domingo, 24 de mayo de 2020

Hospitales de la Provincia de Toledo en el siglo XVIII (y V ): Talavera de la Reina

La situación asistencial de Talavera de la Reina en el siglo XVIII nos muestra 5 médicos, 22 cirujanos, 4 boticarios y una matrona, más un total de siete centros hospitalarios

Hospital de Santiago de Talavera de la Reina. - Foto: La Tribuna

Seguimos con el repaso de los hospitales que poseyeron los pueblos y villas de nuestra provincia, para conocer en esta ocasión el panorama hospitalario que había establecido en Talavera de la Reina en el siglo XVIII. 

La situación asistencial de esta ciudad en aquél siglo nos muestra 5 médicos, 22 cirujanos, 4 boticarios y una matrona, más un total de siete centros hospitalarios. El primero de ellos el de Nuestra Señora del Prado, que no tenía rentas y solamente atendía a pobres que pasaban por la población. 





El hospital del Prado realmente tuvo dos edificios en los que se daba atención hospitalaria; uno extramuros, que era un albergue ubicado en la misma ermita y otro dentro de la población en la calle Hospital.

El siguiente era el de San Lázaro con una renta de 2.200 reales de vellón, donde se atendía a los enfermos llagados e infecciosos así como a los que padecían el mal gálico (es decir la sífilis o también llamado ‘mal francés’). 

Uno de los servicios que ofrecía el hospital era uncionar gálicos, y por ello solo funcionaba realmente en los periodos en los que se hacían curas a estos enfermos. En un principio se estableció extramuros de Talavera, pero finalmente se trasladó a una casa en la calle del Sol, que fue vendida en el año 1800 a don Manuel Sánchez de Sebastián.

A continuación nos encontramos con el hospital de la Caridad que poseía 4.400 reales de renta y en él se curaba a pobres vergonzantes. 

Se funda en 1525 gracias al legado del talaverano Juan de Riaño, el cual dejó dicho en su testamento que en su casa de la plaza de Santa Leocadia, se debía levantar un hospital para curar pobres enfermos, tanto talaveranos como forasteros, aunque luego se trasladó a otro edificio. 

Los patronos eran los cofrades de la Santa Caridad, cuyo mayordomo era quien nombraba semanalmente un hermano visitador para cuidar del hospital. 

Esta cofradía de la Caridad también recogía a los ahogados y a los que fallecían en el campo, dándoles cristiana sepultura; por otro lado asistían a los condenados a muerte ofreciéndoles asistencia cristiana y se hacían cargo de recoger los cadáveres de las personas ahorcadas, que previamente habían sido metidas en una cuba y arrojadas al rio Tajo. Esta cofradía dejó de ofrecer asistencia en 1837.

El cuarto de ellos era el de la Misericordia a cuyo cargo estaba la Santa Iglesia Colegial, con 12.000 reales de renta y doce camas para la atención hospitalaria. Había un hospitalario que recibía 1.650 reales de sueldo al año y que poseía vivienda, así como la comida que le costeaba la institución; la mujer de este hospitalero también atendía a las mujeres enfermas.

El hospital de San Antón fundado en el siglo XVI, acogía en su interior a los enfermos del conocido como ignis sacer, es decir el fuego sacro o fuego de San Antón o más técnicamente ergotismo. Se ubicó en el callejón del mismo nombre, haciendo esquina con la calle Juan de Mariana y cerca de la puerta de Cuartos, hacia el camino de Extremadura. 

Todos los hospitales de San Antón eran regidos por los frailes antonianos, cuya orden fue suprimida por el papa Pío VI en 1787.

También citan los documentos al hospital de San Bartolomé, el cual en este siglo apenas funcionaba y que fue fundado en 1520 por los miembros de la cofradía de San Bartolomé que pertenecía a la parroquia de Santa Leocadia.

 Esta institución funcionó en una casa que había pertenecido a la comunidad franciscana de Talavera, en la calle que luego se llamó de San Bartolomé. Algunas fuentes denominan a este hospital el de la Garriona, donde habitualmente se curaba la sífilis. A mediados del XVIII ya no servía de hospital y el uso que se le dio fue como residencia de sacerdotes pobres.

El hospital de San Juan de Dios abierto a mediados del siglo XVII, atendió principalmente a los enfermos de peste, tan numerosos en siglos pasados. Se trataba de un convento-hospital que habían fundado don Antonio de la Cruz y doña Isabel Muñoz, matrimonio sin descendencia que legaron sus bienes para fundar esta institución. 

Fue inaugurado en 1657 con 6 camas, muy lejos de las 20 que pretendía la fundadora. En 1806 el hospital llegó a tener 80 camas y una lista de personal bastante numerosa, con criado, pastor, cocinero, costureras y médico, entre otros. Estuvo situado en lo que hoy es el IES Escuela de Artes.

En aquél contexto de la Ilustración ocurrió otro hecho interesante, como fue la transformación de muchas cofradías en Sociedades de Socorros, siguiendo las directrices del ministro Campomanes, como ocurrió en Talavera de la Reina con un grupo de empleados de la Real Fábrica de Sedas, que crearon una Sociedad de Caridad donde se atendía a los trabajadores cuando estaban enfermos y que tuvo como sede la parroquia de San Andrés, la más cercana a la fábrica. 

Si el trabajador entraba en prisión (si no era por causas indecorosas) o si fallecía, también se le socorría con ciertas cantidades.

Otros tantos hospitales y centros de asistencia existieron en Talavera de la Reina con anterioridad al siglo XVIII, como el de Santa Lucía, el de Santiago de los Caballeros (también llamado Santiaguito) o el de San Sebastián y Santa Catalina, cuyas interesantes historias dejamos para otro momento, para seguir confirmando la importante labor asistencial y hospitalaria que se ha ofrecido en la esta ciudad a lo largo de los siglos.

José García Cano* - domingo, 17 de mayo de 2020
*José García Cano es académico correspondiente en Consuegra de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo.

Escapada a Ciudad Rodrigo, Salamanca


Plaza de Ciudad Rodrigo

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Ciudad Rodrigo

La historia ha proporcionado una peculiar personalidad a Ciudad Rodrigo (http://www.turismociudadrodrigo.com) dotando a su casco urbano de características plenamente defensivas. 

Ya desde los albores de nuestra civilización y a lo largo de los tiempos este enclave ha adquirido arquitecturas de la guerra que lo convierten en uno de los más interesantes conjuntos abaluartados de todo el occidente peninsular. 

Un recorrido por el paseo de ronda permitirá al viajero reconocer los elementos singulares del sistema defensivo y las particularidades de su especial emplazamiento

Ciudad Rodrigo es la segunda ciudad en importancia de la provincia de Salamanca y supone una excursión de medio día o un día estupenda para realizar desde la capital provincial.

Indice:
  1. Como Llegar
  2. Algo de Historia
  3. Que ver en Ciudad Rodrigo
  4. De Tapas por Ciudad Rodrigo
  5. Ferias y Fiestas 
  6. Comer en Ciudad Rodrigo
  7. Ruta de Siega Verde

para saber mas






sábado, 23 de mayo de 2020

Hospitales de la Provincia de Toledo en el Siglo XVIII (IV): De Torrijos a Yepes

Teresa Enríquez fundó en 1525 el hospital de Nuestra Señora de la Consolación de Torrijos. 

Ubicado en la plazuela de San Gil, fue dotado con casi 200.000 maravedís de renta. 

En el siglo XVIII atendía a enfermos ulcerosos y contagiosos por la sífilis

Hospitales de la provincia de Toledo en el siglo XVIII (IV)

La cuarta entrega de los hospitales toledanos en el siglo XVIII la arrancamos con Torrijos. 

En esta histórica localidad el primer hospital citado en aquél siglo es el de Nuestra Señora de la Consolación, que fue fundado por la conocida y esclarecida doña Teresa Enríquez en 1525, ubicado en la plazuela de San Gil y que fue dotado con casi 200.000 maravedís de renta.

 Se atendían en su interior a los enfermos ulcerosos y contagiosos aquejados del morbo gálico (la sífilis o mal francés). Posteriormente se trasladó su ubicación a otro espacio más idóneo ubicado cerca del monasterio franciscano de Santa María de Jesús (conocido como el segundo San Juan de los Reyes). 

Ya a finales de siglo, estaba prácticamente demolido, siendo sus rentas agregadas al hospital de la Santísima Trinidad, el cual fue fundado también por doña Teresa y su esposo, don Gutierre de Cárdenas y se instaló en la casa de Santa Catalina; por otro lado crearon una hermandad denominada de la Santísima Trinidad que atendía a enfermos ubicados en este segundo hospital torrijeño.

Se construyeron salas distintas para hombres y mujeres y poseía entre otras rentas, quinientas fanegas de trigo. 





En él se daba de comer a los peregrinos que pasaban por la villa; lo asistía un médico, un cirujano, un capellán, un mayordomo y varios oficiales que procuraban curar a los enfermos de calenturas. 

En la iglesia de este hospital de estilo gótico, se veneraba la imagen del Cristo de la Sangre, que había enviado desde las Indias don Francisco Carrasco de Cebreros, con destino a la cofradía de la Vera Cruz y Caridad de la Sangre.

En Urda sabemos muy poco del único hospital que poseyó la población y nos cuenta la crónica que sirvió para recoger pobres pasajeros y no tenía rentas, señalándose que fue creado por un devoto de quien no sabemos el nombre. 

En Las Ventas con Peña Aguilera hubo un hospital para refugio de viandantes con un capital de 600 reales y un carro de paja que pagaba un vecino del edificio que poseía allí un pajar. 

Villacañas también contó con otro hospital que como le ocurría al resto de espacios bajo la jurisdicción de la Orden de San Juan, era administrado por el Gran Prior y en su nombre algún matrimonio de hospitaleros. 

Servía -como viene siendo habitual- para atender a pobres (tanto hombres como mujeres) de la propia localidad, así como a los visitantes; su escasa renta llegaba a 21 reales por lo que los pobres para mantenerse debían pedir limosna ‘de puerta en puerta’, aunque algunos vecinos aportaban ciertas cantidades voluntariamente para los enfermos y necesitados. 

En Villafranca de los Caballeros solo hubo un hospital denominado de Nuestra Señora de la Asunción con 300 reales de renta. 

Villanueva de Alcardete también tenía hospital que fue fundado en 1584 por doña María Sánchez de Lázaro, beata de la Orden de San Francisco y se mantenía en el XVIII con un censo a su favor de 1.000 reales de capital y la renta de 3 fanegas de trigo sobre una tierra; en él se acogían a pobres y a peregrinos. 

En Villarejo de Montalbán aunque oficialmente no había hospital en aquél siglo, sí que aparece una memoria pía que se denominaba ‘del hospital’, con algunas tierras cuyos productos se invertían en dar limosna a los pobres necesitados.

Villarrubia de Santiago contaba con un hospital para curar enfermos pobres, que se mantenía gracias a diferentes censos y tierras, que producían 440 reales, insuficientes claramente para cubrir los gastos del establecimiento. 

En Villaseca de la Sagra había un pequeño hospital denominado ya en 1579 con el nombre de San Bernardo, en el que se acogía a los viandantes pobres y que no tenía ni camas, ya que en 1752 carecía de rentas para mantenerse. 

En una descripción de 1759 se indica que el hospital tenía una nueva iglesia de tres naves y suficientes rentas, con dos capellanes que diariamente celebran los oficios, con lo cual se debió invertir en él o algún vecino aportó lo necesario para su reparación. 

Ayudaba a los peregrinos, a parientes del fundador (del que no trasciende su nombre) y a personas mayores de 40 años a los que se daba una limosna.

Villasequilla llegó a contar con un pequeño hospital que se desarrollaba en dos habitaciones y en una cocina. 

En una de ellas residía el hospitalero y en otra los viandantes pobres. Se mantenía con 8 reales de renta anual y había sido fundado por un párroco de Villasequilla llamado don Alonso Triscar Carnero. 

Villatobas tuvo hospital para pobres en el que se les daba «cubierto, cama y asistencia» para el que caía enfermo. 

En 1782 parece ser que había otro hospital para sacerdotes, del que apenas hay datos.

 La localidad de El Viso de San Juan ya contabiliza dos hospitales al menos desde mediados del siglo XVI; uno el de Santa María y el otro el de los Santos Cosme y Damián, que se integró en la cofradía de Santa María, siendo en 1576 el único que aparece en activo. Se mantenía con las rentas que producían 38 fanegas de trigo y parece ser que se fundó en 1376. 

En Los Yébenes de San Juan, uno de los dos núcleos que componían la actual localidad de Los Yébenes, figura un hospital para enfermos y pobres donde también se daba hospedaje a los peregrinos, con unas rentas en 1787 de 600 ducados. 

Yepes tuvo tres hospitales: el de Nuestra Señora de la Concepción con 4.000 reales de renta y donde no se acogían pobres pues las rentas se aplicaban al culto divino, el de San Nicolás para viandantes pobres con 330 reales de renta y el hospital de San Pedro, para hospedar sacerdotes, estudiantes y peregrinos con una renta de 1.920 reales, manteniendo a un capellán que decía misa los días festivos, a un mayordomo y a un hospitalero. 





También concedía esta fundación alguna prebenda a doncellas pobres. 

En la localidad de Yuncos aunque no hubo hospital, sí que contaban con un cuarto pequeño que un vecino destinó a albergue de pobres que pudieran llegar al pueblo.

José García Cano* - domingo, 10 de mayo de 2020

*José García Cano es académico correspondiente en Consuegra de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo


viernes, 22 de mayo de 2020

Hospitales de la provincia de Toledo en el Siglo XVIII (III): De Puente de Arazobispo a Torrico

En Puente del Arzobispo el hospital de Santa Catalina se encargaba de atender a los enfermos y recoger pobres. 

Con sus rentas se pagaban los gastos inherentes a la institución, así como a seis capellanes

Antiguo hospital de la Caridad de La Puebla de Montalbán. - Foto: La Tribuna

En esta tercera entrega de los hospitales que había en las poblaciones y lugares de la provincia de Toledo, comenzamos con la villa natal de Fernando de Rojas, es decir La Puebla de Montalbán, donde en el siglo XVIII aparecen dos hospitales y una casa de convalecencia. 

Uno de ellos era denominado el de la Caridad y poseía capilla en la que se veneraba al Santísimo Cristo de la Caridad. T

enía seis camas y sus bienes eran una viña en Alcubillete, otra en el término de la villa y algunos censos, aunque a pesar de ellos, la cofradía del Santísimo Cristo debía aportar sus limosnas porque las rentas no llegaban a cubrir los gastos mínimos. El otro hospital de La Puebla de Montalbán servía únicamente para que se refugiaran los peregrinos en él y no poseía ingresos.





En Puente del Arzobispo el hospital de Santa Catalina se encargaba de atender a los enfermos y recoger pobres. 

Con sus rentas se pagaban los gastos inherentes a la institución, así como a seis capellanes que asistían a las horas canónicas y a los oficios de la iglesia. Sus beneficios provenían del diezmo de un molino, de varias labranzas, tierras, casas, censos y de una dehesa de encinas cuyo paraje denominaban El Carrizal.

 Los documentos hablan también de otros dos hospitales en Puente del Arzobispo que había mandado construir el arzobispo don Pedro Tenorio, el mismo que levantó el puente en la población. Ambos establecimientos funcionaban ya en 1390 y levantados con bastante solidez y bellas trazas. 

En uno de ellos se cuidaba de los niños expósitos y de las mujeres y en el otro a los enfermos varones. También existió una hospedería donde se daba posada gratuita a los peregrinos que iban y venían al monasterio de Guadalupe, perteneciente históricamente al territorio del arzobispado toledano.

Los dos últimos hospitales y hospedería obtenían importantes rentas que les había concedido el mismo arzobispo Tenorio, que procedían de una dehesa, unos molinos harineros, batán, huerto, diezmos y del portazgo.

Quintanar de la Orden disponía de dos hospitales, ubicándose el primero de ellos en la calle de los Mesones y donde se recogía a los pobres mendicantes y transeúntes. Lo fundó Juan José Morcillo y tenía unas rentas de 163 reales y 25 maravedís. 

El segundo lo llamaban de los Estudiantes y ‘sacerdotes mendicantes’ y lo fundó el doctor Pablo Mota. En el año 1752 su patrono era don Juan Gerónimo Fernández Mota, abogado de los Reales Consejos y se mantenía con unas rentas de 606 reales. En 1706 se quemó su edificio en el contexto de la Guerra de Sucesión. 

En El Romeral existió una casa denominada por los lugareños como hospital, donde se refugiaban los pobres enfermos y que carecía de rentas; era propiedad de la cofradía de Nuestra Señora del Rosario.

En Sonseca hubo un hospital que era atendido por una mujer, donde se daba asistencia a los enfermos y sus pocas rentas se empleaban en atenderlos.

En Tembleque se documenta una fundación con el nombre de Nuestra Señora del Buen Suceso y Santa María Magdalena, donde se curaba a los pobres de solemnidad de la villa y a los transeúntes; pertenecía a la Orden de San Juan de Jerusalén, quien administraba todos los hospitales de las villas de su señorío. 

Este hospital temblequeño poseía una ermita y varias habitaciones; se componía de una sala con dos camas y dependencias para el hospitalero. Era mantenido gracias a diversas rentas cuyo valor ascendía a 700 reales, aunque era habitual que los vecinos aportaran sus limosnas. 

En Torralba de Oropesa un personaje llamado doctor Pedro González de Contreras, conocido como don Pedro de Oropesa, que fue oidor del Consejo Real de los Reyes Católicos, dejó tres capellanías establecidas en la población y fundó el único hospital de la localidad en 1508 para pobres, con el nombre de Nuestra Señora de la Ascensión que se encontraba en la plaza y poseía una capilla. 





Se dedicaba a socorrer pobres y necesitados y a religiosos de observancia. El fundador lo dotó con varios bienes, entre ellos uno que denominaban el ‘heredamiento de la Orden’, que se componía de 180 fanegas de tierra cerca de la población y que había sido propiedad tiempo atrás del Hospital del Rey de Burgos (no de su homónimo toledano).

La Torre de Esteban Hambrán poseía una casa-hospital que era una pequeña casita baja arruinada sin camas, en la que solamente se recogían pobres y si llegaba al lugar algún enfermo, se enviaba a otro pueblo a costa de los mayordomos de la cofradía de La Misericordia.

En la localidad del Torrico solo es citado un cuarto bajo, propiedad del concejo, donde se alojaban los pasajeros pobres, siendo reparado por cuenta del municipio.

*José García Cano es académico correspondiente en Consuegra de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo.

José García Cano* - domingo, 3 de mayo de 2020


Cascadas y Saltos en Huesca que no debes perderte en Primavera

Uno de los mayores atractivos de los Pirineos son la multitud de cascadas que se pueden encontrar a lo largo de sus numerosos ríos y arroyos.

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Cola de Caballo – Ordesa

Para que no te pierdas ninguna de las mejores, te hemos preparado esta guía con las cascadas del Pirineo Aragonés más bonitas y espectaculares que puedes encontrar en toda la cordillera.

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Las cascadas son, con diferencia, uno de los espectáculos más atractivos con los que puedes encontrarte en la naturaleza y, para que se formen, sólo es necesario un valle agreste por el que discurra un río.

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Indice:
  1. Cascadas de Ordesa
  2. La Garganta de Escuaín
  3. Cascada del Chorro
  4. Cascada de la Espigantosa
  5. Cascadas de Ardonés
  6. Cascadas del Río Caldares – Salto del Pino
  7. Cascada del Aiguallut
  8. Salto de Pozan de Vero
  9. El Congosto de Camporrells – Baldellou
  10. Salto de Escarra
  11. Cascada de Sorrosal
  12. Cascada de Orós Bajo
  13. Churros de Marmorés – Valle de Pineta
  14. Cascadas de Gabasa
  15. Cascadas Gorgas del Alba
  16. Cascada de Arripas, Cascada de la Cueva y Cascada del Estrecho
  17. Barranco de Igüer – Fuentes de Rigüelo y Llanos de Napazal
  18. Senderismo: Ruta de las Tres Cascadas
  19. Comer en la Zona

para saber mas:



jueves, 21 de mayo de 2020

Hospitales de la Provincia de Toledo en el Siglo XVIII (II): De Lagartera a Puebla de Almoradiel

En la bella Lagartera, el hospital se conocía con el nombre del Salvador y se mantenía por los pegujares (aquellos que cultivaban pequeñas parcelas de tierra) que sembraban de limosna en tierras de la cofradía y obtenían 94 fanegas de trigo

Hospital de la Caridad de Illescas. - Foto: Biblioteca Nacional

Continuamos con la relación de hospitales que existieron en nuestra provincia principalmente en el siglo XVIII y que iniciamos la pasada semana.

 En La Guardia hubo dos hospitales, uno con la advocación de Nuestra Señora de la Pera, donde se servía comida a los viandantes y otro el de la Santa Cruz, donde vivían algunos pobres, viudas y vecinos de la misma.

Illescas poseía otros dos centros de beneficencia, uno era el de la Santa Casa de Nuestra Señora de la Caridad y el otro para pobres, agregado a él y administrados en común.

En la bella Lagartera, el hospital se conocía con el nombre del Salvador y se mantenía por los pegujares (aquellos que cultivaban pequeñas parcelas de tierra) que sembraban de limosna en tierras de la cofradía y obtenían 94 fanegas de trigo que se gastaban en la fiesta que realizaban el día de la Transfiguración del Señor.

Una de las localidades (aparte de Toledo capital y Talavera de la Reina que estaban a la cabeza) que despuntó de la media en número de hospitales, fue Madridejos, que contó con tres: el de la Plaza para cobijo de forasteros pobres; el de Nuestra Señora de la Asunción más conocido por el nombre de la Virgen de Agosto y en el que se cobijaban viudas pobres y el tercero llamado el del Resucitado, establecido en la casa de la familia Peinado, para mujeres pobres. 





Cada uno de ellos contaba con su oratorio, cosa habitual en la mayor parte de estas instituciones.

En Maqueda nos cuentan los documentos que hubo dos centros hospitalarios, titulado de San Ildefonso el primero y de Santa Cruz el segundo; uno para viandantes y otro para los vecinos.

Méntrida poseía un solo hospital que fundó la cofradía de San Sebastián, que además es el Patrón de la villa. 

Tenía vivienda baja y dos pequeñas habitaciones sin camas, sin rentas y donde se recogía a los pobres.

En el caso de Mora de Toledo el único hospital que encontramos atendía a pobres, a viandantes y obtenía rentas de algunos censos, varias tierras y de dos casas.

En la localidad de Nambroca encontramos dos hospitales; uno que recogía a viajeros pobres, el cual también pagaba el viaje a los pobres que viajaban a los hospitales de Toledo capital. El otro atendía a enfermos y constaba de cuatro camas. 

En Los Navalmorales la casa-hospital servía para «recogimiento de tunantes y pobres viandantes» y se mantenía con las rentas de una huerta, un olivar y algunos censos, sumando todo unos 600 reales. 

Novés también tenía hospital para acoger pobres que como propiedades contaba con una casa, tierras sembradías, olivares y cuatro censos, con lo que obtenía 1.512 reales anuales. En Ocaña hallamos el convento-hospital de San Juan de Dios, que también es Patrón de la villa. 

Poseía esta institución varias tierras, olivares, viñedos, casas y censos.

Dentro de la clausura del mismo había un ‘patio de comedias’ de cuyas entradas se obtenía de renta 4 maravedís, resultando un total de 400 ducados, aparte de las limosnas, con lo cual estamos antes uno de los hospitales con las rentas más saneadas de los que llevamos relacionados y cuya forma de obtención de ingresos es cuanto menos original, ya que no es habitual encontrar un centro asistencial con un lugar donde se representaran comedias. 

En este hospital de Ocaña se curaban los enfermos pobres de la villa, aunque los fondos no alcanzaban para atender todas las necesidades de los mismos. 

En 1781 el hospital se encontraba en muy malas condiciones ya que se tuvo que retirar el Santísimo Sacramento, aunque sabemos que cuatro años después, concretamente el 23 de octubre de 1785 se volvió a colocar en su ubicación. 

También en Ocaña hubo un hospital de convalecencia que se ubicó en la calle que ‘bajaba a la Fuente’, frente a la portería del convento de San Miguel de los Ángeles y que había fundado doña Isabel de Ayala en 1590, esposa que fue de don Luis Salazar y Haro. 

Hubo por otro lado una hermandad que se dedicaba a curar enfermos en sus propios domicilios, a los cuales también ofrecían alimentos, una costumbre muy común por otro lado en nuestros pueblos. Se encontraba en la jurisdicción de la parroquia de Santa María.

En Olías del Rey hubo un antiguo hospital para viandantes que necesitaban atención y era un cuarto de escaso valor, cuyas rentas provenían de una tierra con olivas y 4.000 maravedís que entregaba anualmente la hermandad de San Pedro. 





En Orgaz llegaron a existir dos hospitales, uno denominado de San Andrés, donde se atendían vecinos pobres y transeúntes, que poseía 2.000 reales de renta. El otro se denominaba de los Crespo y había sido fundado por don Alfonso y don Lorenzo Crespo, presbíteros ambos, con 400 ducados de renta anual. 

Con las rentas de este último hospital también pagaba la villa al cirujano, al boticario, al hospitalero y al mayordomo.

En tierras de la Campana de Oropesa encontramos precisamente a la histórica población de Oropesa que contaba en el siglo XVIII con el hospital de San Juan Bautista, que fue fundado por don Francisco Álvarez de Toledo con la cuantiosa renta de 10.000 reales

. En La Puebla de Almoradiel tenemos constancia de una casa donde residía el ermitaño de Nuestra Señora del Ejido, donde se recogían pobres mendicantes.


José García Cano* - domingo, 26 de abril de 2020
*José García Cano es académico correspondiente en Consuegra de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo.

miércoles, 20 de mayo de 2020

Un Siglo de la Muerte de 'Joselito' en Talavera

99 AÑOS DE LA MUERTE DE JOSELITO "EL GALLO" EN TALAVERA - LA UN1CA - 

Hoy se cumplen 100 años de la fatídica tarde en la que José Gómez 'Gallito' perdió la vida en el coso talaverano. 

Un cúmulo de llamativos infortunios, se sucedieron en las últimas horas en vida del Rey de los Toreros Joselito toreando en la plaza de toros de Talavera antes de ser embestido mortalmente por ‘Bailaor’. - Foto: Campua




«Brindo por el presidente, por su distinguido acompañamiento y por el pueblo de Talavera, a donde tenía ganas de torear, porque esta plaza la inauguró mi padre, por cuya memoria brindo también».

 Este fue el brindis de Joselito el día de su muerte en ‘La Caprichosa’.

Hoy hace 100 años que Talavera de la Reina, pasó a formar parte la historia de la Tauromaquia, pero por un hecho luctuoso, al igual que lo entraron en el siglo XX, Pozoblanco y Colmenar Viejo.

Cien años desde que Bailaor acabara con la vida de Gallito en ...Mucho se escribió de la triste pérdida de José Gómez Ortega ‘Gallito’, pero para recordar aquella fecha, vamos a soportarnos en el libro ‘La edad de Oro del toreo’ de Gregorio Corrochano, así como en su crónica de ABC del 18 de mayo de 1920, y la obra literaria de Ángel Hernaiz ‘La última corrida de Joselito’, ambos autores talaveranos.

Era domingo y dos días antes se pusieron a la venta las cerca de 5.000 entradas, que en una sola jornada se agotaron y se tuvo que poner el cartel de ‘No hay billetes’.

La reventa estuvo por las nubes, llegando a pagar 52 pesetas por dos entradas de sol que sólo costaban 10 en la taquilla.

La empresa de la corrida, la comenzó a mover Venancio Ortega, representante de la ganadería de la Viuda de Ortega, el que se trasladó a la capital de España a contratar a Ignacio Sánchez Mejías, el cual recomendó contar con Rafael ‘El Gallo’ de compañero de cartel. 

Cara aventura la que se le avecinaba al ganadero, que tuvo la oferta de Leandro Villar, para organizar tal festejo, amigo de la familia de ‘los Gallo’ que pidió una subvención de 5.000 pesetas, comprometiéndose a lidiar la corrida talaverana, e incluir a José, hermano de Rafael en su lugar.

Hernaiz en su libro nos cuenta que, debido a la expectación levantada en la localidad con la presencia de ‘Gallito’, en menos de 24 horas se reunió el dinero necesario entre comerciantes y particulares, industriales y labradores.

Había interés por ver los frutos del nuevo cruce de la ganadería marcada a fuego con la ‘O’, con las vacas del Duque de Veragua, y el toro ‘Canastillo’ de la ganadería de Santa Coloma.

 Como solía ocurrir en la época, los toros iban designados para los matadores desde el campo, o a lo sumo en la propia plaza a la hora de su enchiqueramiento. 

Es por lo que ‘Golondrino’, toro cinqueño y jabonero, herrado a fuego con el número 1, es el elegido para que saliese al ruedo en quinto lugar y le correspondiese al malogrado José. 

El toro era el más bonito del encierro y en el que más fe, tenían criador y gente de confianza del propio matador sevillano. El destino quiso que se astillase en el campo antes de ir a la plaza del pitón derecho, y se preparase a ‘Carpintero’ con el número 9 en su lugar.

No obstante ‘Golondrino’ viajó a los corrales de la plaza en un intento de que saliese al ruedo en el quinto lugar del festejo, pero Pedro Vázquez y Antonio Torres, veterinarios de la corrida, lo desecharon por no cumplir las condiciones para la lidia.

Así contó Corrochano la tragedia: «A Joselito le ha matado un toro ...En los corrales estaba ‘Bailaor’, toro negro con el número 7, de recogida cuerna y astifino. 

La baja finalmente de ‘Golondrino’ hizo que el destino lo colocase ante Joselito en el quinto lugar del festejo, en el último toro que tenía que matar, en ser el último toro de su vida.

Llegó por la mañana el torero y su cuadrilla en tren a Talavera desde Madrid, donde había toreado con poca fortuna el día de San Isidro.

 Los aficionados le despidieron de la plaza de la carretera de Aragón, increpándole «ojalá te mate mañana un toro en Talavera». Según cuentan las crónicas de la época, arreciaba el agua y el ambiente contra Joselito era una sazón común, siendo frecuente que le fuera increpado. 

Por ello parecía buena elección alejarse de Madrid donde el mismo 16 tenía contratada otra corrida, para torear en una plaza con un público más favorable para el espada. Incluso hubo amenazas de Guillermo Gullón, subdirector de seguridad de la policía, de prohibir el festejo de la ciudad de la cerámica, a lo que José, le recriminó diciéndole que, si hacía eso, no volvería a vestir el traje de luces en el coso madrileño.

No fue el viaje a Talavera un camino de rosas, pues a posteriori se conocieron una serie de acontecimientos que, para los supersticiosos, era augurio de mala suerte o mal fario. 

Al hacer una parada el tren en Torrijos, hubo una disputa que se saldó con las 40 pesetas de un velador roto. Llegó a la estación vestido con un traje negro, el mismo con el que fue amortajado el día posterior.

 Camino del hotel Europa iba animoso cantando de forma alegre ‘viva la novia’, se rompió en el trasiego el botijo del torero y el comentario del propio matador de «se rompió Joselito», a los tanguillos a la muerte de ‘El Espartero’ que tarareaba el de Gelves mientras se vestía o «el fuerte olor a cera como de iglesia o velatorio» que percibió Blanquet en el patio de cuadrillas de Talavera.

El día había amanecido lluvioso y eso levantó entre las cuadrillas ciertas reticencias, hasta que recordó Joselito que el torearía en Talavera, aunque diluviase, en honor a su padre que inaugurase el coso hacía 30 años. Salió a relucir su actuación en la plaza de Quintanar de la Orden donde el torero tuvo que lidiar un toro por el agua por casi las rodillas, aliviando en altura los capotes para que no se mojasen.

La plaza registró un lleno histórico, de esos que de ven cuando una figura de época como era José Gómez Ortega, torero de las ferias más importantes, decidió torear en un modesto pueblo toledano. 

La gente recibió a los toreos entusiastas, llenado incluso los frondosos árboles cercanos a la Basílica del Prado, agradecidos de la imponente presencia del torero. 

Los espadas agradaron al respetable incluso compartiendo banderillas, haciendo que los asistentes se emocionasen con las acertadas suertes ante los astados.

Centenario: Blanquet, el banderillero que olió la muerte de JoselitoSalió al ruedo, ‘Bailaor’ en quinto lugar, el toro que haría pasar a la historia a Talavera de la Reina.

 Si bien recoge Corrochano algunas de las confidencias entre barreras con el del propio torero, manifestando que no le gustaba el toro lo que asintió el propio periodista; por otro lado, antes de sonar los clarines de muerte, volvió a cruzas unas cortas palabras con el crítico taurino, ‘el toro es burriciego’ dijo Corrochano, a lo que Gallito respondió «ha perdido el toro la vista en los caballos», tras lo cual el matador le dijo a su cuñado El Cuco «quítate Enrique, el toro está contigo y por eso no toma la muleta».

Hernaiz relata la última faena de Joselito en su obra con el siguiente relato «Joselito lo saludó con unos lances vulgares, sin templanza ni aguante, los que no obstante, fueron calurosamente aplaudidos por el público que llenaba toda la plaza.




El toro, muy certero en el tercio de varas, arremetió hasta ocho veces a Farnesio y Camero, saliéndose suelto en casi todas ellas, y dejando cuatro caballos para el arrastre. 

Cuco y Cantimplas fueron los encargados de banderillearle, lo que hicieron regularmente, si bien con cierta dificultad, porque ‘Bailaor’ comenzó a defenderse. Cambiando el tercio, comenzó Joselito con unos pases desconfiados con la derecha, y como el toro le achucha y desparrama la vista, se muda la muleta de mano y ordena a los peones que se aparten. 

Sigue la faena laboriosamente con pases de tirón sobre la mano izquierda para sacar al toro de la querencia de un caballo muerto junto a los tableros del uno, y cuando lo tiene conseguido, y a tiempo que el espada, que ha dado un paso atrás, se dispone bien a mudarse de mano la muleta o a desdoblarla, pues quedó plegada en el último pase, se le arrancó ‘Bailaor’ con la velocidad de un expreso, y dándole solo tiempo a Joselito para adelantar la muleta, que tiene en la mano derecha, se llevó en la brusca acometida el cuerpo del infeliz torero, suspendido por la parte media del muslo derecho, sobre el pitón izquierdo.

 Aun cuando todo fue momentáneo, se vio que al derrotar en alto el toro, cedió el cuerpo del hombre que, doblándose por el vientre sobre el pitón derecho, quedo así unos instantes, girando luego sobre el cuerno y cayendo de cabeza a la arena, donde quedó encogido el lado izquierdo. Se revuelve el astado sobre el bulto, y José, en el suelo, donde estaba, se tapa la cabeza con las manos, pero ya están todos al quite y se llevan al toro.

 Es entonces cuando Joselito trató de incorporarse sobre las rodillas, llevándose ambas manos al sitio de la herida, por donde se ve asomar algo sanguinolento. Hay tinte cadavérico en su rostro, una mueca horrible de dolor y sufrimiento en el gesto, y a punto esta de caer desplomado, cuando los brazos amigos de Blanquet, lo sujetan por las axilas».

Joselito murió a los pocos minutos en la enfermería, no sin antes sonar los acordes del pasodoble ‘El Relicario’ al arrastre de Bailaor. El alcalde de Talavera, el señor González de Rivera invita ante el estupor a subir al palco a Sánchez Mejías, el cual declinó diciendo ‘Venga al otro toro, para acabar cuanto antes’, por hacerle saber a su cuñado y compañero de cartel que el percance no tenía importancia.

Lo demás puede ocupar otras líneas de este diario a lo largo de las sucesivas publicaciones, sin antes comentar que todo Talavera se conmocionó, suspendiendo el alcalde todos los actos festivos en señal de luto, y la improvisada capilla ardiente situada en la misma enfermería se cubrió con telas negras con galones dorados, escoltando al finado seis velones a modo de guardia de honores, fue lugar de peregrinación de aficionados, curiosos o simplemente aquellos que quisieron presentar los respetos al gran torero caído muerto en esta plaza.

Poco más de 24 horas pasaron de su llegada a Talavera, y portado en un suntuoso ataúd negro y plateado, fue conducido por los miembros de su cuadrilla en hombros hasta el carruaje que lo conduciría hasta la estación de tren. 

Un cortejo multitudinario precedido por guardias civiles a caballos, sacerdotes de riguroso luto; tras el cuerpo sin vida, su cuñado y compañero de cartel Ignacio Sánchez Mejías, autoridades, cuadrilla del torero y el pueblo talaverano que destocado y en silencio lo arropó hasta su despedida hacia Madrid en ferrocarril.

sábado, 16 de mayo de 2020


Un Fin de Semana de Maravilla: Sevilla

¿Verdad que hay lugares en el mundo que parecen ejercer una fuerza de atracción especial? 

Sevilla es uno de ellos.

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Plaza de España, Sevilla

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Alcazar de Sevilla

Y no sólo Sevilla ejerce esa atracción para la persona que viaja sino también para el asentamiento de culturas, a las que esta tierra sedujo desde siempre. Sevilla y Andalucía han sido desde siempre una tierra deseada por diferentes civilizaciones. 

Tierras amadas por fenicios, tartésicos, romanos, visigodos, árabes, cristianos… Incluso, diversos relatos han situado la Atlántida a pocos kilómetros de Sevilla. 

En cada esquina del centro de Sevilla respirarás historia. Son muchos los rincones que te brindan esa sensación, ya que el casco antiguo de Sevilla es uno de los mayores del mundo y el mayor de España.

Cierra los ojos y ponte en situación. Acabas de llegar a Sevilla, dejas tus maletas y sientes dos impulsos irrefrenables: reponer fuerzas tras el viaje y unas ganas enormes por asimilar todo lo nuevo que te rodea, lo que ves, sientes y percibes... y también, claro, "verificar" esos aromas a los que no puedes resistirte.

Indice:

  1. Como llegar a Sevilla
  2. Algo sobre la Historia de Sevilla
  3. Parque de María Luisa
  4. Plaza de España
  5. Museo de Bellas Artes
  6. Catedral de Sevilla
  7. La Giralda
  8. Real Alcázar de Sevilla
  9. Barrio de Santa Cruz
  10. Centro Histórico: Ayuntamiento, Plaza Nueva y Plaza de San Francisco
  11. Setas de la Encarnación
  12. El Flamenco
  13. Plaza de Toros La Real Maestranza de Sevilla
  14. Puente y Barrio de Triana
  15. Iglesia Colegial del Salvador
  16. Palacio de Dueñas
  17. Casa de Pilatos
  18. Basílica de la Macarena
  19. Isla Mágica
  20. Apuntarte a un Tour Gratis 
  21. Pasear a orillas del Guadalquivir hasta la Torre del Oro
  22. Ver el el Tesoro del Carambolo
  23. Si te gusta la Historia, tienes una Parada Obligatoria en el Archivo de Indias
  24. Perderse por el Barrio de Santa Cruz3
  25. Sevilla es Bike-Friendly
  26. Haz una Ruta de Tapas
  27. Ferias y Fiestas
  28. y para Comer en Sevilla

Para saber mas: 



martes, 19 de mayo de 2020

Hospitales de la Provincia de Toledo en el Siglo XVIII (I): De Ajofrín a Fuensalida

El Real Hospital de San Diego, situado en el centro del casco urbano de Ajofrín, es uno de ellos. Fue fundado por don Diego González de Castro, el cual dejó para el mismo su casa amplia y su hacienda. Recibían asistencia unos 15 enfermos.

Fotografía de un grupo de enferemeras. - Foto: Biblioteca Nacional

En estos tiempos que nos está tocando vivir, nos acordamos -más de lo habitual- de los hospitales, clínicas, sanatorios, etc. 

Es curiosa la historia de la asistencia hospitalaria tanto en Toledo como en la provincia y por ello conviene recordar algunos de los hospitales que con mayores o menores rentas (más bien esto último) existían a lo largo y ancho de nuestro territorio provincial en el siglo XVIII.





Comenzaremos con Ajofrín donde funcionaba en el siglo XVIII el Real Hospital de San Diego, en el centro del casco urbano, fundado por don Diego González de Castro, el cual dejó para el mismo su casa amplia y su hacienda. 

Recibían asistencia unos 15 enfermos que debían ser naturales y vecinos de Ajofrín.

También contribuyó a su funcionamiento la aportación de don Manuel Medrano de Quirós y Serrano, natural de Ajofrín.

Alcabón tenía un hospital que recogía a forasteros pobres y se sostenía con la renta de 190 olivas y algún censo de poco capital. 

En Aldeanueva de Barbarroya había un hospital para 'viandantes pobres' donde se refugiaban en los meses de invierno. Para atender la salud de los vecinos había un cirujano al que le pagaba el concejo y otros dos más que no tenían apenas clientes.

En la localidad de Almonacid de Toledo había en el siglo XVIII dos hospitales uno para pobres viandantes con escasas rentas y el otro fundado por don Silvestre García Escalona obispo de Salamanca y en el que curaban los vecinos sin recursos; estaba dotado con 8 camas y a su cargo había un administrador y dos enfermeros; tenía como renta 9.900 reales que procedían de los réditos de un censo. 

En Almorox también existió un pequeño hospital para viandantes en el que también se les daba refugio y que carecía de rentas. Por otro lado la comunidad de frailes carmelitas de Madrid mantenían una hospedería donde vivían algunos religiosos que cuidaban de las posesiones que poseía la comunidad en la localidad.

En Añover de Tajo había una casa de piedad que fundó don Francisco de Cuéllar y donde se daba asilo a los pobres.

Por lo que respecta a Bargas, hubo un hospital que se mantenía con 600 reales de renta y donde se recogían los enfermos pobres, desde donde eran trasladados a Toledo o a Madrid para seguir recibiendo asistencia.

En El Casar de Escalona hubo un hospital llamado de Santiago con 200 ducados de renta. El Castillo de Bayuela poseía otro hospital para refugio de pobres, vagos y viandantes.

 En Camarena encontramos un hospital arruinado con escasas rentas e insuficientes para reedificarlo, con lo cual es de entender que se encontraba en muy malas condiciones a mediados de aquél siglo XVIII y lo poco que se obtenía de rentas era aplicado en socorrer a los enfermos e impedidos. 

En Ciruelos ocurría algo similar ya que el hospital estaba muy deteriorado y tenía una renta de 560 reales gracias a diferentes censos; servía de refugio para transeúntes y no tenía ni camas. Con el dinero obtenido con los censos se pagaba al médico y al cirujano. 

En la entonces villa de Consuegra había un hospital que lo regentaba una hospitalera y un hospitalero, dependientes de la Orden de San Juan; también la cofradía de la Caridad se encargaba de atender a los enfermos y peregrinos que había en él. 

En Corral de Almaguer el hospital tenía 700 reales de reta que procedían de varias casas, tierras y censos, así como de un molino de aceite que ya estaba muy arruinado.

El personal que lo atendía eran dos facultativos y dos sirvientes, los cuales dependían del administrador.

En la localidad de Escalona llegó a haber dos hospitales, uno denominado de Santiago en el que se recogía a peregrinos y viandantes y que tenía una renta de cinco censos a su favor. 

El otro hospital llamado del Apóstol San Andrés, en donde se recogían enfermos del territorio de Escalona y que fue fundado por el marqués de Villena don Diego López Pacheco con una renta de 1.000 reales y lo administraba un canónigo de la colegiata de la citada población. 





En la cervantina Esquivias hubo dos hospitales, uno de ellos mantenido por el mayorazgo que poseía don Manuel Antonio Quixada, fundado por los ascendientes de Gabriel Quixada en el siglo XVI y el otro conocido con el nombre de San Martín, que no tenía camas y solo servía para refugio de viandantes, sin apenas rentas. 

También hubo una fundación para dotar huérfanas, socorrer pobres y hacer obras de caridad.

Fuensalida también contaba con dos hospitales, uno de ellos el de la Virgen de la Soledad con unas rentas de 600 reales, fundado por el IV conde de Fuensalida y el segundo llamado el del Espíritu Santo que no tenía rentas.

José García Cano* - domingo, 19 de abril de 2020

*José García Cano es académico correspondiente en Consuegra de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo



lunes, 18 de mayo de 2020

Amores de una Moteña y un Toboseño, 1550

“Hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad …”, puso en boca de D. Hilarión, Ricardo de la Vega, puso música Tomás Bretón, en ese sainete tan conocido que es La Verbena de la Paloma, amoríos en el 15 de agosto, día de la Virgen, entre Susana y Julián.

Luego, Sabina, llamó a su canción, “hoy los tiempos adelantan que es una barbaridad …”, así que confundió a la parroquia.


Sea como fuere, ciencias o tiempos, Françisco Hernández, hijo de Garçía Hernández, vecino de El Toboso, puso sus ojos en Leonor la Galana, vecina de La Mota, quizás un día 15 de agosto, día de la Virgen, quizás algún día de junio, cuando, ambos, iban a la siega por el camino viejo entre El Toboso y La Mota, quizás algún día por San Miguel de septiembre, cuando venía de vendimiar, sus miradas se cruzaron en el camino y surgió el amor.

Luego, la pasión, domingo a domingo, cuando Francisco llegaba hasta La Mota para visitarla.

Hoy las ciencias y los tiempos adelantan …, nadie imagina problema alguno en que dos personas se enamoren y, si la relación va bien, se casen. En el siglo XVI, año de 1550, los padres tenían preparados ambos casamientos, con personas idóneas y conocidas de sus respectivos pueblos, confabulados con sus futuros consuegros; de ninguna manera podían enamorarse de cualquier allegado, lo contrario se consideraba como un acto criminal, por tanto, punible.




Leonor la Galana y Françisco Hernández, como Calixto y Melibea, como Romeo y Julieta, como tantos otros desde que el mundo es mundo, se casaron en secreto, a escondidas, clandestinamente, contraviniendo los mandatos de sus padres y las leyes vigentes. Buscaron testigos y clérigo para la ceremonia, Luisa Sánchez, vecina de El Toboso, Miguel y su mujer, y Simón Sánchez, vecinos de La Mota. Al contrario de los otros no urdieron ardid alguno y mantuvieron firme su matrimonio, por eso intervino la justicia.

Juan Galán, escribano público de La Mota, informa al señor Prior de Uclés, que los alcaldes ordinarios de La Mota, instruyeron un proceso criminal contra Francisco Hernández, Leonor la Galana y los testigos mencionados, por casarse a escondidas unos y por servir de testigos otros. A los quales sentenciaron y condenaron, en la pena de la ley, a pagar una determinada cantidad de maravedís, que abonaron en ese acto.

Espero y deseo que mantuvieran su cariño durante una larga vida juntos. Espero y deseo que sus familiares de El Toboso y La Mota, finalmente, se encontrasen y perdonasen sus errores.

Transcripción del manuscrito [AHN,OM,leg.6820,nº1], por Enrique Lillo Alarcón

Yo, Juan Galán, escrivano público en la villa de La Mota, que es de la Horden de Señor Santiago, doy e fago fee, y verdadero testimonyo, al muy Magnífico y Reverendo Señor, el Prior e Convento de Uclés, y a todos los demás que la presente vieren e oyeren, en como los señores alcaldes hordinarios que al presente son, en esta dicha villa de La Mota, cabsaron proçeso crimynal contra Françisco Hernández, hijo de Garçía Hernández, vezino de la villa del Tovoso, y Leonor la Galana, vezina de esta dicha villa de La Mota, sobre razón que los susodichos se casaron ascondidas e clandestinamente.

Y a hellos y cada uno de ellos, los sentençiaron e condenaron en la pena de la ley, lo qual de presente pagaron. Y, ansí mysmo, sentençiaron e condenaron en la dicha pena de la ley, a los testigos y personas que avían seydo en he fazer el dicho desposorio y estuvieron a hello presentes, que fueron: Luysa Sánchez, vezina del Tovoso, y Myguel y su muger, y Simón Sánchez, vezinos de esta dicha villa.

Segúnd que todo más cargo, queda de çerrado el proçeso y sentençias que, los dichos alcaldes, contra cada uno dellos susodichos dieron, que quedan en my poder y las daré en primera forma.

Syendo nesçesario y para que conste de la verdad de lo susodicho, doy este presente testimonyo de la manera que dicha es, signado e firmado de my signo, en forma acostunbrado, que aquy será manyfestado.

Fecho en la dicha villa de La Mota, a treze días de presente mes de hebrero de myll e quinyentos e çinquenta e un años.

En testimonyo de verdad, fyse este myo signo


Juan Galán
escrivano


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