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viernes, 15 de septiembre de 2017

Los Gudaris del Castellano

Cartularios de Valpuesta, donde se leen las primeras palabras del castellano

Estos días en que pronunciar la palabra España resulta reaccionario para progresistas y pecaminoso para los partidos nacionalistas, que siempre marcharon en esto muy congeniados con los curas. 

Estos días que los nacionalistas andan en celo, excitados y nerviosos con sus complejos y sus egoísmos de campanario de las mansiones de Neguri o de Pedralbes; estos días en que unos españolizan de palabra y otros desespañolizan de obra, pues va uno y se acerca a la cuna del castellano, que ya parece que no es el monasterio de Suso en San Millán de La Cogolla con sus glosas del siglo XI, sino un pueblecito burgalés llamado Valpuesta en cuya Colegial se ha hallado un cartulario con un incipiente castellano nada menos que del siglo IX.



Estamos en ese cogollo histórico de intersección territorial entre vascos, castellanos y riojanos, y seguimos la carretera atravesando varias veces en cuestión de unos pocos kilómetros una falsa frontera administrativa que nos va haciendo entrar y salir de una comunidad a otra sin darnos cuenta, porque la tierra no tiene dibujadas esas fronteras que se han modificado miles de veces durante la historia, cambiando los nombres de ella por los que le fueron poniendo diferentes tribus, clanes, pueblos, provincias y naciones de las que solo han quedado luego cenizas que ya nadie recuerda, aunque durante el trascurso de los milenios hayan muerto miles de hombres por defender esos cambiantes límites que el último en llegar siempre cree que se convertirán en las fronteras definitivas que pasarán a la eternidad de los cerriles.

Cuando llegamos a este pueblecito de Valpuesta, formado por unas pocas casas de una hermosa arquitectura castellana de entramado sobre las que se yergue una torre fuerte, un hombre nos permite entrar a visitar el templo donde se han descubierto las palabras más antiguas de ese tesoro que es la lengua que nos comunica a todos los españoles con millones de seres humanos.

Retablos polvorientos con santos descoloridos y llenos de telarañas, viejas humedades y suelos desnivelados nos reciben en el interior, en éste que debería ser uno de los santuarios de nuestra cultura. Preguntamos sobre las obras de recuperación y nos dice el guía que gracias al entusiasmo, trabajo e insistencia con la administración de las mujeres del pueblo se ha techado el templo y se ha mejorado el claustro. Queremos saber cuántos habitantes viven en la villa y nos responde que en realidad todos los vecinos que quedan allí son procedentes de San Sebastián, Vitoria y Bilbao.

Quedamos estupefactos, resulta que los custodios y conservadores de ese lugar casi sagrado, la cuna del castellano, son los vascos, y las vascas por supuesto, que allí residen, y que uno de Bilbao es quien nos abre sus puertas, y pienso, mirando el pequeño cementerio del claustro, que tal vez lo nuestro todavía tenga remedio.

Cuando nos despedimos es por supuesto con un chiste de bilbaínos, pues el desinteresado guía nos dice: “no es que yo sea de Bilbao, es que Bilbao es mío. ¡Ah! Y si quieren comer bien vengan al restaurante que el cocinero es discípulo de Berasategui pero pidan cita que hay cola”.

http://lamejortierradecastilla.com/los-gudaris-del-castellano/

sábado, 4 de marzo de 2017

Toledo, en la época de la Frontera

Resultado de imagen de Toledo, en la época de la FronteraTOLEDO EN ÉPOCA DE LA FRONTERA 

I.—INTRODUCCIÓN. LOS ANTECEDENTES 

Toledo fue ocupada, después de siete años de guerra en su territorio, por capitulación, y pasó a manos del rey de Castilla y León, Alfonso VI, en 1085. 

El relato que sigue se sitúa en plena época de las Cruzadas, siglos XII y XIII, pero justamente en el otro extremo del Mediterráneo e, indudablemente, con unas consecuencias mucho más duraderas para la historia europea. 

Sin embargo, a finales del siglo XI tenía ya Toledo una larga historia a sus espaldas y, precisamente por eso, su conquista por los hispanocristianos tuvo tanta importancia y fama.



La ciudad había sido capital política y eclesiástica del reino hispanovisigodo, hasta su destrucción por los musulmanes a comienzos del siglo VIII, y conservaba un valor de símbolo en el proceso de reconquista o restauración frente al Islam en el que se sentían inmersos los españoles del siglo XI. 

Pero tiene más valor ahora, para nuestro objeto presente, considerar algunas peculiaridades del Toledo islámico que, en parte, continuaron vivas después de la conquista cristiana. En la ciudad de Toledo, aunque la islamización fue profunda, la mayoría de la población continuó siendo hispana, de muladíes, y hubo una importante comunidad cristiana, de mozárabes, arabizados en su lengua y costumbres, pero que conservaban la fe de sus antepasados. 

Ambos grupos se sentían solidarios, en los siglos VIII y IX, frente a los «Texto de la conferencia publicada en Alicante en mayo de 1983 con motivo del ciclo que sobre La sociedad peninsular en la Edad Media organizaron el Departamento de Historia Medieval de la Universidad de Alicante y la Caja de Ahorros Provincial. 71 nutridos grupos beréberes instalados en zonas rurales próximas y en fortalezas (Guadalajara, Medinaceli, Talavera, Medellín), y a los escasos árabes que llegaron a la zona (vg., los asentados en Calatrava). 

En la ciudad y su entorno hubo, pues, pocos inmigrantes, el sentimiento de autonomía frente a Córdoba, continuo en el siglo IX, fue obra de la población indígena, y se plasmó en diversas revueltas y estados de secesión en 807, 829 a 837 y 852 a 932. 

Toledo se sabía fuerte, además, porque era cabecera y centro organizativo de toda la marca o frontera media contra los cristianos del N, en la retaguardia del Sistema Central, con más de 400 kilómetros de extensión, y también etapa obligada en las comunicaciones entre Córdoba y la frontera superior (Zaragoza), a través del corredor natural formado por los ríos Jalón y Jiloca, y entre Córdoba, también, y la costa levantina. 

La pérdida de Toledo hubiera provocado la ruptura en dos de Al-Andalus, y así sucedió, efectivamente, en 1085. 

La plena individualización política de Toledo y su región se produjo al disgregarse el Califato de Córdoba, a partir del año 1008. 

Se formó entonces un extenso taifa o reino musulmán regional, con capital en la ciudad, extendido sobre unos 85.000 Km2 , que comprendía las tierras de la Meseta Sur, desde los macizos de la Ibérica, al E, hasta bien entrada la actual Extremadura al O, desde el Sistema Central, al N, hasta Sierra Morena, al S. 

Por vez primera se perfiló, desde el punto de vista histórico-político, el área de lo que sería, en el futuro, Castilla la Nueva, o reino de Toledo, con sus relaciones y tendencias hegemónicas sobre el Levante, por un lado (estrecha relación con Valencia), Córdoba, por otro (el camino Toledo-Córdoba era un eje militar y mercantil de gran importancia), y, en tercer lugar, las tierras occidentales del reino taifa de Mérida.  

UN SIGLO Y MEDIO DE CONQUISTA, FRONTERA Y REPOBLACIÓN. 1085-1236/38 

Durante 150 años, desde su propia conquista en 1085 hasta la caída de las plazas extremeñas (Trujillo, Cáceres, Mérida, Badajoz), de la Andalucía alta y media (Úbeda, Baeza, Córdoba) y de Levante (Valencia), entre 1224 y 1238, fue Toledo cabecera de una amplísima zona fronteriza, la segunda de las grandes fronteras medievales hispánicas, por orden cronológico (la primera había sido la del Duero en los siglos IX y X), en la que se enfrentaron repetidamente y con dureza los cristianos y los musulmanes, sobre todo en los períodos de dominio y organi- 72 zación militar a cargo de los norteafricanos almorávides (1086-1118) y almohades (1157-1212). 

Las circunstancias de las conquistas, repoblaciones y asentamientos cristianos dependen estrechamente de las peripecias militares, que no puedo detenerme a enumerar ahora. Veamos, tan sólo, un esquema general, ilustrado con el mapa adjunto. Entre 1085 y 1118, fecha de la conquista de Zaragoza por los cristianos, y del comienzo de la decadencia militar de los almorávides, Toledo sufrió tres asedios, el rey castellano-leonés fue derrotado por los almorávides en dos batallas campales y, en definitiva, sólo se pudo asegurar la defensa y repoblación de las principales plazas fortificadas, sus entornos y los corredores que las unían, todo ello al N. del río Tajo, desde Medinaceli, Atienza, Hita, Guadalajara (línea del Henares), desde Buitrago, Uceda, Madrid (línea del Jarama), aunque Alcalá de Henares no fue recuperada hasta 1127, a la propia Toledo y las plazas de la línea del Alberche (Alamín, Maqueda, Talavera). 

De 1118 a 1157, aprovechando la presión militar mucho más baja que ejercía el Islam, se repueblan las tierras vacías entre los islotes citados y, además, el dominio de Zorita y Huete, y el de Oreja, Ocaña y Mora, permiten establecer vanguardias muy sólidas al otro lado del Tajo, de modo que Toledo deja de estar en primera línea de la frontera desde 1136-38. 

Esta situación se consolida entre 1157 y 1224, tanto en el sector central o toledano como, sobre todo, en el oriental (Uclés, tomada en 1157, alto Júcar, zona de Cuenca, tomada en 1177, y de Alarcón, 1183), aprovechando que en este último el dominio almohade no se estableció y fueron tierras en poder del «Rey Lobo», un hispano-musulmán más propicio a los pactos con cristianos, hasta su muerte en 1172. 

Entre la gran derrota castellana de Alarcos (1195) y la victoria de Las Navas de Tolosa (1212), el proceso repoblador casi se detuvo, pero en 1215 se reanudó en torno a la posición adelantada de Alcaraz. Desde 1224 a 1276 se completa la repoblación de Castilla la Nueva, ya sin el peligro de la frontera, puesto que se ha conquistado Andalucía y las plazas extremeñas y levantinas en poder de los musulmanes.

 Hay que mencionar, también, las repoblaciones tardías, a veces hasta el siglo XV, en zonas de retaguardia, muy al N, en los valles del Tiétar y del Guadarrama. Se comprende bien, por tanto, que Toledo haya sido un lugar de encuentro entre dos grandes civilizaciones, hostiles pero próximas, du- 73 Repoblación de Castilla La Nueva (J. González) 74 rante siglo y medio. 

Continuaba con ello una tradición anterior, en su época de ciudad islámica, y preludiaba, también, la continuación aminorada de la osmosis cultural cristianoislamo-judaica en los siglos XIII y XIV, dentro de su condición dominante de ciudad castellana. De todas las áreas de Castilla la Nueva conquistadas en los ss. XII y XIII centrará nuestro interés la de Toledo, ciudad, con su término rural próximo, hasta unos 30 o 40 kilómetros de radio, más algunas prolongaciones, situadas casi siempre en el área más poblada de la cuenca media del Tajo, en el triángulo comprendido entre Guadalajara, la propia Toledo y Talavera. 

Ya era la zona mejor organizada y poblada, y la más apta para la repoblación, cuando ocurrió la conquista de Alfonso VI a finales del siglo XI, se consolidó como tal en los siglos XII y XIII, y persistía aquella primacía demográfica y de poblamiento tanto a fines del siglo XVI, cuando se redacta la gran encuesta catastral conocida como «Relaciones Topográficas», como en la actualidad, en relación con otras tierras de Castilla la Nueva. Primacía que existe también, en otro orden de cosas, con relación a los estudios históricos, debido al atractivo que ejerce Toledo sobre investigadores de la historia, la literatura y el arte, y a la riqueza relativamente mayor de sus archivos, muy en especial el de la catedral. 

Por eso, aunque no deseo insistir mucho en este aspecto, me ha parecido importante facilitar al final algunas indicaciones bibliográficas que son, al mismo tiempo, el fundamento principal de esta conferencia.

Miguel Ángel Ladero Quesada 
Universidad Complutense.
 Madrid
https://rua.ua.es/dspace/bitstream/10045/7136/1/HM_03_03.pdf

martes, 20 de diciembre de 2016

Mártires Mozárabes


Resultado de imagen de Mártires MozárabesMÁRTIRES MOZÁRABES

Los mozárabes llevaron una vida muy difícil viviendo entre los musulmanes, y los que aquí enumeramos pagaron su fidelidad a Cristo con el martirio. También hoy son un modelo para el que quiera vivir al Evangelio fielmente.

El elenco de los santos mozárabes, que recoge el "Martyrologium Romanum" (Roma 2001), está compuesto en su mayoría por mártires, y por unos pocos confesores. Tenemos relatos de los martirios de la mayoría de ellos, escritos por contemporáneos, que los conocieron personalmente, y, que incluso compartieron la cárcel con ellos, y, posteriormente, padecieron el martirio.

Estos hombres y mujeres son mártires en el verdadero sentido de la palabra, es decir, que padecieron la muerte violenta por no renegar de su fe, y por intentar practicar libremente el cristianismo en la España ocupada por los invasores agarenos, dando así un "testimonio" inapelable de la Resurrección de Jesucristo. Llevaron una vida santa, de oración, amor a Dios y al prójimo, sin usar la violencia, detestable para un cristiano, y recibieron la muerte que ni deseaban, ni buscaban, con una inexplicable entereza y paz del alma, haciendo el bien, y no causando el mal. Fueron, en definitiva, buenos imitadores de Jesucristo, el Dios único, que se hizo Hombre y bajó a la tierra para salvarnos.



13 de enero a. 852 
Santos Gumesindo, presbítero y Servodeo, monje y mártires

11 de marzo a. 859 
San Eulogio, presbítero y mártir

13 de marzo a. 857 
Santos Rodrigo, presbítero y Salomón, mártires

15 de marzo a. 859 
Santa Leocricia, virgen y mártir

17 de abril a. 856 
Santos Elías presbítero, Pablo e Isidoro monjes y mártires

18 de abril a. 850 
San Perfecto, presbítero y mártir

30 de abril a. 855 
Santos Amador, presbítero, Pedro, monje y Luis, mártires

15 de mayo a. 855 
San Witesindo, mártir

3 de junio a. 851 
San Isaac, presbítero, monje y mártir

5 de junio a. 851 
Beato Sancho, adolescente mártir

7 de junio a. 851 
Santos Pedro, presbítero, Walabonso, Sabiniano, Wistremundo, Habencio y Jeremías, monjes y mártires

13 de junio a. 853 
San Fándila, presbítero, monje y mártir

14 de junio a. 853 
Santos Anastasio, presbtero, Félix, monje y Digna, virgen, y mártires

15 de junio a. 853 
Santa Benilde, mártir

26 de junio a. 925 
San Pelayo, adolescente mártir

28 de junio a. 856 
San Argimiro, monje y mártir

11 de julio a. 854 
San Abundio, presbítero y mártir

16 de julio a. 851 
San Sisenando, diácono y mártir

19 de julio a. 856 
Santa Aurea, virgen y mártir

20 de julio a. 851 
San Pablo, diácono y mártir

27 de julio a. 852 
Santos Félix y su esposa Liliosa, Jorge diácono y monje, Aurelio y su esposa Sabigoto, mártires

20 de agosto a. 852 
Santos Cristobal y Leovigildo, monjes y mártires

15 de septiembre a. 852 
Santos Emilia, diácono y Jeremías, mártires

16 de septiembre a. 852 
Santos Rogelio y Serviodeo (´Abdallah), mártires

17 de septiembre a. 853 
Santa Columba, virgen y mártir

19 de septiembre a. 853 
Santa Pomposa, virgen y mártir

27 de septiembre a. 824 
Santos Adulfo y Juan, hermanos mártires

20 de octubre 
Traslado a París de los restos mortales de los santos mártires el diácono Jorge y Aurelio

22 de octubre a. 851 
Santas Nunilo y Alodia, vírgenes y mártires

24 de noviembre a. 851 
Santas Flora y María, vírgenes y mártires



http://www.architoledo.org/Parroquias/SantasJustayRufina/Losmozarabes.htm

miércoles, 18 de febrero de 2015

Un monumento de Toledo con mucha historia: La Puerta de Valmardón

Entre las muchas construcciones monumentales que puedes recorrer en tu viaje a Toledo, se encuentra la Puerta de Bab-al-Mardum o Puerta de Valmardón.

Historia del monumento

Pasaje Puerta de Valmardón

La Puerta de Valmardón era el principal acceso a la medina de Toledo, pero su nombre en árabe indica que permaneció durante mucho tiempo cerrada. Se utilizaba en su reemplazo la Puerta del Sol -ubicada a pocos metros- que era más accesible y con menos pendiente.

Los restos más antiguos han podido comprobarse del siglo IX y X -y se cree que es la puerta más antigua de la ciudad-, pero recién aparece en ladocumentación de los monumentos de la ciudad de Toledo con fecha muy posterior.

De puerta militar a edificio civil

Detalle del arco de la Puerta de Valmardón

De este monumento ya no se conservan las torres y la estancia superior, al ser dejada su función militar alrededor del siglo XV a la mencionada Puerta del Sol. En ese momento, se la conocía comoPuerta del Mayordomo y era la vivienda del Corregidor de Toledo.



Durante su larga historia, también sirvió de cárcel y -luego de ser entregada a Pedro Lasso de Castilla por los Reyes Católicos- perteneció a la familia hasta el siglo XVIII.

Luego, fue una de las sedes del Hospital de San Lázaro para atender a los pacientes de tiña, lepra y sarna; y desde finales del siglo XIX es una vivienda particular.

Detalles arquitectónicos del munumento

En los muchos años de existencia de este monumento ha sufrido numerosos cambios. Además de la mencionada reducción en altura, los arcos de acceso han sido modificadosdel tradicional en herradura islámico al romano de medio punto.

También se pueden observan a simple vista, los cambios operados en las aberturas -como puertas y ventanas- ya que algunas originales han sido cerradas y otras nuevas abiertas para adaptarse a los diferentes usos que ha tenido.

Esta Puerta se encuentra muy próxima a otros importantes monumentos de Toledo como laMezquita de Cristo de la Luz y la Puerta del Sol que ya te mencioné en este post.

La Puerta de Valmardón es uno de los más tradicionales monumentos que no puedes dejar de ver en tu viaje a Toledo.

Fuente: http://www.deviajeportoledo.com/category/toledo-monumentos/page/2

martes, 1 de abril de 2014

Mozarabes: Resistencia y Exodo hacia el Norte

Quienes fueron los mozárabes 

Con este nombre se designó a los cristianos peninsulares que, durante la dominación musulmana, conservaron la religión cristiana.

Los árabes llamaban a los cristianos sometidos acham o achemíes, bárbaros o extranjeros; naçraníes, romíes, moxriques, cristianos, romanos, politeístas. En lenguaje jurídico usaban la palabra dimmíes o ahl-addimma, clientes o gente de la clientela por la protección que obtenían del gobierno musulmán mediante el pago de un tributo. También les llamaban mohaides, convenidos, aliados, ymosalimes, los que ajustan paz o viven en paz con otros.

Los escritores latinos o castellanos les llaman constantemente mostarabes, mosarabes, mozarabes, muztarabes, muzarabes, palabras derivadas de mostarab, participio pasivo de la décima del verbo ‘ariba o ‘aroba, que puede traducirse por arabizado, y que actualmente es el nombre más utilizado para designar a estas gentes.

El Islam es tajante en relación con los paganos; éstos deben convertirse y aceptar la fe predicada por Mahoma o deben ser entregados a la muerte y exterminados. No así los judíos o cristianos, designados como “las gentes del Libro”, esto es “las gentes de la Biblia”, los cuales deben ser respetados siempre que reconozcan la superioridad de los musulmanes, obedezcan a sus autoridades y paguen la chizía (jizya) o capitación establecida por persona.

Según las enseñanzas de Mahoma, los musulmanes al declarar la guerra santa a los cristianos debían obligarles a escoger entre el Islam y la chizía (jizya) o census capitis, capitación (reparto del pago de tributos o contribuciones por cabeza). Los que se sometían voluntariamente mediante el amán o seguro, pasaban a ser dimmíes o protegidos, quedando el estado obligado a protegerlos. En este caso conservaban sus vidas y haciendas, pero siempre mediante el pago de la chizía (jizya), además del tributo que se pagaba por las tierras llamado jarach (kharaj), que se instauró un poco más tarde que el anterior. Si los cristianos eran sometidos por la fuerza de las armas, los hombres debían ser muertos y las mujeres y niños cautivados, y sus tierras pasaban a propiedad del estado o de los conquistadores.
rganización de las comunidades mozárabes

En cuanto a derechos civiles y políticos, los cristianos hispanos conservaron cierto gobierno propio continuando con la legislación visigótica (compilada en el Liber Iudiciorum). En las poblaciones mozárabes de mayor importancia había un comes o conde que ejercía el gobierno supremo, al que acompañaban otros funcionarios mozárabes, cuyos cargos tomaron nombres árabes: alcadi (alcalde) juez, o arabizados: zavalmedina o jefe de policía, almoxarife o intendente de hacienda, almotacén o alamin o encargado de pesas y medidas, alarife o perito en edificaciones, arquitecto; alguacil (derivado de el visir) oficial menor de justicia, y otros semejantes.

Los cargos eran elegidos por los mismos mozárabes con mayor o menor libertad pero al cabo del tiempo hubo tres cargos impuestospor el sultán para la supervisión de todos los cristianos: un conde para lo civil, un juez para lo criminal y un almoxarife o exactor para la recaudación del jarach (Kharaj).

En el comienzo de la dominación árabe se tiene constancia del buen trato dado a los mozárabes. La población que no abrazó el Islam cuando fue conquistada por los musulmanes y no fue reducida a la esclavitud, se le garantizó la vida, la libertad y, a veces, la propiedad; esta protección o dimma se conseguía mediante el pago de un impuesto.
a difícil convivencia con el Islam

Con ‘Abd al-Rahmán I (primer emir de Córdoba desde 756 hasta 788), al principio se indemnizó a los cristianos por las iglesias que les habían sido destruidas o robadas, pero este tratamiento fue cambiando a lo largo de su gobierno provocando un ambiente de marginación, aunque no de opresión, al que se vieron sometidos los mozárabes a partir de entonces.

Bajo Hisam I (hijo y sucesor del anterior, que fue emir de Córdoba desde 788 hasta 796), a juicio de Conde y Simonet, se intentó proceder a la arabización de los mozárabes, a fin de privarles de su carácter propio y nacional.

Alhakem I llevó a efecto una matanza de mozárabes y muladíes en Toledo, durante la llamada “jornada del foso”.

Poco antes de la muerte de ‘Abd Al-Rahmán II, nacido en Toledo en 792 y emir de Córdoba del 822 al 852, la comunidad mozárabe de Córdoba sufrió una particular represión tras un periodo de relativa tolerancia. En el origen de la persecución estaban los insultos proferidos contra Mahoma y su religión por algunos cristianos, siendo condenados a muerte irremediablemente al optar por el martirio voluntario, que en función de las circunstancias, a veces, se manifestaban en forma de oleadas.

Este impulso es provocado por la resistencia de los mozárabes a desaparecer como grupo cultural y no sólo por el abuso fiscal y el fervor religioso de las víctimas. Una de estas represiones sucedió en 851 inducida por Eulogio, como consecuencia de la condena a muerte del sacerdote cordobés Perfecto en 850, por injurias al profeta Mahoma.

Estos sacrificios voluntarios no estaban bien vistos por toda la comunidad mozárabe que veía peligrar sus privilegios. Únicamente Saúl, el obispo de Córdoba, defendió a los mártires en el concilio que presidió Recafredo, obispo metropolitano de Sevilla, con asistencia de los obispos de las diócesis andaluzas en 852. Este Concilio de Córdoba fue convocado por Abd al- Rahman II para intentar arreglar este clima de crispación y consiguió que las autoridades eclesiásticas condenaran los martirios voluntarios. Se llegó a prohibir esta manifestación de fanatismo religioso, lo que no impidió que durante algún tiempo aún se reprodujeran hechos semejantes.
xodo hacia el Norte

El sucesor de ‘Abd Al-Rahmán II, el emir Muhammad I (quinto emir omeya de Córdoba del 852 al 866, hijo primogénito de Abd al-Rahman II), desencadena una cruel persecución contra los cristianos culminada con la encarcelación de Eulogio, como inductor al martirio, por segunda vez en 859, que acabó autoinmolándose y así quedó contenida esta rebelión que minaba la coexistencia de las distintas comunidades religiosas de Al-Andalus. Este emir intervino duramente contra la minoría mozárabe presionado, al parecer por los alfaquíes, destruyendo el monasterio de Tábanos, centro de la oposición mozárabe que encabezaban Eulogio y Álvaro. En este periodo la atmósfera de Córdoba se hizo irrespirable para los mozárabes quienes se refugiaron en Toledo o se instalaron como colonos en las nuevas tierras que, poco después, repoblara Alfonso III al norte del Duero.

En 873-874 la sequía y las epidemias asolan el país y cuando más aguda era la crisis económica mayores eran las exigencias del fisco y mayores las sustracciones fraudulentas de sus altos funcionarios. Esta situación se agravó con los siguientes emires hasta Abd al-Rahman III en 912. En 914 hubo una sequía que asoló el país. La situación se complicó cuando Omar ben Hafsún “el nuevo Viriato”, se lanzó a la guerra de guerrillas en la zona montañosa de la serranía de Ronda (Málaga), con sus huestes de mozárabes descontentos y cristianos fugitivos llegando a dominar casi toda la Andalucía serrana. La muerte de Omar, en 917, en el seno del catolicismo, convertido en 899 adoptando el nombre de Samuel y su mujer el de Columba, y la llegada del nuevo califa hizo temer por la vida de los mozárabes.

Sin embargo durante el reinado de ‘Abd Al-Rahmán III, primer califa omeya de Córdoba desde 912 a 961, y bajo el gobierno de Almanzor, los mozárabes parece que gozaron de relativa tolerancia y protección, conservando su libertad religiosa, fueros y gobierno propio. En lo que quedaba del siglo X y durante el siguiente siglo, la iglesia mozárabe española mantuvo sus antiguas diócesis, obispos y clero.

La persecución fue brutal y sangrienta durante la dominación almorávide y almohade a pesar de la ayuda prestada por los reyes cristianos como Alfonso I el Batallador, Fernando III el Santo o Jaime el Conquistador.

Las comunidades mozárabes, oprimidas por la pobreza y la persecución se extinguieron o se vieron en la necesidad de huir a los reinos cristianos del norte.


BIBLIOGRAFÍA:

Bernabé López García, Miguel Ángel Alarcia y Jaime Manuel Mola: Mozárabes, en Gran Larousse Universal. Plaza y Janés. Madrid 1995.
Daniel Cuñat: Al Andalus. Los Omeyas. Madrid, 1991.
Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana. Espasa-Calpe S. A. Madrid.
Enciclopedia de la Religión Católica. Dalmau y Jover S. A. Barcelona, 1950.
Gonzalo Martínez Díez: Los templarios en los reinos de España. Editorial Planeta (Historia y Sociedad), Barcelona, 2001.

Fuentes:http://www.maderuelo.com/historia_y_arte/historia/h_media_mozarabes.html

lunes, 27 de enero de 2014

Un jardín colgante musulmán y un espigón Trastámara bajo el Alcazar de Toledo

Un jardín colgante de época musulmana y un espigón de tiempos de los Trastámara son dos de los hallazgos más importantes de las excavaciones realizadas en el Alcázar de Toledo durante las obras de remodelación para que parte del edificio acoja la nueva sede del Museo del Ejército.

El arqueólogo y director de las excavaciones, Juan Zozaya, presentó estos resultados hoy durante una conferencia del ciclo 'Arquitectura hispanomusulmana en Castilla-La Mancha', organizada por la Asociación de Amigos del Toledo Islámico y celebrada en la Biblioteca Regional, situada también en el Alcázar.

Según el arqueólogo, el jardín colgante descubierto es 'el primero documentado de la península Ibérica' y data del año 802, de la 'época más importante desde el punto de vista de la ocupación del cerro que, posteriormente, acogió el Alcázar toledano, la época musulmana'.

"De hecho, el cerro lo regala un cristiano converso llamado Ambrosio al Islám para que se haga el Alcázar", explicó Zozaya, quien además señaló que, en esa época, el enclave defensivo y político fue "muy importante" y estuvo unido, mediante la primera muralla musulmana de Toledo, a la actual calle Santa fe.

Ese mismo año, agregó, se hizo otra muralla que cerró el recinto en una especie de pasadizo interior.

De la época de los Trastámara destacó el hallazgo de un gran espigón, "macizo, del que queda la planta y destruido al comienzo de las obras del Alcázar de Carlos V".

'Debió tener un torreón con caperuza y otro con un cadalso para defensa vertical; a partir de ahí, se encuentra el taller de los canteros que hicieron el Alcázar de Carlos V', describió.

Zozaya, experto en arqueología medieval, señaló que, en las excavaciones, también se han encontrado restos de diversa consideración de otras épocas, como el final de la protohistoria o la época romana; mientras que de la visigoda, 'no hay aparentemente nada', afirmó.

http://www.arqueologiamedieval.com/noticias1/1134/hallados-en-el-alcazar-de-toledo-un-jardin-colgante-musulman-y-un-espigon-trastamara

domingo, 22 de diciembre de 2013

El levantamiento de la Ciudad de Toledo del año 829

El levantamiento de la ciudad de Toledo, iniciado en el año 829, tuvo como artífice principal a un modesto jornalero converso, Hashim al-Darrab, que supo atraerse las simpatías de los poderosos sectores judíos y mozárabes de la ciudad al apelar al todavía fresco recuerdo de la "matanza del foso" llevada a cabo en el año 797 por el padre de Abd al-Rahman II, al-Hakam I. 

Así, se puso a la cabeza de una importante partida de seguidores, junto a la cual salteó caminos, desvalijó viajeros y atracó caseríos y granjas de la región toledana.

En vista de ello, el gobierno central de Córdoba se vio obligado a intervenir sin más dilación. Abd al-Rahman II mandó a la zona a su general Muhammad ben Rustum, quien en una de sus correrías por la zona se encontró con el insurgente y le dio muerte cerca de la ciudad de Daroca en el año 831.



 No obstante, la ciudad de Toledo no pudo ser pacificada hasta el año 838, fecha en la que el hermano del emir, al-Walid, comandó una expedición de castigo que acabó con los últimos focos rebeldes.

La pacificación de Toledo no puso fin, ni mucho menos, al problema de la disidencia. Muhammad I se encontró desbordado por la aparición sucesiva de una serie de rebeliones de origen muladí mucho más peligrosas que la toledana, ya que ellas causaron el progresivo debilitamiento del emirato y de los emires, lo cual habría desembocado en la disgregación del emirato de Córdoba de no haber aparecido el genio militar y político del califa Abd al-Rahman III (912-961).

jueves, 12 de diciembre de 2013

Batalla de Guadacelete (verano de 854)

BATALLA DEL GUADACELETE

Victoria del emir Muhammad I sobre los rebeldes toledanos encabezados por el conde Gatón, conde de El Bierzo y hermano del rey Ordoño I.

En el 852, transcurridos 17 años desde la última rebelión (ocurrida en el 835), los toledanos se rebelaron de nuevo aprovechando la muerte del anterior emir, Abd al-Rahman II.

Apresaron al gobernador de la ciudad y le canjearon por los rehenes toledanos que había en Córdoba desde el fin de la anterior rebelión.

Simultáneamente atacaron y tomaron el castillo de Calatrava, y se dispusieron a esperar el ataque del nuevo emir Muhammad I.

En la primavera del 853 el hermano del emir, Al-Hakam, recuperó el castillo de Calatrava. Pero en el verano los cordobeses sufrieron un serio revés, pues a orillas del Jándula fueron sorprendidos por los rebeldes toledanos, que les hicieron numerosas bajas y saquearon su campamento.



Las tropas del emir estaban mandadas por Qasim ibn al-Abbas y Tamman ibn Abu al-Attaf. Muhammad se alertó, pues los rebeldes habían llegado a una distancia de tan solo dos dias de la capital, Córdoba.

En el 854 el emir en persona se puso al frente de un ejército dispuesto a sofocar la rebelión.

Mientras tanto, los toledanos habían solicitado ayuda al rey Ordoño I de Asturias, quien se la ofreció gustoso con tal de alejar los ejércitos del emir de sus tierras.

Para ello envió a su hermano Gatón, conde de El Bierzo, con una numerosa hueste.

Batalla de Guazalete (PI 814)El ejército cordobés marchó hacia el norte por la vía romana Córdoba-Laminium (en Alhambra, cerca de Ruidera)-Consuegra-Toledo.

El emir descartó cercar y asaltar la ciudad rebelde, puesto que estaba muy bien fortificada y con una poderosa y animosa guarnición recientemente reforzada por un contingente asturiano, por lo que decidió dar la batalla en campo abierto.

El lugar elegido fue el arroyo del Guadacelete, o Guazalete, único curso de agua que cruza la planicie de Almonacid, cerca de donde hoy día se levanta la ermita de la Virgen de la Oliva, y situado a tres horas de camino de Toledo.

Nada más cruzar el camino de Almonacid, el arroyo se curva hacia el oeste y se hunde en la tierra, ofreciendo un parapeto natural que fue aprovechado por Muhammad para ocultar las tropas de su flanco derecho.

A mano izquierda se alzan una serie de colinas que entonces estaban cubierta de maleza (hoy día lo están de olivos). Al pie de esta sierra el emir ocultó un gran número de tropas. Una vez desplegadas sus tropas, solo faltaba atraer a los rebeldes al lugar.

Para hacerlo el emir marchó con un pequeño destacamento hacia Toledo para hacer ver al enemigo que el emir se acercaba con muy pocas fuerzas. Una vez rebasada la sierra de Nambroca, los vigías y avanzadillas de los toledanos pudieron la voz de alerta a los defensores del castillo de la ciudad, construido en su día por el célebre Amrus.

Los rebeldes cayeron en la trampa, pues salieron de Toledo dispuestos a derrotar a las menguadas fuerzas del emir en el llano de Nambroca. Estas hicieron bien su papel. Aguantaron la llegada de los huestes rebeldes y, en un momento dado, iniciaron lo que parecía una huida, llevando a los toledanos y asturianos al lugar de la emboscada.



Lo que a los rebeldes les parecía una fácil victoria se convirtió en una terrible matanza para ellos. Un testigo presencial, cristiano que sobrevivió, dijo "Veo la muerte por doquiera". Finalizada la matanza, los cordobeses cortaron la cabeza a las víctimas para contar los muertos.

 Loraron reunir unas 8.000 cabezas, que fueron cargadas en carros junto con el botín obtenido y llevadas a Córdoba. Desde allí las cabezas fueron enviadas a diversas partes de Al-Andalus y norte de Africa, como muestra de la victoria obtenida.

A pesar de lo cruento de la batalla, el emir no se atrevió a atacar Toledo y los rebeldes mantuvieron su postura. Al cabo de unos meses reforzó la guarnición de Calatrava. Dos años después, en 856, envió al príncipe Al-Mundir a sitiar la ciudad, sin lograr ningún éxito.

 Los rebeldes incluso burlaron el cerco y atacaron la plaza de Talavera en el 857, cuyo gobernadorAl-Masua ibn Abd Allah al-Arif supo contener. La rebelión finalizó cuando el emir reconoció su impotencia en 859 y les concedió la amnistía

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Rebelión de Toledo en tiempos de los Omeyas

Cuando Muhammad I apenas llevaba una semana como emir, Toledo, capital de la Marca Media y continuo foco de sublevaciones y desencantos hacia el poder de los omeyas, volvió a alzarse en rebeldía pretextando un nuevo abuso de poder por parte de Muhammad I. 

Los líderes de la revuelta depusieron al gobernador impuesto por Córdoba y formaron un ejército con el que consiguieron hacerse con el control de Calatrava, aunque la plaza fue recuperada al año siguiente por el príncipe al-Hakam.

No obstante, los toledanos persistieron en su actitud rebelde, por lo que decidieron buscar la alianza del rey astur Ordoño I para enfrentarse contra Muhammad I, el cual envió gustoso un impresionante contingente de tropas al mando del conde Gastón. 


Las tropas toledanas y astures fueron literalmente aniquiladas por las cordobesas en la batalla de Guazalete, en el año 853, en la que Muhammad I mató a más de ocho mil enemigos, cuyas cabezas amontonó juntas para que fueran claramente visibles.



 De todas formas, Toledo siguió resistiendo varios años las continuas embestidas y asedios por parte del propio Muhammad I y las de su hijo y heredero al-Mundhir, hasta que en el año 858, ante el abandono manifiesto por parte de los aliados cristianos, la ciudad solicitó una amnistía que concedió el emir. En el año 875, Toledo volvió a alzarse en rebeldía, pero esa vez Muhammad I actuó sin dilación alguna, sometiendo a la ciudad a la rapiña de sus ávidas tropas. 

Para acabar con el problema toledano, Muhammad I nombró gobernador de la ciudad a uno de sus propios hijos, al-Mustarrif.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Yacimiento arqueológico de Vascos

Las “ilegalidades acumuladas” del yacimiento arqueológico Ciudad ...

Ubicación geográfica

Ubicación: 
Navalmoralejo,Toledo, 

Coordenadas geográficas:
Latitud:39º 45' 21.96" N
Longitud:5º 5' 14.06" W

Al pie de las Sierras Ancha y Aguda, en las estribaciones occidentales de los Montes de Toledo, y asentada en uno de los márgenes abruptos y de grandes formaciones graníticas que surca el río Huso (o Uso) afluente meridional del río Tajo, se encuentra el yacimiento arqueológico de “Ciudad de Vascos”.



Esta antigua madina andalusí, emplazada en la propiedad particular de la finca “Las Cucañas”, aprovechaba un clima y un entorno hídrico quizá más propicio que el actual, beneficiándose del arroyo llamado de la Mora, que discurre por el oeste de la ciudad amurallada. 

Es precisamente en años de lluvias copiosas, cuando el entorno vegetal emerge y permite disfrutar de un auténtico espectáculo natural en primavera, entre almendros, encinas, acebuches, lentiscos, enebros y alguna cornicabra,

Sumados a las sorprendentes estructuras que han permanecido, nos otorgan la privilegiada posibilidad de recuperar un resquicio de la historia de la presencia islámica en la Península Ibérica en un paisaje de agreste belleza, a 430 m. sobre el nivel del mar.

Resultado de imagen de Yacimiento arqueológico de VascosEl primer impacto visual para el visitante son los restos defensivos de la ciudad.

La muralla envuelve a la madina con una superficie interior de 8 hectáreas y una topografía muy abrupta en descenso hacia una vaguada.

En la parte norte, sobre un cerro granítico dominante se levanta la alcazaba.

 Extramuros se conservan los restos de dos cementerios y, junto al arroyo de la Mora, los de un arrabal.



Pero, aparte de estos elementos arquitectónicos que nos reflejan la intencionalidad política de quien los mandó levantar, las investigaciones realizadas nos permiten aproximarnos a la vida cotidiana de las gentes que habitaron la ciudad, sus zonas de trabajo y de ocio, su vida privada y pública, sus aspectos culturales y cultuales y su relación con el más allá a través de sus lugares de enterramiento.

¿Cuándo se fundó?

Si de una manera un tanto sorprendente, las fuentes árabes aparente-mente no aportan datos sobre este enclave, ello supone que tampoco tengamos información acerca del momento de su fundación y abandono, de su función y sentido originarios, y de las gentes que lo habitaron.

Lo que parece evidente es que se trata de una fundación omeya, con un sentido “oficial”, como parece transmitir, con una intencionalidad ideológica, la calidad constructiva de la muralla en algunos tramos y la monumentalidad de sus puertas.

De esta forma se ha establecido una datación relativa, planteándose unas fechas entre el año 930 y el 950 aproximadamente. Probablemente esta ciudad se crearía a partir de una fortaleza precedente tipo hisn, que se ubicaría en el cerro donde hoy se levanta la Alcazaba

Así se plantea una doble posibilidad:

1) Que la fundación de la ciudad de Vascos se hubiese llevado a cabo durante el gobierno de ‘Abd al-Rahmān III, en el proceso de refuerzo de la frontera en el que deja a un lugarteniente el mawla Durrī, que tras reprimir un levantamiento, fue “encargado de realizar fortificaciones y reparar torres y atalayas “desde Atienza a Talavera” (Manzano, 1991: 357).

2) Que se tratase de una ciudad de nombre desconocido, señalada en algunos textos, indicando que se construyó o reconstruyó en la frontera de Toledo durante el mandato de al-Hakam II y de la que se conoce el nombre de su arquitecto (Ahmad b. Nasr b. Jalid).

La fundación de la ciudad nos lleva a preguntarnos por las causas de la elección de su ubicación y por las posteriores motivaciones de su abandono.

Tres son los supuestos que nos permiten plantearnos el porqué de la elección de este emplazamiento.

Fuesen cuales fuesen los posibles factores que pudieron estar en el origen de su fundación, lo cierto es que en el lugar se estableció una población con éxito como lo demuestra el tamaño de sus estructuras.

Así el control de una producción metalúrgica que se podía fácilmente encauzar hacia Córdoba por una vía cercana; el control de un territorio no siempre sumiso al poder omeya y el control de un paso natural del Tajo, cada vez más necesitado de vigilancia ante la creciente presión cristiana, eran los principales factores que hicieron perdurar al emplazamiento.

Mientras la ciudad desempeñase estas supuestas funciones que estaban en su origen, podía pervivir; pero si las circunstancias cambiaban, el enclave podía dejar de tener sentido y, por tanto, desaparecer, como de hecho ocurrió.

Con los nuevos cambios políticos sufridos en al-Ándalus tras la fragmentación del califato en los reinos de taifa, el territorio de esta área geográfica pasaría a pertenecer al rey al-Mamun de Toledo (1043-1075).

Tras su muerte, la debilidad de su sucesor al-Qadir (1075-1085)llevaría a una inestabilidad de la Taifa de Toledo, que provocaría primero la conquista del territorio por al-Mutawakkil de la taifa de Badajoz y tras los pactos con Alfonso VI, la entrega de Toledo en 1085 a los castellanos.

Ello conllevó que todas las tierras que habían pertenecido a esta Taifa pasasen a manos cristianas. Vascos fue ocupado por tropas de Alfonso VI, como demuestran las monedas encontradas en la alcazaba correspondientes a este rey.

Ante el impacto ocasionado por la toma de Toledo, al-Mu’tamid de Sevilla y al-Mutawaqil de Badajoz solicitaron ayuda a un imperio que había surgido en el norte de África, los almorávides, que al año siguiente (1086) presentaron batalla al rey castellano en Badajoz, al que vencieron en la conocida como batalla de Sagrajas (Zallaqa) (Viguera, 1995).

Esta nueva amenaza musulmana ocasionó que el valle del Tajo y por ende los sistemas montañosos que separan el Tajo del Guadiana se convirtiesen en una auténtica frontera, e indirectamente la Jara y el alfoz de Talavera sufrieran así una despoblación de la que no comenzarían a recuperarse hasta el siglo XIII (Rodríguez-Picavea, 1999).

Por lo tanto perdidas las principales funciones y roto el sistema económico-comercial-estratégico, se inició un abandono paulatino del emplazamiento de Vascos.

Historia

La necesidad de adecuar la situación árabe en España frente a la Reconquista, determinó la construcción de recintos fortificados que en ocasiones se convirtieron en núcleos urbanos fronterizos, como es el caso de la Ciudad de Vascos.

Vascos comenzó a organizarse en el siglo IX construyendo su fortificación sobre restos de anteriores pueblos que se remontan hasta la época del Imperio de Roma.Periodo

Siglo IX

La ciudad de Vascos está rodeada por unaextensa muralla de piedra que se conserva en buen estado en muchas partes, con torres entre el sur y el este, de planta rectangular.

El aparejo es, en general, de sillares muy regulares de granito o de mampostería muy regular unida con cal. Al ser tan quebrado el terreno en que se asienta la muralla a veces se interrumpe, sirviendo de muro natural las grandes peñas que sobresalen.

El recinto murado tiene dos puertas, una al oeste en la que aparece un arco de herradura tallado en los sillares y otra al sur, ambas flaqueadas por torreones defensivos y actualmente hundidas.

Además de estas puertas aparecen repartidos por la muralla una serie deportillos adintelados que habitualmente servirían para hacer la aguada de la ciudad o para sacar las basuras al exterior.

Al noroeste de la ciudad se encuentra la Alcazaba, compuesta por varios recintos murados de distinta fábrica, desde tapial hasta sillares regulares.




Fuera del recinto de la muralla existen restos de gran interés, como los llamados Baños de la Mora, junto al arroyo del mismo nombre, a los que se accede saliendo por la puerta oeste.

Son una serie de dependencias destinadas para baños, baño frío, templado y caliente, vestuarios y otras estancias, de las cuales se conserva en pie la bóveda del baño caliente.

El Yacimiento arqueológico de la ciudad de Vascos es un emplazamiento de la reconquista, en concreto del siglo IX. Está rodeada por una muralla de piedra.

Vascos tenía además dos cementerios, siendo el mejor conservado el de “Los Lirios”.

Texto y fotografías propiedad de Instituto de Promoción Turística de Castilla-La Mancha.


jueves, 24 de octubre de 2013

Una Noche Toledana

Resultado de imagen de una noche toledanaPasar una Noche Toledana se utiliza cuando pasas una noche sin dormir a causa de molestias, sobresaltos o disgustos, aunque su uso para denominar a la Noche en Blanco (museos abiertos hasta altas horas de la madrugada, actividades culturales nocturnas de todo tipo,…), por parte del Ayuntamiento de Toledo (el sábado 22 de junio) está suavizando su significado.

Hemos podido encontrar hasta tres versiones sobre el origen del dicho.

Sebastián de Covarrubias habla de los problemas causados por los enormes mosquitos que, procedentes de las aguas del Tajo, y ‘atacan’ a los toledanos y a los visitantes en cuanto apreta el calor.

Otras interpretaciones identifican el dicho con una tradición toledana de la noche de San Juan, cuando las mozas de la ciudad, entre cánticos y bailes, salen a la calle a buscar marido. Según dicha tradición, se casarán con el primer hombre cuyo nombre escuchen. Así que, cuidado con la Noche de San Juan si quieres permanecer soltero.

Y la última versión y más documentada cuenta que en el año 812 gobernaba en Toledo un joven llamado Jusuf-ben-Amru, hijo de un guerrero muy estimado por el Califa Cordobés, a quien debía que Toledo siguiera bajo su mando pues había conseguido dominar al rebelde Obeidah, que se había sublevado contra su autoridad.

Jusuf gobernaba en Toledo de forma cruel pagando sus injusticias tanto nobles como plebeyos, ejerciendo su poder solamente para deshonrar familias, raptando doncellas las cuales humillaba y daba muerte en su Alcázar.



Todo esto hizo que el pueblo no tardara en levantarse contra Jusuf y tomara prácticamente la ciudad. De resultas,este acabó muerto.

El Califa mandó llamar a Amru, padre del joven Jusuf, y le contó el triste final de su hijo. Amru recibió impasible la noticia y tras meditar en silencio y bajo su rostro pálido decidió pedirle al Califa que le enviara de Wariz a Toledo, para que gobernando rectamente pudiera enmendar los errores de su hijo, y así recobrar el honor de su familia.

Resultado de imagen de una noche toledanaCuando Amru llegó a Toledo acompañado de un fuerte escuadrón sus habitantes se mostraron recelosos y desconfiados, su preocupación era ver cual sería la reacción del padre tras lo acontecido, ya que estaban seguros que venia a tomar venganza. Pronto pudieron comprobar que sus sospechas eran infundadas, ya que este gobernaba de forma paternal para con los necesitados y con la nobleza ante la aristocracia. Nunca tomaba ninguna decisión sin consultarla antes con el consejo.

Cuando el Príncipe Abderraman se dirigía a Zaragoza al mando de cinco mil guerreros y a su paso por Toledo dio un alto a sus tropas, se le presentó la ocasión a Amru de vengarse. Amru los recibió como se merecía al primogénito del Califa y le hospedó en el Palacio de Galiana, en la vega del Tajo. Al día siguiente le obsequió con un banquete al que invitó a todos los nobles de la ciudad.

La ciudad presentaba un aspecto inmejorable, los adornos de las calles y la oscuridad de las mismas solo se interrumpía por el espectáculo de las antorchas que los servidores portaban para alumbrar a sus señores. Pero a medida que iban entrando los nobles, los soldados les cortaban la cabeza.

Fuente: http://www.historiasdetoledo.com/category/leyendas/
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