sábado, 9 de diciembre de 2017

Portiña de San Miguel de Talavera, en fotos de 1945

Hoy vamos a conocer la calle Portiña de San Miguel a través de las fotos del Ensanche de 1945 y alguna otra.

En ocasiones he dicho que Talavera más que una ciudad a la orilla del Tajo es una ciudad a la orilla de La Portiña, el arroyo en cuya desembocadura con el Tajo se situaron los primeros pobladores prehistóricos, antes incluso de los romanos que precisamente en esa elevación entre el Tajo y la Portiña que sirve de asiento al casco antiguo de Caesaróbriga.Detalle de postal de Ruiz de Luna donde se ve el Puente de la Villa

La Portiña se fue cubriendo a su paso por nuestra ciudad desde las proximidades de la carretera de Cervera y luego en el recorrido que hacía por debajo del segundo recinto amurallado hasta confluir con el primer recinto en la zona de Puente Moris y la monumental puerta de Mérida.



Siempre se ha dividido en dos tramos según las parroquias de sus inmediaciones intramuros, la de San Miguel, desde la confluencia con la calle Cerería hasta la de Luis Jiménez de la LLave, donde comienza la Portiña del Salvador.

Quizá el nombre de La Portiña venga del el pequeño puertecillo por el que discurre justo en el lugar donde ahora se encuentra el muro del embalse y donde se desarrollaron los encuentros más violentos de la Batalla de Talavera.Confluencia en 1945 de la calle Cerería, a la derecha, con San Ginés a la izquierda. 

Es el inicio de la Portiña de San Miguel ya cubierta en el llamado puente la Villa. Al fondo la calle Marqués de Mirasol.

En la confluencia de Cerería con La Portiña saltaba al arroyo un pequeño puente conocido como Puente la Villa por dar acceso a los arrabales nuevos y, por la plaza del Reloj y arco de San Pedro a la propia Villa, el caserío situado dentro del primer recinto amurallado. Más tarde se llamó puente de las Alcantarillas Nuevas, igual que a la puerta y torre que del segundo recinto amurallado situada allí.















Detalle de la foto interior con personajes talaveranos y ambiente todavía rural, y el irregular trazado de Marqués de Mirasol con trasformadores en la vía pública, cuya densidad de circulación era mucho menor.

Plazuela donde confluyen la calle San Ginés, marqués de Mirasol a la derecha y al fondo la plaza de la Cruz Verde, con la arquitectura tradicional de Talavera y acacias plantadas en el talud que formaba el cauce de La Portiña.




Talaveranos cargando leña en la plaza de la Portiña según detalle de la foto anteriorDetalla de la bajada desde el final de Marqués de Mirasola a la la plazuela donde confluye la calle de San Ginés.

El arroyo de la Portiña antes de ser cubierto. Postal de 1906 de Ruiz de Luna.

La iglesia de San Miguel estaba situada prácticamente en la orilla de la La Portiña y aún se mantiene la torre con algunos restos de la misma como el pórtico y unos arcos mudéjares. 

En una de las fotos del Plan de Ensanche de 1945 que venimos viendo aparece todavía la torre cubierta y con un gracioso hueco del campanario mudéjar con su arco de herradura enmarcado por alfiz de ladrillo en la parte superior y de piedra en la inferior.La Portiña de San Miguel ya cubierta con la torre todavía techada de la antigua iglesia

Pasada la iglesia de San Miguel había un postigo en el muro del segundo recinto amurallado que tenía una hornacina con una imagen de Ecce Homo conocida como Cristo de la Salud que da nombre a la calle actual y al que se tenía una gran devoción en la villa. Esta pequeña puerta se llamó anteriormente de Vengamedel.





















Más adelante había otro puente llamado de las Alcantarillas Viejas o del Pópulo y que se correspondía con la puerta del mismo nombre del segundo recinto amurallado. 

Se sabe que en el siglo XVII había también allí una “pontezuela de piedra” sobre el arroyo de La Portiña.Arcos mudéjares de la torre de San MiguelDetalle de la foto anteriorEl poco tránsito por la Portiña de San Miguel permitía disfrutar del sol a los vecinos


El arroyo de la Portiña por su doble condición de corriente fluvial y lindero con la muralla se convertía muchas veces en un muladar lleno de desperdicios que ocasionaba las protestas delos vecinos desde la Edad Media.

Foto de La Portiña de San Miguel, con la torre de la iglesia a la derecha

La zona más ancha en la confluencia con la calle de Santo Domingo y Salmerón se conoció antiguamente como plaza de los Caldereros, por haber allí varios artesanos de este oficio. 














También se llamó del Cardeal Loaisa por ser este prelado, confesor de Carlos V, el fundador del convento de Santo Domingo.

La topografía del antiguo arroyo de La Portiña condicionó las frecuentes inundaciones de la plaza y traemos aquí una de las fotografías en que se rescata a vecinos junto al antiguo kiosko.Inundaciones en la zona del puente la VIlla.

http://lamejortierradecastilla.com/la-portina-de-san-miguel-en-fotos-de-1945/

jueves, 7 de diciembre de 2017

Formación del Clero en la época Visigótica ( y II)

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Llegados a este punto nos preguntamos cómo era la formación que se impartía en estos centros. El IV concilio de Toledo en su canon 25 nos refiere lo siguiente con respecto al obispo que se podría aplicar también al presbítero: «La ignorancia, madre de todos los errores, debe evitarse sobre todo en los obispos de Dios que tomaron sobre sí el oficio de enseñar a los pueblos. La Sagrada Escritura amonesta a los obispos para que lean, cuando el apóstol san Pablo dice a Timoteo: Ocúpate en la lectura, en la exhortación y en la enseñanza, y sé constante siempre en estas tareas; y conozcan, por lo tanto, los obispos, la Escritura santa y los cánones, para que todo su trabajo consista en la predicación y en la doctrina y sea la edificación de todos tanto por la fe como por la legalidad de su conducta .



Además de lo dictaminado por estos dos concilios, las obras que los obispos de esta época, especialmente san Isidoro, redactaron con el fin de ayudar a los docentes y discentes a adquirir los conocimientos requeridos para llegar al sacerdocio, nos permiten hacernos una idea del itinerario formativo que es posible dividir en dos o tres momentos: desde la adolescencia hasta los 18 años, una etapa intermedia entre los 18 a los 21, y la definitiva desde los 21 años hasta los 30.

Primera etapa:

Su inicio consistía en un rito en el que se tonsuraba al infante mientras el sacerdote recitaba esta oración que se encuentra en el Liber Ordinum: «Señor Jesucristo, Tú, que abriste la boca a los mudos e hiciste elocuente la lengua de los niños, abre la boca de este tu siervo para que reciba el don de la sabiduría, a fin de que, aprovechando con toda perfección las enseñanzas que hoy se empiezan a dar, te alabe por los siglos de los siglos».

El plan de estudio de esta etapa tenía como plato fuerte el estudio de la lengua latina, pues el clérigo tenía que familiarizarse ya desde niño con ella, ya que en ella estaba escrito todo el saber que debía adquirir, desde las Sagradas Escrituras hasta los cánones, libros litúrgicos, etc. y además era la lengua en la que se redactaban los documentos. Esta lengua no siempre resultaba fácil de leer porque los libros no estaban escritos en letras impresas sino manuscritas y a veces no se utilizaba el blanco de escritura para separar las palabras, ni los signos de puntuación. A esto se añadía la corrección que debía emplearse en la acentuación de las palabras para lo que debían saber de memoria cómo hacerlo. No es extraño, por tanto, que san Isidoro dedique todo el primer libro de las Etimologías al arte gramatical. Merece la pena destacar también para este fin el libro atribuido a san Julián titulado Ars grammatica de cuya importancia dan fe el número de manuscritos medievales.

La corrección en el uso de la lengua latina era además demandada por la orden del lectorado que debía recibir antes de las órdenes mayores, como nos señala san Isidoro en su libro De ecclesiasticis officiis donde afirma que los lectores deben estar adornados entre otras cosas de un conocimiento profundo de la lengua latina en la que está escrito el texto que se proclama sabiendo entonar bien los pasajes distinguiendo sus matices propios y evitar que con la lectura se interprete de manera ambigua o errónea.

Junto con el estudio del latín, el adolescente aprendía los salmos y a salmodiar.

Le seguían las otras dos disciplinas del Trívium: retórica y dialéctica a las que el hispalense dedica el segundo libro de las Etimologías y que no dejaban de tener su importancia para preparar al clérigo en su tarea de predicar la palabra de Dios y defender la fe. Finalmente, no podía faltar en esta primera etapa el estudio del Quadrivium como nos muestra el libro tercero de las Etimologías y que comprendían, por este orden, la aritmética, la geometría, la música y la astronomía.

Segunda etapa:

De los dieciocho años, cuando el joven era preguntado por su deseo de seguir la formación sacerdotal, hasta la recepción del subdiaconado a los 21 años, se dedicaban principalmente al estudio de la filosofía y a fundamentar su vocación pues durante este periodo recibía las llamadas órdenes menores que terminaban con el subdiaconado. Tercera etapa: De los veintiuno, aproximadamente, a los treinta años comenzaba propiamente hablando el periodo en el que se intensificaba la educación del futuro sacerdote. Esta etapa tenía un momento central que era la ordenación diaconal a los veinticinco años.

El objetivo de este ciclo era la adquisición de las siguientes cualidades que el propio san Isidoro de Sevilla nos presenta: El sacerdote debía estar versado en las Sagradas Escrituras y en el Credo de la Iglesia, pues no basta una vida santa para instruir al pueblo de Dios sino que es preciso saber exponer la doctrina ante su pueblo y defenderla frente a los adversarios.

No menos importantes son las cualidades personales que deben adornar al presbítero, tanto espirituales: ser hombre de oración acompañada con la meditación de la Sagrada Escritura, varón paciente, manso, discreto, con discernimiento de espíritus, e intercesor ante Dios para impetrar el perdón de los pecados de su pueblo; como intelectuales: conocimiento del Credo, de las Sagradas Escrituras, de la liturgia y de los cánones; como humanas: saber relacionarse con su fieles sin despreciar a nadie, ni condenar sin prueba, ni excomulgar si no ha habido previamente ruptura de comunión.

Además debe saber conjugar en el gobierno la humildad y el ejercicio de la autoridad, pues si es demasiado humilde, no corregirá con acierto los vicios de las personas a él encomendadas, y si es demasiado autoritario, terminará siendo demasiado severo. Esto se conseguía mediante la unión armoniosa que se daba en este tipo de escuelas entre la disciplina y la scientia. 

Para conseguir la ciencia necesaria y la vida espiritual, no faltó la elaboración de tratados que podemos dividir en estos grupos: 



a) Exégesis bíblica: 
tema fundamental en la enseñanza sacerdotal como muestra la gran cantidad de obras exegéticas que conservamos en la época visigótica. Podríamos citar las de san Gregorio de Elvira,26 el Comentario al Apocalipsis de Apringio de Bejar, 27 muy útil para las predicaciones del tiempo pascual en la liturgia hispana en la que se leía este libro bíblico, san Isidoro tiene un gran número de escritos escriturísticos pues comentó casi todos los libros del Antiguo Testamento28 y escribió obras enciclopédicas para conocer el sentido de los pasajes del Nuevo,29 finalmente san Julián también nos ha dejado, como escrito exegético, el Antikeimenon libri,

b) Materias teológicas y morales. 
Una las obras más importantes en este campo es la titulada Sentencias31 de san Isidoro, que está dividida en tres libros: en el primero se expone la fe cristiana, en el segundo la vida moral, y el tercero viene a ser una especie de tratado de vida espiritual. Este libro es una pequeña Suma Teológica que gozó de alta estima en la Edad Media y nos muestra las tres columnas de la teología que coinciden con los tres sentidos de la exégesis bíblica: alegórico (teología), moral, anagógico (espiritual). A este manual habría que unir el Prognosticon futuri saeculi de san Julián32 que se especializa en escatología. Tiene su importancia pues parece que es uno de los primeros en admitir la existencia de un Purgatorio que concibe como una purificación post mortem. 

c) Obras de apologética con las se enseñaba a los alumnos a litigar con los judíos y los cristianos no católicos, especialmente arrianos. 
Entre los primeros debemos citar el De fide catholica ex veteri et novo Testamento contra iudaeos de san Isidoro y el De comprobatione sextae aetatis de san Julián.33 Entre los dirigidos a herejes es básica la obra del hispalense De haeresibus, que es un catálogo esquemático de todas las herejías y desviaciones cristianas.34 No puedo omitir de esta lista el gran libro de nuestro Ildefonso que se defiende la fe cristológica y mariana de los ataques tanto de los herejes como de los judíos, me refiero al De Virginitate Sanctae Mariae . 

d) Obras litúrgicas: 
Como es lógico en un hombre que se va a dedicar al culto, no faltaban en el plan de estudios los tratados litúrgicos. El más importante es el De ecclesiasticis officiis36, compuesto por dos libros: el primero lo dedica a la liturgia (evolución del culto, de los sacramentos y de la liturgia en sí), y el segundo a los distintos ministerios en la Iglesia. Fue una obra muy manejada por los clérigos en la Edad Media. En este apartado también podemos citar los dos libros de san Ildefonso que, aunque dirigidos a todos los cristianos, no dejaba de tener utilidad para el clero. Me refiero al De cognitione Baptismi y el De itinere deserti.

e) Finalmente, 
no faltaba el estudio de los cánones como ya he indicado más arriba con el fin de construir la Iglesia de Dios con orden y sin caer en aptitudes dictatoriales. 



Conclusión 

Con esta breve presentación de los estudios sacerdotales en la época visigótica concluyo mi intervención. En ella he querido mostrar cómo se originan en los siglos VI y VII estas escuelas, cuál fue su motivo, que no es otro que el deseo de que el clero esté bien preparado para construir la Iglesia, y cómo las podemos considerar la base y los cimientos de los actuales centros de formación sacerdotal. La disciplina que se aprendía bajo la mirada atenta de un sacerdote anciano, testigo de la vida, que gobernaba con resolución y con el ejemplo de sus costumbres, y la ciencia, especialmente el estudio de la Sagrada Escritura y los cánones, han servido para que muchas generaciones de sacerdotes pudieran edificar la Iglesia que ha llegado hasta hoy. Nos preguntamos si fueron eficaces estas directrices para conseguir el objetivo de las mismas: evitar la situación lamentable de un clero ignorante al frente de las parroquias.

No parece que fuera una tarea fácil pues en el VIII Concilio de Toledo en el 653, los obispos allí reunidos advierten que todavía existen sacerdotes incompetentes y decretan lo siguiente: «En la octava discusión encontramos que algunos encargados de los oficios divinos, eran de una ignorancia tan crasa que se les había probado no estar convenientemente instruidos en aquellas órdenes que diariamente tenían que practicar. Por tanto, se establece y se decreta con solicitud que ninguno en adelante reciba el grado de cualquier dignidad eclesiástica sin que sepa perfectamente todo el salterio y además los cánticos usuales, los himnos y la forma de administrar el bautismo; aquellos que ya disfrutan de la dignidad de los honores, y sin embargo padecen con la ceguera de una tal ignorancia, o espontáneamente se pongan a aprender lo necesario o sean obligados por los prelados, aun en contra de su voluntad, a seguir unas lecciones»


Aun así, no podemos olvidar el esplendor que llegó a tener la Iglesia española en el siglo VII gracias a la formación de su clero; entre las más destacables, la Iglesia toledana desde mediados a finales de este siglo VII, fruto de los esfuerzos de los prelados que, en los concilios celebrados en esta ciudad, se preocuparon de elevar el nivel intelectual del clero.

FRANCISCO MARÍA FERNÁNDEZ JIMÉNEZ 
Numerario

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miércoles, 6 de diciembre de 2017

Formación del Clero en la época Visigótica (I)

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En la época visigoda cuando los concilios de Toledo, especialmente el II y el IV, buscaron una solución a la penosa situación de un clero ignorante. podemos decir que durante siglos Toledo, con altibajos ciertamente en especial durante la ocupación musulmana, no ha carecido de instituciones que se han ido pasando la antorcha de la formación sacerdotal. Hoy esta antorcha la tiene el Instituto Teológico San Ildefonso y los dos Seminarios antes citados. Pero tampoco el II Concilio de Toledo comenzó a legislar de la nada sobre este particular. 

Ya en los comienzos de la Iglesia, el propio obispo escogía para el servicio sacerdotal, a ejemplo de los apóstoles, cristianos ejemplares que, en la convivencia con él, habían aprendido la ciencia de la doctrina cristiana y la disciplina de una auténtica vida evangélica. Es lícito afirmar, por tanto, que la formación de los nuevos ministros se basaba principalmente en la enseñanza del propio obispo que era a la vez maestro y testigo. Poco tiempo después, a medida que la Iglesia se iba extendiendo, surgieron escuelas catequéticas en ciudades importantes como Roma, Alejandría, Antioquía o Cesarea de Palestina de cuyo testimonio tenemos constancia ya a finales del siglo II. 



Estas se confiaban a un delegado del obispo que este escogía con esmero, dada la importancia de la tarea, y que se convirtió en el archidiácono o arcediano. Con el edicto de tolerancia de la religión cristiana, promulgado por el emperador Constantino en Milán el año 313, comenzó una nueva época para la Iglesia y para la formación de su clero, pues las escuelas catequéticas entraron en crisis por dos motivos: bien por considerarse insuficientes para cubrir las nuevas necesidades eclesiales, bien por estar algunas de ellas infestadas por el movimiento gnóstico.

Por eso surge la necesidad de nuevas escuelas para clérigos y se comienza a legislar sobre el particular, como lo muestra el llamado canon 60, atribuido erróneamente al Concilio de Nicea. Este documento del siglo IV ordena que aquellos que desean recibir las órdenes sagradas deben presentarse al obispo y luego ser confiados al archidiácono o arcediano. Al final de su formación el arcediano y el corepíscopo deben examinar al candidato en la lectura de la Sagrada Escritura, en los Estatutos y Leyes eclesiásticas antes de ser ordenados . 

Con el paso del tiempo, al asumir el arcediano funciones más burocráticas de ayuda al obispo, será sustituido en esta función por un maestro de vida espiritual. Junto con este canon, a finales del siglo IV, tenemos la figura de san Agustín que es uno de los primeros en instaurar una especie de seminario en Hipona, pues hacia el año 396 establece un monasterio de clérigos en la casa del obispo. 

Durante los siglos IV y V, la necesidad de instruir a los presbíteros se hace más acuciante por la importancia que este grado del orden sacerdotal va adquiriendo con la expansión del cristianismo. Esto es lo que señala Fernández Alonso al particular: «Ya desde los orígenes de la Iglesia se les contempla [a los presbíteros] como auxiliares del obispo en cuanto se refiere al culto y al gobierno mismo de la grey cristiana. Son sus consejeros y se hallan en una comunión tan estrecha, que aun el sacrificio eucarístico, ejercicio de su poder más sagrado, lo realizaban en concelebración. Sólo más tarde, con la expansión numérica y geográfica del cristianismo fueron los presbíteros adquiriendo una personalidad independiente». 

En efecto, a los presbíteros se les empieza a encomendar parroquias rurales, lo que va a exigir una formación particular que antes, como consejero del obispo, no necesitaba. Por otro lado, durante el siglo V, entramos en un periodo de decadencia originado por las invasiones de los pueblos germánicos y eslavos en Europa. 

Esto hacía más difícil la educación de los sacerdotes y provocó que estuvieran al frente de parroquias clérigos ignorantes lo que será el aldabonazo para empezar a poner remedio a esta lacra. En este ambiente tendrán un papel muy especial los monasterios que se iban fundando por todo el continente europeo y donde eran educados no solo los monjes sino también los jóvenes de cualquier clase y condición. Pero poco a poco también se va asentando el modelo de san Agustín de modo que se van erigiendo escuelas de clérigos organizadas bajo la autoridad del obispo, aunque apenas tenemos datos de ellas. 



Formación del clero en los Concilios Toledanos. 

Esta preocupación la recogieron desde el principio los concilios toledanos. 

Ya en el primero, celebrado hacia el año 400, en el que se abordaron cuestiones concernientes a la disciplina del clero y al fin del priscilianismo, se puede constatar el malestar de no seguir criterios comunes a la hora de formar al clero:

«Estando sentados los presbíteros y de pie los diáconos y reunidos los demás que asistían al concilio, el obispo Patruino dijo: Porque cada uno de nosotros hemos comenzado a obrar de distinta manera en nuestras iglesias, y de aquí se han originado escándalos que rayan en verdaderos cismas, si os agrada a todos vosotros, decretemos lo que ha de hacerse por todos los obispos al ordenar a los clérigos. 

Mi parecer es que debe guardarse todo lo establecido antiguamente en el concilio Niceno, y que no debemos apartarnos de estas normas.

Los obispos dijeron: Esto mismo nos agrada a todos de tal modo que si alguno, conociendo las actas del concilio Niceno, se atreviera a obrar de otro modo del que está prescrito y creyere que no debe atenerse a ello, sea tenido como excomulgado, a no ser que por la reprensión de sus hermanos corrigiere su yerro». 

Pero será el II Concilio de Toledo, celebrado en el año 527, el que nos ofrezca por vez primera una legislación en la que se nos hable de una institución para la educación de los clérigos desde su adolescencia. Su importancia es tal que algunos consideran su primer canon como el embrión de los seminarios tridentinos. Por su importancia merece la pena citarlo: «Respecto a aquellos que fueron consagrados a la vida clerical desde los primeros años de su infancia por voluntad de sus padres, decretamos que se observe lo siguiente: que una vez tonsurados y elegidos para el ministerio de los elegidos, deben ser instruidos por el prepósito que les ha sido señalado, en la casa de la iglesia bajo la inspección del obispo, y cuando llegare a cumplir dieciocho años se les preguntará si quieren o no casarse. 

A los cuales si por inspiración de Dios les agradare la gracia de la castidad y prometieren que guardarán el voto de continencia sin lazo conyugal, éstos como aspirantes de una vida más austera serán puestos bajo el yugo suavísimo del Señor y primeramente recibirán, cumplidos los veintiún años, el subdiaconado, una vez que hayan probado la sinceridad de su profesión. Y si llegaren a los veinticinco sin culpa ni tacha, serán ascendidos al oficio del diaconado, si el obispo comprobare que pueden cumplirlo prudentemente. 

Sin embargo éstos deben guardarse de que olvidando alguna vez su promesa se entreguen después a las bodas terrenales o a las relaciones ilícitas, y si acaso hicieren algo de esto, serán condenados como reos de sacrilegio y considerados como extraños a la Iglesia. Pero aquellos a los que en el momento de ser interrogados, su propia voluntad les infundiese el deseo de casarse, no podemos negarles la facultad que les fue concedida por los apóstoles, de tal modo que una vez que hayan alcanzado la edad madura, viviendo en el matrimonio, si de común acuerdo prometieren renunciar a las obras de la carne, pueden aspirar a los grados eclesiásticos» . 

En él se puede observar los rasgos esenciales de un itinerario vocacional que consistía en dos momentos: En este texto, se puede observar los rasgos esenciales de un itinerario vocacional. El primero comenzaba desde la más temprana edad, cuando los padres presentaban a sus hijos para que fueran formados, y llegaba hasta los dieciocho años. 

Hoy en día los seminarios menores siguen teniendo este cometido.

Durante esta etapa, seguían un estilo de vida propio del clérigo, por eso eran tonsurados y puestos bajo la dirección de un sacerdote probado que era supervisado por el obispo. El lugar de formación era la casa de la iglesia (in domo ecclessiae) que nos recuerda a la referencia agustiniana antes citada. 



El segundo momento comenzaba al cumplir el candidato los dieciocho años, instante en el que se le preguntaba si quería contraer matrimonio o no. En caso afirmativo, debía dejar la institución y renunciar al sacerdocio, lo que era muy común ya que en estas instituciones se educaban niños que nunca serían ordenados. Pero, si deseaba vivir una vida casta, entonces seguía su formación con las órdenes del subdiaconado a los veintiún años y el diaconado a los veinticinco, requisito para ser presbíteros. 

No obstante, los que optaban por el matrimonio, podían llegar en la edad madura a ser ordenados, si estaban dispuestos a vivir una vida de castidad, siempre con el consentimiento de su esposa. En resumen, para ser clérigo se requería una larga formación en régimen de internado que tenía dos partes: desde la adolescencia hasta los dieciocho años y desde esta edad hasta ser ordenados presbíteros. Sobre la importancia de este concilio es conveniente citar las siguientes palabras del estudioso Francisco Martín Hernández:

 «Con lo determinado en el concilio II de Toledo se daba pie para una de las magnas realizaciones de la educación clerical de todos los tiempos. De hecho, y a juzgar por el preámbulo del mismo, hemos de considerar este concilio como el creador de los seminarios visigodos, que tanta influencia tendrá en los seminarios clericales de la Iglesia hasta la época misma del Tridentino […]. 

Es verdad, que no tenemos elementos suficientes para juzgar de su eficacia práctica, pero algo sabemos de su organización y suponemos que el hecho mismo de haberse celebrado en Toledo, que cobraba cada vez más importancia, habría de influir en otras ciudades episcopales.» Después de la conversión del rey Recaredo en el III Concilio de Toledo (año 589), aparece la necesidad de elaborar una reglamentación más explícita para la formación sacerdotal.

De esta labor se ocupó el IV Concilio (año 633), presidido por san Isidoro, arzobispo de Sevilla. En su canon 24, explicita mejor la edad de entrada en este tipo de escuelas, la adolescencia, y el motivo:

 «Cualquier edad del hombre a partir de la adolescencia está inclinada al mal; pero nada más inconstante que la vida de los jóvenes. Por esto convino establecer que si entre los clérigos hay algún adolescente o en la edad de la pubertad, todos habiten en el mismo techo junto a la iglesia, para que pasen los años de la edad resbaladiza, no en la lujuria sino en las disciplinas eclesiásticas, confiados a algún anciano muy probado a quien tengan por maestro en la doctrina, y por testigo de vida». También se hace alusión al director de la institución: un presbítero muy probado que sea a la vez maestro y testigo de vida. 

Por tanto, el Concilio insiste en la importancia de elegir bien al que tiene que dirigir esta institución. Este IV Concilio exige en su canon 20 la edad de treinta años para poder recibir la ordenación presbiteral, por tanto, conocemos así mismo el término de los estudios sacerdotales 

FRANCISCO MARÍA FERNÁNDEZ JIMÉNEZ 
Numerario

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martes, 5 de diciembre de 2017

Santuarios de la Cerámica en la Comarca de Talavera: El Casar de talavera

Iglesia parroquial de El Casar del Ciego

El Casar de Talavera, Ayuntamiento de Talavera de la Reina

La pequeña iglesia parroquial del Casar de Talavera es un templo fabricado en mampostería con sillería en esquinas y vanos que está rematada por graciosa espadaña de ladrillo.

Es construcción del siglo XVI y guarda en su interior dos altares laterales ornamentados con paneles de cerámica talaverana también del siglo XVI que representan a varios santos. Los azulejos han sido en parte removidos y recolocados pero presentan magníficas representaciones enmarcadas en decoración de ferroneríe o cenefas renacentistas clásicas de repetición.



Esde interés la visita al templo no solo por la cerámica sino también por su artesonado mudéjar, algunas imágenes, especialmente un Cristo con la pintura deteriorada y una pila bautismal blasonada de granito.Hornacina renacentista sobre la puerta meridional de la iglesia de El Casar de Talavera

Son de destacar varios paneles San Blas. Siglo XVI. Policromía.

Altar lateral de la epístola.

Enmarcado con columnas y azulejos renacentistas reutilizados.

Aparece simplemente vestido de obispo con el báculo y la mitra, por lo que podía ser confundido con cualquier otro santo obispo de no ser por la cartela que debajo indica que estamos ante una imagen de San Blas y porque en todas las representaciones en azulejo talaverano de este santo tiene similar actitud de bendecir y el báculo cruzado.

San Bartolomé: Frontal de altar del evangelio. Policromía. Siglo XVI.Enmarcada en recortes de ferroneríe con pequeñas flores y frutos en los huecos, y flecos simulados en la parte superior.

San Bartolomé sujeta la cadena con la que tiene preso al diablo y en la otra mano la espada o cuchillo de su martirio.

Varias terrazas y árboles esquemáticos adornan el fondo.

San Sebastián: Policromía. Enmarcado por columnas acanaladas que sostienen un arco y friso con greca renacentista inferior. Las flechas sin punta atraviesan transversalmente las carnes de San Sebastián. 

Presenta también la peculiaridad de lucir un cuidado bigote como el que se dejaban muchos jóvenes en el siglo XVI, centuria en la que se realizaron los azulejos.

San Cristóbal representado en azulejería del siglo XVI en la iglesia de El Casar de Talavera

San Cristóbal: Siglo XVI. Policromía. Altar lateral. Enmarcado en retablillo renacentista en azulejo formado por dos columnas acanaladas con capiteles decorados en color que sostienen motivos de grutescos y venera central.

San Cristóbal lleva al niño y se apoya en un árbol. Se ve al ermitaño en la orilla del río y en el medallón de recortes con decoración vegetal de la zona inferior del retablo se ha dibujado al que probablemente es el ermitaño de la leyenda de San Cristóbal orando ante un crucifijo.

San Miguel: Policromía. Siglo XVI. Enmarcada en recortes de ferroneríe con pequeñas flores y frutos en los huecos y flecos simulados en la parte superior. San Miguel vestido con túnica clava la lanza en la boca del diablo y sujeta la balanza de la psicostasia.

Santiago Matamoros. Siglo XVI. Policromía, enmarcado en restos de cenefa de ferroneríe. Tradicional representación del santo a caballo pisoteando restos despedazados de enemigos musulmanes.



En otros medallones que decoran los paneles se representan santos como San Francisco, María Magdalena, santa catalina o Santa Lucía, y otros. La decoración de los azulejos de repetición es muy variada, ferroneríe, rencentistas y otros de tradición decorativa mudéjar.San Bartolomé representado den la Iglesia de El Casar de Talavera en azulejería

Para acceder hay que ponerse en contacto con el párroco.

En el Casar también podemos ver su calvario de granito a la entrada , la atalaya musulmana del cerro de Malojo y el cubo de un viejo molino sobre el mismo arroyo.

http://lamejortierradecastilla.com/santuarios-de-la-ceramica-en-la-comarca-3-el-casar-de-talavera/

lunes, 4 de diciembre de 2017

Santa María la Blanca: La sinagoga de la discordia

La comunidad judía en España reclama Santa María la Blanca, construida por los judíos en torno a 1300 y en posesión de la diócesis de Toledo

Interior de la sinagoga Santa María la Blanca de Toledo. 

ALVARO GARCÍA | EPV

El arzobispo de Toledo prefiere guardar silencio. La respuesta oficial de su diócesis a la insistencia de EL PAÍS es: “El señor arzobispo considera que, por el momento, no debe hacer ninguna declaración en el asunto”. El “asunto” es la propiedad de la sinagoga Santa María la Blanca de Toledo, que hoy es de la Iglesia católica. El derecho eclesiástico establece que la decisión última sobre qué hacer con la sinagoga depende de la diócesis, que dirige el arzobispo Braulio Rodríguez Plaza.



La comunidad judía de Toledo construyó Santa María la Blanca hacia el año 1300. Un siglo después, en 1411, san Vicente Ferrer se la quitó durante una matanza de judíos. Toledo tenía otras sinagogas, pero Santa María la Blanca era la Mayor. La comunidad judía pide ahora su devolución. “En el siglo XXI, en un país como España, una devolución simbólica de ese bien expoliado a la comunidad judía sería bonito”, dice Isaac Querub, presidente de la Federación de Comunidades Judías Españolas.

Con el silencio, el arzobispo tiene suficiente para mantener las cosas como están. La comunidad judía tiene pocas alternativas más que insistir en un gesto de la Iglesia o en una negociación a varias bandas con el Estado. Los tribunales no son posibles porque la comunidad judía actual no es heredera de la comunidad histórica toledana.

El mensaje de silencio desde el arzobispado venía acompañado de esta otra excusa, que parece quitarle peso simbólico a la petición judía: “En la actualidad Santa María la Blanca no es una iglesia ni una sinagoga. En ella no se celebra culto oficial de ninguna confesión. Se trata de un edificio histórico que la archidiócesis cuida, conserva y mantiene”. El templo es hoy un monumento turístico y está desacralizado, pero se hacen actos esporádicos que no implican misa.

La prueba de que la diócesis de Toledo sabe que tiene algo delicado entre manos es una gestión jurídica reciente. El 18 de julio de 2012, el catedrático de Derecho de la Universidad Complutense Francisco García Fernández pidió una copia de la inscripción de la sinagoga en el Registro de Toledo. Dos días después, difícilmente por casualidad, la parroquia de Santo Tomé, propietaria del inmueble, lo donó al arzobispado. “Regaló la sinagoga al arzobispado porque quien recibe una donación pasa a ser 'propietario de buena fe', pero es algo que no aplica porque el dueño final seguía siendo el mismo: la diócesis”, cree García Fernández.

Gerardo Ortega, el párroco de Santo Tomé que hizo la donación ante el Registro en 2012, dice no recordar nada: “No ha habido ningún movimiento jurídico. Santo Tomé nunca ha sido titular de la sinagoga. Es imposible que el menor done al mayor. Lo que es parroquial es diocesano siempre”, dice. Ortega sabe que la petición de la comunidad judía no es nueva. Hubo al menos otra -más privada- en 1992. “De vez en cuando surge un deseo porque les trae un recuerdo muy especial”, admite. Pero no puede hacerse nada más, según su parecer: “No puede ser del mundo judío porque es de quien es. Es así”.



Ortega no da mucho valor a la petición de devolución: “¿La comunidad judía quién es? Esa entidad se tiene que dirigir a alguien, pero no un rumor de periódico. No sé si el arzobispo ha recibido algo”. El arzobispo de hecho no ha recibido a nadie. Querub ha pedido una reunión oficial por carta. Aún no le han contestado. En noviembre de 2016, Querub coincidió con Rodríguez Plaza en un acto. Al inicio de su discurso, Querub se refirió así al arzobispo: “Hombre inteligente e influyente y con quien tantas cosas tenemos que hablar”. Esas cosas siguen sin hablarse.

La Iglesia española no es unánime. 

El cardenal Carlos Osoro, arzobispo de Madrid y vicepresidente de la Conferencia Episcopal, ve le necesidad de un gesto con la comunidad judía: “Todos los esfuerzos que hagamos son pocos. Los gestos que nos acerquen y nos ayuden son buenos. Claro que lo veo bien. Santa María la Blanca tiene que ser un lugar de encuentro”, dice. El celebrado diálogo interreligioso necesita algo más que palabras, según Mayte Rodríguez de Lara, directora del Centro de Estudios Judeo-Cristianos: “En todos mis años de labor en pro del diálogo nunca he oído una voz de rencor a ningún judío acerca de la expulsión o las persecuciones por motivos religiosos. No podemos convertir el diálogo en puros formalismos sin dotarlo de significado”.
Un monumento que recauda

Santa María la Blanca es el tercer monumento más visitado de Toledo, después de la catedral y la iglesia de Santo Tomé, donde está El entierro del conde Orgaz, de El Greco. En 2016 la sinagoga recibió 405.928 visitantes, según datos del arzobispado. La entrada cuesta 2,5 euros, y hay que restarle las 5.317 personas que entraron gratis y los que compraron una pulsera por 9 euros que incluye 7 monumentos del arzobispado, entre ellos la sinagoga. En 2014, año con los últimos datos, se vendieron 59.600 pulseras. Si se tiene en cuenta el crecimiento en ventas de la pulsera, quizá se hayan vendido cerca de 100.000 en 2016. Los visitantes de pago en la sinagoga podrían rondar por tanto los 300.000. Si fuera así, los ingresos exclusivos rondarían los 750.000 euros anuales. El dinero se reparte entre conventos, un fondo diocesano para ayudar a otras iglesias y el sueldo de las empleadas del lugar.

El dinero no ha ido claramente al mantenimiento del edificio. La nueva iluminación cuesta 125.000 euros y el 80% lo ha pagado Iberdrola. La última gran restauración de la sinagoga fue entre 1983 y 1994 y la pagó el Ministerio de Cultura. El arquitecto Francisco Jurado fue el encargado de la obra: “Había humedades que subían por las columnas y deterioraban los capiteles. Cuando llovía ponías las manos en los pilares y caía el agua. Tenía un pavimento hecho polvo”, dice.

Interior de Santa María la Blanca antes de su restauración de los años 80 / Imagen cedida por Francisco Jurado

La sinagoga quedó renovada y a salvo, pero su relevancia histórica sigue sin ponerse en valor. Hay hoy apenas un cartel con una cronología poco elocuente. Los visitantes vagan por las naves sin dirección. “La museología diocesana es pobre”, dice Santiago Palomero, director del Museo Sefardí de Toledo, que incluye la otra gran sinagoga de la ciudad, la del Tránsito. “No están contando nada. Es un sitio con una relevancia histórica y no les interesa nada. Hay falta de cuidado”, añade.

A la entrada hay más carteles sobre la peculiar Fraternidad de Santa María de la Mañana que sobre la sinagoga. Una visitante japonesa confunde la flecha hacia una “exposición” lateral con la entrada de la sinagoga y vaga por el patio buscando la puerta.

La Fraternidad es una comunidad mixta de diez miembros fundada en 1999 por el arzobispo actual, Rodríguez Plaza, cuando era obispo de Salamanca. Poco después, el cardenal Antonio Cañizares, entonces arzobispo de Toledo, les dio “la responsabilidad espiritual de la sinagoga”, según cuenta su fundador, el hermano Abraham de la Cruz, y “me hizo hacer una exposición en toda la sinagoga sobre paneles”. La sinagoga quedó llena de cuadros de un presunto valor místico, pero no histórico. “No me parece que exposiciones de calidad dudosa ayuden a mantener los materiales de la sinagoga intactos”, dice Paloma Acuña, de la Real Fundación de Toledo. Hace unos años, la exposición salió del templo hacia su actual cuartito lateral: "El arzobispo renovó nuestro contrato pero en el pequeño local por motivos que solo él puede explicar", dice el hermano Abraham.



El papel de la Fraternidad allí es hablar de la unidad entre la Iglesia e Israel. Aunque más bien su objetivo parece atraer la etérea simpatía de judíos hacia la Iglesia: “Hemos oído muchas veces a judíos decir en nuestra exposición que si esta vocación existe es porque el Mesías ha nacido. Muchos se ponen a llorar”, explica el hermano Abraham. La Fraternidad hace varios rezos en la sinagoga en fiestas judías, pero no tiene ninguna relación con la comunidad judía española. Toledo no tiene hoy una comunidad judía propia.

La sinagoga ha sido históricamente de la Iglesia y del Estado. Tras su época de sinagoga, primero fue oratorio y luego convento para meretrices arrepentidas. En el siglo XIX pasó a manos del Estado y fue arsenal militar y almacén de Hacienda. La Comisión de Monumentos la restauró en el siglo XIX e intentó que la iglesia la retomara para que se usara. Finalmente, el régimen de Franco fue quien devolvió la sinagoga a la Iglesia en 1939 con la excusa de “carecer el Estado de medios para su mantenimiento”, según un decreto que cita Palomero en su tesis doctoral.

Un gesto extraordinario en Palermo

La devolución de una sinagoga propiedad de la Iglesia a una comunidad judía es extraordinario porque, además de las implicaciones del gesto religioso, las sinagogas medievales que quedan en pie, en manos de la Iglesia y que alguna comunidad judía reclame son escasas. En España solo ocurre con Santa María la Blanca. Hay otras sinagogas con valor -el Tránsito, también en Toledo, y la de Córdoba, que son del Estado- y una en Segovia, que sufrió un incendio en 1899 y está dentro de un convento. “La petición de la comunidad judía de Santa María la Blanca es una gran oportunidad para la Iglesia Española para repensar su actitud con relación al pueblo judío”, dice Rodríguez de Lara.

Este mes de enero en Palermo (Italia) ha ocurrido un gesto notable. La pequeña comunidad de unas pocas decenas de judíos palermitanos -expulsados también en 1492- buscaban un lugar de culto y estudio desde hacía 8 años. El Ayuntamiento les había ofrecido un local inviable. En julio de 2016, la presidenta de la comunidad, Evelyne Aouate, fue a ver al nuevo arzobispo, Corrado Lorefice. “A los 20 días me llamó para decirme que estaba dispuesto a ofrecernos lo que había pedido: un oratorio en el área sinagogal del viejo barrio judío”, dice Aouate. Encima de la sinagoga destruida de Palermo, se construyó la iglesia de San Nicolò di Tolentino. Al lado hay un oratorio hoy en desuso, que es el espacio que Lorefice ha cedido gratis a la comunidad judía. “Es algo extraordinario, muy particular y no simple de obtener”, dice Noemi di Segni, presidenta de la Unión de Comunidades Judías de Italia.

Por lo visto hasta ahora, Toledo no revivirá un gesto similar. Es cierto que la repercusión sería distinta: la sinagoga de Toledo era el centro de la vida judía española. Como en Palermo, la decisión está en manos del arzobispo. Más arriba, en el Vaticano, parece que hay poco interés en interferir: “El Vaticano no se mete en esas cosas”, dice el cardenal Osoro. En Palermo, al menos, no lo ha hecho: “Está claro que el Vaticano habrá dado su opinión”, dice Pierpaolo Pinhas Punturello, rabino de la organización Shavei Israel que ayuda a las comunidades en Italia. “Pero a mí nunca me ha llegado. Mi interlocutor es el arzobispo Lorefice”, añade.

Si en Toledo se diera algún paso, las fórmulas para la titularidad de la sinagoga podría no ser una mera devolución a la comunidad judía. Isaac Querub insiste en dejar claras tres cosas: la iniciativa de proponer es de la Iglesia, la devolución no implica restituciones económicas ni quedarse con el dinero de las entradas y el Estado debería jugar un papel.

UN ANIVERSARIO TOLEDANO

Toledo celebra este año el 30 aniversario de su declaración como Ciudad Patrimonio de la Humanidad. No faltan piedras conventuales, calles de la judería, catedrales y oleos míticos para recordarlo. El Ayuntamiento, de acuerdo con otras organizaciones, ha puesto en marcha visitas guiadas al patrimonio más conocido y al más recóndito, con conciertos de música y de teatro y exposiciones. La ciudad del Alcázar y de los mazapanes, del Greco y de las tres culturas, recibirá este año a los visitantes con un programa enriquecido, donde Santa María la Blanca será parada obligatoria.

Desde la Real Fundación de Toledo, verían bien una salida que uniera las dos sinagogas en el complejo del Museo Sefardí: “Es compatible mantener la sinagoga abierta al público, la realización de actos litúrgicos judíos y que se una a la gestión cultural del Museo Sefardí para relatar la historia de la judería”, dice Paloma Acuña. El dinero, para Acuña, no sería un problema: “Los ingresos seguirían ahí. Si iba tanto dinero a cada convento, el Estado se puede comprometer a seguir mandándolo”.

La prueba de que nada es imposible es que en la sinagoga ya ha habido una boda judía. Según dos fuentes, una pareja judía alquiló el templo por un rato, ocultó la cruz que hay en la nave central y buscó a un rabino progresista -que pusiera pocas pegas- para aprovechar un lugar de tanto simbolismo.

Toledo 
https://elpais.com/cultura/2017/02/14/actualidad/1487073379_668229.html

domingo, 3 de diciembre de 2017

Puente del Arzobispo: Artesania y festejos

Alfarero en una feria de artesanía en Puente

La construcción del puente y el trasiego de gentes, ganados y mercancías que supuso, unido a las exenciones de impuestos de una villa franca como esta de Puente del Arzobispo, atrajo desde su fundación a una numerosa población de artesanos y comerciantes entre los que se encontraban numerosos judíos.Cerámica de Puente del Arzobispo

La artesanía es por tanto una actividad que nace con el propio pueblo, conocido hasta hoy día principalmente por su cerámica. 

La historia de la alfarería de Talavera y Puente discurre por caminos paralelos y, como se deduce de las excavaciones realizadas en su testar -lugar donde se han ido arrojando durante siglos los cascotes y piezas defectuosas cocidas en los hornos- todas las variaciones que en el transcurso del tiempo sufrieron las decoraciones y técnicas de su cerámica han sido bastante similares. 

Aún así, hay ciertas características que tradicionalmente se han asociado con el arte del barro de Puente. 

Una de ellas es el tono verde esmeralda de muchas de sus producciones, la segunda es el fondo más cremoso de su vidriado que lo diferencia del más blanco de la cerámica talaverana debido a una mayor cantidad de estaño en su composición. 



En tercer lugar, algunos de los motivos más repetidos por sus pintores, como “el pino” que en realidad tiene forma de ciprés y aparece sólo o en número de tres decorando muchos de sus platos. 

Otro motivo típico en la cerámica de Puente es la “cola de gallo” acompañada de diversos motivos florales y la encantadora “pajarita”, un ave estilizada también abundante entre los motivos de esta alfarería. 

La cerámica de Puente del Arzobispo siempre ha tenido fama, sobre todo en sus producciones antiguas, por los motivos populares en los que se ve la mano del humilde artesano que decora su obra con sencillez artística llena encanto y de sabor popular. De todas formas, otras series famosas similares a las de Talavera, como la de las “mariposas”, la “tricolor”, las alcoreñas, los cántaros del siglo XIX con motivos de héroes de la Guerra de la Independencia a caballo o con la efigie del rey Fernando VII y otros, no han tenido nada que envidiar a los de la hermana ciudad alfarera, aunque sus precios también fueran más populares.

Actualmente producen cerámica alrededor de sesenta talleres que en muchos casos comercializan su propia producción. No debe el peregrino marcharse sin llevar una de esas piezas de cerámica de Puente que todavía se pueden encontrar en muchos de los hogares de los pueblos que cruzaremos en nuestro camino a Guadalupe.Herramientas de artesano del esparto

En cuanto a la cacharrería, siempre fue bueno el barro de Puente para “agua”, no para “fuego” siendo sus botijos y cántaros muy apreciados, aunque hoy día los podemos ver sobre todo en su versión vidriada y decorada de cerámica.

Además de la alfarería cuenta la villa con un espartero artesano que comercializa objetos realizados en esta fibra vegetal.

Es el único de la comarca en activo que puede ofrecer al viajero piezas tradicionales como los serones, los capachos, las aguaderas, las esteras o los peludos, especie de felpudos con el esparto deshilachado, los moldes para el queso, los soplillos para el brasero y otras muchas piezas que se complementan con otras de diseño más actual y demandadas para la decoración. 

Puede verse todavía al artesano tejer con sus grandes agujas las duras fibras del esparto.Reproducción del rito gitano de mojar la vara en el Tajo en Puente del Arzobispo

LAS FIESTAS: 

Como ya hemos dicho, el Arzobispo Tenorio era muy devoto de Santa Catalina y por ello puso bajo su advocación muchas de sus fundaciones. Esta es la patrona del pueblo cuya fiesta se celebra el 25 de noviembre con la “Quema del Chozo” por la noche entre otros actos.



Como no podía ser menos, en Puente se tiene también devoción a las santas alfareras Justa y Rufina, patronas de los ceramistas, cuya festividad es el 19 de julio. Pero el acontecimiento festivo que fue desde siempre más conocido y concurrido en Puente del Arzobispo es la Feria de San Juan. 

Ese día se celebraba antiguamente un mercado de ganados al que acudían además los serranos y veratos a comerciar con sus cerezas y gentes de diversos lugares que traían sus ajos para vender. 

Venían a esta feria agricultores, ganaderos y tratantes, entre ellos los de raza gitana que bajaban al Tajo a mojar sus varas para tener más suerte en sus negocios, un ritual de los muchos que tienen que ver con el agua en el día de San Juan y que se pueden encontrar repartidos por toda nuestra geografía. 

Por último, la romería a la ermita de la Virgen de Bienvenida se celebra los lunes de Pascua y es muy concurrida por los puenteños, aunque antiguamente venían gentes de toda la comarca.

Cuenta nuestra villa con restaurantes donde podremos reponernos de las fatigas del camino.Azulejos de cerámica popular de Puente que representa la ermita y romería de la Virgen de Bienvenida

http://lamejortierradecastilla.com/camino-real-de-guadalupe-8-una-parada-en-puente-artesania-y-festejos/#more-6500

viernes, 1 de diciembre de 2017

El hijo del Greco falsificó su firma cuando el pintor sufrió un ictus

«Autorretrato«, de El Greco

Los ataques cerebrales dejaron secuelas en su rostro, como muestra su «Autorretrato», según los expertos

Doménico Theotocópuli (1541-1614) sufrió dos ictus o ataques cerebrales en los últimos años de su vida, uno más leve hacia 1600 y otro en 1608, cuando tenía 67 años (murió a los 73 años). 

Ello produjo secuelas en su rostro, cuya parte derecha aparece más descolgada, y un ojo más hundido que otro, como refleja su último «Autorretrato». Así lo afirma un estudio multidisciplinar —publicado en el Journal of the Neurological Sciencies— en el que ha participado uno de los mayores expertos del mundo en el cretense, el historiador Fernando Marías, catedrático de Historia del Arte de la Universidad Autónoma de Madrid, que este jueves ha pronunciado en Roca Tarpeya (sede de la Real Fundación Toledo) una conferencia bajo el título «El corpus documental de Doménico Theotocópuli El Greco. Trabajar para ser pobre».



En declaraciones a ABC, Marías ha explicado que diferentes documentos, entre los que se encuentra la comparación de sus firmas antes y después de estos infartos cerebrales, no descartan que Jorge Manuel, el hijo del pintor, falsificara su firma a partir de 1608, año en que se detecta la pérdida de la destreza en la escritura o agrafia. Ello plantea la duda de si las obras de su última década son suyas o ejecutadas por su taller, que dirigía su hijo, también artista.

Fernando Marías, el mayor experto del cretense, en la sede de la Fundación Toledo-A.P.HERRERA

«La nueva documentación existente sobre el Greco ha dado pistas más claras no solo sobre su situación económica, sino sobre su estado de salud, que repercutió sobre su obra. Parece que tenía problemas cardiovasculares y que probablemente hubiera sufrido un ictus o dos», que le tuvieron en una situación de postramiento, ha señalado Marías. 

«Hay un nuevo análisis en la documentación, como la ausencia de firmas en los contratos, o la falsificación de las firmas por su hijo; y por otro lado un análisis de la morfología de su autorretrato, unos signos de una posible parálisis facial, una situación de problemas vasculares a ojos de los médicos», ha añadido el que fuera comisario de la exitosa exposición «El griego de Toledo», la muestra más ambiciosa y de mayor envergadura realizada nunca sobre el artista y que fue organizada por la Fundación El Greco 2014.

La contribución de los doctores Bianucci y Appenzeller en el citado estudio sobre el estado de salud del Greco incide en que fue el propio artista, a través de su obra, quien describió sus propias discapacidades neurológicas. Y qué mejor forma de hacerlo que con las magistrales pinceladas de su aurorretrato.

El estudio multidisciplinar también habla de la situación económica e ideológica del cretense. «Esta hasta la cejas de deudas, una situación muy penuriosa y de números rojos constante de la que no conseguía salir», ha dicho Marías. ¿Y era religioso el Greco? «Más bien no», ha añadido el experto.

María José Muñoz  30/11/2017 21:18h
http://www.abc.es/espana/castilla-la-mancha/toledo/ciudad/abci-hijo-greco-falsifico-firma-cuando-pintor-sufrio-ictus-201711302118_noticia.html


miércoles, 29 de noviembre de 2017

Los Puentes de Puente del Arzobispo

Puente entre Alcolea y Puente del Arzobispo sobre el arroyo de Bienvenida

Antes de llegar a Puente del Arzobispo desde Alcolea hemos de cruzar un puente sobre el arroyo de Bienvenida por donde cruzaban peregrinos y ganados que discurrían por el Camino Real y la Cañada Leonesa Oriental. Es un buen puente de un solo ojo construido en buena sillería.

Otro puente blasonado con un escudo arzobispal se sitúa en el rincón sudeste del casco urbano cerca de la desembocadura del mismo arroyo.Puentecillo sobre el arroyo de Bienvenida junto al casco urbano



Se puede decir que Puente del Arzobispo es un pueblo que nace directamente del camino de Guadalupe. 

Aguas abajo de Talavera de la Reina eran muchos las leguas que recorría el Tajo sin que hubiera ni un solo puente estable desde el tiempo de los romanos. Talavera mantenía a ultranza sus derechos sobre el paso del río por los grandes beneficios económicos y estratégicos que ello le reportaba, y ponía por ello toda clase de dificultades a la construcción de algún otro puente que hiciera competencia al suyo, aunque a duras penas se mantuviera en pie y hubiera de sufrir continuas reparaciones causadas por las crecidas. 

Por este motivo, incluso llegó a haber encuentros violentos con las gentes de la villa de Azután que defendían el paso a través del Puente Pinos, situado bajo el embalse de la villa de Azután cerca del muro.

Era éste muy precario en su construcción y pertenecía a las monjas del convento de San Clemente de Toledo, señoras de esta villa ribereña. 

Las gentes que querían cruzar el Tajo y aventurarse en La Jara, bien para repoblarla o para dirigir hacia los pastos de invierno a sus ganados trashumantes, debían vadearlo en las zonas más favorables durante el estiaje o atravesarlo en las barcas y cajones que cruzaban el río y que estaban frecuentemente situados aguas arriba de las presas molineras.Grabado idealizado del puente del Arzobispo del siglo XIX, conservando aún las dos torres

A finales del siglo XIV detentaba la mitra toledana el arzobispo Tenorio quien al parecer tenía propiedades en la zona de Alcolea que había heredado de su madre Juana Duque, de una noble familia talaverana. 

El prelado frecuentaba la zona por esta razón y conocía de los peligros que debían hacer frente los miles de peregrinos que se dirigían al monasterio de Guadalupe. 



Conmovido por los riesgos que afrontaban, el arzobispo inició la construcción de un magnífico puente medieval, aunque parece que antes de este puente existió otro de madera junto a una pequeña población llamada Alcherina.El Puente del Arzobispo representado en el plan de navegación del Tajo de Carducci del siglo XVII

La Leyenda del puente.

Como hemos visto, la construcción del puente tubo su origen en razones devotas y en otros motivos económicos no tan altruistas pues las monjas de San Clemente percibían “el pontazgo que pagaba el ganado trashumante y todo ganado forastero de pezuña hendida, yeguada y muletadas”. 

El Alcaide de las torres se llevaba también en tiempos de Felipe II diez mil maravedíes, un leño por cada carga de leña que pasara y mil maravedíes por cada esclavo fugitivo que se apresara en la villa, o se quedaba con él si no aparecía el dueño.

A pesar de todas estas circunstancias, el pueblo tejió sobre la magnífica edificación una bonita leyenda: “En cierta ocasión bajaban las aguas bravas. Tanto que se habían llevado con la crecida algunos ojos del puente de Talavera y los tablones del puente Pinos. El arzobispo tenía que cruzar sin falta el río para acudir a las granjerías que su madre le dejó en herencia por estas tierras. Esperó varios días pero las aguas seguían bajando altas. 

Al cruzar, un remolino hizo casi zozobrar la barca y, al sujetarse el prelado en la pértiga del barquero para no caer al río, su anillo se hundió en las aguas. 

Era una joya magnífica con un rubí del tamaño de un huevo de gorrión que le habían regalado los judíos de Toledo. 

Tan disgustado quedó su eminencia por la pérdida, que ofreció una bolsa de monedas al mozo que consiguiera sacarlo del fondo del Tajo. Muchos lo intentaron en los días siguientes pero no consiguieron encontrarlo aunque ya sabéis que el agua de este río si no hay riada es como un cristal.

El Puente del Arzobispo representado en azulejería local

Cuando volvió el Arzobispo al cabo de unos meses y preguntó por su anillo. Unos pastores le dijeron que había sido imposible encontrarlo por más que hasta los zagales se sumergían en las pozas gritando ¡A por el anillo del obispo!

Pues escuchad pastores -dijo el arzobispo Tenorio- Sed testigos de mi promesa: Si el anillo volviera a mí, he de construir un puente por el que ganados, peregrinos y viajeros crucen el río sin los trabajos con que ahora lo hacen.

Pasaron dos años y cuando el Arzobispo se disponía cierto día de primavera a comer en sus casas de Alcolea, ordenó le sirvieran uno de los grandes barbos del Tajo que tanto le gustaban y que se pescaban en el canal del molino de las monjas de Azután. Al abrir el pez las cocineras comenzaron a gritar y a reír pues entre las tripas brillaba el rubí. Conmovido por el hallazgo y considerándolo milagro de la Virgen de Guadalupe, esa misma noche ordenó que se comenzaran los trabajos para hacer un puente en el paraje donde había perdido su anillo”.


http://lamejortierradecastilla.com/el-camino-real-de-guadalupe-6-los-puentes-de-puente/#more-6373

martes, 28 de noviembre de 2017

Historia del Restaurante Venta de Aires, el mas antiguo de Toledo

Resultado de imagen de Historia del Restaurante Venta de AiresEvocaciones de una institución toledana

Abre sus puertas “La venta de aires”, iniciada la última década del siglo XIX en una paraje a medio camino entre las riberas del Tajo y el recinto murado de la vieja Leocadia o Cristo de la Vega, los muñones del Circo Romano que afloran por los alrededores, alguna que otra granja y pocas casas humildes más.

Un poco más lejana la Fábrica de Armas.
En esta encrucijada del camino que une la Puerta de Bisagra con la Vega Baja hasta San Pedro el Verde y el ramal que lleva al paseo del Cristo de la Vega hasta el río, se levantó en 1891 un pequeño complejo gastrónomico-recreativo con vocación en sus inicios de ser algo más que una venta.

Toledo en este momento es una ciudad que comienza a despertar del mal sueño que supuso el siglo XIX. Centuria cargada de acontecimientos nefastos que se inician con la guerra por la Independencia frente a las maniobras y ejércitos de Napoleón que dejaron tristes recuerdos en la ciudad.

El despojo desamortizador hace que desaparezcan muchos elementos patrimoniales y se incremente el de los grandes terratenientes foráneos.



La ciudad arrastró el sambenito de centro burocrático provinciano, con una élite social displicente por incorporarse a la historia de la revolución industrial que aunque tardía luchaba en otros ámbitos geográficos por transformar las viejas estructuras económicas en nuevos centros de producción.

Hay quienes atribuyen la decandencia de Castilla y con ella la de Toledo, al crecimiento de Madrid que absorbió desde el s.XVII cualquier iniciativa de la región circundante, condicionando producción, precios, consumo, recursos industriales, bancarios, comercio…

Resultado de imagen de Historia del Restaurante Venta de Aires se convierte en una ciudad de intermediarios, pequeños industriales, comercio familiar…que mantiene una cierta importancia en lo social por su peso histórico, ser capital eclesiástica de España, centro de formación militar y en lo industrial mantiene la Fábrica Nacional de Armas en cuyos talleres trabajan y se forman un gran número de toledanos.

Por sus calles pululan mezclados azacaneros con sus burros, serenos, eclesiásticos embozados bajo la teja negra, cadetes luciendo entorchados, señoritas de buen ver con la mamá, vendedores ambulantes de Bargas, de Galvez o Mocejón, algún rebaño de ovejas…mientras se instalan las primeras líneas de alumbrado eléctrico, o del teléfono y las locomotores inundan de humo las huertas de Galiana o de Safont.

Toledo en 1891 contaba con una población aproximada de veinte mil almas, el índice más alto de lo que había transcurrido de siglo, iniciado con 16.759 habitantes.

En 1890 se introdujo el sufragio universal y Toledo elegía a don Domingo García Frutos como alcalde constitucional.
Pablo Iglesias visitaba la ciudad un año después de fundarse la “Venta de Aires”, para organizar los incipientes movimientos sindicales frente a la semioficialista Sociedad Cooperativa de Obreros.

El Cardenal Payá fallecía en 1891 y Consuegra vivía en este mismo año, el peor desastre de su historia con la tristemente famosa inundación.

La “Venta de Aires” nacía en este ambiente de finales de siglo casi sin darse cuenta los toledanos. La prensa local, prolífica en cabeceras y parca en noticias, estaba ocupada con otros acontecimientos.

Pese al ambiente desfavorable que reflejan los escritores de finales de siglo con respecto a la sociedad toledana, cubriéndola de apelativos como “burocrática”, “sociedad conservadora”, “aburrópolis”, “ciudad apagada”, “ilustre tumba”, y otros ocurrentes, en 1891 Toledo quiere salir de entre sus frías glorias y preparar su incorporación al siglo XX. En lo recreativo eran pocos los lugares disponibles para disfrutar de un escaso tiempo libre. Funcionaban los Teatros Rojas y Moreto, existía un casino conocido como en la actualidad, Centro de Artistas e Industriales, una sala de billar, algunos cafés, tabernas y bodegas. Lo demás eran paseos, baños en verano, cigarral el que podía y poco más.



La instalación precursora de la Venta de Aires, podría ser una humilde taberna o ventorro donde servían unos exquisitos cocidos y tapas a los obreros de la “Fábrica”, a los paseantes y devotos del Cristo de la Vega, los pescadores o bañistas del puente de San Martín y algún que otro trajinante en busca de alivio, conocedor del buen hacer de la cocina de este primer ventorrillo.

Todo el relato hasta ahora, queda un tanto impersonal. Los actores deben entrar en escena y lo hacen desde un clásico retrato ovalado con los fundadores que preside lo que fue la barra antigua de la Venta, ambos presentan rasgos de avanzada senectud. Son el señor Dionisio y la señora Modesta.

A pesar de haber transcurrido tan sólo cien años, las noticias familiares sobre ambos son escasas. No obstante, hemos podido averiguar el inicio de su biografía a partir del matrimonio compuesto por Dionisio Aires Glaria y Modesta García-Ochoa Juanes. 

El primero natural de Pintano, provincia de Zaragoza, a quien un destino miliar le trajo a Toledo, donde al parecer consiguió, ultimado el servicio en filas, un trabajo en la Fábrica de Armas. 

Sus padres fueron Mateo Aires Cotin y Benita Glaria Ripalda. Quizás por los años setenta conoció a la que sería su mujer, Modesta García-Ochoa, nacida en Toledo, en 1857, hija de Felipe García-Ochoa Guzmán, natural de Sonseca y Petra Juanes Santa Úrsula, natural de Toledo.

Al conseguir Dionisio empleo en la “Fábrica” pudieron casarse y así lo hicieron el 10 de noviembre de 1883.

Para ayudar al humilde jornal de su marido, Modesta ampliaba el cocido doméstico para dar comidas a sus compañeros, por el que cobraba treinta y cinco céntimos.

Ocho años más tarde de contraer matrimonio, se les ocurre la idea, quizás por el aumento de clientela, de construir una venta en la encrucijada de caminos que hablábamos al comienzo. Había nacido la Venta de Aires.

Dionisio conocedor, después de los años vividos en Toledo, de la necesidad de esparcimiento y alternativas lúdicas, construye junto a la venta un frontón y espacios para juegos populares con el fin de atraer una clientela más variada.

Los conocidos de Modesta, habían sido complementados con otros platos de la cocina popular toledana: conejos, caracoles, perdices estofadas, peces escabechados, migas, camarones del Tajo, callos, pajaritos fritos, albóndigas, bacalao rebozado, tortilla, bazo…la oferta y calidad gastronómica crece. La señora Modesta continúa en la cocina y atendiendo a las relaciones públicas, mientras su marido trabaja de sobrestante en la “Fábrica”.

Dicen algunas crónicas periodísticas que un buen día, quizás volviendo del Cristo de la Vega, el Deán de la Catedral descubrió la Venta, su buena comida, su limpieza, lo afable de la señora Modesta, la tranquilidad del lugar y don José Polo Benito, hombre de vasta cultura, de ilustre y talentosa pluma, inicia en torno a esta sencilla mesa una tertulia de intelectuales a la que fueron acudiendo desde don Antonio Maura hasta don Gregorio Marañón que congenian con el espíritu inquieto, cordial y extrovertido de la señora Modesta, a quien Marañón llega a citar junto a la famosa Incolaza de San Sebastián, en el prologo del libro sobre la cocina española que escribió García del Renal, hablando del prestigio que para España suponía cara al exterior ambas mujeres y su buen hacer culinario.



La Venta de Aires se prestigia y poco a poco es conocida fuera de nuestras fronteras. Por ella comienzan a desfilar personalidades del mundo de las letras, de las artes, de la política, del pensamiento, del teatro, de la medicina, del comercio…

La cocina de la Venta mantiene el secreto de su éxito que no es otro que la toledanía de sus platos y el trabajo constante de esta familia.

Ya no es posible atender solos el restaurante y sobre los años treinta conocemos por una fotografía virada por el tiempo, todo el personal que asciende a tres empleados.

Las perdices de la Venta de Aires ya son famosas en todo el mundo. La Reina María José de Italia, nuestro genio de la pintura Salvador Dalí, quien al parecer dejó en la pared encalada del patio los retratos de sus compañeros de mesa, Buñuel, García Lorca y Alberti según relata éste último en sus memorias, son una muestra de quién visita la Venta.

Alberto Insua en 1930 escribía sobre la Venta diciendo que “existe un patio enladrillado, enjalbegado, con una parra, un aljibe, unas tinas de geranios y hortensias. También existe un aposento exiguo y pulcro entre conventual y clase media…la comida es copiosa. La ventera no elogia los manjares. El pisto, las perdices, el asado de cordero en su sazón rural, se alaban por sí solos. Son platos legendarios, excelencias de los fogones de Castilla, que un Montiño lleva a los comedores de los reyes y Ruperto de Mola escribe en su recetario inmortal. La ventera no alaba el vino blanco de Yepes, ni los albaricoques de Toledo –los mejores del mundo- ni los mazapanes recién salidos de los hornos de Zocodover. La ventera que es una ancianita ágil y risueña elogia el agua… Galdós fue un gran catador de aguas. Allí en la Venta de Aires, celebró alguna vez la fina y fría del hontanar de Burguillos y a la ventera se le ha quedado en la memoria el gusto de las palabras de su huésped.

La guerra civil supuso un hito, una referencia obligada para la Venta de Aires. En agosto de 1936 caía fusilado en el Paseo del Tránsito, Dionisio Aires Glaria, anciano de 84 años, de quien se escribió que era “conocido por toda la población como persona de honradez acrisolada y vida entera dedicada al trabajo”.

También murió de igual manera uno de los impulsores de la Venta. Aquel Deán ilustre, el renombrado don José Polo Benito.

No habían transcurrido muchos meses del final de la guerra civil, cuando el 21 de octubre de 1939, a los 82 años fallecía doña Modesta García Ochoa Juanes, oriunda de los Montes de Toledo y alma mater de la Venta de Aires.

Tomó el relevo su hija Carmen que imprimió otra dinámica al negocio, más acorde con los nuevos tiempos, manteniendo siempre la cocina tradicional, aportando nuevos menús y mejorando los anteriores: La famosa y exquisita crema de cangrejos, las cebolletas a la crema, la magra a caballo, la no menos sabrosa y tradicional perdiz estofada a la “Venta de Aires”, el pollo tomatero y los postres toledanos, especialmetne el mazapán y las natillas; todo regado con buenos caldos de Méntrida o Yepes, junto a la otra no menos selecta cocina más convencional.

Termina la saga familiar en la Venta, con el nieto de la fundadora don Antonio Montero Aires y su esposa doña Felisa Pérez Garrido, quienes regentan el restaurante hasta 1988 en que se vende el negocio a los actuales propietarios que pretenden dar continuidad a las tradiciones heredadas de la señora Modesta y sucesores.

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No debemos olvidar tampoco que auqellos tres empleados no fueron sino el embrión de otros muchos que trabajaron y trabajan en la “Venta”. Cocineros como Bernabé Isabel Sánchez, Florencio Paz Juanes, Eloy Rodríguez Miguel y Víctor Contreras, por citar algunos. Sin olvidar a los camareros y metres que atendieron las mesas y que tantas vivencias podrían contarnos a través de sus dilatados años de servicio; desde aquel decano Julio Ballesteros Huertas, cuya dinastía ccontinúa en la misma función y lugar en la persona de su hijo Julio, hasta aquellos otros como Máximo Jaime Jaime, Jesús Martín Martín, Luis y Manolo Garrido Ortega, Cipriano Jesús Martín, Carlos Rodríguez García…

Vaya en estos pocos el recuerdo para todos.

Ellos también puden hacer suyas las distinciones y honores reconocidos a la Venta de Aires, entre otros:

– Medalla al Mérito Turístico en 1965
– Medalla de Plata al Mérito en la Hostelería en 1973
– Medalla de Oro de la Trademark P.C. en 1987
– Estrella de Oro a la Calidad Internacional, concedida en este mismo año 1991 por Business Initiative Direction (BID) en el XVII Certamen Internacional Europeo.

Pero entre las joyas que guarda La Venta de Aires, nos sorprende el Libro de Honor para visitantes ilustres, de interés no sólo para la casa sino para la propia historia de la ciudad.

En él han dejado su comentario, sus dibujos, partituras o la simple firma, una multitud de personajes de afamado renombre nacional o internacional protagonistas de nuestra reciente historia.

Ventura Leblic García
Numerario de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo
https://www.ventadeaires.com/historia/

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