lunes, 27 de marzo de 2017

Topónimos hebreos y memoria de la España judía en el Siglo de Oro ( I )

Resultado de imagen de Topónimos hebreosLos nombres de las ciudades son poderosos canales de la memoria; en ellos sobrevive el recuerdo de sus fundadores y su evocación es un convite a «volver a reflexionar sobre los orígenes de una civilización...»

. Así ocurre en la España del Siglo de Oro, cuando historiadores, etimologistas y tratadistas que escriben sobre el idioma, impulsados por su afán de probar la antigüedad y la excelencia de su nación, llegan a  interesarse por los topónimos de origen hebreo. 

De ellos se valen entonces no solamente como elementos integrantes de la elaboración del mito de los orígenes de España, sino también como testimonios de la antigüedad de la presencia de los judíos en el suelo hispánico, presencia que datan en época de Nabucodonosor o sea en el siglo sexto antes de J. C, después de la destrucción del primer Templo de Jerusalén

. Ni que decirse tiene que este nuevo planteamiento de la cuestión de los orígenes de España y de su idioma no agrada a todos los historiadores y provoca una acalorada polémica. Algunos de ellos, en efecto, ven en dicha afirmación de la antigüedad de la presencia judía en España un «agravio» cometido contra la «limpieza» de su nación y, con abundantes escritos, alimentan un debate en torno a las topoetimologías, como si en cada una de ellas, estuviese en juego el «honor» de la nación española.

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En este sentido, la polémica topoetimológica que, en el Siglo de 1 Frase pronunciada por Joseph Pérez, a modo de conclusión del coloquio sobre las ciudades en el mundo ibérico; véase Les villes dans le Monde Ibérique, Actes du Colloque de Talence, 27-28 novembre 1980, Paris, Éditions du CNRS, 1982, p. 230.

Las otras dos diasporas del pueblo judío a España datan en época romana, en los primeros dos siglos de nuestra era, bajo los imperios de Tito (después de la destrucción del segundo Templo en el año 70) y de Antonino (después de la rebelión de Bar Kokhba en el año 135); véase Dictionnaire Encyclopédique du Judaïsme, Paris, Le Cerf, 1993, p. 1258. 32 DOMINIQU E REYRE Criticón, 65, 1995

Oro, nace del intento de reconstrucción del pasado, se inscribe plenamente en la elaboración de una imagen identitaria colectiva. De ahí que, al cabo de tres siglos, pueda surgir de nuevo un mismo tipo de  argumentación topoetimológica, como ocurre con el discurso que el Rey Don Juan Carlos pronuncia en 1992, en vísperas de la celebración del quinto centenario de la expulsión de los hispanojudíos, haciendo memoria de su presencia histórica mediante su inscripción en la geografía y la lengua españolas. 

El soberano recurre al mismo procedimiento que los hombres del Siglo de Oro, buscando en las huellas toponímicas y en los orígenes históricos de la presencia judía en España unos elementos identitarios  nacionales.

Se trata, pues, por lo que a España se refiere, de un tema históricamente recurrente, aunque muy poco estudiado , y del que nos proponemos, hoy, analizar unos cuantos aspectos relativos al Siglo de Oro, centrándonos en la polémica topoetimológica lanzada por el hebraísta Arias Montano y animada, entre otros escritores, por Garibay, Aldrete y Covarrubias.

Para entenderlo, será necesario hacer, previamente, una distinción entre la toponimia científica —en la que no hemos de entrar en el presente artículo, por no ser nuestro propósito recoger todos los topónimos hebreos de España, ni rastrear los vestigios onomásticos que quedaron de los judíos6— y una toponimia mitológica , que constituye nuestro objeto de reflexión por ofrecer un campo de Amcrico Castro demostró la influencia del sentimiento de la honra (nacido del orgullo de no ser judío) sobre la historiografía española; véase De la Edad Conflictiva, Madrid, Taurus, 1972, pp. 99-133.

 Analizamos el discurso que el Rey pronunció en la sinagoga de Madrid, a 31 de Marzo de 1992, en «Sefarad des rois d'Espagne», Ibéricas, 8, 1995, Université de Toulouse-Le Mirail, CRIC et Ophrys, pp. 119-128. En este artículo, aludimos al brindis que ofreció el Rey al Presidente del Estado de Israel, Chaim Herzog, durante el cual insistió en la antigüedad de la presencia judía en Sefarad, diciendo: «Estáis en Sefarad, a la que la tradición judía identificó desde sus más lejanas raíces con España, voz cuyo origen es incierto, aunque pudiera proceder de los fenicios y de la lengua sirio-caldea heredada del antiguo hebreo [...].

La presencia judía en España dataría del siglo II de nuestra era, según los vestigios que nos han llegado, aunque para algunos se remontaría, incluso, a la época de la destrucción del primer templo [...]. No fue, por lo tanto, una presencia dilatada de extranjeros más o menos adaptados. Aunque conservasen su identidad y patrimonio judío, fueron plenamente hispanos y contribuyeron a fraguar lo que habría de ser la personalidad de España como Nación...» (texto inédito que debemos a la amable entrega de David Grebler, presidente de la comisión Sefarad 92). 

Además, en el discurso que pronunció en la sinagoga, el Rey expresó claramente su deseo de integrar a los judíos en la España moderna:

«Sefarad no es ya una nostalgia sino un hogar en el que no debe decirse que los judíos se sienten como en su propia casa, porque los hispanojudíos están en su propia casa, en la casa de todos los españoles»; véase el texto del discurso en apéndice del citado artículo.

 No hemos podido encontrar más de tres estudios sobre el tema: la bibliografía del Conde de la Vinaza, Biblioteca histórica de la filología castellana, Madrid, 1893, pp. 3-39 (menciona a diez autores que ilustraron el debate topoetimológico entre 1540 y 1672); el libro de Werner Bahner, La lingüística española del Siglo de Oro, Madrid, Editorial Ciencia Nueva, 1966; un artículo de Eric Beaumatin:

«Langue de soi et phonèmes de l'autre: Nebrija, Valdés, Quevedo», Cahiers de l'UFR d'Études Ibériques et Latino-américaines, n° 9, «Les représentations de l'Autre dans l'Espace ibérique et ibéro-américain», vol. II, pp. 235-248 (evoca el debate lingüístico entre los partidarios del latín y del hebreo).

 Véase José luis Laca ve, Juderías y Sinagogas Españolas, Madrid, Editorial Mapire, 1992.

arto sabido es que en el Siglo de Oro la etimología está todavía basada en un pensamiento analógico y paronomástico.

investigación sobre las ideas y creencias que circulan y se manipulan en los debates topoetimológicos.

EMERGENCIA DE LA MEMORIA DE LA ESPAÑA JUDIA EN EL MUNDO CRISTIANO DE LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XVI:  

BENITO ARIAS MONTAN O Y JUAN DE MARIANA

La memoria de la antigua presencia de los judíos en España emerge, en el campo de la exégesis filológica hebrea de las Escrituras, con motivo del comentario del topónimo bíblico de «Sefarad». El mayor hebraísta español de la época, Arias Montano, en sus Comentaría in Duodecim Prophetas*, ofrece una glosa del versículo 20 del profeta Abdias en el cual aparece la voz hebrea «Sefarad»', que
traduce por «Hispania»10 , y comenta am8

Publicado en Amberes, en 1571, pero acabado de redactar por Arias Montano en Madrid a 13 de
julio de 1567, como lo indica el mismo autor al final del capítulo que dedica a Abdias (en la edición
consultada, Amberes, 1583, p. 416).
9
 «Sefarad» significa España en hebreo. Los primeros comentarios judíos como el Targum de Jonatátt
y la Peschitta traducen Sefarad por Ispamia e Ispania (véase el Dictionnaire Encyclopédique du Judaïsme, Paris, Le Cerf, 1993, p. 1376). Los Setenta (según la leyenda los 72 judíos, seis de cada tribu, que realizaron la traducción de la Biblia en griego para Ptolomeo que quería incorporarla en su biblioteca) tradujeron la voz «Sefarad» por el griego «Ephrata», y San Jerónimo, en su Commentariis in Abdiam, dijo «Bosphorus» sin dejar por otra parte de aludir a la tradición rabínica: «Ubi nos posuimos Bosphorum, in Hebraeo habetur Sepharad, quod nescio cur LXX Ephrata transferre volverunt» (Donde pusimos Bosphoro, en hebreo hay Sepharad, que los Setenta, no sé por qué, tradujeron Ephrata), citado por el dominico Tomás Maluenda en su tratado De Antichristo, Roma, 1604, cuarta parte, libro IV, capítulo XXVII, p. 276 de la edición de Valencia de 1647, cuyo texto debemos a la amabilidad de nuestra colega en el LEMSO, Françoise Gilbert. '0 Arias Montano cita el texto de Abdias: «Et transmigratio Ierusalem, quae in Bosphoro est, possidebit civitates Austri» (Y el exilio de Jerusalén que está en Bosphoro heredará las ciudades del Negev); y, refiriéndose a las antiguas interpretaciones judías de «Bosphoro» por «Sefarad» dice:

«Quoniam in locorum nominibus reddendis saepe inter eos, qui libros ex Hebraico vertunt, variari solet, hune locum, ut Hebraice est, nominibus ipsis retentis, simplicet reddere plaçuit: 'et transmigratio Ierusalem, quae in Sepharad, possidebit urbes Austri" [...]. Diximus quo in loco latine Bosphorus legitur, hebraice legi Sepharad [...]. Chaldaeus interpres sic hune locum vertit: "et transmigratio Ierusalem, quae in Spamia". Spamia a Chaldaeis eadem quae a Latinis Hispania dicta fuit quae terrarum orbis continentis ultima Atlántico sive Occidentali océano alluitur et terminatur [...] quod antiqui graecorum autores Sperida nominarunt», ibid, p. 412

(Ya que los que traducen los libros hebreos suelen intercambiar a menudo los nombres de lugares, conviene traducir este nombre [Bosphoro] de manera más sencilla por los mismos nombres que da la tradición: «y el exilio de Jerusalén que está en Sefarad, heredará las ciudades del Negev» [...]. 

Dijimos que donde en latín se lee Bosphoro en hebreo se lee Sefarad [...]. El intérprete caldeo [el Targum] traduce también este nombre de lugar por Spamia: «y el exilio de Jerusalén que está en Spamia». Spamia entre los caldeos es la misma que es llamada por los latinos Hispania, la cual es el último de los continentes de la tierra, bañado y limitado por el océano Atlántico o Occidental, que los antiguos autores griegos llamaron Sperida). Arias Montano publica esta interpretación, un año más tarde, en el octavo volumen de la Biblia Poliglota de Amberes, conocido bajo el título de Apparatus Communes et Familiares Hebraicae Linguae Idiotismi (Antverpiae 1572). En la voz «Bosphorus» del Index nominarum hebraeorum, caldaeorum et graecorum, se lee: «hebraice dicitur Sefarad, et interpretatur liber sive codex descendens vel imperans: aut finis vel consumado descensionis vel imperii.

Reginis nomen AB. 1, 20» (Bosphoro: el libro o manuscrito [del profeta Abdias] se lee y se interpreta en hebreo Sefarad, sea descendiendo o imperando, es decir, sea el fin o la consumación de la caída, o del 34 DOMINIQUEREYRE Criticón, 65,1995

Ahora tratemos brevemente de su historia: España fue habitada de una multitud de judíos,según tuvimos conocimiento en nuestra edad, aunque a partir de los años en que fue promulgado el primer edicto de los reyes Católicos, fueron expulsados de la región sevillana y luego de la de Tarragona, y por fin a petición del rey Don Manuel de Portugal, de toda Lusitania. Y según consta en los escritos de esta gente, toda esta multitud de judíos procedía de Jerusalén y del tribu de Judá, con sus familias, y no vinieron de ningún otro tribu. Cuentan también los Hebreos que en tiempos de la primera destrucción del sagrado templo de Jerusalén por los Asirios, muchos de ellos fueron traídos a España por un jefe Piro quien servía al imperio asirio.

 Y prosigue Arias Montano evocando las fundaciones de Lucena y de Toledo:

Ellos fundaron primero dos lugares que llamaron, el uno Lucina, ciudad fortificada muy poblada en aquellos siglos, en Andalucía, que es llamada ahora Lucena, y la otra ciudad [fundaron] en la región de Carpetania, que llamaron en su lengua hebrea Toledoth, así nombrada, según dicen, porque en esta ciudad se vieron las familias judías más distinguidas. Y ei nombre de Tholedoth significa también 'generaciones' o sea 'familias'.

Además, a los lugares vecinos de Toledo que habitaron dieron nombres de Judea, en recuerdo de sus añorados pueblos ásirios, o sea nombres que se pareciesen a ellos como Escalona, Maqueda y otros más. Esto consta en sus antiguos comentarios del último capítulo del Libro de los Reyes.12 imperio; nombre del Libro de Reyes, y de Abdias 1, 20); sin paginación en la edición de Amberes, 1572, que manejamos.

Es extraño que Arias Montano no facilite a sus lectores, en apoyo de su explicación de la voz Sefarad, el juego de palabra hebreo conocido de la tradición cristiana o sea el retruécano de «Sof», fin, y «Rad», dominando. En este punto se diferencia Arias Montano de los autores cristianos posteriores(véase Maluenda, op. cit., p. 277) y de los autores judíos (véase la carta del apologista del judaismo Isaac Cardoso al rabino de Venecia Samuel Aboab, en la cual alude a la fundación de las ciudades de Sefarad y al susodicho juego de palabra (edición de Marco Mortara «Une lettre autographe adressée au grand rabbin de Venise Samuel Aboab», Revue des Études Juives, Paris, 1886, vol. XII, pp. 301-305).

11 «Nunc iam historiam ipsam breviter tractemus. Hispaniam Iudaeorum innúmera multitudine fuisse habitata, nostre etiam aetatis testimonio cognovimus, namque non multis ab hinc annis Catolicorum regum edicto primum ex Baetica atque ex Tarraconensi, postremo Emanuëlis Portugaliae régis iussu ex Lusitania décéder coacti sunt. [...] Omnen vero hanc multitudincm ex Iudaeorum, qui Ierosolymam Iudaeque tribum coluerant, familiis, non ex aliis tribubus fuisse, constans omnium eius gentis scriptorum opinio est. Narrant enim Hebraei quo tempore sacrum Ierosolymorum fanum ab Assyriis primum dirutum est, multos ex ea gente in Hispaniam, a Piro quodam duce, qui Assyriorum imperium observabat, fuisse traductos». Es de advenir que los nombres de Nabuchodonosor y de Cyrus sólo aparecen en el comentario de la segunda parte del versículo: «Et ascendet salvatores in montem Sion; iudicare montem Esau» (Salvadores suben el monte Sion; para gobernar el monte de Esau), Arias Montano, Comentaría in Duodecim Prophetas, op. cit., p. 415.

12 «Qui duobus primum locis consedisse dicuntur alteri quidem nomen Lucina, frequentissimo illis
saeculis in Baetica provincia oppido, quod nos vel Lucenam nunc dictam, vel quae non longe ab hac in Illiberitana regione est, [...] alteri vero Toleto regiae Carpentanorum urbi nomen fuit, quam quidam ex illis Hebraico nomine Tholedoth dictam est eo putant, quod in ea urbe iudaicarum familiarum distinctio maxime fuerit obsérvala. Id ipsum autem Tholedoth nomen significat generaciones sive familias. Atque ab iis qui ea loca incolvere Iudeis nomina quibusdam vicinis oppidis, ex relictorum in Syria locorum desiderio, aut ctiam similitudine indidem esse, ut Ascaloniae, et Maquedae et aliis. Haec ex illorum antiqurs receptionibus, et ex comentariis in posteriorem Regum librum habuimus (2 Reg, cap. último), ibid., pp. 412- 414. Luego Arias Montano alude a la segunda llegada de los judíos a España bajo el emperador Tito Vespasiano, con la fundación por los romanos de la ciudad de Mérida: «In libro etiam

Dominique Reyre
LEMSO, Universidad de Toulouse-Le Mirail

domingo, 26 de marzo de 2017

Los textos Jurídicos del Derecho Visigodo y su vigencia

LOS TEXTOS JURÍDICOS DEL DERECHO VISIGODO Y SU VIGENCIA

INTRODUCCIÓN

El Derecho visigodo hace referencia al conjunto de sucesos jurídicos que se produjeron durante el período de la Historia del Derecho comprendido desde el asentamiento del pueblo visigodo en las Galias hacia el 418 y su posterior emigración y ocupación de la Península Ibérica en el siglo VI, hasta la invasión musulmana de esta última en el 711.

El derecho visigodo se presenta como el resultado de diversas influencias o elementos constitutivos que se traducen en una síntesis peculiar y profunda, que cristaliza en un sistema jurídico propio de gran influencia temporal y espacial.



El más importante de sus componentes es el elemento romano, que corresponde a la intensa romanización sufrida por el pueblo visigodo a partir del siglo III, tanto en Oriente como en Occidente, así como su convivencia con la población romana.

Resultado de imagen de TEXTOS JURÍDICOS DEL DERECHO VISIGODOEsta influencia se refiere al Derecho Romano Postclásico (leges y iura) y a las prácticas jurídicas provinciales que se conocen como Derecho Romano Vulgar; en segundo lugar, destaca en la legislación visigoda el trasfondo consuetudinario de carácter germánico, que lo acerca por afinidad a los usos y costumbres de los pueblos germánicos.

Por último, en este Derecho del Reino Visigodo cabe destacar la influencia del Derecho Canónico y los Concilios de Toledo, cuya actuación sobre el proceso legislativo constituye un instrumento para el estudio del influjo de los principios cristianos sobre el sistema legal del Estado.

Leges son constituciones imperiales. Es decir son leyes dictadas por el emperador. Fueron fundamentalmente en el derecho romano del imperio de occidente en últimos siglos y también en el 
imperio Bizantio (oriente).

Iura es jurisprudencia (o doctrina de los autores). En aquella época circulan varias colecciones de Iura, que tenían gran importancia en la práctica, pues eran muy apreciadas por jueces, letrados...Las Iura solían completar, es decir complementar la legislación del emperador. Este permitía que circulasen dichas colecciones, salvo algunas excepciones y matices.Tanto la Iuras como las Leges fueron recopiladas, compiladas, coleccionadas.

CARACTERES GENERALES DEL DERECHO EN EL SISTEMA JURÍDICO VISIGODO

Los visigodos pasan de un método de instauración de derecho popular de carácter consuetudinario a un sistema legalista. Antes de su asentamiento, desconocían cualquier poder soberano con facultad normativa y solucionaban los pleitos mediante asambleas populares fundadas en la tradición. Las asambleas indagaban en ésta y manifestaban la postura más adecuada y justa conforme a la costumbre. La norma, pues, no estaba escrita.

Con la consolidación de la institución monárquica, crece el ámbito territorial y las asambleas son de difícil realización. Se hacen necesarias otras fórmulas: un consejo de nobles e incluso la institución del rey. Será el monarca el que, en último término, interprete la conciencia colectiva y la fije. La transformación decisiva provendrá del contacto con los romanos que elaboran sus normas en la época imperial a través del emperador.

Los visigodos, fundándose en el foedus contraído con Roma, comienzan a gobernar una provincia romana (Aquitania), pero sin depender por ello del emperador. No obstante, a pesar de que gobiernan dentro del Imperio no asumen una función delegada, como cabría pensar, sino independiente del emperador. Su gobierno solamente estaba limitado por las condiciones políticas del pacto, condiciones que se resumían en particular en la defensa militar de la provincia.

De esta manera, la monarquía visigoda reproducía la vida jurídica romana, incrementando su poder atribuyéndose la capacidad de crear derecho. Un derecho dentro del Imperio que no era creado por el emperador. En esta trascendental función, crecieron de toda originalidad, pues aunque tenían que someterse a las necesidades que engendraba la nueva realidad, sus leyes tuvieron que fundarse en los criterios del vigente ordenamiento romano.

El monarca visigodo no legisla individualmente sino acompañado de otras instituciones de carácter asambleario, en particular del Aula Regia. Otro factor que entra también a formar parte en la elaboración de las leyes es la tradición legislativa de la Iglesia mediante los Concilios, consolidados ya en la época del bajo Imperio.

En consecuencia, los visigodos imponen definitivamente un sistema legalista en el que se elimina cualquier fuente de derecho diferente de la ley.

Aula Regia: Aunque se discute el origen de esta institución, parece que proviene del asentamiento de los visigodos en las Galias y que el rey Leovigildo institucionalizaría en su Palatium más tarde. Formaban parte de esta asamblea los seniorespalatii (vinculados al Rey), los omités (gobernadores provinciales), los proceres (consejo privado), los gardingos (comitiva armada) y el personal que integraba el ofitiumpalatiuum (personal de corte).

Los Concilios eran asambleas episcopales reunidas para tratar especialmente cuestiones eclesiásticas y problemas relacionados con la vida espiritual de los fieles.

LOS TEXTOS JURÍDICOS DEL DERECHO VISIGODO

Como criterio sistemático de exposición separamos dos áreas: la del derecho visigodo gálico y la del hispánico.

DERECHO VISIGODO GÁLICO

En el derecho visigodo de las Galias pueden citarse tres textos: las Leyes Teodoricianas, el Código de Eurico y el Breviario de Alarico II.

LAS LEYES TEODORICIANAS

Un texto muy extendido en las Galias son las llamadas Leyes Teodoricianas, que según el Obispo de Clermont, Sidonio Apolinar, se contraponen a las Leyes Teodosianas. Esta legislación que no se ha conservado – aunque sabemos de su existencia por testimonios indirectos de Sidonio Apolinar- se atribuye a Teodorico I (419-451), padre de Eurico y a Teodorico II (453-466), hermano y antecesor de Eurico, y debieron ocuparse primordialmente del reparto de tierras que tanta trascendencia tuvieron en la relación entre visigodos y galo-romanos, que se completaron más gracias a la formulación de Teodosio II, y redactadas con la colaboración de los consejeros y juristas romanos de la Corte de Tolosa.

Teorías:

Para Vismara, aquella alusión a las Leyes Teodoricianas debe identificarse con el llamado EdictumTheodorici atribuido al rey ostrogodo de Italia, Teodorico el Grande (493-525); pero D’Ors entiende que el llamado Edicto de Teodorico no es sino un edicto romano de alrededor del 460, dado por prefecto Magno de Narbona y, por tanto, una fuente de Derecho particular para las Galias, que recogía exclusivamente el Código Teodosiano y las obras de Gayo y Ulpiano con una vigencia territorial.

Últimamente se ha abierto paso la tesis de que las Leyes Teodoricianas, fueron un derecho especial, surgido de la práctica, aplicable a godos y romanos que, a su vez, se remitían al derecho romano como fuente supletoria o general.

http://cristinaciulei.blogspot.com.es/2011/12/los-textos-juridicos-del-derecho.html



viernes, 24 de marzo de 2017

Toledo, Centro económico tras la Reconquista

Resultado de imagen de reconquista de toledoTOLEDO, CENTRO ECONÓMICO 

Toledo fue tal vez el principal centro de intercambios económicos de Castilla en los siglos XII y XIII. Contribuyeron a ello, también, la variedad de sus producciones agrarias y artesanas y el mayor volumen y fluidez de moneda en circulación, debido a la proximidad e influencia del sistema hispanomusulmán.

Los documentos mozárabes nos hablan sobre la intensa actividad económica de la aristocracia urbana, que obtiene su renta del alquiler de casas, tiendas, talleres urbanos, de propiedades rurales, a veces, incluso, del préstamo de dinero, aunque ésta era tarea más frecuente entre los judíos, o de la participación en empresas mercantiles.



Es una situación poco típica entre las aristocracias urbanas de la época, aunque también en Toledo acabarían imponiéndose los ideales caballerescos, propios de la sociedad feudal, más adelante. La situación fronteriza permitió la continuidad del comercio con la España islámica. Así lo demuestra la mención a recuas en el camino entre Toledo y Córdoba, los datos sobre tejidos, joyas y otros productos procedentes de Sevilla, Murcia o Valencia en Toledo, y la misma prohibición, expresada en 1118, de exportar caballos y cueros a Al-Andalus.

Veinte años después Alfonso Vil eximía a los toledanos de portazgo en todo el reino con tal de que no comerciasen con la España islámica, pero es evidente que siguieron haciéndolo. El ganado, los cueros, la miel y cera y, sin duda, algunos productos prohibidos constituirían su oferta habitual.

Por este motivo, Toledo fue una puerta principal de entrada para el régimen monetario islámico en Castilla. Allí había acuñado Alfonso VI moneda de vellón, a poco de conquistar la ciudad. Allí continuarían circulando el oro y la plata islámicos y, desde el segundo tercio del siglo XII, los maravedíes o morabetinos de oro almorávides (3.90 g de peso), que comenzó a acuñar con su efigie y leyenda Alfonso VIII, en la propia Toledo, a partir del último cuarto de aquel siglo (años 1172 a 1223). A la fluidez del comercio y al uso de moneda contribuyó también la 84 guerra, sin duda alguna, porque, además de ser causa de destrucciones y cautiverios, proporcionaba botín —que llega a ser una forma habitual de ganancia o empresa económica, y obligaba a mantener un comercio continuo para abasto de guarniciones y huestes.

Además, Toledo conservó su organización económica urbana de la época anterior y, en este aspecto, fue un modelo del que aprendieron muchas otras ciudades castellanas de los siglos XII y XIII, y sirvió para familiarizar a los cristianos con el sistema urbano que encontraron en Andalucía y Murcia durante sus conquistas del siglo XIII.

Hay que aludir, ante todo, a la organización de los oficios artesanos y mercantiles, bajo la vigilancia de alamines —llamados en otras partes veedores o alcaldes— designados por la autoridad municipal para controlar calidades y precios, y para dirimir litigios internos. Es la raíz islámica del gremialismo castellano, una entre las varias que éste tuvo. Sin embargo, los artesanos y comerciantes fueron tanto mozárabes, francos y castellanos como musulmanes y judíos.

En la artesanía toledana destacaron los ramos del metal, cuero, pieles y armas, que dieron lugar a manufacturas de gran calidad, pero la ciudad no fue, en cambio, un centro textil de importancia. Hubo también gran población artesana dedicada a los oficios de construcción y alimentación, como correspondía a una ciudad importante. Gracias a todos ellos se conservaron y transmitieron muchas técnicas de la época hispanomusulmana.

Y, también, los mismos lugares de trabajo y venta, cosa que importa para considerar la permanencia de los usos urbanísticos anteriores. En efecto, Toledo conservó sus almacenes o mesones y alhóndigas, especializados en diversos productos, su alcaicería y tiendas del rey, dedicadas al comercio fijo y permanente, sus mercados o süq en diversas plazas, a veces especializados, como ocurría con Zocodover, que era el mercado de ganados, con el süq de los cambistas o con el de los drogueros y herbolarios.

A la población de artesanos y comerciantes hay que añadir la de los corredores de comercio, arrieros y carreteros, que contribuían a su actividad mercantil y a la relación continua con la economía agraria del término.

Nos hallamos, en conclusión, ante un modelo de economía urbana mucho más rico y diversificado que el de otras ciudades castellanas de la época, donde el predominio de las actividades y rentas agrarias era más evidente. No obstante, también en Toledo la tierra era principal base de riqueza, aunque el comercio la completara, y todos los caballeros o aristocracia urbana eran, ante todo, propietarios, aunque no explotadores directos, ya que estaban generalizados los regí- 85 menes de cesión de usufructo en aparcería o en arrendamiento por períodos cortos de tiempo.

Miguel Ángel Ladero Quesada 
Universidad Complutense.
 Madrid
https://rua.ua.es/dspace/bitstream/10045/7136/1/HM_03_03.pdf

Colores de Toledo

Los colores en El Greco y los colores en la flora silvestre; el amarillo delicadísimo del jaramago, el rojo encendido de la amapola, el azul intenso del cardo. Desde lo alto de un antiguo cigarral, convertido en hotel, he contemplado enfrente Toledo una tarde de abril. 



Veía, primero, el pardo hacinamiento de las edificaciones, y abajo, en el llano, el verde claro de los frutales entremezclados a los cinereos olivos. He leído en un libro de mineralogía española que en tierras de Toledo se encuentra "espato adamantino". Raya el cristal. ¡Cuántas sensibilidades son rayadas en el mundo, como este espato el cristal, por el genio de una santa, el genio de un pintor!

Azorín. Illescas, Toledo. Artículo en ABC (19 julio 1957)









Fuente: http://miratoledo.blogspot.com.es/2017/03/los-colores.html

jueves, 23 de marzo de 2017

Kioskos de los jardines del Prado: La "Mezquita" y La "Fuente"

LA “MEZQUITA”, LA FUENTE Y KIOSKOS DEL PRADO

Los urinarios o evacuatorios de los jardines del Prado fueron desde la creación del parque un elemento pintoresco, tanto el primer edificio decorado con cerámica de Ruiz de Luna como el posterior de aspecto arabizante o mudejarista y que los talaveranos bautizaron como “la mezquita”, o como la ironía local apodó “la mezquita de “Ben-ir-a- Mear”.


Los primeros urinarios en postal de José del Camino de 1929 . Por delante se ve la fuente de Ruiz de Luna.



Los urinarios tienen una planta y una decoración cerámica muy diferente a la que probablemente en los años 40 se le dio


Los urinarios de los Jardines del Prado ya con su estructura de “mezquita” y la fuente por delante en una postal de García Garrabella de 1954

La “mezquita”, urinarios públicos de los Jardines del Prado en una postal de los años 50

Aunque hablaré más extensamente de la cerámica de los jardines, sí adelanto que la fuente se construyó con un pilón poligonal de 6 m de diámetro y 2,5 m de altura con cuatro puentes para macizos de flores en los que se sitúan sendas ranas surtidoras y de ahí el nombre tradicional de “fuente de las ranas”. Se apoyan en un pedestal y sobre éste la taza central que recoge el agua, y en sus cuatro caras cuatro faunos que arrojan un chorro al pilón. Todo el conjunto se apoya en una plataforma de dos escalones que aumentan el diámetro a 7 metros, según descripción de Isabel Hurley.


La fuente de Ruiz de Luna en una foto de los años 20


Fuente de Ruiz de Luna de los Jardines del Prado en una foto de los años 20

Postal de los años 70 con la fuente de Ruiz de Luna

Además del Kiosco Dámaso y del kiosco Villa Rosa que se encontraba al este de la ermita hubo otros dos, uno junto a la casa de los Patos y otro junto al paseo que conduce al parque de la Alameda, sin olvidarnos de la pista de Baile La Banca.


Kiosko Dámaso, el más cercano a Los Arcos después de una nevada, a la izquierda el propietario Doroteo Conde

Otra escena nevada del kiosco Dámaso

http://lamejortierradecastilla.com/la-mezquita-la-fuente-y-kioskos-del-prado/

miércoles, 22 de marzo de 2017

La Torre norte de Yepes

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Siglos XIII-XIV

Torre albarrana ubicada en el interior de una manzana en la calle de Santa María, muy cerca del acceso al recinto amurallado por la Puerta de la Villa.

Se trata de una torre con un frente plano y otro lateral semicircular, siendo de fábrica de mampostería con algunas hiladas de ladrillo. 

Cuenta con tres alturas y tiene pequeñas ventanas de arco de medio punto. 

La torre se corona con merlones prismáticos con capitel piramidal de ladrillo y piedra. De la parte redondeada sale al exterior un can. Integrada en las construcciones de la manzana se encuentra deteriorada.



En una de las claves de la bóveda aparece el escudo de arzobispo Don Pedro Tenorio, que es el primitivo de la Villa.

http://www.yepes.es/turismo/monumentos/torre-norte-o-de-la-calle-santa-maria/

Jardines del Prado ( II ) : Los Arcos

JARDINES DEL PRADO 2, LOS ARCOS

En la entrada anterior expuse la historia de los Jardines del Prado y mostré fotos antiguas de uno de sus elementos más entrañables, la Casa de los Patos.

Hoy traigo otro de esos lugares integrados en el alma talaverana, los arcos del Prado. ¿Qué talaverano no ha dicho la frase : Quedamos en los Arcos del Prado?, o tomaban el autobús en generaciones anteriores allí para ir a las piscinas o salir de excursión.

Los arcos han sufrido diferentes trasformaciones que vemos en las fotos antiguas como éstas



Postal de Esperón de 1930 en la que aparece la entrada de los Jardines del Prado, entonces de Alfonso XIII, como reza el rótulo bajo la imagen de la Virgen del Prado en el centro del arco metálico



ARCO EN HONOR A LA VIRGEN DEL PRADO CON SU IMAGEN EN EL CENTRO FLANQUEADA POR DOS LEONES Y EL ESCUDO DE TALAVERA A LA IZQUIERDA Y EL DE TOLEDO( ¡¡¡) A LA DERECHA. LA FOTO PARECE SER ALGO MÁS ANTIGUA QUE LA ANTERIOR POR EL ARBOLADO


Arcos del Prado al poco tiempo de su construcción. Foto del Archivo Municipal del proyecto de ensanche de 1944. Al fondo se ve la Alameda y el inicio de la actual Ronda del Cañillo


Los Arcos del Prado en foto de periódico de los años cincuenta. Es curiosa la torre de San Francisco al fondo, pues no estaba tapada por edificios construidos posteriormente como el de “Simago” y el Hotel Talavera


Los Arcos del Prado en postal de los años 60


Postal de los años 70 con los Arcos del Prado y uno de los vetustos autobuses urbano que dejaron de funcionar no hace tanto


Vista Parcial de una foto aérea de los años sesenta en la que aparecen los arcos del Prado y detrás el movimiento habitual que había junto a la estación de autobuses el Hotel Arellano


Los Jardines del Prado con Los Arcos en primer término en una postal de los años 70

http://lamejortierradecastilla.com/jardines-del-prado-2-los-arcos/

martes, 21 de marzo de 2017

Conflictividad social y orden público en Toledo, durante el Primer Bienio republicano (1931-1933): LA ACTITUD DE LOS GOBERNADORES CIVILES

Resultado de imagen de Toledo, durante el Primer Bienio republicano4. LA ACTITUD DE LOS GOBERNADORES CIVILES 

Un aspecto de interés que todavía no ha sido suficientemente estudiado, es la forma en que la actuación de los gobernadores civiles influyó en la deriva violenta de los acontecimientos. Es cierto que se daban unas condiciones sociales y polí- ticas que ineludiblemente parecían conducir en esa dirección, pero conviene analizar en qué grado fueron agravadas por las instrucciones de orden público emanadas desde el Gobierno Civil.  

Ya desde la proclamación de la República, la presencia del moderado Miguel Maura en el Gobierno Provisional, ocupando la trascendental cartera de Gobernación, indicaba la obsesión de los nuevos dirigentes por evitar dar muestras de debilidad en un tema tan sensible. Con tal fin se procedió a nombrar a personas afines para ocupar los principales cargos de control político, mientras que en la policía y la guardia civil la tendencia fue al continuismo, probablemente por la ausencia de leales cualificados y por pretender dar la sensación de cambio pacífico. 



Esta política conservadora en los nombramientos no era bien vista por las organizaciones de la izquierda, que criticaban la permanencia de antiguos represores monárquicos. Eso ocurrió en la ciudad de Toledo, donde las sociedades obreras protestaron por la continuación en sus cargos del comisario Seseña y del agente Latorre, represores del tiempo de la dictadura. Distinto fue lo sucedido con los nombramientos de los gobernadores civiles; Maura situó en estos puestos a personas leales que actuasen como agentes de su partido, la Derecha Liberal Republicana

En Toledo hubo seis gobernadores durante el periodo estudiado, según se aprecia en el cuadro 2. En términos generales, su actuación se caracterizó por las siguientes pautas: a) La inestabilidad. La presencia en poco más de dos años de seis gobernadores civiles habla por sí sola. Fueron mandatos tan breves como el del cuñado de Miguel Maura, José María Semprún, cuyo nombramiento parecía tener como objetivo su elección como diputado en las Cortes Generales, de modo que, una vez conseguido, se procedió a su sustitución. Igualmente breve fue el mandato de Luis Fernández de Valderrama, si bien en este caso su destitución obedeció a su ineficiencia en el desempeño de su cargo, según veremos más adelante. 

Lo cierto es que, en esos momentos, Toledo era una de las provincias más complejas para gestionar el orden público. Las presiones continuas de los socialistas por un lado y la de los propietarios agrarios por otro, trazaban una línea intermedia en la que los representantes del Gobierno no supieron situarse. Como consecuencia nunca existió un programa de actuación autónomo, adaptado a las circunstancias del territorio y con suficiente flexibilidad para afrontar cuestiones relevantes. b) Política represiva y enfrentamientos con las fuerzas de izquierda. Desde la formación del Gobierno Provisional, quedó claro que la preservación del orden pú- blico era prioritario para los nuevos gobernantes. Sin embargo, en unos tiempos de grandes transformaciones como aquéllos, era cuestionable que el concepto de orden público se identificara con el que había establecido la Monarquía . 

La llegada a Toledo del primer gobernador republicano, José María Semprún, aseguraba la identificación con la línea dura del Ministro Miguel Maura. Éste ya había dejado claros sus criterios en una circular emitida pocos días después de los asaltos a edificios religiosos30. Las demandas de rigor y dureza en la política de seguridad pú- blica fueron fielmente seguidas desde Toledo, según lo atestiguan las posteriores comunicaciones entre el Gobernador y el Ministerio31 . Pero el momento álgido de la represión contra las organizaciones de izquierda fue protagonizado por Luis Fernández Valderrama. A su cargo estuvo la nefasta actuación de la guardia civil en los sucesos de Corral de Almaguer32, ejemplo de desmesura en el tratamiento de un conflicto que se había iniciado en una simple reunión de obreros en una era, para concluir con la muerte a tiros de cinco campesinos en la plaza mayor del pueblo. Sin duda ese hecho condujo a su destitución y a ser calificado como el nuevo «Martínez Anido». 

Una política más ecuánime, aunque discutida por los socialistas,fue la desarrollada por Manuel Asensi Maestre, el gobernador que más tiempo permaneció en el cargo. Pero los datos nos hablan de claroscuros en su gestión, pues simultaneaba la imposición de sanciones a los propietarios que no respetaban las bases33, e incluso solicitaba su encarcelamiento34, con una descarada política de propaganda a favor del partido radical y de enfrentamiento con los socialistas35 . La respuesta de la izquierda fue el desencadenamiento de una campaña organizada que buscaba su cese, para lo que remitieron cartas a Casares Quiroga desde las sociedades obreras, casas del pueblo y delegaciones del partido socialista pidiendo que fuera destituido.  

Finalmente la campaña tuvo éxito y Asensi se vio forzado a dimitir. Según él, su dimisión tenía una doble motivación: 
a) su marginación en la solución del problema campesino que afectaba a Talavera, donde el ministro le había ignorado encargando la gestión a Valdés, alcalde de la ciudad; 

b) la razón principal parecía residir en la rivalidad creciente entre Lerroux y los socialistas37, contienda en la que él había sido un elemento pasivo. 

Más del agrado del bloque socialista toledano resultaron los gobernadores Álvaro Botella e Isidro Liarte que por el contrario, fueron criticados por los propietarios y la derecha en general. La conclusión lógica de todo lo anterior es que la labor de los gobernadores de la República en Toledo constituyó un rotundo fracaso. Su naufragio en la gestión del sistema de seguridad y orden público en la provincia era, por otra parte, fiel reflejo de lo que sucedía a escala nacional. 

El nuevo régimen desarrollaba una polí- tica errónea en uno de los ámbitos básicos del poder ejecutivo. La necesaria modernización del sistema de orden público no se produjo y los gobernadores civiles actuaron de la misma forma y con las mismas herramientas que lo habían hecho sus antecesores monárquicos. 

Y todo ello en una sociedad que poco tenía que ver con la anterior. Con gran sagacidad situaba la cuestión el primer alcalde republicano de Toledo José Ballester Gozalvo, cuando debatía con el gobernador Manuel Asensi Maestre en torno a su dimisión; así definía lo que debía ser un gobernador republicano: Ser gobernador republicano es seguir procedimientos distintos a los de la monarquía, respetar en todo momento la constitución y que ésta sea en manos del gobernador, el instrumento que ampare los derechos ciudadanos.

5. LA POLÍTICA DE ORDEN PÚBLICO 

La intervención de la Guardia Civil fue uno de los rasgos más criticables y destacados de la política de orden público de la II República. Cuestión de notable interés para la historiografía moderna, nos interesa ahora analizar su repercusión en el ámbito local toledano. El nuevo régimen que nació el 14 de abril de 1931 no tenía como una de sus prioridades la reforma del sistema de orden público de la Monarquía. 

En consecuencia, desestimó la configuración de un esquema de libertades propio de un ré- gimen democrático, el resultado fue un déficit de derechos colectivos e individuales entre los que la negación del derecho de reunión era el más destacado. Un caso paradigmático en este sentido lo constituye el ya mencionado de Corral de Almaguer, en septiembre de 1931. Es éste el suceso de mayor gravedad de cuantos estamos tratando: cinco campesinos muertos por disparos de la guardia civil. Lo más relevante es que el origen del incidente se halla en una simple reunión de jornaleros, suspendida por un celoso funcionario. 

Se reunieron en este caso los componentes necesarios para hacer inevitable la tragedia; a saber: una legislación restrictiva del derecho de reunión; un gobernador civil recién llegado e imbuido de la dureza represiva del ministro Miguel Maura40 , y unas fuerzas de la Guardia Civil sin preparación ni disposición adecuada para hacer frente a situaciones de este tipo. 

En relación a lo anterior, numerosas voces republicanas se habían alzado en demanda de nuevos métodos para el mantenimiento del orden público y una adecuación de las técnicas y medios de la Guardia Civil. El máuser, principal arma de dotación, era también el emblema de sus dos mayores defectos: la contundencia incontrolada en la represión y su dependencia militar . 

Pero los cambios no se produjeron y siguió predominando un modelo político de orden público por encima del profesional. Por eso, lo prioritario en la política de seguridad será la preocupación por la ocupación militar del territorio y la represión de las actividades contrarias al sistema establecido . 

Todo ello desembocaba en un esquema policial rígido a par-tir de planes de despliegue muy amplios, pero limitados en hombres. Un ejemplo clarificador sería el «Plan de concentración para grave alteración de Orden Público» de la provincia de Toledo . Se trataba de propósitos imposibles de cumplir eficazmente, puesto que se partía de un número muy reducido de efectivos y medios de transporte escasos y anticuados. En definitiva, se soslayaba la necesaria reforma de un cuerpo que debería haberse orientado hacia la investigación y persecución del delito común. La cadena de incidentes sangrientos sucedidos, entre otros lugares en Toledo, es muestra de las consecuencias que tuvo el grave error de dejar de lado la reforma de un sector tan importante de la Administración policial. 

Pero si se quería hacer de la Guardia Civil un cuerpo policial adecuado a la nueva situación política, eran imprescindibles reformas de mayor calado y que tenían que ver con el inconsciente colectivo; había que vencer la impopularidad de este cuerpo entre las masas campesinas. La tarea se presentaba tan descomunal, que probablemente fue la razón que condujo a los políticos republicanos a buscar otra solución. El propio Maura reconoció que otro cuerpo policial mejor dotado y preparado podría enfrentarse más acertadamente a la inseguridad44 y, pese a ello, renunció a introducir reformas en dicha institución. 

La creación de una nueva fuerza de seguridad parecía ser la opción más adecuada. Surgió así la nueva Sección de Asalto. Dotada con sable, pistola y porra pero no con máuser, padecía sin embargo defectos importantes, como el carácter castrense de sus mandos, que muy pronto le impregnará, o la politización de la gran mayoría de sus miembros. Ciertamente el nuevo cuerpo de seguridad alcanzó pronto un notable éxito entre las masas republicanas, y en muy poco tiempo contaba con más de mil guardias y numerosos aspirantes. Y fue precisamente en Toledo donde sufrió sus primeras bajas. A principios de marzo de 1932, en la capital provincial, la Unión Local de Sindicatos (ULS) había declarado una huelga en demanda de medidas contra el paro forzoso. 

Las manifestaciones de huelguistas y los incidentes se extendieron por la ciudad, y en esas condiciones se produjo la primera intervención de los guardias de asalto. En los enfrentamientos resultaron heridos muy graves los guardias Estera e Ibáñez, que murieron posteriormente. Para la prensa católica los disparos fueron obra de pistoleros comunistas, y de hecho, las detenciones que se produjeron a continuación, afectaron a miembros de dicho grupo, entre ellos el abogado Virgilio Carretero. 

Pero el elemento más definitorio de la política de seguridad durante el primer bienio republicano fue sin duda la Ley de Defensa de la República. Aprobada en octubre de 1931, pretendía atender las amenazas que acechaban al nuevo régimen y que, a los ojos del sector más conservador del Gobierno Provisional, poní- an en peligro el futuro republicano. En su esencia la nueva norma apoyaba los mé-todos tradicionales en la gestión del orden público; se trataba de un recurso a la legislación especial, como se había hecho durante la Monarquía, al mismo tiempo que desechaba la posibilidad de profundizar en el desarrollo de las libertades y de un modelo de seguridad acorde con el sistema democrático. 

Con acierto ha destacado Manuel Ballbé la inconsistencia legal a que dio lugar la publicación de la ley subrayando la contradicción que se produjo entre dicha ley y el Título III de la Constitución que se aprobó meses después, pues mientras la norma constitucional establecía un régimen garantista de derechos y deberes de los ciudadanos, la Ley de Defensa de la República se situaba en el terreno de la excepcionalidad . 

La eficacia de esta norma fue muy limitada. Únicamente podemos apuntar que al menos supuso un freno a la influencia del poder militar en el orden público. Pero el Ministerio tenía el firme propósito de aplicar la ley en toda su potencialidad. En consecuencia remitió circulares al gobierno civil, pidiendo informes sobre personas extremistas de la provincia a las que se les pudiese aplicar dicha ley, 47 y demandando el control de la prensa provincial. 48 Y en ese sentido, los gobernadores civiles toledanos fueron especialmente sumisos a las instrucciones procedentes de Madrid. 

El impulso ministerial debió animar al Gobierno Civil a utilizar este instrumento legal de forma abusiva, hasta el punto de que, poco después, fue necesario advertir sobre los excesos que se estaban produciendo en su aplicación; se llegaba incluso a mantener en prisión a detenidos que previamente habían sido excarcelados por el juez, sin calibrar siquiera la gravedad del delito cometido. 49 Empezó a generalizarse la aplicación de la norma, concebida con carácter excepcional, a cuestiones de índole ordinaria como la mera rivalidad entre propietarios y jornaleros; así actuó el gobernador Manuel Asensi cuando impuso multas de 1.000 pesetas a varios propietarios de Gerindote acusándoles de «reincidencia y obstrucción sistemática» por negarse a cumplir las bases de trabajo. 

Pero, mayor celo funcionarial mostró su sustituto, el gobernador Juan Serrano Piñana, cuando remitió al Ministerio de la Gobernación un librillo de papel de fumar confiscado en un estanco de Torrijos, marca «Nacional», que utilizaba en su envoltorio los colores de la bandera monárquica. Sostenía Serrano que dicho librillo «constituía una provocación para los elementos republicanos». 

En consecuencia, los instrumentos de los que se dotó la República para estructurar un sistema de seguridad adecuado a la nueva situación no cumplieron las expectativas previstas. Además, la timidez de las reformas apenas consiguió retocar la superficie de unos problemas que amenazaban la propia supervivencia del régimen.6. 

CONCLUSIONES 

1. Durante los años del bienio republicano reformista tuvo lugar en Toledo un movimiento de concienciación política de gran alcance. Este proceso resultó especialmente llamativo porque se daba en una zona donde la sociedad tradicional parecía inamovible. Partiendo de una situación de injusticia atávica, las clases populares de la provincia depositaron sus esperanzas en el nuevo régimen y se dispusieron a defender lo que consideraban una ocasión histórica. 

A tal efecto se construyó de la nada y a gran velocidad, una estructura organizativa que canalizase sus reivindicaciones. En muy poco tiempo brotaron en los pueblos sociedades obreras, sindicatos y delegaciones de los partidos de izquierda. Entre los campesinos toledanos, acuciados por un paro muy elevado, empezó a popularizarse el debate político que les familiarizó con principios ideológicos revolucionarios. Y de esa contienda de ideas, a la que se unió la polémica en torno a la praxis, surgió una división en el mundo de la izquierda. 

Frente a una alternativa moderada y posibilista encabezada por el PSOE y la UGT, se encontraba la línea intransigente del PCE, partidario de ir a la revolución proletaria de manera inmediata. La batalla entre ambas concepciones tomó caracteres preocupantes, que más tarde tendrían una proyección conocida por todos. 

De esta forma, Toledo se convirtió en la provincia con mayor número de afiliados a sindicatos en sus ramas agrarias, y el nivel de politización de las capas obreras permitió el desarrollo de acciones reivindicativas propias de situaciones revolucionarias. Consecuentemente, las masas rurales se proveían de un cuerpo ideológico que las capacitaría para la lucha social que las enfrentaba a los propietarios agrícolas y a la derecha sociológica. Ésta también había pasado por un proceso, si no de concienciación, sí de reconstrucción del contenido ideológico. 

El derrumbe de la derecha monárquica forzó la aparición de nuevas alternativas políticas, capaces de aglutinar el apoyo de las siempre cuantiosas masas derechistas de la provincia. Su trabajo en pueblos y parroquias de todo Toledo terminó fructificando en el triunfo electoral de noviembre de 1933. 

2. Cuando las masas proletarias adquirieron conciencia de su situación, iniciaron el camino hacia la transformación social. El cambio político permitió llevar más lejos las demandas obreras; objetivos de corto plazo cedieron el paso a otros de largo alcance, de carácter estructural. El reforzamiento de las posiciones de izquierda y la vulgarización de usos violentos favorecían la vía de las conquistas sociales. 

De otra parte, la oposición del renovado bloque derechista, unido ante la presión obrera, dio lugar al desencadenamiento de infinidad de incidentes en los que la violencia fue elemento esencial. Huelgas, ocupaciones de tierras, pueblos durante el Primer Bienio republicano... sublevados... actos todos ellos que terminaban siendo reprimidos contundentemente por la Guardia Civil. 

Es una agitación que se nutre de acciones violentas propias del siglo anterior, junto con otras modernas que recurren a la insurrección y al enfrentamiento con las fuerzas policiales. Treinta y dos muertos y más de 60 heridos en poco más de dos años fue el trágico producto de estos tiempos. Estas cifras corrigen al alza las hasta ahora existentes, y aún hemos dejado algunas más, pendientes de ulteriores investigaciones, puesto que, de momento resultan dudosas. 

3. La agitación social que vivió Toledo entre 1931 y 1933 no se explicaría sin la intervención de un factor decisivo: la errónea política de orden público de la República. La gestión de esta parte de la Administración por los sectores más conservadores del Gobierno sentó las bases de una línea de actuación anclada en los hábitos del régimen anterior. En la zona geográfica que estudiamos, los efectos de esta política incrementaron la gravedad de la situación. 

Tres pilares básicos de la acción del gobierno fracasaron en sus funciones. 

1) Los gobernadores civiles, de manera general, pecaron de inestabilidad y falta de compromiso con un esquema de orden público verdaderamente democrático. Además, en no pocas ocasiones, su permanente recurso a la contundencia represiva concluía agravando las acciones de protesta obrera que pretendía solventar. Así pues, fueron incapaces de implicarse en la provincia y comprender los complejos problemas sociales que afectaban a buena parte de la población. 

2) Mientras tanto la Guardia Civil siguió siendo el más importante instrumento de la acción ejecutiva. Su identificación con los intereses de la derecha y su tradicional abuso de la represión indiscriminada la convertía en enemiga de la clase trabajadora, eliminando cualquier capacidad mediadora. 

3) Tampoco la creación de un nuevo cuerpo policial, la Guardia de Asalto, resolvió el problema de la presencia de los militares en el orden público ni la politización de quienes debían preservarlo. La Ley de Defensa de la República constituía el brazo legal que debería dotar al régimen del 14 de abril de estabilidad y seguridad. 

Sin embargo, su escasa eficacia y la contradicción que se estableció entre esa ley excepcional y la nueva constitución republicana condicionan nuestra visión sobre la misma. Por tanto, concluyamos que la política de seguridad y orden público de la Segunda República jugó un papel determinante en la dinámica de agitación social que tuvo lugar en Toledo durante el primer bienio republicano. 

Unas fuerzas de seguridad renovadas y con métodos adecuados podrían haber limitado el alcance de los conflictos que hemos referido. Lejos de ello, la actuación cotidiana de esas fuerzas, bajo la dirección política del Gobierno Civil, convirtió meros incidentes de orden público en actos de violencia extrema que retroalimentaban el odio de los campesinos hacia la Guardia Civil. 

En definitiva, aunque sólo tuviésemos en cuenta el aspecto cuantitativo de los sucesos violentos que hemos estudiado, podríamos afirmar que Toledo fue una provincia de primera línea en la lucha política y social durante los primeros años de la Segunda República. Pero si además revisamos la tipología de los sucesos, podemos concluir que nos hallaríamos, cuanto menos, en el inicio de un proceso 

© UNED. Espacio, Tiempo y Forma 223 Serie V, Historia Contemporánea, t. 20, 2008 de revolución social. 

Acotándolo en el tiempo, diríamos que el primer bienio representó en Toledo el prólogo de un fase revolucionaria que, obviando el período derechista de la República, tendría continuación en la primavera revolucionaria de 1936 y en los años de la guerra civil.

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Jardines del Prado (I) : La Casa de los Patos

JARDINES DEL PRADO (1) LA CASA DE LOS PATOS

HISTORIA

Comenzamos hoy la descripción de los Jardines del Prado con fotos antiguas y actuales.

Desde antiguo fue el lugar que hoy ocupan los jardines del Prado una zona de paseo y esparcimiento de los talaveranos que, además, unía la ciudad con su más significativo monumento, la ermita del Prado. Desde hace siglos tuvo la zona esa misma finalidad y ya aparece en documentos del siglo XVIII como “alameda de recreo”. 

En algunos planos ingleses de la Batalla de Talavera figura sobre la zona del Prado la palabra “gardens”, es decir jardines. Pero es en 1864 cuando se trazan las primeras glorietas. Una noria era la encargada de regar los jardines durante el siglo XIX, hasta que en 1875 se proyecta la primera fuente que tiene un diseño rústico. Pero en 1925, con el proyecto del nuevo parque llamado de Alfonso XIII, Ruiz de Luna diseña la fuente monumental de cerámica y otras de menores dimensiones situadas en las pequeñas “rotondas”.



El periodista Santiago Camarasa describía así el parque en 1930 : «Su hermosa alameda central, con el grandioso fondo de la ermita de la Virgen del Prado- el maravilloso museo de la vieja cerámica talaverana – bordeada toda con pérgolas y grandes macetas, sobre machones de ladrillo; sus magníficas rotondas con la original y grandiosa fuente de cerámica, rodeadas de sencillos y bonitos bancos; sus plazoletas tan lindísimas y atractivas, con blbliotecas públicas -que invaden los lectores-, con grandes jaulas de canarios, de pájaros diversos americanos y dos monos- el encanto de la gente menuda-; su precioso estanque y casita para patos y palomas; su singular rosaleda; su esbelto templete para la música».

Fue el alcalde Justiniano López Brea y el concejal, y gran pintor ceramista, Francisco Arroyo quienes impulsaron con ilusión el proyecto de dotar a Talavera de su zona verde más emblemática. La aportación de Ruiz de Luna fue importantísima y en muchos aspectos desinteresada, también la donación de veintidós mil pesetas que hicieron el marqués de Mirasol y su hermana doña Vicenta de Palavicino ayudó a la ejecución de las obras que fueron dirigidas por el arquitecto municipal Pérez del Pulgar.

Se trata, por su distribución geométrica, de un parque de estilo francés, pero el significativo papel que la cerámica protagoniza en su decoración, la utilización del ladrillo y la importancia que se otorga a las pequeñas fuentecillas, hoy desaparecidas, no deja, en fin, de ser una estética adecuada por la influencia cultural que el legado árabe y mudéjar dejó en las tradiciones talaveranas. No debemos dejar de remarcar la peculiaridad de las construcciones complementarias como el edificio de los urinarios, cuyo aire musulmán hizo que los talaveranos lo bautizaran con el nombre de “La Mezquita” o el elemento que tal vez es el más entrañable de todos: La Casa de los Patos que traemos hoy en fotografías y postales.

LA CASA DE LOS PATOS

Ha sufrido numerosas modificaciones por el desgaste de los años o por vandalismo, aunque permanece la estructura básica original.

Es llamada la casa de las Palomas en algunos textos y postales por ser la parte superior un palomar, aunque la parte inferior sirve de refugio a los patos, que han dado el nombre popular al estanque. Es muy probable que se construyera con la reforma de los años veinte en que intervino Ruiz de Luna que decora el vallado y el mobiliario urbano con cerámica de arista.


La casa de los Patos en la que parece la imagen más antigua de la misma, con el vallado del estanque y diferentes del actual. y las grandes piñas cerámicas en las esquinas. No está aún el kiosko que se instaló posteriormente al este de ella. Postal de la Librería Camino de 1927


La casa de los Patos en una postal de Arribas de 1944. Vallado diferente


La Casa de los Patos en una foto de los años cincuenta.


La casa de los Patos en una postal coloreada de García Garabella de 1954 pero ya con el kiosco junto a ella

La casa de los Patos en una postal de los años 70 ya con el vallado actual

Los talaveranos disfrutando del estanque de los Patos en una postal de los años 70

http://lamejortierradecastilla.com/la-casa-de-los-patos/

lunes, 20 de marzo de 2017

Los Dos Yacimientos Arqueológicos de Alcolea

ALCOLEA Y DOS YACIMIENTOS ARQUEOLÓGICOS

CAÑADA LEONESA ORIENTAL IX

DOS YACIMIENTOS ARQUEOLÓGICOS Y ALCOLEA



En el entorno del muro del embalse de Azután hay dos yacimientos arqueológicos que visitaremos así como el aula de interpretación de los mismos que se halla en el poblado de El Bercial, uno de esos “pueblos nuevos” de colonización para a continuación visitar el pueblo de Alcolea siguiendo con la cañada.Yacimiento paleolítico de Puente Pino

Cerca del muro del embalse, se sitúan dos importantes yacimientos arqueológicos que están siendo excavados actualmente, uno de ellos es el llamado de Puente Pino, pertenece al paleolítico y está junto al aparcamiento de la presa, dentro de un pinar. Se han encontrado en su estudio numerosos útiles tallados de piedra.

Recreación de taller paleolítico de Puente Pino en el aula de interpretación del yacimiento en El Bercial

También se está excavando un castro de la segunda edad de hierro,un poblado vettón amurallado situado en el cerro de La Mesa, aunque hay una ocupación anterior de la primera edad del hierro, en el conocido como periodo orientalizante. 

En el poblado de El Bercial se ha instalado un aula de interpretación del yacimiento que también es visitable, por lo que podremos conocer los materiales hallados en la excavación y las formas de vida de las gentes que lo habitaron.

Parte del bocado de un caballo decorado del yacimiento de La Mesa

ALCOLEA

Después de hacer las excursiones al muro del embalse con sus yacimientos arqueológicos, o al Bercial de San Rafael, volvemos a la cañada y vamos a Alcolea de Tajo. 

A la izquierda del camino, al sur de la población, se encuentra el paraje de Vaciatrojes. 

Allí se han encontrado restos de animales prehistóricos en las excavaciones de una gravera. Se trata de huesos de mamut (Elephas Antiqus) y de cérvidos (Cervus Elaphus) datados en el cuaternario. 

Junto a ellos también se han hallado cantos rodados tallados por el hombre del paleolítico que cazaba en estas terrazas del Tajo. 

También se está excavando un yacimiento del paleolítico inferior en Puente Pinos, cerca del muro del embalse de Azután.Recreación del yacimiento vettón de La Mesa

Las fértiles tierras ribereñas de los grandes ríos estuvieron pobladas desde la prehistoria por lo que en estas estratégicas vegas de Alcolea, además de con los restos arqueológicos aludidos anteriormente, podemos tropezarnos con yacimientos de la Edad del Bronce situados en elevaciones cercanas. 

Ya hemos visto cómo los romanos dejaron también su impronta en la zona, como en la cercana finca Torrejón. En la finca El Rincón se han encontrado, además de un verraco, capiteles labrados y columnas como muestra del paso de los visigodos por estas vegas.Artesonado mudéjar de la iglesia de Alcolea

La huella musulmana la lleva Alcolea en su propio nombre pues “Al-culay´a” quiere decir “el castillejo” en árabe. Tras la reconquista de la comarca, la que entonces se llamaba Alcolea de Talavera es cedida por Alfonso VI al arzobispo de Toledo D. Bernardo. Pero es en el siglo XIV cuando otro arzobispo, relacionado con estas tierras por las propiedades de su madre doña Juana Duque, funda en la jurisdicción de Alcolea, como más tarde veremos, la Villafranca de la Puente del Arzobispo. Alcolea también estaba vinculada a los señores de Oropesa y eran ellos quienes nombraban a los justicias desde que el rey Felipe II, que la había recibido de los arzobispos toledanos, se la vendió a Cosme de Meneses, de la casa de Oropesa.Arquitectura popular en adobe de Alcolea de Tajo

Desde la fundación de la Villafranca se fue desplazando el centro económico de la zona hacia el entorno del puente por el que cruzaban miles de peregrinos y ovejas merinas. Al mismo tiempo se fue desarrollando una importante actividad artesana en los alfares de Puente del Arzobispo, que fue adquiriendo mayor número de pobladores y aumentando su caserío, aunque su expansión se encontró con el problema de la escasa extensión de su término pues el territorio de Alcolea rodea completamente al pueblo de la cerámica verde.

Si damos un paseo por el caserío de Alcolea podemos observar que su arquitectura popular se caracteriza por el empleo del adobe y el tapial como material de construcción. Es tal vez, junto a Alcañizo, la localidad de la comarca en la que este tipo de edificaciones en barro son más abundantes. De unas charcas cercanas se extraía el barro adecuado que se amasaba con paja para darle más consistencia y resistencia. Un molde llamado “gradilla” daba forma a cada uno de los adobes que más tarde se dejaban secar al sol.Iglesia de Alcolea de Tajo

El ladrillo nos habla también de las tradiciones mudéjares de la comarca y su expresión más hermosa es la original torre de la iglesia parroquial adornada con tres niveles de arquerías. Su advocación es la de Nuestra Señora de la Asunción y se celebra el 15 de Agosto, aunque la fiesta grande del pueblo se dedica a la Virgen de los Dolores el 12 de Mayo continuándose con la festividad de San Isidro el día 15 del mismo mes.

En cuanto a la artesanía, algunos de los talleres de cerámica de Puente se han instalado en el ámbito del pueblo hermano de Alcolea.

http://lamejortierradecastilla.com/alcolea-y-dos-yacimientos-arqueologicos/#more-4012


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