sábado, 18 de mayo de 2019

Toledo, 1914: una Ciudad Contra la Pena de Muerte

Plaza del Ayuntamiento, desde donde el 24 de abril de 1914 partió la multitudinaria marcha pidiendo el indulto (Foto, Colección de Postales, Archivo Municipal de Toledo

Los toledanos se movilizaron a principios del siglo XX para evitar la ejecución de Aniceto Camuñas Laguna, que había sido condenado a muerte por asesinar a su esposa

Por ENRIQUE SANCHEZ LUBIÁN@_toledo
TOLEDOActualizado:02/05/2019 

En la tarde del 24 de abril de 1914 cientos de toledanos se concentraron en la plaza del Ayuntamiento para participar en una multitudinaria manifestación. 

Su objetivo era intentar evitar que en el patio de la cárcel provincial, ubicada en el antiguo Convento de los Gilitos, se levantase un patíbulo para ejecutar a Aniceto Camuñas Laguna (a) «El Chato», vecino de Madridejos, quien había sido condenado a muerte por asesinar a su esposa. 




Desde el año 1898 en la provincia de Toledo no se había consumado ninguna pena capital.

La criminal acción de Aniceto había sucedido el 5 de agosto de 1911. Unos meses antes, tras haber permanecido encarcelado en Chinchilla por un delito de robo, regresó a Madridejos, donde le esperaba su esposa, Nicolasa Mayorga. Una vez en la localidad, en compañía de otros individuos planeó perpetrar un robo a un vecino del pueblo. 

Enterada su mujer de ello, le requirió que desechase tal pretensión, toda vez que en más de una ocasión ya había pagado penalmente otras acciones delictivas. En vez de atender tal requerimiento, Aniceto estranguló a su esposa, en su propio lecho, mientras dormía. Estaba embarazada de seis meses.

Cometido el crimen, Aniceto vagó por el campo, refugiándose en una casa de labor. Diez días después fue detenido por la Guardia Civil, siendo trasladado a la cárcel provincial de Toledo, a la espera de ser sometido a juicio.

La vista por el parricidio se celebró en la Audiencia Provincial los días 5 y 6 de junio de 1913, condenándose a Aniceto a la pena de muerte. Durante la misma, el doctor Fernando Sánchez, director el hospital de dementes, certificó que el acusado presentaba un cuadro de desequilibrio mental impulsivo. Los recursos presentados por su abogado defensor, Andrés Álvarez Ancil, no prosperaron y en abril de 1914 el Tribunal Supremo confirmó la sentencia. 

La ley establecía que la misma debería llevarse a cabo en la cárcel del partido donde se hubiera cometido el crimen, las condiciones materiales del presidio de Madridejos hacían inviable tal precepto, por lo que la ejecución se realizaría en la capital provincial.

En las ciudad de Toledo se esperaba que el indulto a Aniceto pudiera ser uno de los que, como era tradición, concediese el rey Alfonso XIII con motivo del Viernes Santo, pero no fue así. Ante ello, Álvarez Ancil, a través de las páginas de «El Eco Toledano», realizó un llamamiento público para evitar que «El Chato» fuese ejecutado. «Avecínese, pues –decía en su escrito-, un día triste y trágico suceso en esta capital, si el fallo dictado se cumpliese en su último trámite, pero en los límites de la acción de la justicia empieza la obra de misericordia». 

Así comenzó un amplio movimiento encaminado a librar a la ciudad de Toledo, «donde todo elevado sentimiento encuentra loable exaltación», del «luctuoso espectáculo del patíbulo siniestro».

Antonio Garijo, director de «El Eco Toledano», abanderó desde las páginas de su diario la petición de indulto. A tal fin se entrevistó con las autoridades provinciales y locales. El alcalde, Félix Conde, le prometió desplazarse a Madrid para realizar cuantas gestiones fueran necesarias para evitar que en Toledo hubiese un día de luto.

Dado que en la Audiencia Provincial ya se habían recibido las órdenes de la ejecución, se inició una intensa carrera contrarreloj para salvar la vida de Aniceto. «Toledo entero a estas horas –se leía en el diario-, muéstrase compadecido y preocupado, en expectación del día luctuoso que se le prepara en no lejano plazo, arrebatando la mano del verdugo la vida de un semejante, entre los muros históricos de su ciudad».

En la noche del día 21 de abril, el Ayuntamiento pleno, a propuesta del concejal Emilio Bueno, se sumó a las peticiones de indulto. El gobernador civil, Miguel Fernández Jiménez, telegrafió al presidente del Consejo de Ministros, transmitiéndole la consternación en que se encontraba la capital y solicitando su intercesión para que Alfonso XIII dictase la gracia del indulto para el «desdichado a quien su delito lleva al más trágico y horrible de los fines».

 La Casa del Pueblo acordó prestar su decidida cooperación a cuantos actos se organizasen para salvar al reo. Idéntica predisposición fue comunicada desde el Centro Instructivo de Obreros Republicanos. Y el alcalde Conde encabezó una comisión que se trasladó hasta Madrid para, en unión de diputados y senadores por la provincia de Toledo, realizar cuantas gestiones pudiera.




Aunque en la opinión pública existía unanimidad para evitar que enToledo se consumase una pena de muerte, la crueldad del crimen cometido por Aniceto abrió la puerta a expresar algunas matizaciones sobre el caso. 

Así se pronunciaba el semanario tradicionalista «El Porvenir»: «Aunque somos partidarios del imperio de la ley y entendemos que la falta de su cumplimiento es una de las causas de la relajación moral y de la anarquía mansa en que vivimos, no podemos sustraernos a los dictados del alma, que pide compasión para un infeliz que llegó a la mísera situación de condenado a muerte, quien sabe si por abandonos culpables de una sociedad que se preocupa más de la esplendidez de una de una civilización material que de la acción educativa que regenera a los hombres haciéndolos miembros útiles y dignos para el desenvolvimiento armonioso de las actividades sociales […] 

Es verdad que Aniceto Camuñas “El Chato” es un criminal […] pero esto no quita para que invoquemos la piedad de los llamados a impedir la ejecución, concediendo un indulto que, si bien le perdone la vida, le mantenga apartado para siempre de los sociedad de los hombres honrados».

Encarecidamente, desde las páginas de «El Eco Toledano» se pedía a diferentes colectivos de la ciudad que remitiesen telegramas a las altas autoridades del Estado requiriendo clemencia.

 Anselmo Aparicio, procurador que intervino en la defensa de Aniceto, apoyó la petición con unas emotivas cuartillas. «Sé que –decía- si el momento llega de que la Santa Hermandad de la Paz y Caridad cruce las calles de esta ciudad pidiendo una limosna por Dios, para ofrecer por el alma del que van a ajusticiar […] un sentimiento de compasión brotará de vuestro corazón, y que de vuestros labios saldrá una palabra, es la que cristaliza toda la nobleza de un alma: ¡Perdón! ¡Perdón! 

Y si la campana de la Iglesia, con su lúgubre sonido os anuncia que cumplida la ley, el delincuente ha dejado de existir, estoy convencido de que os asaltará la duda cruel, que será tortura de vuestra conciencia, de si por no haber hecho llegar vuestra voz hasta el rey, habrá exhalado su último suspiro entre las manos del verdugo, ese pobre desgraciado». 

En el Café Español, en el Centro de Artistas e Industriales y otros establecimientos se inició una recogida de firmas para apoyar la petición de indulto.

En Madrid, mientras tanto, la comisión oficial se había reunido con el presidente del Consejo de Ministros, Eduardo Dato, no recibiendo palabras que les hiciera ser optimistas, por lo que remitieron un nuevo mensaje al rey apelando a su magnanimidad.

«Hónranse los toledanos –le exponían- con la no comisión de hechos criminosos que merezcan la imposición de este castigo, y, por ello, no acostumbrados a sentir de cerca sus horrores, se emocionan hondamente ante la posibilidad de que el terrible fallo de la ley se cumpla, y de que el infamante cadalso se alce dentro del recinto de su nobilísimo solar».

Como los días pasaban y la ejecución podía ser inminente, Teodoro de San Román, quien ostentaba accidentalmente la alcaldía en tanto Conde se encontraba en Madrid, dictó un bando en la mañana del 24 de abril convocando a los toledanos a participar en una manifestación pública que, pidiendo el perdón para Aniceto, marcharía desde la plaza del Ayuntamiento hasta la sede del Gobierno Civil.

La concentración, en la que participaron cientos de personas, sumándose el comercio con el cierre de sus establecimientos, fue calificada en las páginas de «El Eco Toledano» como grandiosa. A su término el gobernador civil remitió un nuevo telegrama al presidente del Consejo de Ministros dando cuenta de lo acontecido en la ciudad y pidiéndole, una vez más, que intercediese ante el monarca para que satisficiese la gracia que con tanto ahínco se reclamaba.

Al propio Dato, y con idéntico fin, se dirigió también el abogado Ruperto Lafuente, quien había ejercido la acusación particular contra «El Chato». En su carta se sumaba a las peticiones de indulto, añadiendo una nota de los familiares de Nicolasa Mayorga, en la que a pesar de tantos agravios recibidos mostraban su compasión y «si en nosotros estuviera preservarle –añadían- en momentos tan críticos y tristes»”, no vacilarían ni un instante en unirse a cuantos pedían su perdón.

El 29 de abril, tras unos días de tensa espera, el presidente del Consejo de Ministros informó a su gabinete del estudio que había realizado del expediente sobre la condena a muerte de Aniceto Camuñas, decidiéndose aconsejar al rey que le concediese el indulto. El acuerdo le fue comunicado por telegrama al alcalde Conde y la buena nueva trascendió pronto por toda la ciudad.

El munícipe, junto al abogado Álvarez Ancil, se trasladaron a la cárcel provincial para comunicarle al condenado la noticia. «El reo –publicaba El Eco Toledano-, recibió la noticia con una naturalidad pasmosa, limitándose a contestar, que no comprendía cómo a él quisieran “matarle” toda vez que entendía que el delito que había cometido no era para tanto». 

Ante semejante reacción, desde el citado diario se significaba que la misma solo podía comprenderse en un ser degenerado e insensible, tal y como el doctor Sánchez había certificado en su día. Esa misma noche hubo pleno en el ayuntamiento, y allí el alcalde agradeció la respuesta dada en la ciudad por tan loable causa. Al día siguiente «La Gaceta de Madrid» publicaba el real decreto conmutándole a Aniceto la pena de muerte por la de cadena perpetua.

Evitada la ejecución, el director del hospital de dementes publicó un par de artículos develando algunos rasgos de la personalidad de Nicasio que ayudasen a entender su fría reacción al conocer que había sido indultado.

Sostenía que su insensibilidad e inestabilidad no eran ajenas a las dramáticas circunstancias familiares vividas, ya que había sufrido repetidas agresiones en por parte de su padre, quien padecía tendencias alcohólicas, que le provocaron deformidades físicas y morales, «no habiendo, por tanto, quedado en condiciones de resistir bien los rudos embates de la vida». 




Así mismo resaltaba que durante su estancia en prisión en todo momento se mostró inmutable ante el crimen cometido, escribió muy pocas veces a sus ancianos padres, jamás se preocupó por su suerte, ni llamó a su abogado defensor. Quiso fugarse escalando los muros de la cárcel, fracasando en el intento, circunstancia que le dejó frío e impasible. Los únicos sentimientos de afecto que mostró, añadía el doctor Sánchez, fueron hacia una paloma que cuidaba en su celda.


jueves, 16 de mayo de 2019

Toledo: Una Necrópolis en el Jardín

UNA NECRÓPOLIS EN EL JARDÍN

Fosas exhumadas durante una obra en Toledo

Encontrar decenas de restos humanos en el jardín de una casa en demolición en Toledo no ha sido ninguna sorpresa:

Es de sobra conocido que el subsuelo de la ciudad oculta un ingente patrimonio funerario, con extensos cementerios musulmanes, cristianos y judíos. 

Pero no por conocido deja de impresionar ver a la luz lo que un día fue enterrado para la eternidad.

 ¿Qué se hace con los restos exhumados?, ¿cómo se protegen los cementerios medievales?

La vieja casa en ruinas que hace esquina entre el Paseo de los Canónigos y la Avenida Carlos III, en Toledo, se vendió meses atrás por 800.000 euros (todo el solar ocupa 1.600 m2). 

El comprador, un inversor de un pueblo de Ciudad Real que tiene en proyecto construir un apartahotel en esa finca, probablemente no contaba con la primera sorpresa que han deparado los trabajos arqueológicos previos a la obra: en el antiguo jardín de la vivienda han aparecido decenas de tumbas que forman parte de una gran necrópolis musulmana, datadas provisionalmente en el siglo XI (aunque probablemente pertenezcan a etapas distintas y abarquen dos o tres siglos).





Ya se han excavado más de un centenar de fosas con restos humanos, colocados sobre su lado derecho, con la cabeza mirando hacia las mezquitas de la ciudad.

 Son enterramientos musulmanes bien conocidos por los arqueólogos que saben que esa zona, extramuros y cercana al Circo Romano, forma parte de un extenso cementerio musulmán, que se extiende desde las puertas Bisagra Antigua y Cambrón hacia la Vega Baja.

Prudencia y sigilo sobre lo que allí se está encontrando, porque aún se está trabajando en el terreno y se desconoce el tiempo que hará falta para concluir el trabajo arqueológico. 

“Sacar los huesos de la tumba lleva su tiempo. Avanzamos despacio porque hay que trabajar con cuidado, además de recoger muestras y clasificarlas para su posterior estudio antropológico”, nos dice el arqueólogo Juan Manuel Rojas, que prefiere no avanzar datos hasta que no se entregue el informe definitivo.

¿Paraliza este hallazgo la construcción prevista?, ¿qué se hace con los restos exhumados?, ¿se protegen las necrópolis?

María Perlines, jefa de Servicio de la viceconsejería de Cultura de Castilla-La Mancha, nos responde a estas preguntas: “La Ley de Patrimonio Cultural de Castilla-La Mancha de mayo de 2013 determina claramente qué hacer en los casos de hallazgos de valor arqueológico.

 También el ayuntamiento de la ciudad, a través del POM (Plan de Ordenación Municipal), establece medidas de protección en las áreas de mayor patrimonio. 

Y en este caso, la zona en la que han aparecido los restos se integra en un yacimiento que cuenta con una especial protección, el del entorno del Circo Romano, lo que obliga a que previo a cualquier actividad haya que presentar una documentación del subsuelo”.

Así, el promotor de la construcción ha tenido que presentar a Cultura un proyecto de intervención arqueológica, “proyecto que revisa e inspecciona Cultura, de hecho sus técnicos ya han realizado al menos una visita al lugar, matiza María Perlines.

Se está haciendo un seguimiento y se está en permanente contacto por lo que pueda surgir.

Posteriormente hay que visar el informe y resolver antes de que las obras puedan continuar.

 Dependiendo de qué tipos de restos se localicen se pueden incorporar al proyecto o trasladar a otro lugar. 

En el caso de una necrópolis como la hallada lo normal es que se excaven todas las fosas que pudiera haber y que se exhumen los restos, que tienen que ser estudiados y documentados y elaborar una memoria antropológica para obtener información sobre el grupo humano. 

Finalmente se trasladarán al Museo de Santa Cruz de Toledo. En este caso no suele haber ajuares asociados, ya que no existen en los enterramientos islámicos. Pero hay que analizar bien la distribución y la ubicación”.

FRUTO DE LA CONVIVENCIA DURANTE la Edad Media de las comunidades cristiana, judía y musulmana, quedan bajo el subsuelo toledano extensas necrópolis de cada religión (de etapas anteriores existen también cementerios romanos y visigodos)

Algunas voces críticas llevan años denunciando la deficiente gestión que se hace del patrimonio funerario medieval que atesora Toledo. Es el caso del arqueólogo toledano Arturo Ruiz Taboada, que en su libro “La vida futura es para los devotos.

La muerte en el Toledo medieval” (editado en 2013 por Ergástula), denuncia que “existe una total desprotección de los cementerios antiguos de la ciudad. Sería necesario crear un Plan de Intervención Integral que contemple la gestión de los restos”.





En el libro citado, Ruiz Taboada -que ubica los lugares con mayor concentración de tumbas islámicas frente a las puertas de Bisagra Antigua, Cambrón y Vado, la Vega Baja, el antiguo camino de Madrid y el entorno del Circo Romano; los enterramientos cristianos en Santa Leocadia de Afuera, San Eugenio y San Lázaro y un gran cementerio judío en el entorno del Cerro de la Horca- recuerda que ya se han producido varios episodios polémicos por el tratamiento dado a estas necrópolis.

Así, en el año 2009 la comunidad judía ultraortodoxa tildó de ‘profanación’ el tratamiento dado a restos encontrados en las obras de ampliación del instituto Azarquiel, durante las que se excavaron 107 tumbas del cementerio judío y tuvieron que intervenir las autoridades españolas para buscar una solución de consenso (se volvieron a enterrar en un espacio próximo y en el jardín del Azarquiel hay un monolito conmemorativo).

En 2011, durante las obras del fracasado centro cultural Quixote Crea se destruyeron 194 tumbas medievales, de un total de 1.400 excavadas, datadas entre los siglo XII y XV.


miércoles, 15 de mayo de 2019

Leyenda del Pozo del Castillo de Guadamur, Toledo


Se dice que en el pozo del patio interior de esta fortaleza descansa la cabeza de una joven princesa árabe, Zaida, a la que su padre cortó la cabeza al enterarse de que se veía en secreto con Alfonso VI.

Zaida vivía en el castillo de Guadamur y Alfonso VI estaba en la torre de Cervatos, en el término municipal de Argés.



 Se dice que, a través de un pasadizo secreto que comunicaba ambas construcciones, los jóvenes mantenían encuentros.

Cuando el padre de la princesa se enteró de lo sucedido, se enfureció tanto que cortó la cabeza de su hija y la lanzó al pozo.

Hoy todavía cuentas los vecinos de mas edad que en las noches más lúgubres se oyen los lamentos de la joven desde lo mas profundo del pozo.

Publicado por Victoria en 4:54


martes, 14 de mayo de 2019

El Rey Egica y el XVII Concilio de Toledo

La monarquía visigoda , en el S VII d. e. c., reinando en Toledo el Rey Egica, convoca un concilio para destruir a los judíos con una serie de terribles ordenanzas. 

 Lo que no te cuentan en clase de Historia.

Hijo de Ariberga, y cuñado del rey Wamba, Egica se casó con Cixilo, hija del sucesor de su cuñado, y así -al morir su suegro, Erwig- fue coronado en Toledo como rey visigodo en el año de 687. (Habían venido a Hispania desde Germania en el 414) 


Tres años después de haber sido Egica coronado, en el marco ddel XVIº Concilio de Toledo, decretó una ordenanza por la cual el obispo de Toledo, Sisiberto, acusado de querer asesinarle y liderar una revuelta anti-monárquica, sería depuesto de sus cargos episcopales, con sus bienes expropiados, desterrado ad aeternum, y sus colaboradores en el complot para el magnicidio, vendidos como esclavos.

Pero el concilio aquel no era suficiente y convocó otro -en la iglesia de Santa Leocadia para el 9 de noviembre del año 694.

Su objetivo, en esta ocasión, decretar las más estrictas disposiciones reales contra los judíos (que no eran cosa nueva, pues aunque en la etapa arriana de los godos ya hubo disposiciones -pero no cumplidas- desde la conversión de Recaredo al catolicismo hubo monarcas muy crueles con los judíos: Sisebuto (612-621); Recesvinto (649-672)

¿El motivo del Concilio de Egica ? 

 La injustificada existencia de un presunto complot judío contra los reyes de todo el orbe. 

Incluso aseguraba -sin más prueba que la neurastenia- que algunos hebreos ya se habían levantado en armas y habían acordado con los judíos de Africa convertir España en un estado hebreo bajo la ley mosaica..

Y para reforzar sus argumentos en el concilio decía que algunos judíos conversos, bajo tortura, habían confesado todo ese complot. 

Y por si cupiere alguna duda decía que él era benévolo con los judíos: la prueba estaba en que les permitía conservar a sus esclavos cristianos si ellos se convertían al cristianismo. 

Pero que a los falsos conversos los convertiría él mismo en esclavos (excepto en la Narbonense, donde la población había menguado mucho por el cólera. 

Allí sólo tendrían que entregar sus propiedades al duque)

Sta Leocadia, sede del Concilio XVIIº de Toledo

Los obispos convocados -desconocemos el número y los nombres- asintieron por la cuenta que les traía a todo lo que decía el déspota. 

Y en nombre del rey ordenaron el expolio general y la venta como esclavos (incluyendo mujeres y niños) 

Además, quedaba prohibida su manumisión (declararlos libertos por los servicios prestados) y por supuesto prohibirles la práctica del judaísmo. 

 Los esclavos cristianos de los judíos ahora serían los seño

res de los judíos esclavos si pagaban la misma cantidad de impuestos que pagaban los israelitas.

Y por si fuera poco, se les quitaba la custodia de sus hijos, para que fueran educados en verdaderas familias cristianas.

Por si fuera poco, como intuyendo el papel que dejaría en la historia, se declaraba el anatema (la excomunión) para todo el que , muerto el rey, ofendiese a su esposa y a sus hijos, ordenando que todas las misas catedralicias fueran dadas a su nombre excepto en Viernes Santo.


Murió en su cama en algún momento entre los años 701 y 703, pasando la corona a su hijo Witiza. 

Tenía otro hijo, bastardo, Don Oppas, a quien colocó como obispo de Sevilla. Cuando en 711 comenzó la invasión musulmana de Hispania, Oppas se unió a los moros en su lucha contra el rey d. Rodrigo, derrotado en la Batalla de Guadalete (entre el 19 y 26 de julio de 711)

© פדרו הוארגו

© Foto principal: Egica, Carlos María Esquivel y Rivas, Museo del Prado


lunes, 13 de mayo de 2019

Griegos Coetaneos de el Greco: Vidas Desaforadas (Peregrinos, Intelectuales, Apatridas).

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La mala fama de griegos y cristianos orientales en España fue, sin duda, atizada por casos como los protagonizados por Demetrio Phocas o Fernando de Baena; ambos fueron encausados hacia 1582 por el Santo Oficio toledano.

El primero, un cincuentón griego, confiesa que a los 13 años de edad había sido forzado a hacerse turco; cuando mucho tiempo después viaja a Roma y Génova, junto a sus dos hijos, para renegar del Islam y ponerse bajo protección del Sumo Pontífice, revela que los había hecho bautizar en repetidas veces para conseguir la limosna de los católicos.

Los inquisidores le acusan que, siendo judío, había espiado a los turcos; no obstante, gracias a portar patentes de Roma y a la ayuda de El Greco pudo lograr la absolución, junto a su criado Miguel de Atenas.

Asimismo, en suspenso quedó la causa de fe coetánea contra Fernando de Baena, judío natural de Salónica, de 28 años y amigo del anterior; cuando pasa ante los dominicos de San Pedro Mártir se le halla un buleto pontificio falso, donde se aseguraba que su padre había muerto en defensa de la fe de Cristo; su estrategia de defensa fue reclamar que «lo dexasen al braço seglar», comprobándose durante su proceso que comía tollo o mielga (especies de tiburones), y pulpo, incumpliendo los preceptos judíos, a pesar de lo cual también rezaba los salmos hebreos.




De igual modo, se suspendieron las causas de fe instruidas en Toledo contra Demetrio Cosma (1578) y el ateniense Demetrio o Michel Rizo Cardandil (1582)35, acusado éste último de prácticas islámicas, quien tras ocho meses de investigación inquisitorial salió libre sin cargos, gracias a la labor de intérprete de su paisano Doménikos.

Todo ello pese a enemistarse públicamente con su paisano, el copista-médico Antonio Calosinás, y enfrentarse a su patibulario criado griego, de nombre Nicola. Llama la atención que la mayoría logró zafarse de la red del Santo Oficio.

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Muy probablemente, este exótico colectivo se libró de una condena más severa escudándose en su idioma, ininteligible para la inmensa mayoría, y por su fama de víctimas, al hallarse bajo el yugo turco, demonizado en todo el Occidente cristiano.

No obstante, tampoco podemos soslayar la medición del Greco ante las autoridades eclesiásticas locales, a pesar de sus tormentosos negocios en común. Además, sabemos que contemporáneos de Doménikos, había otros griegos intelectuales en la Ciudad del Tajo.

 Cuando los hermanos Covarrubias, Diego y Antonio, regresaron del Concilio de Trento (1565), trajeron consigo algunos amanuenses griegos que trabajaban en el taller veneciano de Andrés Darmarius37, como el médico cretense Antonio Calosinás (†1609), que se instaló en Toledo copiando textos griegos hasta su muerte.

Se conservan de su puño y letra alrededor de sesenta manuscritos, custodiados mayoritariamente en El Escorial y la Biblioteca Nacional de España, aunque en principio estaban destinados a sus mecenas: los Covarrubias, Alvar Gómez de Castro, García de Loaysa, o los profesores flamencos Andrés Schot y Pedro Pantino, entre otros38 .

Los Covarrubias también invitaron al cretense Nicolás de la Torre, asentándose en Segovia, a la sombra de su prelado, Diego de Covarrubias, donde transcribió diversas obras para éste y su hermano Antonio.

El propio Darmarius visitó repetidas veces la Corte de Felipe II, proporcionándole valiosos códices griegos, algunos de los cuales habían sido copiados entre 1576-1578 de los ricos fondos de la biblioteca catedralicia toledana; lustros después, Darmarius vendió un lote de libros griegos a la catedral Primada (1591), siendo la última ocasión en que se detecta su presencia en la Ciudad Imperial.

Pero, sin duda, el colectivo más nutrido de griegos de paso por la Ciudad Imperial eran los pedigüeños, refugiados religiosos que escudándose en la persecución turca sacan buenos escudos a cabildos y particulares.

A inicios del siglo XVII, un tal Andrea Lezcaro «hombre noble de naçion griega y natural de la çiudad de Maldaçia en la Morea» solicita al ayuntamiento de Toledo licencia para que se le permitiese limosnear en su jurisdicción; sostiene que había sido jenízaro de los turcos durante 40 años (17 de ellos como jefe de la artillería del rey de Túnez), hasta que renegó del Islam y se trajo consigo a su esposa, 4 hijos y 14 cristianos cautivos que rescató de su peculio, quienes le acompañaron en un navío, junto a 34 moros y negros, abandonando en Túnez una sustanciosa hacienda (que cifra en 6.000 ducados de renta anuales).

 Luego se bautizó con sus hijos en Roma, dejando en libertad a quienes se cristianaron de su séquito, según constaba en sendos documentos otorgados por el rey y los comisarios de la Santa Cruzada. Sin duda, entre los griegos más ilustres, de paso por la Ciudad Imperial, destacan Miguel Rhally Paleólogo, descendiente de los emperadores de Constantinopla, o los hermanos Estacio y Jorge Icónomo, procedentes de Artá (Grecia). Este último se trata del mismo Estacio que nombra albacea testamentario al propio Greco (1605). 

También son conocidas las visitas a Toledo del arzobispo armenio Thomás, portador de una carta del patriarca de Constantinopla, Teolepto II, para recaudar limosnas (1588); así como la de fray Sabba, monje basilio conventual de Santa María de Iberia (Macedonia), quien apodera al griego residente en Toledo Demetrio Zuchi para pedir limosna en Cuenca con el fin de rescatar a seis monjes de dicho monasterio y recuperar los ornamentos que estaban en manos de los turcos, ocupando luego la plaza de maestro de griego en El Escorial.

También es conocido que el propio Theotocópuli llamó a Toledo a su hermano Manussi, recaudador de tributos en Creta, para llevar sus negocios y compartir casa y mesa, y puede también que para ayudarle a escapar del riguroso fisco veneciano.

A inicios del siglo XVII, entre los inmigrantes oriundos del Mediterráneo Oriental que recalan en la Ciudad Imperial se hallaban un pequeño grupo de individuos de todo pelaje y condición. Borja San Román cita a Yanoda Bauboda, príncipe de Moldavia; Martheros, arzobispo de Santa Cruz de Acta Mar (Armenia); Ángelo Castro, obispo de Lepanto; el también prelado oriental Jerónimo Cocunari y Jorge Conumari, gobernador de la isla de Spiro; el clérigo Estephano Jamartho, sacerdote de Sarnata (Morea); el basilio Niquíforo, procedente del monasterio de Nuestra Señora de la Caridad (Lepanto); el capitán Constantino; Tomasso Trechello, oriundo de Nicosia, quien quiso enterrarse en la iglesia de Santiago del Arrabal y decía contar con licencia del arzobispo y del nuncio para limosnear, siendo íntimo de los hermanos Theotocópuli41 .

 Particularmente escandaloso fue el asesinato de Dionisio Paleólogo, obispo de Aeto y Ángelocastro (Ítaca), homicidio perpetrado cerca de la ciudad del Tajo.

Tras pasar unos años en Roma (1596-1601), donde logró una pensión anual de 400 ducados por acatar la fe católica, decidió viajar por la Cristiandad, recabando suculentas limosnas con que redimir a su feligresía, de paso que se enriquecía a manos llenas.

En 1601 viajó hasta Valladolid, Corte de Felipe III, aconsejado por el virrey de Nápoles, y, logró una pequeña pensión de las arcas reales. No contento con tan magra renta, a fines de 1602 viajó hasta Sevilla, logrando un generoso donativo de su próspero cabildo catedralicio42 y luego pretendió hacer lo mismo en Toledo .

Pues bien, la codicia, alguna desavenencia personal o ambas cosas impulsaron a su compañero de viaje Teodosio Paleólogo a asesinarlo alevosamente en la venta de San Blas, a tres leguas de Toledo.

Los alcaldes de la Hermandad Vieja de Toledo partieron tras su pista y lo sacaron del sagrado de una iglesia de Getafe (Madrid), conduciéndolo a la cárcel de Corte. Las circunstancias en que fue capturado motivó un espinoso recurso de fuerza entre el Vicario de Toledo, que excomulgó a los jueces de la Santa Hermandad.

 Pese a todo y a su fuero eclesiástico, Teodosio fue torturado y, a la primera vuelta de rueda confesó su asesinato y que era autor del robo de gran cantidad de joyas y dineros. Convicto y confeso, Teodosio fue sentenciado a la pena capital, confirmándose su condena por la Real Chancillería de Valladolid, en septiembre de 160544 .

 Por otra parte, también habría que tener en cuenta el diálogo intercultural forzoso entre los esclavos o los renegados griegos afincados en la Ciudad Imperial; así como entre los toledanos cautivos de los turcos que pisaron suelo heleno.

Veamos algunos ejemplos. Parece estar perfectamente documentado que la primera imprenta hebrea que hubo en Estambul la regentaron unos sefardíes oriundos de Toledo, los hermanos David y Samuel Nahmias (en funcionamiento desde diciembre de 1493 y todavía en activo hacia 1518).

Sin embargo, es mucho más conocido el caso protagonizado por Diego Galán, un chaval inquieto fugado de su casa paterna en Consuegra (Toledo), quien después de algunas peripecias es cautivado por los piratas argelinos en las postrimerías del Quinientos y termina viviendo con su amo en Estambul.

Cuando se fuga en Negroponte, encuentra la ayuda de algunos griegos y de diversas comunidades de monjes ortodoxos. Amparado entre ellos «algunos días subían los monjes a platicar conmigo y me dijeron les enseñase nuestro A.B.C. y ellos me enseñarían el suyo, que se dice alfabita».

En su accidentado retorno a España, visitó Candía, patria de El Greco, famosa ya entonces por su aceite y vinos dulces (moscatel y malvasía). Cuando por fin entra de nuevo en Toledo era la octava de Nuestra Señora de Agosto del año 1600, festividad de la Virgen del Sagrario, patrona de la ciudad.

Pero es que, además, también había renegados turcos entre nosotros, algunos con oficios tan pintorescos como un bodegonero, Pedro de la Fuente, oriundo de Turquía que riñe con un morisco de Almagro por haberse bautizado en Toledo (Auto de fe, 6-VII-1597)

 Un personaje tan famoso que se le evoca en el Entremés del mesonero encantado (impreso en Valencia, a inicios del siglo XVII) y tampoco queremos dejarnos en el tintero a un tal Díaz, renegado en Constantinopla descubierto por los inquisidores toledanos en 157148 .

 En fin, la riqueza de la archidiócesis y la generosidad de sus gentes, permitió al asentamiento o el tránsito por la Ciudad Imperial de un selecto grupo de cristianos orientales que, inevitablemente, se relacionaron con el Griego de Toledo, como se conoció a Doménikos en los últimos años de su vida.

Poco antes de agonizar, estuvo rodeado de dos compatriotas suyos, maestros de griego, que actúan como testigos en un poder para testar: Constantino Sofías, natural de Esmirna, ex-alumno de los Colegios de Griego de San Atanasio de Nápoles y el de Roma, por entonces docente en Madrid; así como Diógenes Paranomaris, natural de Leontari, en el Peloponeso, y luego profesor en Salamanca (1617). Puede parecernos raro que, aparte de su hijo, desconozcamos si hubo algún pintor griego en su taller.




En este sentido, podría llevarnos a confusión el que, según algunas fuentes, consta que «En tiempo de Gaspar de Quiroga, cardenal y arzobispo de Toledo, se pinto este milagro [El Entierro de Conde de Orgaz] en la iglesia [de Santo Tomé], por mano de Comnico Gregoseundo Apelles y después se adorno su sepulcro con una capilla y reja por mandato de Sancho de Bustos de Villegas, gobernador de aquel arzobispado».

Sin embargo, la duda se disipa desde el momento que sabemos que el monje-poeta fray Hostensio Paravicino le calificó «nostri temporis Apelles»50; no en vano le pintó un espléndido retrato. Así pues, Grecia y los griegos se nos muestran ambivalentes en el imaginario toledano de la época de Doménikos.

 Por un lado, para la elite culta y humanista de la ciudad, catalizada en los focos helenistas de la catedral o la Universidad de Santa Catalina, personificaban la cuna de la civilización y el arte, un ejemplo a imitar y unos referentes intelectuales de primer orden.

En cambio, para las autoridades municipales, era un colectivo errabundo al que había que controlar, cuando no era necesario atender sus demandas de dinero, ya que se pensaba que hacían las Indias en España.

Por su parte, para los poderes eclesiásticos, eran vistos como unos peregrinos que precisaban ser amparados y representaban a los mártires cristianos de Levante bajo dominio islámico; sin embargo, no podemos olvidar que en 1654 Felipe IV prohibió a los obispos cristianos orientales pedir limosnas para los Santos Lugares en España, a pesar de que los Reyes de España eran y son patrones de Tierra Santa.

En tanto que para los inquisidores constituían una población flotante de la que se recelaba, al desconocerse su auténtica fe y dudarse de sus convicciones morales.

 Por último, para el pueblo, es decir, para la inmensa mayoría de nuestros antepasados, eran unos extranjeros exóticos, ataviados por lo común al modo oriental, hacia quienes se sentía una lógica curiosidad pero de los cuáles no se podía esperar nada bueno y, en cierto modo, despreciaban, ya que siempre andaban pordioseando por templos y palacios. 

Hasta donde sabemos, El Greco, el artista que tantos moldes rompió a lo largo de su vida, protegió cuanto pudo a sus compatriotas. Parece inevitable que se relacionase con la mayor parte de ellos y se forjó una cierta reputación entre propios y extraños, lo que, sin duda, aprovecharon algunos de sus paisanos para lograr una cierta impunidad, cuando no medrar a su costa o, al menos, conseguir unos doblones.

MIGUEL F. GÓMEZ VOZMEDIANO 
Académico Numerario

http://realacademiatoledo.es/wp-content/uploads/2016/06/9.-Extranjeros-en-Toledo.-La-colonia-griega-y-del-Mediterr%C3%A1neo-Oriental-en-tiempos-de-El-Greco-por-Miguel-G%C3%B3mez-Vozmediano.pdf

domingo, 12 de mayo de 2019

Los Primeros Señores de la Finca del Castañar

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El primer documento que tenemos está fechado en 1437, año en el que Juan de Guzmán, hijo de la citada Juana Palomeque y de Juan Ramírez de Guzmán, señor de Villaverde,. tomó posesión de las dos tercias partes de la dehesa de El Castañar que como hijo legítimo había heredado, según le cupo en la participación e iguala que había hecho con sus hermanos: Vasco, arcediano de Toledo; y Tello de Guzmán, a quien había correspondido el señorío de Villaverde 

El tercio restante de la citada dehesa era propio y privativo de Pedro Suárez de Toledo y de su esposa Juana de Guzmán, los cuales la hubieron por permuta solemnemente otorgada elide mayo de 1452, con Alfonso de Guzmán y María de Pantoja, su mujer; a cambio de la cual les dieron 10.000 maravedís de juro que, por privilegio real, gozaba la dicha Juana de Guzmán en las alcabalas de y ébenes, Marjaliza, Sonseca y Casalgordo. 

Veamos cual fué la evolución de esta tercera parte de la dehesa, hasta que a comienzos del siglo XVII se vincule a la familia de los Rojas. 




Posteriormente, Pedro Suárez de Toledo, señor de Gálvez y Jumela y su mujer Juana de Guzmán hicieron donación, en 21 de abril de 147 1, de la parte que les pertenecía en la dicha dehesa, a su hija Juana de Herrera al tiempo que contrajo matrimonio con Juan de Rivera, señor de Montemayor, habiendo prometido dar en dote 800.000 maravedísll (Véase árbol genealógico n2 1). 

Resultado de imagen de Finca del CastañarUnos días más tarde, el 16 de mayo de 1471, Alfonso Fernández de Villaseca, criado de Juana de Herrera, tomó posesión en nombre de su señora de la parte de dehesa que a ella le pertenecíal2. 

Poco tiempo mantuvieron los dichos señores la propiedad de la tercia parte de la dehesa de El Castañar, ya que en 1485 la vendieron al último maestre de la Orden de Calatrava, fray Garcí López de Padilla, hijo de Pedro López de Padilla, señor de Calatañazor, y hermano del electo, Fernando de Padilla; por precio y cuantía de 670.000 maravedís. 

Ese mismo año de 1485, el 6 de junio, el maestre hizo donación perpetua de la parte de dehesa que había adquirido al prior y frayles del convento de Calatrava: " ... donamos al dicho nuestro convento, y a vos el prior y freyles de él ... la tercia parte de la heredad y dehesa de El Castañar, la qual es heria y libre de todo tributo e imposición .. . y para que podades fazer de ello y en ello todo lo que quisieredes y por bien tovieredes ... "

Antes de efectuarse esta donación parece ser, según refiere Radesl4 que el maestre intentó dar esta tercia parte de la dehesa de El Castañar, junto con 2.000 ducados más, al monasterio de San Bernardo de la ciudad de Toledo, a cambio de que sus monjes le permitiesen trasladar el cuerpo de frey Raimundo, fundador de la Orden de Calatrava, que se encontraba en el citado monasterio, al convento de Calatrava; ofrecimiento que fue denegado por la mucha estima en que los monjes tenían aquel cuerpo. 

Además de la dicha tercera parte de la dehesa, el maestre Garcí López de Padilla traspasó al convento de Calatrava un juro de heredad de 10.000 maravedís, que tenía sobre la renta de las alcabalas del vino de Ciudad Realls, junto con unas tiendas situadas en la plaza de Almagro, próximas a la huerta del palacio maestral; y otros muchos ornamerttos preciosos: cálices, vinajeras, hostiarios, incensarios, navetas, candeleros, fuentes y otras piezas de plata que se utilizaban para el servicio del altarl6• Donaciones todas que renovó en su testamentol7• 

Fue frey Rodrigo de Pegalayar quien, en nombre del convento de Calatrava y de acuerdo con el poder que había recibido del prior, Juan de Marchia y de los 14 freyles que por entonces vivían en el convento, tomó posesión de la tercia parte de la dehesa de El Castañar que les había donado Garcí López de Padilla. 

Asimismo había recibido poder para llevar a cabo el arrendamiento de la hierba de aquel lugar por bien tuviere y por el precio y cuantía que él mismo fijara, y para poder cobrar y recaudar todos los maravedís y demás tributos que pudieran pertenecerles por la donación que habían recibido, así como para dar cartas de pago y finiquito, e intervenir, si fuese preciso, en cualquier juicio o pleito que se plantease. 

En virtud de lo cual, frey Rodrigo tomó y aprehendió la posesión "corporal, real, actual vel quasi de la dicha tercia parte de la dehesa de El Castañar, con todos sus términos, molinos, prados, pastos y aguas corrientes, estantes y manan tes, y con el patronazgo del monasterio. 

Y en señal de verdadera y manifiesta posesión, por acto corporal, cortó un puñado de tres matas de carrasco y de una de ellas arrancó tres ramas; luego anduvo paseándose por el cerro de la "Cabeza del Molino de Femand Martín", sin contradicción ni perturbación alguna, en presencia de los siguientes testigos: Asensio García, alcalde de Mazarambroz; Antón Velasco, vecino de Oter de Herreros y Alfonso Femández de camara, notario. 

Requirió luego a Vasco de Guzmán, propietario de las otras dos tercias partes de la dehesa para informarle de que a partir de entonces debía acudir con los maravedís, pan, cameros, harina, gallinas y capones, y todo lo demás perteneciente proindiviso a la dicha dehesa de El Castañar, al prior y freyles del convento de Calatraval •. 

Con posterioridad a la muerte del maestre, los Reyes Católicos concedieron, estando en Medina del Campo a 8 de mayo de 1494, una Real Provisión mediante la cual autorizaban al convento de Calatrava a arrendar la parte que en la dehesa le pertenecía sin necesitar la compañía de los poseedores de las otras dos tercias partes, para que ello pudiesen obtener mayor provecho y utilidad.




Posteriormente el rey Felipe n, mediante una Provisión dada en Madrid a 27 de febrero de 1563, ordenó que el citado convento arrendase su tercia parte en unión de Francisco de Rojas, señor de las otras dos tercias partes, y que ello el convento llevaría de todos los arrendamientos la tercia parte, tanto en dineros como en adehalas

 Volvamos a ocuparnos de las otras dos tercias panes de la dehesa de El Castañar que, como ya dijimos, pertenecían a Juan de Guzmán, hijo de Juana de Palomeque y de Juan Ramírez de Guzmán. 

En su testamento, otorgado el 14 de julio de 1472, el citado Juan R. de Guzmán acordó que se repartiesen las dichas dos tercias partes de la dehesa que él poseía entre sus hijos, de la manera siguiente:

 • A Vasco de Guzmán, a quien hizo mejora en la 3' parte de sus bienes le correspondieron 4\9 partes de la dehesa de El Castañar .

 • A Juan Ramírez de Guzmán, otro de sus hijos, dejó en herencia las otras 2/9 panes20• 

Todo lo cual fue admitido, aprobado y consentido por ambos hermanos, quienes asimismo acordaron administrar conjuntamente los bienes que habían correspondido a su otro hermano, Hernand Pérez, como hijo legítimo y heredero de sus padres, Juan Ramírez de Guzmán y Elvira de Guzmán; y cuidar de su persona, haciéndose cargo de su cuidado hasta que falleciese, un año un hermano y al siguiente el otro. 

Para mayor firmeza y validez de todo ello, los citados hermanos, Vasco y Juan de Guzmán hicieron y otorgaron testimonio escrito de la concordia que habían establecido entre ellos, en Toledo a II de mayo de 1473.

Por Paulina López Pita

sábado, 11 de mayo de 2019

La Cueva de los Mártires (Hinojosa de San Vicente, Toledo)

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Entre la grieta que dejan dos grandes moles de granito se asoman los ojos asustados de un joven mientras el viento agita su túnica. Desde la cumbre del Monte de Venus mira como el Tajo se acuesta en el valle. 

Al fondo, angustiado, vislumbra los tejados de los templos de la ciudad de Ébora. Vincencio ha recogido unas bellotas que lleva envueltas en un pedazo de lienzo. 

Vuelve sobre sus pasos hasta le entrada casi oculta de una cueva por la que desciende hasta su interior. Con las espaldas apoyadas sobre la piedra dos muchachas esperan aterradas, pero sonríen aliviadas al verle mientras le interrogan con su mirada.

-No se ven soldados. El día ha salido despejado y debemos continuar -dice entre imperativo y cariñoso su hermano.



Aunque las hace estremecer el aire que azota la cumbre esa mañana, al salir de su refugio, la luz y el tibio sol de otoño las reconfortan. 

Con un poco agua de un fontarrón cercano lavan las heridas de sus pies defendidos de una caminata de nueve horas bajo la lluvia tan sólo por unas pobres sandalias. Antes de descender hacia el Piélago, el muchacho mira desconfiado hacia atrás y recuerda las historias que le contaba su abuelo.

 Aquí mismo se había fortificado el famoso guerrero Viriato y tuvo en jaque a los romanos desde estas alturas. Pero el lusitano al menos tenía armas. 

Vincencio, sin embargo, sólo tiene la certeza que empapaba todas sus vísceras de que la religión del judío crucificado, la que dice que los pobres heredarán la tierra, era la religión verdadera. 

Tan seguro estaba que hacía dos días, delante de Dacio, el gobernador que había encerrado a la piadosa Leocadia en las mazmorras de Toledo, había renegado de los viejos dioses asegurando que cuando los romanos los adoraban era como si veneraran a un montón de piedras y palos. 

Vincencio no lo creía, pero oyó decir a los soldados que le custodiaban que, en la piedra sobre la que descansaba cuando compareció ante el gobernador, quedaron marcados, como si la roca fuera de cera, sus pies y el báculo que le sostenía.

Esos mismos soldados le liberaron esa noche y con sus hermanas Sabina y Cristeta había huido entre encinas y enebros hasta el Monte de Venus. No podía permitir que el empecinamiento que Dacio achacaba sólo al fanatismo de los cristianos afectara a sus hermanas. 

Pero ellas, tanto y con tanta vehemencia habían escuchado hablar a su hermano sobre la nueva religión, que ya le acompañaban en lo que para unos era delirio y para otros eran convicciones profundas. Estaban ya dispuestas a morir con él sin renunciar al nuevo Dios que los emperadores perseguían con tanta saña.

Caminando entre los robles habían llegado al otro extremo de aquellos montes y podían ver frente a ellos la alta sierra de Gredos que deberían cruzar si querían ponerse a salvo. Unos pastores que los encontraron comiendo moras junto al río Tiétar les dieron refugio esa noche. No subieron por el puerto del Pico pues, junto a la calzada, siempre había soldados que controlaban el paso del ganado y de las mercancías. 

La senda por la que les condujo uno de los cabreros era empinada pero más segura. Después de alimentarse de carne seca durante cuatro días llegaron, tras atravesar los piornales y las praderas de las cumbres, hasta la ciudad de Ávila. Uno de los pastores, interrogado por los soldados, delató a los hermanos y cuando llegaron a la ciudad de los fríos inviernos estaban esperando para apresarles.

Otra vez los ofrecimientos de renuncia, otra vez mantenerse en esa curiosa fe que a Daciano, en realidad, le parecía tan falsa como la suya propia, una forma más de someter a los que debían someterse. Los desnudaron y los sacaron fuera de la ciudad y después les azotaron hasta la extenuación.


 En el tormento que llaman hecúleo descoyuntaron sus miembros sobre una cruz en aspa. Como no acababan con sus vidas apretaron las cabezas de los tres hermanos en una prensa formada por dos tablones poniéndoles, en fin, grandes losas de piedra y golpeando sobre ellas con grandes mazos hasta que sus sesos quedaron desparramados.

Después de muertos los arrojaron a una cueva que llaman de la Soterraña. Y dicen las gentes de Ávila que, como no permitieran los soldados que nadie enterrase los cuerpos, una gran serpiente salió de las profundidades levantada la cerviz y dando temerosos silbidos. 

Cuentan que un judío miraba sus cuerpos con poca reverencia y la culebra se enroscó en su cuerpo casi asfixiándole hasta que prometió, convirtiéndose al cristianismo, levantar un templo que custodiara los cuerpos de los tres muchachos de Ébora.


Publicado por Victoria en 2:26

viernes, 10 de mayo de 2019

Necrópolis de Los Castillejos en Paredes de Escalona (Toledo)

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El pequeño pueblo de Paredes de Escalona, pertenece a la provincia de Toledo comunidad de Castilla-La Mancha situado al norte Toledo y cerca de las provincias de Madrid y Ávila.

En su termino municipal encontramos la necrópolis de los Castillejos, situada a unos 2 Km. de la población.

Se trata de una necrópolis desordenada, razón por la debió de pertenecer a un tipo de hábitat rural disgregado sin tener aparentemente un lugar de culto común, lo que habría agrupado las sepulturas alrededor y dentro de un radio de influencia del edificio religioso.

Las tumbas excavadas en afloramientos rocosos graníticos debieron de ser esculpidas entre los siglos X-XII en época alto medieval, ninguna de ella es antropomorfa predominando la forma rectangular pero también hay alguna ovalada.


SEPULTURA Nº 1

La primera sepultura se encuentra a ras del suelo, no está completa por lo que no podemos saber si es de adulto o si perteneció a un infante, parece de cantos redondeados o sea avalada, su estado de conservación es malo.


SEPULTURA Nº 2

Situada a unos 50mts. de la anterior, hacia el Noroeste, en un bloque de piedra prominente, es de adulto del tipo rectangular aunque tiene los cantos redondeados, su orientación viene dada por el propio bloque donde esta alojada, en la parte situada mas al norte (creo que es donde estaría situada la cabeza) puede apreciarse un rebaje, que debería de existir alrededor de toda la sepultura y que seria para encajar la losa de cubierta.

SEPULTURAS Nº 3 y 3B

Muy cerca en otro bloque de piedra, partido longitudinalmente, formando dos bloques separados, encontramos dos sepulturas, una entre los dos bloque que esta partida, en la parte superior derecha tiene también un rebaje que debió de hacerse para aplanar la superficie de la roca para depositar la tapa, el bloque situado a la izquierda contiene la segunda sepultura a la cual le falta su parte izquierda, no presenta encaje para tapa lo cual indica que estaría superpuesta, las dos son rectangulares y pertenecen a personas adultas.


SEPULTURA Nº 4

A 50 mts. al sur de las anteriores encontramos un curioso bloque de piedra asentado sobre otros dos y bajo un grupo de encinas, que da cobijo a esta sepultura, rectangular de adulto y que no presenta encaje para la tapa, tiene un orificio en la parte de los pies que se debió de practicar para poder desaguar el agua de la lluvia.


SEPULTURA Nº 5

Situada en la parte superior de otro gran bloque a 120 mts, de la anterior, en su parte izquierda presenta unos rebajes en forma de escalones que nos permite subir a la parte superior de la roca y apreciar la sepultura, es de forma ovalada y perteneció a un adulto, no presenta encaje para la tapa y le falta un trozo de lateral coincidiendo en la parte de los escalones, lo que da a entender que de tanto acceder a la tumba esta se llego a desprender.


A unos 60 mts. al Oeste y dentro de un radio de unos 20 mts. encontramos todas las sepulturas restantes.

SEPULTURA Nº 6-7-8-9

A muy corta distancia una de otra bajo en bosque de encinas, excavadas en bloques separados de poca altura.

 Nº 6 a ras del suelo muy deteriorada no se puede apreciar si es de adulto.

Nº 7 ovalada aunque al fondo de la sepultura parece tener orejeras por lo que la podríamos encuadrar como antropomorfa, en la parte de la cabeza hay esculpida una regata para evitar que entrara en agua de la lluvia.


Nº 8 ovalada de adulto no presenta encaje para la tapa. Nº 9 rectangular con los extremos redondeados tiene la parte superior de la roca rebajada y aplanada teniendo en su parte derecha un escalón que haría de tope a la tapa. Todas estas sepulturas están orientadas Este (cabeza) – Oeste (pies)


SEPULTURAS N º 10 y 11

Estas dos sepulturas situadas muy cerca de las anteriores pero en un plano superior unos cuatro metros,

Nº 10 sepultura infantil, la parte de la cabeza de forma recta y los pies redondeados su orientación es Sur – Norte, obligada por el espacio que quedaba en la superficie de la roca,

Nº 11 excavada en el mismo bloque que la anterior pero con la orientación correcta Este-Oeste, es de adulto y del tipo rectangular en su lado Sur presenta claros indicios de tener encaje para la tapa.


COORDENADAS:
TUMBA

Nº UTM ED 50 GEOMETRICAS WGS 84 HUSO X Y LATITUD (N) LONGITUD

1 30 379435 4453351 40º13’12,12’’ 4º25’05,73’’
2 30 379379 4453374 40º13’12,83’’ 4º25’08,11’’
3-3B 30 379375 4453371 40º13’12,74’’ 4º25’08,28’’
4 30 379331 4453364 40º13’12,50’’ 4º25’10,14’’
5 30 379255 4453282 40º13’09,80’’ 4º25’13,30’’
6 30 379192 4453256 40º13’08,90’’ 4º25’15,95’’
7 30 379190 4453252 40º13’08,80’’ 4º25’16,02’’
8 30 379183 4453255 40º13’08,87’’ 4º25’16,24’’
9 30 379186 4453258 40º13’08,97’’ 4º25’16,20’’
10-11 30 379171 4453252 40º13’08,74’’ 4º25’16,83’’



ACCESO:

Desde Paredes de Escalona saldremos por la carretera que se dirige a Almorox TO-1455, recorreremos unos 450mts. para desviarnos a mano izquierda por una pista de tierra, la cual seguiremos poco mas de 800 mts. donde aparcaremos el vehículo, estamos a la altura de la cantera y a mano derecha parte un camino que en fuerte bajada se dirige al pequeño valle donde se encuentran las sepulturas, la primera de ellas se encuentra a unos 800mts. del principio del camino, también es la mas alejada, para ir viendo las otras iremos acercándonos campo a través hacia el principio del camino.

Aunque podemos guiarnos por el mapa adjunto es imprescindible el uso del GPS.


Este lugar lo visité en verano 2014


jueves, 9 de mayo de 2019

En Toledo, Calle y Patio lo mismo son


Resultado de imagen de En Toledo, Calle y Patio lo mismo sonYa saben nuestros lectores habituales que este blog es una ventana hacia el interior oculto de la ciudad histórica de Toledo. Un vistazo indiscreto, rápido y fugaz, acorde al dinamismo de las redes sociales, a la parte más oculta y desconocida del entramado edificado de la ciudad.



 Hoy abrimos otra nueva ventana, durante unos breves segundos, para asomar ojo y objetivo fotográfico a un pasillo interior entre casas.

Pasillo que era calle y ahora es patio, espacio “robado” a la ciudad. Un adarve o callejón pasante, paralelo a la Calle Sinagoga.


Acanaladura larga y honda, brecha por donde asoman hacia arriba modernas chimeneas a modo de esnórquel, y hacia abajo se hunden, de moderno pvc o viejo latón, bajantes de agua pluvial o residual buscando la vieja atarjea que, todavía oculta, corre en escondida servidumbre hacia Dios sabe dónde.

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Antiguo callejón fosilizado entre medianerías de edificios de la Calle Sinagoga, Calle Hombre de Palo y Travesía de la Sal. Fotografía: Jose María Gutiérrez Arias. Sección Vivienda. Consorcio de la Ciudad de Toledo. Año 2019.

A lo lejos veo, sobre los tejados, la punta encamonada del Ochavo de la Catedral. Al fondo, abajo, se ve como se escurre la alfombra de tejas bajo lo que parece un viejo cobertizo.

 He podido pisar, antes de subir a mirar por la ventana, esa calle medieval, allí están los peldaños de piedra bajo el umbral de las que antes eran puertas de calle, acá está el sobado pavimento mil veces pisado, ahora tapado por un polvoriento pasado.

Aún, en este desfiladero entre fachadas, me parece percibir el eco de alguien que camina detrás de mí, y al darme la vuelta, sus pasos vuelve mi espalda a sentir. Sin duda algo más que el sonido y el tiempo ha quedado encerrado aquí …


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