jueves, 17 de agosto de 2017

Garrote vil a los «Marines» en un prado de Navahermosa

ENRIQUE SÁNCHEZ LUBIÁN - ESBOZOS PARA UNA CRÓNICA NEGRA DE ANTAÑO (II)

En octubre de 1892, los hermanos Tomás y Raimundo Guzmán robaron en una casa de Mensabas y mataron a los dos viudas que allí vivían; fueron condenados por asesinato

Plaza de Navahermosa, localidad donde se celebró la ejecución de los «Marines» y , a la derecha, rollo jurisiccional de Mensalbas, localidad natural de los hermanos Guzmán Marín y lugar donde se cometieron los crímenes - ARCHIVO DIPUTACIÓN PROVINCIAL DE TOLEDO

Considerando que los reos de pena capital en sus horas postreras solían ser objeto de afrentas y despiadada curiosidad, derivando muchas ejecuciones en escándalos que turbaban el «recogimiento» que debía presidir tan crucial momento, en 1894 don Antonio Maura, a la sazón ministro de Gracia y Justicia, promovió una real orden por la que se determinaba que estas sentencias fuesen materializadas en el interior de las cárceles y no en espacios abiertos a los vecinos.



Diferentes localidades se arrogan el privilegio de haber acogido la última ejecución pública de España. Murcia con Josefa «La Perla», Tineo (Asturias) con Rafael Gancedo oValderrobres (Teruel) con Lorenzo Alegre son algunas de ellas. A esta siniestra lista podría sumarse la población toledana de Navahermosa, donde el 30 de abril de 1897 fueron agarrotados los «Marines», dos hermanos de Menasalbas condenados por asesinato.

El uno octubre de 1892, Tomás y Raimundo Guzmán Marín, con mala fama de jugadores, robaron en una casa de Menasalbas donde vivían dos viudas: Felipa Díaz Espinosa e Isabel Iglesias Medina, de ochenta y setenta años respectivamente. Al día siguiente volvieron a la misma buscando mayor botín y las asesinaron. Una recibió una puñalada en el pecho y la otra fue degollada. Pasó un tiempo hasta que fueron detenidos. Cuando llegó ese momento ya llevaban sobre su conciencia otro asesinato más, el de un joven hortelano quien en una discusión les insinuó conocer que ellos eran los autores de aquellas horrorosas muertes. Sometidos a juicio fueron condenados a muerte, quedando ingresados en la cárcel de Toledo, ubicada en el antiguo Convento de Gilitos.

Allí pasaron tiempo hasta que la ejecución fue fijada para el 30 de abril de 1897 en la localidad de Navahermosa, cabeza del partido judicial donde cometieron sus crímenes. Aunque por entonces las ejecuciones ya no debían ejecutarse en publico, la ley parecía ser papel mojado. Señalado lugar y fecha para cumplir la sentencia, en la prensa se sucedieron informaciones que, pese a lo trascendente y grave de su trasfondo real, bien hubieran podido servir a Luis García Berlanga o Billy Wilder como inspiración para sus magistrales películas «El verdugo» y «Primera Plana».

El 28 de abril llegó a Toledo Salustiano de León, ejecutor de la justicia en Cáceres, quien era uno de los dos verdugos designados para la ejecución. De su llegada a la capital dio cuenta Federico Lafuente en las páginas de La Época. Según relató, en la Plaza de Zocodover tuvo que intervenir la guardia municipal para «impedir la aglomeración de curiosos» que deseaban verlo. El cronista le definió como hombre de «fisonomía dura y mirada inquieta», añadiendo que «presume de conocer perfectamente su repugnante oficio y habla de él con gran entusiasmo». Tanto, que concedió una breve entrevista al periodista toledano.

De León, de cincuenta y tres años de edad, le confesó que era natural de Toledo, donde en su juventud había sido zapatero. Llevaba once años de verdugo y en ese tiempo había ejecutado a ocho reos y le habían indultado a diecisiete. «Me presento a todos –añadía- con finura y procuro animarlos». Era ejecutor de cuarta categoría y cobraba por esos servicios 4,50 pesetas diarias. Como para cumplir la pena capital de Navahermosa también se había designado a un ejecutor de Madrid, Lafuente le preguntó quién de ellos intervendría. «No lo sé –respondió-; pero como se trata de un compañero que no ha practicado mucho, podría ocurrir un contratiempo; veremos lo que disponen, y si a mí me encargan la ejecución de los dos, la haré con mucho gusto».

Para rematar sus declaraciones, el verdugo mostró al periodista los hierros del garrote que traía, indicándole que el mismo había sido realizado por un herrero que unos meses después «lo estrenó», pues había matado a su esposa. La llegada de Salustiano a Toledo había sido precedida de una compañía del regimiento militar de Cuenca destinada a intervenir como piquete durante la ejecución.

Encabezamiento del suplemento especial publicado por El Día de Toledo con todos los detalles de las ejecuciones de Navahermosa

Por entonces, los dos hermanos ya estaban en la cárcel Navahermosa. En las páginas de El Día de Toledo se ofrecieron detalladas noticias de las horas previas a la ejecución. Salieron de la prisión toledana a las cinco de la mañana del día 26 conducidos en un coche preparado al efecto escoltados por fuerzas a caballo de la Guardia Civil. En cada pueblo que pasaban (Polán, Gálvez y San Martín de Montalbán) el vecindario se echaba a la carretera para verlos.

Los penados «iban tranquilos, fumando y conversando con los guardias». En mitad del camino hicieron una parada en la Casilla de los Pascuales, cerca del Torcón, donde almorzaron una tortilla de jamón que les habían preparado en la cárcel y compartieron chorizo que llevaba la escolta.

Al llegar a Navahemosa pidieron para cenar sopas con huevo, exigiendo, matizaba el cronista, que se las «hicieran bien». Poco después llegaron también a la localidad monteña los dos verdugos. Salustiano vestía chaqueta y chaleco de paño negros, pantalón rayado, sombrero ancho y capa.Julio González y Hernández, director de El Día de Toledo durante veintitrés años

En las horas previas a la ejecución, los acontecimientos se sucedían en Navahermosa. Las fuerzas militares venidas desde Cuenca hicieron su entrada si que se diese ninguno de los toques de corneta reglamentarios, para no alertar a los «Marines» de su presencia. Uno de los reos, Tomás, recibió la visita de su mujer. Tomaron chocolate, en varias ocasiones, y cocido. Para asistirles espiritualmente llegaron sacerdotes de varias localidades y se constituyó una hermandad de caridad para confortarles en sus últimas horas. La capilla quedó instalada en el piso superior de la cárcel, estando presidida por una imagen de la Inmaculada Concepción. El día 29, un maestro carpintero, apellidado Francisconi, levantó el patíbulo en un prado a la entrada del pueblo, mirando el mismo hacia Menasalbas, lugar natal de los penados y donde cometieron sus crímenes.

El momento crucial se acercaba. Entre las doce y la una de la madrugada, Tomás volvió comer sopa de cocido y un trozo de carne. Su hermano solo bebía agua de naranja, aunque un teniente de la Guardia Civil le convenció para que tomase una copa de jerez y dos bizcochos. Él, no fiándose, pidió al oficial que los probase primero. El doctor Julián Sánchez Izquierdo, quien les atendía, les tomó el pulso. Uno tenía 88 pulsaciones, el otro 96. A las cinco de la madrugada volvieron a tomar chocolate con leche. A las siete se presentó ante ellos el ejecutor (al final intervino el verdugo llegado desde Madrid) y se presentó. «¿Me conocéis? –les dijo-; soy el ejecutor de la justicia y vengo a ejercer mi triste misión». Tomás le respondió: «no te conozco, pero supongo quién eres y qué oficio tienes; yo por nada lo tendría».

Una hora después, antes de subir el carro que les trasladaría hasta el patíbulo, Raimundo pidió un vaso de agua, siendo recriminado por su hermano: «¿no te puedes aguantar dos minutos, que dentro de ese tiempo no la necesitas?». En el lugar de la ejecución se congregaron más de mil personas procedentes de los pueblos cercanos. Ya ajusticiados, los cadáveres permanecieron en el tablado, custodiados por la Guardia Civil, hasta las seis de la tarde, hora en que fueron llevados al cementerio. La hermandad de caridad recogió ochenta pesetas en limosnas, con las que se pagaron las cajas y se entregó el resto a sus familiares.

Para responder al morbo que estas ejecuciones habían levantado, El Día de Toledo dedicó a ellas detalladas crónicas. Tanto interés despertaron estas reseñas, que el lunes tres de mayo el periódico sacó a la venta un suplemento especial, al precio de cinco céntimos, la mitad de su precio habitual, recopilando cuanto había ocurrido. «Cumplida la justicia humana –concluía el relato-, que la Divina les acoja en su seno, deseando que la provincia no vea repetirse en mucho tiempo tan conmovedor espectáculo y haciendo votos por que ningún desgraciado sienta sus facultades ofuscadas y se manchen sus manos con el crimen». Este diario, que se imprimía en los talleres tipográficos de los Hermanos Menor, estaba dirigido por Julio González y Hernández, uno de los periodistas más activos de aquella época en Toledo.

Doctor en Filosofía, archivero, bibliotecario arqueólogo y jefe de la Biblioteca Provincial, González y Hernández dirigió El Día de Toledo entre 1897 y 1920, colaborando además con publicaciones como La Correspondencia de Toledo, El Turista, La Campana Gorda y el Boletín de la Sociedad Arqueológica de Toledo, entidad de la que era miembro. También fue corresponsal de La Vanguardia de Barcelona. Cuando falleció, en 1932, estaba considerado como el decano de los periodistas toledanos.

Las ejecuciones de los «Marines» aún son recordadas en la comarca de Navahermosa. El investigador Ventura Leblic, presidente de la Asociación Montes de Toledo y tataranieto de una de las mujeres asesinadas, Isabel, publicó una amplia reseña de las mismas en el número 150 de la Revista de Estudios Monteños.Grabado de Gustavo Doré mostrando una ejecución por garrote vil en Barcelona

Mientras los cuerpos sin vida de los hermanos Guzmán permanecían sobre el patíbulo, en Madrid se reunía en Consejo de Ministros presidido porCánovas. A la entrada al mismo, los periodistas preguntaron al ministro de Gracia y Justicia si entre los expedientes de indultos que iba a tratar el Gabinete figuraba el de los reos toledanos. Impertérrito, les comunicó que la pregunta llegaba tarde porque la sentencia ya había sido ejecutada.

Dos días después, en El Liberal de Madrid se hizo público un último colofón a estos dramáticos hechos. Momentos antes de ser conducido al patíbulo, uno de los reos recibió una carta de un hijo suyo comunicándole la buena nueva de que por hechos de armas acaecidos en Cuba, donde prestaba servicios, había sido ascendido a sargento. «La escena que se produjo por este motivo –concluía el despacho remitido telegráficamente desde Toledo- fue desgarradora».

@eslubian Toledo13/07/2016 14:05h 

ENRIQUE SÁNCHEZ LUBIÁN
http://www.abc.es/espana/castilla-la-mancha/toledo/abci-garrote-marines-prado-navahermosa-201607131405_noticia.html

miércoles, 16 de agosto de 2017

Los Molinos de Riofrio

LOS MOLINOS DE RIOFRÍO, PATRIMONIO COMARCAL EN PELIGRO 

Denominación.-
Conjunto etnográfico de los molinos de riofrío

Término Municipal.-
Sevilleja de la Jara, Campillo de la Jara

Situación.-
Riberas de Riofrio en prácticamente todo su recorrido

Categoría.-

Bienes inmuebles

Descripción del Bien.-
En el ámbito de Buenasbodas y Gargantilla, aunque muchos molineros eran de La Nava de Ricomalillo, se localizan gran parte de los molinos de cubo de Riofrío. 

Nada menos que veintitrés artificios se reparten a lo largo de los aproximadamente diez kilómetros de cauce de este río jareño.


Ya hay constancia de la existencia de al menos uno de estos molinos en el siglo XIV y forman un conjunto de gran interés etnográfico pues se aprovecha prácticamente toda la potencia del agua por captarse casi inmediatamente el caudal para mover el rodezno de un molino nada más salir del cárcavo del anterior, aguas arriba.

Son ejemplares de una hermosa arquitectura popular en pizarra con sus pequeñas presas que dan lugar a rincones muy amenos con tablas tranquilas, sus canales y sus rústicos acueductos para salvar los obstáculos, las viviendas de los molineros, las cochineras, los chozos, las majadas y las cuadras que podemos imaginar llenas de vida y formando todo un pueblo que se extendía por las riberas de Riofrío,
Cronología principal.-
Siglos XV-XX

Protección legal.-
Las genéricas del patrimonio autonómicas y estatales

Propietario.-
Diferentes propietarios privados

Valoración del Bien.-
Valor histórico
Valor etnográfico y de arquitectura popular

Principales riesgos apreciados.-
Riesgo de ruina y derrumbe de la mayoría de los elementos

BIBLIOGRAFÍA
Méndez-Cabeza Fuentes, Miguel. Los Molinos de Agua de la Provincia de Toledo, Toledo 1998

http://lamejortierradecastilla.com/los-molinos-de-riofrio-patrimonio-comarcal-en-peligro-3/

martes, 15 de agosto de 2017

Las huellas de los antiguos cementerios de Toledo hasta 1800

Tumbas excavadas en 1972 junto al puente de la Cava y cipos conservados en la Universidad Laboral - RAFAEL DEL CERRO

Vivir y, también, enterrarse en Toledo. La historia y la arqueología ratifican que el Toledo altomedieval, desde los ecos tardorromanos hasta el siglo XIII, tuvo en la Vega Baja su gran tanatorio. Hallazgos de todo tipo demuestran que este paraje extramuros acogió fosas de diversas épocas filiación y creencias. Así, junto a la antigua basílica de Santa Leocadia -considerada como espacio martirial en el s. VI-, hubo inhumaciones visigodas ya estudiadas por el profesor Palol en 1972, siendo más extensa el área musulmana que, entre los siglos VIII y XI, alcanzaría hasta la actual avenida de la Reconquista.



En 1973, al construirse la casi «autovía» de la Cava y el puente del mismo nombre, el profesor Ricardo Izquierdo excavó algunas sepulturas de filiación islámica obradas con una cuidada traza de ladrillo y sus respectivos cipos de piedra. Varios de ellos se llevaron entontes al Museo de Santa Cruz y a los jardines de la Universidad Laboral donde continúan a la vista. Estas piezas cilíndricas tan solo ofrecen un sencillo realce en un extremo, careciendo de inscripciones. En cambio, de mayor calibre son los seis cipos que se encastraron como pequeñas columnas en la puerta del Cambrón, siendo perceptible en alguno de ellos los restos de un texto con letras cúficas.

Cipos en el Cristo de la Vega- Rafael del Cerro

En cuanto a la comunidad judía se sabe que hasta ser expulsada (s. XV) situó sus enterramientos entre la Vega Baja y el Cerro de la Horca, ahora paseo de San Eugenio. En el siglo XIX aquí ya hubo hallazgos de sepulturas, así como a principios del XX estudiadas por Amador de los Ríos, saliendo a la luz lápidas con interesantes inscripciones hoy expuestas en los museos toledanos. Más recientes son las fosas encontradas en el entorno de San Lázaro y en el Instituto Azarquiel, entre los años 2008 y 2013, que el arqueólogo Arturo Ruiz Taboada dató del siglo XIII.

Sin embargo, la impronta cristiana medieval fijó las inhumaciones dentro de la ciudad, en suelo sagrado, en iglesias, capillas y conventos. La Catedral reúne panteones reales, eclesiásticos o nobiliarios repletos de sepulcros, nichos o criptas, habilitándose como novedad, en 1845, en el Cristo de la Vega, el llamado Cementerio de los Canónigos, que también acogería los restos de personas ajenas al cabildo. Por otra parte, varios espacios urbanos anejos a las parroquias fueron antiguos osarios, como los hubo en las plazas de la Estrella, Santa Leocadia, San Andrés, San Justo, etc. Especial mención es el caso de San Lucas, templo elegido por los mozárabes para sus inhumaciones que aún conserva su antiguo y exclusivo patio-cementerio. Curiosamente, esta misma disposición se ha mantenido hasta el siglo XX en la cultura angloamericana, siendo un paradigma que aún, en pleno Manhattan, perviva el minúsculo cementerio de St. Paul's Chapel, contiguo a las Torres Gemelas y que salió indemne de la infausta jornada del 11-S.

   


Los grandes hospitales toledanos también habilitaron camposantos propios para los fallecidos bajo su tutela. El de la Misericordia, fundado en el siglo XV, en los aledaños de la calle Estebas Illán, tuvo su primer patio funerario en la plaza de San Román (ocupada entre 1863 y 1978 por depósitos de aguas), al que siguió otro, desde 1710 en la Vega Baja, destinado ahora por la Diputación Provincial para exposiciones. Este enclave conserva la estructura de los primeros cementerios ya ordenados racionalmente: un solar bien delimitado con su pórtico, la capilla, una galería de nichos para enterramientos distinguidos y, a cielo abierto, las sepulturas en torno a un crucero central. En cambio, ya no queda nada del cementerio hospitalario de Tavera, aun cuando hasta el siglo XIX, en la parte norte de su amplio patio, eran sepultaban los enfermos allí fallecidos u otros llevados en momentos de epidemias.

Señalemos que también alguna potente cofradía, como la de la Santa Caridad, fundada en el siglo XI, llegó a disponer hasta 1858 de un cementerio propio, el Pradillo de la Caridad, junto a al postigo de Doce Cantos. Allí se daba tierra a los ejecutados, ahogados y otros desamparados. En 1864, tras demolerse el ya arruinado exconvento del Carmen, el solar se integraría con el ya clausurado y caritativo camposanto para conformar las bases un nuevo paseo urbano asomado al puente de Alcántara.

Así pues, en Toledo, como en cualquier población española, durante siglos el vecindario vivió entre la muerte. En momentos de graves epidemias se colmataban todos los espacios con tanto cadáver, lo que mermaba aún más la ya precaria salubridad pública. Se señala la peste bubónica desatada en 1781 en Pasajes (Guipúzcoa) y el hedor en la iglesia parroquial como hechos para que Carlos III firmase en 1787 una Real Cédula obligando a los ayuntamientos a crear cementerios fuera de las poblaciones. Las vacías arcas, las habituales dilaciones administrativas y los años de la francesada restaron la diligencia debida para cumplir tan higienista norma. Como se verá en la continuación de esta historia, la ciudad de Toledo comenzaría a «cumplir el expediente» a partir de 1814.

RAFAEL DEL CERRO MALAGÓN - VIVIR TOLEDO
http://www.abc.es/espana/castilla-la-mancha/toledo/abci-huellas-antiguos-cementerios-toledo-hasta-1800-201511011927_noticia.html

lunes, 14 de agosto de 2017

San Cristobal en la Azulejeria antigua de Talavera

 Es curiosa la representación de peces en el río que cruza San Cristóbal y que representa especies del Tajo, salvo una imaginaria ballena.

Réprobo fue un hombre del siglo III y originario de Asia Menor. Su leyenda cuenta cómo buscó al hombre de la tierra más poderoso para ponerse a su servicio. Primero sirvió a un rey, pero observó que en presencia de un juglar que nombraba al diablo en una de sus canciones el monarca temblaba solamente con su mención. 

Decepcionado, contactó con un brujo para que le diera a conocer al demonio y así poder servirle, pero cuando iban por un camino en el que había una cruz, el hechicero se puso a temblar. Réprobo se dio cuenta así de que el Crucificado era realmente el más fuerte y se puso por ello a su servicio convirtiéndose al cristianismo. 



 Conoció después a un ermitaño que vivía junto a un río y le aconsejó que, para ayudar a los demás y hacerse merecedor de servir a Jesús, debería ayudar con su gran corpulencia a cruzar la corriente a los viajeros. En cierta ocasión, cuando llevaba sobre sus hombros a un niño, notó que le costaba un gran esfuerzo pasar el río con su peso, que además iba aumentando a medida que cruzaba por el cauce. Cuando se lo dijo al muchacho, éste le respondió que eso le sucedía porque estaba llevando al amo del universo, ya que él era Cristo. Desde ese momento, 

Réprobo se hizo llamar Cristóbal o Cristóforo, nombre que significa “portador de Cristo”. Cristóbal se bautizó en Antioquia y predicó en Samos de Licia. El santo sufrió martirio y fue sometido a suplicios con barras de hierro y parrillas, además de sufrir varios intentos de ejecución hasta que finalmente fue decapitado.

Su imagen es muy familiar, pues fue representada generalmente en iglesias, catedrales, e incluso a las puertas de las ciudades, ya que era creencia antigua que si alguien se moría habiéndole contemplado se le perdonarían los pecados.

San Cristobal en un panel de azulejos del siglo XVI en la iglesia de El Casar de Talavera

*Iglesia parroquial de El Casar de Talavera. Talavera de la Reina Siglo XVI. Policromía. Altar lateral. Enmarcado en retablillo renacentista en azulejo formado por dos columnas acanaladas con capiteles decorados en color que sostienen motivos de grutescos y venera central. San Cristóbal lleva al niño y se apoya en un árbol. 

Se ve al ermitaño en la orilla del río y en el medallón de recortes con decoración vegetal de la zona inferior del retablo se ha dibujado al que probablemente es el ermitaño de la leyenda de San Cristóbal orando ante un crucifijo.San Cristóbal en azulejería del siglo XVII de la ermita Virgen de Gracia de Velada

*Ermita de la Virgen de Gracia de Velada (Toledo). Retablo lateral. Siglo XVII. Policromía. El niño va sobre los hombros con la bola del mundo. 

Las figuras son esbeltas y el dibujo aunque muy rectilíneo, es seguro y de calidad como puede observarse por lo conseguido de la postura, el rostro o la sugerencia de volúmenes y pliegues de las vestiduras. 

El retablo enmarca las figuras entre columnas, mármoles simulados y cenefas de hojas de acanto y cadeneta, además de recuadro de bandas y filetes azules y amarillos.Azulejería de la iglesia de Piedraescrita del siglo XVI representando a San Cristóbal

*Iglesia de Piedraescrita. Robledo del Mazo (Toledo). Policromía. Siglo XVI. El santo está flanqueado por las imágenes de los Padres de la Iglesia. En las aguas del río se suelen representar peces, anfibios y a veces animales fantásticos. 

En el caso de la azulejería talaverana es curioso constatar que los animales representados son los de la fauna del Tajo: carpas, barbos, bogas, anguilas y galápagos.San Cristobal en azulejería talaverana del siglo XVII en la ermita de la Virgen del Prado

*Basílica de la Virgen del Prado. Talavera de la Reina. Siglo XVI. Policromía. Retablillo de San Cristóbal que se encuentra a la entrada del templo a la izquierda. Cristóbal lleva al Niño con la bola del mundo y se apoya en un árbol. Se ve al ermitaño en una cueva a la orilla del río, donde peces, tortugas e incluso ballenas surcan las aguas. 

El arco del retablo está decorado con ángeles, frutos y grutescos. Aparece el ermitaño en una cueva con una lámpara cuya luz guía a Cristóbal en el paso de la corriente.

http://lamejortierradecastilla.com/san-cristobal-en-azulejeria-antigua-de-talavera/

sábado, 12 de agosto de 2017

Judios en Lillo, Toledo, en el Siglo XV

Resultado de imagen de Judios en LilloExisten varios documentos que nos hablan de la presencia de habitantes de religión judía en Lillo antes de su expulsión de España en 1.492.

Vamos a ver dos de ellos.

El primero es de 1.474 y es el repartimiento que hizo Rabí Jacó Aben Nuñes de los 450.000 maravedíes que tenían que pagar los judíos de la Corona de Castilla al Rey ese año. De esa cantidad la aljama de Toledo, con los judíos de Torrijos y Gálvez y los que se fueron a vivir a Lillo tenían que contribuir con 3.500 maravedíes.

No sabemos si antes existía una comunidad judía en Lillo ó era de reciente creación, pues dice en la relación "los que se fueron a vivir a Lillo" como si fuera un hecho reciente. 



Parece ser que cada vecino pagaba 50 maravedíes (recordemos que vecino no equivalía a habitante, si no que por cada vecino solía haber otros cuatro habitantes mas), pero al pagar los judíos de Lillo junto con los de Toledo, Torrijos y Gálvez no podemos saber cuántos había en Lillo.

El segundo documento que nos habla de la existencia de judíos en Lillo en el siglo XV y más concretamente en el año 1.492, año de su expulsión de España, se encuentra en el Archivo de Simancas. Se trata de una carta fechada en Medina del Campo el 19 de Marzo de 1.494 y dirigida por los Reyes Católicos al corregidor de Toledo. 

La cuestión, resumida, es que allá por el año 1.492 vivían en Lillo dos judíos llamados Manrique y Resillo a los que les debían la cantidad de 20.000 maravedís más o menos por mercaderías y paños que habían vendido. A su vez ellos eran deudores de 21.000 maravedis. Cuando llegó el momento de su expulsión de España el vecino de Lillo

 Pero Sánchez de Vargas se hizo cargo de las deudas de sus dos vecinos judíos con la condición de que el cobraría las cantidades debidas a los dos judíos, pero como fueron embargadas las deudas que se tenían con los judíos, se vio en la difícil situación de que no podía cobrar lo que se le adeudaba. Es por esta razón por lo que solicitó de los Reyes el levantamiento del embargo que pesaba sobre las cantidades debidas a los citados Manrique y Resillo.

Lo interesante del documento es que nos habla de la existencia de judíos en Lillo en el momento de la expulsión, de que se dedicaban al comercio e incluso nos da sus nombres MANRIQUE Y RESILLO.

No sabemos qué sería de estos dos lilleros de hace más de 500 años, de sus descendientes, etc. pero es bonito pensar que quizás en algún lugar del mundo aun exista una familia de judíos sefardíes que recuerden que sus antepasados provienen de una pequeño pueblo llamado Lillo en la lejana Sefarad.

16.11.2014 22:28

viernes, 11 de agosto de 2017

La central telefónica de la calle de la Plata y una mítica conferencia en 1936

El vísperas del Guerra Civil, el domingo 5 de julio, en los locales de la calle de la Plata se reailzó una conferencia internacional con Toledo de Ohio, en Estados Unidos

Conferencia desde la central de Toledo con Toledo de Ohío el 5 de julio de 1936.

En la mesa, de izquierda a derecha y con auriculares, el embajador C. Bowers, el alcalde G. Perezagua y Germán Erausquin - 



ARCHIVO FUNDACION TELEFÓNICA

El martes 31 de marzo de 1914 finalizaban los servicios que había dado la Red Telefónica de Toledo a la ciudad y a diversas localidades cercanas, desde 1890, a través de su central, en el callejón de San Ginés 6. 

El motivo derivaba de la caducidad de la concesión -ya anotada a finales de 1913-, a favor de anteriores empresarios y gestores toledanos, como Isabel González-Alegre, Benigno Balbín, Miguel Gistau o Manuel Tourné entre otros nombres, para implantar la telefonía en Toledo. 

A partir del 1 de abril se hacía cargo la Compañía Peninsular de Teléfonos, entidad de origen catalán y con capital inglés, que, desde 1894, había ido absorbiendo empresas y redes de diferentes ciudades hasta poseer casi la mitad de abonados de todo el país.

La primera decisión que tomó en Toledo fue abrir una nueva central en la calle de la Plata, 20, esquina al callejón de los Usillos, en realidad, no lejos de la anterior, pues la parte posterior de la manzana es colindante con el citado callejón de San Ginés. Y es que ambas casas comparten una de las colinas interiores del recinto histórico de la ciudad, la cuarta tras el Alcázar, San Román y el Instituto. 

Esta ayuda topográfica, además de su céntrica ubicación, facilitaba un tendido, casi radial, del cableado por toda la ciudad. Recordemos que también, muy cerca, en la calle de la Plata, esquina a la plaza de la Ropería, por los mismos motivos, La Electricista Toledana había erigido, en 1898, un gran transformador que aún hoy permanece en uso.

Por fin, el 3 de junio de 1914, la Peninsular mostraba las «lujosas dependencias» a la élite social toledana, según recogía La Campana Gordacon el añadido de un cuidado convite a base de «dulces, champagne y habanos». Se sucedieron anuncios para captar nuevos abonados con la promesa de mejoras y servicios desde la central, aun totalmente manual, a través de operadoras, una nueva oferta de trabajo, de las muy escasas, que entonces tenía la mujer en España. 

En esta época la potencia empresarial de la Compañía era indiscutible, pues, en 1920, gestionaba en régimen de monopolio la red interurbana española, aunque aún permaneciesen algunas concesiones privadas o municipales. En 1925 quedó insertada dentro del monopolio estatal de la Compañía Telefónica Nacional de España (CNTE), creado por el gobierno del general Primo de Rivera un año antes. Sin embargo, la tecnología, la financiación y la gestión de la nueva empresa «española» dependía realmente de la americana International Telephone & Telegraph (ITT). Esta corporación, en 1926, fundaría en Madrid la Standard Eléctrica SA, filial de capital también estadounidense para abastecer de los equipos precisos.

En Toledo, por estos años, los abonados aumentaban, pero siempre dentro de los mismos perfiles: entidades, empresas, profesionales o particulares pudientes, y no siempre en breves plazos. En 1923, tras continuas solicitudes del Ayuntamiento ante la Dirección General de Correos y Telégrafos, se pudo instalar un teléfono en Azucaica, en la casa del guardia municipal de este alejado barrio.

La gran novedad del servicio automático urbano, sin necesidad de operadoras, llegaría en julio de 1936, mejora que ya disfrutaban los madrileños desde 1926. El estreno llegó en vísperas del Guerra Civil, el domingo 5 de julio, con otro acto singular escenificado en los locales de la calle de la Plata: una conferencia internacional con Toledo de Ohio, en Estados Unidos.

A las ocho de la tarde de aquel día, con los acordes de los himnos nacionales y banderolas de ambos países, llegaban las autoridades, directivos de la compañía, delegados varios y la prensa (el acto se emitió por Radio Toledo). En un gabinete del primer piso se dispusieron cuatro teléfonos para el embajador norteamericano en España (el escritor e historiador Claude G. Bowers), el alcalde de Toledo (el republicano Guillermo Perezagua Herrera), el director general de CTNE en España (Fred T. Caldwell) y el secretario del Comité de Relaciones de Toledo de Ohio, Germán Erausquin.

Este era un relevante personaje, de origen vasco, nacido en 1899, emigrante y residente en aquella ciudad americana que, desde años atrás, impulsaba un estrecho hermanamiento con su homónima en España. Al otro lado de la línea habló el «city mánager» de Toledo de Ohio, el demócrata Roy C. Start. 

La conferencia, con los oportunos mensajes protocolarios, se alargó durante treinta minutos. La feliz jornada concluyó con una velada en el jardín de Gregorio Ledesma, cercano a la iglesia de San Lucas, donde la Cámara de la Propiedad Urbana ofreció una cena servida por el Hotel Castilla. Digamos que, el 13 de octubre 1928, Alfonso XIII había inaugurado el enlace de Madrid con Washington, departiendo con el presidente Calvin Cooligde (1872-1933), gracias al cable submarino del Canal de la Mancha y la estación británica de Rugby.

El «milagro» toledano fue posible gracias a los enlaces que aseguró aquel día la ITT. La conferencia entre ambos alcaldes fluyó a través de la flamante central de la CTNE en Madrid, (concluida en 1929), en la madrileña Gran Vía, por las redes española y francesa hasta la citada estación de radio de Rugby para cruzar el Atlántico. Desde la costa norteamericana la señal de voz volvió a la red terrestre hasta llegar al despacho del mayor del Toledo de Ohio. Entre medias, y en lo más cercano, en las jornadas previas a aquel 5 de julio de 1936, debieron solventarse problemas laborales para culminar las obras de la calle de la Plata y atender reivindicaciones sindicales de empleados de la compañía telefónica a través de Largo Caballero.

En 1939, tras la Guerra Civil, se acometían algunas obras en la central de la calle de la Plata, efectuando la CTNE, a finales de 1948, una completa reforma que dirigieron los arquitectos de la empresa. La obra realzó la portada clasicista acorde con el aire distinguido que siempre tuvo esta calle, manteniendo un blasón entre triglifos y metopas y dos medias columnas toscanas, además de una cuidada rejería historicista en las ventanas de la planta inferior entre un zócalo de granito y mampostería encintada. 

En el interior, la planta baja reunía usos administrativos, las peticiones de conferencias y las cabinas para el público. Al fondo, frente a la calle, se dispuso un prototipo de patio de casona toledana del XVII, bajo una claraboya, con una fuente ornamental de mármol en el centro, y el tiro de escalera hacia las dos galerías superiores. En ellas se ubicaban algunos despachos, las salas de trabajo de las operadoras y demás espacios para los equipos, cuadros de con mutación, y otros recursos necesarios.

En 1997 se eliminó el monopolio de la CTNE, popularmente conocido siempre como La Telefónica. En esos momentos la central de la calle de la Plata era ya un vacío recuerdo tras más de setenta años de actividad. La nueva tecnología móvil saltaba a la calle. Cualquier anónimo paisano exhibía ya un mágico artefacto para comunicarse con el prójimo sin necesidad de cables, clavijas y peticiones a la empleada de un locutorio.

RAFAEL DEL CERRO MALAGÓN - @abc_toledo Toledo19/06/2017 20:16h - Actualizado: 19/06/2017 20:18h.Guardado en: Actualidad Toledo Ciudad
http://www.abc.es/espana/castilla-la-mancha/toledo/ciudad/abci-central-telefonica-calle-plata-y-mitica-conferencia-1936-201706192016_noticia.html


jueves, 10 de agosto de 2017

Un asalto en la venta de el Verdugal (Oropesa)

EL FRAILE QUE DESARMÓ AL BANDIDO PINTADO POR GOYA

Un asalto en la venta de el Verdugal junto a la cañada leonesa occidental


El Maragato entra en la Venta de El Verdugal a asaltar a los huéspedes y le pide los zapatos al fraile



Una obra poco conocida de Goya representa en seis pequeños cuadros un episodio sucedido en término de Oropesa, en las dehesas que cruza la cañada Leonesa Occidental entre Ventas de San Julián y La Calzada, concretamente en la dehesa de El Verdugal, aunque está en término de Oropesa.


El Maragato le pide los zapatos al fraile de Rosarito

Los cuadros se encuentran en el Instituto de Arte de Chicago y representan varios momentos del asalto sufrido por un fraile, fray Pedro de Zaldivia, para unos lego del Convento de Rosarito y para otros del de Arenas de San Pedro. El bandido Pedro Piñero alias “El Maragato” fue hijo de un arriero de esta procedencia que vivió como carbonero cerca de Navalmoral de la Mata. Se echó al monte y sembró el pánico en las comarcas de Gredos, Talavera y Plasencia, llegando a cometer dos asesinatos y causando indirectamente la muerte de otros dos hombres, además de más de cuarenta robos.


El fraile arrebata el arma al Maragato

El Maragato se presentó en cierta ocasión en las mismas puertas de palacio para pedir clemencia al rey que mandó juzgarlo, escapándose después de ser condenado. Se refugiaba en la cueva que lleva su nombre y que está situada junto a la carretera que sube hacia el puerto de Menga desde el puerto del Pico


El fraile golpea y derriba al Maragato

En una de las imágenes de Goya, “El Maragato” sale al encuentro del fraile, en el segundo el lego alarga con la mano izquierda unos zapatos al bandido, mientras en la tercera estampa toma el asaltado el arma del Maragato mientras forcejean. En el cuarto la víctima se ha hecho con la escopeta y golpea al bandolero. En el quinto dispara contra su asaltante en la pierna y el caballo huye asustado. En el sexto cuadro yace el herido en el suelo mientras el franciscano le ata y le protege de las otras víctimas que quieren tomar la justicia por su mano.El Maragato hiere al Maragato en una pierna


Después de ser detenido por el fraile, murió el Maragato ajusticiado en la Plaza de la Cebada de Madrid sin que los ruegos de su captor sirvieran de nada para salvarle de la ejecución.


El fraile ata y detiene al Maragato

Otro asalto se produjo en la postguerra en esta misma venta y de él hablaremos en el próximo capítulo de nuestro recorrido por la cañada leonesa occidental.


La cueva del maragato no es el covacho que se ve en la foto sino que se encuentra al otro lado., en la carretera que va a Ávila pasado el Puerto del Pico. En ella se refugiaba cometiendo alguna de sus fechorías

http://lamejortierradecastilla.com/un-asalto-pintado-por-goya-en-el-verdugal-oropesa/

martes, 8 de agosto de 2017

Yuncos: un mastodonte de 14 millones de años


Uno de los restos mejor conservados del antiquísimo antepasado del elefante se conserva en el Museo de Ciencias Naturales de Madrid, tras su hallazgo en la villa sagreña hace 43 años

La doctora Ana Victoría Mazo, responsable del departamento de Paleobiología del Museo de Ciencias Naturales de Madrid, tiene que repetir el dato ante la incredulidad de su interlocutor a la hora de datar unos huesos que una vez aparecieron en una habitual excavación de arcilla en La Sagra para suministrar a sus fábricas de tejas y ladrillos. «Procede de la Era Terciaria, y puede tener una antigüedad de 14 millones de años».



Los restos tan venerables de los que habla, que convierten a la Prehistoria del hombre en un simple ayer, son los del denominado ‘Mastodonte de Yuncos’. Este antiquísimo antepasado de los actuales elefantes, encontrado en la villa sagreña en 1970, es ahora uno de los iconos de una campaña en las redes sociales lanzada por el Museo para divulgar su afamada colección de Paleontología, codeándose con esqueletos de dinosaurios y otros especímenes que aún asombran porque llegaran a existir donde menos nos podemos imaginar.

El que estos huesos fosilizados aparecieran en un terreno arcilloso no es casualidad. Aquella arcilla lacustre es lo que queda de un lago que debió existir en los tiempos en que este ejemplar joven de Gomphotherium angustidens, junto a sus voluminosos congéneres, agitaban su trompa por un territorio muy diferente al que conocemos ahora. Como científica, la doctora Mazo rechaza definirlo con adjetivos de nuestra Era como ‘tropical’, pretextando que «desde luego no estuvimos allí para verlo». Pero sí reconoce que el entorno en que se movía debía estar caracterizado «por un clima que sería muy diferente al actual. Habría más calor y, seguramente, una vegetación mucho más exuberante que la que vemos ahora».

14 millones de años después, es aventurado saber las causas por las que pudo morir un animal joven, de unos 1,5 metros de altura, que básicamente se alimentaba de hojas, ramas de árboles, frutos e hierba. Pero sí se sabe cómo tuvo que ser el lugar donde murió para que pudiera darse el milagro de que su esqueleto, conservado casi entero, llegara a nuestros días. «Murió prácticamente a la orilla del lago -narra la doctora. y tal vez el cadáver flotó en el agua un tiempo, porque quedó reclinado sobre su lado derecho. No sabemos si se quedó en la orilla y allí el agua lo alcanzó o ya murió en una zona parcialmente encharcada. Pero que le cubrió el agua enseguida sí, porque si no se hubiera cubierto muchos de sus restos los habrían devorado otros animales».

Esta circunstancia ha hecho que, de los más de 100 hallazgos de mastodontes de los que se tienen conocimiento en España, «el de Yuncos es especialmente bueno», resalta Mazo. «Solemos encontrar piezas dentarias aisladas o algún hueso, pero el de Yuncos es fantástico porque tiene la cabeza, media mandíbula y muchísimos de sus huesos en conexión». Se estima que a nuestros días ha podido llegar un 85 por ciento del esqueleto del animal.

un acto generoso para la posteridad. Fueron pasando milenios de cambios que desafían nuestra capacidad de contar el tiempo hasta que la osamenta del mastodonte quedaba sepultada a 18 metros de profundidad. Pero la acción humana los hizo volver a la luz. En septiembre de 1970, unos jóvenes operarios de la empresa Cerámica de Yuncos, cuando manejaban una pala excavadora en las afueras del municipio para extraer arcilla, notaban que topaban por algo duro. Parando la máquina, vieron algo que no se correspondían con algo que pudieran conocer.

En aquel momento, Mazo destaca la responsabilidad demostrada por los dueños de la cerámica , los hermanos Félix, Alberto y Venancio López Alonso. Lejos de desentenderse del hallazgo y mantener la extraccion de arcilla, lo que en aquel entonces podían haber hecho sin problema, pusieron el hallazgo en conocimiento de las autoridades científicas, junto con las piezas dentales de otro mastodonte. Expertos del Museo de Ciencias Naturales y de países como Suiza o México acudieron a Yuncos y durante varios meses estudiaron sobre el terreno al mastodonte. La expedición científica, comandada por el profesor Juan Laguna Vélez, consiguió extraer los restos para incluirlo en las colecciones del Museo en enero de 1971. El descubrimiento tuvo una importante repercusión en aquellos días, figurando en las páginas de diarios como ‘Abc’, ‘La Vanguardia’ o el desaparecido ‘Pueblo’.

Aunque Mazo no intervino en aquel rescate, aún recuerda con emoción aquel acontecimiento, ya que tiempo después se ha convertido en una de las principales expertas en este tipo de animales con el estudio del Mastodonte de Yuncos. Y nunca se le agotarán las palabras de agradecimiento para los hermanos López Alonso y las demás personas de un pueblo toledano que, con su honesto proceder, hicieron una ofrenda incalculable para que se pudiera conocer un pasado remotísimo. «Se les debe dar las gracias mil veces por su desinterés, su afecto por la cultura y su generosidad», afirma poniéndoles de ejemplo de lo que debe hacer alguien ante un hallazgo así, exponerlo para el conocimiento todos antes que ocultarlo para que vuelva a perderse.

J.A.J. - domingo, 22 de septiembre de 2013
http://www.latribunadetoledo.es/noticia/Z8D18D1D7-EA9B-524A-3E2010BB2E6DF484/20130922/yuncos/mastodonte/14/millones/a%C3%B1os


lunes, 7 de agosto de 2017

Siguiendo el Rio Jébalo por el Valle de Robledo del Mazo

El río Jébalo a su paso por el valle de Robledo del Mazo

Vamos a conocer ahora el resto del hermoso valle de Robledo del Mazo, formado por este pueblo jareño y sus cuatro aldeas situadas en torno a la cabecera del río Jébalo que nace cerca de Piedraescrita como ya sabemos.

Ya cerca de Navaltoril, otra de las aldeas del valle del se encuentra el lugar donde las gentes de Espinoso y Piedraescrita desarrolan un curioso ritual sobre el río pasando la imagen de un pueblo al otro.

Cada siete años, durante los meses de Mayo a Septiembre, o bien por necesidad causada por plagas o sequía, y también con una duración de cuatro meses, tienen derecho los espinoseños a tener en su poder la venerada y antigua imagen. 



El traslado a Espinoso es todo un acontecimiento para el pueblo y la imagen es acompañada por los agrestes parajes serranos que deben atravesarse rezando y cantando coplillas a la Virgen. 

Romería de Piedraescrita de 2016 en el momento de cruzar el Jébalo con la imagen FOTO DE LA VOZ DEL TAJO

Primero se lleva la imagen a la vecina aldea de Navaltoril, también situada en el valle de Robledo. Allí se celebra una multitudinaria misa de campaña que preside también la imagen de la Inmaculada de Navaltoril con asistencia de gentes de todos los pueblos de los alrededores. 

Después se conduce la imagen hasta el paraje conocido como “El Agua de las Juntas” donde, en el mismo lecho del río Jébalo, entregan la imagen las autoridades del valle a las de Espinoso. El camino es largo y para el recorrido se despoja a la Virgen de su corona y se la pone un manto para que no se moje, pues es mucha la fe en su intercesión para traer la lluvia en tiempos de sequía. 

Es recibida con las calles engalanadas con arcos florales y hierbas aromáticas alfombrando el suelo, entre la emoción de todo el vecindario que la espera en el paraje conocido como el “PlaerónIglesia de Navaltoril

Navaltoril es otra de las aldeas de Robledo del Mazo que todavía conserva una arquitectura popular con sabor serrano en un entorno muy agradable, ya que el pueblo se sitúa desde el siglo XV en un antiguo postuero de ganados entre los prados de una nava. 

Cuenta con dos molinos arruinados cercanos en las riberas del Jébalo. Uno de ellos se encuentra cerca del pueblo y junto a él podemos ver un rústico.Puente sobre el Jébalo cerca de navaltoril. Ingeniería popular en un puente de roncos jara y tierra apisonada

El otro molino está frente al cruce de la carretera que nos subirá hasta la pequeña aldea de Robledillo, cuyo caserío se sitúa en la cota más alta en la comarca y también está rodeado de un marco natural privilegiado. Es una labranza de Robledo que comienza su andadura en el siglo XVIII conociéndose el nombre de su fundador como “el abuelo Cirilo Galán”. 

Cuenta el pueblo con una piscina natural y si continuamos por la misma carretera en dirección a Espinoso podemos disfrutar de la zona de recreo que se ha preparado en torno al ameno paraje de la fuente de La Teja. 

Otra bonita excursión desde Robledillo es la que nos acerca dirigiéndonos hacia el oeste por una senda hasta el paraje de Vallesú donde mana una caudalosa fuente.Plaza de Robledillo

Desde Robledillo volvemos a descender hasta el valle de Robledo y continuamos la carretera en dirección oeste pasando por el lugar de Las Humfrías que, como las otras aldeas del municipio, conserva algunas muestras de la arquitectura tradicional y las ruinas de varios molinos en el cercano arroyo de Las Lanchas, pintoresco por sus cascadas.

El caserío de las Humfrías y al fondo el monte conservado con el original bosque mediterráneo en su aspecto original con los canchales típicos de las sierras jareñas

ROBLEDO DEL MAZO

Historia

El pueblo de Robledo del Mazo se fundó a mediados del siglo XV, según se deduce del testimonio de uno de los vecinos que declaran en las Relaciones de Felipe II. 

Refiere que uno de los fundadores fue su padre, quien con otros cuatro colmeneros se asentó en el valle para explotar una posada de colmenas. 

El mismo testigo asegura que el nombre del lugar deriva de que los osos que por entonces andaban por aquellas sierras jareñas causaban daños a las colmenas buscando la miel. Para espantarlos, los primeros pobladores de aquellos robledales instalaron en un arroyo un artificio al que “ pusieron hechizo” para que, movido por las aguas, diera sonoros martillazos que ahuyentaran a los animales.Cascadas del arroyo de Las Lanchas cerca de Las Humfrías

Un testimonio del siglo XVIII asegura que “un incendio redujo a cenizas toda la población y aún los vestidos de la imagen titular, 

De suerte que habiendo quedado Diego García único vecino y alcalde, entregó en el ayuntamiento de la villa de Talavera su vara y jurisdicción, que con dicho motivo se agregó a la del lugar de Sevilleja. Mas, habiéndose reunido de su calamidad los vecinos dispersos, lograron reintegrarse el dominio privativo del egido y solar del pueblo”. 

CONJUNTO URBANOArquitectura popular jareña en el valle de Robledo

El núcleo urbano de Robledo se reparte por la ladera de su asentamiento, con las casas siguiendo calles empinadas y formando grupos bastante homogéneos de viviendas de pizarra enjalbegadas. 

Las construcciones son de una tipología característica en la Jara serrana, de finalidad totalmente utilitaria, y forman un conjunto curioso que conserva todavía algunos rincones con agradable sabor rural.

IGLESIA

El templo de Robledo es muy sencillo y también sufrió los avatares bélicos. Estuvo bajo la advocación de Nuestra Señora del Robledo durante el siglo XVI para, más tarde, ser Nuestra Señora de la Encarnación su patrona. La iglesia se independizó de la de Piedraescrita en 1.676 .Paisaje en el valle del Jébalo cerca de Robledo

http://lamejortierradecastilla.com/siguiendo-el-jebalo-por-el-valle-de-robledo-del-mazo/

domingo, 6 de agosto de 2017

Solsticio o Noche de San Juan en la Plaza del Diamantista, Toledo

Un año más nos acercamos a Toledo para celebrar la hoguera de San Juan y la llegada del verano, aunque hacía tres años que no acudíamos este día, en concreto, a la antigua capital carpetana, así que ya teníamos ganas de volver por estas fechas. Y teníamos ganas, porque la Plaza del Diamantista, junto al margen derecho del río Tajo, es uno de los lugares más especiales que he conocido para vivir una noche como ésta. 

Se encuentra en el único barrio toledano que toca la orilla del mítico río ibérico de más largo recorrido, el conocido como Barrio de la Cornisa; un barrio, que más que perteneciente a una ciudad, aunque sea pequeña, para lo que se considera grande o pequeño en los tiempos actuales, que no en siglos pasados, parece un pueblo en sí mismo, un pueblo ribereño, que se mira en las aguas del río de las auríferas arenas, como lo calificaba Estrabón, lo que le otorga un especial encanto.

Una vez más fue el grupo de teatro El Bolo Feroz quien se encargó de ritualizar el fuego, los saltos y las danzas que sobre él y alrededor de él se realizaron. 



Según se cuenta, la tradición que ha vuelto a resurgir en la ciudad de Toledo de hacer una hoguera en esta plaza, algo que se viene haciendo de manera muy reciente, tanto es así que no va más allá de unos cuantos años, ha recuperado el antiguo lugar en el que se dice ya se celebraba en siglos pasados esta celebración alrededor del Solsticio y la llegada del verano, festejo cristianizado o santificado en torno a la figura de San Juan el Bautista.

No es para menos, pues el lugar, encajonado entre los acantilados del famoso meandro del río que abraza a Toledo y con el Cerro del Bu, laPeña del Rey Moro y la Ermita de la Virgen del Valle como testigos, muestra una mística acústica, tal y como si de un templo natural se tratara, cuando el "chamán" o el "druida" del ritual realiza el famoso conjuro de la queimada y su voz retumba por los peñascos.

Si en próximos solsticios estivales, andáis cerca de esta bella y mágica ciudad castellana, no dudéis en dejar todo lo malo atrás, saltando sobre su hoguera.

Alrededor de la hoguera de San Juan - Foto: Iberia Mágica, 23/06/2017

           
Fuente: http://iberiamagica.blogspot.com.es/

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