lunes, 27 de marzo de 2017

Topónimos hebreos y memoria de la España judía en el Siglo de Oro ( I )

Resultado de imagen de Topónimos hebreosLos nombres de las ciudades son poderosos canales de la memoria; en ellos sobrevive el recuerdo de sus fundadores y su evocación es un convite a «volver a reflexionar sobre los orígenes de una civilización...»

. Así ocurre en la España del Siglo de Oro, cuando historiadores, etimologistas y tratadistas que escriben sobre el idioma, impulsados por su afán de probar la antigüedad y la excelencia de su nación, llegan a  interesarse por los topónimos de origen hebreo. 

De ellos se valen entonces no solamente como elementos integrantes de la elaboración del mito de los orígenes de España, sino también como testimonios de la antigüedad de la presencia de los judíos en el suelo hispánico, presencia que datan en época de Nabucodonosor o sea en el siglo sexto antes de J. C, después de la destrucción del primer Templo de Jerusalén

. Ni que decirse tiene que este nuevo planteamiento de la cuestión de los orígenes de España y de su idioma no agrada a todos los historiadores y provoca una acalorada polémica.



Algunos de ellos, en efecto, ven en dicha afirmación de la antigüedad de la presencia judía en España un «agravio» cometido contra la «limpieza» de su nación y, con abundantes escritos, alimentan un debate en torno a las topoetimologías, como si en cada una de ellas, estuviese en juego el «honor» de la nación española.

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En este sentido, la polémica topoetimológica que, en el Siglo de 1 Frase pronunciada por Joseph Pérez, a modo de conclusión del coloquio sobre las ciudades en el mundo ibérico; véase Les villes dans le Monde Ibérique, Actes du Colloque de Talence, 27-28 novembre 1980, Paris, Éditions du CNRS, 1982, p. 230.

Las otras dos diasporas del pueblo judío a España datan en época romana, en los primeros dos siglos de nuestra era, bajo los imperios de Tito (después de la destrucción del segundo Templo en el año 70) y de Antonino (después de la rebelión de Bar Kokhba en el año 135); véase Dictionnaire Encyclopédique du Judaïsme, Paris, Le Cerf, 1993, p. 1258. 32 DOMINIQU E REYRE Criticón, 65, 1995

Oro, nace del intento de reconstrucción del pasado, se inscribe plenamente en la elaboración de una imagen identitaria colectiva. De ahí que, al cabo de tres siglos, pueda surgir de nuevo un mismo tipo de  argumentación topoetimológica, como ocurre con el discurso que el Rey Don Juan Carlos pronuncia en 1992, en vísperas de la celebración del quinto centenario de la expulsión de los hispanojudíos, haciendo memoria de su presencia histórica mediante su inscripción en la geografía y la lengua españolas. 

El soberano recurre al mismo procedimiento que los hombres del Siglo de Oro, buscando en las huellas toponímicas y en los orígenes históricos de la presencia judía en España unos elementos identitarios  nacionales.

Se trata, pues, por lo que a España se refiere, de un tema históricamente recurrente, aunque muy poco estudiado , y del que nos proponemos, hoy, analizar unos cuantos aspectos relativos al Siglo de Oro, centrándonos en la polémica topoetimológica lanzada por el hebraísta Arias Montano y animada, entre otros escritores, por Garibay, Aldrete y Covarrubias.

Para entenderlo, será necesario hacer, previamente, una distinción entre la toponimia científica —en la que no hemos de entrar en el presente artículo, por no ser nuestro propósito recoger todos los topónimos hebreos de España, ni rastrear los vestigios onomásticos que quedaron de los judíos6— y una toponimia mitológica , que constituye nuestro objeto de reflexión por ofrecer un campo de Amcrico Castro demostró la influencia del sentimiento de la honra (nacido del orgullo de no ser judío) sobre la historiografía española; véase De la Edad Conflictiva, Madrid, Taurus, 1972, pp. 99-133.

 Analizamos el discurso que el Rey pronunció en la sinagoga de Madrid, a 31 de Marzo de 1992, en «Sefarad des rois d'Espagne», Ibéricas, 8, 1995, Université de Toulouse-Le Mirail, CRIC et Ophrys, pp. 119-128. En este artículo, aludimos al brindis que ofreció el Rey al Presidente del Estado de Israel, Chaim Herzog, durante el cual insistió en la antigüedad de la presencia judía en Sefarad, diciendo: «Estáis en Sefarad, a la que la tradición judía identificó desde sus más lejanas raíces con España, voz cuyo origen es incierto, aunque pudiera proceder de los fenicios y de la lengua sirio-caldea heredada del antiguo hebreo [...].

La presencia judía en España dataría del siglo II de nuestra era, según los vestigios que nos han llegado, aunque para algunos se remontaría, incluso, a la época de la destrucción del primer templo [...]. No fue, por lo tanto, una presencia dilatada de extranjeros más o menos adaptados. Aunque conservasen su identidad y patrimonio judío, fueron plenamente hispanos y contribuyeron a fraguar lo que habría de ser la personalidad de España como Nación...» (texto inédito que debemos a la amable entrega de David Grebler, presidente de la comisión Sefarad 92). 

Además, en el discurso que pronunció en la sinagoga, el Rey expresó claramente su deseo de integrar a los judíos en la España moderna:

«Sefarad no es ya una nostalgia sino un hogar en el que no debe decirse que los judíos se sienten como en su propia casa, porque los hispanojudíos están en su propia casa, en la casa de todos los españoles»; véase el texto del discurso en apéndice del citado artículo.

 No hemos podido encontrar más de tres estudios sobre el tema: la bibliografía del Conde de la Vinaza, Biblioteca histórica de la filología castellana, Madrid, 1893, pp. 3-39 (menciona a diez autores que ilustraron el debate topoetimológico entre 1540 y 1672); el libro de Werner Bahner, La lingüística española del Siglo de Oro, Madrid, Editorial Ciencia Nueva, 1966; un artículo de Eric Beaumatin:

«Langue de soi et phonèmes de l'autre: Nebrija, Valdés, Quevedo», Cahiers de l'UFR d'Études Ibériques et Latino-américaines, n° 9, «Les représentations de l'Autre dans l'Espace ibérique et ibéro-américain», vol. II, pp. 235-248 (evoca el debate lingüístico entre los partidarios del latín y del hebreo).

 Véase José luis Laca ve, Juderías y Sinagogas Españolas, Madrid, Editorial Mapire, 1992.

arto sabido es que en el Siglo de Oro la etimología está todavía basada en un pensamiento analógico y paronomástico.

investigación sobre las ideas y creencias que circulan y se manipulan en los debates topoetimológicos.

EMERGENCIA DE LA MEMORIA DE LA ESPAÑA JUDIA EN EL MUNDO CRISTIANO DE LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XVI:  

BENITO ARIAS MONTAN O Y JUAN DE MARIANA

La memoria de la antigua presencia de los judíos en España emerge, en el campo de la exégesis filológica hebrea de las Escrituras, con motivo del comentario del topónimo bíblico de «Sefarad». El mayor hebraísta español de la época, Arias Montano, en sus Comentaría in Duodecim Prophetas*, ofrece una glosa del versículo 20 del profeta Abdias en el cual aparece la voz hebrea «Sefarad»', que
traduce por «Hispania»10 , y comenta am8

Publicado en Amberes, en 1571, pero acabado de redactar por Arias Montano en Madrid a 13 de
julio de 1567, como lo indica el mismo autor al final del capítulo que dedica a Abdias (en la edición
consultada, Amberes, 1583, p. 416).
9
 «Sefarad» significa España en hebreo. Los primeros comentarios judíos como el Targum de Jonatátt
y la Peschitta traducen Sefarad por Ispamia e Ispania (véase el Dictionnaire Encyclopédique du Judaïsme, Paris, Le Cerf, 1993, p. 1376). Los Setenta (según la leyenda los 72 judíos, seis de cada tribu, que realizaron la traducción de la Biblia en griego para Ptolomeo que quería incorporarla en su biblioteca) tradujeron la voz «Sefarad» por el griego «Ephrata», y San Jerónimo, en su Commentariis in Abdiam, dijo «Bosphorus» sin dejar por otra parte de aludir a la tradición rabínica: «Ubi nos posuimos Bosphorum, in Hebraeo habetur Sepharad, quod nescio cur LXX Ephrata transferre volverunt» (Donde pusimos Bosphoro, en hebreo hay Sepharad, que los Setenta, no sé por qué, tradujeron Ephrata), citado por el dominico Tomás Maluenda en su tratado De Antichristo, Roma, 1604, cuarta parte, libro IV, capítulo XXVII, p. 276 de la edición de Valencia de 1647, cuyo texto debemos a la amabilidad de nuestra colega en el LEMSO, Françoise Gilbert. '0 Arias Montano cita el texto de Abdias: «Et transmigratio Ierusalem, quae in Bosphoro est, possidebit civitates Austri» (Y el exilio de Jerusalén que está en Bosphoro heredará las ciudades del Negev); y, refiriéndose a las antiguas interpretaciones judías de «Bosphoro» por «Sefarad» dice:

«Quoniam in locorum nominibus reddendis saepe inter eos, qui libros ex Hebraico vertunt, variari solet, hune locum, ut Hebraice est, nominibus ipsis retentis, simplicet reddere plaçuit: 'et transmigratio Ierusalem, quae in Sepharad, possidebit urbes Austri" [...]. Diximus quo in loco latine Bosphorus legitur, hebraice legi Sepharad [...]. Chaldaeus interpres sic hune locum vertit: "et transmigratio Ierusalem, quae in Spamia". Spamia a Chaldaeis eadem quae a Latinis Hispania dicta fuit quae terrarum orbis continentis ultima Atlántico sive Occidentali océano alluitur et terminatur [...] quod antiqui graecorum autores Sperida nominarunt», ibid, p. 412

(Ya que los que traducen los libros hebreos suelen intercambiar a menudo los nombres de lugares, conviene traducir este nombre [Bosphoro] de manera más sencilla por los mismos nombres que da la tradición: «y el exilio de Jerusalén que está en Sefarad, heredará las ciudades del Negev» [...]. 

Dijimos que donde en latín se lee Bosphoro en hebreo se lee Sefarad [...]. El intérprete caldeo [el Targum] traduce también este nombre de lugar por Spamia: «y el exilio de Jerusalén que está en Spamia». Spamia entre los caldeos es la misma que es llamada por los latinos Hispania, la cual es el último de los continentes de la tierra, bañado y limitado por el océano Atlántico o Occidental, que los antiguos autores griegos llamaron Sperida). Arias Montano publica esta interpretación, un año más tarde, en el octavo volumen de la Biblia Poliglota de Amberes, conocido bajo el título de Apparatus Communes et Familiares Hebraicae Linguae Idiotismi (Antverpiae 1572). En la voz «Bosphorus» del Index nominarum hebraeorum, caldaeorum et graecorum, se lee: «hebraice dicitur Sefarad, et interpretatur liber sive codex descendens vel imperans: aut finis vel consumado descensionis vel imperii.

Reginis nomen AB. 1, 20» (Bosphoro: el libro o manuscrito [del profeta Abdias] se lee y se interpreta en hebreo Sefarad, sea descendiendo o imperando, es decir, sea el fin o la consumación de la caída, o del 34 DOMINIQUEREYRE Criticón, 65,1995

Ahora tratemos brevemente de su historia: España fue habitada de una multitud de judíos,según tuvimos conocimiento en nuestra edad, aunque a partir de los años en que fue promulgado el primer edicto de los reyes Católicos, fueron expulsados de la región sevillana y luego de la de Tarragona, y por fin a petición del rey Don Manuel de Portugal, de toda Lusitania. Y según consta en los escritos de esta gente, toda esta multitud de judíos procedía de Jerusalén y del tribu de Judá, con sus familias, y no vinieron de ningún otro tribu. Cuentan también los Hebreos que en tiempos de la primera destrucción del sagrado templo de Jerusalén por los Asirios, muchos de ellos fueron traídos a España por un jefe Piro quien servía al imperio asirio.

 Y prosigue Arias Montano evocando las fundaciones de Lucena y de Toledo:

Ellos fundaron primero dos lugares que llamaron, el uno Lucina, ciudad fortificada muy poblada en aquellos siglos, en Andalucía, que es llamada ahora Lucena, y la otra ciudad [fundaron] en la región de Carpetania, que llamaron en su lengua hebrea Toledoth, así nombrada, según dicen, porque en esta ciudad se vieron las familias judías más distinguidas. Y ei nombre de Tholedoth significa también 'generaciones' o sea 'familias'.

Además, a los lugares vecinos de Toledo que habitaron dieron nombres de Judea, en recuerdo de sus añorados pueblos ásirios, o sea nombres que se pareciesen a ellos como Escalona, Maqueda y otros más. Esto consta en sus antiguos comentarios del último capítulo del Libro de los Reyes.12 imperio; nombre del Libro de Reyes, y de Abdias 1, 20); sin paginación en la edición de Amberes, 1572, que manejamos.

Es extraño que Arias Montano no facilite a sus lectores, en apoyo de su explicación de la voz Sefarad, el juego de palabra hebreo conocido de la tradición cristiana o sea el retruécano de «Sof», fin, y «Rad», dominando. En este punto se diferencia Arias Montano de los autores cristianos posteriores(véase Maluenda, op. cit., p. 277) y de los autores judíos (véase la carta del apologista del judaismo Isaac Cardoso al rabino de Venecia Samuel Aboab, en la cual alude a la fundación de las ciudades de Sefarad y al susodicho juego de palabra (edición de Marco Mortara «Une lettre autographe adressée au grand rabbin de Venise Samuel Aboab», Revue des Études Juives, Paris, 1886, vol. XII, pp. 301-305).

11 «Nunc iam historiam ipsam breviter tractemus. Hispaniam Iudaeorum innúmera multitudine fuisse habitata, nostre etiam aetatis testimonio cognovimus, namque non multis ab hinc annis Catolicorum regum edicto primum ex Baetica atque ex Tarraconensi, postremo Emanuëlis Portugaliae régis iussu ex Lusitania décéder coacti sunt. [...] Omnen vero hanc multitudincm ex Iudaeorum, qui Ierosolymam Iudaeque tribum coluerant, familiis, non ex aliis tribubus fuisse, constans omnium eius gentis scriptorum opinio est. Narrant enim Hebraei quo tempore sacrum Ierosolymorum fanum ab Assyriis primum dirutum est, multos ex ea gente in Hispaniam, a Piro quodam duce, qui Assyriorum imperium observabat, fuisse traductos». Es de advenir que los nombres de Nabuchodonosor y de Cyrus sólo aparecen en el comentario de la segunda parte del versículo: «Et ascendet salvatores in montem Sion; iudicare montem Esau» (Salvadores suben el monte Sion; para gobernar el monte de Esau), Arias Montano, Comentaría in Duodecim Prophetas, op. cit., p. 415.

12 «Qui duobus primum locis consedisse dicuntur alteri quidem nomen Lucina, frequentissimo illis
saeculis in Baetica provincia oppido, quod nos vel Lucenam nunc dictam, vel quae non longe ab hac in Illiberitana regione est, [...] alteri vero Toleto regiae Carpentanorum urbi nomen fuit, quam quidam ex illis Hebraico nomine Tholedoth dictam est eo putant, quod in ea urbe iudaicarum familiarum distinctio maxime fuerit obsérvala. Id ipsum autem Tholedoth nomen significat generaciones sive familias. Atque ab iis qui ea loca incolvere Iudeis nomina quibusdam vicinis oppidis, ex relictorum in Syria locorum desiderio, aut ctiam similitudine indidem esse, ut Ascaloniae, et Maquedae et aliis. Haec ex illorum antiqurs receptionibus, et ex comentariis in posteriorem Regum librum habuimus (2 Reg, cap. último), ibid., pp. 412- 414. Luego Arias Montano alude a la segunda llegada de los judíos a España bajo el emperador Tito Vespasiano, con la fundación por los romanos de la ciudad de Mérida: «In libro etiam

Dominique Reyre
LEMSO, Universidad de Toulouse-Le Mirail

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