Mostrando entradas con la etiqueta ARTE MUDEJAR. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ARTE MUDEJAR. Mostrar todas las entradas

viernes, 18 de diciembre de 2015

Iglesia de San Román (Toledo)


La iglesia de San Román de la ciudad de Toledo, se construyó en estilo mudéjar en el siglo XIII en el lugar donde antes había una antigua basílica visigótica y probablemente, un antiguo edificio romano. Actualmente es la sede delMuseo de los Concilios y de la Cultura Visigoda.

Torre en mudéjar toledano de la iglesia de San Román.

Está situada en uno de los lugares más altos y privilegiados de la ciudad, en la segunda de las doce colinas que la forman. 

Se tienen noticias ya de la parroquia en el siglo XII y la iglesia sería consagrada en 1221 por el arzobispoRodrigo Ximénez de Rada. La tradición señala que en ella se coronó rey a Alfonso VIII de Castilla el 26 de agosto de1166.

La iglesia presenta planta basilical con tres naves, separadas por arcos de herradura con alfiz que apoyan sobrepilares con columnas visigodas y romanas adosadas con capiteles reutilizados de procedencia visigoda en algunos casos, distinguiéndose por sus hojas corintias.

A lo largo del siglo XIII se construyeron un nuevo ábside y la robusta torre (de estilo mudéjar toledano, con sus dos cuerpos superiores en doble campanario, abriéndose los vanos en grupos de dos y tres, y que serviría de modelo a otras torres toledanas); además de realizarse las pinturas murales al fresco en estilo románico figurativo combinado con decoraciones típicamente mudéjares. 

De gran belleza, están consideradas las más meridionales de España. 

Los frescos están divididos en dos áreas separadas por inscripciones. Destacan los cuatro evangelistas alados y las representaciones de arzobispos, los santos Esteban y Lorenzo, ángeles o el Juicio Final.

En el siglo XVI, Alonso de Covarrubias diseñó el ábside con cúpula plateresca de casetones en la capilla mayor; y se cubrieron posteriormente las pinturas, con lo que se perdió su rastro hasta el primer tercio del siglo XX en que se redescubrieron. No fue hasta la década de 1940 cuando fueron recuperadas en lo posible.

Es uno de los monumentos más fascinantes (y más vacíos) de Toledo , actualmente reconvertida en Museo.

Cerca de la gran iglesia jesuítica, ya vemos aparecer su torre mudéjar, más sencilla que la de Santo Tomé, con su típico muestrario de arquerías, algunas ciegas.

En la actualidad es practicable y, al contrario de la del Salvador, refrendando así su origen cristiano, es totalmente hueca y sustentada por grandes pilares centrales

Tanto ella como los ábsides laterales quedaron al margen de la gran reforma realizada en el siglo XVI. Conservamos también una sencilla portada

En el interior tenemos dos iglesias. 


Si miramos hacia los pies encontraremos tres naves mudéjares separadas por amplios arcos de herradura sobre los que se adosan columnas con elementos visigodos, una falsa tribuna y techumbre de madera,todo de una altura bastante poco común.





Ábside central, embutido actualmente en el lateral

.Por el contrario, en el presbiterio y ábside derecho se encuentran las principales reformas realizadas por Covarrubias en el Renacimiento, especialmente la gran cúpula de casetones sobre elaboradas pechinas,que hablan de una evolución del estilo desde el plateresco inical a modelos más puristas.

.


La obra mudéjar destaca por sus yeserías de buena calidad y repartidas por todo el edificio, pero aún son más espléndidos (por su calidad y situación tan meridional) el ciclo de pinturas románicas que engalanan muros y arcos y que ya analizamos aquí.
.

En un marco tan sugerente se encuentra instalado el Museo de Concilios, o de la cultura visigoda, con una pequeña muestra de relieves de capiteles y canceles, orfebrería

Como estas magníficas fíbulas de la Necrópolis del Carpio.


El famoso fragmento del Credo visigótico





Fuente: http://seordelbiombo.blogspot.com.es/2012/06/san-roman-toledo-de-iglesia-mudejar.html

jueves, 10 de diciembre de 2015

El arte Mudejar y Santa María La Blanca

3. SANTA MARÏA LA BLANCA



Esta sinagoga nos remite a fines del siglo XII y, sobre todo, al XIII. Nuestra Señora del Tránsito al siglo XIV. Santa MarÌa la Blanca se enmarca básicamente en la tradición almorávide pero sobre todo en la almohade, mientras Nuestra Señora del Tránsito, en cambio, nos remite al arte nazarí. Sin embargo, tanto en un caso como en otro, no hay servilismo en modo alguno.

Los alarifes toledanos recogen sugerencias, pero dan soluciones personales, en primer lugar porque están en la España cristiana y, en segundo, porque están al servicio del credo judío. Demuestran tener un conocimiento asombroso de la arquitectura islámica, anterior unas veces y contemporánea otras, pero son también creadores. El esplendor de Santa MarÌa la Blanca se explica, en principio, por la situación privilegiada de los judíos toledanos en tiempos de Alfonso VIII, privilegios que dieron lugar a la famosa tradición de los amores del monarca con la judÌa Fermosa, la Raquel de Lope de Vega. Según esta, a poco de casarse el monarca con Leonor Plantagenet la abandonó durante siete años al enamorarse perdidamente de una judía cuando la vio bañándose en el Tajo.

Ese es el relato

El pasaje es claramente un retorno a la historia de don Rodrigo y Florinda la Cava. Aunque el hecho está recogido en la Crónica General de Jiménez de Rada y Lucas de Tuy y asimismo en el Libro de los Consejos que Sancho IV dedicara a su hijo Fernando IV, la crítica actual, en  general, no admite su veracidad, considerando que es una alegoría al buen entendimiento entre Alfonso VIII y los hebreos y especialmente a su estrecha relación con algunos judios de corte, concretamente con su médico Todros ben Judah, y con su mejor prestamista, Joseph ibn Salomón ibn Shoshan, ante el descontento de sus súbditos. 

Analicemos Santa María la Blanca, situándonos en una fecha imprecisa, pero básicamente dentro del siglo XIII, con un proceso de construcción prolongado a lo largo de la centuria. En conjunto refleja influencias de la arquitectura almor·vide y almohade siglo XII, pero, por otra parte, manifiesta una clara originalidad de soluciones. Su orientaciÛn es distinta a la de las iglesias y mezquitas toledanas. 

Las primeras, como es preceptivo, est·n orientadas en el sentido estricto de la palabra. Es decir, su cabecera está situada a Oriente, de donde viene la Luz. En cuanto a las mezquitas, como es obligado también, tienen el muro de la quibla mirando hacia La Meca. En cambio Santa MarÌa la Blanca tiene su cabecera hacia el norte. 

En cuanto a los materiales constructivos y decorativos hay un claro predominio del barro cocido y del estuco y el influjo almor·vide y almohade es dominante, especialmente el segundo. Se rechaza la piedra propia del arte emiral y califal cordobés e igualmente la piedra gótica de la Catedral que ya por entonces se había iniciado (1226). La planta, un rectángulo irregular con cinco naves, la mayor más elevada, revela un claro tratamiento del espacio de raigambre califal (fig. 1).

En cambio sus soportes, pilares de sección octogonal, difieren claramente de la arquitectura cordobesa, apegada todavÌa a tradiciones visigodas, y, a pesar de ciertas sugerencias almorávides, resultan de gran originalidad. Su ejemplo acabar· imponiéndose en el mudéjar toledano, especialmente en los patios del siglo XV, como, por ejemplo, en el del palacio de Fuensalida o en el del palacio de los £valos o Dávalos, convertido en convento de San Antonio tras serle arrebatado a Fernando Dávalos tras la contienda comunera. Pero donde raya al máximo la originalidad de Santa María la Blanca es en los capiteles de estuco tallado (fig. 2).

Analizados con detenimiento, nos percatamos de que son una síntesis del arte hispanomusulmán, con posibles influencias coptas. La subdivisión de su espacio responde a una sebka, una red de rombos de ascendencia almohade, mientras el fondo de cada rombo, recubierto de palmetillas digitadas y anilladas, responde a una tradición muy anterior cuyo germen hay que buscarlo, en primer lugar, en el acanto espinoso clásico, muy difundido en el arte califal del siglo X, tanto en la Mezquita de Córdoba albanegas del arco de entrada al mihrab, como en el Palacio de Medina Azzahra capiteles y relieves del Salón Rico, por ejemplo. El arte califal, sin embargo, no crea este motivo, sino que lo toma del mundo

1. Interior de Santa María la Blanca, con arcos de herradura de estirpe califal.

2. Los capiteles de Santa María la Blanca son una síntesis del arte hispanomusulmán con posibles influencias coptas. clásico Palacio imperial de Constantinopla, hecho nada extraño, ya que el arte cordobés tiene en el arte clásico una de sus principales fuentes ornamentales.

Interesa resaltar también que las palmetillas digitadas y anilladas se emplearon con fines ornamentales en el Islam oriental temprano, como demuestran algunos de los ejemplares de la cerámica de Nishapur del siglo IX.

El motivo, más evolucionado, subsiste en el arte taifa - XI- como advertimos en las yeserías granadinas del Carmen del Mauror y en las de la iglesia de San Juan de Almería, muy próximas ya a las formas del mudéjar toledano. La misma interpretación evolucionada del tema vemos en las yeserías encontradas en el castillejo de Monteagudo (Murcia), en algunos ejemplares de la Qubba de Marraquesh, de tiempos de Ali ben Yusuf (1116- 1142) y en el púlpito o mimbar de la Qutubiya de esa misma ciudad. Es precisamente en ese periodo, el almorávide, cuando las hojas digitadas y anilladas protagonizan gran parte de la decoración de la Mezquita de Tremecen (1135) y de la mezquita al-Qarawiyyin de Fez (1142), obras debidas curiosamente a artistas andalusíes al servicio de los inexpertos almorávides.

Aquí hallamos los mismos modelos que vemos en Santa María la Blanca. Al siglo XIII pertenecen también las palmetas digitadas y anilladas del claustro de San Fernando de las Huelgas de Burgos y las de la Capilla Real de Córdoba. Esta forma de ataurique es típicamente hispanomusulmán, y cuando la vemos en otros puntos del Islam, responde a influencias de Al-Andalus.

Así ocurre en la mezquita Salih Talai de El Cairo (1160). Pero son las yeserías en altorrelieve, las que confieren mayor originalidad a los capiteles de Santa María la Blanca decorados con pencas, al modo corintio, aunque evolucionadas, que emergen de cada rombo de la sebka. Por debajo de cada voluta hay una pica, otro motivo que en el mudéjar toledano se utiliza profusamente desde el siglo XIII, en alto o en bajorrelieve, en yeso y en madera.

En los capiteles de Santa MarÌa la Blanca las picas de estuco alcanzan su plenitud. En los capiteles adosados al muro de los pies (fig. 3) las picas surgen aún con más ímpetu, convertidas en formas de bulto redondo. En ambas modalidades la superficie de las picas está reticulada mediante profundas incisiones, con el fin de conseguir el característico efecto de imbricación.

Curiosamente su pronunciado relieve constituye una negación de la planitud propia del arte almohade de la época, demostrando la creatividad del alarife toledano que las diseñara. Estos originales capiteles de Santa MarÌa la Blanca podrían recoger ciertas influencias coptas, como parece demostrar un interesantísimo capitel del Museo Británico, catalogado como copto y fechado en el siglo IX (fig. 4).

Es el capitel que más se aproxima a los originalísimos de esta sinagoga toledana del siglo XIII.

311 4. Capitel copto -s. IX- del Museo Británico. 

3. Capitel de los pies, con picas de bulto redondo

Los citados capiteles apean arcos de herradura de indudable influjo cordobés, emiral y califal. Santa María la Blanca, con esta sucesión de arquerías, demuestra que el influjo de la Mezquita de Córdoba sigue vivo en Toledo a pesar de los años transcurridos. Al estar enlucidos los arcos no podemos ver si son enjarjados o no. Las arquerías de San Román, por el contrario, también del siglo XIII, con sus dovelas pintadas de forma alternada nos aproximan aún más a la Mezquita de Córdoba, aunque sus soportes, integrados por pilares con dos columnas adosadas, son de estirpe almohade.

Por encima de estas arquerÌas las yeserías de Santa María la Blanca, de estricta planitud, vuelven a demostrar la influencia almohade, con la decoración que Terrasse denominara ìanchaî. La temática geométrica, relegada hasta entonces a un papel secundario en el arte andalusí y mudéjar, pasa a primer plano. Es un punto de partida que cada vez se hará más complejo, como demuestran las yeserías toledanas desde comienzos del siglo XIV.

Por ejemplo las del sepulcro de Lupus Fernandi (m. 1312) en el claustro de la Concepción Francisca y las más elaboradas del Taller del Moro, antiguo palacio de don Lope González Palomeque, primer señor de Villaverde, y doña Mayor Téllez de Meneses, hermana del célebre alguacil-alcaide Suero Téllez, ya del segundo cuarto del siglo XIV.

La decoración geométrica de las yeserías de Santa María la Blanca, con el incipiente protagonismo de esta nueva ornamentación, demuestran que los alarifes de esta sinagoga estaban al corriente de las innovaciones que se operaban en el arte hispanomusulmán, con el advenimiento de la dinastía almohade segunda mitad del siglo XII.

Para Toledo constituyen una absoluta novedad. Sobre los arcos de herradura estas yeserÌas desarrollan lazos de seis de gran sencillez y amplitud, mediante cintas hendidas en la parte media (fig. 5).

La superficie del muro, a su alrededor, queda desnuda. Más abajo, los medallones circulares, entre los arcos rodeados por vainas rellenas de digitaciones y anillos o de hojitas de trébol, otra novedad, ostentan también composiciones geométricas de gran variedad (fig. 6).

Es interesante resaltar la similitud de estos medallones de Santa MarÌa la Blanca con los de la Ulu Cami, de Divrigi Asia Menor, de tiempos de los selyuquíes del Rumu occidentales (1228), lo que, una vez más, demuestra la estrecha relación artÌstica existente entre las diversas zonas del mundo islámico. Con los almohades la decoración geométrica y el lazo triunfaron por su sencillez debido a la condena del lujo y del embellecimiento superfluo mantenido por la nueva dinastía, frente a la barroquizante decoración almorávide.

Es muy conocida la cita de una crónica islámica según la cual, cuando en 1145 Abd al-Mumin, primer soberano almohade, iba a entrar victorioso en Fez, hubo que recubrir con yeso las espléndidas decoraciones de la Qarawiyin, hoy nuevamente al descubierto.

313 5. Sencilla decoración geométrica ìanchaî sobre la arquería de Santa María la Blanca.

Medallones con motivos geométricos diferentes.

La doble cinta, describiendo sencillos motivos poligonales de gran elegancia, sobre fondos desnudos, adorna los muros interiores de la Qutubbiya de Marraquesh y de la mezquita de Tinmallal, obras almohades, en íntima relación con las yeserías descritas de Santa María la Blanca. Finalmente, hemos de aludir a la decoración más alta de los muros de esta sinagoga toledana, de temática arquitectónica.

Se trata de pilastrillas con columnas adosadas, capiteles de palmas estilizadas y collarinos y basas funiculares. Pilares con columnas adosadas, en función sustentante, tenemos en la iglesia toledana de San Román, como hemos dicho, y el mismo tipo de soportes tuvo la parroquia mozárabe de Santa Eulalia, de estilo mudéjar también pero, al ser eliminados los pilares, los soportes han quedado transformados en columnas pareadas con un vano intermedio.

El pilar con columnas adosadas es el soporte típico de la arquitectura almohade, como podemos advertir en la Qutubbiya de Marraquesh, por ejemplo. Tal vez por la sobriedad almohade, Santa María la Blanca carece de decoración epigráfica que, por el contrario, tiene un gran protagonismo, como veremos, en la sinagoga del Tránsito.

Esta descripción sintética de la sinagoga de Santa María la Blanca nos muestra su evidente parentesco con obras almohades, y ello a pesar de que el rigorismo de esta dinastía fuera funesto para la población hebrea de Al-Andalus que, en parte, se vio obligada a emigrar a Castilla. Alfonso VIII, el vencedor de los almohades en las Navas de Tolosa y los emigrantes judíos de Al-Andadus se dejaron ganar evidentemente por el estilo almohade cuando esta dinastía estaba ya en su ocaso.

Esa presencia de lo almohade en la Castilla de Alfonso VIII y sus inmediatos sucesores se manifestó en la Capilla de la Asunción y en los tejidos de los enterramientos de las Huelgas de Burgos, como es sabido. Pero por encima de estas imitaciones, la creatividad de los alarifes toledanos, al servicio de los judíos, se puso de manifiesto en los capiteles de Santa María la Blanca, de una belleza y originalidad asombrosas aunque estuvieran realizados con elementos tomados del arte andalusí anterior.

Alfonso VIII, el vencedor de los almohades en las Navas de Tolosa, y los judíos emigrados de Al-Andalus por culpa de los almohades, paradójicamente, abrieron las puertas a este nuevo estilo que se acusa en el mudéjar toledano. Actualmente las cinco naves de Santa María la Blanca aparecen cubiertas con techumbres de madera.

La central, más elevada, es una sencilla armadura par y nudillo con vigas pareadas sobre canes o asnados. A excepción de la que cubre la nave izquierda, con un solo faldón, las demás son simples armaduras a dos aguas de las llamadas de parhilera

Balbina Caviró MartÌnez 
Correspondiente 
http://www.realacademiatoledo.es/files/toletum/0101/15.pdf

lunes, 5 de octubre de 2015

San Román, Toledo: De Iglesia Mudejar a museo de Los Concilios

SAN ROMÁN. TOLEDO. DE IGLESIA MUDÉJAR A MUSEO DE LOS CONCILIOS

Uno de los monumentos más fascinantes (y más vacíos) de Toledo es esta espléndida iglesia mudéjar-renacentista (y reedificada sobre una antigua mezquita), actualmente reconvertida en Museo.

Cerca de la gran iglesia jesuítica, ya vemos aparecer su torre mudéjar, más sencilla que la de Santo Tomé, con su típico muestrario de arquerías, algunas ciegas.

En la actualidad es practicable y, al contrario de la del Salvador, refrendando así su origen cristiano, es totalmente hueca y sustentada por grandes pilares centrales


Tanto ella como los ábsides laterales quedaron al margen de la gran reforma realizada en el siglo XVI. Conservamos también una sencilla portada

Al interior tenemos dos iglesias. 



Si miramos hacia los pies encontraremos tres naves mudéjaresseparadas por amplios arcos de herradura sobre los que se adosan columnas con elementos visigodos, una falsa tribuna y techumbre de madera,todo de una altura bastante poco común.






Ábside central, embutido actualmente en el lateral

.Por el contrario, en el presbiterio y ábside derecho se encuentran las principales reformas realizadas por Covarrubias en el Renacimiento, especialmente la gran cúpula de casetones sobre elaboradas pechinas,que hablan de una evolución del estilo desde el plateresco inical a modelos más puristas.


.


La obra mudéjar destaca por sus yeserías de buena calidad y repartidas por todo el edificio, pero aún son más espléndidos (por su calidad y situación tan meridional) el ciclo de pinturas románicas que engalanan muros y arcos y que ya analizamos aquí.
.


En un marco tan sugerente se encuentra instalado el Museo de Concilios, o de la cultura visigoda, con una pequeña muestra de relieves de capiteles y canceles, orfebrería

Como estas magníficas fíbulas de la Necrópolis del Carpio.


El famoso fragmento del Credo visigótico




http://seordelbiombo.blogspot.com.es/2012/06/san-roman-toledo-de-iglesia-mudejar.html#uds-search-results

viernes, 11 de septiembre de 2015

Las Sinagogas en el Toledo judío

El Toledo judío 

De las doce sinagogas existentes en Toledo a comienzos del siglo XV solo nos restan dos, las conocidas paradójicamente con los nombres de Santa María la Blanca y Nuestra Señora del Tránsito, construcciones que nos trasladan fundamentalmente a los siglos XIII y XIV, fecha de su construcción. 

Este elevado número de templos judíos en el Toledo bajomedieval nos indica que la población hebrea era, por entonces, numerosa, aunque sea difícil cuantificar su n˙mero con exactitud Porres Martín-Cleto.

Como es sabido, la población toledana a partir de la reconquista de la ciudad estaba integrada por gentes de las tres grandes religiones monoteistas, cristianos, judios y musulmanes. Pero la disparidad de la sociedad de Toledo era más acusada porque cada uno de esos grupos carecía de homogeneidad.

 A pesar de todo ello existió una convivencia que se ha considerado en cierto modo modélica. Contribuyó a ella la actitud de ciertos monarcas y el comportamiento de la Iglesia toledana. En cambio el pueblo fue más intolerante con respecto a la población judÌa. 

La población cristiana estaba integrada por tres colectivos. En primer lugar los mozárabes o cristianos viejos que, a lo largo de generaciones, desde 711 a 1085, habían vividos sometidos a la dominación musulmana, conservando su fe, pero a la vez inmersos en la cultura, el idioma y las costumbres musulmanas. Gran cantidad de mozárabes, a lo largo de los siglos XII y XIII, mucho después de la Reconquista, seguÌan llevando nombres musulmanes e, incluso, sus documentos notariales seguían redactándose en árabe.

Por otra parte estaba la población cristiana foránea, instalada en la ciudad a partir de Alfonso VI: castellanos, leoneses, gallegos, etc. Población que, a su vez, tampoco fue siempre homogénea, debido a la separación de León y Castilla a partir del testamento de Alfonso VII que no verÌa su fin hasta el reinado de Fernando III (1217-1252), rey de León por la herencia paterna Alfonso IX y rey de Castilla por la herencia materna doña Berenguela la Grande, primogénita de Alfonso VIII. 

Esa disparidad se había concretado ya en las luchas entre los Castro y los Lara en la minorÌa de edad de Alfonso VIII. Por otro lado hay que contar también con la población franca, ligada estrechamente, en su origen, a la Borgoña cluniacense, rectora espiritual de los toledanos desde la silla primada. 

Al restablecer Urbano II dicha silla en Toledo (1086) el rito mozárabe fue sustituido por el latino y la clerecÌa mozárabe quedó de momento postergada. Esta situación se mantuvo hasta fines del siglo XIII, Època en la que es designado arzobispo don Gonzalo Pétrez Gudiel (m. 1299), miembro de uno de los más importantes linajes mozárabes de la ciudad. 

Recordemos que los primeros arzobispos fueron francos, Bernardo de Sedirac, Raimundo de Sauvetat iniciador de la famosa Escuela de Traductores, Juan de Castellmorum y Cerebruno de Poitiers (m. 1180), y que en el centro de la ciudad, cerca de la Iglesia de Santa María la Catedral, estaba el llamado barrio de los francos, testimonio de que el numero de estos era también importante. 

Un barrio, por otra parte, de cambistas, contiguo al de las alcaicerías, donde se vendían las mejores sedas, y eminentemente comercial, en el que los judíos tenían numerosas tiendas. Zona que en buena parte desapareció al construirse, a fines del siglo XIV, el claustro catedralicio que hoy admiramos, por iniciativa del arzobispo don Pedro Tenorio (m.1399), quien construyó allí su capilla funeraria, puesta bajo la advocación de San Blas. 

Sabemos por la documentación que en el llamado arrabal de los francos tuvieron un mesón don Lamberton el francés y su hermano Domingo, situado cerca de la mezquita de los musulmanes, posiblemente la de las TornerÌas. 

Finalmente estaba la población mudejar "mudaggan", integrada por los musulmanes toledanos sometidos, descendientes de los invasores del 711, si bien no hay que olvidar la emigración de los mismos tras la reconquista de Toledo y, por otra parte, la inmigración posterior de población andalusÌ musulmana que, debido a ciertas circunstancias polÌticas acaecidas en Al-Andalus, buscó refugio posteriormente en la ciudad. 

El protagonismo social de este núcleo de población mudéjar en el Toledo bajomedieval fue, sin duda, inferior a la de los otros grupos citados, aunque su lengua siguiera  utilizándose habitualmente, como hemos dicho, entre los mozárabes, en muchos casos de nombre arabe. Esta población mudéjar toledana que, a diferencia de los hebreos, no vivía marginada en barrios aislados, no ha sido estudiada aún sistemáticamente, aunque sus nombres aparezcan en diversos documentos relativos a la compraventa de propiedades urbanas y rústicas, tasando, como alarifes, ciertas obras arquitectónicas y, asimismo, desempeñando diversos oficios, entre ellos el de alfarero. 

Contamos con datos interesantes al respecto. Por ejemplo, sabemos que en 1403, dos alarifes moros, Ali Aparicio y Abadía, hijo del maestro Ali el Moro, valoraron las casas principales construidas por Fernán Alvarez de Toledo, señor de Higares, y su esposa, Teresa de Ayala. Estas casas aparecen en los documentos con el nombre de la casa genenalralmente llamada Palacio del rey don Pedro, con motivo del pleito entre la citada Teresa y su hermana Inés de Ayala, hijas ambas de Pero Suarez de Toledo y nietas de Diego Gómez e Inés de Ayala, la que fuera famosa propietaria de las alcaicerías. 

Igualmente el maestro Alí testifica en la herencia de las llamadas casas de San Román, propiedad a la sazón de los Alvarez de Toledo 1406. Hubo moros con propiedades urbanas. Abdalla el Sarco tenía una casa en la colación de San Vicente, contigua a la plaza do juzgan los alcaldes, lindante con las casas principales de doña MarÌa Meléndez, esposa del famoso alguacil-alcalde Suer Téllez de Meneses, heredadas de su padre, y donde, al enviudar, fundó el Monasterio de Santa Clara, lindante también con casas de Rodríguez de Viedma y Mencía de Orozco. 

Sabemos igualmente que Yucaf el especiero, hijo de Albdalla el Sarco, y su mujer Xanci, hija del alfaquí Xarafi, moros moradores de Toledo, venden unas casas a doña Teresa de Ayala, priora de Santo Domingo el Real (m. 1426), contiguas al citado monasterio. Es interesante también la referencia documental a esclavos moros "maml uck" pertenecientes a los principales linajes de la ciudad. Don Gonzalo Alfón Cervatos y su mujer Sancha DÌaz, pertenecientes a dos importantes linajes mozárabes, tenían unos esclavos morenos, llamados Abrahem, moro, y David b. Sulaiman, MartÌn y Ahmed el Herrero, cuyas esposas Aixa, Marina y Onza, hija del albañil Said el de Orihuela, prestan fianza por si sus maridos huyen. 

Incluso el arzobispo don Gutierre Gómez de Toledo (1310-1319), hermano del conocido Fernán Gómez, propietario de las casas de San Antolín y cuya lápida se conserva en el coro de Santa Isabel de los Reyes, tuvo uno de esos esclavos, llamado Mahmad, casado con Aixa hija de Mariota, y nieta de Cacim el Pergaminero. 

Según documento del Instituto de Valencia de Don Juan, Aixa y Mariota se hicieron fiadoras del citado moro, comprometiéndose, en caso de que éste huyera del poder del arzobispo, a devolverlo vivo o muerto y en caso de no cumplirlo se obligaban a pechar 1500 mrs y si no los pagaban a entrar en prisión. Esta es una fórmula habitual en diversos documentos del Toledo bajomedieval. 

Con esta población toledana, tan variopinta, convivieron los judíos, confinados en dos barrios, el llamado Barrionuevo, orientado al suroeste, y el denominado Alcaná·, próximo a la Iglesia de Santa MarÌa, zonas en la que construyeron hasta doce sinagogas que sepamos.

La juderÌa por antonomasia fue la primera, la de Barrionuevo, llamada por los musulmanes Medina al-Yahudî, que llegó a extenderse desde la Alacava y el entorno de la desaparecida iglesia de San MartÌn situada en tiempos entre el actual monasterio de San Juan de los Reyes y la Puerta del Cambrón hasta las actuales calles de los Reyes Católicos y del Angel, donde estaba el arco de los JudÌos, restaurado hace poco tiempo, hasta llegar a Santo Tomé y a San Román. 

En esa zona, en la calle llamada hoy de los Reyes Católicos, es donde se alzan todavía las dos únicas sinagogas conservadas, Santa María la Blanca y Nuestra Señora del Tránsito y es posible que estuviera también una tercera, la del Sofer -Passiniñ- contigua al lugar donde hoy se alza San Juan de los Reyes. 

Es inevitable la comparación. ¿Cuantas eran por entonces las mezquitas existentes, aunque, por supuesto, sin posibilidad de culto? 

Tenemos constancia de dos, la de Bib al Mardún, llamada hoy del Cristo de la Luz, de época califal, a la que se añadió un ábside mudéjar a fines del siglo XII, y la llamada de las TorneríÌas, de época taifa. Las demás desaparecerían con la Reconquista quedando convertidas en muchos casos en parroquias latinas después de ser reconstruidas en estilo mudéjar.

Cuantas eran las parroquias de los mozárabes, las de los cristianos viejos? Seis: Santa Justa y Rufina, Santa Eulalia, San Sebastián, San Marcos, San Lucas y San Torcuato. Según esto cabe pensar que el colectivo mozárabe era inferior en número al de la población judía. Sin embargo, hay que tener en cuenta que, curiosamente, no todos los linajes mozárabes eran feligreses de las parroquias mozárabes. No pertenecÌan a ellas, por ejemplo, ni los Illán, ni los ben Furón, feligreses respectivamente de San Román y de Santa Leocadia de dentro de Toledo, parroquias latinas. 

Mucho mas numerosas fueron, por el contrario, estas últimas, contabilizadas por Parro, construidas a partir del siglo XII. Su número indica que por esa época Toledo estaba habitado preferentemente por cristianos afincados allí a partir de la Reconquista. Esa inmigración, que se concretó en numerosos matrimonios mixtos, entre los recien llegados y las toledanas mozárabes, entre ellos el de Suero Téllez de Meneses y doña María Meléndez, por ejemplo, continuaría en siglos posteriores. 

Recordemos a los Ayala y a los Silva que, a fines de la Edad Media y comienzos del siglo XVI, fueron los protagonistas, siempre enfrentados, en el gobierno de la ciudad. Sin embargo, esos inmigrantes procedentes del norte, no fueron capaces de introducir en Toledo ni el estilo románico ni el cisterciense. Como tampoco lo fueron los primeros arzobispos citados, tan ligados a la reforma de Cluny y, por lo tanto, a la aparición del románico. 

Estas parroquias latinas, datables a partir del siglo XII, se construyeron, como las mozárabes, en estilo mudéjar, demostrando que, desde el punto de vista estético, Toledo seguía marcado por Al-Andalus, si bien creando un estilo peculiar, integrado no sólo por vivencias del pasado califal y taifa, sino también por las innovaciones almorávides, almohades y nazaríes que fueron reelaborando. 

La marginada ciudadanía mudéjar toledana acabó, pues, imponiéndose desde el punto de vista artístico, como en una venganza soterrada, en una ciudad que era, nada menos, que la sede del primado. Y hasta consiguió infiltrarse sutilmente en la Catedral como demuestran la arquería polilobulada de la cabecera y el sepulcro de Fernando Gudiel. 

Es cierto que no todas las obras que consideramos de estilo mudéjar fueron realizadas por mudéjares, ya que intervinieron alarifes cristianos también, pero éstos, desde el punto de vista estético, habían sido captados por el mudejarismo y demostraron en sus obras que estaban al tanto de las corrientes estéticas de Al-Andalus, constantemente renovadas, que ellos iban asumiendo e interpretando de inmediato. 

El estilo gótico de la Catedral, que se seguía construyendo, era un intruso que no tendría eco en Toledo hasta la Època de los Reyes Católicos con el estilo llamado hispanoflamenco, en el que, por otra parte, se aceptan elementos mudéjares, como se percibe en San Juan de los Reyes. 

La claudicación de la población hebrea ante el empuje del arte mudéjar era también inevitable y más comprensible aún, si cabe, porque los judÌos nunca tuvieron un estilo arquitectónico propio, haciendo suyas las corrientes estéticas imperantes en el donde y en el cuando. 

Ya en el siglo XII, Yehuda al-Harizi en su Tahkemoni se admiraba por el número y la belleza de las sinagogas toledanas -Cantera Burgos-. Dichas sinagogas que, en principio, admiramos por su belleza -impresión -presque feerique- que dijera Lambert, constituyen una fuente histórica importante ya que, especialmente a través de su decoración, son a modo de un libro abierto a través del cual, mediante una labor paciente de análisis, podemos constatar las tradiciones y las sucesivas novedades que fueron concretándose en el preciosismo de las abigarradas yeserÌas, mudas para aquel que no conozca en detalle el arte medieval de Oriente y de Occidente que, a pesar del enfrentamiento secular, se fusionaron de forma admirable en Toledo, engendrando una modalidad artÌstica nueva. 

Con la citada población cristiana y mudéjar convivió, por lo tanto, una importante comunidad judía capaz de construir numerosas sinagogas, y que, a pesar de ciertos momentos duros de fricción, como el pogrom de 1391, siguió en Toledo hasta su expulsión, decretada por los Reyes Católicos el 31 de marzo de 1492. 

Balbina Caviró MartÌnez 
Correspondiente 
http://www.realacademiatoledo.es/files/toletum/0101/15.pdf

lunes, 8 de junio de 2015

El Puente de Alcántara, Toledo

Uno de los monumentos más famosos de Toledo es el Puente de Alcántara, (del árabe القنطرة al-qanţaratu, "puente") se levanta sobre el río Tajo, en la ciudad de Toledo (España).

El Puente de Alcántara es una fundación romana levantada en el lugar en que el río Tajo ofrece una menor superficie para proyectar su ejecución. Situado a los pies del castillo de San Servando y junto a la Puerta de Alcántara, se tiene constancia de su construcción en la época romana (siglo III), en la fundación de Toletum. Era uno de los puentes que daba entrada a la ciudad y era en el Medioevo entrada obligada para todo peregrino.



Ha sido, desde esa época, el punto de paso por el que las calzadas romanas cruzaban el Tajo, uniendo Zaragoza con Mérida y, en periodo árabe, para comunicar Zaragoza con Córdoba. Se trata de una construcción de tipo militar que sirve de entrada a la ciudad.

Historia

Toletum fue mansión de la vía número XXIV del Itinerario de Antonino. El trayecto anterior a nuestra ciudad venía desde Titultiam por la llamada, aún actualmente, «senda Galiana», pasando por Aranjuez y siguiendo la orilla izquierda del Tajo; deja a su izquierda el palacio de La Galiana, ya muy cerca de Toledo, teniendo necesidad de atravesar el Tajo para encaramarse hasta lo alto de esta ciudad, que debe su emplazamiento a una situación, tan estratégica, de eminencia circundada casi por el meandro encajado del Tajo que le sirve en gran parte de foso.

El sitio verdaderamente indicado para establecer un puente es el que corresponde a la situación del actual, donde se reúnen los dos brazos en que se dividía el Tajo y va a comenzar la verdadera hoz del río, abriendo la puerta de ingreso, que luego cerrará otro puente en la extremidad de la herradura que casi circunda la ciudad.

Tras sufrir numerosos daños, fué reconstruido, a finales del siglo X, por los árabes, quienes le dieron el nombre de Alcántara, que significa "puente o arco"., momento en que desaparece el tercer aro, que queda reducido a un portillo formado por un arco de herradura.

 Según una inscripción, el puente se acabó en el año 997 por Alef, hijo de Mahomat Alamerí, alcaide de Toledo nombrado por Almanzor

Se compone de un gran estribo árabe del siglo X, con un arquito de herradura en su extremidad superior y dos arcos ligeramente apuntados con una pila intermedia. Perdura una de las torres principales, hexagonal con doble puerta y, empotradas en la fábrica del puente, se conservan piedras labradas visigodas.

Pero este segundo puente no es tan importante como el que nos ocupa y es posterior en todos los aspectos como lo confirman las noticias que de él se tienen, la primera de las cuales es de 1203.

En 1258 fue dañado por una riada, lo que llevó durante el reinado de Alfonso X (1252-1284), a ser nuevamente reconstruido, levantando el torreón occidental que fue modificado más adelante por los Reyes Católicos,.

A esta última construcción pertenece el torreón occidental, modificado posteriormente bajo reinado de los Reyes Católicos, cuyas armas decoran sus muros; el torreón oriental fue sustituido en 1721 por un arco barroco. El lado oeste posee una puerta fortificada almenada con arco de medio punto que tiene en su interior otro de herradura. También tiene una estatua de San Idelfonso .

Está fuertemente protegido con dos puertas fortificadas en sus extremos, siendo una de ellas de estilo barroco y otra construida en época medieval. Este puente ha sido objeto de constantes ataques en el periodo de la Reconquista, y vuelto a reconstruir.

Por su parte, el torreón oriental fue sustituido debido a su estado de ruina en el año 1721 por un arco triunfal de estilo barroco. 

Contemplando el puente en su emplazamiento actual no se comprende porqué alguno de los historiadores establece la teoría de un puente romano primitivo que cedió el paso a un puente medieval.



Esto se refuerza por el hecho de que en los estiajes no se descubren vestigios de cimentaciones de pilas, en las zonas posibles para su emplazamiento, que pudieran encontrarse tanto aguas arriba como aguas abajo del actual.

Los romanos dejaron necesariamente un puente en esta zona, y nosotros por razones topográficas decidimos afirmar que su emplazamiento tendría que ser el mismo del actual. La hipótesis del puente de Safon tampoco nos parece aceptable.


 Los romanos dejaron otro puente en Toletum que era el puente-acueducto por donde cruzaba el Tajo; la conducción de aguas que venía desde el embalse del río Guajaraz (formado por una presa denominada actualmente de La Alcantarilla) y aparecía ante la ciudad también por la margen izquierda del rio, después de haber pasado el barranco correspondiente al actual arroyo de la Degollada.

Han perdurado hasta hoy cinco vestigios del dicho puente que son: las bases de las pilas, que estaban en los bordes del río a una distancia de 30 m aproximadamente y que eran las del vano central; el arranque de una bóveda en el vano adyacente al central del lado opuesto a la ciudad, y un frogón triangular del tímpano en el acceso sobre la ladera del lado ciudad. En todos ellos lo que subsiste es el hormigón interior que se vertió directamente en los moldes constituidos por la sillería que había de quedar al exterior y que fue arrancada, seguramente, para volver a utilizar sus sillares, que dejaron su impronta en la superficie actualmente vista.

Hay dos versiones para la reconstitución de este acueducto: una debida al ingeniero geógrafo, señor Rey Pastor, en un trabajo de principio de siglo, con tres pisos de arcadas para pasar las aguas a nivel, y otra versión de un solo piso de arcadas, con tres únicos vanos de alrededor de 30 m y paso del agua forzada en sifón.

La primera solución da como altura total del puente unos 80 m y la segunda unos 50 m. Las alturas y las luces del puente se deducen con bastante seguridad, pues se conoce el nivel de llegada del canal de la conducción, y el nivel del piso inferior, por reconstitución del diseño partiendo de los restos ya citados, que nos dan además las luces de los arcos en ambas soluciones.

Parece más lógica la solución de puente-sifón, pues los romanos no llegaron en la construcción de puentes y acueductos a la altura de 80 m, mientras que los 50 m es la altura del puente de Alcántara-Cáceres, una de las construcciones más elevadas de las que realizaron.

Al comparar la pobreza de los vestigios de este puente-acueducto con la esplendidez de la pervivencia romana en el puente que estudiamos situado a menos de 500 m aguas arriba de aquél resulta una desproporción evidente, pero es preciso tener en cuenta la esbeltez de los pilares del acueducto, a juzgar por la dimensión de sus arranques y la latitud de su plataforma que es de 3,35 m eñ el acueducto y de 5,40 en el puente. Frente a la robustez de la única pila del puente, resultan demasiado esbeltas las pilas del acueducto. Hay que tener en cuenta que una de las referencias más antiguas del puente de Alcántara, la del geógrafo árabe Edrisi, no se refiere al puente sino al puente-acueducto que es donde el acoplamiento de la rueda hidráulica era posible, ya que su plataforma tendría la pervivencia del canal romano.

La referencia más antigua a nuestro puente es la que da Menéndez Pidal en el prólogo al tomo III España visigótica, de su Historia de España recordada por Torres Balbás en el tomo V de la misma obra, y se refiere al llanto de la princesa Gulesvinta, hija del rey godo Atanagildo, al pasar por «el grandioso puente de Toledo», para dejar la ciudad y trasladarse a contraer matrimonio con el rey Merovingio de Neustria.

La comitiva con todos los carros del equipaje se detuvo sobre el puente, para permitir a la princesa despedirse con lágrimas abundantes, presintiendo su desventurado destino. El hecho de que en el año 567, que corresponde a esta referencia, se cruzase este «grandioso puente», atestigua la existencia en servicio del. puente romano, puesto que los visigodos no alcanzaron el nivel de civilización necesario para realizar una obra de tanta envergadura. Su relación con los puentes se limitó a alguna reconstrucción de arcos en los puentes romanos, como la de Eurico en el de Mérida y quizá en alguno de los arcos de Córdoba. En una cierta época se les atribuyó el puente de Pinos-puente (Granada) sobre el Cubillas, afluente del Genil, por ser los arcos de herradura, pero se rectificó la atribución pasándosela a los musulmanes. Torres Balbás es de esta misma opinión.

También Al Razi se refiere a esta destrucción y en su «Crónica» dice «que era una puente rica e muy maravillosa, e tanto que sotilmente labrada que nunca home puede asinar que otra tan buena haya fecha en España». Hasta la destrucción del Mohammat I seguimos con el mismo puente romano, pues como ya hemos afirmado no pudo ser construido ni por los visigodos, ni tampoco por los musulmanes anteriores. Se presenta el primer problema serio, con relación a la destrucción de Mohammat I y la reconstrucción correspondiente...

No está claro qué es lo que fue minado; parecería el arco principal por la catástrofe que se origina, pero el minado y su correspondiente destrucción parece que hubiera sido muy a la vista de los sitiados y sobre todo muy laboriosa, larga y difícil. Cabe otra hipótesis, teniendo en cuenta la teoría que luego desarrollamos del puente inicialmente de tres vanos, con un vano más que el actual situado en simetría con respecto al que existe junto a la ciudad. Este vano hipotético pudo ser más fácilmente minado que el central y menos hostilizado el trabajo que el del arco junto a la ciudad., muy al alcance de los sitiados.

Mi teoría se completa con la hipótesis de que la reconstrucción del derribo era más fácil, rellenando el hueco correspondiente al vano, que por otro lado tenía poco papel desde el punto de vista hidráulico, ya que sólo servía durante las avenidas muy importantes del río. Las cornisas verticales, que han quedado en ambos frentes, una correspondería al arco central y la otra, la más corta, al arco lateral desaparecido. Además observando atentamente la fábrica de mampostería del muro parece distinguirse una diferencia de color (más claro) delimitando la zona que correspondería al. cegamiento del vano desaparecido.

Ya hemos indicado una obra importante en los muros del lado opuesto a la ciudad, a finales del siglo X, que pudiera consistir en el relleno del arco y en un repaso general de los paramentos de mampostería. Volviendo a las noticias del puente, éste vuelve a figurar en las campañas de Abd al-Rahman consigue alcanzar el dominio de la ciudad en el 320 (932 d. C).


 Antes de terminar el siglo X llega por varios conductos la noticia de una reconstrucción realizada por Halaf o Chalaf hijo del gobernador de Toledo, Mahomet Alameri que se termina en el 997 y, en general, se considera como ordenada por Almanzor. Debió ser una reconstrucción de importancia, pues muchos de los cronistas llegan a considerarla como la verdadera construcción del puente actual, pero esto desde el punto de vista estilístico es completamente disparatado, pues la fábrica de la época es la mampostería y no la sillería que ocupa un lugar predominante en pila, parte inferior de los tajamares y en las bóvedas completas. Esta reconstrucción muy bien pudiera ser la que referíamos un poco más arriba, cuando se cegó el tercer arco, se restauraron paramentos de tímpanos y de muros, e incluso se pudieron recrecer los tajamares añadiéndoles los cuerpos superíores, tanto aguas arriba como aguas abajo.

Como construcción inicial la dan Ponz, Quadrado, Madoz y Amador de los Ríos. Figuraba la noticia en una lápida dentro de la fortaleza aneja al puente del lado Toledo redactada prímero en árabe y sustituida después por otra en romance. La siguiente noticia relativa al puente es la de las grandes avenidas a consecuencia de las lluvias persistentes durante el año 1249 «fue el gran diluvio de las aguas e duró hasta el Jueves XXVI días andados de Diciembre, e fueron llenas de las aguas muy grandes por todas las más de las tierras, e ficieron muy grandes daños en mucho lugares, e señaladamente en España que derribaron las más de las puentes que y eran. Entre todas las obras fue derribada una gran partida de este puente de Toledo».

Encima de la puerta interior de la torre defensiva del puente, por el lado de la ciudad, había una lápida que atestiguaba el enorme estrago que en el puente hizo esta memorable avenida de 1258 y su restauración connpleta bajo los auspicios de Alfonso el Sabio. Esto dice Quadrado, que también señala que el arco más inmediato a la ciudad se hundió y sufrió reparación en 1484. En otra inscripción que se encuentra a la salida de la torre junto al pretil del puente dice así: «Reedificóse este arco a industria y diligencia de Andrés Manrique, siendo corregidor e alcaide de esta ciudad por su Alteza, en el año MCCCCLXXXIM.

Aquí tenemos otra vez el problema de la construcción o reconstrucción del puente. Nosotros nos decidimos por lo segundo, pues le correspondió al rey Don Alfonso el Sabio, lo cual si hubiera sido lo primero no hubiera pasado desapercibido como una contribución importante en las aportaciones científicas y técnicas de este rey. Y lo aceptó como más verosímil aun teniendo en cuenta los datos que figuran en el tomo XXIII de la España Sagrada del padre FIórez sobre las grandes avenidas del río Tajo, en el siglo XIII, una de febrero de 1243 a la que atribuye el derribo de un pilar de la puente, y otra en febrero de 1249 en la cual dice que cayó la puente. Lo mismo que se exagera dando por construcción desde origen cualquier reconstrucción en un puente, se exagera también en lo referente a las averías causadas por avenidas en un puente dándole siempre que se cita alguna, el carácter más catastrófico posible.

 A partir de este momento no se consignan ya noticias de interés en cuanto a catástrofes naturales advenidas al puente. En cambio podemos consignar como final la referencia de un enriquecimiento correspondiente a la torre de entrada al puente, que fue construida en el año 1721 en el estilo de la época, que era el barroco, lo cual escandaliza a los cronistas posteriores que matizan las referencias correspondientes con frases despectivas y de tribulación.

Existía una torre anterior en dicho emplazamiento construida en el siglo XIII que se distingue muy bien en algunos de los paisajes de Toledo que figuran en varios cuadros de El Greco. Parece que los pretiles actuales y el enlosado son de 1835 (según Madoz).

Descripción 

El puente consta actualmente de dos arcos de 28,30 y 16 m de luz correspondiendo al mayor el paso de las aguas del Tajo, a excepción de las avenidas máximas, durante las cuales es ayudado por el de menor luz que le acompaña del lado de la ciudad. 

Entre ambos arcos existe una robusta piía con cuerpo rectangular de 5,40 m de longitud y 8,40 m de latitud que sobresale de ambos paramentos del puente mediante importantes tajamares, complicados por evidentes reconstrucciones que necesariamente han modificado su aspecto primitivo incrementando el volumen de sus fábricas. De estos tajamares tiene más importancia el de aguas abajo que el de aguas arriba, al contrario de lo que ocurre normalmente.

 La parte inferior de ambos, hasta el nivel de arranques del arco menor, se perfila en verdadero tajamar de planta triangular, arrancando de toda la latitud de la pila en el frente de aguas abajo, mientras que en el de aguas arriba existe una pilastra intermedia que reduce bastante la latitud del arranque, por lo cual el avance del tajamar resulta más reducido en el frente de aguas arriba que en el opuesto, aunque aquél sea más afilado que éste. Parece deducirse que, en origen, los salientes del cuerpo de la pila eran un tajamar triangular aguas arriba y un espolón trapecial aguas abajo, coronándose ambos a nivel de arranque del arco menor. 

En una segunda fase se homogeneizaron ambos, añadiendo aguas abajo en zona inferior una punta en. prisma triangular formada por la prolongación de los dos planos oblicuos del espolón primitivo, elevándose éste hasta coronación del puente. En el lado de aguas arriba el tajamar triangular se complementó con el recrecimiento de la pilastra ya existente que se subió además hasta coronación; enlazándose con el prisma triangular, existente mediante plano inclinado que recorta triángulo descendente en la superficie exterior.

 Las bóvedas correspondientes a ambos arcos son de medio cañón, arrancando la del principal a poca distancia del plano de aguas medias y la del arco menor a la altura que corresponde a su luz para formar bóveda de medio cañón, altura que define el nivel de coronación de los cuerpos bajos de ambos tajamares y se materializa en el cuerpo de la pila mediante una hilada saliente en el paramento lateral de la misma.

Las boquillas de ambas bóvedas son dobles, es decir, con dos roscas superpuestas, disposición ya empleada en el puente de Alcántara-Cáceres, con una nueva complicación en este caso, que es la de estar sus boquillas en planos verticales diferentes, coincidiendo el de la superior con el de tímpanos y quedando remetido»el de la inferior. 

Esta tiene las dovelas con los tizones dispuestos en dirección radial, mientras que en la otra, como en el puente de Alcántara-Cáceres, las dovelas ostentan radialmente su sección transversal que aproximadamente es cuadrada. En el arco principal la doble boquilla queda aparente del lado del muro, mientras que del otro lado (el de la pila), así como en los dos arranques del arco menor, esto no ocurre actualmente, aunque pudo verificarse en origen, pero las adiciones de los cuerpos inferiores de los tajamares los ocultan actualmente dando la impresión de que se trata de un arco rebajado, especialmente del lado de aguas arriba. 

Los tímpanos del puente aparecen en el momento actual enjutados con mamposteria de tipo mudejar, como la empleada en otros edificios de Toledo. También se utiliza esta mamposteria en los cuerpos añadidos a los tajamares, pues los cuerpos primitivos de éstos, así como el cuerpo de pilas y el intradós de la bóveda, están aparejados con sillería, que ostenta unos sillares bastante uniformes de dimensiones y buenas proporciones y aparejo en hiladas horizontales que enlazan muy bien las superficies de los tajamares con las del cuerpo de pilas. 

También son de sillería dos hiladas en coronación de tímpanos en toda la longitud del puente, incluyendo los muros de acceso de margen izquierda. Sobre esta coronación de los tímpanos se dispone el pretil, con dos hiladas de sillería, una de ellas de ortostatos aproximadamente cuadrados y la terminal con superficie cilindrica sirviendo de albardilla. 

Las dos arcadas del puente se enlazan a las laderas; por el lado de la ciudad, mediante una complicada construcción con recinto de murallas, y torre alineada con la plataforma del puente, en la que se suceden tres puertas que dan acceso a estancias intermedias. Por el lado contrario, el puente se prolonga con muros de acompañamiento en una longitud de 45 m, que se apoyan en el terreno natural donde aflora la roca. 

Como ya hemos dicho estos muros se paramentan con mamposteria concertada rejuntada fuertemente, muy típica del Toledo medieval, quedando perforados cerca de la extremidad del puente por un pasadizo de 1,72 m de luz y 5,40 m de longitud, que ostenta en ambos frentes huecos sencillos sin jambas, pero coronados por sendos arcos de herradura con salmeres dobles y dovelas muy dispares. 

Los muros recogen el arco de entrada al puente construido en 1711, para lo cual se ensanchan mediante pilastras a ambos lados. Por encima de estos muros corren las tres hiladas de coronación y el mismo pretil que en el puente, el cual se corta para dejar paso a un balconcillo saliente en cada frente, apoyados sobre cinco canecillos triples. En los paramentos de estos muros han quedado dos cornisas verticales, que descienden desde la coronación del puente con longitudes variables, las cuales debían pertenecer a los encuadramientos en arrabá del arco principal y del arco hipotético desaparecido.

El conjunto fue declarado Monumento Nacional en 1921.

http://informesdelaconstruccion.revistas.csic.es/index.php/informesdelaconstruccion/article/viewFile/2465/2777

domingo, 29 de marzo de 2015

La Torre mudejar de Ajofrín

Muy cerca de Casalgordo y Sonseca, en la llanada que es antesala de los Montes de Toledo, tenemos la población de Ajofrín.

Su iglesia tiene diferentes fases de construcción.

La fachada con gran puerta de granito con formas del gótico isabelino nos habla de una de estas etapas entre el siglo XV y el XVI.

No es fácil saber si también es de esas fechas la construcción del campanario mudéjar, muy bien restaurado y de gran monumentalidad.

Al primer cuerpo de mampostería con hiladas de ladrillo le suceden otros dos de troneras con arcos de medio punto en el primero de herradura en el superior.



La torre, es de planta cuadrada, tiene cuatro cuerpos con arcos de medio punto y ojiva; coronada por una pirámide octogonal empizarrada; sobre los cuatro ángulos se levantan pedestales con esferas que debieron agregarse en el siglo XVII, en la parte inferior aparece un relieve de granito con la escena de la Descensión de la Virgen para imponer la casulla a San Ildefonso. 

Es el edificio con más variedad de estilos arquitectónicos de esta villa.

viernes, 13 de marzo de 2015

Iglesia mudéjar de San Juan Bautista en Galvez

Iglesia dedicada a San Juan Bautista. Torre mudéjar del siglo XVI.

En el interior de la iglesia se puede admirar una bella pila bautismal de granito y su espléndido artesonado mudéjar de madera policromada. En el exterior el visitante puede ver su imponente torre construida con mampostería y ladrillo, Su cuerpo principal es de una pieza grande de dos aguas.

Su cuerpo esta decorado en cada frente con arqueria ciega de seis arquillos apuntados.

Está estructurada en tres naves separadas por arcos rebajados. Destacan en la parte oeste la hermosa torre mudéjar de planta cuadrada hecha de mampostería y ladrillo y el artesonado de la techumbre

Su arquitectura es mudéjar decadente.

Es el edificio de mayor relevancia de nuestro municipio. El techo es de bóveda rebajada, octogonal sobre pechinas y decorada de escayola, formando un espacio cuadrado con arcos de medio punto sobre el que se apoya el conjunto. El altar es una gran hornacina con bóveda de cañón. Todo el presbiterio, el crucero y las naves laterales están apilastradas con cornisa prominente del Siglo XVIII, en tanto que la nave central es de factura posiblemente anterior (Siglo XVI) al igual que la torre. 



En el piecero, un coro suspendido por tres pilares de cemento sencillos, debajo del cual existe un artesonado policromado. Las portadas sur y oeste son posteriores, con puerta adintelada de dovelas almohadilladas de granito.

La torre de estilo neomudejar tardío del s. XIX, situada a los pies de la planta cuadrada, está construida con mampostería y ladrillo.

Sobre un basamiento de sillería, se apoya un alto cuerpo decorado en cada frente con arquería ciega de seis arquillos apuntados. 

Sobre esta parte superior, otro cuerpo con pares de arcos apuntados para alojar las campanas cegados en uno de los frentes. Sobre este cuerpo, otro menos de planta octogonal con arcos rebajados y cubierta también octogonal añadido posteriormente. El reloj es de 1902, las cuatro esferas rompen la cornisa superior. En la restauración de 1827 se debieron ocultar gran parte de techos y decoraciones.

http://www.turismocastillalamancha.es/patrimonio/iglesia-mudejar-de-san-juan-bautista-en-galvez-1

http://www.ayto-galvez.es/index.php?option=com_content&view=article&id=11&Itemid=15200164/visita/

jueves, 26 de febrero de 2015

Iglesia de Santa María en Illescas: Torre Mudejar

De estilo mudéjar, la construcción primitiva debió de tratarse de un templo de planta basilical rectangular con 3 naves rematadas en tres ábsides semicirculares y una torre adosada en el lado sur del crucero. 

 De este trazado antiguo sólo se conserva en el interior la cabecera y los compartimentos de los dos primeros tramos. En el exterior apenas quedan restos de la antigua traza mudéjar. El aspecto que hoy presenta el templo se lo debemos casi por completo a la gran remodelación que sufrió éste en el último cuarto del XV y a lo largo de todo el siglo XVI. 

Las diez bóvedas de la parte trasera son de estilo gótico. Todas ellas de crucería, a base de arcos apuntados y con nervios que se entrelazan en claves. De esta misma época son las capillas laterales que se abren en el muro norte y la misma sacristía.



Quedan algunos restos arquitectónicos platerescos como los arcos formeros del coro y el que hay a la entrada de la capilla de las ánimas. Del siglo XVI nos queda la remodelación del ábside central que de semicircular se cambió a cuadrado, tal como hoy lo conocemos.

El Arte Mudejar Se ha denominado arte mudéjar al musulmán en tierra cristiana y al cristiano español sometido a la influencia musulmana. El nombre de morisco con que también se le designa, tan sólo con rigor histórico debe aplicarse al realizado por los musulmanes convertidos el cristianismo antes o después de la conquista de Granada. Ante la imposibilidad de averiguar este extremo, es preferible la denominación de mudéjar. Además, téngase presente que las obras que calificamos de mudéjares lo mismo eran hechas por musulmanes sometidos que por moriscos o por españoles seducidos por la belleza del arte islámico.

En realidad no existe una arquitectura constructivamente mudéjar, ya que las obras de tal estilo no son si no los modelos de la arquitectura musulmana u occidental acusando las modalidades del arte hispanoárabe; almorávide, almohade y granadino. 

 No se trata, por lo común, sino de un estilo decorativo, ya que las estructuras son ordinariamente las del arte cristiano. Constituye el mudéjar una de las mayores novedades del arte español, se constituye el arte musulmán como símbolo de la cultura medieval. No debemos olvidar que los cristianos utilizaban la mano de obra árabe en las construcciones y que, el sistema constructivo musulmán era más rápido y barato que el cristiano.

El arte mudéjar se extiende desde el siglo XII. Su época más fecunda es la de Pedro I el Cruel. Decae a partir de la toma de Granada, pero en realidad subsiste casi hasta el siglo XIX. Los españoles lo llevan a América y esporádicamente repercute en Portugal, Inglaterra, Francia e Italia. España tiene el honor de ser el portavoz del arte musulmán en Occidente.

Concretamente en Illescas tenemos representación de este arte en nuestra emblemática Torre perteneciente al conjunto monumental de la Iglesia Parroquial de Santa María, así como nuestro emblemático “Arco o Puerta de Ugena”.



INTERIOR IGLESIA PARROQUIAL DE SANTA MARIA

Descripción de las Estancias:

Capilla Mayor.
El retablo, típicamente barroco de los siglos XVII – XVIII, es de tres cuerpos. El cuerpo central presenta: abajo, el Sagrario; en la hornacina central, una imagen de la Virgen de la Asunción; en el frontón superior un cuadro reproduce la escena de la Anunciación. Corona el retablo una Exaltación de la Santa Cruz.

Capilla del Cristo de la Misericordia o del Rosario.
Destacan las dos bellas lápidas de estuco mudéjar que se hallan a ambos lados del arco fajón. Nos recuerdan que descansan en esta capilla, en espera de la Resurrección, D. Gonzalo Alfonso Marques (+ 1387) y D. Alfonso Díaz, contador mayor del Rey (+ 1390).

Baptisterio.
El arco de entrada es del Renacimiento. La pila bautismal es del año 1788. Hay una original tabla gótica que representa “La descensión de la Virgen e Imposición de la casulla a San Ildefonso”.

Capilla de la Virgen de las Candelas (También llamada “del Santo Angel”). 
Tiene un retablo de madera tallada y dorada estilo renacimiento. Bajo la hornacina central un cuadro representa la presunta aparición del ángel al Rey Alfonso VIII en este mismo lugar; a su izquierda; San Pablo derribado en el camino de Damasco; a su derecha; el apóstol Santiago el Mayor a caballo. El coronamiento del retablo es un cuadro de la Virgen “Sedes Sapientiae”. Los otros dos cuadros son reposiciones posteriores que no pertenecen al conjunto.

Sacristía.
La cubierta es gótica, con dos tramos de bóveda de crucería bellamente acabados. En su interior alberga numerosas piezas de orfebrería de los siglos XVII y XVIII, entre las que destacan las dos cruces de plata de 1654 y 1668, y la custodia procesional, estilo renacimiento, del mismo siglo (1658).

Capilla de la Virgen de la Soledad
La verja de entrada es del 1271. Dividida en dos tramos cubiertos por bóvedas de crucería, los arcos cruceros se soportan en seis pilares octogonales embebidos en el muro. Llaman la atención los grandes capiteles que coronan los medios pilares y la Virgen con el niño que está representada en el frente de la bóveda. El retablo de la Soledad es de estilo barroco. En la pared de la derecha contemplamos un “descendimiento” de Juan de Borgoña. Óleo sobre tabla de finales del XV.



Capilla de San José(también llamada de las Ánimas). El arco de entrada es plateresco. La bóveda es de crucería apoyada en ménsulas. Debe su nombre el retablo del lado derecho, donde un lienzo sobre tabla del siglo XVI nos presenta a las ánimas en el purgatorio y Cristo Juez en la gloria. Las lápidas nos recuerdan que esta capilla fue panteón familiar desde 1580.

Capilla de la Ascensión. 
Posee un retablo dorado estilo rococó que lleva en su remate un pequeño cuadro que representa al Padre Eterno.

Antigua Capilla Bautismal.
Cerrada con una verja plateresca de dos cuerpos, con un friso de hierro forjado y coronamiento con dos ángeles. Pertenece al 1676.

fiestasyturismo@illescas.es
Fuente: http://www.illescas.es/contenidos/030107_mudejar.html

Un libro descubre el número áureo en la Torre Mudéjar

Es un hallazgo muy importante según el autor porque antecede a la Florencia renacentista en la introducción de ese número en Europa

«Este libro supone un grandioso descubrimiento para la cultura toledana, ya que antecede a la Florencia renacentista en la introducción de la idea del número áureo en Europa después de la Grecia clásica». Con estas palabras se realiza la carta de presentación de la obra "El canon del Alarife de Illescas", texto que el próximo viernes será presentado oficialmente en el municipio y que defiende, tras un minucioso estudio, que la Torre Mudéjar de Illescas esconde un mensaje en sus ladrillos desde hace 800 años.

Su autor es Wilfredo Mariñas, escritor peruano convencido de la estrecha relación en cánones de construcción de la Atenas de Pericles y la torre de la iglesia parroquial de Santa María en la villa sagreña, asegurando que en la cara Sur de la torre el constructor medieval del Alarife de Illescas entrelaza un código que descifra un milenario mensaje estético y a la vez es una muestra de su religiosidad, canon remozado en una muestra de cristiandad.

Abriendo la duda acerca de si se trata de casualidad o intencionalidad, el autor de este libro pretende dar que hablar al demostrar en sus páginas la intencionalidad al relacionarlo estrechamente con un postulado euclidiano que deriva en la proporción áurea, omnipresente en la geometría del monumento. Al tiempo, avanza que descifrar ese mensaje lleva al lector a transitar por los conocimientos matemáticos, geométricos y humanísticos propios de un período excepcional en la cultura española, el Toledo de las tres culturas, donde convivieron los transmisores del pensamiento griego, los musulmanes, con los traductores por excelencia: los judíos y los mozárabes, en un entorno dominado por los conquistadores cristianos.

Y es que eran principios del siglo XIII cuando se construyó en Illescas la iglesia parroquial con advocación a la Asunción de Nuestra Señora de Santa María en un prolongado periodo de paz, consolidada la reconquista del antiguo reino toledano y trasladadas las fronteras más al Sur.

Así las cosas, esta novedosa creación de 104 páginas con encuadernación rústica y perteneciente a los "Cuadernos heterodoxos toledanos" se vende al precio de 10 euros. La publicación de la Editorial Ledoria se acerca a las vivencias del constructor, a quien la villa honró con ese encargo, y que aprovecha las técnicas constructivas y la mano de obra de los derrotados mudéjares, que se resisten a marcharse. El protagonista los combina eficientemente con el románico de los conquistadores y los cálculos de unas matemáticas transmitidas desde la Grecia clásica.

Según datos aportados por la editorial, el erudito local don Alberto de Aguilar en su libro "Illescas, notas histórico artísticas" de 1927, escribió estas frases: «Contemplad… la bellísima torre mudéjar de Santa María, y esas grietas, esos ladrillos carcomidos os dirán más que todo cuanto yo imaginara contaros…». Atento a ese mensaje, Wilfredo Mariñas ha hurgado entre sus ladrillos para buscar el mensaje escondido durante 800 años, que fundamenta su estética, y puestos a la luz en "El canon del Alarife de Illescas", cuya presentación será a las 19,00 horas en el Centro Cultural del municipio con la presencia de autoridades culturales en el Ayuntamiento illescano.

RUBÉN CAÑO - miércoles, 12 de enero de 2011
http://www.latribunadetoledo.es/noticia.cfm/PROVINCIA/20110112/libro/descubre/numero/aureo/torre/mudejar/9CB85DD5-DD7C-6284-BACCC3C2E0898DA7
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...