los vaivenes de la coyuntura económica y por los avalares de la evolución política.

De manerra que las épocas de estabilidad política y económica, tendían a coincidir con momentos de tranquilidad en las relaciones, mientras que en los momentos de alteración de esta estabilidad, era cuando se intensificaban las medidas antijudías, llegándose, en ocasiones, a enfrentamientos violentos, con consecuencias trágicas, ya que el recurso más inmediato era echar la culpa a los judíos de todos los males que ocurrían. Toledo, tanto por el significado de la propia ciudad en el contexto político de la Corona de Castilla, como por el de su judería dada la importancia que llegó a alcanzar, se convirtió en la Edad Media en uno de los escenarios que mejor dejaron de manifiesto esas desavenencias. 


Como parece que, en general, ocurrió en Castilla, también en Toledo, durante los siglos xii y xiii, apenas se tienen noticias de enfrentamientos graves entre judíos y cristianos, salvo algunos casos esporádicos. Sin embargo, a lo largo de aquellos años —como ya hemos visto— las prácticas prestamistas adquirieron una gran intensidad, con lo que se estaban poniendo las bases de un enfrentamiento latente que podía salir a la superficie, violentamente, si la situación económica se agravaba y si sobre ella, además, incidían otros factores.

 Eso es lo que ocurrió en el siglo xiv, cuando la recesión económica de aquella centuria fue acompañada de una crisis política en la que los judíos se vieron inmersos y afectados por los sangrientos sucesos que entonces se desarrollaron. En efecto, en Toledo, en el siglo xiv tuvieron lugar los acontecimientos más dramáticos (saqueos, matanzas, etc.) que originaron que su judería, muy afectada por los mismos, perdiera la preponderancia que hasta entonces había tenido sobre las demás de Castilla. En el siglo siguiente la violencia se dirigió hacia los conversos que, como resultado de los conflictos, empezaron a proliferar. Las disposiciones antijudías dimanadas de los poderes públicos fueron en aumento durante aquella centuria, como un goteo lento pero persistente, que acabó por desembocar en la ruptura definitiva.

Un hecho significativo que debió de repercutir muy directamente sobre la judería toledana, aunque desconozcamos en qué grado afectó a sus relaciones con los cristianos, fue la propagación de la Peste Negra a mediados del siglo xiv. Las bajas causadas por la epidemia debieron de ser acusadas entre toda la población, en general, y entre la judía, en particular, como parece reflejarse a través de las inscripciones de varias lápidas funerarias del cementerio judío ^^. Muchos judíos, de todos los niveles sociales, debieron de perecer por efecto de la enfermedad, lo que repercutió en un descenso demográfico de la judería toledana y en un empobrecimiento de la misma. Dado que en el sector cristiano se produjo la misma situación, todo ello tuvo que repercutir, inevitablemente, en las relaciones entre ambos sectores, y especialmente en las relaciones económicas. Especial trascendencia iba a tener en Toledo la guerra civil entre Pedro I y su hermanastro Enrique de Trastámara. 

La ciudad contaba con un gran tradición histórica, era sede primada de la Iglesia hispana, un importante centro económico y, además, contaba con una de las aljamas judías más poderosas de Castilla por su peso económico e intelectual. Pedro I apoyó y protegió a los judíos pues necesitaba contar con su colaboración para hacer frente a los apuros económicos de la Corona. Enrique, para restar partidarios a su rival, utilizó como arma política fácil —pero demasiado peligrosa— el antisemitismo popular, acrecentado, además, en un período de crisis generalizada como aquél. En Toledo vivían algunos de los más poderosos financieros judíos. Por todo ello, la judería toledana iba a pagar trágicamente las consecuencias. 

Como acertadamente ha señalado Julio Valdeón, aquel acontecimiento bélico y sus secuelas, fueron decisivos en la historia de las relaciones entre la comunidad cristiana y la judía en el reino castellano, al producirse un cambio radical en la convivencia que hasta entonces habían mantenido ^^. A raíz del confinamiento en Toledo de doña Blanca de Borbón, mujer de Pedro I, en el verano de 1354, durante el mes de mayo del año siguiente tuvo lugar en la ciudad un enfrentamiento entre partidarios de ambas facciones, de resultas del cual el barrio judío del Alacava fue asaltado y saqueado por los trastamaristas —pereciendo bastantes judíos— mientras que la judería principal pudo resistir al encontrarse amurallada. 

Poco después, en el mes de octubre, conseguida la pacificación de la ciudad, Pedro I concedió un perdón general a todos los que habían participado en los sucesos, del que excluyó a aquéllos más significados «que fisieron algunos malefigios contra los dichos mios judíos, en la dicha judería, el dicho dia que yo entré en Toledo»^". Recientes todavía los estragos de la Peste Negra, la comunidad judía toledana quedaría muy mermada en sus efectivos humanos. 

Un ejemplo de esta protección que Pedro I dispensó a los judíos, es el pago de 18.000 maravedíes que el Ayuntamiento de la ciudad, como entidad colectiva responsable, tuvo que entregar para la cámara del rey, por la muerte de tres judíos en el término de Toledo, al no haber podido detener y entregar a los culpables del crimen. El 13 de diciembre de 1358 fue necesario vender un mesón de paños para pagar esa cantidad ^^. 

En 1366 Enrique de Trastámara penetró en Castilla desde Aragón con tropas mercenarias francesas y, tras proclamarse rey en Burgos, se dirigió a Toledo, donde exigió a los judíos de la ciudad que, en un plazo de 15 días, le entregasen un millón de maravedíes para pagar a dichas tropas. Dado lo elevado de esa cantidad, y aunque no se pagase en su totalidad, lo cierto es que esta medida tuvo que suponer una considerable sangría económica para la judería toledana, máxime en un momento de recesión demográfica. Aprovechando la presencia del pretendiente en la ciudad, el 11 de mayo de aquel año, los representantes de ésta le presentaron una serien de peticiones —recogidas en un cuaderno ^^— a través de las cuales se puede constatar la situación de crisis económica por la que atravesaba Toledo en aquellos momentos^'. 


Entre otras, le pidieron la supresión de todas las deudas que los cristianos de Toledo y de su término tuviesen contraídas con los judíos, ya que se encontraban muy empobrecidos por los estragos causados al paso de las tropas mercenarias. Enrique atendió en parte esta petición, concediendo una moratoria de un año en el pago de las deudas, durante el cual tampoco se cobrarían intereses. Por otra petición le solicitaban que mandase derribar la cerca de la judería «que es comengada a faser, por quanto la nunca y ovo et se apoderan de la villa». 

Sin embargo, no mandó que se derribase, sino que encargó al arzobispo don Gome Manrique que inspeccionase la obra y mandase abrir los portillos que considerase oportunos^*'. En 1367, aun no siendo todavía rey legítimo, Enrique celebró Cortes en Burgos en las que, el 15 de febrero se promulgó un ordenamiento a solicitud de los procuradores de Toledo, en el cual las peticiones eran semejantes a las anteriores ^^. 

Entre ellas, nuevamente le pedían que suprimiese parte de las deudas que los de Toledo y su término tenían contraídas con judíos, «por quanto están muy estroydos et an levado los judíos dellos grandes quantías de maravedís... lo qual fesieron con esfuerzo de don Samuel el Levi que eran grand privado de aquel tirano que se llamava rey». Les contestó que se cumpliese lo que, con carácter general para todo el reino, ya se había acordado en aquellas mismas Cortes. Pero el acontecimiento que iba a agravar la situación de la ciudad, en general, y de la comunidad judía, en particular, fue el asedio impuesto a Toledo por Enrique de Trastámara, una vez retornado a Castilla tras la derrota de Nájera, y que duró desde abril de 1368 a mayo de 1369, cuando la ciudad se rindió tras la muerte de Pedro I en Montiel''". Toledo se convirtió en uno de los bastiones más firmemente partidarios del rey don Pedro, el defensor de los judíos, y éstos, una vez más, iban a ser las principales víctimas. 

Al mes siguiente de su entrada en la ciudad, el nuevo rey exigió a la aljama de Toledo el pago de una sanción de 20.000 doblas de oro, que tendrían que ser pagadas con prontitud, por lo que se decretó que fuesen vendidos en pública almoneda, no solamente los bienes muebles y raíces de los judíos, sino hasta los cuerpos de éstos si fuese preciso. Es decir, que se decretaba su venta como esclavos. Se desconoce el verdadero alcance que esta drástica medida tuvo, pero,evidentemente, aunque no se llegasen a vender judíos, debió de contribuir a empobrecer todavía más a la aljama toledana. 

No obstante, a pesar del acusado antisemitismo con que se presentaba el nuevo régimen trastamarista —y que tantas adhesiones le debió de suponer—, Enrique II pronto tuvo que empezar a dar marcha atrás, no atendiendo a todas las peticiones que se le hacían contra los judíos pues, en definitiva, al igual que sus antecesores, también los iba a necesitar. Tras los desastres pasados, la judería toledana empezaría lentamente a recuperarse "^ Algunos judíos que habían huido regresarían y se reiniciaría la actividad en las tiendas y talleres que tenían dispersos por la ciudad. Significativamente, como ha señalado Pilar León Tello, no hay ni un solo documento de prestamistas judíos en Toledo durante el reinado de Enrique II; la mayoría estaban dedicados al campo o a la recaudación y arrendamiento de rentas ^^. 

http://e-spacio.uned.es/fez/eserv/bibliuned:ETF3CFB3CE8-3E5D-8761-D388-D3BF019886F2/Documento.pdf

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