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jueves, 1 de abril de 2021

Encuentran en Toledo un Tramo de Muralla y Tres Nuevas Torres de origen Omeya

El hallazgo se ha producido en la subida de la calle Carreras de San Sebastián, situada en el tramo medio de la misma



ABCTOLEDO
 Actualizado:31/03/2021 20:52h

Las obras de restauración de un tramo de la muralla medieval del Paseo de Cabestreros que está ejecutando el Ministerio de Cultura y Deporte han permitido el descubrimiento de un tramo de muralla Omeya de unos 30 metros de longitud y tres nuevas torres que estaban ocultas.

La alcaldesa de Toledo, Milagros Tolón, anunció este martes el hallazgo y explicó que se procederá a consolidar y proteger esta muralla islámica «quedando integrada en la actual fortificación medieval datada entre los siglos X-XI». 

«La ciudad sorprende cada vez más desde el punto de vista arqueológico e histórico», ha manifestado Tolón, que ha asegurado que este hallazgo inesperado demuestra que «Toledo es un tesoro».
ABC

Además, se instalará señalética específica que delimitará la nueva muralla para destacar esta «joya patrimonial» que viene a enriquecer más si cabe el patrimonio histórico y arqueológico de la ciudad, dijo la alcaldesa.

«Se nota que es Omeya porque los sillares no tienen argamasa, son sillares que están de una forma lateral y otros horizontal», detalló la alcaldesa de la capital regional para explicar que el hallazgo está en el tramo medio de la muralla medieval de seis metros de altura.

Gracias a los trabajos de control arqueológico, se ha podido documentar la presencia de un torreón de planta rectangular, así como el tramo de muralla de origen andalusí.

 El Ministerio de Cultura y Deporte explica en una nota que «a partir de este primer hallazgo e, incorporando los estudios de Arqueología de la Arquitectura y análisis arqueométricos, se ha podido detectar cómo, embutida en fases posteriores, existen dos torres más que fueron amortizadas por construcciones modernas, principalmente por la construcción del Hospital de Santiago».

Este conjunto de estructuras, en total tres nuevas torres y el tramo de muralla, «pertenecen a las obras de Al-Hizam construido por el califa Abderramán III en Toledo en el primer tercio del siglo X», añaden. 

La obra, realizada con sillares a soga y tizón, es propia de la arquitectura oficialista del Califato Omeya y muestra su poder a través de esta forma de edificación en sillería y de la modulación de las piezas en su colocación.

Vista de la muralla - Ministerio de Cultura y Deporte

El Ministerio considera el hallazgo «de gran importancia ya que, por primera vez, se ha podido documentar arqueológicamente el cierre suroriental de esta área palatina de los Omeyas en la ciudad de Toledo». 

El estudio de este gran espacio Omeya arrojará luz sobre el resto de los tramos de muralla de este costado de la ciudad donde, según los expertos, «pueden existir más tramos de este recinto que, hasta la fecha, no han podido ser encuadrados cronológicamente».

El Consejo de Ministros aprobó en noviembre las obras de emergencia para la consolidación de un tramo de la muralla de Toledo, sobre el Paseo de Cabestreros, con un importe total de 237.601 euros. El tramo de muralla sobre el que se está actuando, el Paseo de Cabestreros, es de titularidad estatal y en él se ha producido un desprendimiento puntual de elementos pétreos del muro de fábrica sobre la vía pública.

Por último, Milagros Tolón reseñó que muy próximo a este descubrimiento, el Ayuntamiento va a recuperar junto a la Fundación Montemadrid, el torreón del histórico Puente de Alcántara para que sea accesible a la ciudadanía. Dos actuaciones que harán más atractiva la visita por esta zona del Casco Histórico.

https://www.abc.es/espana/castilla-la-mancha/toledo/abci-hallan-toledo-tramo-muralla-seis-metros-origen-omeya-siglo-202103301350_noticia.html

domingo, 4 de octubre de 2020

Crónicas de la Reconquista


Los Ibn Di-l-Nun llegaron a constituir un Reino de Taifa muy importante, para acabar gobernando, los últimos de ellos, en la joya Tulaytula. 

Era una familia bereber que llegaron en la época de la invasión, se establecieron en Santabariyya, cerca de la ciudad romana de Ercávica, en la actual provincia de Cuenca, y desde allí controlaron una amplia zona que comprendía la propia Cuenca, Uclés, Huete, Alarcón e Iniesta, enfrentándose al poder omeya del califato de Córdoba. 

En la época de la decadencia del califato, primer tercio del siglo XI, Abd al-Rahman consiguió ser nombrado oficialmente, por el propio califa, señor de Santaver, Cuenca, Huete y Uclés, quien entregó a su hijo Ismail al-Záfir el gobierno de Uclés el año de 1018. Desde allí pudo controlar toda la zona de la Puebla de Almenara y, quien sabe, si mandar construir la torre.

Ismail fue el primer rey de la Taifa de Toledo el año de 1032. A su muerte, en 1043, le sucedió su hijo Al-Mamun, amante de las letras y con una ambición grande en la expansión de su reino; se anexionó la Taifa de Valencia y estuvo a punto de hacer lo propio con la de Córdoba, sino fuera por la ayuda que prestó a dicha ciudad el rey de la Taifa de Sevilla Al-Mutamid, el que fuera más tarde suegro de Alfonso VI al permitir el matrimonio de éste con su hija Zaida. Al-Mamun consiguió así gobernar un extenso territorio en el que estaba incluida la Puebla de Almenara y su torre de señales. 

Gobernó con acierto, pero cometió un irreparable error al final de su reinado, acoger en la ciudad de Toledo en 1072 a Alfonso VI, cuando perdió el trono ante su hermano Sancho II. 

Alfonso tuvo mucho tiempo para conocer, estudiar y pensar en cómo conquistar una de las joyas del Islam, cosa que sucedió el 25 de mayo de 1085 cuando entró en Toledo, derrocando al sucesor del rey moro que le acogió y que le pagaba parias de vasallaje, su nieto Al-Qádir, que fue apartado del gobierno y enviado como rey a la Taifa de Valencia.

Bote de marfil con el nombre de Ismail al-Zádir

Esta pérdida tan llorada por el mundo musulmán, no podía quedar sin venganza. 

Preocupados por las conquistas de tan extenso territorio y ante la presión de Alfonso VI sobre los reinos de taifas, sus reyes pidieron auxilio al emir de los almorávides, Yusuf ibn Tasufín; fue la primera gran invasión tras la conquista de España en el siglo VIII. 

Los almorávides ganaron batalla tras batalla a los cristianos, hasta replegarlos hacia la frontera del Tajo. Un hijo de Yusuf, gobernador de Córdoba, Tamim, el año de 1108, se dirigió hacia el norte para intentar recuperar Uclés, Alfonso VI ya enfermo y moribundo envió a contenerle a su famoso y conocido capitán Álvar Fáñez, que había luchado junto al Cid en numerosas ocasiones, le acompañaba Sancho Alfónsez, el heredero e hijo de Zaida. 

Allí, en Uclés se dio esa importante batalla donde los cristianos sufrieron una dura derrota y donde Sancho encontró la muerte. 

Esta tierra de Almenara debió de jugar un importante papel en los preparativos de esa contienda, al ser lugar fronterizo y de correrías, perteneciente a los lugares que fueron conocidos, durante toda la mitad del siglo XII, como “la tierra de Álvar Fáñez”.

Todas estas tierras al sur del Tajo se convierten en una extremadura, una franja fronteriza despoblada, donde no se puede ni nadie quiere vivir. La alminara jugó un importante papel al ser faro luminoso de avisos y noticias de avances y luchas entre cristianos y moros. 

Al final del siglo, tras la conquista de Cuenca por las tropas de Alfonso VIII, ayudado de las Órdenes Militares, el 21 de septiembre de 1177, la torre es conquistada por los caballeros de la Orden de Santiago, cita que quedó reflejada en los manuscritos de la Orden en Uclés[2]:

“Almenara, castillo llamado también Santiago de Jalameña, fabricado por la orden en suelo propio para refrenar a los moros del obispado de Cuenca: da sobrenombre a la Puebla de Almenara; y se hace visible a gran parte de la Mancha alta. Este castillo se debió hacer hacia el año de 1177: Se conserva aún la cuenta de los gastos de su fábrica”

[2] Abate don Lorenzo Hervás. “Descripción del Archivo de la Corona de Aragón y Noticia del Archivo General de la Militar Orden de Santiago” pág. 8, Cartagena, 1801.

Los santiaguistas ocupan el lugar de Almenara, refuerzan la torre de señales construyendo quizá una pequeña cerca para que sirva de defensa de ella y, si existió un villarejo musulmán, difícil por su condición de extremadura, es probable que fuese repoblado en virtud de su afán colonizador, según mandatos que recibieron del mismo rey Alfonso VIII.

La Orden de Santiago conquista la torre y edifica un castillo

Esos dos importantes bastiones, Uclés y Cuenca, en poder de los castellanos, facilitaron el camino hacia el sur. Hacia 1182 se encuentran en las tierras próximas a Bellomonte (Belmonte), incluidas las tierras de Mota del Cuervo y Manjavacas hasta el Záncara. 

Dos años más tarde, 1184, se toma la fortaleza de Alarcón después de otros nueve meses de asedio, encrucijada importante en los caminos de Valencia y Murcia. Su conquista supuso un notable avance y pronto se aborda su repoblación, dotándola con un primitivo fuero en 1186. 

Alfonso VIII la entregó a la Orden de Santiago, pero el rey temeroso del gran poder que venía tomando, le retira el gobierno de la villa hacia 1203 y durante todo el resto del siglo XIII pasó a ser dependiente de su propio concejo, extendiéndose en un amplio alfoz, del que formaba parte la Puebla de Almenara, y que llegó hasta los límites de los territorios de la Mancha Santiaguista. 

La Orden solo recibiría por parte del rey los derechos de otro hospital como el de Cuenca, el Hospital de Cautivos de Alarcón, que se fundó al tiempo que los santiaguistas abandonaron el control de la ciudad en ese mismo año.

Parecía que se había asegurado un importante trozo de terreno, difícil de volver a recuperar para los musulmanes, pero nada más lejos de la realidad. 

El año de 1145 aparecen en la Península los almohades, llamados por los reyes de taifas para que les sirvan de ayuda en su lucha contra los cristianos y los propios almorávides que se habían apartado de la pureza de la religión mahometana. Llegan a la cabeza de su califa Abd Al-Mumin, al que sucedería su hijo Abu Yaqub. 

Terminada la conquista del alfoz de Alarcón, el avance cristiano en tierras de la Mancha Santiaguista, hacia el año 1190, había provocado temor al califa Abu Yusuf Yaqub al Mansur, que pensaba que el avance sobre Al Andalus era inminente; ello le llevó a solicitar a Alfonso VIII la firma de un pacto que fijaba un período de paz. 

En los años siguientes, Abu Yaqub tuvo que regresar a Africa para sofocar las revueltas que se estaban produciendo. Mientras, Alfonso VIII estaba terminando de construir la ciudad y fortaleza de Alarcos junto al Guadiana, próxima a la actual Ciudad Real, aunque restaba por terminar su muralla. 

En 1195 el Arzobispo de Toledo, don Rodrigo Jiménez de Rada, organiza una cabalgada en las coras de Jaén y Córdoba, las que saquea y devasta, llegando hasta los alrededores de la ciudad almohade de Sevilla. Esta incursión exacerbó el ánimo del califa Abu Yaqub que organizó un poderoso ejército y cruzó el Estrecho de nuevo.

Alfonso VIII, temeroso del avance del califa almohade, juntó sus tropas en Toledo y marchó hacia Alarcos al encuentro de los musulmanes, cometiendo la imprudencia de no esperar las tropas de auxilio que había pedido a los reyes de León, Navarra y Aragón, que avanzaban al mando de Alfonso IX de León y Sancho VII de Navarra[3]. 

El encuentro entre cristianos y musulmanes se produjo el 19 de julio de 1195, fecha aciaga para la reconquista, pues se produjo una importante derrota que frenó el avance hacia Al Andalus, con importantes bajas entre los cristianos, entre ellas la del maestre de la Orden de Santiago, Sancho Fernández, que murió a los pocos días a consecuencia de las heridas sufridas en la batalla.

 Las consecuencias no se dejaron de notar: en los años sucesivos, los almohades llegaron hasta las puertas de Toledo y Alarcón, pero no pudieron doblegar a ninguna de ellas, aunque sí devastaron toda la llanura manchega y los territorios conquistados en las décadas pasadas, llegando hasta Uclés y llevando nuevamente la frontera a las riberas del Tajo. La Puebla de Almenara y su fortaleza, junto con sus campos, fueron entonces almohades.

[3] Se dice que Alfonso IX no marchaba muy rápido con sus tropas, debido a las grandes diferencias que mantenía con Alfonso VIII, pues, hasta hacía bien poco habían estado guerreando por mantener la posesión de distintas villas, incluso Alfonso IX de León había pactado con musulmanes que le cedieron tropas para la guerra contra su primo Alfonso VIII.

Almenara y su tierra pasaba de mano en mano, a veces musulmana, a veces cristiana, volvió a ser una extremadura, una tierra de nadie. Tuvieron que pasar diecisiete años para que Alfonso VIII se recuperase de tan duros golpes que habían infringido los almohades. El 16 de julio de 1212 se produce la batalla de Las Navas de Tolosa, cerca de Santa Elena, donde una coalición de reyes cristianos al mando del castellano, vencieron al califa almohade Muhammad An-Nasir, el Miramamolín de las crónicas. 

Allí estuvieron los ejércitos de Aragón con su rey Pedro II, los de Navarra con su rey Sancho VII y los de Portugal con su rey Alfonso II, además del Arzobispo de Toledo, Rodrigo Jiménez de Rada, y todas las Ordenes Militares, entre ellas la de Santiago con todos sus caballeros y su maestre Pedro Arias a la cabeza de ellas; fueron tan graves las heridas que sufrió el maestre que murió en los primeros días de agosto como consecuencia de ellas.

Batalla de las Navas de Tolosa

Los efectos secundarios de la batalla fueron terribles para los almohades, jamás se recuperaron de tan grande derrota, suponiendo el declive de su predominio en al-Ándalus y en el Norte de África. 

Los reyes cristianos sucesivos, Fernando III de Castilla y Alfonso X, llevaron sus conquistas a límites jamás sospechados, anexionándose las ciudades importantes de Córdoba, Jaén, Sevilla, para quedar los musulmanes relegados al Reino de Granada. Pero lo más importante para nuestro estudio es que todo el alfoz de Alarcón y la llanura manchega quedaron libres de moros.

Después de Las Navas, Alfonso VIII y Jiménez de Rada marcharon contra la importante villa de Alcaraz, que se conquistó tras un duro asedio. 

Se le otorga fuero y se crea un concejo de realengo de la misma importancia que el de Alarcón años atrás, siendo el gobierno de las iglesias que habían existido antes, asunto del Arzobispado de Toledo, mientras las de nueva creación, de la Orden de Santiago. 

Este hecho traería, a la larga, muchos conflictos y pleitos, por un lado, del concejo de Alcaraz con la Orden de Santiago por la posesión de términos, y por otro, de Rodrigo Jiménez de Rada con la Orden, pues estos últimos consideraban que las iglesias les pertenecían, mientras que el arzobispo alegaba que eran asunto del Arzobispado, puesto que decían que la regla que impuso el rey era que las iglesias pertenecientes a la Orden serían las que se fundasen de nuevo en despoblados, no en lugares reconquistados.

https://lillodelamancha.wordpress.com/2020/10/01/breve-historia-de-puebla-de-almenara-y-su-fortaleza/

jueves, 24 de septiembre de 2020

Las Moriscas de Toledo frente a la Inquisición


La biblioteca de la AECID (Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo) es uno de mis rincones favoritos de Madrid. Empecé a visitarla hace años, cuando terminé la tesis y comencé a actualizar la bibliografía y publicaciones sobre al-Ándalus y la historia del islam.

Tienen un fondo moderno apabullante, desde revistas y monografías académicas hasta novelas, material audiovisual y prensa. Pocos espacios ofrecen, además, la tranquilidad de su biblioteca y la luz natural que entra por sus ventanas.

Por eso me hizo especial ilusión que Luisa Mora, su directora, me pidiera colaborar en el blog para el 8 de marzo, contando qué me lleva a pasar horas en la biblioteca. Dos son los motivos principales. 

El primero, la dinastía saadí que reinó en Marruecos durante el siglo XVII, llevando a algunos de sus miembros durante una casi permanente guerra civil a establecer pactos políticos con la Monarquía Hispánica. 

El otro tiene que ver con la historia de algunas mujeres cuyas vidas intento rescatar en mi ruta sobre Las Mujeres frente a la Inquisición: las moriscas toledanas.


Hablar de patrimonio en ciudades como Toledo se presta a escasos debates sobre qué es y qué no es ese «patrimonio». Nadie discute que lo sean sus monumentos, desde el más antiguo (la mezquita de Bab al-Mardum o Ermita del Cristo de la Luz) al moderno alcázar reconstruido tras la guerra civil.

 Lo material, lo físico, la huella artística que han dejado las tres religiones monoteístas es patrimonio sin ningún género de dudas.

 Sin embargo, hay otra huella inmaterial que ha dotado a Toledo de una identidad propia, y a la misma España de una historia sobre la que una y otra vez se vuelve: la de la persecución de quienes, de forma oculta, practicaron el islam y el judaísmo durante los siglos que operó el tribunal de la Inquisición. 

Cientos de vecinos moriscos mantuvieron la voluntad de seguir practicando su religión en Castilla y Aragón y por ello fueron perseguidos y juzgados.

Difícil encaje tenían, en este puzzle, las moriscas, cuyas historias generalmente han sido estudiadas no desde planteamientos propios de la historia de las mujeres sino desde la historia de los moriscos. 

Moriscos eran todos, ellos y ellas, aún siendo entendidos erróneamente por igual.

La historia local de estas mujeres puede rastrearse dentro del enorme patrimonio documental que se conserva en el Archivo Histórico Nacional, entre los cientos de procesos correspondientes al Tribunal de la Inquisición de Toledo.

 Y sus historias, con los espacios que habitaron en la ciudad y en los que intentaron desarrollar sus vidas, son también parte del Patrimonio Inmaterial toledano. 

El objetivo es crear un mapa de las moriscas, aunque también de las mujeres que fueron acusadas de bigamia, de hechicería, de practicar el judaísmo o de defender una mayor libertad sexual. 

En el caso de las moriscas, muchas veces era su cultura culinaria y botánica la que les llevaba a sentarse ante el tribunal acusadas de brujería, para finalmente ser juzgadas como moriscas y herejes.

por tulaytula | 10/Mar/2019
https://reinamares.hypotheses.org/26164
https://tulaytula.com/las-moriscas-de-toledo-frente-a-la-inquisicion/

sábado, 11 de julio de 2020

Historia de la Vega Baja (I)

La Vega Baja

El territorio de la Vega Baja es singular por su geografía ubicado en una zona entre dos brazos del río con topografía casi horizontal. Ubicada en terrenos de buenas condiciones para el aprovechamiento agrícola y ganadero y con unas excelentes perspectivas desde y hacia la roca elevada donde se sitúa la actual ciudad histórica.


El Territorio

La zona de la Vega Baja es un territorio situado al norte del casco histórico y se extiende en una zona de más de cincuenta hectáreas. Ocupa una superficie casi llana delimitada a la izquierda por la presencia del río Tajo y en el norte y este por los cerros que rodean la ciudad por esta zona.

 La ciudad tiene en esta dirección unas vistas y perspectivas de gran calidad que marcan una salida que probablemente era el trazado de la vía Emérita Augusta.





 La zona de aportes detríticos de las terrazas fluviales ha constituido un terreno apto para los cultivos agrícolas y ganaderos y buen espacio de asentamiento humano, dada la proximidad del río 

El recorrido este oeste del río conforma una gran uve de dirección norte sur que queda cerrada en su parte posterior por la colina donde se ubica la ciudad histórica actual y una gran llanura en el norte que es el territorio de la Vega Baja. 


La Vega Baja comienza a estar ocupada por el hombre en la Edad del Bronce, época en la que parece haberse producido un poblamiento ocasional en la zona. Las excavaciones realizadas en el circo romano evidencian que, antes del siglo I d.C., la zona pudo tener un uso relacionado con actividades mercantiles y públicas.

La Ciudad Romana

A comienzos del imperio, se construyen los principales edificios lúdicos de la ciudad. El circo tiene su importancia histórica por el hecho de ser uno de los mejor conservados de la Hispania romana y el único del siglo I que se mantiene sin grandes reformas. 

El circo formaba parte de un complejo integrado por él mismo y el teatro tal y como lo identifican estudios recientes. Mide 423 metros de longitud y 101 metros de anchura, con una orientación noreste-suroeste.

 En el lado NE estaba el hemiciclo y en el otro extremo se situaban las salidas con doce cárceres. Este extremo está más cerca de la basílica de Santa Leocadia y en ella se construiría el convento de Mínimos o Bartolos en el siglo XVI. 

El edificio del circo es de época altoimperial y se conservó en uso hasta finales del siglo IV o principios del V. Cuando dejó de utilizarse como circo comenzó, como ocurre con muchos edificios clásicos, a ser cantera de otras edificaciones. 

Y servirá como refugio y zona de protección, espacio de producción cerámica y sobre todo en épocas posteriores (siglo X y XI) como maqbara. 


Además de estos edificios públicos existen numerosas villas de recreo. La más importante es la que aparece en la Fábrica de Armas que aparece a principios del siglo XX cuando se están construyendo las naves en esta zona.



Los descubrimientos de ese momento ponen en evidencia un salón y una fuente de planta octogonal decorados con mosaicos. El espacio construido en época romana es monumental y pervive en épocas tardías. 

Esta instalación se conserva en época visigoda probablemente con otra función, aunque sirvió de “referencia del conjunto palatino que fue creciendo a su alrededor como consecuencia de la imitatio imperi que rigió la política de diferentes monarcas visigodos.

La Urbs Regia de los Visigodos

Hacia el año 400 se celebra en Toledo el I Concilio de Toledo.

“Toledo no era entonces una ciudad pequeña y en decadencia, sino más bien todo lo contrario, como parecen atestiguar los hallazgos arqueológicos y el temprano arraigo del cristianismo, siempre vinculado a los centros urbanos más destacados. 

Frente a otras ciudades cercanas, en Toledo se mantuvo una creciente actividad durante los siglos IV y V, lo que supuso que cada vez destacase más y que su influencia se extendiera sobre un territorio cada vez más amplio del centro de la Península. 

Tras su asentamiento en la Península Ibérica, al ser derrotados en Vouillé en el año 507 los visigodos durante varios años no tienen sede fija.

Hasta que Hispania, en su mayor parte no estuviese conquistada no establecerán una ciudad como sede permanente de su poder. 




“Y esa ciudad habría de ser Toledo, aunque bien es verdad que de la misma, desde que en ella se celebró el I Concilio hacia el año 400, durante el siglo y medio siguiente no se tiene noticias documentales”. 

Hay constancia documental de una cierta permanencia en Toledo en el año 546 con la promulgación de la llamada ley de costas procesales del rey visigodo Teudis. La mención de Toledo en la ley no es casual sino que indicaba la fijación de la corte con su aparato administrativo y su cancillería en la ciudad. Y ello con un carácter de permanencia y estabilidad. 

Toledo se convirtió en la urbe regia, residencia de los reyes, de la corte y de la administración.

 En la ciudad se instauró el Oficio Palatino, órgano central de la administración del reino y de la casa del rey con diversas secciones cada una de ellas encabezada por un conde personaje del sector noble y que contaba con la confianza del rey.

La llegada de los Musulmanes

Tras la derrota de don Rodrigo, ultimo rey visigodo, a manos de los musulmanes en la batalla de Guadalete, la monarquía visigoda despareció y Toledo, el 11 de noviembre del año 711, cuando, según la tradición, Tariq entró en ella, dejó de ser la ciudad real y sede de la corte que durante siglo y medio había sido, para pasar a ser una ciudad más de la nueva entidad política que se iba a constituir, al-Andalus, aunque siempre de las más destacadas. 

La ciudad se irá adaptando a un nuevo modelo de urbanismo más acorde con la sociedad musulmana. Los geógrafos musulmanes hablarán de ella como la ciudad de los reyes, madinat-al-muluk.



sábado, 11 de abril de 2020

Influencia Arabe en el Habla de Toledo

Influencia de la Literatura Árabe en EuropaLA INFLUENCIA ÁRABE 

Toledo es una de las provincias en que los musulmanes estuvieron afincados más tiempo.

Cuando en el siglo XI irrumpieron los cristianos por las puertas de Guadarrama y alcanzaron Toledo, al entrar, hallaron una cultura floreciente que tenía por base la antigua tradición hispano-romana conservada por los mozárabes (en multitud de aspectos religiosos, lingüísticos y jurídicos) y las aportaciones de los árabes.

En nuestra provincia el sello más cercano de la vida isl~mica -ya que eran grandes agricultores y hortelanos- se encuentra en las huertas de regadío, que están en los alrededores de los pueblos. 

Pues bien, la base de la existencia de semejantes huertas es muchas veces una máquina introducida en España por los árabes: la noria. que movida mediante un varal por el burro, saca el agua ::arca (azul clara o lechosa) del pozo por medio de los arc{!duces «cangilones)} o «tarros de barrO}} (el pueblo los denomina muchas veces arcaduces), que van a la alberca, repartiéndose después porel alberqui/lo, para regar los alizares o alUares (arriate), los albérchigos (especie de melocotón), los albaricoques y la alverjana o ave.janca (guisante silvestre), que son labrados y escardados con los W110C(!!res o almocafres (escardillos). 

Aunque en Talavera y en otras zonas limítrofes a los ríos riegan a través de las acequias. Los hortelanos (se conserva todavía el dicho: « Hortelano ni rico ni sano, ni buen cristianm,) hacían aUares (lamentos, ayes) cuando caía una algará (chaparrón fuerte de granizo o nieve) sobre sus campos, al ir a su huerta con el avío o comida que llevaban bien en las alfórjas (talega de cuero con dos bolsas), bien en la aUaha o zurrón.





 Estos para calmar la sed se llevaban el zaque. Este término ya nos lo define nuestro paisano Sebastián de Covarrubias en su Tesoro de la lengua Castellana o E,\pañola, obra de principios de siglo XVII, de la siguiente manera:

« El odre pequeño de cuero en que trajinan agua o vino, y como decimos del que está borracho, que esta hecho un cuero, se dice en el reino de Toledo que esta hecho un zaque, que significa lo mismo,,; también cargaba con la aliara o liara (cuerno de toro que contiene el aceite y el vinagre para el gazpacho). 

Igualmente se acompañaba de un burro, ataviado conjáquima (cabezada de cordel, que suple al cabestro), la larre o ataharre (banda de cuero, lona o esparto que pasa por la parte trasera de las caballerías para impedir que la albarda se corra o mueva hacia adelante) y albarda o montura rústica.

A VUELTAS CON LO ÁRABE EN TOLEDO 

La huella árabe es harto significativa y patente en la provincia de Toledo: desde los humildes sistemas de riego hasta las espléndidas a::udas o ruedas hidráulicas (de las que tenemos abundante documentación desde la edad medieval). que sacaban el agua movidas por el mismo impulso, para regar la vegas y hUfirtas. 

Puede decirse que casi todos los campos de la actividad humana cuentan en elléxieo toledano con arabismos: profesiones, construcción, herramientas, indumentaria, recetas culinarias, pesa y medidas, recipientes, etc. 

El labrador vestido con los ::ahones, zajones, o ::w!jones (delanteras, especie de mandil que se ata al muslo), zamarra o zamarro (chaquetilla de piel sobada, sin mangas) y zarrias (cuero con agujeros atados alrededor del pie con varias correas, y que sirve de calzado), va pausadamente al campo para observar cómo los trigales están en zurrón o enzurronado (trigo a punto de espigar) y a su paso sonvé por encima los ah'ores (colina o elevación del terreno en forma alargada) el revoloteo de la ::umaya (autillo o ave de paso) y el alcotán (ave de rapiña); después se acerca a la casa de labranza, junto a la que se encuentran las zahúrdas, zajurdas o chajurdas (pocilgas de cerdos). 

Sale por la suerle contabilizando mentalmente lasfanegas (medida de superficie o de capacidad para áridos equivalente a cuatro cuartillas), los cahíces (doce fanegas) y los ce!eminl!s (cuarta parte de la cuartilla) 

A continuación va a dar una vuelta a la viña en la que observa las uvas alarije (clase de uvas blancas y pequeñas); mientras preparaba la albanega (red de cazar conejos), se levanta un viento que hace zutear (moverse) las ramas de los árboles, vuelve la vista y se encuentra a su perro muerto que ha sido envenenado con la zw-aza o comida envenenada que se les da a los animales.

De pronto, siente sed y se va a beber al zumallo o manantial, donde se estaban zamarreando un rabadán (mayoral) y un zagal o zagalón (categoría del pastoreo de inferior condición encomendada a unjóven). El agua :::arca fluye hasta llegar a un lugar pantanoso donde se acumula el agua cuando llueve o zumajal, junto a éste crece un campo de zumaque (planta en forma de arbusto empleada para la curtición, aunque también se denomina así a la corteza de la encina, mesto, quejigo). Mientras que espera que caiga en la red algún gazapo, prepara una almiara o hacina de hierba.

Por la tarde. ya cansado regresa a su casa, llama a la puerta con la aldaba (llamador),abren y entra por el zaguán donde cuelga la chaqueta en una alcayata o escarpia. y se encuentra con una zalagarda (alboroto) o algarabía entre su zaraza (mujer desenvuelta y agradable) mujer, una vieja alcandara (alcahueta) y un zarrio (hombre tosco, de mal gusto). Pone paz y se dirige a colgar la caza en laalcandara (usada también para colgar prendas).

Cuenta a su mujer que durante el día ha traído un :::acaneo o azacaneo (acción de trabajar con afán). Aunque este oficio no existe ya en nuestra capital he tenido a bien el traer un cuadro real de este oficio que nos lo da nuestro paisano Sebastián de Cobarrubias; según éste, «azacán» es el que trae o administra el agua. Nombre arábigo usado en la ciudad de Toledo, adonde comúnmente los aguadores son gavachos, y se hacen muy ricos con un solo jumento o dos.

 Por estar la ciudad en alto y no haber fuentes, es necesario subirlo del río (¡Qué tiempos en que nuestro Tajo era potable y, según lo poetas, llevaban pepitas de oro en sus arenas!). así para beeer de ordinario como para henchir los aljibes, y cuando vuelven éstos a su tierra embastados los remiendos de sus capas gasconas, con escudos, dicen de los toledanos:

 «Es suya el agua, y vendémasela nos)~, y ellos podrán también decir: Aquam nastram pecunia bibimu.m. Siente gazuza, y la señora se dispone a prepararle la comida: abre la alacena o lacena (especie de armario) de donde saca la alcuza (vasija, generalmente de hojalata y de fonna cónica, en que se tiene el aceite para uso diario), que días antes habían sacado de la zaji'a (recipiente para guardar arrobas de aceite, equivalente a dieciséis litros), la albarza (escudilla tosca y grande de barro) cl alajú o lajú (dulce navideño formado con la mezcla de almendras o nueces, miga de pan, azúcar y miel), el alfajor (dulce parecido al anterior y las alcomenías (este nombre es particular del reino de Toledo, con el cual nombran todo género de semillas que entre año se gastan para los. guisados y otras cosas, como son anís, mostaza, alcaravea, cañamones, etc. 

Y porque se venden, según Covarrubias, «los cominos también, de que los moros usaban más de ordinario en sus cazuelas y guisados, dieron por nombre a esta feria, en Toledo comenía, del comino, hoy día se llaman alcomenÍas. Véndense en la calle, junto a la iglesia mayor de la Santa Iglesia de Toledo, desde la esquina de las casas del Deán, hasta la calle que baja a la triperían). 

En ella se encuentra igualmente el aguardiente que ha siso destilado en el alambique o alquitara. En la casa igualmente podemos encontrar el almohadón, la zalea (cuero de oveja o carnero curtido de modo que conserve la lana o para preservarla de la humedad o del frío los cántaros que ha fabricado el alfarero cacharrero en el a{far(taller de alfarero). 

Al mismo tiempo encontramos el almire::. o almidez que se encuentra colocado en el almirecero y las alhardas fabricadas por el albardero y talahardero. 

El labrador, recogida la cosecha, lleva los frutos al molino o molineta; allí parte lo vendía, parte lo molía para él o los animales, por lo que pagaba la maquila (pago en grano para el molinero); era pesado en arrobas (once kilos y quinientos dos gramos), adarmes (medida de peso equivalente a tres tormines), y lamines (tres granos que equivalen a seiscientos granos).

 Si eran aceitunas, se llevaban a la almazara O molino, cuyo tejado era sostenido por las a{fa,pa (puntal que sostiene la viga, el techo o comienzo de un arco), allí se molturaban con el a(farje (piedra baja del molino de aceite), y salía a un liquido de deshecho al que llaman alperchín, alpechín o también pechín que corría por el albañal (hueco en la parte inferior de la pared por donde sale el agua).

 Vendido el género, parte de las ganancias las guardaba en la alcancía o hucha; otra parte se lo llevaban en género y lo medían con a::arcones (medida y recipiente para el trasiego del aceite) y azumbres (cuatro cuartillos que equivalen a dos litros). Luego los campesinos se iban de alboroque (celebración, juerga) y de zahora (comilona o merienda de amigos en que estaban presentes la bulla y zambra).


domingo, 16 de febrero de 2020

Baños Arabes en el área de la Catedral de Toledo

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Baños del área de la catedral de Toledo

De los cinco baños enclavados en este barrio, tres eran bien conocidos en la Edad Media y daban nombre al barrio; los otros dos aparecen en los textos sin un nombre preciso.

Baños árabes del Pozo Amargo

Clara Delgado analizó con mucho detenimiento los textos medievales, pero como no tuvo acceso ni a los dos baños últimamente citados ni a los documentos del convento de Santo Domingo el Real, nuestras conclusiones difieren en puntos importantes.

El Baño del Cenizal o baño de Yaix

 El inventario de los bienes de la catedral, realizado en 1492 43 , muestra que el cabildo era dueño de nueve casas agrupadas bajo el nombre de baño del Cenizal, y de ciertas casas del callejón de San Pedro que daban a dicho baño. Véase J. Passini, Casas y casas principales urbanas




El espacio doméstico de Toledo a fines de la Edad Media, Toledo, 2004, pp. 489- 518. 43 OF 356, “Libro de las casas mesones e bodegas tiendas almaçerias corrales carnesçerias e solares que los sennores Dean e Cabildo de la Santa Iglesia de Toledo han e tienen en esta dicha çiudad intramuros e de lo que rinden en cada un anno…”. . El área de la catedral.

El barrio del Cenizal y del Pozo Amargo en la Edad Media

1. Baño del Cenizal;
2. Baño del Caballel;
3. Colegio de los Infantes;
4. Baño “ruinoso” o “arruinado”;
5. Baño del Pozo Amargo;
6. Plaza del Cenizal;
7. Casa de la Fuente

Este aparece descrito en 146044 en el inventario de los bienes del convento de Santo Domingo el Real, a cuyo patrimonio había pasado en 142345 .

La planta baja de las casas “que hay en el dicho banno” (figura 7) comprende una entrada; una cocina que soporta una cámara de 6,48 m por 3,24 m ; una quadra de 12,35 m por 7,01 m “por do entran al banno” (figura 8) y “dentro desta quadra estan las bovadas del dicho banno”.

Se menciona un “corralejo de las neçesarias” a la izquierda de la quadra.

“Los bannos estan iluminados por lumbreras en la boveda, del lado de la quadra”.

Una fuente suministraba el agua del baño. El monasterio de Santo Domingo el Real exige al ocupante, en 1474, construir una caldera y que el inmueble siga funcionando como baño. Nada perece indicar sin embargo que continuara en servicio al final del siglo XV.

El análisis de los documentos medievales nos conduce a compartir la conclusión de Clara Delgado sobre el hecho de que el baño del Cenizal se denominó, antes del siglo XV, de Yaix y del Arzobispo, pero no podemos estar de acuerdo en cuanto a su ubicación.

Las mediciones medievales y algunos textos aparecidos recientemente muestran que el baño del Cenizal estaba pegado al lado norte del baño del Caballel .

Actualmente hay un corral y unas casas pequeñas encima de las bóvedas (figura 11), a las que todavía no hemos tenido acceso. Nos volveremos a ocupar del baño que en nuestro libro llamamos “ el baño arruinado “ 46 , que Clara Delgado describió bajo el nombre del Cenizal.

El baño del Caballel o del Cabalillo 

 El baño del Cabalillo “lindero del baño del Cenizal” estaba situado al sur de los baños del Cenizal y abría a la calle de Juan Carrillo, entre la plaza de las Fuentes y la calle de los Azacanes.

 Lindaba al este con un conjunto de tres casas pequeñas que hacían esquina en la calle de los Azacanes y de Juan Carrillo.

Dos de las salas  abovedadas del antiguo baño del Cabalillo forman parte hoy de la casa n° 5 de la plaza de las Fuentes, las otras dos están bajo la casa n° 4, conocida actualmente con el nombre de casa de la Fuente.

El baño “arruinado o ruinoso”, ya destruido en el siglo XII

Un testamento de 1193 menciona la existencia al sur de la plaza del Caballel de un horno y un pozo que lindan al sur con un baño “arruinado” o ”ruinoso”.

Tres siglos después, el cabildo catedralicio posee en el barrio llamado del Cenizal una casa que presenta “cinco bovedas sotierra que le toman toda con una tierra que se sienbra de alcaçel que tiene quaranta y siete varas en largo e tres y media en ancho”.

La observación de los edificios actuales, al sur de la plaza de las Fuentes y de la bajada del Colegio de Infantes, nos permite situar esta casa 47 en el actual n° 14 de la bajada del Colegio de Infantes .

Hemos identificado el baño “arruinado o ruinoso” del siglo XII en las cinco bóvedas bajo tierra (figuras 16 y 17). Aún no hemos encontrado en los textos el nombre del baño, lo que explica que lo llamemos “arruinado” o “ruinoso” según el documento que estemos utilizando.

Este baño estaba fuera de uso, seguramente a causa de algún desperfecto sobrevenido al edificio  

El lugar de abluciones de la Mezquita del Caballil (Colegio de Infantes)

En 1492, una de las nueve casas del barrio del baño del Cenizal, la cual “ha por linderos las calles reales”, comprende un vasto corral, un palacio con una cámara encima y una bodega que fue omitida en el inventario.

La parcela sobre la que en el siglo XVI se elevará el Colegio de Infantes es la única de este antiguo barrio que está rodeada de calles por todos sus lados y a la vez muy cerca del baño del Cenizal; por lo tanto, tenemos localizada en ella la casa del cabildo.

El palacio, en el centro de la parcela, estaba sobre la bodega. Al sur de esta estructura hemos identificado tres bóvedas más.
En el siglo XI la mezquita del Caballil se elevaba en esta parcela, frente al baño del Caballel. La existencia de un pozo y de bóvedas nos lleva a formular la hipótesis de la persistencia bajo la mezquita de una estructura romana, ya sea baño o cisterna.
Tal estructura destinada al agua poseía todos los requisitos para acoger letrinas y también un lugar de abluciones, relacionados directamente con la mezquita




El baño del Pozo Amargo 

Hemos localizado un baño de origen islámico en el sótano que está bajo tres casas de la esquina calle del Pozo Amargo - bajada del Colegio de Infantes. Lo hemos podido restituir gracias al análisis y al estudio métrico de las estructuras observadas.

La sala caliente  está bien conservada, así como parte de la sala intermedia. El emplazamiento de este baño coincide con el cambio de dirección de las aguas  superficiales de la bajada del Pozo Amargo hacia la bajada del Colegio de Infantes y también con una capa freática profunda, cuyo nivel fluctúa poco a lo largo del año.

Este baño, cuya entrada se sitúa a unos cincuenta metros de la plaza del Pozo Amargo, que pertenece al barrio del mismo nombre, se menciona en numerosos textos del siglo XII.

Hay una referencia muy directa a él en un texto de 1197  ; el baño podía verse entonces Siguiendo a Gómez Moreno, consideramos baño islámico el sótano “de cal y piedra tosca, con la boveda” que apareció en la casa “que se va derribando un sotano”, al oeste de la Plaza Mayor, cuando se estaban poniendo los cimientos del nuevo hospital del Rey .

El arquitecto del hospital, Juan Bautista Monegro, identificaba este sótano en 1594-1595 como “fabrica de tiempo de Moros” .

La restitución de las casas del barrio de la Chapinería a fines del siglo XV  nos facilita, con relativa precisión, el emplazamiento de este baño al norte de la catedral.

El cuidadoso plano, realizado en 1595, refleja a la vez las características de una sala caliente y una adaptación de la misma a otras funciones con posterioridad al siglo XII.

Esta sala, que se comunicaba con otros dos sótanos, mostraba dos alcobas, dos arcos de herradura  y unos muros de 1,30 m de espesor, normal en las salas calientes de los baños islámicos . El suministro de agua estaba asegurado en un área donde abundan los pozos.

http://www.toledohistorico.es/presentacion/pdfs/Art%20Banyos%20arabes%20Toledo.pdf

viernes, 18 de octubre de 2019

La Paradoja del Judío-Musulmán

Una crítica a la lectura historicista del registro material

Tumbas de nichos laterales en el yacimiento de El Soto (Madrid)

Las identidades no se definen por un solo rasgo. En este sentido, la lectura historicista del registro material puede llevar a muchos errores de interpretación.

No hay correspondencia entre lengua, cultura y raza. La identidad étnica es una construcción social, que hay que entender en un contexto concreto, y creado por sujetos sociales que esperan tener determinados réditos políticos. La identidad es cambiante a lo largo de la vida, y además es pluriestratificada. Los grupos étnicos son formas de agrupación secundaria que se piensan a sí mismos que son primarios.




El problema no es que sea real la pertenencia a una etnia. Lo importante es que el pertenecer a una etnia es un elemento significativo en ese contexto. Por eso se definen en términos étnicos. La construcción de las comunidades políticas postimperiales se ha basado en procesos de integración y exclusión sociopolítica legitimados en términos étnicos: Reino Suevo, Regnum Gothorum, etc.

Aunque la identidad de una comunidad no es más que una representación de la misma, que no tiene por qué reflejar la realidad, contribuye a la construcción de la realidad (y por eso hay que estudiarla).

¿Es posible entonces identificar un grupo étnico a través de la arqueología?

El arqueólogo postprocesualista S. Brather propuso la imposibilidad de las lecturas étnicas.

El historicismo cultural, por el contrario, diría obviamente que sí: la aparición de un broche visigodo en una necrópolis, representaría una necrópolisvisigoda. La arqueología ha puesto de manifiesto que esto es incorrecto. El empleo de categorías como “necrópolis visigoda” o “judía” no sólo conlleva a menudo un error de valoración, sino que minusvalora la complejidad real del registro arqueológico funerario de esta época y de las sociedades que lo generaron.

El ejemplo son los nichos laterales en las fosas de algunos yacimientos como Gózquez o El Soto, en Madrid. Musulmanes y judíos han utilizado fosas de inhumación con cámara lateral al menos durante un tramo de la Alta Edad Media, y los segundos continuaron sin duda haciéndolo durante algunos siglos más. Por lo tanto, tendríamos la paradoja de un “judío-musulmán”. La clave es que se tratan de necrópolis multiconfesionales. Además, en El Soto (Barajas), en las fases más antiguas se entierran como cristianos, pero a partir del 750, aparecen enterramientos islámicos. Los análisis de ADN mitocondrial explica que las familias eran las mismas.

Lo cierto es que los visigodos son una invención histórica: lo importante son los sujetos sociales. En el caso de Gózquez el supuesto “cementerio visigodo” es un cementerio aldeano. No todo es lo que parece, y desde luego, lo importante más que identificar “visigodos” o “romanos” es identificar a los sujetos sociales que componían estos pueblos. ¿Cementerio aldeano? ¿De las élites?

Además, la arqueología se encuentra con varios problemas en este sentido, como las contradicciones del paradigma “visigotista”:

- Ausencia de “necrópolis visigodas” en la Galia durante el reino de Narbona.

- La presencia de objetos “visigodos” en Hungría, el Danubio y el Reno, y el Ródano, donde no están documentados los visigodos.

- La ausencia de “necrópolis visigodas” en las ciudades y centros de poder donde sabemos que hay visigodos (como Toledo).

- Algunos análisis antropológicos, como los análisis biométricos de Castiltierra que muestran actividades campesinas.

Otro ejemplo podría ser el del final de las villas romanas. Hay un cambio funcional de estos espacios: las villas dejan de ser villas, se acaba la ocupación de estos lugares. Pero la memoria de la comunidad se ritualiza en las villas.

Sin embargo, las fuentes escritas reflejan lo contrario al registro arqueológico.

También está el caso de las Necrópolis del Duero (NPI), los cuchillos tipo Simancas, la TSHT, etc. Aparecen también fuera del Duero. 

Están asociadas a comunidades rurales que conforman lo que parece las primeras aldeas (c. 420-500). Son las primeras formas de sociabilidad aldeana o aldeas de primera generación.

Lo que hoy se considera es que hay una estrategia de distinción basada en desarrollar una identidad romana.

Allí donde el Imperio no está activo es donde se utiliza.

Individuos arrojados a un silo en el yacimiento de Gózquez (Madrid)

¿Por qué las identidades se hacen explícitas en los registros funerarios?




En el registro funerario se registran algunos procesos claves de reproducción social: mecanismos que garantizan el mantenimiento social existente. 

La muerte es una fase clave, hasta el punto de que, en ocasiones, conocemos elementos funerarios pero no dónde vivían. La muerte tiene una dimensión social que refleja muchas cosas, como comunidades políticas, etc.

Es tan importante, que a veces se monumentaliza. Los romanos monumentalizaban la muerte a pesar de que practicaban la cremación.

La clave es que la celebración de la muerte no es sólo un acto ritualizado pensando en la salvación, sino representativo para los vivos, para los que necesitan a través de estos rituales, reivindicar un determinado status. Es decir, tiene fines políticos muy concretos.

Aparte está la función que ejercía como memoria de la comunidad: en la Edad Media, con otros mecanismos, asistimos a fórmulas de monumentalización de la muerte que garantizaban el mantenimiento social existente.

Son los vivos los que entierran a los muertos, y esto es muy importante. Los cementerios en época medieval son lugares donde se depositan la memoria de la comunidad. Los excluidos, son aquellos que no están en los cementerios.

Después del historicismo cultural, apareció la New Archaeology o Arqueología Procesual, una corriente anglosajona que entre otras cosas, defendía que los cementerios reflejan la sociedad de los vivos; y que los ricos objetos de los ajuares, reflejan una diferencia social interna. Ahora, ¿qué hay de las tumbas sin objetos?

Más adelante, en los años 80, apareció el Postprocesualismo, que defendía que los objetos son significativos en un contexto. Además, se reconsidera la relación entre cultura material y etnicidad como compleja.

En cuanto al mundo funerario, defendían que las necrópolis no son un reflejo directo de la sociedad de los vivos, es decir, entendían las necrópolis como un lugar de competición social en el mundo inestable de los vivos (Guy Hallsall, La Rocca, W. Pöhl).

Esta corriente obliga a repensar las cuestiones. Hay que intentar comprender qué contextos son para valorizar la pérdida voluntaria de riqueza.

Por último, se podría citar el caso de individuos arrojados a silos, esto es, excluidos de la comunidad. Es decir, los cementerios no son la única forma de enterramiento. Al lado del cementerio comunitario, se encuentran otras formas coetáneas que son significativas, como el caso de los silos. Están excluidos del espacio de representación de la comunidad, hay una estrategia de olvido.

Juegan un papel dentro de la comunidad: la forma de vida genera individuos excluidos aunque antropológicamente, son iguales a los demás. Estos depósitos especiales se han documentado en yacimientos como el de Gózquez (Madrid).

Imagen| Acedemia.edu


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