viernes, 22 de junio de 2018

Historia de la Judería de Toledo

Resultado de imagen de madinat al-Yahud, o ciudad de los judíos toledoLa madinat al-Yahud, o ciudad de los judíos, abarca casi el 10% del recinto amurallado de Toledo. Según la tradición sefardí, los primeros judíos llegaron entre los siglos VIII-VI a. JC., en la época de los destierros asirio y babilónico.

Durante el período visigodo (siglos V-VIII), los judíos de Toledo eran una numerosa comunidad; pero a partir del año 589, tras el III Concilio de Toledo, Recaredo y los nobles godos renuncian al arrianismo y se convierten al catolicismo romano, lo que enturbiará la hasta entonces buena convivencia y traerá castigos y persecución hacia los judíos, provocando que éstos tengan que optar por marcharse, o por convertirse al cristianismo.


Esta inercia cambiará cuando la ciudad es conquistada por los árabes de Táriq ibn Ziyad en el año 711. Esto supuso un alivio para la comunidad judía que vio a los musulmanes como sus salvadores iniciándose para ellos un período grande de prosperidad. 

Resultado de imagen de madinat al-Yahud, o ciudad de los judíos toledoLos árabes los consideraban como Hombres del Libro, por lo que les otorgaron mucha libertad. A su vez, los judíos asimilaron sus costumbres y aprendieron el idioma árabe como medio de comunicación, utilizándolo hasta el siglo XIII incluso en su documentación interna o de carácter religioso,

En este período y hasta finales del siglo XI, muchos sabios judíos que nacieron o se educaron en Toledo, como Abraham ibn Ezrá o el propio Jehudá ha-Leví. Aquí nació y escribió su obra poética Abraham ibn al-Fakhar, muerto en 1231, Israel de Toledo y otros muchos que expusieron sus conocimientos y su trabajo en la corte castellana.

En 1085, Alfonso VI conquista Toledo y la judería inicia una época de prosperidad y crecimiento demográfico, ya que atrajo a muchos judíos que habitaban en territorio musulmán. Los judíos le habían ayudado a conquistar la ciudad y el rey les confirió los mismos derechos que a los cristianos.

 El auge de la comunidad judía se mantendrá con los reyes cristianos al acrecentar su representatividad social y política, convirtiéndose en el siglo XII en la comunidad judaica más importante de la corona de Castilla.El médico y nasí de Toledo Yosef ben Ferruziel, también conocido como Cidellus, será el primer ministro del monarca y dará paso a una serie de judíos que tendrán cargos de importancia en la corte de Castilla.

A pesar de la protección real, Isaac ben Jacob na-Cohen, conocido como Al-Fasi, talmudista del siglo XI, habla de persecuciones en Toledo en 1090, y en sus Responsa, también menciona una matanza de judíos en 1108, año en el que murió Salomón ibn Farissol. Esta correspondencia entre cristianos y judíos no durará mucho. Un decreto de 1118prohibía a los judíos jurisdicción alguna sobre un cristiano, de donde se deduce que con anterioridad eso era habitual.

En 1135, viene el período almohade y se produce la huida precipitada de los judíos hacia Castilla y Aragón, lo que dejó a la España musulmana prácticamente libre de judíos.

Entre 1147-1269, los almohades, “los que reconocen la unidad de Dios”, o Banu Abd al-Mumin, dominaron el norte de África y el sur de la Península Ibérica.

Eran una dinastía de origen bereber (del actual Marruecos), surgida como reacción a la relajación religiosa de los almorávides. Ante su intransigencia, las aljamas o juderías, como la de Toledo, aumentaron su población con judíos provenientes de la España mulsulmana. Muchos llegaron en 1147, siendo nasí de los judíos de Toledo Judá ben Yosef ibn Ezrá, pariente del poeta.

El área del seminario (a la dcha.): Ahí estuvo ubicada la Escuela de Traductores de Toledo en tiempos de Alfonso X El Sabio


Como consecuencia de esta emigración masiva, en Toledo se afincaron poetas, gramáticos, filósofos, científicos, médicos y otros sabios. El arzobispo de Toledo, Raimundo de Sauvetat, que fue Canciller de Castilla con Alfonso VII durante 20 años, quiso aprovechar esta pacífica convivencia de cristianos, musulmanes y judíos auspiciando diferentes proyectos de traducción: el prestigio de la Escuela de Traductores de Toledo fue tal que ni siquiera las disposiciones antijudías del Concilio de Letrán en 1215 pudieron dañar su florecimiento.

Resultado de imagen de madinat al-Yahud, o ciudad de los judíos toledoEl apoyo y trato favorable del rey hacia los judíos fue causa de diferentes revueltas:

En 1178, tuvo lugar un disturbio en el que resultó muerta la amante judía del rey Alfonso VIII, así como Judá y Samuel Alnaqua.

En 1212, tuvo lugar otra revuelta que coincidió con la llegada de judíos que huían de la intolerancia francesa.

La respuesta del arzobispo de Toledo fue cargar a la comunidad judía con nuevos impuestos: cada judío mayor de 20 años tenía que pagar un tributo anual, al tiempo que se les imponía una tasa adicional en concepto de lucro cesante en la compra de casas a propietarios cristianos.

El reinado de Alfonso X el Sabio supuso el momento de mayor prosperidad y esplendor de la comunidad judía de Toledo. Basta mencionar el importe total de impuestos pagados por la comunidad en 1284: 1.000.000 de maravedíes. Durante su reinado la judería de Toledo será conocida por su gran extensión, la suntuosidad y belleza de sus edificios públicos y la calidad intelectual de sus rabinos. Pero tras su muerte, los judíos caen de nuevo en desgracia.

. Las revueltas antijudías de 1391 también llegan a Toledo. El 18 de junio, la judería de Toledo fue atacada durante la noche de manera similar a otras ciudades del reino, especialmente Sevilla. Entre las víctimas de la matanza se encontraban destacados artesanos, poetas y hombres de letras. La mayor parte de las sinagogas de la ciudad fueron destruidas o seriamente dañadas. 

Esto fue la expresión más clara del clima de malestar que se había creado en contra de los judíos en medio de una situación dificultosa por la guerra entre Pedro I El Cruel (por quien se decantaron los judíos) y Enrique de Trastamara (de quien tuvieron represalias cuando resultó vencedor), y por la peste negra que estaba asolando Europa, y que causó una mortandad del 60 % de los europeos: entre 50.000.000-80.000.000 de personas. A estas condiciones se une el incendio del barrio comercial judío, el Alcaná, donde tenían sus tiendas, talleres y algunas viviendas.

Las fortificaciones del Castillo Nuevo de los judíos junto al puente de San Martín

1398. En el mes de febrero el rey Enrique III ordenó al alcalde Juan Alfonso y al tesorero mayor Juan Rodríguez de Villareal que hicieran averiguaciones sobre quiénes habían cometido los robos en la judería de Toledo, imponiéndoles a los culpables una multa de 30.000 doblas de oro.

Las desastrosas consecuencias económicas para la ciudad se dejaron sentir muy pronto, especialmente en los particulares, monasterios y otras instituciones religiosas que perdieron las rentas que recibían sobre los tributos de las aljamas judaicas. Los más afectados fueron los capellanes cuyos beneficios eclesiásticos provenían de las rentas situadas en la judería.

1450. El rey Juan II ordenó que se derogasen todas los preceptos instaurados en contra de los judíos que se hubiesen establecido en Castilla, los cuales habían provocado la huida de los judíos de aquellos los lugares en los que se habían puesto en vigor.

1451. En el incremento de ese ambiente contra los judíos y musulmanes se promulgan unas ordenanzas restrictivas hacia ellos como la prohibición de andar de noche por las calles, entrar en iglesias o monasterios sin autorización, salir de sus casas durante las festividades cristianas, y la obligación de llevar señales distintivas cosidas en sus indumentarias.

1452. Tras las quejas de los judíos, el rey manda al Ayuntamiento de Toledo que cumpla su orden de anular las ordenanzas antijudías, y éste, el 23 de febrero, suprime algunas, y modifica y mantiene otras.

Se inicia una especie de “limpieza étnica” para eliminar del reino a los moriscos (musulmanes convertidos al catolicismo romano) y a los judíos y conversos (llamados de forma peyorativa, marranos –el investigador Israel Salvator Révah definió al marrano como “un católico sin fe y un judío sin saber, aunque un judío por voluntad”-).

1467. Los conversos de Toledo, al sentirse amenazados, se armaron fuertemente, y el día de los Fuegos de la Magdalena (22 de julio) cercaron la catedral y mantuvieron a los cristianos cercados después de matar a dos canónigos y a algunos más. Un millar de cristianos y un refuerzo de 150 hombres llegados de Ajofrín vinieron a socorrer a los asediados. Los conversos tomaron puertas y puentes de la ciudad y montaron cuatro barricadas.

Los combates se iniciaron entonces en los alrededores de la catedral y prosiguieron en el barrio de la Magdalena. Los asediados pudieron salir, unos dicen que por la puerta que da sobre la calle de Ollas; otros, que por la del Reloj. La respuesta de los conversos fue prender fuego al barrio de la Magdalena. Todas las casas vecinas al Corral de Don Diego ardieron al instante.

Fray Mesa, cronista de Castilla, dice que el fuego se extendió con la fuerza del viento a la Trinidad, pasó cerca de San Juan de la Leche, redujo a cenizas la calle Nueva y la de la Sal, llegando hasta el mercado de las especias y hasta la iglesia de Santa Justa. El incendio prosiguió, según el cronista, por la calle de los Tintes y quemó la casa de Diego García de Toledo. Unas 1.600 casas quedaron destruidas.

Los cristianos viejos, después de largos días de lucha, pudieron finalmente controlar el fuego y reducir a los conversos. Su cabecilla, Fernando de la Torre, fue ajusticiado; muchos otros conversos correrían la misma suerte en días posteriores.

Así, esta sublevación no pudo revertir la situación de los judíos, la mayoría de los cuales abandonaron Castilla. Los que se quedaron tuvieron que “convertirse” y demostrar ese “deseo de ser cristianos” ante el Tribunal del Santo Oficio, aunque no se les permitió llevar armas ni acceder a puestos de la Administración.


1492. El 31 de marzo, se establece el Decreto de Expulsión de los judíos del Reino, por lo que la Judería de Toledo desaparece, y los Reyes Católicos reparten los edificios públicos de los judíos, con alguna excepción, entre los nobles y las órdenes religiosas para compensar la pérdida de sus rentas. Muchos habitantes de la judería decidieron convertirse y seguir viviendo en sus casas de la judería; otros prefirieron exiliarse manteniendo el judezmo en sus lugares de destino y conservando las llaves de sus casas pensando en regresar…

… ¡Nunca lo hicieron!

http://www.todocalidad.es/toledo-historia-la-juderia-i/
http://www.todocalidad.es/toledo-historia-la-juderia-ii/

jueves, 21 de junio de 2018

Camino de los Bandoleros a Guadalupe: vamos hacia Aldeanovita

Arquitectura popular en el entorno de Aldeanueva de San Bartolomé

Abandonamos La Estrella y vamos paralelos al arroyo Andilucha que en esta zona está muy deforestado y solamente conserva las resistentes y punzantes tamujas que festonean sus riberas. Comienzan ya a aparecer las primeras labrancillas y majadas construidas en pizarra.


Dolmende la Aldehuela en La estrella, cerca de Aldeanovita

Antes de llegar a “Aldeanovita”, vamos a visitar uno de los monumentos megalíticos con los que cuenta La Jara. Me refiero al dolmen llamado de La Estrella. Se encuentra en la finca conocida como la Aldehuela. 

Se trata de un dolmen erigido hace más de cuatro mil años por los hombres del Calcolítico, es decir, la Edad del Cobre. 

Hay que señalar que a la distancia de algo más de un kilómetro en dirección oeste se pueden observar todavía las curiosas trincheras de unas antiguas minas de cobre conocidas como las minas de La Borracha. 

No es extraño que estos afloramientos de metal, así como los del cercano pueblo de Campillo de la Jara, fueran ya explotados por las gentes que construyeron el dolmen y que, probablemente, fueron también quienes pusieron por primera vez en práctica la agricultura y la ganadería en estas tierras.Muralla del castro de Castrejón en Aldeanovita

Aunque actualmente se encuentra algo modificada su estructura por las labores agrícolas, podemos distinguir que este dolmen estaba formado por una serie de doce ortostatos de piedra con una altura de 1,80 metros de los cuales una parte se clavaba en el suelo. Son unos grandes lanchones de granito que se disponen en círculo formando una cámara. 

A ella se accede por un corredor formado por dos filas de seis ortostatos de menor altura y entre los que se puede distinguir uno de pizarra que tiene grabada una cazoleta. 

Otro ortostato caído entre la cámara y el corredor presenta también grabadas cazoletas y unas figuras antropomorfas muy esquemáticas que simulan figuras humanas. 

Las cazoletas son huecos semiesféricos de los que se desconoce el significado, aunque se ha especulado con su carácter simbólico o de utilidad en determinados rituales.

 Todo el conjunto megalítico estaba rodeado y cubierto por un túmulo formado por acumulación de tierra y pequeñas piedras

Homúnculo grabado en la muralla de El Castrejón

Parece que estos dólmenes se construían con una finalidad funeraria pero también tenían un significado relacionado con la distribución del territorio entre las tribus. 

En su interior se ha encontrado industria en piedra tallada, desde pequeños dientes de sílex que se embutían en un mango formando una hoz hasta puntas de flecha y magníficos cuchillos del mismo material, acompañados con fragmentos de la cerámica utilizada en la época, hecha a mano, sin torno. 

En el cercano término de Navalmoralejo se encuentra el dolmen de Azután, también encuadrado dentro del llamado megalitismo extremeño, y del que hablaremos en capítulos sucesivos.

Mina de la Borracha

Para acceder al dolmen que hoy nos ocupa debemos de recorrer desde La Estrella algo más de cuatro kilómetros por la carretera. 

Pasado el kilómetro 66,2 sale un camino a la derecha que nos conduce hasta el camino de Puente del Arzobispo a menos de un kilómetro. 


Lo tomaremos en dirección norte y lo seguiremos dos kilómetros y medio hasta llegar al dolmen que se encuentra situado a unos doscientos metros a la izquierda.

Paisaje en la Jara occidental cerca de Aldeanovita

Volvemos sobre nuestros pasos sin necesidad de volver a la carretera y llegamos a Aldeanueva de San Bartolomé. 

Este pueblo es conocido en la zona como “Aldeanovita” para diferenciarlo de Aldeanueva de Barbarroya, y ya que estamos con temas arqueológicos debemos reseñar que el caserío se sitúa a los pies de una pequeña elevación que se denomina el Castrejón. 

Como su nombre indica, este lugar fue un antiguo castro amurallado cuya fortificación es conocida en el pueblo como “La Cerca de los Moros”, de cuyas defensas todavía podemos observar restos arruinados que habrían sido construidos en la Edad del Cobre como el dolmen antes referido. 

También se observan restos de los muros de las viviendas del poblado que posteriormente estuvo habitado también durante la Edad Media. 

Vale la pena encaramarnos a esta pequeña altura y disfrutar de la vista jareña que desde allí se contempla

Estela de guerrero de la Edad del Bronce de Aldeanueva de San Bartolomé

Al igual que Las Herencias, cuenta este pueblo jareño con una estelade la Edad del Bronce en pizarra. 

En ella se observan una serie de motivos grabados entre los que destaca una figura humana de guerrero tocado con un casco del que salen dos enormes cuernos. 

El guerrero está acompañado de su espada, la lanza, el escudo, el carro y un animal muy esquemático que podría querer representar el animal de tiro. 

También aparecen las habituales cazoletas que vamos viendo talladas en los monumentos prehistóricos de la comarca.Sepulcro romano utilizado como abrevadero en Aldeanovita

Al este del caserío se encuentra una fuente donde uno de los pilones para abrevar el ganado no es otra cosa que un sepulcro antropomorfo de granito en el que se marca claramente la zona destinada a la cabeza del difunto. 

La presencia romana también está documentada por el hallazgo de un ara con la que un tal Valerio Vracio cumplió un voto a Júpiter, como se deduce de la inscripción.

http://lamejortierradecastilla.com/nos-vamos-para-aldeanovita-camino-de-los-bandoleros-a-guadalupe-9/

miércoles, 20 de junio de 2018

Nuestra Señora del Tiro ¿Una Virgen Negra, del Temple toledano...?

Dice la tradición, que en su toledana capilla de San Miguel, los caballeros templarios veneraban una imagen "morena" de Nuestra Señora, hoy de olvidada advocación, y en paradero desconocido. 

Aunque, por los indicios conservados, debió ser una Virgen Negra.

La única imagen de tales características, existente en Toledo, no se halla entronizada en ningún templo y nadie conoce su origen, lo que nos permite plantearnos un interrogante:

 ¿Será dicha imagen, la perdida Nuestra Señora del Temple?.

Pegada al ábside catedralicio, se alza la gran Sala Capitular.


Al exterior del muro sur, a media altura, se halla una hornacina protegida por cristal emplomado y reja, que cada noche es alumbrada por un pequeño farol.

Pocos son los que se detienen a intentar contemplarla, y menos los que se fijan en ella con un poco más de atención. 

El común de los mortales, pasa bajo el misterio sin saber tan siquiera que existe. 

Porque allí, oculta tras la suciedad que empaña el vidrio, una imagen, popularmente conocida como"Virgen del Tiro", sonríe para sus adentros, esperando que alguien descifre el enigma de esta "viajera del tiempo"..

Extraña advocación, esa "del Tiro", que según antiguos cronistas, de mediados del s.XIX, proviene del "tiro" de cuerda, accionado por una polea que, situada en el último piso, servía para introducir en el obrador de cera, de la Catedral, los materiales para elaborar las velas. 

El problema está, en que una inscripción del hueco, donde se aloja la polea, dice: "Se yzo, año de 1806". Luego, la imagen es llamada "del Tiro", tan sólo desde el año en que se hizo el hueco y colocó la polea, por lo que, anteriormente, tendría otra advocación. 

Además, esta Virgen tan sólo está en dicho muro desde el s.XVI, pues la Sala Capitular fue construida, por Enrique Egas, entre 1504 y 1512, por orden del Cardenal Cisneros.
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¿En qué templo moraba, con anterioridad a dicho siglo, esta Virgen Negra de advocación olvidada, que nadie sabe de dónde ha salido? 

¿Procede quizá, de la capilla templaria, tras haber estado arrinconada en las bóvedas catedralicias, junto a otras muchas obras medievales?

No deberíamos olvidar que, la grandiosa Catedral de Toledo, fue comenzada por el arzobispo-cronista don Rodrigo Jiménez de Rada, en gratitud a la Virgen por la victoria de Las Navas de Tolosa (1212) sobre los musulmanes.

 Batalla ganada con la celestial ayuda de Nuestra Señora, y la colaboración de las Ordenes Militares, entre las que figuraba un fuerte contingente templario al mando de un comendador que pereció en el combate. 

Y no perdamos de vista, que el arzobispo don Rodrigo era, no sólo, amigo de la Orden del Temple, sino, además, nieto del Comendador templario de Novillas (Zaragoza), don Pedro Tizón.
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La Virgen del Tiro, tiene todos los caracteres de una "Dama Negra del Grial", heredera de los viejos cultos a la Madre Tierra. Por su color, postura, atributos y tamaño, parece una imagen de fines del s.XII o comienzos del XIII. 


Muy estilizada, la vestimenta de la madre y la postura lateral del Niño los asemejan -salvando las distancias- a la imagen negra de la Mare de Dèu del Claustre, en Solsona (Lleida), que dicen es una copia de la Virgen Negra de la Daurade, en Toulouse (Francia), aquella esotérica "Dama de los Trovadores".

Curiosamente es la única imagen, en todo Toledo, sobre la que no quedan datos, pues de todas las demás, incluidas otras dos que tienen ciertos caracteres de Virgen Negra: la del Sagrario (en la Catedral) y la de San Cipriano -que por cierto, dicen que "son primas"-, se conserva algún recuerdo de sus orígenes y andanzas. 

¿Estamos ante la imagen perdida que recibió culto en la capilla templaria?
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Cuando el Temple fue extinguido, en 1312, el arzobispo toledano don Gutierre Gómez de Toledo tomó posesión de las riquezas de la Orden, tras perseguir, encarcelar, y hacer torturar hasta la muerte, a los caballeros. 

Tales bienes fueron empleados según conveniencia. Generalmente, los objetos de culto, como cálices, relicarios, crucifijos e imágenes, eran reutilizados tras un examen minucioso para borrar posibles símbolos templarios. 

Aunque no sería hasta la época barroca, cuando se dieron los casos más descarados de ocultación. 

A veces, en el caso de imágenes de santos, cristos, o vírgenes, sobre todo si eran famosas y de gran veneración en santuarios de la Orden, se retiraban del culto por un tiempo. 

Luego, volvían a aparecer, cambiados su hábitos, su color, sus símbolos, e incluso sus tradiciones y leyendas. 

Otras, eran relegadas a destinos humildes, poco destacados, como ermitas, humilladeros y hornacinas...
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¿Acabó, la Virgen Negra del Temple, en los desvanes catedralicios, hasta que en el s.XVI alguien decidió utilizarla en la hornacina del edificio de Enrique Egas?

Tras el sucio cristal, su hierático rostro negro parece esbozar una sonrisa de complicidad. Si prestamos atención, casi podemos escucharla murmurar los versos del Cantar de los Cantares, que tanto gustaban a san Bernardo, cofundador del Temple:

 "Negra soy, pero hermosa, hijas de Jerusalén... no os fijéis en que estoy morena, es que el Sol me ha quemado..."

http://laberintoromanico.blogspot.com/2010/12/una-virgen-negra-del-temple-viajera-en.html

martes, 19 de junio de 2018

Molinos, Maquis, y Bandoleros en Toledo

Molino de Saucedoso entre Bayuela y Garciotún

Los molinos eran por tanto lugares de referencia en medio de la naturaleza en todos los sentidos y a ellos acudían gentes con intenciones de robo o de ocultamiento llegando por ello a los molinos bandidos y prófugos que ocasionaban no pocos sustos a sus moradores.


Ejemplos y anécdotas de este tipo aparecen en los archivos de la Santa Hermandad Real y Vieja de Talavera entre los que he escogido un caso ilustrativo. 

En el siglo XVII tienen lugar los acontecimientos, cuando tres vecinos de Valdeverdeja roban dos costales de trigo en el pósito de Torrecilla de la Jara mediante el sistema del butrón. 

Se les identifica por sus vestidos “a lo lagarterano” y sin ni siquiera perseguirles les esperan los cuadrilleros hermandinos en los molinos de Ciscarros, junto a Aldeanueva de Barbarroya. 

En este pueblo tienen un cómplice en cuya casa se refugian y limpian el trigo ahechándolo. Acuden luego al molino donde se les captura “in fraganti”, en plena molienda. 

Es curioso que en el proceso se cuenta cómo se realiza una prueba pericial en toda regla que demuestra que el aspecto y características físicas del grano robado coinciden con el intervenido a los ladrones que, por otra parte declaran a un testigo no haber delinquido nada más que por hambre. 

Ayudados por varios paisanos suyos consiguen escapar de la cárcel de Alcaudete de la Jara.Molino en Los Alares

Muchas son las aventuras de maquis, “los de la sierra” como suelen llamarles las gentes del campo, que he podido escuchar en boca de los molineros que muchas veces se vieron entre la espada y la pared, teniendo que actuar con exquisita discreción para no ganarse la animadversión “de los unos ni de los otros”, la Guardia Civil.

En una ocasión me contaba un molinero cómo había tenido simultáneamente a los maquis en el doblado y a la Guardia Civil en la sala de su molino. 

Había sido presionado para ayudar a ambos grupos pero optó por callar la presencia de los de la troje, evitando así un tiroteo de imprevisibles consecuencias.Molino de Peña en el Tiétar

En una batida de la “contrapartida”, es decir de los guardias vestidos con los monos que habitualmente vestían los milicianos de la resistencia guerrillera, otro molinero identificó a uno de estos guardias que había nacido en su pueblo. 

Cuando se marchaban se le escapó al buen hombre un “adiós mi cabo” que delató el disfraz de los guardias. La falta de dos de sus dientes quedó como testigo del indiscreto lapsus del molinero.

Muchas noches de miedo pasaron los molineros de las zonas serranas durante aquella época, presionados para obtener alimentos e información por ambos bandos, aunque la entrega de algún que otro costal de trigo suavizó el trato por ambas partes.


Molino en el río Pusa en término de Los Navalucillos


lunes, 18 de junio de 2018

Qué debe España a los Visigodos

Resultado de imagen de Visigodos
En la historiografía digamos progresista los visigodos tienen muy mala prensa, en proporción a la buena que se ha ofrecido a los moros, probablemente porque el régimen de éstos fue un despotismo oriental, y los despotismos siempre han subyugado la imaginación de nuestras izquierdas.

Se señala, así, que los godos apenas dejaron restos artísticos (fueron arrasados por los árabes), salvo, acaso, el arco de herradura; tampoco vocabulario en el idioma (lo que indica que el suyo original debió de diluirse muy pronto); que fueron una pequeña minoría (también lo fueron los árabes y los moros, tan queridos por esas corrientes). 

Américo Castro se obstinó en negarles la condición de españoles, mientras que Ortega y Gasset, por el contrario, les atribuía un papel similar al de los ingleses en la India. Ambos enfoques constituyen dos evidentes disparates en cuanto los confrontamos con los hechos reales.



El período romano (seis siglos) hizo de Hispania una nación cultural, conformando lo esencial de nuestra cultura hasta hoy: el idioma, el derecho, la religión, una base literaria, muchas costumbres y actitudes... Luego llegaron los godos o tervingios, originarios probablemente de Suecia, tras peregrinar durante siglos por la Europa centrooriental y meridional, hasta disolverse en la población local nueve o diez siglos después de haber emprendido su migración desde Escandinavia.

La estancia de los visigodos en España duró casi tres siglos, y puede dividirse en tres períodos. De 415 a 507 se extendieron sobre gran parte de Hispania y de la Galia, con el centro de gravedad en esta última y capital en Toulouse. 

Resultado de imagen de VisigodosTras su derrota por los francos, los godos se asentaron en Hispania, reteniendo una pequeña parte de la Galia y con capital oscilante entre Barcelona, Sevilla, Mérida y Toledo. 

Por entonces seguían formando una casta conquistadora ajena a la población indígena y al propio territorio, del que podían haber emigrado como antes lo habían hecho de tantos otros. Existía un poco estable reino godo, no hispano-godo, aunque aumentó la identificación de los invasores con el territorio y la asimilación cultural a la población políticamente dominada.

El reinado de Leovigildo, a partir de 573, marcó un nuevo período muy diferente, que duraría unos 140 años hasta la extinción del estado, en torno a 714. Leovigildo constituyó un reino hispano-godo renunciando a gran parte de las tradiciones bárbaras, y Recaredo completó la reforma en un proceso muy probable de disolución de la etnia germánica en la hispanorromana. 

El poder político y militar permaneció en manos de la oligarquía tervingia, si bien debió de haber una interpenetración creciente con la oligarquía hispanorromana, según sugieren nombres como Claudio, Paulo o Nicolaus (tampoco es imposible que hispanorromanos adoptaran nombres germánicos, y viceversa). Simultáneamente, la organización cívico-religiosa romana –el episcopado– adquirió peso y representación creciente en el poder político.

Esta tercera fase marca la constitución política de la nación española, con tinte germánico pero sobre la base cultural heredada de Roma y el catolicismo (aun si persistían restos marginales de paganismo y pequeñas zonas montañosas apenas latinizadas).

Así, políticamente dominadores, los visigodos fueron culturalmente dominados: no fundaron Gotia, sino España, no impusieron el arrianismo, sino que adoptaron el catolicismo, ni extendieron las costumbres germanas, sino que se asimilaron cada vez más las romanas. Por consiguiente, nada tiene que ver con la función de los ingleses en la India, que impusieron su política pero permanecieron como un cuerpo extraño al país, sin asimilarse en absoluto a él. 

La sugerencia de Ortega podría tener más sentido si lo hubiera comparado con la formación de Inglaterra por los normandos llegados de Francia, pero ni siquiera ese paralelo sirve. Los normandos formaron una oligarquía que impuso sus formas políticas y el idioma francés, pues en tres siglos no se molestó en aprender el inglés. Los godos, realmente, se fundieron con la población y cultura hispanorromanas, conservando solo aspectos secundarios de la suya.

Vale la pena comparar la Hispania goda con la Galia franca. En la historiografía europea suele aceptarse que la nación francesa comienza con la conversión de Clodoveo al catolicismo, antes de que Leovigildo impusiera sus reformas en España. Francia sería por tanto la primera nación fundada en Europa sobre las ruinas del Imperio romano. 

Pero cabe dudarlo: la dinámica franca consistió en una continua división y reparto de la Galia, que durante mucho tiempo rara vez estuvo unida políticamente; la España visigoda siguió desde Leovigildo una política tenazmente integradora de toda la península, como así llegaría a ser. En ello vemos también otra falsa intuición de Ortega, cuando compara desfavorablemente a los godos, "corrompidos por la civilización", con la fresca e impetuosa sangre bárbara de los francos. 


Muy al contrario, los reinos francos, aparte de su escasa o nula identificación con la posterior Francia, tuvieron un historial de corrupciones y crímenes de verdadera pesadilla si se lo compara con el de los visigodos –no exento, desde luego, de violencias–. Los godos fueron el primer reino de la Europa occidental post-romana en fundar algunas ciudades, entre otros indicios de su superioridad organizativa y emprendedora.

Lo que hicieron los godos, en suma, fue transformar una nación cultural en una nación política, única en Europa en su tiempo. No lo hicieron solos, sino con el impulso del episcopado, verdadero representante por entonces de la población hispanorromana. 

La nación trajo consigo logros como el habeas corpus visigodo, primera manifestación de un derecho fundamental, cierta autonomía municipal, una concepción de la libertad personal y una legislación compleja cuyas bases se mantendrían en España hasta el siglo XIX, etc.

Esta nación política pudo haberse venido abajo con la invasión musulmana, y España quedar integrada culturalmente en el islam, como una prolongación del norte de África. Pero, como sabemos, no fue así. Entre los cristianos –mozárabes– bajo dominación islámica pervivió la añoranza de la "España perdida", incluso su legislación particular, y tan pronto los cristianos pudieron organizar una resistencia seria en el norte vindicaron la herencia goda. 

Algunos historiadores han querido hacer de esa vindicación una invención arbitraria, pero estaba plenamente justificada: como ha indicado el especialista Luis García Moreno, sin la nación hispano-goda previa, España se habría convertido en Al Ándalus y seguido el destino del Magreb; y la Reconquista simplemente habría sido imposible o quedado en la formación de unos cuantos reinos y condados primitivos, dispersos por las montañas del norte.

Debemos a los godos, pues, esa enorme contribución a nuestra historia. Otra cosa es que a unos cuantos –cada vez más, por ahora– les disguste España, su historia y su cultura, y añoren un reingreso de la península –ya no sería España– en el ámbito musulmán-magrebí.

Pío Moa 2009-10-14
https://www.libertaddigital.com/opinion/historia/que-debe-espana-a-los-visigodos-1276237062.html

domingo, 17 de junio de 2018

Guia facil para conocer Ciudad de Vascos

Completamos al capítulo anterior sobre fortalezas del Tajo con esta excursión a la Ciudad de Vascos, toda una ciudad amurallada musulmana abandonada hace casi mil años

Vista general de la alcazaba de ciudad de Vascos

Recorrido aproximado 19 kilómetros ida y vuelta si vamos andando desde Puente del Arzobispo, 6 horas; 10 kilómetros si el recorrido lo hacemos solamente desde el cruce de Navalmoralejo, 3 horas.

Salimos de Talavera y nos dirigimos a Puente del Arzobispo, cruzamos el puente y tomamos la carretera de La Estrella. 



En el camino podemos visitar el dolmen de Azután y un paraje junto al Andilucha en el que vemos un viejo puente, un horno tejar y los restos de un viejo molino. 


Llegamos después al cruce de Navalmoralejo. Justo enfrente, parte un camino que nos conducirá a la Ciudad de Vascos tras un recorrido de unos cuatro kilómetros. 

Los conejos saltan a nuestro lado mientras recorremos un agradable encinar adehesado.

Trescientos metros antes de llegar a la muralla podemos observar enterramientos musulmanes a ambos lados del camino. 

Se trata de una de las necrópolis de la ciudad compuesta por inhumaciones de cadáveres colocados de costado, orientados de este a oeste y con cuatro cipos o piedras alargadas que delimitan las cuatro esquinas de cada sepultura. 

Calle calzada en Ciudad de Vascos

Parece que antropológicamente, los individuos allí enterrados son de la etnia bereber, que sabemos también por datos históricos que fueron traídos por su carácter aguerrido a esta línea del Tajo para defender la frontera contra los cristianos.

Aparcamos el coche en una pequeña explanada junto a la muralla y accedemos al interior a través de un derrumbe de la misma. Pasamos al interior de la zona amurallada e iniciamos el recorrido siguiendo los indicadores. 

Descendemos por la zona oeste del recinto amurallado, que encierra nada menos que las ocho hectáreas de superficie que tiene esta misteriosa ciudad.


Llegamos a la zona “A”, situada en una pequeña vaguada bajo la alcazaba. Es uno de los sectores urbanos ya excavados donde observamos las dependencias de las viviendas, habitaciones pequeñas en torno a un patio y algunos detalles como molinos de mano fragmentados, silos de almacenamiento excavados en la roca, las jambas de las puertas, el lugar chamuscado donde se situaba el hogar y alguna pila excavada en la piedra.


Junto a esta puerta noroccidental de la muralla se observan las dependencias del cuerpo de guardia con acceso directo al muro. Es curioso ver en la cara exterior de la puerta un arco de herradura labrado en bajorrelieve para darle aspecto musulmán, en una especie de arabización a posteriori de la puerta.Caldarium del baño de la Mora

Y ya que hemos salido por esa puerta, precisamente subiendo unos metros por el arroyo de La Mora arriba se encuentran los restos de uno de los baños árabes de la ciudad. 

Con su vestuario, sus salas de baño caliente y frío, la leñera y la dependencia donde se calentaba el agua etc.Mezquita de la Ciudad de vascos

Volvemos nuevamente al interior del recinto amurallado y subimos hacia la alcazaba, la parte más fuerte de las ciudades medievales. 

Antes de entrar observamos una dependencia de planta rectangular con columnas que es la mezquita principal de la ciudad. 

Es curioso observar en ella los restos del mihrab, esa pequeña dependencia orientada a la Meca que estaba más o menos lujosamente decorada según la riqueza de la mezquita, aunque en este caso solamente queda un hueco en el tapial del muro sur. 

A la entrada de la mezquita se observa una pileta apenas conservada donde probablemente hacían sus lavados rituales los musulmanes antes de rezar. Se mantienen también fragmentos de algunas de las columnas que sostenían la techumbre.

La entrada a la alcazaba, donde además residía el jefe militar de la plaza, conserva todavía el arranque del arco de herradura, restos de murallas y torreones y un aljibe para almacenar agua. 

Si nos asomamos al sur contemplamos una vista espléndida con la confluencia del arroyo de la Mora en el río Huso o el embalse de Azután y Gredos al fondo.Puerta de la alcazaba con el arranque del arco de herradura

Bajamos de la alcazaba y vamos observando la zona “E”, donde se encuentran los cimientos y muros viviendas de rango superior y algunos edificios públicos. 

En esta zona se han hallado también restos de poblamiento romano anteriores a la ocupación árabe de la ciudad, e incluso lascas de sílex y cerámica que demuestran poblamiento prehistórico.

Ascendemos hacia la zona “B” donde veremos lo abigarrado de las callejuelas, su empedrado, los sistemas de desagüe de las viviendas, los hogares etc. En la muralla de esta parte se observa un portillo de los seis que se conservan actualmente.

Aquí nos asomamos a la muralla y vemos un entorno paisajístico de gran belleza con el bosque mediterráneo rodeando la ciudad, en cuyo interior crecen los almendros. 

Está flanqueada al este por el impresionante cañón granítico del río Huso en cuyos despeñaderos abundan los espárragos de cambronera y las rapaces que sobrevuelan la impresionante formación granítica. 

Los patos también transitan por las aguas tranquilas del reculaje del embalse de Azután en el río Huso. Al otro lado del arroyo de La Mora se esconden también los restos de un barrio extramuros, con las ruinas de unas tenerías y quizá otras dependencias artesanales.Puerta oeste de la Ciudad de vascos que da acceso a los baños

Muchas teorías se han aventurado sobre la significación del nombre “Vascos” pero ninguna está fundamentada. La despoblación de la ciudad en el siglo XI también es un enigma, aunque sí sabemos que tuvieron que abandonarla los musulmanes por las exigencias de Alfonso VI, que ya preparaba la toma de Talavera y Toledo. Sí conocemos la finalidad estratégica que tuvo esta población defendiendo, junto con otras fortalezas, como Castros, Espejel o Alija, la línea defensiva del Tajo del avance de los cristianos en la Reconquista. 

Sí sabemos que la propia ciudad o al menos su ámbito de influencia se conoció como Nafza en el mundo musulmán. También conocemos que en el siglo XVII aparece en documentos como la ciudad de “Vasquez”, por lo que puede que este nombre de “Vascos” simplemente haga alusión al apellido de un antiguo dueño, y tal vez pueda esta explicación tan sencilla darnos la solución al enigma.

La tradición local vincula a Vascos con cierta actividad metalúrgica pues, aparte de ciertos restos hallados, se encuentra comunicada por un viejo camino con las minas de oro y hierro de Sierra Jaeña.
Desde aquí partieron tropas convencidas por un santón musulmán llamado Al Quit para conquistar la ciudad cristiana de Zamora. 

Los generales bereberes no se fiaron de su jefe en el último momento y abandonaron el asedio, por lo que los pocos fieles que le quedaron no pudieron evitar su derrota por Alfonso III y que su cabeza quedara expuesta clavada en una pica junto a las murallas del Duero. Este curioso personaje convencía a la gente mediante trucos de magia y predicaba a los fieles de pie sobre un asno.

Además del patrimonio que antes hemos mencionado antes de llegar a la Ciudad de Vascos también podemos acercarnos a Navalmoralejo, donde se ha instalado un pequeño museo para dar a conocer mejor los restos arqueológicos de la ciudad hispanomulmana.


También podemos acercarnos al embalse de Azután pasando por el pueblo que le da nombre, que fue propiedad de las monjas del monasterio de san Clemente de Toledo. Quedan junto al río restos escasos de la torre árabe de observación que lo originó y un viejo molino que se halla junto a ella. El pueblo cuenta con una arquitectura tradicional en adobe y tapial.

Se puede hacer el camino hasta la Ciudad también en turismo, aunque la parada en el dolmen es un tanto dificultosa y debemos avanzar para aparcar hasta el arroyo Andilucha por seguridad.

http://lamejortierradecastilla.com/guia-facil-para-conocer-la-ciudad-de-vascos/

sábado, 16 de junio de 2018

Ramadán Mubarak. Los sonidos perdidos de la noche de Tulaytulá.

Toledo atesora un enorme patrimonio material, tanto que en muchas ocasiones no ha sido posible conservarlo. 

Ese patrimonio visible (y visitable) es una de las dos caras de la misma moneda, cuyo reverso ha sufrido aún peores envites con el paso de los años. 

Me refiero al patrimonio inmaterial, al invisible, al que da sentido al pueblo que habita esta enorme roca desde hace 2000 años y que ha ido cambiando con el paso de los siglos. Fiestas, cánticos, danzas, recetas de comida, mitos, miedos, leyendas, aromas, romerías y todo tipo de costumbres que fueron compartidas siglos atrás y de las que hoy apenas queda recuerdo, unas por abandono y otras por distintas coyunturas históricas. 



Durante casi cuatro siglos una de ellas dio vida a las ahora poco vivas noches toledanas, llenando las calles de olores, sabores y sonidos hoy perdidos. 

Me refiero al Ramadán que hoy comienza y que se extenderá durante todo el mes lunar que rige la vida de los musulmanes y musulmanas de todo el mundo.

Ramadán ocupa el noveno mes en el calendario lunar islámico y es especialmente venerado como el mes en que fue revelado el Corán. El ayuno es uno de los cinco pilares fundamentales del Islam y tan sólo una parte de Ramadán que es, ante todo, un mes destinado no sólo al ayuno (por lo que generalmente lo conocemos quienes hemos sido educados en la fe católica) sino especialmente a la introspección y a la oración, a la reflexión. 

Pero el ayuno es, quizá, lo que marque más profundamente el día a día de quienes lo practican, como también la ruptura del ayuno o iftar marca las noches de este mes. Apenas visible en el Toledo actual, pues la comunidad islámica es mucho más minoritaria de lo que lo fue la cristiana en tiempos de Tulaytulá, en aquellos años de pertenencia de nuestra ciudad a Al Andalus cada noche de Ramadán debía ser una gran fiesta. Y como tal, aunque nos cueste creerlo, participarían también de ella las poblaciones de cristianos y judíos.

Al Andalus era una entidad política en la que el Islam era la religión mayoritaria y todos sus dirigentes participaban de ella. Más allá de la práctica diaria de la fe, las costumbres y rutinas eran compartidas muchas veces por igual entre sus habitantes. Y, ¿quién no iba a celebrar una fiesta pudiendo hacerlo? La interrelación entre cristianismo e islam fue constante y frecuente desde la conquista de la península del 711. 

Ambos fueron siempre más numerosos que los judíos, ambos compartieron el reparto del poder durante toda la Edad Media, ambos reutilizaron espacios de culto y tanto unos como otros modificaron rasgos culturales del otro en mayor o menor medida. Con muchos matices y algunos periodos de inusitada violencia, ambos convivieron durante siglos por interés y obligación, y generalmente consiguieron hacerlo en paz. 

La jerarquía eclesiástica marcó una enorme distancia con las celebraciones judías, consideradas siempre propias de un pueblo afín teológicamente pero deicida que, además, nunca llegó a tener un poder político como el islam con el que intentar congraciarse. En cambio, toleró que la minoría cristiana celebrase junto a la mayoría musulmana ciertas fiestas, algo que a la inversa sucedió igualmente a lo largo de la historia de Al Andalus.


Los andalusíes observaban y respetaban rigurosamente las principales fiestas del calendario musulmán. La condición minoritaria de los cristianos hacía difícil oponerse a ellas y, por tanto, a la religión impuesta desde arriba. 

Pero qué duda cabe que en el ánimo de los andalusíes cristianos, los mozárabes, estaba también el de celebrar con sus vecinos sus principales fiestas. 

Despojadas de sus sentido devoción y religioso, las fuentes árabes nos hablan de cómo los cristianos de Al Andalus celebraban el Ramadán, especialmente la Noche del Destino o Laylatu l-Qadr en la que se conmemoraba la revelación del Corán a Mahoma, así como distintos ayunos diarios y especialmente el Id al-Fitr que señala la luna nueva del fin de Ramadán. 

Nadie exigía a cristianos y cristianas que ayunasen, y con seguridad no lo harían, pero sí se sumaban a esa parte festiva que cada noche unía alrededor de una mesa a vecinos y vecinas de Toledo y otras ciudades de Al Andalus. ¿Acaso hoy alguien exige a quienes se suman a la celebración de Halloween o de Santa Claus que crean o conozcan la tradición tras la cual estas celebraciones surgieron y han llegado hasta España? Entonces tampoco.



Pero quizá lo más sorprendente para quienes leen este blog, en un momento en el que la toxicidad informativa alcanza cotas de absoluta desvergüenza, sea saber que también la mayoría de musulmanes y musulmanas celebraban fiestas cristianas con absoluta libertad y voluntad. Se trataba de respeto, interés y convivencia, sin más. Jesucristo, profeta igualmente respetado en el islam, no suponía una figura polémica para la mayoría musulmana, como tampoco lo era Juan Bautista. 

Ambos eran celebrados asiduamente en Al Andalus por las comunidades religiosas mayoritarias. El cristianismo, según su seguimiento del calendario gregoriano (juliano entonces, antes de la reforma del siglo XVI), determinaba el paso del 31 de diciembre al 1 de enero como la gran fiesta de Nochevieja y de Año nuevo a la que anualmente se sumaban miles de musulmanes. 

Por igual, las familias de unos y otros compraban frutas, horneaban pasteles enormes con formas de ciudades y recintos amurallados (un claro precedente de los actuales roscones de Reyes) y se reunían a comer el primer día del año cristiano tras la fiesta celebrada el día anterior. 

Lo mismo sucedía meses después durante el Jueves Santo cristiano o Jamis Abril musulmán, que conmemora la última cena de Jesucristo con sus apóstoles y se celebraba en los hogares de unos y otros indistintamente, o la fiesta de Pentecostés que Ibn Hayyan cita como habitual en su Muqtabisentre las celebraciones musulmanas. 

Especialmente famosa era entre andalusíes la noche de San Juan o Mahrayan(vocablo de origen persa que convivía con el término Ansara en Al Andalus), que conmemora el solsticio de verano a finales de junio. Para aquella fiesta se encendían hogueras en playas y campos, despojándose de las ropas usadas y colgándolas para que el rocío de la noche las bañase y cocinando y comiendo por igual la al-mujabbana o almojábana, un pastel relleno de queso frito y cubierto de azúcar de canela, miel y agua de rosas que eran especialmente famosas en Toledo, Jerez y el Magreb.

Foto de Conchi

Frente a la tradición cristiana que celebraba desde muy al comienzo el nacimiento de Jesucristo, en el islam la celebración de Mahoma resultaba imposible, pues no se sabía la fecha de su nacimiento. 

Renunciar a una fiesta como la celebrada por los cristianos era algo a lo que los musulmanes andalusíes no estaban dispuestos, así que durante siglos en muchas ciudades de Al Andalus y del Dar al Islam comenzó a celebrarse el Mawlid, la fiesta por el nacimiento del profeta Mahoma

Las familias andalusíes se obsequiaban con reglaos, acudían a los mercadillos callejeros en los que se vendían dulces y comida típicos de esa época, frutos secos, etc. 

Y al igual que ahora, algo que inevitablemente atraería hacia la fiesta a asalariados y jóvenes, las clases escolares y algunos trabajos se suspendían durante días, con el objetivo de priorizar así cualquier celebración conjunta. 

Tal fama alcanzó esta fiesta entre los vecinos musulmanes de Al Andalus que el rey de la taifa de Ceuta, Abu l-Qasim al-Azafí, se escandalizaba en el siglo XIII de cómo sus correligionarios parecían más interesados porque llegase esta fiesta o la noche de San Juan que cualquiera de las propias reservadas para un musulmán. Categóricamente creía que “el que imita a gente extraña [los cristianos] termina convirtiéndose en uno de ellos]” y no dudó en invertir la situación importando una celebración ajena a un calendario propio. 

Desde el siglo XIII, el Mawlid quiso extenderse desde el sur como una enorme fiesta en la que los banquetes, las poesías, la música y la propaganda monárquica ocupaban varios días del mes de Rabi al-Awwal, tercero del calendario musulmán. Pero ante la obviedad histórica de no conocer la fecha exacta del nacimiento del profeta, la fiesta no cuajó como si lo había hecho entre los sultanes de Fez y de Tremecén, y los intentos políticos de ulemas y alfaquíes se dirigieron a perseguir la celebración conjunta de la Navidad entre musulmanes y cristianos.

El ambiente de permisividad y tolerancia que narran las fuentes de los primeros siglos de Al Andalus cambia por completo al atender al periodo de dominación almorávide y, muy especialmente, almohade. La intolerancia y la ortodoxia se dispararon con la llegada de los últimos grandes señores de un Al Andalus que entraba en decadencia, mientras que al otro lado de la frontera comenzaba a configurarse gracias a la expulsión y marcha voluntaria de muchos andalusíes una nueva entidad de cultura y superioridad intelectual: el Toledo conocido como la Ciudad de las Tres Culturas

Miles de judíos que huyeron tras masacres como la que arrasó la judería de Lucena, cristianos y musulmanes se refugiaron en Toledo y ayudaron a hacer de esta ciudad el centro cultural y científico principal de Occidente al menos hasta el siglo XIV, cuando el antisemitismo y el fin de la conquista cristiana peninsular rompieron aquel soñado proyecto de convivencia. 

Las Tres Culturas y la costumbre de celebrar ciertas fiestas de forma conjunta desapareció de la naciente España, pero se mantuvieron vivas en territorios más orientales como lo era la Palestina histórica y Tierra Santa. Allí había llegado en 1615 el fraile franciscano Blas de Buiza, con el objetivo de entregar los 16.000 reales recaudados en Europa para el mantenimiento de la custodia franciscana de Jerusalén. 



Años después imprimió un diario de su viaje titulado Relación nueva, verdadera y copiosa de los sagrados lugares de Jerusalén en el que narraba como el Domingo de Ramos en Jerusalén “todos los cristianos, hombres y mujeres y niños de aquellas partes, y los peregrinos que de estas en aquella sazón se hallan, echan sus capas y vestiduras por el suelo y las mujeres sus tocas, haciendo grande demostración de alegría cuando el asnillo las pisa, besándolas muchas veces cuando las tornan a levantar y hasta los mismos turcos que están esperando este día con singular alborozo se hallan presentes, y echan flores en la tierra por donde pasa el jumentillo, y en su lengua cantan el Hosana en señal de alegría, y lo acompañan hasta dentro del convento (…) 

La cual es una ceremonia muy tierna y devota que mueve grandemente a los que la ven a compunción y lágrimas”. Tiempos recios para la España de Santa Teresa (cronista de su época, descendiente de judíos conversos y objetivo de las sospechas de la Inquisición), en las antípodas de aquello que siglos atrás había sido en relación a la convivencia de las tres religiones.

Hoy nuevamente Ramadán es una celebración que casi dos millones de españoles y españolas celebran anualmente.

Incluso, en algunos países de mayoría cristiana como Etiopía, se sigue celebrando de forma parecida a como pudo hacerse en Al Andalus. 

Por eso desde Tulaytulá os animamos a curiosear sobre esta fiesta, a FELICITAR (y no a compadecerse) a quienes lo celebran y, si podéis, a disfrutar de alguna ruptura nocturna del ayuno si tenéis la suerte de que se os invite. 

Como os decía líneas atrás, todo se basa en tener respeto, curiosidad e interés por quienes desde siempre han estado aquí, aunque sea obligados a ocultarse. Si muchos mozárabes no tuvieron prejuicios en hacerlo hace 1000 años, ¿por qué habríamos de tenerlos ahora?


Procesión del último emperador mogol, Bahadur Shah, para celebrar el Eid al-Fitr o fin del ayuno del mes de Ramadán en 1843

17/May/2018
https://tulaytula.com/ramadan-mubarak-los-sonidos-perdidos-de-la-noche-de-tulaytula/

viernes, 15 de junio de 2018

Excursión a la Mina de oro de Sierra Jaeña

Vista desde la Sierra Jaeña, cerca de las minas, donde se ve a la izquierda el cerro Mogorro y al fondo la sierra de La Estrella
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Recorrido aproximado 8 kilómetros, tres horas.

Tomaremos un camino que sube hasta las instalaciones mineras y que parte de la carretera, en la salida oriental del pueblo.

Vamos ascendiendo y tomamos el tercer camino que sale a la izquierda, pasamos junto a una majada serrana de cuarcita y pizarra típica de la arquitectura de la zona y, envueltos por el aroma de las jaras, llegaremos a las casas de la mina donde se situaban las viviendas de los mineros, las cuadras, la administración y las dependencias donde se trataba el mineral con las correspondientes albercas de lavado y decantación.



Dependencias arruinadas de la mina de oro de sierra Jaeña

Las vistas sobre La Jara, con las Villuercas y la Sierra de la Estrella al fondo, las rañas de encina y cereal y las barreras de olivar ciertamente impresionan.

 También podemos observar cómo en medio de los canchales característicos de estas sierras, que aquí ocupan grandes superficies, se ven las manchas de la tierra extraída en diferentes bocaminas, pero la que nos interesa se encuentra justo detrás y por encima de estas casas mineras. 

Subiremos por una senda hasta la gran acumulación de materiales que se sitúa delante de la entrada a la galería.Boca de la mina de oro de sierra Jaeña



Podemos entrar dentro con linternas pero con sumo cuidado en la misma bocamina por estar hecha sobre conglomerado de arcilla con canto rodado que le da cierto aspecto de inseguridad.

Aunque ese terreno se convierte a los dos metros en la roca madre de la galería, en la que también se ven los orificios de ventilación y las vetas de cuarzo con puntos dorados que brillan con la luz, pero que en su mayoría son piritas, el llamado “oro de los tontos”, por confundirlo muchos neófitos con el oro verdadero.

Galería de la mina de oro de Sierra Jaeña

Si subimos por la ladera unos veinte metros llegaremos a un camino que tomaremos hacia la izquierda hasta la confluencia de otros en un collado. 

Junto al primero que encontramos se halla un gran boquete en el suelo que es otra explotación aurífera lo que deducimos por verse los restos del cuarzo aurífero que buscaban los mineros. 

Luego llegamos a otra confluencia ya en el mismo collado Guerra, y desde allí tomamos el camino a la derecha descendiendo por una mancha de bosque mediterráneo realmente bien conservado que nos puede dar idea de cómo eran nuestros bosques antes de que sufrieran la acción de los hombres.

Arquitectura popular en el camino de la mina

Bajamos en este agradable paseo en el que veremos baños de jabalíes y no será extraño que se nos cruce algún venado, o algún corzo, hasta llegar a otro camino en el collado de La Barrosa, llamado así por tener otra explotación minera con ese nombre, a la que se accede bordeando por la derecha la parcela de la vivienda situada en el collado, y siguiendo un camino que va hasta la casa minera y la galería hecha en la roca viva.

 Desde esta última mina regresaremos a Buenasbodas según nos indica el plano.

Entrada a la galería de la mina de Barros.

http://lamejortierradecastilla.com/excursion-a-la-mina-de-oro-de-sierra-jaena/

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