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viernes, 31 de julio de 2020

Toledo, Centro de irradiación de la MozarabÌa (y IV)

Presencia sevillana en el I Congreso Internacional sobre cultura ...La lengua arábiga empleada com˙nmente por los moz·rabes cayó paulatinamente en desuso de modo notorio a lo largo del siglo XIII quedando, prácticamente, reducida a la estampación de firmas en los documentos, siendo tarea común la copia por los monjes de nuevos misales, códices, etc., a medida que la influencia europea avanzó propiciada por los cluniacenses, pudiéndose afirmar que desapareció su uso definitivamente a partir de la primera mitad del siglo XIV.

La debilidad parroquial mozárabe recibió, sin embargo, un relevante empuje en la persona del cardenal Cisneros una vez elevado a la Silla toledana. Sus visitas en 1497 y 1498 a la Biblioteca catedralicia le permitió conocer la riqueza de la masa de libros visigodos existentes con el compendio de su valor histórico-litùrgico, con la trascendencia nacional que representaban al ser el testimonio vivo del ritual espiritual primitivo.

A tal efecto ordenó, como todos sabemos, su recopilación y puesta a punto a través del canónigo Alonso Ortiz ayudado por los párrocos mozárabes de Santa Eulalia, Santas Justa y Rufina y San Lucas apareciendo sucesivamente en 1500 y 1502 el Missale Mixtum morem eclessiae toletane y el Breviarum secundem regulam beati Isidori.

Los mencionados párrocos mozárabes auxiliares del canónigo Alonso Ortiz, fueron: D. Antonio RodrÌguez por la iglesia de Santa Justa y Rufina; D. Alfonso MartÌnez de Yepes que lo era de Santa Eulalia y D. JerÛnimo GutiÈrrez por la de San Lucas.




Por sendos decretos de su autoridad ordinaria dictados en 1502 y 1508 (18 de septiembre) que englobaba y prescribÌa el anterior, el cardenal Cisneros regulÛ b·sicamente la Capilla Moz·rabe y su funcionamiento para perpetuidad del rito secular y complemento de las respectivas parroquias, paliando su debilitamiento.

La etapa final que llega hasta la actualidad viene caracterizada por dos fases: una, de acusada y paulatina debilidad parroquial al irse agudizando las corrientes poblacionales migratorias derivadas de la mayor actividad socioeconómica, convulsiones nacionales, etc., con el correspondiente vacío de la feligresÌa determinante de la desaparición paulatina de las primitivas parroquias que hoy día han quedado reducidas a dos: Santas Justa y Rufina y Santa Eulalia y San Marcos, con el haber de la compilación del Misal de Cisneros llevada a cabo por el cardenal Lorenzana en el siglo XVIII, con las ediciones en 1775 y 1804, y otra fase de plena actualidad, tipificada últimamente por mayor vigor y recuperación del sentido de orgullo histórico-litúrgico iniciado en 1966 y cuya conmemoración celebramos, unido todo ello a la revisión llevada a cabo en el ritual litúrgico ordenada por el Concilio Vaticano II en la actualidad de plena vigencia.

MozárabeMención especial a destacar en Èsta última fase, es, sin duda alguna el acuerdo solemne del Excmo. Ayuntamiento de Toledo de Declararse Protector de la CofradÌa-Esclavitud de Ntra. de la Esperanza de S. Lucasî, aglutinante eclesial formal de la mozarabÌa toledana, suscribiéndose como Hermano Nato de la misma, en virtud de la larga e Ìntima tradición de siglos entre la ciudad y la mozarabÌa, firmado y refrendado en la sesión del 27 de septiembre de 1867.

Resumiendo, pues, la serie de ideas y concepto de lo mozárabe, cuyas raíces se hunden en la labor inicial elaborada en Toledo a través de los Concilios así como en la evolución de su liturgia con las sucesivas aportaciones de los prelados toledano en la Època visigoda, observamos que por encima de los avatares de la dominación musulmana, la mozarabía de Toledo conservó su ley, su religión, sus usos, costumbres, y formas sociales, en auténtico sentimiento de comunidad histórica.

Comunidad histórica que supo conservar y transmitir toda la tradición cultural romano-visigoda, dando vida permanente a su idea de España, compatibilizándolo con la cultura arábiga en curioso proceso de asimilación sin pérdida del ser propio.

La reconquista de Toledo con la venida de gentes foráneas, dio ocasión a un modelo de convivencia sin igual en toda la Europa medieval, en el marco de sus respectivos Fueros con auténtico sentido de integración.

Todo ello compatible con el denominador común de defensa frente al radicalismo musulmán de almorávides y almohades, convirtiéndose Toledo en el baluarte defensivo nacional tras sufrir siete asedios al propio tiempo de protagonizar un verdadero puente cultural entre las culturas islámica y europea.

Hoy día, podemos y debemos afirmar que la levadura de España en su concepción cultural a lo largo de la Edad Media es hechura mozárabe, dado que la población peninsular conservó con fuerza la tradición superponiéndose a la influencia de árabes y francos, toda vez que lo que existió en la España cristiana fue el sustrato de vida mozárabe.

Si a ello añadimos que en las principales ciudades, especialmente Toledo, mantienen vigorosamente su liturgia, derecho, organización, lengua, etc., es decir, las especÌficas formas culturales que definen a un pueblo, en convivencia limitada con el dominador, ha de reconocerse su valor histórico.

El reconocimiento actual lleva a definir a Toledo como la ciudad de la convivencia y de la tolerancia, en virtud de la conducta observada tras su reconquista entre cristianos, judíos, árabes y francos, con sus respectivos fueros, convirtiéndose, incluso, en el ombligo cultural de Europa, en frase de Sánchez Albornoz, al propio tiempo de constituir la avanzada militar de Occidente resistiendo el embate de almorávides y almohades a lo largo del siglo XII, culminando su labor en la concentración de las tropas cristianas en la Vega que alcanzaron la definitiva victoria de las Navas de Tolosa en 1212.

Toledo, pues, como arquetipo donde se fraguó la concepción inicial de España modelada a través de los concilios toledanos, convertida en bastión defensivo de la cristiandad nacional, asÌ como en foco cultural de la gran empresa educadora bajo la Ègida del rey Alfonso X el Sabio, impulsor definitivo de la lengua romance, base de partida durante más de medio siglo en el empeño logrado de recuperación territorial del levante murciano y resto de AndalucÌa, ya que Toledo era toda Castilla, fue y sigue siendo la depositaria del legado cultural y litúrgico que configuró a España.




Desde aquí irradió a todos los rincones de la geografÌa peninsular, según las diferentes etapas, este tesoro histórico-litúrgico que condensa la carga de la historia nacional. Que el Señor nos depare las mismas energÌas para su mantenimiento y transmisiÛn generacional, en la misma medida que antaño infundió a nuestros antecesores. 

1 Conferencia impartida en el Hotel Beatriz de Toledo al Colegio Regional de Ingenieros TÈcnicos Industriales.

JosÈ Miranda Calvo 
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jueves, 30 de julio de 2020

Toledo, Centro de irradiación de la MozarabÌa (III)

Tolerancia e intolerancia en Al-Ándalus: las revueltas mozárabes y ...La originalidad e importancia del fondo cultural moz·rabe en esta labor de permanencia del sustrato nacional, de la cultura cristiana de la Època y su correlación con la hispano-musulmana se basa en el hecho de que los mozárabes al ponerse en relación con una raza nueva, de ideas y costumbres diferentes, asimilan y producen una nueva situación, que, sin pérdida de lo suyo, le acercan al musulmán.

Este modo de ser mozárabe, de cultura y manifestaciones propias de la misma, constituye un autÈntico ejemplo de asimilación entremezclado a la constante afirmación de su ser propio, manteniendo y alentando el sentimiento de conciencia nacional cuyo pleno desarrollo se da tras la conquista de Toledo y afirmación de la hegemonÌa polÌtica y militar de Castilla.

Esta labor de mantenimiento del sustrato nacional con la plena voluntad de recuperar la totalidad del territorio, bajo el simbolismo de la reconquista de Toledo como foco de atracción y continuidad del estado anterior, alentado por el mozarabismo, es lo que lleva a decir al eminente Profesor Vicens Vives en su obra Aproximación a la Historia de España: el mozarabismo, constituye el factor esencial en la vida histórica española durante los siglos VIII, IX y X.




Es, quizás, el elemento más decisivo de la misma, aunque parezca relegado a segundo término en la mera contemplación de los sucesos polÌtico-militares, por el hecho de la conservación del legado de Roma. Su lengua, sus ritos, su arte, su cultura, se difundieron poco a poco desde Andalucía al Norte y desde Portugal a Cataluña y Aragón.

La pervivencia de la feligresÌa mozárabe toledana a lo largo de la dominación arábiga con el mantenimiento de sus seis parroquias, existencia y sucesión de sus párrocos, conservación de sus libros, códices y misales, la vinculación de la población mozárabe circundante en el ámbito rural próximo a Toledo, a la sazón más numerosa que la de la propia ciudad, su anterior aproximación gradual al bando moderado de la corte, que incluso llevó a determinados grupos a seguir a Valencia al destronado monarca Alcadir, a más de su labor anterior de plataforma receptiva de los emigrados del Sur, como logros de su inicial etapa, constituyeron las premisas constatadas de su protagonismo que depararon las metas posteriores acaecidas tras su reconquista cristiana.

Los Beatos Mozárabes – El Jardín de las HespėridesPrecisamente, este clima de mantenimiento de la ortodoxia del ritual litúrgico y su práctica, permitió a lo largo del siglo XII que nuevamente la ciudad se convirtiera en el refugio de obispos y fieles mozárabes que huÌan de sus respectivos lugares peninsulares, especialmente del Sur, como así se prueba con la llegada y residencia en Toledo desde 1143 de los obispos de Medina-Sidonia, Niebla, Marchena y Málaga.

Vemos, igualmente, que la labor del mozarabismo toledano se ve reflejada en su impagable tarea llevada a cabo a través de la Escuela de Traductores en sus dos etapas netamente diferenciadas: una, la llevada a cabo a través de la Iglesia durante el siglo XII, y la más posterior dirigida por el rey Alfonso X el Sabio en el XIII.

El papel cultural que antaño protagonizara Córdoba bajo la etapa de pleno dominio musulmán se trasladó a Toledo tras su reconquista, compatibilizándose con el grado de convivencia con árabes y judíos de acuerdo con la politica de Alfonso VI de una clara inclinación a Roma y Europa.

Todos los conocimientos de la Època se transmitieron a las universidades europeas merced a la labor de la Escuela de Traductores en una labor de creciente entrega y servicio desde su fundación por el arzobispo D. Raimundo durante el reinado de Alfonso VII, nieto de Alfonso VI, marcando su cenit durante el reinado de Alfonso X el Sabio, el rey nacido en Toledo en los llamados Palacios de Galiana frente al actual Miradero, sirviéndose al mundo occidental toda la cultura oriental: astronomía, medicina, agricultura, filosofÌa, arte, etc.

Reconociendo que la mencionada Escuela de Traductores no tuvo local fijo y exclusivo, lo cierto es que buena parte de sus trabajos durante la etapa inicial tuvieron lugar en el monasterio de S. Servando cedido desde su fundación en 1086 a los monjes cluniacenses de S. Víctor venidos desde Marsella, asÌ como durante la etapa del rey Alfonso X en el propio Alcázar, dónde los sabios de diferentes procedencias llevaron a cabo su trabajo con la ayuda inapreciable de los mozárabes, que, al ser bilingues, cerraban el ciclo traductor.

En esta labor de simbiosis y convivencia de cristianos, judÌos, mudéjares y extranjeros, perduran los nombres de Gundisalvo, Juan Hispalense Gerardo de Cremona, Hernán el Dálmata, Hernán el Inglés, Daniel de Morlay, etc., que proporcionaron a la Europa de los siglos XIII y XIV las obras de Averroes, Avicena, Euclides, Avicebrón, Tolomeo, Abuqasi, etc., de las que se nutrirían las universidades europeas hasta la llegada del Renacimiento en los albores del siglo XV.




Si partimos, pues, de que la cultura mozárabe y el ser de sus comunidades constituyó la base de la conservación del Estado godo que precedió a la venida arábiga, con sus complementos de liturgia, derecho, arte, lengua, etc., ha de reconocerse obviamente que la pervivencia de las raÌces nacionales no sólo se mantienen sino que influencian en el desarrollo posterior.

La obra primitiva iniciada a través de los Concilios de Toledo y auspiciada en todo momento por la Iglesia, aglutinada alrededor del mantenimiento del ritual litúrgico como signo máximo diferenciador con los complementos de libros, códices, esculturas, etc., permitió la conservaciÛn de un estado espiritual adaptado a las nuevas circunstancias.

La conservación del ritual con sus exteriorizaciones permitió igualmente la creación de los templos, lográndose con ellos la continuación del arte nacional, netamente diferenciado del arte islámico por más que se tomaran del mismo determinadas formas en su fase postrera.

Si todo ello cabe referirlo a nivel general, es incuestionable que aparece referenciado a Toledo por ser el espejo dónde confluÌan todas las miradas. La pervivencia del ritual litúrgico así como la del Fuero Juzgo como base jurÌdica comunitaria, mantenida por encima de las sucesivas reformas alcanzó una dimensión de verdadero relieve, puesto que, al propio tiempo que convivieron en el perÌodo anterior con el dominador musulmán manteniendo Ìntegras sus peculiaridades nacionales, no dejaron igualmente después de mantener su paridad con el ritual latino y con los sucesivos ordenamientos jurídicos tales como el Fuero Real, Código de las siete partidas, Ordenamiento de Alcalá, etc., manteniendo su vigencia para los mozárabes hasta 1787.

La presión dirigida desde Roma en pro de la instauración del ritual latino llevada a cabo por los cluniacenses con los arzobispos elevados a la silla toledana, aparece plasmada en la venida de clérigos nuevos, franceses en gran número, sustitución de la letra visigoda o toledana por la francesa, traída de nuevos libros y códices, etc., determinaron sucesivos sumandos que contribuyeron a debilitar el ambiente social mozárabe propiciando nuevas orientaciones.

Asimismo la entrada de nuevas generaciones y la dispersión social como consecuencia de matrimonios, cambios comerciales, etc., ocasionaron progresiva debilidad parroquial en el número de sus feligreses

1 Conferencia impartida en el Hotel Beatriz de Toledo al Colegio Regional de Ingenieros TÈcnicos Industriales.

JosÈ Miranda Calvo 
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miércoles, 29 de julio de 2020

Toledo, Centro de irradiación de la MozarabÌa (II)

La Miniatura Altomedieval (Miniatura Mozárabe) - Turismo Prerrománico

La situación central de la capital toledana con la m·s favorable predisposición de sus autoridades bereberes determinó que la permeabilidad de sus fronteras por dicha permisividad, facilitase el paso a las tierras del Norte de los grupos mozárabes procedentes del Sur que huÌan de sus represalias.

Esta conjunción de factores encontró todavÌa mayor anuencia dada la firmeza de las autoridades eclesiales toledanas en la defensa y mantenimiento ortodoxo del ritual, oponiéndose a las intromisiones califales derivadas del concilio de Córdoba del año 852 presidido por el obispo Recafredo, del que S. Eugenio nos dice en su Memoriales Sanctorum ì Decretó, este, como presidente del concilio, condenar a los cristianos que persistÌan en ir al martirio voluntarios, vituperarlos e ir contra ellos ó lo hizo por temor de perder el honor, es decir, la privanza del Emir.




Más, aunque forzados en parte por el miedo y en parte por el parecer de los prelados que el Emir habÌa mandado venir por esta causa de diversas provincias, firmamos algo que halagase los oÌdos del rey y de los pueblos muslinesî.

Toledo, pues, abandonó y dejó de enviar a Córdoba sus representantes en lo sucesivo, por lo que no intervino en los nombramientos de obispos, comenzando a considerar como tales en sus funciones directivas pastorales a los sucesivos párrocos de Santa Justa y Rufina, al ser la más numerosa y asentada en el centro de la capital.

La reforma habida en nuestro ritual emanada del Concilio Vaticano II nos ha privado de seguir escuchando su relación en los Dípticos de la Misa, tales como: Julián, Pedro, Juan, Oroncio, Cipriano, Vicencio, Geroncio, ZacarÌas, Blas, Visitano, Juan, FÈlix, Vicencio, Blas, Julián, Domingo, Justo , Saturnino, Salvado y otro Salvado, toda vez que el nombramiento del Obispo Pascual en 1058 realizado en León vino a cerrar el paréntesis de dicho vacío, una vez que el rey Fernando I, padre del rey Alfonso VI, sometio a tributo al reino taifa toledano y consiguientemente mejoraron la situación dulcificándose la condición de los grupos mozárabes toledanos en mayor medida.

Toledo, pues, en esta inicial etapa de influencia, plena de dificultades se convirtió en auténtica plataforma de contacto con lo árabe sin perder sus esencias propias, liderados en el orden eclesial con la mira en el sentimiento de conciencia nacional, con respeto a su pasado heredado de la Època de los famosos Concilios.

La función realizada durante los siglos VIII al XI como centro de distribución de los núcleos mozárabes emigrados del sur, facilitando su paso a las tierras del norte, incluso después de su rendición definitiva a Córdoba tras la victoria y entrada de Abderramán III en el 932, unido todo ello al prestigio de su rango y mantenimiento de su ortodoxia, cimentó la base de su posterior protagonismo e influencia definitiva.

La reconquista de Toledo por el rey Alfonso VI marcó un hito en el protagonismo nacional de Toledo, no sólo en el orden polÌtico sino en el cultural y espiritual, puesto que, al margen del significado polÌtico-militar de la reconquista de la antigua capital de la monarquÌa visigoda y bastión de resistencia frente a las nuevas invasiones de almorávides y almohades, Toledo se convirtió en la conciencia tradicional del mantenimiento del ritual litúrgico con sus manifestaciones culturales, superponiéndose a las influencias francas y arábigas conservando la fuerza de la tradición.

Dejando a un lado la ayuda de la minorÌa mozárabe en la recuperación de la ciudad, al asumir un destacado papel de colaboración con el bando árabe moderado que preferÌa el sometimiento al rey cristiano antes que aceptar la venida de los africanos, como preconizaban los elementos fanáticos de la corte, lo cierto y destacado es la defensa a ultranza en el mantenimiento del ritual, sus usos, leyes, organización, y propiedades que el rey Alfonso tuvo que reconocer en el Fuero de 1101.

Este reconocimiento formal, unico que se da en toda España, supuso el refrendo del significado de la mozarabÌa en sus primitivas raÌces nacionales, asentadas tanto sobre el propio ritual como en el Código del Liber Judicum o Fuero Juzgo, sobre cuyos pilares asentaron el quehacer cultural, y su regulación jurÌdica.

Ser·, pues, en esta etapa que transcurre hasta fines del siglo XV, cuando el papel trascendente de Toledo como personificaciÛn de la tradición heredada y mantenida, cobra su mayor importancia ante la subsistencia de lo que podemos denominar el ìf enómeno mozárabeî como sustrato del fondo nacional.

La importancia del llamado ìfenómeno mozázabeî alcanzó su máxima extensión en Toledo tras la reconquista, al reconocer el rey Alfonso VI la división del gobierno de la ciudad por 2 alcaldes; uno, para los castellanos y el otro para los moz·rabes gozando ambos de plena jurisdicción para sus respectivas minorÌas, si bien el alcalde mozárabe tuvo toda la jurisdicción criminal ordinaria tanto para los mozárabes como de castellanos y demás cristianos existentes tanto en la ciudad como en su alfoz.

Los privilegios de Toledo fueron sucesivamente confirmados por el resto de los monarcas, siendo refrendados ya en 1118 por Alfonso VII, después por Alfonso VIII, Fernando III, Alfonso X, Sancho IV, Pedro I, Enrique II, Juan I, con la particularidad de estar escritos, unos en latÌn, y a partir de Fernando III en romance castellano, Enrique III, Juan II, Reyes CatÛlicos, DÒa. Juana y D. Carlos, Felipe II, Carlos II, Felipe V, Carlos III y Fernando VII, todos ellos conservadores.

El hecho probado de que sea conocida en mayor grado la cultura hispano-musulmana, ha venido minusvalorando y desconociendo el papel histÛrico del mozarabismo y su influencia en la conservaciÛn de las raÌces nacionales, que podemos y debemos proclamar con todo orgullo pues que la pervivencia de lo hispano, de la herencia romano-visigoda, se da y transmite por la mozarabÌa, cuyo epicentro fue Toledo.


1 Conferencia impartida en el Hotel Beatriz de Toledo al Colegio Regional de Ingenieros TÈcnicos Industriales.

JosÈ Miranda Calvo 
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martes, 28 de julio de 2020

Toledo, Centro de irradiación de la MozarabÌa (I)

LECTURA: Los Mozárabes – Recursos AcadémicosUna de las singularidades más acusadas de nuestra ciudad de Toledo y al propio tiempo de las menos divulgadas y conocidas en su verdadero significado, es, sin duda alguna, la de haber sido y seguir siendo el centro y corazón histórico de la mozarabÌa como herencia espiritual y cultural del legado de Roma, mantenido y transmitido generacionalmente a lo largo de la ocupaciónn musulmana de Hispania.

A tÌtulo de formal antecedente para la mejor comprensión del tema que nos ocupa, comenzamos por remontarnos al siglo IV en el plano polÌtico general europeo.

 Todos sabemos que hasta dicho siglo IV el Imperio de Roma constituyó el denominador común de su dominio polÌtico no sólo sobre las tierras de nuestro continente sino al otro lado del Mediterráneo sobre el litoral norte-africano, es decir, sobre el mundo a la sazón conocido, todo ello unido en el orden cultural a la herencia recibida de Grecia y comienzos de la consolidación del cristianismo.

Todos sabemos, igualmente, que a partir de dicho siglo IV comenzaron a producirse en Europa con distintas alternativas de tiempo, la marcha hacia las tierras del sur europeo de los pueblos germánicos, conocidos como pueblos bárbaros, que, en cuanto a Hispania se refiere, el pueblo godo marchó desde sus tierras del norte de Alemania y las contiguas al mar Báltico hacia las zonas bajas del rÌo Danubio, y, tras recorrer la actual RumanÌa y Bulgaria, se adentraron en Italia ocupando Roma en el año 412, óobligando al entonces emperador Honorio a firmar un pacto de amistad y federación.

Con arreglo a dicho pacto, una fracción del pueblo godo quedó asentada en la parte alta de Italia, en la LombardÌa conocidos como ostro-godos, por quedar situados en la parte más oriental, y otra, los llamados visigodos, por quedar más a occidente quedaron ubicados en la zona sur de las Galias, la actual Francia, sobre la vertiente norte pirenaica, desde Burdeos a Marsella, con capital en Toulouse estableciendo el llamado reino de Tolosa, con objeto de taponar la irrupción de los francos.




La entrada en Hispania por los puertos pirenaicos más occidentales de los vándalos, alanos y suevos, obligaron a los visigodos a venir a Hispania como auxiliares de Roma con la misión de su expulsión, introduciéndose a partir del año 416 con el objetivo de asegurar el dominio romano.

La diferenciación de ambos pueblos, el visigodo y el hispano-romano, era evidente a todas luces, no solamente en cuestión de religión al ser arrianos los visigodos, sino en cultura, usos y costumbres, puesto que el hispanoromano tenian asimilada la cultura clásica greco-romana así como comenzó a consolidarse la religión cristiana una vez desaparecida la persecución inicial que Roma tuvo hacia la misma.

Una vez cumplida en gran parte la misión de expulsión, salvo la de los suevos arrinconados sobre Galicia, los visigodos al constatar la creciente debilidad de Roma no dudaron en el año 475 en independizarse de Roma, manteniendo su pleno dominio sobre Hispania con su rey Eurico a la cabeza, estableciendo sucesivamente la capitalidad del reino con las tierras de Francia en Barcelona y sucesivamente en Zaragoza y Toledo, a partir del año 568 bajo el reinado de Leovigildo dada su excepcional posición central estratégica y fuertes defensas naturales.

Tolerancia e intolerancia en Al-Ándalus: las revueltas mozárabes y ...AsÌ mismo, Toledo, paralelamente había conseguido en el orden religioso-cristiano ser erigida en Silla Primada con una fuerte componente de influencia dada la personalidad de sus primeros arzobispos.

Los esfuerzos sucesivos visigodos por atraerse a la población peninsular tanto en lo que respecta en el orden religioso como en su cultura, usos y costumbres, fracasaron totalmente, no solo por la superioridad cultural romana sino por la aplastante superioridad numérica de la población peninsular, por lo que tras diferentes alternativas, el hijo de Leovigildo, el famoso rey Recaredo no dudó en proclamar la conversión católica de su pueblo en el tercer Concilio de Toledo y año 589, quedando consecuentemente unificados ambos pueblos en el doble sentido religioso y polÌtico, con plena equiparación jurÌdica, matrimonial, etc., cuyo progresivo entendimiento se realizó a través de la legislación llevada a cabo por los concilios de Toledo convertidos en asambleas mixtas polÌtico-religiosas.

 El hecho de ser la monarquÌa visigoda de carácter electivo a través y en exclusiva por sus clanes nobiliarios y obispos, originan continuas luchas entre las familias más relevantes con el consiguiente desequilibrio social entre las mismas, dada la exclusión de la población hispana para tomar parte en su elección. 

De ahÌ que se llegue a las vísperas de la venida musulmana en pleno clima de descomposición social general cuya explosión tendrá lugar con motivo de la sucesión al trono del penultimo rey visigodo, Witiza, causa auténtica de la venida musulmana en ayuda de una de las partes contendientes aspirante al trono. 

Todos sabemos, que con motivo de la disputa en la sucesión por el trono tras la muerte del penúltimo monarca visigodo, el rey Witiza, tuvo lugar una guerra civil entre sus partidarios ávidos de entronizar a uno de sus hijos frente a otro grupo de la nobleza partidario del gobernador de la Bética, D. Rodrigo, ocasionádose como resultado de las luchas la venida a España de fuerzas afro-arábigas en ayuda del bando witizano, que, tras derrotar a D. Rodrigo en la batalla del Guadalete ocasionando su muerte o desaparición, no dudaron en aprovechamiento desleal de su ayuda en apoderarse del territorio nacional y su gobierno, estableciendo en Córdoba la capitalidad polÌtica en detrimento de Toledo. 

Tres Culturas: Mozarabes: Resistencia y Exodo hacia el NorteLa población nacional ante tal acontecimiento adoptó tres posturas: una, minoritaria, huyendo y refugiándose en la faja norteña, especialmente sobre la zona asturiana con la esperanzada idea de ir recuperando el total territorial, manteniendo las costumbres puras de la anterior etapa visigoda; otra, mayoritaria, progresivamente preponderante y adoptando paulatinamente su definitiva integración e islamizándose gozando de igualdad de prerrogativas y condición social que el nuevo dominador; y, otra, minoritaria, igualmente que la huÌda al Norte que acatando las normas de convivencia impuestas por el vencedor sostuvo doblemente su condición nacional y fe católica de acuerdo con las costumbres heredadas, si bien inserta en el seno social musulm·n, sometida a un complejo proceso de pactos y presiones de todo tipo con sus limitaciones polÌticas, religiosas, económicas, etc., los conocidos como ìmoz·rabesî. 

Estos diferentes grupos poblacionales moz·rabes, como fueron llamados de esta manera, quedaron establecidos sobre las ciudades principales, tales como Toledo, Córdoba, Sevilla, Mérida, Zaragoza, Granada, Málaga, Coimbra, etc., a más del disperso por el ámbito rural, siendo los más numerosos los establecidos en Córdoba y Toledo, en virtud, bien por establecerse en Córdoba la capitalidad polÌtica, como en Toledo debido a su rango anterior de sede polÌtica y religiosa a m·s de su situaciÛn central. 

La evoluciÛn de los acontecimientos dieron prontamente respuesta a la diferencia de vida y conducta de los respectivos n˙cleos en una y otra capital.

 El protagonismo de Toledo, entiendo, cabe agruparlo en 3 etapas: la primera hasta la toma de Toledo por el rey Alfonso VI el 25 de mayo de 1085; la segunda hasta el acceso a la silla primada por el cardenal Cisneros y sus iniciativas a partir de 1497; y, finalmente la tercera que llega hasta el momento presente. 





Los grupos cordobeses comenzaron a sufrir en mayor medida la presiÛn oficial derivada del establecimiento de la capitalidad, al imponerse con mayor rigor las normas del vencedor, originándose persecuciones y restricciones de todo tipo que desembocaron en la etapa del martirologio presidido por la figura del obispo S. Eulogio.

Los grupos establecidos en Toledo, contrariamente, tal vez por el hecho de ser regidos por autoridades bereberes opuestas a su dependencia respecto a Córdoba, que en sus enfrentamientos contra la misma, bien de grado o por fuerza fueron incorporados a sus filas, soportaron con mayor tolerancia su situación y desenvolvimiento sin llegar a sufrir la gravedad habida en Córdoba.

 Si a ello sumamos el recuerdo y respeto debido a la antigua capitalidad de Toledo, asÌ como a la calidad de sus grupos dirigentes, prontamente se extendió la idea de ser Toledo el lugar más idóneo en ésta difÌcil convivencia.

José Miranda Calvo 
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domingo, 14 de junio de 2020

Pervivencia de la Escritura Visigotica en la Comunidad Mozárabe

 DE LA ESCRITURA VISIGÓTICA EN LA COMUNIDAD MOZÁRABE DE TOLEDO (CON ESPECIAL REFERENCIA A LAS PARROQUIAS DE LAS SANTAS JUSTA y RUFINA y SANTA EULALIA) 
Lorenzo Martínez Ángel 

Nada nuevo decimos al afinnar que la historia cultural de Toledo es verdaderamente monumental, y aunque son muchos los estudios realizados sobre diversos aspectos no se agota, ni mucho menos, toda la riqueza que el tema puede aportar. 

En este trabajo nos ocuparemos de un tema de cierta relevancia dentro del campo de la cultura escrita: la pervivencia de la escritura visigótica en la ciudad de Toledo. 

Sobradamente conocido es el proceso por el cual la escritura carolina se implanta en los reinos peninsulares y su cronología, la cual está magníficamente estudiada en algunos lugares " siendo Galicia y Portugal los últimos lugares donde, según los manuales al uso de paleografía, llegó la carolina, a finales del s. XII y comienzos de la siguiente centuria '. 





No vamos a discutir esto, pues es correcto, aunque incompleto. Ciertamente en las zonas más occidentales de la Península se conservó durante más tiempo la escritura visigótica'. 

Pero en la ciudad de Toledo la pervivencia de la escritura visigótica es no sólo comparable a la del occidente peninsular, sino probablemente superior.

LECTURA: Los Mozárabes – Recursos Académicos La causa que explica esto es, en nuestra opinión, múltiple, pero ligada a las características culturales/cultuales de la comunidad mozárabe. 

Es sabido que la substitución de la escritura visigótica fue de la mano del cambio del rito hispano-visigótico-mozárabe por el romano, siendo sobradamente conocido que sus hitos fundamentales fueron el Concilio de Burgos de \080 para la cuestión ritual y el de León de \090 para la escritura. 

Con relación a esta cuestión escribe Agustín Millares Cario: "La abolición del rito mozárabe contribuyó no poco a la desaparición de la escritura visigótica; pero de que tal hecho no debió ser la causa determinante de dicho acontecimiento es prueba evidente la existencia dentro del siglo Xl y principios del XII de varios códices de la liturgia romana, para cuya transcripción se empleó la escritura tradicional" , 

Probablemente aquí estribe la razón por la cual en Toledo, y más concretamente, dentro de la comunidad mozárabe, se documente la perduración de la escritura visigótica más allá de su desaparición en las zonas más "conservadoras" desde el punto de vista gráfico, como Galicia.

 Si la substitución del rito hispano significó no sólo el cambio del tipo de escritura sino también la destrucción de muchos de los códices escritos en visigótica, por carecer de utilidad litúrgica 5, en los lugares donde prosiguió el rito hispano este proceso no tuvo lugar, y parece evidente que, al ser copiados, se mantuviese en ese ambiente cultural refractario a las influencias culturales externas el tipo de letra tradicional. 

La oposición entre los mozárabes y los cristianos del norte que llegaron masivamente con la reconquista de la ciudad en 1085 es sobradamente conocida 6, siendo el arzobispo Ximénez de Rada, una fuente privilegiada para conocer estas cuestiones.

 De igual manera, no hace falta insistir en el papel de irradiación cultural y cultual que el arzobispo D. Bernardo tuvo no sólo en su etapa de pontificado toledano sino también en su época de abad del monasterio de Sahagún, foco de la irradiación cluniacense en los reinos de Castilla y León. 

De hecho, la implantación de la escritura carolina, se realiza con fuerza en Toledo, y concretamente en su Catedral; por lo que se refiere a los documentos, escribe el Dr. Fernández Catón: "Ningún documento en escritura visigótica anterior a la reconquista de la ciudad, y sólo cuatro originales, pertenecientes a los años 1086, 1088 

Y dos a 1103, más otro pequeño grupo de finales del s. XI y principios del siglo XII, es el material con que se encuentra quien desee elaborar un estudio paleográfico-diplomático de la escritura documental visigótica en tierras toledanas" . 

También la Catedral de Toledo es un centro donde la escritura carolina aparece en fecha temprana. De hecho, es el lugar de toda Castilla donde primeramente aparece documentada; escribe lo siguiente D. Ramón Gonzálvez al respecto: "En una fecha tan temprana como la de 1115, es decir, unos 30 años después de la reconquista de Toledo y aún dentro del período de reorganización de la catedral, hallamos la mención del maestro Pedro, que desempeñaba el cargo de gramático de Santa María de Toledo [ ... J 

Con el mismo nombre de Pedro encontramos también a un copista de libros, el cual transcribió en 1105 en una bella letra carolina el manuscrito 14- 3 , el códice más antiguo fechado en Castilla copiado en este tipo de escritura".

Así pues, nos encontramos, en Toledo, en el siglo XII una situación dúplice dentro de la escritura latina: la visigótica, mantenida por la comunidad mozárabe (hasta el siglo XIV como veremos) y la carolina, vinculada al rito romano" y a la población franca 10, al menos en un momento iniciaL 

Concretamente, dentro de la comunidad mozárabe, parece que la parroquia de las Santas Justa y Rufina, una de las que todavía en la actualidad conserva la liturgia visigótico-mozárabe, es el centro escriptorio del que más objetos escritos en escritura visigótica de datación tardía se conservan, aunque también la parroquia de Santa Eulalia proporciona algún ejemplo, como veremos, El primer ejemplo que aduciremos es el Liber Misticus conservado en la Biblioteca Nacional de Madrid, "escrito por Fernando Juánez en la parroquia toledana de las Santas Justa y Rufma". 

En el Corpus de códices visigóticos de D. Agustín Millares Cario la datación del códice la realiza el Prof. Mundó, y le asigna una cronología entre los siglos XIII-XIV". Pero lo que resulta más interesante no es sólo la existencia de este ejemplar tardío, sino que no es el único 1'. 

Y, lo que es, si cabe, más destacable, es que representan una tendencia gráfica muy continuista, pues un reconocido experto como el Prof. Millares Cario dio a bastantes de estos códices visigóticos toledanos una cronología bastante anterior a la que les asigna el Prof. Mundó. La razón parece evidente. 

De igual manera que el mundo mozárabe propiamente dicho representó una continuación de lo visigodo en sí mismo, en el mundo de los mozárabes toledanos tras la reconquista de la ciudad debió suceder algo similar con sus peculiaridades culturales. 

Si asociamos la pervivencia de la letra visigótica hasta el siglo XIV al empleo del árabe en documentos hasta la misma centuria, como se puede comprobar en la magnífica y no igualada edición de A. González Palencia, es fácil darse cuenta de esta continuidad de los rasgos culturales, a lo cual quizá contribuyese la llegada a Toledo de muchos mozárabes procedentes del sur. 

Centrándonos en los códices, es llamativo observar cómo la datación del Prof. Millares es, en algunos casos, hasta tres siglos anterior a la del Prof. Mundó; así, para unos fragmentos de códice conservados en la Catedral Primada de Toledo, el Prof. Millares aporta una cronología del siglo IX, mientras que el Prof. Mundó la ubica cronológicamente a finales del siglo XII D. 

Para el caso de un Liber Misticus procedente, también, de la Parroquia Mozárabe de la Santas Justa y Rufina, conservado en el Museo de los Concilios y de la Cultura visigoda, con sede en la toledana Iglesia de San Román, el Prof. Millares opina que data del siglo X, mientras que el Prof. Mundó lleva la cronología al siglo XIII 14. La pervivencia de la escritura visigótica en los ambientes mozárabes toledanos no se documenta exclusivamente en códices. 

También las inscripciones dan fe de ello. En concreto, nos referimos a dos inscripciones bilingües, escritas en latín y árabe, datadas respectivamente en 1156 y 1160 ". La parte latina de la inscripción de 1160, reaiizada sobre barro, se limita a la repetición dos veces de la siguiente frase: "In nomine Domini nostri Iesu Christi amen" "'. Sobre ésta, escribe el P. Fidel Fila: "De las dos inscripciones latinas, con tipos del siglo XII [ ... ]la lectura no es dudosa, como tampoco lo es su mérito litúrgico. 

De ella nos da oportuna explicación el oficio de difuntos de la iglesia mozárabe. Reproducen (si bien acortan y abrevian por falta de espacio) la invocación ritual, que daba término á la bendición del moribundo .. ," 17, Queremos llamar la atención sobre dos cuestiones: el origen del texto y el tipo de letra. 

Respecto a lo primero, nos encontramos, una vez más, con la liturgia hispana, lo que equivale a decir, en esta época, que esta mos hablando de la comunidad mozárabe. En cuanto a la cuestión gráfica, los "tipos del siglo XII" nos parecen propiamente visigóticos y no carolinos, lo cual encaja plenamente en el ambiente cultural de las parroquias mozárabes toledanas. 

Más claramente, si cabe, se comprueba todo esto en la otra inscripción bilingüe citada, de la que sí se conoce su procedencia: una vez más, la parroquia de las Santas Justa y Rufina. Está realizada sobre piedra, lo cual permite estudiar con más seguridad los caracteres gráficos tanto de los tipos árabes, con los característicos remates de la escritura cúfica y, lo que más nos interesa ahora, los evidentes rasgos visigóticos de la parte latina. 

Por citar alguno, mencionaremos la "A" mayúscula sin trazo horizontal, que muestra claramente su claro visigoticismo. No obstante, un análisis detenido permite comprobar cómo también aparecen ya algunos indicios carolinos.

 Uno de ellos es el signo de abreviación que aparece en la primera y segundo línea, que tradicionalmente se ha considerado como de origen carolino, lo cual no vamos a discutir, siempre y cuando tengamos en cuenta que también aparece en objetos escritos de la Península Ibérica de escritura visigótica y de cronología muy anterior a la de las influencias carolinas '"o Verdaderamente no son estas inscripciones de cronología tan tardía como los códices toledanos anteriormente citados. 

Pero sí indica la persistencia cultural de los mozárabes toledanos, de la mano, como es evidente, del mantenimiento de la liturgia hispana, a pesar de la enorme influencia de los francos en Toledo, que ya comentamos al comienzo. 

El estudio del mundo gráfico toledano medieval no tiene interés sólo per se, sino también por las conclusiones que podemos obtener sobre objetos escritos aparecidos en otros lugares. En concreto, nos referimos a una inscripción conservada en el Museo Provincia de León, a la que ya hemos dedicado un trabajo . 





La inscripción consta de un texto latino y "Junto al primer renglón, a la derecha, se arañó someramente, en letras menudillas, la fórmula inicial musulmana: Bism Allah ar-Rahman ... y al otro volvieron a escribirse, aún más pequeñas, las dos palabras primeras. 

Esto 10 haría probablemente algún cautivo" 20. Por lo que se refiere a la parte latina, que nos proporciona la fecha de la pieza -año 1122-, llamó su atención el tipo de escritura en la que está realizada: una letra visigótica muy pura. Por nuestra parte, opinamos que debió ser realizada por un mozárable, al aunarse una tradición gráfica visigótica ya un tanto tardía con la utilización de una fórmula típicamente musulamana 21 • 

Consideramos que estos ejemplos muestran cómo la pervivencia de la escritura visigótica dentro de la comunidad mozárabe en cronologías tardías fue característica evidente ", y en el caso de Toledo, ciudad a la que sin duda podemos calificar de capital del mozarabismo, se ejemplifica de modo evidente. 

Esperamos, por último, que en los nuevos tratados y manuales de paleogafía española se haga mención de esto y se añada el nombre de Toledo a los de Galicia y Portugal como lugares donde la letra visigótica perduró de modo especial.

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