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martes, 24 de noviembre de 2020

El Greco, ¿tenía Problemas de Vista?

La obra universalmente conocida de El Greco cayó en el olvido durante dos siglos, sus figuras esbeltas y estilizadas y su peculiar estilo llevaron a algunos estudiosos a pensar que tenía algún problema de visión.

Imagen de Composición ‘El Entierro del Conde Orgaz’ de El Greco

El año pasado se celebró con multitud de exposiciones el 400 aniversario de la muerte de El Greco, tras caer en el olvido durante dos siglos su obra fue redescubierta y ensalzada al lugar que le correspondía a finales del siglo XIX, dado su carácter peculiar y diferenciado.

Domenicos Theotocopoulos es mundialmente conocido por su sobrenombre de El Greco, pues había nacido en Candía (actual Heraklion) en Creta en el año 1541. Hijo de padre mercader y recaudador de impuestos para la república de Venecia, que por entonces incluía Creta, Domenicos pronto decidió que quería dedicarse a la pintura, aprendió el tradicional estilo de los iconos bizantinos y tuvo éxito con ello en su ciudad. 

Pero, hombre de gran curiosidad quiso aprender la nueva perspectiva que triunfaba por entonces en la pintura italiana. Por ello a los 26 años se traslada a Venecia donde aprende el uso del color del maestro Tiziano y la construcción del espacio de Tintoretto.

En 1570 se traslada a Roma, primero es acogido en el Palacio Farnesio y posteriormente abre su propio taller. Por ese tiempo ya habían fallecido tanto Miguel Ángel como Rafael, pero sus estilos eran los referentes en el campo de la pintura, el Greco estudió sus obras, pero él siempre se consideró como perteneciente a la escuela Veneciana en la que primaba el color sobre la forma.

Así cuando primero el papa Pio IV (1559-1565) y luego Pio V (1565-1572) se propusieron cubrir los desnudos que Miguel Angel había realizado en el Juicio Final de la Capilla Sixtina, El Greco propuso su candidatura para tirarlo todo abajo y rehacer el tema “con honestidad y decencia”. 

Este hecho le granjeó muchos enemigos, unido a que pintores españoles que se estaban formando en Roma le informaron de las grandes oportunidades de trabajo que había en España, pues Felipe II estaba en plena construcción del Monasterio del Escorial, hicieron que en 1576 el artista se decidiese a trasladarse a España. Amparado por el apoyo de Luis de Castilla, el Greco se instaló en Toledo.


Imagen de Composición ‘El Entierro del Conde Orgaz’ de El Greco

No obstante la ambición del Greco era trabajar para la Corte, dos obras son claves para explicar que el Greco no consiguió el favor de la Corte y tampoco del Cabildo de la Catedral deToledo. 

“El Expolio” le fue encargado para la Sacristía de Toledo, pero la obra del artista no gustó al cabildo que se negó a pagar el precio pactado, lo que supuso largos litigios. La oportunidad de trabajar para la Corte le llegó con el encargo por parte de Felipe II de “El Martirio de San Mauricio” pero la obra terminada no le gusto al rey, lo que le cerró las puertas de la Corte.

El Greco abrió entonces un taller en Toledo una de las mayores ciudades de Europa en la época, a lo largo de esos años conoció a una mujer que se considera el amor de su vida, probablemente retratada en “La Dama del Armiño”, era Jerónima de las Cuevas y aunque nunca llegaron a casarse si tuvieron un hijo Jorge Manuel, que con los años trabajaría en el taller de su padre.


A pesar de no tener el favor de la Corte, El Greco si consiguió el de bastantes nobles de Toledo y cercanías, lo que le supuso tener una clientela abundante, además El Greco tenía un sistema de trabajo en función de los recursos del cliente, así podía producir obras en serie gracias a la ayuda de “Anthivolas” especie de plantillas que posibilitaban que sus ayudantes hiciesen las obras, de manera que el maestro tan sólo intervenía en los encargos de las personas más adineradas que sí podían permitírselo.

Sus obras básicamente son retablos y obras pías, recordemos que estamos en la época de la Contrarreforma y que la Inquisición está en pleno auge, además El Greco tiene fama de hombre excéntrico pero piadoso.

Su obra tiene unas característica que la hacen única, de hecho la estilización de sus figuras, alargadas en exceso hizo pensar a algunos teóricos de siglos pasados que el pintor padecía de un defecto en la vista llamado oftalmopatía, sin embargo ese alargamiento responde a un intento de reflejar la espiritualidad de unos personajes que tienden a desdibujarse. 

Así mismo es original en El Greco el tratamiento del espacio en planos superpuestos a distinta altura (normalmente cielo y tierra), de manera que no utiliza la perspectiva lineal renacentista, quizás el ejemplo más destacado de esto sea una de sus obras más conocidas “El Entierro del Conde Orgaz”. La utilización de colores y luces es otra de sus peculiaridades amarillos, verdes y rojizos juegan con las luces y las sombras de manera que emiten destellos plateados.

En 1614 El Greco murió en Toledo tenía 73 años, su hijo hizo un inventario de los bienes que dejó su padre, entre ellos había 130 libros, una cantidad considerable para la época, que nos habla de su cultura. Caído en el olvido durante dos siglos es rescatado por los impresionistas franceses y por los regeneracionistas españoles de finales del XIX, Eugenio D´Ors lo definió como “el pintor de las formas que vuelan”.

Imagen| Wikipedia
https://www.antrophistoria.com/2015/12/el-greco-tenia-problemas-de-vista.html

lunes, 15 de junio de 2020

Aproximación a una Genealogía de El Greco

MIRAR UN CUADRO | ARISTOCRACIASPoco a poco, un dato nuevo procedente de lugares insospechados, aporta algo de luz sobre la familia de «Domenico Greco», su vida y la de los suyos en las tierras insulares de Creta. 

Los nuevos descubrimientos de investigadores españoles, griegos o italianos nos ayudan a recomponer datos para un genealogía que hasta ahora, se estanca en cinco generaciones a partir de nuestro personaje, del que conocemos que nació en Candía (Creta) en 1541, por una declaración recogida en 1606, en la que dice contar con 65 años. 

El testimonio personal es lo único que tenemos. No obstante quizá podamos mantener la esperanza de encontrar algún dato más entre la documentación que se trasladó a Venecia antes de la conquista de la isla por el turco en 1669.

 De ella proceden algunos datos nuevos sobre nuestro maestro. En Candía y sus alrededores existieron desde al menos el siglo XIII hasta el XVII, decenas de pintores. Las fuentes hablan que en el siglo XVI vivían 150 pintores en una ciudad de 15.000 habitantes. 

Le Saige, un viajero francés del siglo XVI dice que en 1518 Candía era un gran centro artístico, especialmente de iconos, cuya producción a gran escala se comercializaba en todo el Mediterráneo. En alguna de las mejores escuelas cretenses debió fraguarse nuestro gran genio. 





Por sus repetidos testimonios, incluso en sus cuadros como en el San Mauricio, donde firma como «Domingo Theotocopuli, cretense, lo hizo» y otros documentos como el que generó su intervención actuando de traductor en un juicio de la Inquisición, contra un pobre morisco, en el que afirmó que era «natural de la ciudad de Candía, pintor residente en esta ciudad…» y otros documentos, no queda la menor duda de su origen geográfico.

Sabemos dónde nació, cuándo, y el tercer dato básico para su filiación genealógica, sería el lugar y la fecha del fallecimiento. En este caso es lo que mejor conocemos, justificación de Cossio para iniciar su obra (1944), no con el nacimiento sino con la muerte del cretense, que ocurrió en Toledo el día 7 de abril de 1614, precediendo a Cervantes en dos años. Su lacónica partida de defunción, guardada en la iglesia de Santo Tomé dice: «domenico greco. 

Familia y amigos | Noticias La Tribuna de ToledoEn siete del falecio domenico greco, no hizo testamento, recibió los sacramentos, enterrose en santo domingo el antiguo, dio velas». Si tomamos su línea ascendente inmediata, llegamos a su padre, llamado Jorghi (Jorge) Theotocopoulos, fallecido posiblemente en 1556, siendo comerciante en Creta. 

De su madre no conocemos nada. Contaba con un hermano, Manousos (Manuel), diez años mayor, recaudador de impuestos de la República de Venecia.

 Hombre al parecer importante y cercano al poder veneciano a quien servía como funcionario. 

Vino a España huyendo por las numerosas deudas que había contraído con la administración. Se afincó en Toledo junto a su hermano. Murió en 1604, siendo enterrado en la iglesia de San Cristóbal. El linaje Theotocopoulos era de origen bizantino. El documento más antiguo que existe supuestamente sobre ellos, en el que aparece su apellido, es un sello de plomo del siglo XIV que se guarda en el Museo de Atenas. 

El nombre Theotoki al parecer era muy común entre los griegos y particularmente en la isla de Creta, donde conocemos en 1488 una Marta Theotocopoulina. En el siglo XX aún vivía en la aldea cretense de Fódele una familia con el apellido del Greco, testimonio final de otras del mismo pueblo, donde al parecer se encuentra el solar de este linaje, a solo 20 km. de Candía.

 Existen en este lugar las ruinas de una casa solariega que la tradición local adjudica a los Theotocopoulos, donde levantaron una ermita y vivieron, perteneciendo a la comunidad católica cretense, que contaba en el siglo XVI, con un tercio de la población. El apellido Theotocopoulo, lo modificó en Italia, para cercarse al ambiente social, por el de Theotocopouli, utilizando en España las dos versiones, aunque con más frecuencia la italiana. 

En Toledo, el apellido, fue usado de diversas formas, en función del oído del amanuense, como ocurre con los apellidos «extraños». (Bien lo sabe quien esto escribe). Theotocopoulos, parece que no se deriva del apellido Theotokis, sino que la terminación «poulos», que significa «hijo de», se añadiría al nombre propio como ocurre en español con la terminación «ez». 

Así pues, este apellido de nuestro Greco significaría «hijo de Theotokos», que a su vez es el nombre propio masculino de María, es decir Mariano. Por lo que nos daría finalmente «hijo de Mariano», incorporado como apellido procedente, como decimos, de un nombre propio. 

En la línea descendente, damos por conocido que Domenico tuvo un hijo natural con doña Jerónima de las Cuevas, una joven de posible origen converso, con la que nunca se casó, ni vivió. Algunos apuntan a un remoto parentesco con la familia de Santa Teresa. Al niño le pusieron el nombre de su abuelo Jorge y de su tío Manuel. 

Nació en Toledo en 1578, donde se casó en 1603 con doña Alfonsa de los Morales de 22 años, natural de Toledo donde había nacido en 1581, bautizada en la parroquia de Santo Tomé, hija de Francisco de los Morales y María de los Ángeles.

 Vivió con ellos, al cuidado de sus hijos y de los habidos en los sucesivos matrimonios, Catalina, una hermana de Alfonsa. En 1604 tuvieron a Gabriel, bautizado en Santo Tomé, al que cambian el apellido de su padre y abuelo paterno por el de su madre. 

El 30 de octubre de 1621 profesaba en el convento de San Agustín, junto a la Puerta del Cambrón, renunciando a favor de su padre Jorge Manuel, toda la herencia que pudiera recibir de sus progenitores. 

A cambio puso como condición que su padre construyera un monumento de Semana Santa para el convento. Parece que falleció en Toledo entre 1640-49. Se agota en este nieto del Greco, la línea del primer varón. En 1617 muere la primera mujer, de Jorge Manuel, a los 36 años.

 Se casa en segundas nupcias con Gregoria de Guzmán, nacida en Madrid en 1598-99, hija de Juan García Camino, boticario y de Magdalena de Guzmán de quien tomó su apellido. 

Era viuda de Carlos Giles que aporta un hijo, Tomás, al nuevo matrimonio, del que nacen Claudia (1622), María (1627) bautizada en Santo Tomé, y Jorge (1629), falleciendo Gregoria a consecuencias del parto. A los ocho meses Jorge Manuel, se vuelve a casar (1630), con Isabel de Villegas, nacida en Toledo en 1631, hija de un boticario de Zocodover. 

Al parecer, llevó al matrimonio una hija, Isabel (1629). Con esta nueva esposa tiene una hija llamada Jerónima Theotocopuli (1630), bautizada en la iglesia de San Andrés el 26 de octubre, último vástago de la familia que mantiene el apellido de su abuelo y su padre. 

Tomó este nombre en recuerdo de su abuela paterna. 





Al haber sido aparejador del Alcázar, su viuda pidió amparo al rey, solicitando la pensión que correspondía a los «criados» o funcionarios de la Casa Real, para ella y su hija Jerónima, olvidándose de sus dos hijastras Claudia y María. 

Ambas huérfanas conseguirían esta pensión de dos reales diarios, merced a la intervención de Catalina de los Morales, cuñada de Jorge Manuel. En 1637, estaban viviendo en Madrid con un pariente lejano caballero de la Orden de San Juan que reclamaba la pensión de las niñas. 

María murió joven. Claudia hizo testamento y moriría en Madrid en 1662. Isabel, se debió casar de nuevo hacia 1658, posiblemente en Madrid, con Antonio Ruiz Escobar que quizá falleciera en 1670. Jerónima Theotocopuli, se casó en primeras nupcias con Miguel Fernández de Segovia natural de Madrid, boticario, con el que tuvo tres hijos, María Francisca, Miguel e Isidro, presumiblemente nacieron en Madrid. 

En 1658, murió su marido y en ese año concertó un nuevo matrimonio con don Alonso de Frías, abogado, que en 1664 fue nombrado Alcalde Mayor de Plasencia, donde les nació en 1667 un hijo, llamado Fernando de Frías y Santos. Algunos de los hijos del primer matrimonio fueron recogidos por Isabel Villegas, viviendo en Madrid. Alonso de Frías murió en Madrid en 1673, pobre, tras de haber gozado una buena posición y dilapidar el capital. 

Doña Jerónima, su esposa, le sobrevivió veinte años, muriendo en 1693, tras de hacer una declaración de pobreza en su parroquia madrileña de San Sebastián, y pedir que fuera enterrada de limosna. Así perdemos la pista de sus descendientes. Gabriel que tomó el apellido de su madre y profesó como agustino. Jorge hijo de Gregoria murió con ocho meses. Desaparecen así los hijos varones de Jorge Manuel. 

Quedaron de esta su segunda esposa, Claudia y María de apellido Guzmán, que alguna pudo haber contraído matrimonio y continuar sus líneas, pero lo desconocemos. Jerónima hija del tercer matrimonio, sabemos que fue la última en llevar el apellido Theotocopuli. Tuvo en su primer matrimonio a María Francisca, Miguel e Isidro, que pudieron continuar la familia en Madrid. 

Del segundo matrimonio nació Fernando de Frías y Santos, que también pudo haberse casado y continuar. Todos bisnietos del Greco, cuya existencia conocemos gracias a los trabajos de García Rey, San Román, Marías, Astrana Marín y Mercedes Agulló , perdiéndose la pista de todos ellos en Madrid a finales del siglo XVII, respondiendo a los apellidos Frías y Santos, Fernández Segovia y Guzmán.

viernes, 9 de noviembre de 2018

La Miopía y el falso Astigmatismo de El Greco

Expertos descartan que las figuras alargadas del pintor fueran una consecuencia de alguna anomalía de la vista

Ep/Madrid 16.07.2015 | 17:54

Muchos expertos pensaban que El Greco tenía astigmatismo.

EP

Estos defectos de la visión, junto con la vista cansada, están entre los más prevalentes entre la población. La miopía y la presbicia ya se corregían en la época del pintor pero no así el astigmatismo, un error de refracción que puede acompañar a la miopía, y que fue asociado al estilo de figuras alargadas de El Greco a inicios del siglo XX.

Según el doctor Enrique Santos Bueso, especialista de la Unidad de Neurooftalmología del Hospital Clínico Universitario San Carlos de la Comunidad de Madrid, un ojo es miope cuando la longitud del ojo es desproporcionada con respecto a la curvatura de la córnea o viceversa.


 Los rayos que entran en el ojo forman la imagen delante de la retina y por lo tanto la imagen se presenta borrosa.

La fuerza de las falsas teorías

Los pacientes con astigmatismo ven más o menos borroso en función del número de dioptrías que padezcan. "Es un mito pensar que el paciente astígmata ve las imágenes deformadas y alargadas por la presencia del astigmatismo en un eje determinado (el balón de rugby en una u otra disposición)", señala el especialista.

A principios del siglo XX se desarrolló esta teoría por el doctor Germán Beritens que insistía en que El Greco pintaba así debido al astigmatismo que podría padecer. 

La teoría del astigmatismo como causa del estilo pictórico del pintor cretense fue refutada y desestimada por numerosos oftalmólogos en el primer cuarto del siglo pasado.

El profesor Manuel Márquez, catedrático de Oftalmología de la Universidad de Madrid, escribió varios artículos, hasta el año 1929, en los que desestima esta teoría basándose en los estudios de óptica. Sin embargo a pesar de la refutación de esta teoría, ha seguido manteniéndose en el acervo popular la teoría del astigmatismo como causa del estilo artístico de El Greco.

En los tiempos de El Greco no se corregía el astigmatismo pues aún no se conocía con la evidencia y exactitud actuales. "Se corregían defectos esféricos como la miopía o la vista cansada, como lo atestiguan los cuadros pintados por El Greco como 'El retrato del Cardenal Fernando Niño de Guevara' situado en el Museo Metropolitano de Nueva York y en el que aparece con unas gafas sujetas a las orejas con una cinta, pues aún no se habían descubierto las patillas actuales", concluye Santos Bueso

https://www.lne.es/sociedad-cultura/2015/07/16/miopia-falso-astigmatismo-greco/1787358.html

lunes, 9 de julio de 2018

El falso astigmatismo del Greco

Resultado de imagen de astigmatismo del GrecoDoménikos Theotokópoulos, más conocido por su nombre español El Greco (El griego), está considerado por muchos como uno de los más grandes pintores de la historia del arte europeo. 

Nacido en Creta en 1541, a medida que avanzaba su carrera pictórica también lo hacía el alargamiento de las figuras humanas en sus obras, como puede verse en su clásico St. Martín y el mendigo.

Fue en marzo de 1913 cuando el oftalmólogo s publicó un artículo titulado Por qué el Greco pintó como pintó(Archivos de Oftalmología Hispano-Americanos 1913:153-168). En él se afirmaba que su forma peculiar de representar las figuras se debía a que padecía alto astigmatismo miópico.



Sin embargo, la revista Información Oftalmológica se hace eco de un estudio que desmiente tal hipótesis sobre la que se lleva debatiendo ya un siglo. Enrique Santos Bueso, de la Unidad de Neuroftalmología del Hospital Universitario Clínico San Carlos de Madrid es su autor principal.

Desde hace más de diez años este especialista realiza estudios sobre la patología ocular en la obra pictórica. Estudio ocular en la obra de Leonardo da Vinci La Mona Lisa o el Parche de la Princesa de Éboli son tan sólo dos ejemplos de los más de 80 trabajos que se han publicado periódicamente en la sección histórica de los Archivos de la Sociedad Española de Oftalmología.

“Se trata de la revista científica más importante en español, lo que contribuye a su difusión entre otros especialistas interesados en esta materia que, por otro lado, son cada vez más”, asevera.





Según él y el resto de firmantes del nuevo estudio, “la teoría presentada por el Dr. Germán Beritens en 1913 presenta varios errores y fue refutada por numerosos oftalmólogos, principalmente por el Profesor Manuel Márquez, catedrático de Oftalmología de la Universidad de Madrid.

Según esta teoría, El Greco pintaba las figuras alargadas debido al alto astigmatismo que presentaba. Sin embargo, “no existe ninguna constancia ni ninguna referencia histórica sobre cualquier patología ocular padecida por El Greco”.

La teoría de Beritens reside en que “el astigmatismo del pintor sería más evidente hacia la mitad última de su vida permaneciendo latente en su juventud por efecto de la acomodación. Al disminuir la fuerza acomodatizia por razón de la edad, el pintor vería los objetos no definidos y borrosos y así los expresaría en sus obras pictóricas”, reza el ensayo.

Incluso este experto plantea que “el fenómeno acomodativo y su posterior fracaso fisiológico serán dos hechos fundamentales para diferenciar las distintas etapas creativas consideradas por los críticos de arte”.

Un concepto erróneo

Pero en palabras del doctor Santos Bueso, se trata de “un concepto realmente erróneo. El pintor que presenta astigmatismo, simplemente ve más o menos borroso en función del número de dioptrías que presente. Su realidad percibida es expresada en función de su estilo y de la percepción del mundo exterior. El Greco alargaba las figuras que quería, tanto en planos verticales como horizontales, como expresión de su estilo personal.

En El Caballero de la mano en el pecho (foto) o el San Juan Evangelista, ambos en el Museo del Prado, pueden verse ambos planos o meridianos alargados tanto en la cara como en las manos de los personajes. Por tanto, en los meridianos vertical y horizontal.

Este hecho es incompatible con la teoría del astigmatismo, que sería solamente en uno de estos meridianos y no en los dos a la vez. Sin embargo, como hemos comentado, el astigmatismo produce visión borrosa según el número de dioptrías padecidas por el paciente y no la visión alargada que refería el Dr. Germán Beritens”.

Es más, durante un corto período de tiempo, el pintor protagonista de una polémica centenaria, vivió en Roma, donde fue expuesto a la obra de Miguel Ángel, Rafael y Parmigiano. Estos artistas practicaban el estilo del manierismo, que valora la representación del desnudo en poses complejas y artificiales. Las figuras suelen tener extremidades alargadas, cabezas pequeñas y rasgos faciales estelizadas, que se pueden ver en forma exagerada en las últimas obras del artista.

Se ha sugerido, también, que muchos pintores, incluyendo, Holbein, Lucas Cranach el Viejo, Botticelli, Tiziano, Modigliani o Sargent también han sufrido astigmatismo. Esta sugerencia se basa en que el astigmatismo induce un alargamiento unidireccional en la percepción de los objetos, pero no siempre es la base o la consecuencia de un estilo pictórico.

De hecho, en el caso de El Greco su tendencia hacia la elongación es simplemente estilística y se remonta a dos épocas: la bizantina y la manierista, que influyeron de forma notoria en su arte.

Una patología ocular común

El astigmatismo, que afecta a un 26% de la población y supone el tercer problema visual más común entre los españoles, sólo por detrás de la miopía (28%) y la presbicia o vista cansada (28%) se debe a una curvatura irregular de la superficie frontal del ojo, y tiene como principal consecuencia una visión borrosa y distorsionada que impide el enfoque claro de los objetos.

Puede afectar a personas de todas las edades, por lo que puede convertirse en un importante obstáculo para el aprendizaje de los menores o para, en el caso de los adultos, desempeñar una actividad laboral o conducir.

Afortunadamente, “actualmente disponemos de una oftalmología extraordinaria en nuestro país, con valiosos profesionales e innovadores medios de diagnóstico y tratamiento. Además, en Atención Primaria con médicos de Familia de extraordinaria formación velan por la salud ocular de nuestros pacientes. Creo que como pacientes, estamos en muy buenas manos”, apostilla el doctor del Hospital Clínico de San Carlos que adelanta los avances producidos en este campo.



“La oftalmología ha experimentado una evolución exponencial en su desarrollo en los últimos años. Las técnicas quirúrgicas se han perfeccionado considerablemente apoyadas, valga la redudancia en nuevas tecnologías: aparatos cada vez más precisos, asimismo estamos asistiendo al desarrollo y llegada de nuevos fármacos, por ejemplo para la degeneración macular, que están aportando innumerables beneficios para los pacientes”.

Ventajas que no existían en la época del pintor cretense aunque, como reza el artículo del Dr. Santos Bueso: “Durante la primera mitad del siglo XX se generó la polémica teoría sobre el astigmatismo del autor como causa de su estilo a pesar de la demostración del profesor Márquez de su inconsistencia.

Doménikos Theotokópoulos fue un pintor único, innovador, precursor de las vanguardias artísticas del siglo XX. Su inconfundible estilo con la estilización y alargamiento de determinadas figuras no se debía a ningún error refractario sino a su propio estilo y a su evolución como artista”.

Oftalmología en el Museo del Prado

Enrique Santos Bueso reconoce que al “unir mi trabajo actual, la Medicina y la Oftalmología concretamente, con mi afición por la Historia del Arte, he encontrado una disciplina que como pasatiempo me produce muchas satisfacciones además de disfrutar de las diferentes obras de arte y de los museos que las contienen”.

Tal vez por ello, este especialista adelanta que próximamente publicará el libro (que no saldrá a la venta sino que será entregado en próximo Congreso de la Sociedad Española de Sevilla): Oftalmología en el Museo Nacional del Prado.

“Surge de la inmensidad de la pinacoteca madrileña, inalcanzable en una visita puntual. El recorrido por unas decenas de cuadros, en una ruta continua y fluida, con la disculpa de la patología ocular, supone una vista asequible de menos de dos horas por el Museo”, explica Santos.

Y comparte: “Aunque casi todos mis trabajos los considero importantes por el rigor y la disciplina impuestos para su producción, me han supuesto especial satisfacción el estudio de la Moira Átropos, en las Pinturas Negras de Goya y la investigación de todas las representaciones de santa Lucía presentes en el Museo Nacional del Prado de Madrid”.


POR PATRICIA MATEY
https://www.cambio16.com/reportajes/falso-astigmatismo-greco/


domingo, 13 de mayo de 2018

El Greco, antes de su llegada a Toledo

Resultado de imagen de El Greco etapa cretense San Lucas pintando a la figura de la Virgen MaríaMe es muy difícil decir algo original sobre la vida y la obra de El Greco. 

Desde la publicación de las obras de Cossío y San Román una ingente cantidad de documentos han ido apareciendo sobre su persona y sobre su obra. 

Por ello he decidido comentar muy someramente y yendo de la mano de Jonathan Brown, Álvarez Lopera y Fernando Marías su etapa cretense, veneciana y romana poco conocidas y con infinidad de puntos oscuros por desvelar aun por lo que soy consciente de la dificultad que el tema entraña. 

Cuando en el año 1577 el pintor llega a Toledo tiene 36 años, ha tenido, pues, tiempo para formarse en una edad en que normalmente los pintores están realizando ya sus obras maduras.

Había nacido en Candía, capital de la isla de Creta, en 1541 en donde tendrá lo que podemos llamar su etapa cretense. 

Muy poco es lo que sabemos de estos años aunque lenta y trabajosamente van surgiendo casi por milagro notícias suyas. En 1937 aparece firmado al parecer por El Greco, con estas palabras «Mano de Domenikos» un icono conservado en el Benaki Museum de Atenas, todo indica que la firma es de nuestro artista 



El tema del pequeño icono representa a San Lucas pintando a la figura de la Virgen María, de proporciones muy pequeñas que El pintor ya aparece formando parte de la Cofradía de pintores de Candía. El cuadrito parece haber sido un encargo privado. 

Resultado de imagen de El Greco etapa cretense Dormición de la VirgenY en el lienzo ya nuestro artista comienza a dar señales de que su arte irá por nuevos derroteros, sin querer limitarse a ser un pintor más de iconos bizantinos. Aquí hay un claro intento de conseguir la perspectiva renacentista y la figura del ángel que porta una filacteria con el torso desnudo sería impensable en un pintor bizantino tradicional.

Del tema se conocen al menos tres copias lo que nos indica el grado de aceptación del estilo del artista. 

En 1983 se descubre un nueva pintura suya en la isla de Siros, capital de las Cícladas, en el que se representa la Dormición de la Virgen. En líneas generales la composíción de la escena sigue un patrón conocido en Creta ya desde el siglo XV.

No obstante en la tabla hay una serie de detalles que apuntan a la pintura occidental. Al parecer el icono fue donado a la iglesia por la hermandad de los griegos de Venecia. 

Una tercera pintura, la Adoración de los Magos, también del Benaki Museum, nos pone ante una composición ya plenamente occidental, con claras influencias de grabados renacentistas, de tal manera que algunos críticos han llegado a pensar que la pintura se realizó ya en su etapa veneciana. No sabemos con seguridad cuando tuvo lugar su marcha a Venecia pero pudo ser en el año 1567. 

Resultado de imagen de El Greco etapa cretense Adoración de los Magos
Lo que si es seguro que en agosto de 1568 el pintor estaba en la ciudad de los canales. En Venecia había una escuela de pintores de iconos que trabajaban en un estilo mixto, esto es, utilizando rasgos de los iconos bizantinos mezclados con otros rasgos de la pintura contemporánea italiana, comunmente se les llamaba madonneri, pero nada de este modo de trabajar se conoce en la pintura del cretense.

Está claro que nuestro pintor va a hacer un esfuerzo casi milagroso para transformar su estilo y convertirse en un pintor occidental más. 

Tradicionalmente se venía sosteniendo que la estancia veneciana de El Greco duró diez años, pero hoy sabemos que no pasó de tres años y medio. También, de siempre, se venía sosteniendo, tomando literalmente unas palabras conocidas de su amigo, el miniaturista Giulio Clovio, que fue discípulo de Tiziano,

Pero Tiziano tenía, en las fechas de la llegas del pintor cretense a Venecia, 80 años de edad por lo que no está claro que fuese discípulo directo del gran maestro pero si que, indudablemente estudió con afán su pintura y su huella será intensa y definitiva sobre todo en su manera de ver y sentir el color. No debemos olvidar que en estos momentos se están viviendo los años más gloriosos de la escuela veneciana y la huella de otros maestros es también clara en nuestro pintor. 



De siempre es bien sabido su admiración por Verones o Jacopo Bassano y, sobre todo, por Tintorero como manifestó en varias ocasiones y lo vemos reflejado en su pintura. Tal vez su obra más famosa y estudiada de la etapa veneciana sea el Tríptico de Módena, localizado en 1937 en un armario en el que se guardaban objetos de todo tipo en la Galería Estense. Se ha podido constatar que la forma del tríptico (y en especial la de uno concreto conservado en los museos Vaticanos) es igual a la de otros trípticos cretenses de este momento.

Lo que puede indicar que estos altarcitos pertenecían a talleres cretenses que trabajaban con un sentido decorativo inspirado en lo veneciano. Aunque la autoría de El Greco ha sido rechazada en algunos momentos por diversos investigadores, con Wethey a la cabeza, hoy está aceptado unanimamente como obra suya. También se han discutido el lugar y la fecha en que fue pintado.

Lo más probable es que se pintase relativamente pronto de la llegada del pintor a Venecia. El tríptico tiene seis escenas, la tabla central, el eje de toda la iconografía de la obra representa una alegoría del Juicio Final y de la coronación del caballero cristiano inspirada en determinadas xilografías de la época. 

En el ala izquierda se representa la Adoración de los Reyes, inspirada también en grabados conocidos, y en el ala derecha se representa el Bautismo de Cristo que también depende de otras xilografías concretas. En esta escena la fuente de la luz no es aquí Cristo sino el Espíritu Santo que llega envuelto en un resplandor dorado. 

Hay también que destacar la vegetación pintada de un modo extremadamente realista. El centro de la cara posterior lo ocupa una vista del Monte Sinaí con diversas escenas bíblícas tomadas de una serie de trípticos cretenses de la segunda mitad del siglo XVI. A un lado vemos una Anunciación que reproduce otra Anunciación perdida que pintó Tiziano para una iglesia de Murano. La organización de la escena con un Angel que irrumpe por la derecha es un esquema al que El Greco permanecerá siempre fiel. 

Y la tercera escena representa a Dios Padre con Adán y Eva que parece advertir a nuestros primeros padres las consecuencias del pecado. La pareja, inocentemente desnudos, aparecen tranquilos, sin violencias como indicando que aun no han comido la manzana prohibida. Pero la obra clave para conocer el gigantesco paso que El Greco ha dado es el cuadro de la Purificación del Templo hoy en la Nacional Gallery de Washington. 

Aquí el pintor se ha servido para la colocación de las figuras de una conocida composición de Miguel Ángel y en ella es especialmente importante la compleja perspectiva de arquitecturas. La colocación de las figuras en distintos planos y sobre todo la perspectiva lograda aquí situando las distintas escenas a niveles diferentes es aun torpe e insegura. En noviembre de 1570 sabemos, por una carta que su amigo Giulio Clovio envía al cardenal Alejandro Farnesio, que el pintor se encontraba en Roma.

En el viaje hacia la ciudad eterna sin duda El Greco se detuvo en Parma para contemplar las pinturas de Corregio a quien siempre admiró. La prueba irrefutable de esta estancia es que El Greco contempló con especial interés el lienzo de la Virgen con San Jerónimo y María Magdalena, figura por la que en algún momento manifestó su admiración. Conservada hoy en La Galería Nacional de Parma se encontraba entonces en el que era su emplazamiento original en la iglesia de San Antonio, por lo que necesariamente tuvo que verla en este templo.

En Roma estuvo integrado en el amplio círculo del cardenal Alejandro Farnesio. En julio de 1572 el mayordomo de el cardenal le comunicaba a este «que el pintor griego estaba en la villa de Caprarola pintando en alguna de sus estancias». Sin embargo, aunque no está claro el motivo, en ese mismo año era expùlsado de este círculo. Dos meses después era admitido como miembro de la Academia romana de San Lucas. Esto suponía que el pintor desde ese momento podía tener taller propio e independiente Todo nos viene a indicar que en este momento El Greco pensaba establecerse en Roma como pintor italianizado.

Otros dos datos más se pueden añadir a las escasas referencias que tenemos del pintor. Uno de ellus nos informa de cómo el arquitecto Pirro Liborio, hombre violento y caído en desgracia, que había abandonado la ciudad de Roma, en alguna ocasión en la que vuelve a ella llegó a tener un fuerte enfrentamiento con Giulio Clovio y en medio de la violenta refriega hizo una referencia «al amigo de Clovio que ha venido a Roma desde el extranjero».

Aunque el dato es vago parece que estas palabras se refieren a nuestro pintor. La segunda noticia conocida desde antiguo y siempre repetido proviene de un manuscrito redactado por el médico Giulio Mancini que lo escribe unos 40 años después de haberse producido y le fue referido por el pintor Banastri da Licignano, posiblemente un discípulo que llegó a tener en Roma El Greco.

La noticia o más bien anécdota cuenta como el papa Pío V se sentía ofendido por la total desnudez de las figuras del Juicio Final pintado por Miguel Angel en la Capilla Sextina y ello le llevó a ordenar que fuera repintado. Enterado de esto El Greco, al parecer, se ofreció a pintar otro Juicio Final con el debido decoro siempre que fuera quitado el de Miguel Angel.

Después, añade el informante, que la irritación de los pintores romanos fue tan grande que obligaron al pintor a huir a España lo que en modo alguno es cierto. Sí es cierto que El Greco nunca tuvo excesivas simpatías por él como lo manifestó una vez llegado a España, criticando lo apagado de su color aunque siempre tuvo como insuperables sus dibujos.

Lo que si es claro es que la permanencia de El Greco en el entorno del cardenal Farnesio fue clave para él, allí conocerá a personas influyentes que tendrán un gran protagonismo es su vida. Su familia destacó desde antiguo como mecenas y protectores de artistas. Personaje clave en el círculo intelectual de los Farnesio será Fulvio Orsini bibliotecario de palacio y persona que tenía fama de ser quien más y mejor conocía de la Antigüedad clásica. Coleccionista también de pintura, en su selecta pinacoteca llegó a poseer siete obras de El Greco.

Desagraciadamente de ellas solo conocemos una el magnífico retrato del su amigo Giulio Clovio. La intensa relación de El Greco con Orsini se manifestará en una obra enigmática, el « muchacho encendiendo una candela» del museo de Capodimonte de Nápoles.

La aparente simplicidad de la obra e incluso su carácter virtuosista y desenfadado esconde en realidad la recreación de una pintura del pintor griego Antófilo de Alejandría que describe Plinio el Viejo en su Historia Natural. En el entorno de los Farnesio El Greco conoció a figuras claves de la intelectualidad del momento no solo italianos sino algunos personajes extranjeros que visitaban Roma y tuvieron contacto con el selecto círculo.

La ambición y el deseo de triunfar le llevará a plantearse la marcha de Roma y a pensar en la España del momento, gobernada por Felipe II, gran amante del arte y que en esos momentos buscaba artistas para decorar su Monasterio de El Escorial. Todo parece que el encuentro en este círculo con don Luis de Castilla fue decisivo y le decidió a venir España para realizar los retablos de Santo Domingo el Antiguo.


Termino esta breve semblanza del pintor antes de su llegada a Toledo, la ciudad que se convertiría en su hogar, con unas breves líneas entresacadas de uno de los trabajos de Jonathan Brown publicado en el catálogo de la exposición celebrada en el Prado en 1982:. «Creta, dice el historiador, pudo haberle dado la vida y el oficio de pintor – para volver al soneto conmemorativo de Paravicino– y Toledo una patria mejor, pero fue en Italia donde aprendíó lo que iba a necesitar para convertirse en el genial artista que todos admiramos». 

JUAN NICOLAU CASTRO 
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viernes, 13 de abril de 2018

Algunos Helenos como Refundadores míticos de la Ciudad Imperial

Resultado de imagen de leyenda de hercules y toledoPor lo que atañe estrictamente al tema que nos incumbe, pasaremos de puntillas por la supuesta fundación de Toledo nada menos que por Hércules (quien se dice que levantó las primeras piedras del Alcázar o a quien se le atribuyen las famosas cuevas bajo la iglesia de San Ginés) y tampoco nos detendremos en la disparatada atribución de ser la patria chica de san Tirso (mártir cristiano del s. III, un despropósito solo «documentado» en los cronicones del padre Román de la Higuera o su continuador Antonio de Quintanadueñas, aunque su culto aparezca consignado en el santoral mozárabe).

De este modo, hasta donde sabemos la presencia de griegos o bizantinos en el Toledo visigodo no pasan de ser meras conjeturas .



Luis Hurtado de Toledo, párroco de San Vicente y encargado de responder al celebérrimo cuestionario ordenado hacer por Felipe II en toda Castilla, no le duelen prendas al asegurar, a fines del siglo XVI, que Ferecio Grecio fue el fundador de Toledo, quien amansó a la mítica serpiente e inventó las albóndigas (carne picada con especias y huevo), aparte de asegurar que «es compuesta la lengua de Toledo de las naciones que en ella habitaron mayormente de griegos y godos».

Todo era poco para apuntalar la rancia solera de la ciudad y bruñir su gloriosa antigüedad, acudiendo para ello a los pueblos más prestigiosos del pasado, como eran griegos y godos, dentro de una espiral de disparates con visos eruditos en que se intentaba preservar la primacía de Toledo entre las urbes hispanas.

En paralelo, determinados linajes se vieron envueltos en esta carrera por prevalecer sobre los demás y modular a su favor la memoria colectiva .

En esta senda, algunas genealogías (re)creadas a fines del Medievo sostuvieron sin empacho que el apellido Toledo provenía de un ilustre caballero bizantino de sangre real que intervino en la reconquista de la antigua urbs regia visigoda, pues «Hizo tanto ruido en el mundo la toma de Toledo que vinieron de todas partes grandes señores, entre ellos vino de Constantinopla un hijo de el emperador de los griegos llamado el conde don Pedro, y de el descienden los de el apellido de Toledo y don Esteban Illan» .

Esta leyenda familiar apócrifa20, creída a pies juntillas en la Ciudad Imperial, no fue desmontada hasta inicios del siglo XVII, para más inri por un linajudo tan poco amigo de descartar patrañas como fue el granadino Blas de Salazar, quien apunta en una obra consagrada a mayor honra de los Zapata, condes de Cedillo, lo siguiente: 

«los Albarez de Toledo son los del duque de Alba, condes de Oropesa, marqueses de Villafranca, quieren ser descendientes de el conde don Pedro, que fue muy señalado en la conquista de Toledo, diçiendo era de los Paleologos emperadores de Grezia, mas ni puede ser ni esta bien porque Miguel Paleologo primero de este linage, tiraniço el ymperio matando al emperador Joan Lascaro su pupilo mas de ziento y setenta y çinco años despues que se gano Toledo» .

Desde luego, otros más cualificados que yo han rastreado la colonia griega en la Toledo del Greco, desde la obra pionera de Borja San Román a los estudios más actuales del helenista Juan Gil Fernández , entre otros. Sin embargo creo que algo puedo aportar a este lugar común en la historiografía de la última centuria.

LOS GRIEGOS EN TOLEDO ANTES DE EL GRECO. 

En los umbrales de la Modernidad el primer greciano o egipciano, es decir un gitano supuestamente oriundo de Egipto Menor, nombre antiguo del Peloponeso, que recaló por Toledo fue un conde de gitanos o caudillo itinerante que acampó con una cuadrilla de calés extramuros de Toledo hacia 1493, despertando el recelo de los lugareños.

Recordemos que, poco después, termina la mítica edad dorada de los gitanos españoles, cuando aún se les respeta, despiertan fascinación o, al menos, se les teme25.



Así, la pragmática de los Reyes Católicos de 1499 permitía el asesinato de los gitanos que errasen en grupo por los caminos por cualquiera que se topase con ellos para acabar con sus merodeos26 . Indudablemente, este odio feroz hacia los gitanos no era exclusivo de España.

Una leyenda balcánica los hace forjadores (o ladrones) de los clavos de la Santa Cruz donde se inmoló a Cristo, motivo más que suficiente para ser condenados a deambular por el mundo como almas en pena. En esta senda, un autor patrio, el cronista dominico fray Juan de la Puente (OP.) escribió que tales personajes acompañaron a Hércules a España para robar los ganados a Gerión, por lo cual deduce «que fueron los primeros ladrones que huvo en estos Reynos»; en tanto que el conocido canónigo toledano Pedro Salazar de Mendoza, algo más salomónico, tercia en esta polémica con su propio memorial antigitano, escribiendo que «ellos por tradición de sus mayores, dicen y publican que algunos son de Egipto y otros de Grecia; y así se llaman grecianos o egipcianos. Los grecianos, por la mayor parte son herreros y usan más del engañar con palabras y embelecos que con hurtos.

Los egipcianos son holgazanes y amigos de andar a caballo, y usan mas de hurtar que los engaños y embustes» .

Lo cierto es que el franciscano llamado Simón Simeonis delata la presencia de gitanos en Creta en fecha tan temprana como 1322 y que, a inicios del siglo XV, ya se detectan gitanos en el Rosellón catalán.

Después, hacia 1435, fueron avistados en hábito de peregrino visitando la tumba del apóstol Santiago y en 1462 fueron agasajados por el condestable Lucas de Iranzo en Jaén. Décadas después, en 1539 se le obligó a sedentarizarse, bajo pena de seis años de galeras, aunque el impacto de esta medida fue nulo.

La segunda noticia más antigua que tenemos de la presencia de griegos en la Ciudad Imperial no es menos sorprendente. Data de 1538 y me ha puesto sobre su pista mi buen amigo Mariano García Ruipérez, verdadero oráculo de la historia de Toledo y sus gentes.

Su paso coincide con las Cortes celebradas en la Ciudad Imperial29. De esta manera, dos griegos, metidos en una campana, «entraron y salieron varias veces del fondo del Tajo ante la presencia del emperador Carlos V sin mojarse y sin extinguirse el fuego que llevaban en sus manos» .

Muy socorridos como espías o mediadores entre los turcos y los piratas berberiscos, la existencia en la Península Ibérica de griegos y cristianos orientales es investigada con celo por el tribunal de distrito del Santo Oficio toledano: fray Juan de Armenia fue investigado por la Inquisición de Toledo, quedando su causa suspensa (1559) y otro tanto ocurrió con el chipriota Paulo Patricio (1561).



Nada fuera de lo normal, ya que, por regla general, las gentes del Mediterráneo Oriental eran tenidos por poco fiables y demasiado tibios en materia de fe .


MIGUEL F. GÓMEZ VOZMEDIANO 
Académico Numerario

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miércoles, 28 de marzo de 2018

Extranjeros en Toledo: La Colonia Griega y del Mediterráneo Oriental en tiempos del Greco

Resultado de imagen de Extranjeros en Toledo en tiempos del Greco
La Toledo cosmopolita de fines del siglo XVI e inicios del XVII estaba acostumbrada a la presencia por sus calles, tahonas u hospitales de extranjeros de todo porte y pelaje: desde esclavas negras o moriscas haciendo recados para sus amos o acompañando a sus señoras; a soldados procedentes de todos los rincones de Castilla y mercenarios suizos, en tránsito por la Ciudad Imperial o alojados bien en la ciudad, bien en sus cercanías1 , pasando por menestrales flamencos, nobles centroeuropeos, clérigos irlandeses e impresores alemanes. 

De entre todas las naciones, los más numerosos fueron los franceses que, huyendo de la miseria o de la cruenta guerra entre católicos y hugonotes, se derraman por Toledo.



Desde sacerdotes que huyen de la persecución religiosa a míseros aguadores procedentes del Macizo Central francés, quienes conforman una colonia tan numerosa que en 1617 pretenden fundar toda una cofradía «de naturales» bajo la advocación de San Luis, rey de Francia, con sede canónica en la ermita de San Roque, extramuros de Toledo2 ; un santo rey-pintado a la sazón por Jorge Manuel, el hijo del Greco.

Tampoco faltaron facinerosos, pícaros, vagabundos, peregrinos o pordioseros oriundos de todos los confines del Imperio o desterrados de la Corte, algunos de los cuáles terminan en las redes del Santo Oficio por envidias o simplemente por molestar. 

Tal parece ser el caso de Alejo de Soto, venido nada menos que desde la remota ciudad de Goa (India portuguesa), que fue denunciado por blasfemo y proferir cantares deshonestos, descubriéndose que era un musulmán bautizado con doce años de edad, siendo obligado a abjurar de levi y ser instruido seis meses en un convento toledano . 

Coetáneos de Domeniko también están documentados numerosos italianos, algunos artesanos o artistas (pintores, ensambladores de retablos, doradores), otros negociantes (tales como los mercaderes de mármol de Carrara de la talla de Juan de Lugano o tratantes de grueso tan famosos como los Salvago, los Rótulo , los Lercaro o los Lomelín ). 

Más aún, algunos de los linajes de comerciantes genoveses, pisanos o sicilianos más solventes fundaron capillas funerarias en conventos (los Cernúsculo en San Juan de los Reyes) e iglesias (los Mesina en San Cristóbal); aunque, desde luego, fueron mucho más numerosos los buhoneros, volatineros o saltimbanquis itinerantes. También se detectan, cada vez más, inmigrantes portugueses en nuestra ciudad, sobre todo desde que la Unión de Coronas (1580) integró a Portugal bajo órbita castellana. 

De este modo, cientos de marranos portugueses (lenceros, especieros, tenderos, especieros, prestamistas o mercaderes) pululan por toda la Península, entretejiendo un denso entramado comercial lusitano por villas y ciudades. Mención aparte merecen aquellos que recalaron en las cárceles Toledo. Se trata de una chusma compuesta de bígamos, hechiceras, calés «de nación gitanos» (es decir, no considerados españoles) y toda una panoplia de forasteros desarraigados o lugareños problemáticos que son a menudo condenados a galeras y que permanecen confinados en prisión durante meses o años. 



Por no mencionar que navarros, catalanes, valencianos o aragoneses eran considerados extranjeros en la Corona de Castilla, por mucho que despertaran menos recelos que el resto de personajes extrapeninsulares. 

Además, de todos ellos el resabio popular había construido un arquetipo, muchos de los cuáles han pervivido hasta nuestros días: aragoneses testarudos, alemanes borrachos (tanto más chocante cuando la dieta popular hispana estaba regada a diario por sendas cuartillas de vino tinto), portugueses galantes y vanidosos, italianos afeminados o codiciosos, franceses bribones, flamencos laboriosos, ingleses herejes y piratas (no olvidemos que Ana Bolena cabalga la Tarasca toledana, encarnación ritual del pecado), negras lujuriosas (prohibidas hasta en los burdeles para evitar que engatusaran a sus clientes), negros torpes y malhablados (burlándose de ellos en los villancicos y motetes de la catedral), etc. Y ¿qué hablar de griegos, turcos y otros inmigrantes de Oriente Cercano? Cuando no eran tachados de sodomitas se les tildaba de pedigüeños. 

En esta línea, resulta sorprendente el número de cristianos orientales provenientes de los Balcanes, Península Helénica y Oriente Próximo (Armenia, Palestina) que recalan en la Monarquía Católica, sobreviviendo de las limosnas, en calidad de peregrinos a Santiago de Compostela o de refugiados perseguidos de los turcos, representando en todo caso a sus respectivas comunidades, sojuzgadas por los infieles.

Paradigma de este pulular de cristianos perseguidos limosneando por la potencia paladina de la Contrarreforma es el caso de unos caballeros húngaros de paso por la Ciudad Imperial hacia 1599, en cuyo regimiento «Leyose una petición dada por Juan Nagui y Gregorio Pachi cavalleros ungaros en que suplicava su Señoria [el ayuntamiento toledano] les haga alguna merced atento que los turcos los cautivaron y para su rescate andan pidiendo ser favorecidos», librándoseles de las arcas municipales nada menos que 2.000 reales . 

Recordemos que las Constituciones sinodales de Toledo del cardenal Tavera (1536) ya tronaron contra los falsos romeros: «algunos engañadores so habito de peregrino, diziendo ser enviados para la salud de las animas, impuniendolse falsos nombres y señales fingidas, usando de otros muchos fraudes y cautelas burlan a la gente ignorante y le llevan dinero». 

Así, una generación antes de recalar El Greco en Toledo, en 1551 el Santo Oficio local investigó por hechicerías a Martín Páez, natural de Villarroya (La Rioja); este embaucador que se decía peregrino del Monte Calvario, uno de los doce que nombraba la Señoría de Venecia con destino al Monte Sinaí, mostrando una rueda de Santa Catalina tatuada en el brazo, solicitando dinero o comida a los aldeanos ignorantes para celebrar misas en los Santos Lugares, con la complicidad de un clérigo italiano que le acompañaba . Nos hallamos en una época en la cual pocos o casi nadie viajan por placer, sino buscando su sustento o huyendo de su triste suerte.

Tengamos en cuenta que los caminos eran lodazales en época de lluvias y polvaredas en el estío; las ventas son consideradas, no sin razón, rediles de rufianes, prostíbulos o nidos de estafadores y en cada recodo del camino podían aguardar salteadores sin escrúpulos o mozos con ganas de chanza o bulla. Además, los viajeros cualificados que recalan por la Toledo de los Austrias y nos han legado sus memorias suelen ser diplomáticos, intelectuales o militares. 

Todos parecen toparse con lo que han venido a ver10: templos suntuosos; calles atestadas de damas elegantes, caballeros orgullosos, buenos artesanos y un clero omnipresente que hormiguea por calles, tiendas, iglesias y conventos. No obstante, también suelen quejarse de las malas posadas; de las bazofias que les sirven de comida; de la falta de aseo y rudas costumbres de los plebeyos; del desprecio de los toledanos hacia los foráneos; de los hurtos de los ladrones o las sospechas de todos. 

Algunos cortesanos extranjeros, como el caballero francés Bartolomé Joly, de tránsito por España entre 1603 y 1604, incluso plantea una dicotomía etnocentrista entre la urbanidad gala y la barbarie española, cuando se queja de los insultos que les gritan los aldeanos por los caminos, burlándose de manera inmisericorde del uso generalizado del sampedro u orinal, mientras que ensalza el uso de los retretes o «sillas agujereadas, verdes y limpias, como en Francia» . 



Mención aparte merecerían otras costumbres locales o determinadas ceremonias públicas como los toros o los ajusticiamientos públicos. Así el burgués flamenco Juan Lhermite, cuando asiste a un autos de fe lo considera un «espectáculo muy triste y deplorable de ver», aunque a renglón seguido lo justifique .

MIGUEL F. GÓMEZ VOZMEDIANO 
Académico Numerario

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jueves, 22 de marzo de 2018

La restauración de "El Expolio de Cristo", de El Greco

Asiste gratuita y cómodamente a una clase magistral dada por Rafael Alonso, restaurador del Museo del Prado, comentando la restauración de "El Expolio de Cristo", una de las obras capitales de El Greco.



En la sacristía de la catedral de Toledo podéis ver el cuadro, pero no de esta manera.




viernes, 1 de diciembre de 2017

El hijo del Greco falsificó su firma cuando el pintor sufrió un ictus

«Autorretrato«, de El Greco

Los ataques cerebrales dejaron secuelas en su rostro, como muestra su «Autorretrato», según los expertos

Doménico Theotocópuli (1541-1614) sufrió dos ictus o ataques cerebrales en los últimos años de su vida, uno más leve hacia 1600 y otro en 1608, cuando tenía 67 años (murió a los 73 años). 

Ello produjo secuelas en su rostro, cuya parte derecha aparece más descolgada, y un ojo más hundido que otro, como refleja su último «Autorretrato». Así lo afirma un estudio multidisciplinar —publicado en el Journal of the Neurological Sciencies— en el que ha participado uno de los mayores expertos del mundo en el cretense, el historiador Fernando Marías, catedrático de Historia del Arte de la Universidad Autónoma de Madrid, que este jueves ha pronunciado en Roca Tarpeya (sede de la Real Fundación Toledo) una conferencia bajo el título «El corpus documental de Doménico Theotocópuli El Greco. Trabajar para ser pobre».



En declaraciones a ABC, Marías ha explicado que diferentes documentos, entre los que se encuentra la comparación de sus firmas antes y después de estos infartos cerebrales, no descartan que Jorge Manuel, el hijo del pintor, falsificara su firma a partir de 1608, año en que se detecta la pérdida de la destreza en la escritura o agrafia. Ello plantea la duda de si las obras de su última década son suyas o ejecutadas por su taller, que dirigía su hijo, también artista.

Fernando Marías, el mayor experto del cretense, en la sede de la Fundación Toledo-A.P.HERRERA

«La nueva documentación existente sobre el Greco ha dado pistas más claras no solo sobre su situación económica, sino sobre su estado de salud, que repercutió sobre su obra. Parece que tenía problemas cardiovasculares y que probablemente hubiera sufrido un ictus o dos», que le tuvieron en una situación de postramiento, ha señalado Marías. 

«Hay un nuevo análisis en la documentación, como la ausencia de firmas en los contratos, o la falsificación de las firmas por su hijo; y por otro lado un análisis de la morfología de su autorretrato, unos signos de una posible parálisis facial, una situación de problemas vasculares a ojos de los médicos», ha añadido el que fuera comisario de la exitosa exposición «El griego de Toledo», la muestra más ambiciosa y de mayor envergadura realizada nunca sobre el artista y que fue organizada por la Fundación El Greco 2014.

La contribución de los doctores Bianucci y Appenzeller en el citado estudio sobre el estado de salud del Greco incide en que fue el propio artista, a través de su obra, quien describió sus propias discapacidades neurológicas. Y qué mejor forma de hacerlo que con las magistrales pinceladas de su aurorretrato.

El estudio multidisciplinar también habla de la situación económica e ideológica del cretense. «Esta hasta la cejas de deudas, una situación muy penuriosa y de números rojos constante de la que no conseguía salir», ha dicho Marías. ¿Y era religioso el Greco? «Más bien no», ha añadido el experto.

María José Muñoz  30/11/2017 21:18h
http://www.abc.es/espana/castilla-la-mancha/toledo/ciudad/abci-hijo-greco-falsifico-firma-cuando-pintor-sufrio-ictus-201711302118_noticia.html


viernes, 24 de noviembre de 2017

Doña Jerónima de las Cuevas, Mujer de El Greco (y II)


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El mayor desprecio que se podría hacer a esta hipótesis sería ignorarla. Pero sólo queremos dar un dato para demostrar su falsedad. Cuando en su poder para testar en su nombre, llama El Greco «doña» Jerónima a la madre de su hijo, ya hacía más de tres años que el rey Felipe III había promulgado una ley prohibiendo el uso del «don» que con el tiempo había sido extendido incluso entre maleantes y prostitutas.

 En su decreto, el rey reserva la permisión del uso del don entre otros a personas tituladas y a las mujeres de grandes maestros. El Greco quiso demostrar con ello que si Jerónima no era su esposa, con ese tratamiento la consideraba con todo respeto como si lo fuera.

Queda por mostrar mi hipótesis acerca de la falta de matrimonio canónico entre nuestros protagonistas. Lo haremos después de demostrar que al menos el hijo, Jorge Manuel, vive con El Greco. Y de doña Jerónima, hablaremos acto seguido. Cuando El Greco pinta «El entierro del conde de Orgaz», ya hace ocho años del nacimiento de su hijo, al que retrata en el cuadro Y lo retrata poniéndole en el bolsillo un pañuelo con firma y fecha. 



Lo primero que nos muestra aquí El Greco es que su hijo vive con él. Y además certifica que es su hijo. En la firma del pañuelo dice. Doménikos Teothocopoulos epoiei 1578. (Doménico Theotocópuli me hizo 1578). Vamos a pasar por alto las confusiones que provocaron la fecha en el pañuelo a ciertos investigadores, que cuando se empezaron a interesar por la obra del Greco, quisieron demostrar que el cuadro estaba pintado en 1578 y no en el 1586 que decían los documentos, pues según ellos, podían demostrarlo por la firma y la fecha pintadas por la mano del Greco.

Después de algunas discusiones se demostró que la autoría y la fecha del pañuelo se refería a su hijo, afirmando que él le había hecho en 1578. ¿Por qué hay un silencio documental sobre Jerónima de las Cuevas? ¿Por qué no se casaron? Nuestra hipótesis es que sufrió una depresión post parto que la hizo perder la razón, aunque se recuperara por períodos y volviera a recaer. Apenas disponemos de datos escritos que corroboren esta tesis, pero pensamos que fue ingresada en el manicomio al menos por períodos intermitentes.
Llevamos muchos años estudiando esta hipótesis y creemos estar muy cerca de poder confirmarla; pero de momento nos conformaremos con exponer los datos que nos llevan a esta idea. En nuestras averiguaciones hemos descubierto que la depresión post parto era sufrida por un porcentaje muy elevado de mujeres en aquella época, y que casi el mismo porcentaje se sigue registrando en la actualidad. La diferencia está en que hoy hay más medios para atajarlo y en la antigüedad casi todos los casos terminaban en la locura.

Según Cristina Gavilán, «de cada tres personas con depresión, dos son del sexo femenino», y añade que «una de las formas más comunes es la depresión post parto, que se produce en un porcentaje muy elevado de mujeres ante la llegada de su primer hijo. Francesca Lombardo, psicóloga y magister de la Universidad de Paris, y del World University Service, que actualmente hace investigaciones de gestantes de alto riesgo en los servicios de Psiquiatría y Ginecología, dice entre otras cosas, que «las esquizofrenias y las depresiones que se declaran en el parto tienen un contenido y un carácter específico, incluso cuando se trata de la agravación de un proceso crónico debido a una disposición preexistente».

También dice que, «La reproducción como fenómeno, es siempre la misma y siempre singular. Muchas leguas de civilización, de elaboración, nos separan del hombre primitivo y del antiguo, del medieval y del renacentista. La gestación misteriosa y soterrada oficio de mujeres entre mujeres, ha ido lentamente dejando las alcobas domésticas para convertirse en objeto de investigación científica y cuidados médicos específicos…» Laura Ramiro, dice que «hoy se trata de una manera adecuada a la paciente en una depresión crónica y recurrente que comporta trastornos afectivos con el bebé y con la pareja, que en otros momentos incluía el riesgo de suicidio».

De entre los estragos que el parto producía en la mujer desde los comienzos de la humanidad, y que se empezaron a detectar en la Edad Media y a poner remedios en la Moderna, no se han comenzado a estudiar seriamente los trastornos psiquiátricos del post parto hasta el siglo XX. Dan fe de ello numerosas publicaciones al respecto, de las que conocemos un par de decenas que recogemos un nuestro libro sobre El Greco escultor, y que por no cansar la atención de ustedes les liberamos de su especificación. Lo cierto es que la depresión post parto llevaba frecuentemente a la locura en la época del Greco.

No ha de extrañarnos, pues, que Jerónima de las Cuevas pudiiera sufrir una depresión después del parto de su hijo. Y que como consecuencia de ello, tuvieran que internarla en el hospital psiquiátrico de Toledo, llamado El Nuncio por haber sido fundado y costeado por en nuncio de su santidad. Hay muchos datos que nos llevan a esta posibilidad. Primero, tanto Cossío como Marañón, piensan que El Greco se inspiró en locos de Toledo para pintar sus apostolados.

Si, según estos dos autores, El Greco había visto a los locos del hospital de dementes de Toledo, no debemos pensar que los locos fueran al estudio del pintor, antes bien pensaríamos que fuese El Greco el que visitara con cierta frecuencia el manicomio. Segundo, El Greco como sabemos era amigo del doctor Rodrigo de la Fuente, al que retrató. Es cierto que el retrato se lo hizo en 1588, después del supuesto internamiento de Jerónima en el manicomio, si por las fechas no se demuestra que la amistad surgió por el retrato, sí queda demostrado que cuando le retrató ya eran amigos.

Y sabemos que era el director del manicomio en aquellos momentos. Además el pintor era también amigo del griego Antonio Calosinás, que había venido a Toledo antes que El Greco como traductor del griego y del latín, pero que ya traía estudios de medicina que aquí terminó y se doctoró bajo la dirección del doctor Rodrigo de la Fuente con el que hacía practicas en el manicomio. Ambos médicos del manicomio, pudieron recomendar y animar al Greco para que Jerónima fuese internada en dicho hospital. Tercero, podemos pensar que el Greco no habría permitido el internamiento de Jerónima de no haberse enterado antes de las condiciones de trato que podría recibir, de lo que pudo enterarse por sus amigos los médicos mencionados.

Nosotros sabemos hoy, y El Greco pudo saber entonces, que a finales del siglo XVI, o sea, en época del Greco, el dicho hospital había recibido una herencia del canónigo don Juan de Vergara, que aportaba al manicomio más de medio millón de maravedises al año, por lo que disponía para casos no graves de salas separadas por sexos, y de camas con colchón de esparto o lana, sábanas, manta o cobertor según la época del año.

Y para comer se servían diariamente once ónzas de cordero por enfermo, seis y media azumbre de vino para trece personas, especias, garbanzos y ensaladas para comer y cenar. Para el desayuno se servían frutos secos en invierno, y en verano fruta del tiempo, endrinas, higos, membrillo, melocotones, etc. etc. En aquellos años tenía el hospital del nuncio un gasto diario de 872 maravedises, para mantener una media mensual de entre 31 y 49 enfermos, lo que hacía un montante al año por encima de 318.000 maravedises para gastos de enfermos.



Además de estos gastos tenia que mantener a 14 pobres donados que se dedicaban a la ayuda y cuidado de los pacientes y 4 servidores además de los médicos. Hemos intentado consultar cuantos documentos pudiéramos sobre registro de visitas, ingreso de enfermos, alta de estos, permisos de salidas y entradas… pero los documentos del antiguo manicomio, ubicado en el adarve que hoy da comienzo a la calle del Nuncio Viejo, trasladado en el siglo XVIII al edificio que para él se construyó en la calle Real, el incendio que este edificio sufrió en la primera mitad del siglo XX del que fui testigo por vecindad, y su posterior traslado al paraje de La Vinagra, han hecho imposible nuestras pesquisas; además de ignorar si se llevaban dichos registros en aquella época.

A lo más que hemos podido llegar, de momento, es al libro de Obra y Fábrica de la catedral, en el que hemos encontrado algunos datos, más escasos de lo que hubiéramos deseado, que nos dicen que en 1578 y en años posteriores, ingresaron tres Jerónimas, sin especificar apellidos. Hay después del nombre en alguna de ellas una especie de apodo, probablemente puesto por el encargado del registro, no sabemos si para diferenciarla de las otras jerónimas o si para identificarla con la que ya hubiera estado ingresada con anterioridad.

No sabemos, por tanto, si alguna de ellas era la Jerónima que buscamos o las tres registradas en distintas fechas era la misma, lo cual podía ser, dado que según dicho libro había enfermos a los que se daba el alta temporal para volver a ingresar si recaían. Volvemos a encontrar el rostro de Jerónima que juzgamos perteneciente a la época de su hipotética estancia en el manicomio, con posibles entradas y salidas, en la Virgen de la Caridad, de Illescas. 
Este rostro de Jerónima, está ya castigado por los años y por la enfermedad. Jerónima contaba en la fecha que el cuadro se pintó cincuenta y tantos años de edad. El Greco la retrata recordándola con cariño, o viéndola con cariño en cada una de sus salidas del hospital. Es el mismo rostro de cándida inocencia en el que se adivina además una ausencia de cuanto pueda rodearla.

A pesar de ello, El Greco la pinta extendiendo su mano derecha y su mirada al hijo que hay bajo su manto, Jorge Manuel, que contaría por entonces veintitantos años, lo cual costó un disgusto al pintor, pues fue usado por los cofrades de La Caridad para intentar abaratar el precio o retrasar el momento del pago. …y assimismo enzima de ntra. Sra. en la parte mejor del dicho retablo, está pintada una ymagen de la Charidad y allí Retrato de su sobrino Jorge Manuel con muy grandes lechuguillas y otras personas conocidas que combiene quitar del todo (…) y así los primeros tasadores que tasaron la dicha obra declararon que combenía que se borrase como yndecente…

Presentamos el cuadro del Greco y uno antiguo sin las lechuguillas. Creemos que El Greco no borró las lechuguillas, sino que, de mala gana, pinto sobre las capas de barniz los cuellos que se ven en la fotografía antigua cubriendo las lechuguillas o golas, por lo que, cuando después de la guerra se limpió el lienzo, aparecieron las lechuguillas que habían sido pintadas cobre las capas de barniz. 

ÚLTIMOS DATOS SOBRE JERÓNIMA

En 1612, dos años antes de su muerte, El Greco había obtenido por ruegos anteriores de su amigo don Luis de Castilla, una «sepultura graciosa», o sea, gratuita para ser enterrado en Santo domingo el Antiguo. Algo después, Jorge Manuel manifiesta que tiene necesidad de otra sepultura junto a la de su padre, y surge un acuerdo entre la abadesa doña Andrea de la Cerda y Jorge Manuel de que éste, como arquitecto de obras, haga una bóveda sepulcral frente a la puerta de entrada a la iglesia, como se sale de la capilla de los Gomara para «entierro de su padre, suyo y de sus hijos y descendientes perpetuamente de manera que la bóveda sea siempre suya para siempre jamás y no se pueda dar a otro ninguno para que se entierre en ella».

Su padre, El Greco, pintaría un cuadro para poner sobre la bóveda con la «Adoración de los pastores». Y allí se enterró al Greco y enterró Jorge Manuel a su primera esposa, Alfonsa de los Morales. Ocho años después del fallecimiento del Greco, en 1622, surgen unas dasavenencias entre la entonces abadesa doña Ana Sotelo de Ribera y Jorge Manuel, creemos que por las dificultades que entrañaría el futuro enterramiento de la segunda esposa de Jorge Manuel. Jorge Manuel, entonces, inicia un trato con los responsables de San Torcuato para conseguir sepultura para enterramiento en ella de «sus padres» y demás personas conforme a su voluntad. ¿Vivía con él doña Jerónima de las Cuevas cuando pidió esta condición para sus sepulturas en San Torcuato?

 ¿Había fallecido y estaba enterrada en otro sitio? ¿Por qué no se le menciona para nada en los trámites de enterramiento en Santo Domingo? Las respuestas a estas preguntas no son demasiado difíciles. Partiendo de mi hipótesis de esporádicos internamientos en al manicomio del Nuncio, podríamos suponer que doña Jerónima viviera en sus salidas con El Greco y después con su hijo. No parece que hubiera fallecido, pues no encontramos actas de defunción por estas fechas en la que sabemos fue su parroquia, Santo Tomé. En cuanto a no mencionarla en los trámites de enterramiento en Santo Domingo, recordemos que la primera sepultura que se le concede al Greco en la iglesia del dicho convento fue a instancias de don Luis de Castilla, y sería, seguramente, un hueco en el suelo o en uno de los muros para una sola persona; como son las sepulturas que en el mismo monasterio tienen don Diego de Castilla y don Luis.

Luego es su hijo el que pide la bóveda para entierro de su padre, suyo y de sus hijos y descendientes… no menciona aquí a su esposa ni a su madre. A su primera esposa, Alfonsa de los Morales, la entierra en Santo Domingo, pues formaba parte de su familia cuando se hizo este contrato; pero el casarse de segundas nupcias y teniendo pendiente el enterramiento de su madre, que no había estado casada con su padre, debieron surgir las desavenencias entre Jorge Manuel y la abadesa doña Ana Sotelo de Ribera.



Y ello llevaría a Jorge Manuel a gestionar sepulturas en San Torcuato. No queremos dar la sensación con nuestras hipótesis de obstinarnos en que Jerónima estuviera loca. Sólo queremos buscar una situación lógica, que pudiera ser verdadera por los datos aportados, para limpiar la teoría de que doña Jerónima fuese una prostituta del burdel de la Antequeruela, y reivindicarla como la mujer amantísima y respetable que fue de Doménico Theotocópuli llamado el Greco. Lo de amantísima y respetable, queda demostrado por cuanto hemos contado:

El Greco la retrata al menos en cuatro ocasiones claras –aunque en algunos otros rostros femeninos de su obra esté siempre recordando el de Jerónima-. El Greco pinta a su hijo también al menos en tres ocasiones, demostrando con ello igualmente su cariño. Y Jerónima es mencionada en documentos al menos en otras tres ocasiones; la última cuando Jorge Manuel pide sepultura para ella. Creemos firmemente que las circunstancias hicieron de ellos una pareja cuyo amor imposible pero fiel, atenazó sus vidas. 


FÉLIX DEL VALLE DÍAZ Académico Numerario
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