miércoles, 18 de enero de 2017

Los orígenes del problema converso: La «Sentencia-Estatuto» de Pero Sarmiento (y III)

5. El tratado pro-conversos de D. Lope Barrientos

Al documentado requerimiento de Fernán Díaz de Toledo respondió con un breve tratadito Contra algunos zizañadores de la nación de los convertidos del pueblo de Israel, el obispo de Cuenca Fr. Lope Barrientos.

No hay que confundir este opúsculo, en castellano, con otra Respuesta a la consulta que sobre la misma cuestión le hiciera un cierto Bachiller, a quien el prelado no nombra77. De este precedente, cuya existencia sería quien indujera, sin duda, al Relator a buscar el apoyo de D. Lope, no interesa aquí la argumentación, preferentemente escriturística y patrística, esgrimida para interpretar en el sentido conocido los decretos del IV Concilio de Toledo y Graciano.

El tratado consecutivo a la Instrucción del Relator se limita a hacer suyos, repitiéndolos casi literalmente, los extremos dialécticos que aquél le facilitara, justificando ampliamente la observación del P. Getino que señaláramos sobre su elaboración.



Redactado en forma de memorial o carta a un sobrino suyo, lo único personal, casi, que posee, es la agregación del propio apellido de Fr. Lope -silenciado, sin duda por respeto, por el Relator- a la lista de linajes «manchados» de hebraísmo, citada por éste:

Sentíades vos -dice literalmente, dirigiéndose a ese real o supuesto sobrino- aquestas ambas sangres e generaciones [la cristiana y la judía] como el arnés con el fornido jubón, como que con ambas a dos os falláuades siempre muy bien armado de corazón e de discreción, que son dos muy buenas cosas, necesarias una a otra....

La fecha propuesta para este tratadito ha sido la de 1451 por Juan de Mata Carriazo, ateniéndose al cálculo de unos treinta y seis años que el Obispo dice separan su redacción de la coincidencia que tuvo en Morella con un prelado de Barcelona, limosnero del Papa, natural de Valencia y de ascendencia judía81. En tal ocasión debió de hallarse también presente Fernán Díaz de Toledo, que es en realidad quien brinda al conquense esta remembranza en primera persona82 y que con él formaría en el séquito de Fernando I de Aragón cuando su entrevista con Benedicto XIII, durante la que tuvo lugar tal encuentro.

Pero la circunstancia de tener necesariamente que ser uno y otro escritos -el de D. Lope y el del Relator- anteriores a su refutación por el bachiller Marquillos, y la de ir dirigidos contra éste, por una parte; y por otra, la de prever su reacción frente a la decisión pontificia de 24 de septiembre de 144983, nos inducen a fechar ambos escritos en octubre del mismo año, mes anterior a la muerte del bachiller y a la expulsión de Toledo de Pero Sarmiento. Acto este último en el que tuvo no poca parte el propio D. Lope Barrientos.

6. El Memorial del bachiller Marcos García de Mora

El efecto que esta intensa corriente de reprobación doctrinal y, sobre todo, el breve o bula de Nicolás V, produjeran entre los sublevados de Toledo, es fácil de imaginar. A la desmoralización interna que ya cundía, por el régimen de inseguridad y tropelías a que estaban sometidos los toledanos85, venía a sumarse este movimiento de contradicción de su conducta y pretexto, sancionado por el Pontífice, lo que obligaría a reflexionar a los revoltosos, lejana ya la efervescencia y el desenfreno de los primeros días.

Necesitaban los rebeldes para legitimar su actitud un triple aparato legal justificativo: político, de su levantamiento; teológico y jurídico para cimentar a un mismo tiempo la licitud de su Sentencia, y para apelar contra la condenación papal. Esta triple necesidad fue la que pretendió llenar el memorial de Marcos García de Mora, que publicamos in extenso páginas adelante.

Por las imprecaciones del mismo al relator Díaz de Toledo, de cuya Instrucción es respuesta (y no viceversa, como ha solido suponerse) y por su espíritu de rebeldía frente a Juan II, no vacilamos en situar también su redacción en los últimos días de octubre o primeras semanas de noviembre de 1449; mes en que la separación del bachiller de la causa enriqueña -ya entrevista o prevista en la invocación al Príncipe de su propio memorial- y su pretendido retorno a la causa real, en busca de la impunidad y el perdón, costarían a su autor la vida.

Sobre la personalidad o semblanza del bachiller Marquillos de Mazarmbroz (como también es llamado éste por sus adversarios) damos referencias en la edición que sigue de su memorial. Extractaremos aquí, ahora, sus alegatos, con objeto de testificar el lado positivo, defensor de la Sentencia-Estatuto, de la polémica -siempre centrada en sus términos toledanos-, y remitiendo de una vez por todas a la expresada edición del escrito del bachiller.

Conforme a la situación entonces vigente en Toledo -retirada la obediencia a Juan II por carta de mayo de 144986, y transferida aquélla a su hijo y legítimo heredero el príncipe D. Enrique-, el bachiller endereza su escrito al Papa y, más vaga o elusivamente, «al muy alto e poderoso Rey o Príncipe o administrador a quien, según Dios, ley, raçón e derecho pertenesçe la administraçión e gouernaçión de los Reinos e señoríos de Castilla e León». Esta ambigüedad la repite siempre que ha de referirse a la cabeza de la Monarquía, que nunca personifica, sustituyendo el nombre de su titular por la institución genérica que éste representa («Corona Real de Castilla», etc.).

Las razones que Marcos García de Mora aduce a continuación en apoyo de sus asertos son las siguientes:

1.ª Defecto de potestad ordinaria y jurídica. «Ya que la verdad no tiene por condemnado a aquél a quien el temporal tribunal o jues condena injustamente», como aquí ha sucedido, al ceder el Pontífice a la «astucia» del Cardenal Torquemada.

2.ª Defecto de causa. Ya que al Papa se le expuso precisamente lo contrario de la verdad de lo sucedido, como muestran los siguientes cargos o acusaciones que a los rebeldes hacen las sentencias pontificias y que el Bachiller trata de desvirtuar ordenada y vehementemente:

a) «La primera, que se apoderaron de las puertas y puentes y torres y fortaleças de la dicha çibdad, sin liçençia e mandamiento del dicho señor Rey». b) «La segunda, que quemaron e robaron, enforçaron, mataron e condenaron a çiertos confesos de la dicha ciudad». c) «La tercera, que se rebelaron contra el dicho señor Rey y lo no reciuieron en la dicha ciudad». d) «La quarta, que reciuieron por señor al dicho Príncipe». e) «La quinta, que todas las dichas cosas fueron fechas con consejo de mí, el dicho Bachiller Marcos García de Mora».

A todos estos cargos trata de dar Marquillos justificaciones que no pasan de ser exaltadas salidas de tono y extremadas reafirmaciones en los mismos, como cuando dice del segundo de los citados que «no solamente no es crimen [el robo y la muerte de los conversos], mas si así no fuera hecho, fuera crimen», no habiendo, en ello, otro error «saluo tolerar e no acauar a los que dellos fincaron vibos, sin ser asaeteados o enforcados»; o, respecto al cargo primero [la rebelión en sí], que «más fue fecho por mandado del Espíritu Santo, que no por misterio ni fuerças comparables».

Por lo que hace al resto de los vicios jurídicos a señalar en las sentencias real y pontificia contra los toledanos, el bachiller termina de enumerarlos rápidamente así:

3.º Defecto o insuficiencia de parte acusadora. Por cuanto el acusante «Mose Hamomo» (que así llama al relator Fernán Díaz de Toledo), es infame de hecho y de derecho y no presentó además acusación en forma.

4.º Defecto de citación y audiencia de la parte acusada. Ya que no fueron convocados para ser oídos los rebeldes, antes bien fue rechazada la intervención de su representante en Roma.

5.º Defecto de conocimiento de causa. Consecuencia del anterior.

Y 6.º Defecto de tribunal y lugar seguro. Puesto que no les es posible a los toledanos salir a hacer presentes sus razones, siendo perseguidos y ajusticiados cuando tratan de dirigirse a Cortes con tal objeto.

En resumen, que ni teológica, ni jurídica, ni apologéticamente, la desaforada argumentación de Marcos García de Mora tiene apenas consistencia. Su valor radica en su propia existencia, como pieza ilustrativa del carácter y matiz de la rebelión toledana y el espíritu que informaba, en lo popular, la oposición de la época a los conversos. Lo cual no prejuzga sobre los fundamentos valiosos de otros tratados de igual partidismo, clásicos en la polémica y que no citamos por no centrarse en torno a la Sentencia originaria de 1449.

Sorprendentemente, sin embargo, la torpe defensa de ésta por Marquillos de Mazarambroz iba a ser homologada y puesta en línea con aquéllos, en la consideración -o acaso sólo en la citación- de los hitos o monumentos de una corriente de opinión que pronto encontraría amplios ecos en Castilla, haciendo delEstatuto inspirado por el de Mora precedente y cimiento válidos de sí misma.

7. El «Tractatus contra Madianitas et Ismaelitas» del cardenal Torquemada

En el orden cronológico de producción de los documentos de esta polémica, tal como hemos podido establecerlo, corresponde a continuación el puesto a la enunciada obra de Fr. Juan de Torquemada, O.P, cardenal de San Sixto y hombre de la confianza y allegamiento del Papa entonces reinante, Nicolás V.

El cardenal dominico asumió, como dijimos, ante la Santa Sede la defensa de la causa de los conversos, al recibir requerimientos para ello y contra los rebeldes toledanos, del Deán de Toledo y acaso del propio Juan II, consiguiendo hacer fracasar además la embajada de Pero Sarmiento cerca del Pontífice.

La obra de Torquemada, Tractatus contra madianitas et ismaelitas adversarios et detractores filiorum qui de populo israelitico originem traxerunt -verdadera «carta magna de la tolerancia religiosa en aquella época de luchas y discordias», como se le ha llamado-, está fechada en Roma, anno Domini millesimo quadringentesimo quinquagesimo, tempore iubilei, y es en buena parte una contradicción, casi punto por punto y argumento por argumento, del memorial de Marcos García de Mora88. Las citas «de la Sagrada Escritura, glosas y comentarios al derecho justinianeo, cánones, decretales y leyes vulgares del Reino, con los nombres de Baldo, Bártolo y Pedro Enrique en primera fila de autoridades», en que se fundan los alegatos del bachiller, son interpretadas en su recto sentido, según el cardenal, a lo largo de su escolástico esfuerzo por desmontar ordenadamente su aparato.

Como muy bien dice el moderno editor de la obra del dominico, las tesis contenidas en el capítulo primero del Tractatus bastarían por sí solas para refutar y anular la Sentencia-Estatuto, desde el punto de vista jurídico, ya que el proceso en que se funda

1.º Está instruido por los enemigos de aquéllos a los que condena.

2.º Es irrazonable e injusto, en razón: a) de los que actuaron como jueces, incapacitados de hacerlo por insolventes e ignaros en la materia de que tratan; b) de la ligereza -temporal y material- con que fue instruido; c) de los testigos, cómplices de los acusadores y rebeldes como ellos contra la autoridad legítima; d) de defecto ordinis iudicarii, ya que, si bien se condena a muchos, ninguno aparece citado convicto, confeso ni con oportunidad de defensa; y e) de los puntos aquéllos sobre los que el proceso versa.

3.º No está promovido por amor de la verdad y celo de la fe, sino por odio y avaricia, y en favor de los enemigos de los que resultan condenados.

4.º Su instrucción no fue ordenada por autoridad competente, sino por quienes ilícitamente se arrogaron esta condición.

5.º Es fruto de la impiedad de sus consejeros, de la iniquidad de sus promotores y fautores y de la temeridad de sus jueces.

6.º Es sacrílego y blasfemo, injurioso contra personas y familias esclarecidas en virtud y jerarquía.

7.º Resulta diabólico, como concebido con inicua intención.

De los restantes capítulos, dedica Torquemada cinco (2.º al 6.º) a exponer la falsedad de los postulados erróneamente propuestos por los adversarios para condenar a la descendencia de los de raza israelita.

El primer fundamento de ellos es que, según regla de derecho, el daño o maldad en un individuo se presupone transmitido hasta la cuarta generación, principio que el cardenal refuta a base de decretales y textos bíblicos, papales, conciliares y de los Santos Padres, en relación con el vicio de origen de los conversos. Ni los pecados de los padres se transmiten a los hijos, ni la reconciliación efectiva de los que se convierten puede ser puesta en tela de juicio sin negar la eficacia de los Sacramentos, en especial el del bautismo. Cristo reconcilió, además, a la humanidad entera, dice: non ad unam familiam, non ad unum populum tantum, sed ad totum mundum virtus Passionis Christi se extendit90. Afirmar que la raza y linaje judíos son en sí dañados, infieles y adúlteros no sólo es falso, sino también sacrílego, blasfemo y herético. Hebrea es la humanidad de Cristo, cuya carne y sangre están en la Eucaristía, como lo es la de María, la de los Santos Padres del Antiguo y el Nuevo Testamento y de los Profetas y discípulos en que tuvo origen la Iglesia.

Los capítulos 7.º al 11.º responden unívocamente a otros tantos argumentos de autoridad aducidos por el bachiller Marquillos: al salmo 94 (10-11),Quadraginta annis proximus fui, en que el Señor reniega de su grey errada91. Torquemada opone que ni este texto ni ningún otro de la Sagrada Escritura reprueba universaliter al pueblo judío, sino tan sólo a aquella parte de él que se apartó de la verdadera Ley cristiana. Como se deduce del comienzo del propio salmo, Venite, exultemus Domino, quoniam non repellet Dominus plebem suam, y aclara la glosa ordinaria: Id est, iudeos qui sunt proprie sua plebs, cuius si aliqui ramo fracti sunt tamen ipsa arbor oliva manet, de qua Apostoli et alii multi et ipsi Christus sunt.

Igual sucede respecto al Deuteronomio (32, 20)92, Generatio enim perversa est, et infideles filii; al Evangelio de San Mateo (16, 4)93, Generatio prava et infidelis signum querit; y a la Epístola de San Pablo a Tito94, eos... qui de circuncisione sunt. Citas todas a las que cabe aplicar la apreciación de Nicolás de Lira: Quod accipitur totum pro parte, cuando el sentido está referido solamente a los judíos verdaderamente perversos, a los escribas, fariseos y pseudosacerdotes, a los infieles e idólatras, a los falsos apóstoles.

Los últimos capítulos se encaminan a demostrar la improcedencia de la distinción entre cristianos viejos y nuevos -hermanos todos, hijos de un mismo Padre, miembros de una misma Iglesia, herederos de una misma Gracia-, especialmente en orden al desempeño de cargos públicos, piedra angular, al cabo, de la cuestión. Para ello recurre a numerosos textos sagrados, algunos ya empleados por sus predecesores en la polémica95, leyes de Partidas y privilegios reales de Enrique III y Juan II96. En el sentido acostumbrado por los contradictores de la Sentencia interpreta, por último, los debatidos cánones del IV Concilio de Toledo (Iudaei, aut qui ex iudaeis sunt y Plerique), del III (Nulla officia) y el pasaje del Fuero Juzgo «sive sunt baptizati, sive non», aplicables todos, según él, exclusivamente a los conversos que apostataren, pero no a los que sinceramente se mantuviesen firmes en la nueva fe, y mucho menos a los nacidos en ella, a quienes no cuadra ya, en modo alguno, el nombre de conversos.

El Tractatus contra madianitas et ismaelitas, con advertirse haber sido escrito apresuradamente, con la premura que las fechas y los acontecimientos exigían, es una de las más interesantes piezas de la polémica tratada98. Ciertamente, se echa de ver en él un apasionamiento y un elogio encendido de la raza semita, que cabe coadyuvar a explicarse por la posible ascendencia hebraica del cardenal99, aunque también lo sería por «convicción firmísima» de éste en sus apreciaciones, por exigencia de los propios términos en que estaba planteada la diatriba100, o por la efectiva contundencia de sus alegatos. En este último sentido, discrepamos de una relativa subvaloración de su efectividad probatoria por parte de su editor101, aunque estemos conformes en reconocer el desigual valor de los argumentos, una vez demostrada por algunos de ellos, terminantemente, la razón de su causa, dentro de los límites de lo teórico.

Eloy Benito Ruano
Diciembre 2001
http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/los-origenes-del-problema-converso--0/html/ffe964ce-82b1-11df-acc7-002185ce6064_29.html#I_3_

Costumbrismo en Toledo en el Siglo XVII

Resultado de imagen de Costumbrismo en Toledo en el Siglo XVIIToledo a partir del siglo XVII pasa de ser una ciudad palaciega a ser una ciudad conventual. Proliferan las órdenes y congregaciones religiosas que en la mayoría de los casos estaban financiadas por la monarquía y la nobleza. 

Su fundación puede estar relacionada con el ingreso de las hijas e hijos no primogénitos en estas congregaciones donde se aseguraban un futuro y una buena educación; su finalidad podía ser también la de panteón o la especial devoción de un rey o reina a esa orden. en el siglo XVII muchos palacios se convierten en conventos, desapareciendo en cierto modo el carácter palaciego de la ciudad. Se pasa de un medievalismo a un intento de clasicismo que no se consuma por las condiciones geográficas de la ciudad. 

Las órdenes y congregaciones cuentan con el apoyo real que aportan una serie de privilegios como donaciones de rentas y tierras, monopolios, etc.. 



Además eran lugares seguros para la educación de los hijos del rey. Hay órdenes que reciben un beneficio mayor por la especial devoción de sus mecenas; es el caso de San Juan de los Reyes que recibe una especial atención de los Reyes Católicos y en especial de la reina Isabel. os conventos llegan a ocupar enormes manzanas y en ocasiones prolongan su espacio por medio de cobertizos a otras casas próximas. 

Fueron remodelados en su mayoría en los siglos XVI y XVII en estilo renacentista y barroco ya que las donaciones se incrementan como consecuencia del aumento de rentas que permitió el descubrimiento de América. 

Resultado de imagen de Costumbrismo en Toledo en el Siglo XVIIA finales del siglo XVII se inicia un proceso de decadencia para estas instituciones. Otras causas que provocan esta decadencia son la guerra de la Independencia durante la que se destruyen muchos conventos, así como las desamortizaciones del siglo XIX. Hoy en Toledo los conventos siguen configurando una parte importante de la ciudad. 

Su número ha ido disminuyendo a medida que la vocación descendía también. Para paliar esta situación y evitar que los conventos se vengan abajo se han emprendido algunas campañas de restauración y en el plano espiritual, se han incorporado novicias de países como la India. n el plano político Toledo recobra, con la revolución de 1868, las esperanzas de ser una ciudad moderna y de salir de su acentuado estado de provincialismo. 

Para ello se acometen obras públicas para realizar la infraestructura básica que debía tener una ciudad que pretendía recobrar su antiguo esplendor: luz eléctrica, red de teléfonos, agua corriente, ferrocarril, etc.. en este periodo se intenta solucionar uno de los problemas que siempre ha sido una asignatura pendiente para la ciudad y que sólo los romanos supieron solucionar con eficacia: el abastecimiento de agua. 

Los romanos consiguieron subir las aguas del Tajo mediante un sistema hidráulico que incluía un acueducto del que todavía hoy podemos ver restos. Los intentos posteriores de abastecer de agua a la ciudad fueron en vano, tan solo el artificio de Juanelo logró en parte este objetivo ya que no duró mucho tiempo. 

En este periodo apenas existía el agua corriente por lo que se proyecta la construcción de una planta elevadora de aguas desde el Tajo que pudiera resolver este problema. ste afán modernizador se materializa también en el aspecto urbanístico de la ciudad, construyendo edificios neogoticistas o neomudéjares y se desarrollan proyectos que intentan hacer una reorganización urbanística alineando en la medida de lo posible las zonas más céntricas de la ciudad; para ello se realizan también numerosos miradores tratando así de sacar partido a su patrimonio arquitectónico y al emplazamiento de la ciudad que permite admirarlo en todo su esplendor.

http://www.secipe.org/congreso/2004/documentos/toledo_historia.pdf

martes, 17 de enero de 2017

Localizada la casa de Lope de Vega en la calle de la Sierpe en Toledo

El escritor vivió en un inmueble de la ciudad de Toledo con su mujer durante un año

 En esta esquina de la calle de la Sierpe vivieron Lope de Vega y su mujer Isabel de Urbina de 1590 a 1591

Desde que en 1928 el investigador Verardo García Rey dio a conocer el contrato por el que Lope de Vega alquilaba una casa en la toledana calle de la Sierpe, quedó abierta la interrogante de cuál de los inmuebles de esa calle albergó al Fénix de los Ingenios y a su primera mujer, la joven Isabel de Urbina, durante el año de su estancia en Toledo, en 1590.

La satisfacción de haber conseguido localizar, en abril del 2012, la casa propiedad de Miguel de Cervantes y su esposa, en la plaza de los Tintes, nos sirvió de impulso a los firmantes de este artículo para continuar similares indagaciones, en este caso respecto a las casas habitadas por Lope de Vega en Toledo. De dos de ellas se poseían referencias, aunque imprecisas: una, la ya referida de la calle de la Sierpe; la otra, ubicada en un lugar indeterminado del barrio de San Justo.


Hoy podemos dar cuenta de que la vivienda de la calle de la Sierpe ha podido ser localizada con exactitud. Ciertos documentos encontrados por Jean Passini en uno de los Libros Becerros del Archivo catedral de Toledo permiten llegar a la conclusión de que la casa alquilada por Lope en la calle de la Sierpe se ubicaba a la izquierda de dicha calle, según se accede por la calle Ancha, y es la que ocupa el espacio rotulado en la actualidad con el número 5.

Por fortuna, dicha casa existe todavía, aunque remodelada y convertida en un establecimiento de restauración, y sus muros siguen siendo los mismos que acogieron a Lope y a su primera mujer, la bella Isabel de Urbina, la dulce «Belisa» de sus poemas.

Un proceso de deducciones

Tampoco la propia calle ha sufrido grandes transformaciones, con la excepción de su primer tramo. Como refiere Julio Porres en su «Historia de las calles de Toledo», hasta el 22 de abril de 1864 la confluencia de la Sierpe con la calle Ancha formaba un callejón por la existencia de un edificio adosado a la acera izquierda de la Sierpe, el cual ocupaba la mayor parte de la pequeña placita que hoy conforma esta parte de la calle. El tramo en zizag hoy desaparecido explica por demás que el nombre de la calle obedeciera a su carácter serpenteante, enlazando en cuatro quiebros la calle Ancha con la plaza de la Magdalena.

Los documentos descubiertos en los Libros Becerros de la Catedral, del siglo XVII, consignan como pertenecientes al patrimonio de la «Santa Iglesia» unas casas «en la calle de la Sierpe como se entra por la calle ancha a la mano izquierda». El primero de los textos está encabezado por un epígrafe, probablemente escrito en el siglo XVIII, que dice: «Calle de la Sierpe nº 3». En la página siguiente, otro documento similar hace constar la existencia de una casa contigua, asimismo perteneciente a la catedral, con palabras prácticamente idénticas al anterior, pero en este caso el epígrafe reza: «Calle de la Sierpe nº 4».Uno de los documentos del Archivo Catedral de Toledo que han servido para la localización de la casa alquilada por Lope de Vega en 1590

Lo relevante de ambos documentos es que informan que el antiguo arrendatario de las dos casas había sido Miguel García de Loaysa, lo que resulta determinante para la investigación pues ésta es la persona que aparece como poseedora de la casa que se arrienda a Lope (o subarrienda, cabría decir) en la calle de la Sierpe, según el documento de alquiler que Verardo García Rey descubrió en 1928: «…alquilo y traspaso a Lope de Vega Carpio, criado del señor don Francisco de Ribera, becino desta dicha ciudad, que está presente, una casa sita calle de la sierpe, en que de presente bibe Lucas de Villalpando, que son de Miguel García de Loaysa…».

Todo ello viene a indicar que la casa alquilada por Lope estaba situaban al final del primer tramo de la calle actual, en el espacio ocupado hoy por elnúmero 5. Contribuye a su localización precisa el que, según el Libro Becerro, por el otro lado las casas «alindan» (en plural porque se trataba de inmuebles de más de un piso) «con casas tributarias a esta Santa Iglesia que tiene Mari Pérez de Heredia religiosa hija y heredera de Francisco Pérez en título de Calahorraniega».

Por consiguiente, en el actual número 5 de la calle de la Sierpe se situaba en 1590 la casa que, siendo propiedad de la catedral, tenía en posesión vitalicia Francisco García de Loaysa, y que fue subarrendada por el mercader Francisco de Barrientos, vecino de Toledo, a Lope de Vega el 19 de julio de aquel año. Sabemos además, por el documento de García Rey, que el escritor la alquiló por plazo de un año, al precio de trescientos reales, pagaderos en tres plazos, el primero en Santa María de agosto, el segundo en las pascuas de Navidad y el tercero en las de Resurrección. Firmaron el contrato los interesados y los testigos Pedro de Santander, Melchor de Galdo y Diego López, vecinos de Toledo, ante el escribano público P. Ortiz.

Cuando Lope y su primera mujer, doña Isabel de Urbina, llegan a Toledo ella tenía 23 años y él 28. Ya era Lope un poeta popular y cotizado, cuyas comedias se las disputaban los empresarios teatrales y cuyos romances se difundían por toda España. El primero de los biógrafos de Lope, su coetáneo Juan Pérez de Montalbán, describió a la primera esposa de Lope como «hermosa sin artificio, discreta sin bachillería y virtuosa sin afectación».

En Toledo vivió una de sus etapas más felices - «cuando también eran mis años flores»- aunque su estatus fuera el de un desterrado, condenado por injurias vertidas contra el comediante Jerónimo Velázquez y familia. La sentencia le penaba con ocho años de destierro fuera de la corte y a dos del reino de Castilla, bajo pena de muerte en caso de incumplimiento.Lope de Vega Carpio

Su boda con doña Isabel de Urbina no estuvo exenta de complicaciones. El destierro que pesaba sobre el escritor y su fama poco ejemplar hacían que la familia de la joven, de elevada posición social (su padre fue pintor de Felipe II y su hermano regidor de Madrid y rey de armas de su majestad), se sintieran poco propicios a aceptar el enlace matrimonial. Los jóvenes amantes se resolvieron entonces a escenificar un «rapto con anuencia» a la manera usual de aquellos tiempos, forzando a los Urbina a aceptar unas nupcias que, para mayores males, tuvieron que realizarse por poderes, ya que Lope se hallaba cumpliendo pena de destierro.

Transcurridos los dos años de alejamiento del reino de Castilla, y faltándole aún por cumplir seis años lejos de la corte, Lope e Isabel deciden afincarse en Toledo, donde a la sazón florecía un ambiente intelectual brillante y regía la prelatura arzobispal don Bernardo Sandoval y Rojas, gran amigo y protector de Lope, como también lo fue de Cervantes. Pronto entró en Toledo al servicio de don Francisco de Ribera Barroso, hijo mayor del futuro marqués de Malpica, cuya morada aún se alza en la plaza de Santa Clara, convertida actualmente en oficinas de la Delegación del Ministerio de Fomento. Es el Toledo del apogeo cultural renacentista, cuando se concitan entre sus muros un nutrido acervo de talentos y existen dos academias literarias de prestigio.

Pero Lope e Isabel están poco tiempo en la Ciudad Imperial ya que un año después de su llegada el poeta entra al servicio como secretario del quinto Duque de Alba, don Antonio Álvarez de Toledo, y esto les obliga a marchar con él a Alba de Tormes. Allí cambiará para Lope el signo de su felicidad pues verá morir a sus hijas Antonia y Teodora, e incluso a su propia mujer como consecuencia del parto de esta última.

Diez años después de su estancia en la calle de la Sierpe, en 1604, Lope fijará de nuevo su residencia en Toledo, esta vez por seis años, para lo que alquilará una casa en el barrio de San Justo. La ubicación precisa de la casa de San Justo sigue siendo, hoy por hoy, una incógnita. Pero las incógnitas lo son solo hasta que se resuelven. Y los archivos toledanos están llenos de respuestas.

POR MARIANO CALVO Y JEAN PASSINI 
Toledo15/01/2017 14:09h 
http://www.abc.es/espana/castilla-la-mancha/toledo/centenario-quijote/abci-localizada-casa-lope-vega-calle-sierpe-201701151409_noticia.html

Los orígenes del problema converso: La «Sentencia-Estatuto» de Pero Sarmiento (II)

3. Intervención del deán D. Francisco de Toledo

Al cardenal Torquemada, asesor, como dijimos, del Papa en esta ocasión, asesoraría a su vez y estimularía en Roma un clérigo toledano que, al parecer, a raíz de la publicación de la Sentencia, hubo de salir huyendo de Toledo y escribió desde el vecino lugar de Santa Olalla una refutación de la misma en siete proposiciones que no se han conservado.

La identificación de este eclesiástico la hace el P. Román de la Higuera con D. García Álvarez de Toledo, hijo de D. Alonso Álvarez de Toledo y D.ª Aldonza Álvarez de Valera, abad que fuera de Santa María de Atocha antes de ser ésta convento dominico, y posterior Obispo de Astorga61. El P. Mariana, que silencia deliberadamente su nombre, dice que fue un «datario, y adelante Obispo de Coria», con lo que se refiere, como muy bien glosa Sabau y Blanco, al D. Francisco de Toledo que reúne tales circunstancias.

Este último sería, pues, el autor de la mencionada refutación, la cual se ofreció infructuosamente a mantener en público, bajo seguro, frente a los teóricos del lado rebelde. Abona nuestra creencia el hecho de que fuera de linaje de judíos, aficionado y autor de diversas controversias filosóficas y teológicas63 y Deán de la catedral toledana desde 1447.


Comoquiera que sus proposiciones de Santa Olalla «no aprovecharan», por estar escritas, al parecer, según el P. la Higuera, «con mayor corage que aplauso», dirigió un largo escrito o «Apologético», también perdido, al obispo D. Lope Barrientos y, no obteniendo tampoco positivos frutos, optó por marchar a Roma y plantear ante la curia pontificia sus reivindicaciones.

El escrito al prelado conquense que mencionamos no debe confundirse con la «Instrucción del Relator» enderezada al mismo, a que seguidamente habremos de referirnos, y con la que indudablemente lo identifica Mariana al citar entre sus argumentos la relación de linajes nobles que llevaban sangre conversa, alegato propio del segundo y bien conocido de los textos enumerados.

La joven edad a la sazón -veintiséis años- del futuro Obispo de Coria no debe inducirnos, como a Sabau y Blanco, a la duda sobre su posible influencia en los medios pontificios, y de si ésta era tan fuerte como para llevar al Papa a la decisión de 24 de septiembre de 1449; ya que el entonces Deán de Toledo era o había sido familiar del Santo Padre desde el pontificado de Pío II, había residido en Roma, donde le protegiera el cardenal De Firmo (que le había hecho su confesor) y, sobre todo, actuaba con el valimiento del cardenal Torquemada, que sería quien llevase de modo efectivo todo el peso diplomático o de representación de la empresa, suministrando sólo D. Francisco de Toledo argumentos doctrinales para su planteamiento.

Uno y otro actuaron en suma de tal modo que impidieron, como dijimos, al representante de Pero Sarmiento entrevistarse con el Papa y determinaron la decisión de éste en favor de su causa.

4. La «Instrucción del Relator»

Poco después de la promulgación de la bula antes mencionada, por octubre de 1449, el relator del Consejo Real, Fernán Díaz de Toledo, «hombre muy agudo e de sotil ingenio», de ascendencia judaica, se dirigía a su vez a D. Lope Barrientos, obispo de Cuenca y antiguo preceptor del futuro Enrique IV, solicitando su defensa para la atribulada clase de los conversos. La demanda la hacía suministrándole sólidos argumentos de su cosecha y copias de pruebas y documentos que su condición de Relator le colocaba en situación excepcional de poseer. Todo ello, remitido a través de un portador al que, en realidad, se dirige en su escrito Fernán Díaz, si bien con el encargo de que transmita la «Instrucción» a quien de hecho va encaminada, el obispo Barrientos.

El primero de los dichos traslados alude a un precedente de la materia que se promovió en tiempo del arzobispo D. Pedro Tenorio («que hubo agora sesenta años»), con motivo de una fuerte corriente de conversiones desde el Judaísmo, que indujo a sospechar a los cristianos viejos. A las dudas o reservas expresadas entonces por éstos sobre la facultad de los recientes convertidos para desempeñar funciones públicas en el Reino, respondió afirmativamente, dice el Relator, Enrique III, quien expidió al efecto el oportuno privilegio, «el traslado del qual llebades para mostrar a mi señor el Obispo, y yo tengo aquí el original»66; de las resoluciones papales recientes, en relación con la rebelión de Toledo y las divisiones entre cristianos, prosigue,

traslado... llebades en romance, por si su merced acordase que la vea nuestro señor el Príncipe don Enrique y los señores Marqués [de Villena] e madre de su merced, no haya de trabajar en lo mandar romancear... Y sobresto llebades un brete que nuestro señor el Papa, sabidos estos malos fechos de Amán, enbió a nuestro señor el Príncpe y otro tal embió el Rey nuestro señor.

La Instrucción constituye así, como señala bien el P. Luis A. Getino, un ejemplo interesante de cómo se daba entonces el material a los prelados para la elaboración de sus dictámenes y escritos en general.

El Relator se aplica, pues, a contradecir «la perversa doctrina y consitación» del Bachiller Marcos García de Mora, «hombre prevaricador, e infamado de mala vida y acusado de muchos crímenes y delitos», cuya cizaña se había extendido desde Toledo, dando frutos análogos, como el de los sucesos de Ciudad Real.

Su argumentación, sustentada sobre las Partidas, el Ordenamiento de Alcalá y los cánones del Concilio de Basilea -además de sobre los documentos reales y pontificios más arriba citados-, se centra principalmente, como el Defensorium del Obispo de Burgos, en la discusión del decreto Judaei de Graciano; opone a éste y a su versión por Marquillos otro que comienza Plerique, ya aducido también por D. Alonso de Cartagena, y el De rescriptis, posterior al discutido:

el qual capítulo dice espresamente que ninguno debe ser desdeñado ni repulso para haber honra y dignidad por haber sido judío. Sobre aquel paso dicen los Doctores que no sólo no deben ser desdeñados, mas que deben ser favorescidos.

Por hi qui ex judaeis sunt no ha de entenderse, pues, sino los convertidos que apostataren de la nueva fe; quien tal hiciere, dice el Relator, «sea punido e castigado cruelmente, y yo seré el primero que traeré la leña en que lo quemen y daré fuego»71; pero no contra la ley de caridad, quien desde el error se acerque a la Verdad.

El título mismo de conversos lo rechaza el Relator como inaplicable a los judíos, los cuales no tuvieron en realidad que convertirse, como los gentiles, porque aquéllos

en su casa y Ley estaban, y no les era necesario otra cosa, salbo bautizarse e creer que Nuestro Señor Jesuchristo era el Rey Mezías, prometido en la Ley de los Profetas. Ca, como dice San Gerónimo, esto tenían ellos muy ligero de facer por su mesma Ley, la qual no vino a desatar Nuestro Señor Jesu Christo, mas a la cumplir.

El gran alegato de Fernán Díaz de Toledo era la ascendencia judía, remota o próxima, de una gran parte de la nobleza española de mayor lustre y preeminencia a la sazón. Comenzado por D. Pablo de Santamaría, obispo que había sido de Burgos y canciller de Castilla; siguiendo por los apellidos más prestigiosos (que largamente enumera); y acabando en «Reyes e Infantes, fijos de Reyes e Infantes, e nietos e viznietos de Reyes, e Condes, Vizcondes, e Condesas, Marqueses e otros grandes señores e señoras que descienden de los Reyes de Castilla, Aragón, Portugal e Navarra», difícil sería, en efecto, probar de manera positiva la absoluta limpieza de sangre de un linaje hispánico cualquiera. Porque, como dice el Relator,si bien se escudriñara, se fallarse ha que todos los estados, quién de más lueñe, quién otros de más cerca, todos están bueltos unos con otros en este linaje... e ansí se continuará fasta el fin del mundo.

O, como muy bien escribe el P. Getino,el pueblo era el único que podía gloriarse de no tener probada sangre judaica, porque carecía de genealogías.

El obispo D. Lope Barrientos, a quien se dirigía el Relator, se hallaba por entonces en Toledo, formando parte del séquito del príncipe D. Enrique, quien, a la sazón, detentaba la posesión de la ciudad frente a su padre. Fernán Díaz trataba así de atacar el mal en su propio centro, introduciendo la contradicción en la sede donde aquél se había producido. Para ello, ofrece al prelado el concurso de su primo el Arcediano de Niebla, residente en Toledo, que ya debía de haber apuntado audazmente aquélla desde el púlpito de la catedral75; a este pariente, con tal motivo, dice enviar también sus cartas para que «mueva» en el asunto cerca del Príncipe.

Eloy Benito Ruano
Diciembre 2001
http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/los-origenes-del-problema-converso--0/html/ffe964ce-82b1-11df-acc7-002185ce6064_29.html#I_3_

lunes, 16 de enero de 2017

En Toledo, Castañeros de ayer y de hoy

Desde hace más de 30 años, Inmaculada Izquierdo vende castañas asadas en la calle Ancha, cerca de Zocodover, un oficio que Antonio Dueñas ejerció en la Vega durante décadas

Antonio Dueñas, en la Vega 1969/ Inmaculada Izquierdo lleva más de 32 años vendiendo castañas asadas en Zocodover - Archivo Vasil (María Teresa Silva) / ANA PÉREZ HERRERA

Hay tradiciones que no pasan de moda y que siguen inalterables por nuestras calles pese a la comida de diseño, los «food trucks» y los restaurantes de comida rápida. Cuando llega el otoño, los castañeros regresan a la calle para devolvernos el olor a invierno de la infancia.



En Toledo, Inmaculada Izquierdolleva haciéndolo desde hace más de 32 años, cuando se le ocurrió, como cuenta a ABC, la idea de retomar este oficio que por aquel entonces solo mantenía en la ciudad Antonio Dueñas en su puesto de la Vega.

Desde entonces, y a primeros de noviembre, se instala puntualmente al final de la calle Comercio, muy cerca de Zocodover, para vender sus castañas asadas hasta el 7 de enero, día en que finaliza su permiso municipal que solicita puntualmente todos los años. Por su puesto han pasado varias generaciones de toledanos y aquellos niños, sus primeros clientes de finales de los ochenta, regresan ahora con sus hijos.

Con el tiempo y la experiencia, la castañera se ha hecho un hueco en la ciudad y sus castañas son muy apreciadas, como las que asó durante añosAntonio Dueñas en su quiosco del paseo de la Vega. Él fue durante décadas el castañero de referencia en la ciudad, como recientemente comentabaEnrique J. Silva en «Hombre de Palo», un blog en el que recuerda de forma periódica imágenes y artículos del Arhivo Vasil, del toledo que vivieron e inmortalizaron sus padres: la fotógrafa María Teresa Silva y el periodistaJuan Jiménez Peñalosa.

Con una fotografía de 1969 del castañero de la Vega, Jiménez Silva recuerda que «invierno tras invierno Antonio colocaba su bidón de carbón en la calle para ofrecer al transeúnte un alivio contra el frío. Junto al no menos histórico kiosco Catalino, el señor Dueñas vio pasar promociones y promociones de estudiantes camino de la Escuela de Maestría, primero, y del Instituto El Greco, después. Un lugar estratégico también frecuentado en noviembre por miles de toledanos que, cubo en mano, subían al cementerio para “adecentar las lápidas”; momento que dueñas aprovechaba para iniciar la temporada», como lo viene haciendo desde hace más de tres décadas Inmaculada, la castañera toledana del siglo XXI.

VALLE SÁNCHEZ - @abc_toledo Toledo03/01/2017 12:31h 
http://www.abc.es/espana/castilla-la-mancha/toledo/abci-castaneros-ayer-y-201701031231_noticia.html

Los orígenes del problema converso: La «Sentencia-Estatuto» de Pero Sarmiento (I)

I. La «Sentencia» y sus supuestos fundamentos

Del grave alboroto que en 1449 conmovió a la ciudad de Toledo, sustrayéndola durante largos meses a la obediencia del poder real y escindiendo en bandos antagónicos su población35, un acontecimiento trascendió largamente el carácter ocasional -social o político- que, en general, pueda apreciarse en los hechos que con tal motivo se promovieron: la promulgación de la llamada «Sentencia o Estatuto de Pero Sarmiento».

Pero Sarmiento era el Repostero Mayor de Juan II y su Asistente, Aposentador y Alcalde por el Rey en el alcázar de Toledo; personaje que, no obstante la confianza en él depositada que reflejan los cargos antedichos, se sumó prontamente al partido de los amotinados, transformándose en su cabecilla.

El alzamiento se produjo cuando, para conseguir medios con qué enfrentar la endémica rebeldía nobiliaria del reino, D. Álvaro de Luna, en nombre del monarca, pretendió arrancar de la población toledana un millón de maravedíes en concepto de empréstito. Exigida severamente su derrama hasta de los sectores más bajos y menos dotados de la sociedad local, la reacción de ésta fue violenta, comenzando -domingo, 26 de enero de 1449- por el asalto e incendio de las casas del eficaz recaudador Alonso Cota (conocido cristiano nuevo) y concluyendo con el apoderamiento, por parte de los sublevados, de las puertas, puentes y torres de la ciudad, incluida la de la catedral.


La significación originaria del movimiento tuvo una rápida evolución: de chispazo popular y espontáneo frente a la onerosidad de la medida, se transformó en colectiva protesta contra el atentado a los tradicionales privilegios de la ciudad37; con D. Pero Sarmiento puesto prontamente al frente de la rebelión, la algarada cobró apariencia de abierta oposición a la tiranía de D. Álvaro de Luna; y cuando el rey en persona acudió a sosegar la situación y los sublevados le negaron la entrada, llegando a disparar su artillería contra el campamento real, el movimiento trató de elaborar su propia justificación doctrinal, poniendo en tela de juicio hasta la propia encarnación de la legitimidad regia por Juan II, cuya autoridad entendía traspasable, por «sospecha» e indignidad de su titular, en la persona de su hijo y sucesor. Toledo se ofreció así a la merced del príncipe D. Enrique, quien, efectivamente, vendría a instalarse y tomar posesión de la ciudad.

Por último, y habida cuenta de la condición conversa del recaudador Alonso Cota y de quienes asumieron su defensa y la de la legitimidad de la Corona, la rebelión pretendió enmascarar sus sucesivos designios, sublimándolos -como tantas otras veces, antes y después, en la Historia- con el pretexto demagógico de la religiosidad.

El 5 de junio del ya expresado año, en plena efervescencia de la rebelión, y reunidos, en irregular ayuntamiento parte de los jurados y regidores de Toledo bajo la presidencia del Repostero Mayor (que para entonces detentaba también, ilegalmente, el cargo de Alcalde mayor de las alzadas de la ciudad), declararon incapacitados para desempeñar cargos públicos en el seno de su comunidad a los conversos y sus descendientes, desposeyendo en el propio acto a aquéllos de los mismos -catorce en número- que los ostentaban.

Las imputaciones que provocaban tal medida, según expresión de ella misma38, eran el ser los citados cristianos nuevos «sospechosos en la Fe de Nuestro Señor et Redemptor Jesuchristo» y haberse comportado siempre en la ciudad como enemigos de los verdaderos fieles; ya desde el mismo remoto momento de su conquista por los musulmanes, en que sus antepasados judíos pactaron con aquéllos traicionando y siendo causa de la muerte de centenares de cristianos viejos, como después, solapadamente, a lo largo de los siglos, apoderándose de los oficios públicos de Toledo para mejor perseguir y perder a las honradas familias y apoderarse de sus bienes y de las rentas públicas. Así especialmente se mostró -sigue el preámbulo significativo de la Sentencia- en los acontecimientos todavía en curso en la ciudad, en que «los dichos conversos... se levantaron y ayuntaron todos, e se armaron e pusieron en obra y efeto... con intención e propósito de acabar e destruir todos los christianos viejos, y a mí el dicho Pero Sarmiento, primero y principal con ellos»; no vacilando en recurrir a la alianza con D. Álvaro de Luna para que le fuese puesto sitio a Toledo y hecha «cruel guerra con mano armada, de sangre y fuego, y talas, y daños, y robos, como si fuésemos moros enemigos de la fe christiana».

El fallo, en suma, decretaba que los repetidos conversos

sean habidos e tenidos como el derecho los ha e tiene, por infames, inhábiles, incapaces e indignos para haber todo oficio e beneficio público y privado en la dicha cibdad de Toledo y en su tierra, término y jurisdicción: e ansí mesmo ser infames, inhábiles, incapaces para dar testimonio e fe como escribanos públicos o como testigos, y especialmente en esta cibdad.

Tan drástica decisión invocaba basarse jurídicamente en cierto privilegio que se decía otorgado a la ciudad «por el cathólico y de gloriosa memoria D. Alfonso, Rey de Castilla y León», «siguiendo el tenor y forma del derecho e de los santos decretos».

Cuál de los reyes castellanos fuera el otorgante de tal medida ha sido objeto de duda y discusión por los historiadores a lo largo del tiempo. Dando por admitida la existencia de la misma, el P. Mariana estimó que sería Alfonso el Sabio40. El P. Román de la Higuera dice por su parte que los toledanos se basaron en «una carta del Rey Don Alonso que auía çerca de çien años que se dio (con lo que resultaría proceder de Alfonso XI) y que nunca se puso en práctica». La cual él mismo manifiesta haber buscado -original, copia o confirmación-.

«en el Archivo de la çiudad y en sus almocraçes antiguos y nueuos y en un libro antiguo de más de... [blanco] años, y tal preuilegio como éste no se halla, sino que los judíos [no los conversos] no pudiesen tener ofiçios de alcaldes ni mando sobre los cristianos»

El Dr. Alonso de Montalvo (1405-1499), en su comentario al libro IV, título III, ley 2.ª del Fuero Real, al tratar de los «tornadizos» y descendientes de judíos, afirma, basándose precisa y probablemente en el Estatuto de Pero Sarmiento, que de aquéllos se decía que estaban exceptuados de la facultad de ejercer cargos públicos, en virtud de un privilegio concedido a Toledo hacía más de trescientos años por el rey don Alfonso IX; fecha imposible de mantener, dado que el autor escribía por mandato de Juan II (1406-1454), por lo que el ordinal debía corresponder a Alfonso VII.

La solución al problema la ha aportado más recientemente Benzion Netanyahu, al señalar efectivamente la existencia de tal privilegio, otorgado por Alfonso el Emperador y fechado en 1118; según el cual, «nullus iudeus, nullus nuper renatus habeat mandamentum super nullum christianum in Toleto nec suo territorio».

Éste sería uno de los fundamentos en que se apoyaría el Bachiller Marcos García de Mora, consejero jurídico de Pero Sarmiento y probable inspirador de suSentencia, para la redacción del conocido memorial a que hemos de referirnos ampliamente más adelante44, como cimiento primordial, teológico y de derecho, para la exclusión de los conversos de la facultad de ocupar cargos públicos; junto con un pasaje del IV Concilio Toledano, celebrado en tiempo de Sisenando, por el que se establecía dicha excepción judaei aut hi qui ex judaeis sunt45. Este canon había sido recogido y divulgado por Graciano en sus Decretos, al establecer doctrina De his quae judaeis prohibetur, y sobre su recta interpretación se levantaron inmediatamente en la Castilla y aún en la Roma de 1449, pareceres contrarios.

II. La polémica en torno a la «Sentencia-Estatuto»

Comienza así la vida polémica de la que pudo creerse ocasional decisión de los jurados y regidores toledanos, y que hubiera parecido deber borrarse de la memoria de los hombres con la vuelta a la normalidad de la ciudad y su regimiento.

Pero el ambiente social y religioso en que la chispa se había producido estaba demasiado cargado de elementos inflamables para que aquélla no produjese un incendio de más profundas y prolongadas consecuencias.

Inútil sería entrar en el detalle de la situación del elemento judío y converso en la vida española de la época. Del propio reinado de Juan II databan disposiciones discriminatorias, sancionadas por la autoridad pontificia, que son bien conocidas de todos y dan perfecta idea del estado oficial y legal que había alcanzado la escisión de hecho entre ambos núcleos de cristianos viejos y nuevos en la sociedad castellana.

Lo que la Sentencia planteaba ahora era -nada menos- que la cuestión del derecho a la participación en la vida pública de todo un importante sector de esa sociedad48, haciendo más hondamente cuestionable aún, además, la consideración de la misma como un todo unitario.

La polémica hubo de alzarse, en consecuencia, enseguida. De un lado, los acérrimos enemigos del Judaísmo, religioso o racial; de otro, los que esgrimían frente a algún otro argumento el precepto evangélico de la fraternidad y la noción de unidad del género humano. Junto a aquéllos y éstos, en mezcla equívoca, conversos recientes, individuos de linaje hebraico conocido, que abogaban más ardientes por la persecución de sus antiguos hermanos de sangre o de credo; espíritus magnánimos otros, de alta ascendencia social incontaminada, que anteponían el abstracto o cordial sentimiento de la caridad a cualquier otro distintivo en la relación entre semejantes...

1. El «Defensorium» de D. Alonso de Cartagena

Una de las primeras plumas que se alzaron para contradecir la doctrina del «Bachiller Marquillos» -como era llamado despectivamente el Bachiller García de Mora por sus adversarios- fue la del obispo de Burgos D. Alonso de Cartagena, con su Defensorium Unitatis Christianae.

Aunque fechado en 1450, nos inclinamos con su moderno editor a suponerlo redactado durante el verano de 1449, por proponer en su texto la intervención pontificia (que se produjo, como hemos de ver, en el sentido propugnado por el propio Defensorium, en septiembre de este último año) y por polemizar en presente con el Bachiller Marquillos, ajusticiado en noviembre de 1449, durante la reacción enriqueña que precedió a la expulsión de Toledo del cabecilla Sarmiento.

El obispo de Burgos alude en su Prólogo a otro breve escrito suyo, en castellano, que dirigiera previamente al rey sobre este mismo asunto y que no conocemos. La primera y segunda partes de su tratado latino, encaminado igualmente a Juan II, discurren sobre el citado argumento de la unidad del género humano a partir de Adán y el de la universalidad de la Redención, cuyos beneficios -dice- no excluyen a ningún nacido.

En el teorema IV de la segunda parte comienza ya la refutación directa del Bachiller Marquillos: «La Biblia, la Glosa ordinaria, Graciano y el Corpus Iuris Civilis son el arsenal de donde toma todas sus ideas el obispo de Burgos».

Aunque no hayamos de extendernos en la descripción pormenorizada de éste y los sucesivos escritos polémicos, de interés apologético, teológico y jurídico, sí diremos que él es sin duda el primero y quizá el único que se aplica en su tiempo a los mantenedores de la doctrina discriminatoria entre cristianos la consideración de heréticos y cismáticos52. A las razones expuestas por Marcos García de Mora, el Defensorium aduce esencialmente la intelección del pasaje clave del IV Concilio toledano y de Graciano (judaei, vel qui ex judaeis sunt) en el sentido de dar al término judaei el significado de judíos de origen, nunca convertidos y practicantes de la ley mosaica; y al de qui ex judaeis sunt, el de ejercitantes de la misma aunque no tuviesen origen hebreo, es decir, los culpables de «judaizar»53. D. Alonso alega en favor de esta interpretación el recto uso en tal sentido que personalmente viera hacer del dicho decreto en el Concilio de Basilea, al que asistió54, y el códice fidedigno que allí tuvo ocasión de copiar de los cánones conciliares toledanos, al que estima superior en pureza a los libros análogos conservados en España. En cuanto al valor doctrinal de las constituciones del IV Concilio -no universal, celebrado sin asistencia del legado pontificio, convocado en época de persecución judaica, precisa- expone a su vez sus reservas.

Por lo que hace, finalmente, a ciertas leyes del Fuero juzgo, al parecer utilizadas también por Marquillos inicialmente, nuestro obispo encuentra que se concretan simplemente a prohibir a los judíos testificar en juicio contra los cristianos56, por lo que carece de sentido su invocación.

2. La condenación papal

Pero el más fuerte golpe contra la tesis de los sublevados lo recibieron éstos de parte de Nicolás V, quien en 24 de septiembre de 1449 promulgaba en Fabriano su bula Humani generi inimicus, reprobando concretamente la segregación que aquéllos hicieran de los conversos toledanos.

Al Papa habían enviado los rebeldes una embajada, tratando de obtener la sanción pontificia de su Sentencia, y con ella un tácito reconocimiento de su actitud política. Pero el cardenal español Fr. Juan de Torquemada (a quien hemos de referirnos más adelante) se ocupó en Roma de que los emisarios de Pero Sarmiento no fueran recibidos por el Pontífice, cuya decisión al respecto estableció, por el contrario, la unidad de la grey cristiana, ya provinieren sus fieles de limpia, gentil o hebraica ascendencia.

Este rechazamiento de toda discriminación de linajes lo hace Nicolás V en su bula citada, apoyándose en primer lugar en testimonios apostólicos y razones apologéticas; pero, seguidamente, en fundamentos jurídicos del propio país en que aquélla pretende ser hecha: «cartas auténticas de los ilustres príncipes Alfonso, llamado el Sabio, y Enrique, y el actual carísimo nuestro hijo Juan, Rey de Castilla y León..., provistas de sus sellos y por Nos vistas y maduramente examinadas». Todas ellas, dice58, estipulan bajo graves penas

ut inter nouiter ad fidem conuersos, maxime de Isrraelitico populo, et antiquos christianos, nulla in honoribus, dignitatibus et officis, tam ecclesiasticis quam secularibus suscipiendis ac habendis discretio fieret.

La decisión papal constituye, pues, según literalmente expresa ella misma, una confirmación de disposiciones españolas previas60; estableciendo después de modo firme, en su parte dispositiva propia, y bajo pena de excomunión de quienes lo estorbasen la licitud de acceso de los nuevos o futuros conversos -del Judaísmo, de la gentilidad o de cualquiera otra secta- y de sus descendientes, a toda dignidad eclesiástica o civil y a todo acto y facultad a que tienen derecho los cristianos viejos.

Eloy Benito Ruano
Diciembre 2001
http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/los-origenes-del-problema-converso--0/html/ffe964ce-82b1-11df-acc7-002185ce6064_29.html#I_3_

sábado, 14 de enero de 2017

Cigarrales de Toledo: Selvas de Amores


Con menos difícil paso
y remotos horizontes
hoy tiene el Tajo en sus montes
las deidades del Parnaso:
la lira de Garcilaso,
junto a su cristal luciente
halló de un laurel pendiente,
Tirso, y esta letra escrita:
Fénix en tí resucita,
canta y corona tu frente.
Digno fue de su decoro
el ingenio celestial
que canta con plecto igual,
tan grave, dulce y sonoro:
ya con sus arenas de oro
compiten lirios y flores.
Para guirnaldas mayores
a quien con milagros tales,
los ásperos cigarrales
convierte en selvas de amores.



Tirso de Molina. Cigarrales de Toledo (1621)













Fuente: http://miratoledo.blogspot.com.es/

7 Curiosidades que no sabías de las calles de Toledo

El patrimonio cultural y artístico de Toledo hace que la ciudad sea uno de los centros turísticos más importantes de España. 

El visitante cuando viene a la capital suele frecuentar los monumentos más significativos, disfrutar de nuestra gastronomía, etc.

Muchas otras veces, si cuenta con el tiempo suficiente, opta por perderse por sus sinuosas calles. Sea como sea el visitante y el propio toledano se encuentran en ellas detalles que pueden pasar desapercibidos (o no) y de los que se suele desconocer su significado.

Toledo Time Capsule ha realizado una lista con las 7 curiosidades de nuestras calles que harán que entiendas el fantástico patrimonio del que disponemos y que no te puedes perder.

Cruces clavadas en la pared. En Toledo hay más de una y generalmente significa que detrás del muro donde se encuentra la cruz se sitúa el altar mayor de un templo o convento. 



Antiguamente se avisaba para que el transeúnte guardara el debido respeto a su paso. Actualmente está práctica no se realiza, pero es muy interesante reconocer que así se hacía.

Convento de las Capuchinas (aljibes). Si pasas por este fantástico convento te llamará la atención en una de sus fachadas dos ventanitas cuadradas. 

Ambas son la entrada a dos aljibeso cisternas. Estas ventanas fueron ideadas por las religiosas del convento con la intención que los toledanos les brindaran su limosna en forma de agua. 

Otra curiosidad es que una de las ventanas era para recoger agua potable y el otro de agua salobre.

Guarda ejes. Cuando pasees por las calles de Toledo te llamará la atención unos rebajes que hay en las fachadas de los edificios. En la calle Aljibillos encontraras un ejemplo.

Se trata de cortes realizados en los edificios para evitar el roce de los ejes de las ruedas de los carros. La razón era porque la anchura de las calles y callejones dificultaba el paso de los carruajes. 

Con el fin de ampliar las zonas accesibles, se decidió realizar estos rebajes a una altura aproximada entre los 60 y los 80 centímetros desde el suelo en edificios situados en vías estrechas o en giros.

Guardacantones. Son potentes sillares exentos o casi exentos colocados a línea con la fachada para proteger las esquinas de los edificios del roce de los carros. 

(La fotografía pertenece al guardacantón del Palacio del Canónigo Obrero, en la Plaza de Abdón, 7, esquina con la calle del Cristo de la Calavera).

Iniciales y dibujos de universitarios. Los alumnos de la Universidad de Santa Catalina tenían por costumbre celebrar su fin de carrera con una fiesta de toros. 

Con la sangre de estos animales, grasas y otros ingredientes dejaban su impronta en las fachadas de los edificios. (Estas iniciales se encuentran en la Puerta del Cambrón).

“Esta calle es de Toledo”. En la ciudad hay varias placas con esta inscripción. Estos letreros son el resultado unos juicios e indican que las calles eran públicas. 

De esta manera se evitaba que las calles fueran ocupadas nuevas viviendas. 

(Esta placa en concreto se encuentra en el callejón entre el Palacio de Lorenzana y la iglesia de San Vicente, Círculo de Arte).

Bolas que rematan las esquinas de las casas. Las casas que tenían estas bolas indicaban que tenían aljibe o pozo, así en caso de incendio los vecinos podían utilizar su agua.

Seguro que ahora verás las calles de Toledo de otro modo. No dudes en visitar nuestro espectáculo Toledo Time Capsule para conocer Toledo de una manera diferente ¡Te esperamos!

http://toledotimecapsule.com/siete-curiosidades-que-no-sabias-de-las-calles-de-toledo/

viernes, 13 de enero de 2017

La Mineria de La Jara II: Mazos, Martinetes, y Ferrerias

LA MINERÍA DE LA JARA II: MAZOS MARTINETES Y FERRERÍAS

En este segundo capítulo de La Minería en La Jara comentamos los artificios hidráulicos que procesaban el mineral y el metal de las minas y ferrerías jareñas

Edificio del mazo de las ferrerías de Safont en Los Navalucillos

La actividad minera ha dejado en el paisaje diferentes topónimos como impronta de aquellos afanes y así, encontramos términos como “Casa de la Mina”, “Camino de la Mina” o “Camino de los Plateros”, este último es el caso de una senda que daba servicio a una mina de plata en San Martín de Pusa, Los Navalucillos y Los Navalmorales disputaron desde antiguo su jurisdicción sobre Herrera, lugar con nombre minero ya documentado en el siglo XII, y con explotaciones de sus pozos hasta mediados del siglo pasado. 


Tuvo fama en toda la comarca la ermita de Nuestra Señora de la Herrera; a ella concurrían en su fiesta gran cantidad de comerciantes entre los que destacaban por su número los plateros y fabricantes de utillaje de labor, tal vez residuo esta feria de la antigua actividad metalúrgica del lugar. Las herraduras fabricadas en Los Navalmorales fueron también famosas, y llegaron a exportarse incluso fuera de nuestras fronteras, dando sustento a muchas familias de este pueblo.

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Ruinas de los edificios de La Herrera convertidos en granja

Estos caminos mineros a los que nos hemos referido sirvieron para el trasiego incesante de material hacia los puntos de transformación como es el caso de la ferrería de San José, en el paraje de El Mazo, junto al río Pusa en los Navalucillos, donde para el transporte desde la Herrera y otros puntos de extracción en las sierras colindantes, se llegaron a emplear basta trescientas mulas.

El Mazo es otro topónimo de interés que indica la existencia de un gran martillo movido por energía hidráulica para la trituración del material, y sobre todo, para el forjado del hierro ya extraído. Además del ya aludido Mazo del Pusa, existe otros topónimos como “mazuelo”, en las cercanías del cruce del Jébalo con la carretera de Espinoso a Buenasbodas.

El Martinete que da nombre al paraje del río Jébalo. A la derecha el edificio del martinete y a la izquierda el muro sobre el que se apoyaba el eje de la rueda vertical

También, rio abajo, se encuentra el lugar que se conoce con el nombre de “El Martinete”, seudónimo de mazo, y que consiste en un artilugio que, como muestra el dibujo tomado de un martinete aún en buen estado en Navafría), acciona mediante el caudal derivado por el canal (C), al abrir la trampilla (T), una rueda vertical (R), que hace girar su eje. Dentro ya del edificio, el eje o árbol A tiene encajados cinco dientes o levas (L) que con el giro del mismo van golpeando sobre el mango del mazo propiamente dicho (M).

El mazo metálico podía pesar entre doscientos y mil kilos, y golpear con una frecuencia de 120 a 180 martillazos por minuto, con lo que podemos hacemos una idea de lo que estos artificios hidráulicos suponían en ahorro de trabajo físico a los procesos metalúrgicos. El martinete del Jébalo conserva todavía el canal y los muros del edificio, junto a otra dependencia en forma de torre, que correspondería al horno, también adosado al canal, lo cual nos hace pensar en que el agua accionaría un barquín, que no es otra cosa que un artilugio soplante, el cual, mediante otro eje, en este caso con solamente dos levas, movilizaría mediante un sistema de palanca dos grandes fuelles que avivarían el fuego de la fragua.Esquema que representa el funcionamiento de un martinete

Otro topónimo que nos trae reminiscencias mineras es el de Robledo del Mazo. En las Relaciones de Felipe ll, los encuestados del agreste pueblo serrano dan como explicación al nombre del lugar que este dicho lugar antiguamente era posada de colmenas y siendo posada como dicho tienen, andaban en ellas ciertos osos que son muy perjudiciales para las colmenas, los cuales se las comían, y para evitar el dicho daño, hicieron en el arroyo que llaman de los Regatos del Mazo, un argumento de la misma agua del arroyo a un mazo que le pusieron hechizo, daba grandes golpes de noche y de día para con ellos espantara los tales osos que hacían daño, y por esta razón se vino a llamar Robledo del Mazo.

En el siglo XVI vemos como estos sencillos jareños llamaban a esta incipiente tecnología “hechizo”; por sus palabras parece que no llegaron a conocer el artilugio y es más probable a mi parecer que se tratara de un mazo minero reutilizado quizás para espantar a los golosos plantígrados, ya que no es poco el esfuerzo que requiere hacer la presa, el canal y el propio artificio para Iuego darle solamente esa utilidad. En las inmediaciones del cruce de la carretera de Anchuras con el río Fresnedoso podemos, todavía hoy, contemplarlas ruinas de una ferrería del siglo pasado, un gran cubo se mantiene en pie; con el agua en el contenida se movilizó una rueda probablemente horizontal, que a su vez accionaría la maquinaria, martinetes y barquines necesarios para la actividad metalúrgica.

Un mazo en el siglo XVIII. La rueda movida por el agua hace girar el eje que con sus dientes acciona el mazo y los fuelles de la fragua

Pero las instalaciones de mayor entidad fueron las ya referidas de las ferrerías de San José del Mazo. En 1844, don José Safont, rico hacendado catalán, especulador que había hecho su fortuna adquiriendo bienes desamortizados, compró un molino en las orillas del Pusa y construyó todo un complejo metalúrgico movido por energía hidráulica que se abastecía de una presa sobre el río, y para el que fue necesario construir un canal de gran longitud con acueductos para salvar arroyos y perforaciones costosas en el terreno pizarroso de las orillas. 

Lo construyó el ingeniero francés Elías Michelin (hay quien dice que era hermano del descubridor del neumático), que se encuentra enterrado en Los Navalucillos. Esta industria llegó a emplear a trescientos hombres, y supuso un gran impulso demográfico para la población de Los Navalucillos, ya que mantuvo su actividad fabril hasta principios de siglo.

Hoy en día estas ferrerías y martinetes no son más que ruinas, que antes de su completa destrucción deberían ser catalogadas, estudiadas y, en la medida de lo posible, restauradas por la administración pues son de un gran interés por su interés para la arqueología industrial y el patrimonio cultural de La Jara.

http://lamejortierradecastilla.com/la-mineria-de-la-jara-ii-mazos-martinetes-y-ferrerias

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