sábado, 6 de junio de 2015

El nuevo puente Alcántara de Toledo y su curiosa historia

Se han cumplido 80 años de la inauguración del «Puente Nuevo de Alcántara», ubicado aguas abajo del viejo puente romano y que es el tercero en antigüedad a su paso por Toledo

LUNA REVENGA


Cuando el 7 de agosto de 1924 -hace ahora 90 años-Don Luis Barcala, por entonces responsable de la Jefatura Provincial de Obras Públicas, expuso en el Ayuntamiento de Toledo reunido en asamblea la conveniencia de presentar ante el Directorio del General Primo de Rivera la demanda de un nuevo puente que viniera a suplir al viejo puente de Alcántara del deterioro más que palpable que sufría por el creciente tráfico que debía soportar (ante la inminente amenaza de su ruina acababa de realizarse un obligatorio apeo en uno de sus ojos), nadie de los allí presentes podía imaginarse la sonada polémica que iba a producirse entre los más destacados ingenieros y arquitectos de aquellos tiempos por el criterio estético a emplear y por la defensa de sus atribuciones profesionales respectivas; controversia que iba a demorar la convocatoria hasta el mes de abril de 1926, a pesar de la favorable acogida por parte del gobierno militarque anunció rápidamente un concurso público de proyectos y cuyas bases, redactadas por el propio Barcala, fueron aprobadas en agosto de 1925 por el Consejo de Obras Públicas.



Aunque poco conocido por el gran público, durante el siglo XIX y primeras décadas del siglo XX, existió un claro conflicto entre arquitectos e ingenieros derivado de la forma de entender ambos colectivos el ámbito específico de su actuación, así como sobre qué clase de colaboración podría darse entre ellos cuando proyectaban obra pública monumental. Con la publicación en 1924 del artículo titulado «Arquitectura e Ingeniería» por el entonces profesor de la Escuela Especial de Ingenieros de Caminos Don Vicente Machimbarrena Gogorza, se creyó extinguido el conflicto al entender que las actitudes de unos y otros frente a la construcción eran tan diferentes como sus respectivas formaciones, más artística en los primeros y científica en los segundos, pero que tan distintas facultades debían ser también complementarias y, por ello, no debería ser motivo de conflicto sino de cooperación.

Sin embargo, en el concurso para construir el nuevo puente al paso del río Tajo por Toledo no tuvo efecto la colaboración reclamada por tan grande profesor, que por aquel entonces ya era director de la Escuela de Caminos, pues quedó abierto tan solo a los ingenieros, a quienes se les pedía «el proyecto de un puente de hormigón armado inmediato al Puente de Alcántara». Las protestas de los arquitectos por esa decisión gubernativa de dirigirse exclusivamente a los ingenieros no se hicieron esperar y rápidamente fueron hechas suyas por la Sociedad Central de Arquitectos.
Revisión de las bases

Fue así como en mayo de 1925 se solicitó del Ministerio de Fomento la revisión de las bases del concurso, pues en su criterio debía estudiarse nuevamente la ubicación del nuevo puente «en lugar donde el contraste (con el romano de Alcántara) no se acusase tan violentamente» y su estética «pues si hay ciudades que merecen conservar íntegramente su carácter y hasta justificar leyes de excepción que impidan que se desvirtúe su ambiente, ninguna como Toledo». La contestación de Fomento en febrero de 1926 fue absolutamente favorable al Cuerpo de Ingenieros refiriéndose a las obras de ingeniería en estos términos «producto de la conjunción del arte con la ciencia para realizar obras útiles, estables y bellas…» y manifestando respecto del ingeniero «es el único capaz de realizarlas pues posee la suma de los conocimientos necesarios para ello».

No obstante, la controversia no se agotó en la esfera burocrática, pues fue alimentada por el propio Machimbarrena a través de una serie de artículos publicados en la Revista de Obras Públicas; él, al igual que lo expresado por los arquitectos, también era consciente de la problemática a la que deberían enfrentarse los ingenieros concursantes al afirmar «que sale fuera de los límites en que corrientemente se presenta la reparación o sustitución de un puente» dado el especial entorno histórico-artístico donde debe construirse y esgrime como garantía de la formación de los ingenieros los viajes organizados anualmente a Toledo que servirán, sin duda alguna, para despertar en sus antiguos alumnos una sensibilidad respecto de la riqueza monumental de la ciudad «que se exalte al pensar que se va a escribir con las herramientas del constructor un capítulo actual de su gloriosa historia».

Distancia adecuada

En la propuesta realizada por el ingeniero Luis Barcala, se había establecido que el nuevo puente debería ser construido a una distancia aproximada de 80 metros aguas arribas del puente de Alcántara y así aparece reflejado en el plano de Toledo elaborado por Alfonso Rey Pastor en 1926.

El ingeniero articulista encuentra muy próxima esa ubicación «por los efectos de perspectiva al superponerse ambos puentes» y se inclina por conceder a los concursantes libertad tanto en la situación y altura del nuevo puente (la menor posible) como en la estética. En este último punto, anima a los concursantes a un uso moderado de la decoración arquitectónica en el sentido de que el ingeniero pueda servirse, de manera subsidiaria, de artistas que le aconsejen en la materia para asegurar el acierto, incluyendo entre los artistas a los arquitectos a quienes reduce a simples decoradores por haber abandonado la construcción, «que el arquitecto vuelva a ser maestro de obras, como modestamente se llamaba cuando, al ser ante todo constructor resultaba artista».

Se produjeron respuestas muy diversas a las tesis expuestas en sus artículos por Machimbarrena, siendo las más relevantes por la profundidad de su contestación las de los arquitectos Leopoldo Torres Balbás y Modesto López Otero. Para este último, por entonces un jovencísimo director de la Escuela de Arquitectura de Madrid, la sola necesidad de construir un puente próximo al de Alcántara era una desgracia y percibió muy acertadamente el conflicto que se produce en el ámbito de una ciudad histórica entre la conservación del valor patrimonial y la tensión modernizadora «Aterra, realmente, la idea de tener que estrenar en Toledo un puente barroco, mudéjar y, sobre todo, plateresco», concluyendo con una pregunta que, paradójicamente, resultaría capital a la vista de la conclusión del concurso «¿Cuál es el criterio de los que están redactando las bases del concurso? Porque él va a señalar la orientación y debería conocerse y discutirse antes de tocar a llamada». Al ingeniero Machimbarrena no debieron satisfacerle las propuestas de López Otero pues polemizó con él a través de las páginas del periódico El Sol y se lamentó de la protesta remitida por la Sociedad Central de Arquitectos al ministerio de Fomento.

Meses más tarde, el insigne arquitecto Torres Balbás, director desde 1923 de las obras de restauración de la Alhambra de Granada, dedicó un artículo al nuevo puente sobre el Tajo. Éste, introducirá en el debate pautas propias sobre la conservación monumental «Si existe una sola ciudad en España que debiera conservarse con celo extraordinario es, sin duda alguna, la de Toledo», proponiendo ordenar la urbanización, supervisar las intervenciones a realizar, erradicar las restauraciones clásicas y evitar la construcción de edificios absurdamente arqueológicos en la ciudad histórica «Pero antes de fijar la necesidad de establecer un nuevo paso junto al puente de Alcántara, ¿se ha estudiado bien, con un concepto moderno, la urbanización y ensanche de Toledo? Creemos que no.



«Creemos que no se ha relacionado el proyecto del puente con otra porción de problemas de la ciudad que le condicionan y pueden hacer variar su emplazamiento. Hay que estudiar su emplazamiento a la par que la urbanización y ensanche de Toledo; lo demás es resolver fragmentariamente y mal el problema» y «Pero como las ideas más torpes y absurdas son muchas veces las que triunfan, de preverse el caso de la construcción de un nuevo puente junto al de Alcántara…un puente moderno, un puente que sea obra representativa de nuestro tiempo y no una imitación más.

Queremos un puente ingenieril, un arco o una viga de cemento armado, sin más casi, que sea como una línea tendida sobre el cauce del río». El combativo ingeniero Machimbarrena, responderá al fin a las tesis de los arquitectos en el sentido de afirmar la necesidad de que ambos se fundan en una personalidad única, pero si, como en el caso del puente, la legislación estableciera que el responsable único de la obra es el ingeniero, debe entenderse que el colaborador (arquitecto) se someterá a él, porque «no existe desdoro para nadie en conjunción semejante».

Todo ese debate suscitado, en realidad no afectó al concurso pero si lo retrasó. Se solicitó de los ingenieros una obra bella y sólida «en armonía con su situación, por servir de entrada a una ciudad como Toledo, que encierra monumentos singulares» pero dejando libertad respecto a la forma que estimaran más adecuada. Ello hizo posible que muchos de los proyectos presentados (en total fueron 6) fueran una invitación al diseño de un puente pleno de citas arqueológicas: proyectos basados en el neogótico, en tres alternativas: mudéjar clásico, mudéjar florido y clasicista; también un «mudéjar modernizado» y algunos sencillamente incalificables...
Más moderno y económico

Solamente un proyecto, el nacido de la colaboración de los eminentes ingenieros Peña Boeuf y García-Diego, parecía haber sido creado a partir de la interpretación del problema suscitado meses atrás en prensa. El proyecto conjunto presentado era de mayor ligereza y mucho más moderno que el de sus competidores, además de resultar perceptiblemente más económico.

Al final, el concurso quedó desierto. La Comisión evaluadora de los proyectos presentados asumió convencida que el problema al que se enfrentaban sobrepasaba la esfera local en que se discernía ese tipo de expedientes. La Comisión ya había mostrado anteriormente sus diferencias con respecto a las bases del concurso efectuadas por la Jefatura de Obras Públicas de Toledo, calificándolas como «excesivamente rígidas y poco maduradas» y entendieron que el programa era de imposible cumplimiento.

Ya se tenía el de Alcántara como puente monumental, sólido, bello y armonizado con la ciudad que, además, servía de acceso a ella; las bases del concurso, entendían, obligaban al puente nuevo a competir con el antiguo sin concesión alguna a los participantes de una mínima libertad en cuanto al establecimiento de luz de los arcos, rasantes y ubicación más conveniente. La Comisión, en su informe definitivo, se decantó por un puente aguas abajo del romano, a no más de 500 metros, imaginándolo como «… nuestra visión de la obra dibuja un puente de hormigón en masa con paramentos de sillarejo o mampostería de la misma piedra de las márgenes, con un arco escarzano cuya luz podría ser bastante menor que las fijadas en las bases del concurso, dada la estrechez de aquel lugar… basaría su belleza en su solidez misma, sin anacronismos ni arqueologías, siempre peligrosa… esta consideración prohíbe también las torres o arcos, que fueron bellos cuanto necesarias, pero que no pueden serlo hoy, cuando inútiles o estorbosas y trascienden a la legua a falsedad y artificio».

Y así fue como por real orden de 15 de julio de 1927, se mandó elevar un puente de acuerdo a las directrices de la Comisión que fue iniciado a lo largo de 1929 bajo el proyecto del ingeniero Rafael Enríquez; esa real orden también amparaba otra interesante sugerencia que se encontraba recogida en el informe de la Comisión «Otra ventaja de la solución propuesta sería la de iniciar los dos caminos de circunvalación, uno por cada margen que, más tarde o más temprano, habrán de enlazar el puente de Alcántara con el de San Martín, mejora unánimemente deseada».
Permanente debate

Curiosamente, toda esa polémica eminentemente profesional no quedó zanjada para muchas de «las fuerzas vivas de la ciudad» desde el momento en que comenzó a construirse el nuevo puente. Durante el período que llevó su construcción, aparecieron tácitos desacuerdos publicados en la prensa local de la época: «El Castellano, 29 de abril de 1930.- Cámara de Comercio.- La presidencia manifiesta al pleno su contrariedad por no haber podido conseguir del ministro de Fomento la petición que se hizo para que el Puente nuevo de Alcántara no se edificase en el sitio donde se está haciendo, por los innumerables perjuicios que a Toledo y su provincia ha de causar su emplazamiento, habiendo triunfado contra nuestras pretensiones, según carta del excelentísimo señor conde de Velayos, en la cual se sigue apoyando, por el Ministerio la tesis sustentada de que aguas arriba del actual estorbaría la visualidad de éste».

Sea como fuere, en la mañana de su inauguración y apertura el 20 de octubre de 1933 se satisfacían entre otras una serie de largas necesidades sentidas por el Toledo de aquellos días, «la de asegurar la comunicación con su estación de ferrocarril enlazándola con toda la Comarca de La Mancha y Ciudad Real, así como descongestionar de tráfico la Puerta de Bisagra y calle del Arrabal, pues una vez terminada la carretera del Valle, hoy muy avanzada en su construcción, evitará el paso por Toledo a parte del tráfico de las carreteras de Navalpino y Piedrabuena, que derivará por dicha carretera» (periódico El Castellano, viernes, 20 de octubre de 1933) y se daba carpetazo a la polémica acerca de su construcción y emplazamiento.

VÍCTOR GIRONA HERNÁNDEZ / TOLEDO
Día 18/08/2014 - 14.29h
http://www.abc.es/toledo/ciudad/20140810/abci-nuevo-puente-alcantara-curiosa-201408101900.html

Las posesiones medievales del Arzobispo de Toledo (I)

La historia y evolución del patrimonio de la Mesa Arzobispal se inicia con la dote fundacional de 1086 que Alfonso VI da a la Iglesia de Toledo.

Un nutrido grupo de las poblaciones que recibe ahora (Almonacid y Brihuega) y a partir de este momento, alcanzarán el rango de villa en la segunda mitad del siglo XII y principalmente en la primera del XIII".

Durante el siglo xii, coincidiendo con una segunda fase de repoblación se incorporan Alcalá (1129), Relinchón (1146, con fuero de 1171 ), Esquivias (1188 ) y Talamanca (1188 ).

La nómina de villas conoce un interesante incremento durante el siglo XIII, consecuencia de la estabilidad de la cuenca del Tajo, definitivamente alejada de la línea de frontera. En la época de Rodrigo Jiménez de Rada, y al sur del Tajo, se incorporan el castillo de Bogas (1211 , en cuyas inmediaciones se formará Villanueva de Bogas), Yepes (adquisiciones entre 1213-1215), La Guardia (entre 1213 y 1218), Lillo y El Romeral (1228).

En 1214 se confirma el testamento de Alfonso VIII mediante el cuala la Mesa Arzobispal se incorporan Torrijos  y parte de Esquivias, poblaciones al Norte del Tajo. A ellas se suma Añover en 1243 .



Los años centrales del siglo XIII conocen las donaciones de Alfonso XI a su hermano el arzobispo D. Sancho el Electo (1250-1261) en el entorno de Alcalá de Henares y Brihuega: Uceda  en 1252 (una de sus aldeas, Torrelaguna será villa desde 1390 ) y Fuentes e Hita en 1255.

Queda así constituido el señorío del arzobispo de Toledo a mediados del siglo XIII. 

No conocerá importantes modificaciones hasta el último cuarto del siglo xiv, con la llegada de la dinastía Trastámara. El arzobispo será uno de los beneficiarios de las mercedes enriqueñas. En 1369 recibe Talavera  illescas y Azaña . 

El interés por la región talaverana y su conexión con Guadalupe explica la fundación por parte de Pedro Tenorio de la Villafranca de la Puente del Arzobispo (1390) \ en el territorio de Alcolea, propiedad del arzobispo desde 1086. 

Al mismo Pedro Tenorio se debe la incorporación de las villas de Alcolea de Torote (hoy desaparecida) y Utrilla . 

En esta segunda mitad del siglo xiv se tiene la primera constancia de la pertenencia de Santorcaz al arzobispo de Toledo, aunque se desconoce cuándo la villa se incorpora a la Mesa arzobispal .Esta nómina de villas, junto con aldeas y lugares, es la que se reitera en documentos del siglo xv 2*. se mantiene hasta 1574, en que la Bula de Gregorio XIII faculta a Felipe II para la enajenación y venta de los bienes del arzobispo de Toledo .

Este mapa de las villas de la mesa arzobispal responde a un estudiado control del territorio, que en primera instancia se apoya en el trazado de las vías de comunicación. Son fundamentalmente las que marcan los cauces fluviales de la Cuenca del Tajo, las conexiones de Toledo con Alcalá de Henares y Madrid, y la ruta hacia Andalucía, primero por el Puerto del Milagro, luego por el Muradal.

El primer periodo en la formación de las villas del arzobispo coincide con el control de la frontera con Al-Andalus. Se puede acotar entre 1086 y 1212, con el hito intermedio de la conquista de Cuenca en 1177. Progresivamente el control del territorio va alterando sus coordenadas, adaptándose al reparto de poder territorial en la Corona de Castilla, y a las  fronteras con los reinos cristianos vecinos (Portugal, Aragón, Navarra).

Este proceso es inmediato a la fecha de 1212, y se manifiesta especialmente a lo largo del siglo xiii. Responde a la política repobladora iniciada desde finales del siglo xi, y que conoce su momento más destacado durante el XIII, principalmente con el arzobispo Rodrigo Jiménez de Rada.

Esta actividad implica la promulgación de fueros y el establecimiento de mecanismos garantes de protección y defensa para las villas . El orden interno de Castilla en estas fechas supone el auge de las órdenes militares y de los concejos (poderes que habían irrumpido en el mapa a partir de la segunda mitad del siglo XII); pero también la supremacía de la  iglesia toledana sobre ellos. 

En este sentido, el apoyo de la monarquía al primado de Toledo es decisivo. Permite el afianzamiento del arzobispo en el territorio, donde sus villas son enclaves estratégicos. Belinchón, Yepes, La Guardia, Añover, Fuentes se sitúan cercanos a núcleos de la Orden de Santiago (Ocaña y Uclés) o de Calatrava (Ciruelos, Aceca, Zorita). Incluso villas como Brihuega, Fuentes, Utrllla o Huete (durante su esporádica pertenencia) tienen una posición privilegiada en el mapa de la archidiócesis, entre los Obispados de Sigüenza y Cuenca.

Este apoyo de la Corona posee un destacado componente económico y social (como el impulso a las ferias de Alcalá de Henares y Brihuega) que propicia el desarrollo de las villas, y las acometidas de embellecimiento y ampliación. La estabilidad iniciada en 1177 (conquista de Cuenca) contribuye a esta prosperidad urbana.

Por otra parte, Castilla conoce desde los últimos años del siglo xiii una inestabilidad política que se traduce en enfrentamientos internos. Este marco concede al arzobispo y a sus villas un papel relevante en el desarrollo de los acontecimientos: conflictos dinásticos, como el enfrentamiento entre Alfonso X y su hijo Sancho (fines del siglo xiii), las minorías de principios del xiv, el advenimiento de los Trastámara (último tercio del xiv) y la guerra civil que ocupa el siglo xv, hasta la llegada al trono de Isabel la Católica. 

Un último punto de interés es el de la posición de la Corona castellana en el mapa peninsular cristiano. Las villas del arzobispo en las fronteras de Portugal y de Aragón tienen más de una ocasión para comprobar el valor de su posición estratégica. 

La línea Alcalá de Henares - Brihuega hacia la frontera con el Reino de Aragón, tiene su máximo valor de avanzadilla en el siglo xiii (momento en que la Iglesia de Toledo se expande a costa de la Orden de Calatrava) y en los años centrales del xv. Pedro Tenorio posee un papel destacado en la consolidación de esta zona (al incorporar Utrilla y Almaluez) en la segunda mitad del siglo xiv; el mismo momento en que los conflictos con Portugal explican que dicho arzobispo controle las posiciones de Talavera y la Villafranca de la Puente del Arzobispo.



Este trasfondo histórico permite abordar la evolución tipológica de las villas del arzobispo entre los siglos xi y xv, y en primera instancia la arquitectura militar y de delimitación espacial ^^, como elemento característico de la ciudad medieval.

Pueden establecerse a priori dos fases. A un primer momento, que transcurre hasta mediados del siglo xiv, corresponde la configuración espacial de las villas del arzobispo.

Los fueros de fines del xii y principios del XIII pautan el plan director del desarrollo urbano de las villas, caracterizadas por la presencia de tres constantes, iglesia, fortaleza y muralla urbana.

Sin embargo, estas villas están determinadas por la herencia del sistema de administración espacial islámico. Tienen su origen en un lugar fortificado de mayor o menor envergadura, en ocasiones un castillo, obra islámica o preislámica, que el arzobispo se reserva para sí (Brihuega,

 Alcalá la Vieja, Yepes). Esta misma herencia explica que la iglesia ocupe el solar de la mezquita o la transforme, ilustrando la restitución del credo cristiano (Talamanca). Sólo la cerca urbana responde a una creación cristiana.

Un segundo momento (segunda mitad del siglo xiv y siglo xv) se caracteriza por la formación de nuevas villas, e incluso la transformación de las ya existentes.

Algunas villas surgen por la recuperación de un núcleo despoblado o de un castillo abandonado (Villanueva de Bogas junto a Bogas, Villafranca del Arzobispo en el territorio de Alcolea). Más frecuente es que una aldea alcance el rango superior de villa, como sucede en el Adelantamiento de
Cazorla, donde una mayor estabilidad permite la consolidación urbana (Villanueva del Arzobispo, La Iruela). Esto sucede también en el entorno del Tajo (Torrelaguna, Torrijos, Lillo, El Romeral).

Estas dos fases en la formación de las villas se reflejan en la evolución formal y conceptual del castillo (o fortificación) y de la cerca urbana, así como en las relaciones entre ambas.

Los castillos que entre los siglos xi y xiii recibe el arzobispo mantienen, en un primer momento, la función de control del territorio y defensa que poseían durante el dominio islámico.

El arzobispo recibe castillos de situación crucial, desde la propia dote fundacional de 1086 (Almonacid, Alcolea, Brihuega), a los que se suman, a partir del hito histórico de la conquista de Aurelia en 1139, otros como Bolobras (1142), Canales (1143), Belinchón, Calatrava, San Servando (1175).

Significativa debe ser la cantidad y calidad de los castillos de la Iglesia, y su distribución en el mapa, cuando en 1204, Alfonso VIII hace público que todos los castillos episcopales del reino lo son, en última instancia, de su hijo y sucesores, por cuanto su fin es el de servir a la Corona de Castilla .

Pero no todos estos castillos conocen idéntica evolución. El arzobispo ya se había desentendido de algunos durante la segunda mitad del siglo XII (Bolobras, Ribas, Calatrava). El proceso de transferencias es especialmente significativo con D. Rodrigo Jiménez de Rada, quien se desprende
de Pulgar y los castillos del entorno del Puerto del Milagro. 

Estos enclaves han perdido su valor estratégico respecto de la frontera con Al-Andalus, pero también respecto de la conformación interna del reino de Castilla. Otros castillos se mantienen como tales, con una exclusiva función militar (Alcalá la Vieja, Almonacid) o decaen (Alamín, Alcolea) hasta el
despoblado y el abandono.

Otro nutrido grupo, entre la segunda mitad del xii y principios del XIIIi, mantiene su valor estratégico y es el origen de las villas más antiguas del arzobispo (Belinchón, Brihuega, Alcalá) .El núcleo defensivo heredado puede ser de cierta entidad (Alcalá) oen ocasiones una alquería, con un recinto de mayor o menor envergadura(Yepes , Brihuega ). 

En cualquier caso, es significativo que dicho núcleo se identifique con el arzobispo, como señor de la villa. En ocasiones el primado recibe esta propiedad islámica a través de una fase de propiedad real, lo que enfatiza el valor de la arquitectura recibida y su significado (Brihuega, y tardíamente en el XIV Talavera).

El arzobispo toma una arquitectura militar heredada, a la que auna una función institucional e incluso, en ocasiones, residencial. Este modelo funcional es el que el arzobispo llega a reproducir en construcciones de nueva planta, como el alcázar de lllescas o el Palacio de Alcalá de Henares. Sin embargo el modelo no perdura hasta el fin de la Edad Media. Durante el siglo xv las obras de nueva planta estarán más próximas a la tipología de casa fuerte (palacios de Yepes y Talamanca, nuevas construcciones de La Guardia), determinada por la adaptación a la vida urbana.

Tanto el valor defensivo como institucional del castillo explica las iniciativas de los reyes castellanos por arrebatar los castillos al arzobispo, o lo que es lo mismo, de apropiarse de su señorío, en momentos de conflictos de poder entre la corona y la mitra. Al arzobispo Tenorio le retienen varios castillos (Uceda, Talavera, Alcalá la Vieja, La Guardia... ), que sólo le serán restituidos por decisión papal en 1393. Los procesos de reconstrucción del sistema militar de la mitra toledana, como el de Pedro Tenorio a fines del VIV,confirman la vigencia —y necesidad— de la función defensiva.

MAGDALENA MERLOS 
revistas.uned.es/index.php/ETFVII/article/download/2363/2236

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viernes, 5 de junio de 2015

La dificil convivencia religiosa en la Taifa de Toledo

Durante mucho tiempo, se afirmó, supongo que interesadamente, que la convivencia religiosa durante los siglos medievales en España fue estupenda, y que durante los siglos de la Reconquista se fueron generando entre las distintas religiones unas magníficas relaciones sociales, un intercambio intercultural, y no sé cuantas cosas más llenas de colorido y buen rollo. 

El centro de aquel paradigma y modelo de convivencia plural lo formaba la llamada Escuela de Traductores de Toledo, donde se supone que musulmanes, cristianos y judíos, con unos valores civilizadísimos convivían intercambiando libros de Aristóteles, Platón y Avicena a la par que comían juntos unos boquerones en vinagre y bebían hidromiel (la bebida de la época).



Nada más lejos de la realidad.

La tal escuela no existió nunca, los matrimonios nunca fueron mixtos, y eran raros los sujetos de distintas religiones que comían y bebían con gente de otra religión, excepto que estuvieran dispuestos a pecar con los alimentos impuros del supuesto amigo. El intercambio cultural tuvo que ver más con las compras y ventas de los mercados, y con determinadas élites cultivadas, que con más curiosidad que violencia, se acercaron al “extraño” para saber de sus lecturas y textos.

La convivencia consistía más en soportarse, agredirse y ningunearse, que en hermanarse y cazar juntos. Nos encantaría bajo el buenismo sociológico del zapaterismo haber sido la cuna de la Alianza de Civilizaciones que proclamaba, pero la verdad es que tal modelo utópico nunca existió como tal, y es bastante difícil, dada la naturaleza humana, que la convivencia multicultural sea posible.

Mapa de Toledo en 1080. 1. Judíos. 2. Palacio Real, 3. Barrio musulmán antequeruela; g. Puerta de la Bisagra; a. Gran Mezquita; h. casa de los Falsafa (ver novela)

En el siglo XI las comunidades religiosas no se relacionaban entre sí más que de manera circunstancial. Los judíos vivían aislados en sus aljamas (barrios), dentro de las mismas ciudades. 

Ese aislamiento no era igual que lo que vimos en el ghetto de Varsovia durante la Segunda Guerra Mundial (encierro y exterminio obligatorio), pero sí se parece a algunos barrios actuales de ciudades como Londres, París o Nueva York. 

Deambular por sus calles es cambiar de mundo, es aterrizar en un planeta distinto, y en verdad lo es. El multiculturalismo se agrupa en barrios y se aísla para protegerse. Igual que ayer: barrios y ghetos.

Las aljamas de antaño contaban con puertas para entrar, empalizadas (como todas las ciudades y pueblos medievales) y recintos cerrados dentro de las mismas ciudades. En una ciudad como Toledo deambular por ella no era fácil. 



Desde la puerta de entrada a la capital de la taifa – actual puerta de la Bisagra (Bab Sagra – hasta llegar al barrio judío se podían atravesar y cruzar varios de estos portones. Por eso tenían su entrada y salida de la muralla principal quinientos metros hacia el Tajo. Las puertas de la ciudad, las interiores y las exteriores, se cerraban por la noche para evitar asaltos de los vecinos de otros barrios.

Sabemos con certeza que en Toledo y en el siglo XI la convivencia entre cristianos mozárabes y musulmanes estuvo plagada de incidentes y levantamientos. Estos cristianos residuales y resistentes que no se habían convertido al Islam y mantenían la fe desde la época visigótica eran todavía numerosos en Toledo. 

Teóricamente tenían sus iglesias y debían ser respetados, pero en la práctica muchos de sus templos fueron convertidos en mezquitas en el mismo siglo de la conquista de la ciudad por Alfonso VI (1085). No eran extraños los saqueos de casas mozárabes, con agresiones cometidas por turbas crecidas por su mayor número y fuerza que creaban matanzas y levantamientos cada poco tiempo. Supongo que algo parecido sucede hoy en Siria o en otros lugares del Islam donde las minorías cristiano-orientales son perseguidas “de facto”, esclavizadas o simplemente desterradas o expulsadas, cuando no asesinadas. Llevan allí mil quinientos años, pero da igual. Las minorías no tienen demasiados derechos cuando las masas arremeten.

También hay que decir que esas mezquitas volvieron a ser iglesias cristianas con la conquista del rey. La mayoría manda la cultura en antropología. También se acordó en la rendición que la Gran Mezquita siguiera siendo musulmana, pero en cuanto se largó el rey de la ciudad de Toledo, la reina presionó para que el obispo la sacralizara y la convirtiera en Catedral. Viva la convivencia.

Los mozárabes que se sintieron violentados por los musulmanes más fanatizados de la ciudad en tiempos de al-Qadí, esperaron la llegada de sus hermanos de fe cristiana como agua de mayo. Ciertamente habían visto durante décadas como los vecinos musulmanes del barrio de la Antequeruela habían atacado y quemado sus casas y viviendas. De hecho, el propio Al-Mamún, gobernante musulmán de la taifa toledana se las vio y se las deseó para mantener el orden entre sus muros. 

La caída de la ciudad en el año 1085 se debió a la petición que hizo al rey Alfonso VI para que le ayudara a sofocar las revueltas, pues se veía incapaz de mantener el orden público. Detrás de esas revueltas seguro que hubo intereses nefandos y codiciosos, de otras taifas y con las luchas intestinas tan nuestras por el poder, pero que duda cabe que el ambiente no era idílico para vivir.

Cuando llegaron los castellanos (muchos) y leoneses (pocos), los mozárabes fueron ninguneados y sometidos litúrgicamente a los rituales latinos que imponía el Rey siguiendo las costumbres más modernas de la época. Se permitió, por ser casi toda la población de Toledo mozárabe, que continuaran con sus rituales e iglesias. Eso sí, tuvieron que soportar que el rey nombrara a un obispo latino y no mozárabe, y quitara al obispo mozárabe, cuyo nombre era, si mal no recuerdo Pascual. Si así trataban a los propios de religión, que no harían con las demás religiones. Estopa y guante de seda cuando conviniera. 

En cuestiones de convivencia las minorías siempre han tenido las de perder: mozárabes primero, judíos después, mudéjares… Todos han ido desfilando por nuestro suelo patrio entre pedradas del pueblo (un término idolatrado por los jacobinos y los marxistas) y el destierro más cruel.

¿Podemos justificar lo que sucedía? No del todo pero es verdad que la realidad multicultural de una ciudad como Toledo, en tiempos de al-Qadí, el último dirigente musulmán antes de Alfonso VI, era una bomba de relojería.

Coexistían cuatro etnias principales distintas con variantes dialectales cada una: mozárabes (cristianos de costumbres arabizadas y lengua propia), musulmanes (de procedencias distintas según se extiende el islam), judíos (que hablaban árabe), y cristianos de otros reinos del norte (que hablaban castellano, leonés, aragonés, catalán o gallego a saber). 

Cada una de estas culturas empleaba además una lengua escrita según la ocasión, y así escribían y leían en latín (los cristianos del norte y litúrgicamente para los mozárabes), árabe coránico o culto (para la lectura del Corán), y hebreo (para la lectura de la Torá y los Midrás judíos). Comían y arreglaban sus alimentos de manera diferente, tenían costumbres matrimoniales distintas, y celebraban rituales extraños para los demás.

 Decir que fueron un modelo de convivencia es una broma de mal gusto para los que vivieron entonces. Me imagino si pudiera hablar con Cipriano el Falsafa lo que me diría: Si nuestros tiempos son idílicos es que la convivencia y el ser humano han empeorado bastante.

Y quizás no le falte razón.

https://topitocava.wordpress.com/?s=toledo

Plaza de Santa Clara, Toledo

Escultura de Santa Clara de Kalato en la plaza del convento toledanoEsta plaza recibe su nombre del convento ubicado en ella, el convento de clausura de Santa Clara. 

Esta congregación se funda en Toledo en 1250, era, en origen, un corral con única entrada, flanqueada por el picadero del marqués de Malpica, cuyo antepasado, Per Afán de Ribera, poseyó incluso, el solar de la plazuela que cedió a las monjas en 1397. 

La brisa porta los recuerdos de vecinos tan antiguos como Diego Alfón, caballero toledano dueño de casas grandes antes de 1292 y cuyo nieto fue alcalde mayor de Toledo y cuya hermana María Meléndez, casó y enviudó de Suero Téllez de Meneses (sobrino del arzobispo Gutierre Gómez) sin sucesión, por lo que el 12 de marzo de 1369 donó los palacios a la comunidad femenina de Santa María y San Damián.



Mas, un murmullo resentido, me recuerda que ante la puerta del palacio de Diego Alfón celebraron sus juicios los alcaldes toledanos en el siglo XIII, carente el juzgado de local propio y siendo Alfón alcalde mayor. Esta tendría un tejadillo para proteger del sol y la lluvia a litigantes, testigos, juez y escribano.

IMG_20141010_124644Esta Plaza es el centro de un conjunto arquitectónico típico del Renacimiento, compuesto por el Convento de Santa Clara y el Palacio del Marqués de Malpica, de alto valor histórico en Toledo.

El Palacio del Marqués de Malpica y su torre mirador, Convento de Santa Clara y el Cobertizo de Santa Clara y la Calle de Alfileritos, y hacia el norte, la Mezquita del Cristo de la Luz.

El Convento de Santa Clara la Real lo encontramos en la plaza del mismo nombre. En un rincón está la portada medieval de entrada al templo, formado por una serie de construcciones, tanto civiles como religiosas. 

Su origen lo tenemos en el año 1250, cuando estaba en las afueras de la ciudad, pero en 1369, se traslada al lugar actual, unas casas donadas por Doña María Meléndez, esposa del Alguacil Mayor de Toledo,  

A finales de este siglo, ingresan en el convento dos hijas ilegítimas del rey Enrique II de Castilla, Doña Inés y Doña Isabel, a raíz de lo cual se amplía el templo con unas casas mudéjares colindantes y que hoy son la parte más antigua del convento, formada por el claustro de los Naranjos y los salones contiguos. A partir de entonces, las ampliaciones se fueron sucediendo, gracias en parte a sus benefactores, entre los cuales se encontraban la monarquía, los nobles y el clero.

A comienzos del siglo XV, se construye la Iglesia gótica-mudéjar y el claustro de los Laureles, también mudéjar. 


https://josealopezvillarrubia.wordpress.com/2014/10/11/paz-y-bien-plaza-de-santa-clara/
http://www.unaventanadesdemadrid.com/toledo-iv.html
http://www.revistaiberica.com/

jueves, 4 de junio de 2015

El artificio del "Hombre de palo", historia de la desaparición de un Símbolo


Giovanni Torriani, más conocido como Juanelo Turriano, nació en Cremonte (Italia) en 1501. Ingeniero, inventor, astrónomo, relojero de gran importancia, llegó a España en el año de 1529 llamado por el emperador Carlos I de España y V de Alemania para ocupar el puesto de relojero de la Corte.

Busto de Juanelo Turriano

En su etapa como relojero del emperador, construyó el famosoCristalino, un reloj astrológico que era capaz de conocer la posición de los astros en cada momento.

Su fama fue tal que acompañó a Carlos V hasta su muerte en Yuste.

Al fallecimiento del emperador, Turriano pasó a formar parte del servicio de la corte de Felipe II, el cual le nombró Matemático Mayor. Para él construyó la mayor parte de sus ingenios y numerosos autómatas.



Pero su gran obra fue la construcción de un ingenio hidráulico que permitía subir las aguas desde el río Tajo hasta los depósitos ubicados debajo el Alcázar toledano. En 1565 el Marqués de Vano encargó la obra a Juanelo Turriano que sería conocida como el “Artificio de Juanelo”. En algo menos de tres años, la construcción de la gran obra hidráulica estaba finalizada y funcionando a la perfección. Pero la construcción de este ingenio fue el principio de la decadencia del artista. Los costes que tuvo que asumir no fueron remunerados por los responsables y contratistas de la obra, sumiendo a Juanelo Turriano en la ruina.

Esquema de la estructura del artificio de Juanelo. 

Cuenta la leyenda que estando en la más absoluta indigencia, el inventor diseñó un autómata de madera que recorría las calles de Toledo mendigando limosna y comida.

Juanelo Turriano falleció el 13 de junio de 1585, dejando tras de sí un legado que ha permanecido en la memoria de todos. Una de las más famosas calles de Toledo está dedicada al inventor, la calle del Hombre de Palo.

Este inmenso “acueducto” que por medio de una serie de cucharas entrelazadas subían las aguas del Tajo al Alcázar, estuvo en funcionamiento hasta mediado el siglo XVII, hasta 1640 que fue desmantelado y sus ruinas postradas al olvido.

Pero fue durante el siglo XIX cuando volvió a tomar un valor importante entre los intelectuales románticos que veían en el artificio una ruina poética, evocadora y de ensueño de un pasado lleno de gloria y grandeza.

Imagen con el Artificio de Juanelo elevándose desde el Tajo hasta el Alcázar.

Ruinas del Artificio de Juanelo. en Recuerdos y Bellezas de España. F.J. Parcerisa.

De ahí que volviera a revalorizarse las ruinas del artificio y al autor del mismo.

La entidad encargada de la custodia de los monumentos, la Comisión Provincial de Monumentos de Toledo, trató de recuperar y restaurar la obra, pero sus esfuerzos fueron en vano.

El entonces ayuntamiento de la localidad decidió demoler las ruinas que quedaban rompiendo con ello ese espacio de memoria y de ensueño tan anhelado y valorado por viajeros e intelectuales. En su lugar se construyó la Casa Elevadora de Aguas.

Hoy también en ruinas, pudiendo verse éstas al atravesar el Puente de Alcántara, cerca del espacio donde antaño estuvo el Artificio.

Postal con la Casa Elevadora de Aguas aún en buen estado de conservación. Fuente: todocolección.

Pero su recuerdo no se diluyó y hasta hoy, el lugar que ocupó el artificio de Juanelo sigue siendo un reclamo para amantes de la historia, del arte, curiosos…, que recrean con su imaginación la magnificencia de uno de los ingenios hidráulicos más importantes del siglo XVI español.

Actualmente la Fundación Juanelo Turriano,www.juaneloturriano.com , está llevando a cabo las excavaciones que permitirán conocer más detenidamente esta gran obra de ingeniería.

Adjunto dos interesantes enlaces para conocer mejor el Artificio del Hombre de Palo.

http://www.artificiodejuanelo.org/

http://loslugarestienenmemoria.blogspot.com.es/2011/06/el-artificio-del-hombre-de-palo.html

El Señorio Medieval del Ayuntamiento de Toledo

SEÑORIO MUNICIPAL DEL AYUNTAMIENTO DE TOLEDO 

Es el más antiguo de los señoríos y el que da fundamento histórico de la comarca; se creó, como apuntábamos en el apartado anterior, por la venta que preduó el rey Fernando VI al concejo toledano en 1.246.

El territorio fue dividido administrativamente por Toledo en siete cuadrillas, que agrupaban poblados, aldeas o alquerías.

Se las conocía por el nombre del poblado principal o el mejor situado estratégicamente y fueron: El Milagro, Estena, El Hornillo, Arroba, Las Ventas, San Pablo y Herrera.



La cuadrilla de El Milagro comprendía el lugar de Los yébenes de la parte y barrio de Toledo, el lugar de Marjaliza, El Molinillo y Retuerta y las alquerías de Hontanarejuelo del Bullaque, Los Ojuelos, Avecedilla, La Poblachuela, Las Canteras, Acebrón, Alboher, Ventas del Puerto del Milagro, La Tiesa y Navalta.

La cuadrilla de Estena comprendía los lugares de Navas de Estena y Horcajo, las alquerías de El Rubial Valeruelo, Las Navas del Potrico, Garbanzuelo, Las Peralosas de Abajo y de Arriba, Valhermoso, El Candilejo, Río Frío de Arriba y Abajo, el Avellanar, Las Hiruelas, El Gualí y el lugar del Hornillo, que con su territorio quedó incluido en esta cuadrilla

La cuadrilla de Arroba la comprendían los lugares de Arroba, Hontanarejo, Navalpino, Alcoha y sus anejos de Oreganal, Rostro, Cadozos, Labradillo, Valdongóm~z, La Sanguijuela, Navasdaceite, La Pavorosa, Valdehornos de Arriba y de Abajo, Avellanarejo y el plamoso.

La cuadrilla de Las Ventas comprendía los lugares de Las V entas con Peña Aguilera y Pulgar.

La cuadrilla de San Pablo, el lugar de San Pablo y las alquerías de Las Zuardillas, el Avellanar y Robledillo.

La cuadrilla de Herrera, los lugares de Navahermosa, Hontanar, Navalmoral de la parte de Toledo, Navalucillos de la parte de Toledo y las alquerías de Malamoneda, Los Caravalles, Navajata, Malamonedilla, Navaltorno, Almadanejo, El Azorejo y Horcajuelo. Medía este territorio 1.523.000 fanegas de tierras, tanto cultivadas como yermas.

A sus habitantes se les impuso un gravamen llamado el "dozavo", consistente en pagar a Toledo la doceava parte del producto de la tierra, ganados, colmenas, etc., por cada vecino. Si a este "impuesto" sumamos el diezmo que se debía pagar a la Iglesia, las economías de los monteños quedaban muy gravadas, como lo demuestran sus protestas y constantes pleitos con el Ayuntamiento de Toledo, desde los, siglos XIV al XVII.

La ciudad les dio ordenanzas y les dotó de un cuerpo jurídico propio, administrado por un juez especial llamado Fiel del Juzgado. Cada lugar tenía su Ayuntamiento formado por alcaldes ordinarios, alcaldes de la Hermandad, regidores, personero del común o representante de varias entidades pobladas y más tarde, síndico.

Los cargos eran elegidos en concejo abierto, bajo un árbol en la plaza, en el atrio de la iglesia o en su interior, institución totalmente democrática en 'la que participaban en igualdad de derechos todos los habitantes de cada poblado. Toledo confirmaba a los elegidos anualmente.

 Las Ordenanzas que imponía el ayuntamiento toledano eran contestadas mediante pleitos, que finalizaban por lo general tras un acuerdo de rectificación por ambas partes, llamado concordia. Eran usuales los enfrentamientos entre labradores y ganaderos, unos en razón de roturación de tierras y otros por la conservación de los pastos.

En el siglo XVIII, el número de pueblos sometidos al dominio y autoridad toledana en la comarca son 16; más los que hoy se encuentran en territorio de Ciudad· Real suman 23, de los 35 que pertenecieron a la jurisdicción de Toledo. A finales de esta centuria, en 1.791, pretenden los pueblos del señorío convertirse en villas, independizándose de Toledo.

En 1.814, al amparo de la Constitución de Cadiz, varios pueblos firman un documento ofreciendo comprar su libertad, devolviendo a Toledo la cantidad que había pagado a Fernando III. Por fin lo consiguen en 1.855 desvinculándose de la ciudad, alcanzando así la independencia municipal, tan deseada.

Ventura Leblic García y Pilar Tormo Martín de Vidales 

Fuente: http://www.realac ademiatoledo.es/files/temastoledanos/12.%20Panorama%20de%20una%20comarca.%20Los%20Montes%20de%20Toledo,%20por%20Ventura%20Leblic%20y%20Pilar%20Tormo.pdf

miércoles, 3 de junio de 2015

La Tarasca de Toledo, el Mito y el Rito

La Tarasca como mito está ligada a la leyenda provenzal del siglo XI, quizá anterior, relacionada con la devoción a Santa Marta. 

La tarasca, en francés, la tarasque, pronunciado taRask, es una especie de dragón monstruoso cuyos orígenes podrían remontarse a la mitología celta. 

Durante la Edad media, alcanza gran popularidad una leyenda sobre la tarasca y santa Marta en la región francesa de Provenza, que se recoge en La leyenda Dorada de Jacobo de Vorágine y que aparece citada en un libro titulado La Leyenda Dorada (1264), cuyo autor es el monje dominico Santiago de la Voragine: La Tarasca vivía en un pantano próximo a la ciudad de Tarascón, en Francia.

El animal causaba muchos daños y pérdidas humanas, de forma que un grupo de lugareños decidieron matarlo. La Santa pasaba por el lugar cuando el animal iba a dar fin de los cazadores, así que apaciguó al animal y cabalgó sobre él demostrando a todos que había dejado de ser peligroso. De ésta forma ocurrió el milagro. 

La confusión ha surgido puesto que en España también hay un pueblo llamado Tarascón, además de otro de nombre Tarancón. Las tradiciones sobre la Tarasca española parecen ser posteriores, del siglo XIV más o menos, y con ciertos añadidos poco

Los españoles llevaron la tradición a América donde se unió a leyendas locales sobre seres similares y se fundió con el nombre de la cultura de los indios tarascos(sw ignora el origen del nombre) de México dando lugar a confusiones y pistas falsas

LEYENDA EN FRANCIA

Al dispersarse los discípulos de Cristo después de la Ascensión de su Maestro al cielo, Marta, María Magdalena, san Maximino –que las había bautizado y estaba encargado por el Espíritu Santo de velar por ellas–, Lázaro su hermano y muchas otras personas más, por orden de los infieles embarcaron en un navío desprovisto de remos, velas, timón, de cualquier instrumento que pudiera servir para gobernarlo, y de alimentos para sustentarse; y a bordo del mismo, conducido milagrosamente por Dios, arribaron a Marsella, donde desembarcaron; poco después se trasladaron a Aix y convirtieron a la fe de Cristo a los habitantes de la región.

Marta era una mujer decidida y muy elocuente. En un bosque situado en las proximidades del Ródano entre Arlés y Aviñón había por aquel tiempo un dragón cuyo cuerpo más grueso que el de un buey y más largo que el de un caballo, era una mezcla de animal terrestre y de pez; sus costados estaban provistos de corazas y su boca de dientes cortantes como espadas y afilados como cuernos. Esta fiera descomunal a veces salía de la selva, se sumergía en el río, volcaba las embarcaciones y mataba a cuantos en ellas navegaban. 

Se tenía por cierto que el espantoso monstruo había sido engendrado por Leviatán y por una fiera llamada onaco u onagro, especie de asno salvaje propio de la región de Galacia, y que desde este país asiático había venido nadando por el mar hasta el Ródano, y llegado a través del susodicho río al lugar donde entonces se encontraba. Se decía también que este dragón, si se sentía acosado, lanzaba sus propios excrementos contra sus perseguidores en tanta abundancia que podía dejar cubierta con sus heces una superficie de una yugada; y con tanta fuerza y velocidad como la que lleva la flecha al salir del arco; y tan calientes que quemaban como el fuego y reducían a cenizas cualquier cosa que fuera alcanzada por ellos.

Marta, atendiendo a los ruegos de las gentes de la comarca, y dispuesta a librarlas definitivamente de los riesgos que corrían, se fue en busca de la descomunal bestia; en el bosque la hallo, devorando a un hombre; se acercó la santa, la roció con agua bendita y le mostró una cruz. La terrible fiera, al ver la señal de la cruz y al sentir el contacto del agua bendita, se tornó de repente mansa como un cordero. Entonces Marta se acercó y le pasó por el cuello cíngulo de su túnica y, usando el ceñidor a modo de ramal, la sacó de entre la espesura del bosque, la condujo a un lugar despejado, y allí los hombres de la comarca la alancearon y mataron a pedradas.

Hasta entonces la zona aquella en que el monstruo se escondía, por lo sombrío y tenebroso del paraje, se llamaba Nerluc, que quiere decir lago negro; pero a partir de la captura y muerte del dragón, al que la gente designaba con el nombre de Tarascón, en recuerdo de la desaparecida fiera comenzó a llamar Tarascón a lo que antes había llamado Nerluc.

Esta leyenda denota la popularidad que alcanzó la tarasca durante la Edad Media en Provenza, pero habría que analizar esto con más profundidad. Un buen indicio a seguir son los topónimos, de los que conozco dos que podrían estar relacionados con esta criatura: –Tharaux y, claro está, Tarascoun (Tarascón)–, aunque hay que tener muchísimo cuidado con esto, que por ahí cerca estaba Tarraco y la Tarraconensis, cuyas etimologías no terminan de estar claras.

A pesar de que la Iglesia había establecido una normativa sobre la procesión del Chorpus Cristi (al parecer, tengo que cotejarlo, desde el concilio de Vienne de 1311 presidido por el papa Clemente V), en cada localidad se adaptaba al folclore y gusto particular. No sé si ya por entonces la tarasque formaba parte de las procesiones de Provenza, pero lo que sí está documentado es que en el año 1474, el rey francés René d’Anjou institucionaliza su presencia con los llamados Chevaliers de la tarasque.

La tarasca y don Quijote

A medida que los autos sacramentales fueron siendo cada vez más alegóricos, las tarascas se fueron incorporando a varias procesiones del Corpus francesas, italianas y españolas: unas fiestas que, a lo largo del siglo XVI, se fueron enriqueciendo con dramaturgias alegóricas que cada tenían menos de religioso y más de folclórico. Es difícil reconstruir cómo se fue expandiendo esta incorporación de la tarasca a las fiestas de Semana Santa, pero es probable que fuera gracias a las compañías itinerantes de actores que iban de pueblo en pueblo representando estas obras. Don Quijote se cruza con una de estas compañías y, como es habitual, el caballero de la triste figura sale malparado.

LA TARASCA TOLEDO

Así narraba J. Moraleda y Esteban en 1894 en su obra “Fiestas Toledanas” tan curioso desfile:

“De antiguo, en Toledo y en otras poblaciones, viene la costumbre de utilizar para todo festejo público las enormes figuras de pasta y telas nominadas gigantones, gigantillas y tarasca. 

Los que en nuestra ciudad existían eran todas figuras alegóricas de escaso mérito artístico, por lo que se substituyeron en 1755 con los que hoy se conservan, que representan, los mayores, las cuatro partes del mundo ofreciendo al Creador los frutos de los respectivos países, y el Cid Rui Díaz; los dos más pequeños, de cabeza voluminosa, dos bufones, y la bestia del Apocalipsis –vulgo tarasca- con una dama en el lomo, a la que el pueblo llama Ana Bolena.”

En 2009 se han restaurado varios gigantones que desfilarán durante las fiestas del Corpus por las calles de Toledo, pero sin duda alguna el personaje más interesante y que despierta la curiosidad en los mayores y el pavor en los más pequeños es “La Tarasca”, ser mitológico de probable procedencia provenzal, como narra la leyenda de esta zona de la actual Francia.

En Toledo, este monstruo tiene “cuerpo de galápago, alas de vampiro y cabeza de serpiente, que desprende humo por la nariz”. Rodriguez Bausá, en su “Toledo insólito” (Ed. Bremen, 2003), afirma que “desconocemos cuando apareció por vez primera este monstruo en la procesión, porque lo que parece claro es que, cuando el Papa Urbano IV promulga la Bula Transiturus, por la que se instituye la fiesta del Corpus, no existía en Toledo esta imagen.”

Según Caro Baroja la tarasca representa la herejía vencida por la fe, siendo como una bestia del Apocalipsis con Ana Bolena en forma de muñeca inquieta montada encima, por ser esta mujer impulsora del cisma anglicano entre Enrique VIII y los católicos. A esta figura se la conoce como “tarasquilla”, y es una clara alusión a sentimientos que deben ser desechados como la avaricia y el orgullo

Carlos Pascual, en su magnífica “Guía Secreta de Toledo” (Al-Borak, 1976), afirma que “hasta no hace muchos años había una señora que mostraba la Tarasca en la Catedral, donde se guardaba hasta hace no mucho. Estaba encerrada en una habitación con los gigantes y cabezudos.

 El monstruo, sigue Pascual, desfilaba durante la procesión del Corpus asustando a los chicos y divirtiendo a los grandes. Mediante un resorte, abría sus fauces y agitaba la cabeza, mientras en su lomo rugoso giraba una muñeca desmelenada que la gente llamaba Ana Bolena. Un viajero francés del XVII, A. Brunel, la escribir sobre los muñecos y monstruos que desfilaban en los cortejos religiosos en España, decía del de Toledo:

“Me han hablado de otra máquina espantable que rueda ese día; la llaman la Tarasca, del nombre de un bosque que dicen haber habido en otro tiempo en Provenza, en el lugar donde está frente por frente a Beaucaire, a orillas del Ródano, la ciudad de Tarascón. 

Sostienen que era tan enemiga del género humano como la que sedujo a nuestros primeros padres en el Paraíso Terrenal, a la que los antiguos llamaron Behemont. Cuenta que Santa Marta la venció, sujetándola con su cinturón, por las oraciones continuas que para ello dirigió a Dios”.

Narra también la tradición que cuando los labradores veían este monstruo intentaban a los que la llevaban quitarles la caperuza, de ahí que se acuñara el calificativo de “Tragacaperuzas”.

Hace ya muchos años la Tarasca ocupaba un puesto destacado en el cortejo procesional, ya que lo encabezaba, despertando sentimientos de terror a los asistentes. En el siglo XVIII la Tarasca dejó de desfilar, prohibida, pero poco tiempo después volvió de nuevo a lucir su repugnante cuerpo durante el Corpus.

Hace algunos años tampoco desfilaba, debido a su mal estado de conservación. Fue el consistorio el que se decidió a recuperar esta curiosa tradición creando una copia, que hace pocas semanas se ha restaurado, junto con sus compañeros de desfile. El día 10 de junio de 2009, a las 19 horas asistimos de nuevo a su desfile por las calles toledanas, haciendo el recorrido de la procesión, eso sí, un día antes.

• Domingo, febrero 20th, 2011
http://www.caminandoporparedes.com/blog/?p=3302

martes, 2 de junio de 2015

El Canto de la Sibila en Toledo.

Hace unos años ha vuelto a Toledo una de sus tradiciones más queridas, hace tiempo demandada por l@s toledan@s.

Se trata de "El Canto de la Sibila", nombrado en 2010 Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.

¿Por qué se llama de la "Sibila"?.

Fotografías del antiguo Canto de la Sibila.

Para dar con la respuesta, tenemos que viajar hasta la mitología clásica.

En ella, encontramos a la Sibila, una profetisa que anunciaba el fin del mundo.

Esta tradición no pasó desapercibida por la Iglesia que utilizó a la Sibila como portavoz del Apocalipsis, el fin del mundo cristiano.



Este canto parece ser de origen visigótico - mozárabe, por lo que se suele situar en el siglo X.

Solía interpretarse durante el día del Nacimiento de Cristo, bien es cierto que se celebró de forma extraordinaria el 15 de mayo de 1550 con la celebración de la concesión del capelo al Arzobispo de Toledo, don Juan Martínez Siliceo.

Fue un auténtico superviviente de la historia y desafió a las más altas esferas eclesiásticas, al ser prohibido en el Concilio de Trento (1545 - 1563).

Pero, lo que no pudo el Concilio, lo hizo la Economía y en 1835 debido a la mala situación económica de la Obra y la Fábrica Catedralicia, el Canto de la Sibila dejó de cantar.

En 2006, coincidiendo con el 450 aniversario de la fundación del Colegio Infantes, se realizó una dramatización de este rito que abría la puerta a una posible vuelta a la Catedral.

Y efectivamente, en diciembre de 2007 la Catedral volvió a sentir en sus muros las voces y las danzas de l@s niñ@s que interpretan El Canto de la Sibila.

La danza. 

Os dejo un esquema de la danza.

Añadir que los movimientos eran a base de saltos y vaivenes.

Como triste anécdota hay que decir que por culpa de estas danzas, en 1481 con ocasión de la visita de los Reyes Católicos para contemplar esta danza, un niño se asomó desde las tribunas del órgano para verlo mejor, con tan mala suerte que se cayó al pavimento, muriendo en el acto.

Cuenta la leyenda que su madre le llevó a la iglesia mozárabe de Santa Eulalia para ponerle debajo de la reliquia del Santo Lignum Crucis con el milagro de que el niño resucitó.

El canto.



Un niño vestido con un túnica, llamado "seise" es el encargado de realizar el papel de Sibila. Va a acompañado de otros dos vestidos de ángeles que portan una espada cada uno.

El seise se sube en un estrado entre los dos coros, junto a la reja del Coro Mayor, junto al púlpito del Evangelio.

Se cantaban estos versos:

Cuantos aquí son juntados, 
Ruegoos por Dios verdadero 
Que digáis del día postrero 
Cuando seremos juzgados. 
Juicio fuerte será dado, y cruel de 
muerte. 
Del cielo de las alturas 
Un Rey vendrá perdurable 
En carne muy espantable 
A juzgar las criaturas. 
Juicio fuerte, etc. 
Trompetas y tonos tristes 
Dirán del alto cielo, 
Levantáos muertos del suelo, 
Recibiréis según hicisteis. 
Juicio fuerte, etc. 
Descubrirse han los pecados 
Sin que ninguno los hable, 
A la pena perdurable 
Serán dados los dañados. 
Juicio fuerte, etc. 
A la Virgen supliquemos 
Que sea en este litigio 
Medianera con su Hijo 
Porque todos nos salvemos. 
Juicio fuerte, etc

En sus anteriores representaciones, la Sibila acompañado de los dos ángeles y dos clerizones con hachas incendiadas se dirigía al Coro.

Delante de éstos, iban el maestro de clerizones, un pertiguero y un guarda del templo. 

Todos entraban por la puerta del Coro izquierdo, pasaban tras el altar de prima, dando la vuelta por ambos coros, para salir a las Sacristías donde se cambiaban.

Una vez realizado este rito, comenzaba la Misa del Gallo.

Fotografías del actual Canto de la Sibila (2010)











¿Sólo se celebra en Toledo?.

No. El testimonio más antiguo de Canto de la Sibila cristianizado es un manuscrito en latín del Monasterio de San Marcial de Limoges (Francia).

En España, el primer testimonio aparece en la Catedral de Córdoba en 960.

Actualmente, las zonas dónde también se representa es en Cataluña, Mallorca (destacando el Monasterio de Lluc y la Catedral de Palma) y Alguer, un pueblo de Cerdeña.

Fuente

http://es.wikipedia.org/wiki/Canto_de_la_Sibila

http://unrio-depalabras.blogspot.com.es/search?updated-min=2011-01-01T00:00:00-08:00&updated-max=2012-01-01T00:00:00-08:00&max-results=30

lunes, 1 de junio de 2015

El Rollo de Justicia de Ocaña

Ocaña es pueblo antiquísimo, acerca de cuya etimología y fundación se ha fantaseado mucho. Su origen es en realidad desconocido; lo cierto es que ya durante casi toda la Edad Media cristiana fué villa con propios términos y jurisdicción plena. Según el Arzobispo D. Rodrigo, Ocaña 

fué uno de los pueblos que hubo en dote Zaida, hija del rey moro de Sevilla, al casar con Alfonso VI, y uno de los que se perdieron después de la batalla de Uclés, que costó la vida al tierno Infante D. Sancho. 

Según otra versión, cuando D. Alfonso ganó a Toledo, halló la tan fortalecida que no se le rindió, sino quince años después, en 1100, y con especialísimo asedio. Alfonso VIII donó a Ocaña a la Orden de Santiago. 



En 1173 pasó a poder de dos caballeros, llamados Pedro Gutiérrez y Tello Pérez, y el documento real en que así se ordena ya la llama villa: Villam illam qua Occania vocatur; el siguiente año 1174 y en 1177 los beneficiados diéronla, en parte, a la Orden de Calatrava; volvió en 1181 a poder de Tello Pérez, y a la muerte de éste, de nuevo a la Orden de Calatrava; pero los caballeros santiaguistas la restituyeron por concierto a la suya, dando una compensación a la de Calatrava, con lo que ya no salió de la Orden del Apóstol, de la que fué muy principal ornamento en Castilla. 

Es, pues, la erección del actual rollo cosa mucho más moderna que la concesión y la confirmación del villazgo y pudo muy bien sustituir a otro más antiguo. 

Carece, por tanto, de todo fundamento la singular especie de que la picota "sin duda es fábrica de romanos", como he visto consignado en cierto manuscrito que se conserva en la Academia de la Historia. 

¿Qué os parece de este rasgo crítico teniendo delante el monumento? 

El rollo estuvo antaño colocado en medio de la Plaza Mayor, y en 1565 se le transportó donde ahora se halla, al principio del camino que de Ocaña conduce a Dos Barrios.

Denotaba la importancia de la villa de Ocaña, ya que éstas columnas de piedra sólo se ubicaban durante la Edad Media en las localidades que tenían plena jurisdicción, indicando además el tipo de administración a la que estaban sometidas. 

Esa jurisdicción propia les daba derecho a los administradores para juzgar y condenar a muerte, es por eso que en estos mismos monumentos, ubicados casi siempre en el corazón de la plaza más importante de la villa, era el lugar donde se llevaban a cabo los ajusticiamientos.

 He ahí la bella silueta de este rollo santiaguista, supervivencia de la época en que Ocaña era como la corte de los Maestres de Santiago. 

Es de piedra caliza y consiste en un haz de ocho columnas, en la parte central de cuyos fustes, al igual que en los capiteles, hay una especie de anillo o grueso collarino exornado con labor de perlas. Sobre este haz descansa un templete calado, cuyos pilarillos y arcos ostentan también la característica labor de perlas. El remate del monumento desapareció y fué sustituido por una cruz de hierro.

Desde 1986 el Rollo Jurisdiccional se ubica frente al Teatro Lope de Vega, aportando si cabe más monumentalidad al conjunto. Sobre un pedestal de cinco escalones se alza el pilar de piedra caliza formado por ocho estilizadas columnas, con decoración de perlas a media altura y en los capiteles. 

En la parte superior se ubica un templete hueco formado por ocho pequeñas columnas, a pesar de estar bastante deteriorado, aún se puede distinguir la recargada ornamentación que un día tuvieron. Corona el conjunto una cruz de hierro mucho más moderna que el resto del monumento.

http://www.ateneodemadrid.net/biblioteca_digital/folletos/Folletos-0009.pdf

Wieland, el Dios de los Herreros Godos

Conocido como el Ícaro germánico, este personaje gozó de extraordinaria celebridad en la Edad Media, y los textos en antiguo francés le llaman Galan. 

La leyenda dice lo siguiente: tres hermanos, Wieland, Egill y Slagfidr, descubren unas mujeres-cisne hilando lino junto a un lago. Se apoderan de sus vestidos de plumas, los esconden y las maravillosas criaturas aceptan casarse con los hermanos porque ya no pueden emprender el vuelo. 

Al cabo de algunos años encuentran de nuevo sus ropas mágicas y desaparecen para siempre. Egill y Slagfidr parten en busca de sus respectivas mujeres, Wieland se queda solo en el Valle de los Lobos y se consagra al arte de la forja. El rey Nidudr le despoja de sus riquezas y, a instancias de su esposa, le hace mutilar. Wieland consigue sin embargo vengarse: mata a los dos hijos de Nidudr y viola a su hija antes de emprender el vuelo con las alas que ha confeccionado.

Según la Saga de Thidrekr, el abuelo de Wieland es el rey Wilcinus y su abuela es una ondina. Su padre es Wate/Vadi, un gigante, y su hijo, Witege. En el Edda, Wieland es llamado «príncipe de los elfos», lo que establece un vínculo con Alfheimr, el mundo de Frey / Enguz.

Se ha propuesto ver en Wieland un pariente del Velchans etrusco, del oseto iraní Wärgon y del Zeus Felchanos cretense. En una tríada que cita César, —Sol, Vulcano, Luna—, tal vez Vulcano corresponda a Wieland, que sin duda es una antigua divinidad goda degradada al rango de héroe. Existen por lo demás turbadores parecidos entre estos personajes y Hefesto: ambos son mutilados, ambos cometen una violación (Hefesto viola a Minerva).



En el mundo godo, tenemos constancia del conocimiento de existencia de Wieland, en el cantar de Waltario. Donde el atlético Randolfo, se dirige al godo con estas palabras:

(..) Mas he aquí que el atlético Randolfo adelantad a caballo a sus compañeros y ataca de improvisto a Waltario, golpeándolo debajo del pecho con la lanza de hierro. Y si la coraza, forjada por Wieland, no hubiera detenido el golpe, la lanza hubiese penetrado en las vísceras del héroe(..)

Como podemos ver en la saga, entre los godos se conocía el mito de Wieland como herrero mitológico y mágico. El cual muy posiblemente como se apunto con anterioridad, fuera un dios menor relacionado con la metalurgia, rebajado a héroe durante el periodo cristiano. No podemos decir que en los tiempos ancestrales, los godos conocieran al herrero con el nombre que ahora apuntamos. Peri si podemos afirmar, que al menos en el siglo V, se conocía entre los godos la existencia folklórica de un herrero mitológico semi mágico, con el nombre de Wieland.

Lo realmente curioso que relaciona aun mas la existencia de Wieland con el mundo godo. Llega al descubrir que su hijo es Witege, a quien en el Diccionario de mitología germánica se emparenta con el guerrero godo Vidigoia, de quien Jordanés escribe que «pereció en las llanuras de Hungría, víctima de la perfidia de los sármatas», hacia 330.

En la mitología germánica moderna, Vidigoia / Witege, es un célebre guerrero de las epopeyas alemanas, traidor y asesino de adolescentes. Mata al hijo de dama Eche y de Atila; perseguido por Dietrich von Bern (transposición épica y legendaria de Teodorico el Grande, rey de los godos), se arroja al mar, donde le recoge la dama Wachilt, una ondina emparentada con él. Su espada se llama Mimminc y fue forjada por Wieland; su corcel es Skemming. Según la Saga de Thidrekr (siglo XIII), es hijo de Wieland el Herrero. 

Los textos en viejo inglés le llaman Widia/Wudge. Y le convierten en un exiliado que vive en la corte del rey Ermamarico. Y un poema del siglo IX, el Waldere, le considera también hijo de Wieland diciéndonos que ayudó a Dietrich/Teodorico a salir bien librado cuando se hallaba entre los gigantes. El inseparable compañero de Witege es Heime (Hama, Heimir).

Dejando de lado por ahora a Vidigoia y centrándonos en la equivalencia simbólica de Wieland. Diremos que será tomado como un dios menor o semi dios del mundo gótico. Wieland es una deidad forjadora de metales, como Hefestos. Es el dios de los herreros, de los forjadores de armas. Capaz de dotar a estas de magia y poder. Pero no solo de las armas, como bien se apunta en el cantar de Waltario, también posee el poder de forjar armaduras o yelmos mágicos. Wieland será por consiguiente, una deidad de los artistas y artesanos del hierro y la forja.

Teo Rodriguez
http://rueda-solar.blogspot.com.es/search/label/Godos
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