Mostrando entradas con la etiqueta SIGLO VIII. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta SIGLO VIII. Mostrar todas las entradas

domingo, 8 de noviembre de 2020

Favila: la absurda muerte del rey español hijo de Don Pelayo a manos de un oso furioso

Cuenta la tradición que el sucesor del vencedor de Covadonga apenas reinó dos años y falleció devorado por un animal salvaje

Tres líneas de un texto medieval de más de dos centenares de páginas bastaron al monarca Alfonso III para narrar la vida de un personaje tan desconocido como olvidado por la historia. 

En las dos versiones de la crónica que, se cree, elaboró el rey astur con sus propias manos (la Rotense y la Ovetense), apenas se especifica que Favila, hijo del mitificado Don Pelayo, «ocupó el puesto de su padre» después de que este falleciera. Poco más añade además de que «vivió breve tiempo» y que «fue muerto» en extrañas circunstancias en el 739 «por un oso en el segundo año de su reinado».

A partir de esta escueta reseña, y de algún que otro dato más, se ha forjado el mito de Favila (o Fafila) y del animal que le dio muerte. Leyenda que se extendió a lo largo y ancho de España durante décadas y que se grabó en la mente de la sociedad hasta tal punto que, en el siglo XIX, diferentes medios de comunicación se hicieron eco de la aparición de los restos de «un oso muy grande en estado fósil». «Con doctórica seguridad afirman los aldeanos de la comarca […] que perseguido muy de cerca desapareció, cayendo en una cueva que cuidaron de tapiar para que el animal muriera sitiado por el hambre».

Cambio de rey

Entender esta curiosa historia requiere retroceder en el tiempo hasta la aparición de Don Pelayo en una península tomada, en gran medida, por las tropas musulmanas. Narra la crónica de Alfonso III que, en el año 714, «un cierto Pelayo, que había sido espatario de los reyes Vitiza y Rodrigo, agobiado por la dominación de los ismaelitas, se metió en Asturias». 

Munnuza, gobernador entonces del norte de Hispania, debió ver en él a un enemigo, pues mandó a un ejército en su busca y le obligó a marcharse, a todo galopar, hacia las montañas. Allí se proclamó príncipe de los cristianos que resistían, algo que, según se recoge en el texto, generó una «ira vesánica» al árabe.

Don Pelayo

Lo que sigue es más que conocido. Munnuza envió una hueste al norte para enfrentarse a los revoltosos y sufrió una derrota tan escalofriante como mitificada en Covadonga. Según la crónica, en la batalla «fueron muertos 124.000 musulmanes» primero, y 63.000 más después, en una colina cercana. 

Cifras que hoy se han confirmado exageradas, pero que denotan la importancia que tuvo en la época aquella contienda. Para Alfonso III, aquel fue el evento clave de la vida de Pelayo, pues después apenas le dedica unas líneas más en las que explica que casó a su hija con «Alfonso, hijo de Pedro, duque de los cántabros» y que falleció «de muerte natural».

La mayor parte de los textos de época coinciden en fechar la muerte de Don Pelayo durante el año 737 en Cangas de Onís. Poco más se sabe más allá de que dejó este mundo como monarca tras casi dos décadas (diecinueve años) de reinado. 

Y hete aquí la llegada de Favila al trono, según desvela tanto la citada Crónica de Alfonso III (en sus dos versiones) como la Crónica Albeldense (la más antigua de las asturianas, terminada en el 881 y predecesora de la elaborada por el rey). Ambas coinciden en que pasó de perfil por la historia.
Extraña vida y rara muerte

De las dos versiones de la Crónica de Alfonso III, la más escueta es la Ovetense. Esta, al igual que la Albeldense, determina que «tras él [Pelayo], su hijo Fafila ocupó el puesto de su padre». A su vez, desvela que «vivió breve tiempo» y que «a causa de una ligereza fue muerto por un oso en el segundo año de su reinado, en la era 777 [año 739]». 

La Rotense, no obstante, ofrece un dato más: «Edificó, en una obra admirable, una basílica en honor de la Santa Cruz». El hecho es clave para el fallecido medievalista Juan Ignacio Ruiz de la Peña Solar.

En un dossier sobre el personaje elaborado para la Real Academia de la Historia, el versado experto incide en que este primitivo templo, reformado en el siglo XVII y destruido en la Guerra Civil, «inauguró en el naciente reino de Asturias un culto a la Santa Cruz que enlaza directamente con la tradición visigoda y que, muy pronto, se manifestaría pródigo en dedicaciones piadosas y manifestaciones artísticas tan extraordinarias como la Cruz de los Ángeles (808) y la Cruz de la Victoria (908)»

.

Ruiz de la Peña explica también que, a pesar de que el epígrafe original de consagración del templo (una suerte de leyenda en la que se incluían datos como el rey que había ordenado su construcción) se perdió, existen transcripciones que nos aportan más datos de la vida de Favila y sus antepasados.

El primero es el año en el que murió Don Pelayo, 737, el mismo en el que fue levantada la iglesia; el segundo, «la existencia de la esposa de Favila, de nombre Froiliuba, y de sus hijos, a los que hay que suponer de corta edad a la muerte de su padre, lo que explicaría su exclusión de la sucesión a favor de Alfonso, yerno de Pelayo». Todos ellos, según explican los historiadores, habrían sido enterrados en el mencionado templo.

A partir de aquí solo podemos suponer los pormenores de su muerte. En «Historias de Idacio obispo, que escribió poco antes de que España se perdiese» (alumbrado por Prudencio de Sandoval en el siglo XVII), se especifica que «el rey Favila» quiso ir de montería «sin quitarse el saco de malla que traía, con el pavés en la mano y la espada en la cinta». Narra también (en un texto recogido de forma magistral por Javier Iglesia Aparicio en «Condado de Castilla») que su mujer intentó disuadirle porque le sabía cansado de pelear, pero que no lo consiguió. Aquella locura le costó la vida.

«El rey subió por un monte que está cerca de la vega […] metióse en un vallecillo […] y yendo sólo se topó con un oso; osada y atrevidamente, soltando el pájaro que llevaba echó mano de su espada y embrazó el pavés, cerró con el oso dándole una estocada por los pechos o hijadas, más no bastó en quitar al oso que no se abrazase con el rey, y le hiriese hasta matarle sin tener quien le ayudase. En el lugar donde los suyos le hallaron muerto está hoy una cruz».
«Oso regicida»

Lo que tenemos por seguro es que la historia de Favila y el oso ha pasado de generación en generación a lo largo de los siglos. El ejemplo más claro de ello lo ha expuesto el profesor y estudioso de las tradiciones orales José Luis Garrosa Gude en el dossier «La muerte del rey Favila: huellas de su osadía en la prensa decimonónica», elaborado para el Centro Cervantes Virtual. En el mismo estudio rescata dos artículos publicados en la prensa decimonónica que hacen referencia al descubrimiento de los supuestos restos del «oso regicida» cerca de una iglesia.

El primer texto se pudo leer el 5 de abril de 1880 en el periódico carlista «El siglo futuro»:

«De Asturias nos escriben que en Covadonga, en una cueva, y en el lugar donde se hacen los cimientos del magnífico templo que el señor obispo construye, apareció no ha muchos días un oso, muy grande, parte de él ya en estado de fósil. Cuenta la tradición, y con doctórica seguridad lo afirman los aldeanos de la comarca, que perseguido el oso regicida […] muy de cerca desapareció, cayendo en una cueva que cuidaron de tapiar para que el animal muriera sitiado por hambre. 

Si no señalaban el lugar donde acaeció el suceso, contaban aquello al menos, añadiendo que era el regicida un oso mayor que los que acostumbraban a ver por aquellos lugares. Así cuando apareció este, cuyas señas convienen con las de aquella voz pública, vio en él al mismo que mató a Favila. Y no admiten en ello duda los aldeanos de la comarca»

.
Favila

El segundo periódico en el que apareció la noticia fue «La lucha». En un artículo publicado el 9 de abril de 1880, el diario especificaba que «según noticias de persona verídica, en una de las muchas grietas y pequeñas cavernas que se han descubierto en las fundaciones del nuevo templo de Covadonga» había sido hallado el cadáver de un «oso de grandes dimensiones, perfectamente petrificado». 

Y sentenciaba: «La magnitud de la bestia, el sitio donde ha aparecido y la remota antigüedad que revela su estado fósil ha dado margen a que varias personas aficionadas a reconstrucciones históricas traten de ver en dichos restos al oso que, según la tradición, mató a D. Favila».

Manuel P. Villatoro
https://www.abc.es/historia/abci-favila-absurda-muerte-espanol-hijo-pelayo-manos-furioso-202010220107_noticia.html

miércoles, 14 de diciembre de 2016

La Tradición del Arca Santa de Oviedo


MIRABILIA OVETENSIA La tradición del Arca Santa Reseña histórico-artística

Cuando el 14 de marzo de 1075 se procede en Oviedo -entre los ayunos y penitencias de la Cuaresma, por parte Alfonso VI y su Corte, y en presencia de seis obispos-, a la apertura del Arca Santa, se produce el reconocimiento oficial de unas importantes reliquias que se mantenían "desde muy antiguo" en la iglesia de San Salvador, "escondidas" en el interior de un arca, que "había permanecido oculta en aquel lugar durante mucho tiempo" (probablemente por seguridad, para evitar su robo, y el del resto del tesoro de San Salvador, por parte de los piratas "gentiles", procedentes del mar, como atestigua la inscripción de la fortaleza inmediata a la Cámara Santa, construida por Alfonso III en 875). 



Tales reliquias, según consta someramente en la propia acta de apertura del arca (de la que se realizaron dos copias, permaneciendo una en el interior del arca, y de la que tenemos noticia a través de una copia del s. XIII), habían llegado a Asturias desde Toledo -adonde habían sido trasladadas "desde distintos lugares" por los cristianos-, a principios del s. VIII, para evitar que cayeran en manos de los árabes, ante las perspectivas de ocupación de Toledo por parte de éstos, tras la derrota del ejército hispano-godo en Guadalete. Tradiciones literarias posteriores, como la noticia proporcionada por el manuscrito nº 99 de la biblioteca de Valenciennes (fines del s. XI), o la narración de la traslación del arca, de Jerusalén a Toledo, insertada por el obispo de Oviedo Pelayo en el "Liber Testamentorum" (hacia 1118), complementan, sin contradecirla en nada, la somera información acerca del traslado del mencionado tesoro espiritual.

En cuanto a las reliquias en sí, se trata del conjunto más importante de elementos, pertenecientes al núcleo central de la fe cristiana, sólo superado por el que podríamos encontrar en Roma, pudiendo clasificarse -según las noticias más antiguas- del modo siguiente:

Tipo de reliquia

Contenido de la reliquia
Veterotestamentarias
Huesos de los Profetas.
Cristológicas
De la santa cruz, de la sangre, del pan de la cena, de la piedra del sepulcro, de la tierra santa, de la túnica repartida en suertes, del sudario. Marianas De los vestidos de la Virgen, de la leche de la Virgen. Apostólicas De san Pedro, san Pablo, santo Tomás, san Esteban, Santiago el menor, san Andrés, san Juan, san Bartolomé. De santos y mártires De san Juan Bautista, de María Magdalena, santos Justo y Pastor, santos Adriano y Natalia, san Mamés, santa Julia, santos Verísimo y Máximo, san Germano, san Baudilio, san Pantaleón, san Cipriano, santa Eulalia, san Sebastián, san Cucufate, del palio de san Sulpicio, de santa Ágata, santos Emeterio y Celedonio, san Romano, san Fructuoso, santos Augurio y Eulogio, san Víctor, san Lorenzo, santos Justo y Rufina, santos Servando y Germano, san Liberio, santos Máximo y Julia, santos Cosme y Damián, santos Sergio y Baco, san Esteban Papa, san Cristobal, vestido de san Tirso, san Julián Pomerio (obispo de Toledo), san Félix, san Pedro exorcista, santa Eugenia, san Martín, santos Facundo y Primitivo, san Vicente levita, san Fausto, san Juan, santa Inés, santos Simplicio, Faustino y Beatríz, santa Eulalia (de Barcino), santos Emiliano y Jeremías, san Rogelio, san Siervo, santa Pomposa, y otros muchos (fuera del arca).

Respecto a estas reliquias, cabe decir que, incluso prescindiendo de realizar juicios de valor en cuanto a su autenticidad religiosa (conocido es el tráfico de reliquias, muchas de ellas falsas, durante toda la Edad Media, adquiriendo tintes espectaculares a raíz de las Cruzadas), hemos de admitir su enorme valor histórico, fundamentado en varios hechos:

Tanto la coherencia de las noticias referentes al largo tiempo de su ocultación en Oviedo, como su apertura en 1075, con otra -posible-, entre 1025 y 1028 (episcopado de Ponce), constituyen indicios favorables de su larga permanencia en Oviedo, y, por tanto, de su antigüedad. La coherencia de las titularidad de las reliquias inventariadas, con la de los santuarios fundados o restaurados en Oviedo, a partir del reinado de Alfonso II, y a lo largo de los siglos IX y X, vienen a ratificar todo lo dicho con anterioridad. En cuanto al propio arca, o receptáculo de las reliquias, la tradición narra que el primitivo era de cedro, datando de tiempos apostólicos, aunque a principios del s. VIII, durante su estancia en Toledo, había sido sustituido por otro de roble.

La apertura del mismo por Alfonso VI, originó -a decir de algunos autores- que este arca de roble del s. VIII fuera recubierto con los bajorrelieves de estilo románico en plata dorada. Esto ha sido descartado en reciente estudio por (G. de CASTRO, 2016), quien sostiene la unidad de proyecto entre receptáculo ligneo y programa decorativo.



Los citados relieves reproducen, con solemne monumentalidad y ornato, en su frente, la representación del santuario de San Salvador, con el "bis sena", dos grupos de seis apóstoles a cada lado del Salvador, en el centro, rodeado por la mandorla mística; en sus costados, escenas diversas de la vida de Jesús; y en la tapa, una representación muy detallada de la Pasión en el Gólgota. Alrededor de los cuatro costados de la tapa, corre una inscripción en 16 líneas, de lectura en espiral, que describe las reliquias del interior, así como el hecho de la orden del enriquecimiento del arca, emitida por Alfonso VI y su hermana Urraca, en la misma fecha de su apertura, en 1075.

Por otra parte, no podemos dejar de lado en esta exposición, el problema de la ubicación del arca -caso de admitir la verosimilitud de la tradición de su traslado-, durante la época del Reino de Asturias. Noticias cronísticas tardías, como el Cronicón del obispo Pelayo de Oviedo, o la Crónica Silense (ambas del s. XII), conceden a Alfonso II (791-842), la fundación de la Cámara Santa, como capilla-relicario para albergar el Arca Santa de las reliquias.

Ahora bien, la arqueología ha constatado de modo inequívoco (García de Castro, 1995), que el edificio que hoy conservamos fue construido para servir como panteón episcopal, realizando, a la vez que los enterramientos, la deposición de reliquias, y el pavimentado de la cripta. Estos hechos, invalidan lo descrito en la narración cronísitica, retrasando el edificio al reinado de Alfonso III (866-910).

Por tanto, para conjugar la tradición con la realidad arqueológica, habría que suponer que, con anterioridad al alojamiento del arca en la actual capilla de San Miguel, ésta se ubicó en otro edificio ubicado en el mismo lugar y posteriormente demolido y sustituido por el actual bajo el episcopado de Hermenegildo (869-891) -tal vez por no encontrarse en buen estado- a cuya nueva capilla de San Miguel se habría trasladado el arca; también sería posible que el alojamiento de dicho relicario fuera alguna dependencia de la torre de San Miguel, y que por dignificación de su ubicación hubiera sido trasladada al nuevo edificio cuando éste fue erigido en tiempos de Alfonso III. 



lunes, 28 de diciembre de 2015

Astronomía en la Crónica Mozárabe del 754

La Crónica Mozárabe de 754 es una de las escasas fuentes históricas hispanas del siglo VIII que han llegado hasta nuestros días. Se trata de un documento indispensable para estudiar la historia ibérica entre los años 610 y 754, por lo que abarca el ocaso del reino visigodo de Toledo, la conquista árabe de la península Ibérica y los primeros años del dominio musulmán.

Afortunadamente dispongo de una edición crítica y traducción escrita por José Eduardo López Pereira y editada en la colección Textos Medievales de Anubar Ediciones. ¿Qué menciones de carácter astronómico se encuentran en esa obra? Vamos a ver en este artículo aquellos pasajes con contenidos referidos a la Astronomía. Comencemos.

No son muchas las menciones a fenómenos astronómicos de esta esta fuente histórica. Solo hemos logrado encontrar cuatro: tres referidas a eclipse solares y otra que puede referirse a una lluvia de estrellas especialmente intensa. Veamos con detalle cada uno de estos eventos.
1. Eclipse solar anular del 5 de noviembre de 644

La primera referencia aparece hablando del emperador bizantino Constante II (641-15/09/668):

III, 24. […] Durante su mandato se oscureció el sol a mediodía y aparecieron estrellas en el cielo.

Primer paso: investigar en qué año ocurrió este eclipse. Supongo que es un eclipse total, anular o híbrido (sino es difícil que hubiera sido lo suficientemente importante como para ser registrado). Viendo el registro de eclipses solares de la NASA ocurridos en el siglo VII, o este documento, vemos que durante el reinado de Constante II se produjeron 46 eclipses de esos tipos. Afortunadamente, este registro permite visualizar sobre un mapa, al pinchar en la fecha, la trayectoria del eclipse y las zonas de umbra y penumbra. Pero, ¿a qué lugar se refiere la crónica? El cronista anónimo tiene que tomar las notas de historia bizantina de algún historiador de la corte de Constantinopla y hemos de suponer que se refiere a la capital del imperio, donde reside el emperador.

Con esta suposición, hallamos que sólo un eclipse, anular, tuvo su recorrido justo por encima de Constantinopla: el 5 de noviembre de 644. También podemos ver su duración pinchando sobre la localidad (ahora Estambul) y así vemos que el máximo duró algo más de 8 minutos entre las 10:54 y las 11:03 UT.

2. Eclipse solar total del 12 de abril de 655

Más adelante hablando del rey visigodo Recesvinto, quien cogobernó con su padre Chindasvinto desde el año 648 y luego reinó en solitario entre los años 653 y 672, dice:

III, 27 En su tiempo toda España quedó aterrada por un eclipse de sol, durante el cual se hicieron visibles las estrellas a mediodía, y tuvo que contemplar además una incursión de vascones que causó gran quebranto en su ejército.

El único eclipse cuya trayectoria cruza la península Ibérica entre los años 648 y 672 ocurrió el 12 de abril del 655. Fue un eclipse total de sol de corta duración en torno a las 06:50 UT. 

Historiadores posteriores (como Enrique Flórez en su España Sagrada, Juan de Mariana en su Historia General de España y otros) han querido identificar este eclipse con el anuncio de una calamidad posterior: la sublevación del noble visigodo Froya quien, con el apoyo de los vascones, asoló el valle del Ebro y llegó a sitiar Zaragoza. Todos estos cronistas citan a Isidoro Pacense, supuesto autor de la Crónica mozárabe de 754 (actualmente se niega su existencia). Pero estos hechos ocurrieron en torno al año 653, con lo que este eclipse poco pudo anunciar. De todas formas, ya hemos visto que en el texto original no dice nada de eso.


3. Eclipse de sol total del 3 de junio de 718 o del 6 de octubre de 720

Bastante tiempo después, ya con la península Ibérica bajo dominio musulmán, se puede leer:

IX, 65 Por la misma época, al comenzar la era 758, año centésimo de los árabes, dicen algunos que se produjo en España un eclipse de sol desde las 13:30 hasta casi las 14:30, (ab hora die septima usque in oram nonam) haciéndose visibles las estrellas. La mayoría sin embargo está convencida de que éste tuvo lugar en tiempos de Zama, el sucesor de Alaor.

A primera vista parece más fácil encontrarlo. La era hispánica 758 es el año 720 de nuestra cronología. El año centésimo de los árabes abarca del 3 de agosto del 718 al 23 de julio del 719. ¿En qué quedamos?

Seguimos leyendo. ¿Quienes son Alaor y Zama? Alaor es el valí Al-Hurr ibn Abd al-Rahman, gobernador de al-Ándalus entre los años 716 y 719. Zama es su sucesor, al-Samh ibn Malik, que llegó a al-Andalus en el mes de ramadán del año 100, es decir, en marzo/abril del 719 y gobernó hasta su muerte el 10 de junio de 721. Esto se va aclarando. Si obviamos el dato de la era hispánica (que parece erróneo) todo parece estar entre los años 716 y 721.

Consultando de nuevo los datos proporcionados por la NASA, aunque ya para el siglo VIII, concluimos que hubo un eclipse total de Sol el 3 de junio de 718, en unas horas cercanas a las señaladas por el cronista. Pues al final ni ocurrió en la era 758, ni en el 100 del calendario árabe ni la mayoría que pensaba que fue en época de Zama tenía razón.

La verdad es que el 6 de octubre del 720 hubo otro eclipse solar total, aunque afectó algo menos a la península Ibérica. Puede que la mención de la Crónica hiciera referencia a ambos de forma mezclada: uno bajo el gobierno de al-Hurr y otro bajo al-Samh. Este eclipse sí coincidiría con la fecha de la era hispánica.
4. Lluvia de estrellas de las Líridas (con bólidos rasantes) el 5 de abril del 750

Pasamos ahora a la última referencia astronómica, que dice así:

XII, 92 El domingo cinco de abril de la era 788, año sexto del reinado de Constantino, a las 7, 8 y 9 de la mañana (hora prima, secunda fere et tertia), los habitantes de Córdoba que estaban mirando vieron tres estrellas que se movían de una forma extraña y como si hubiesen perdido brillo precedidas por una especie de hoz color de fuego o esmeralda. Después de su aparición, unos ángeles, enviados por orden divina, causaron estragos entre todos los habitantes de España con un hambre insoportable.

¿A qué fenómeno se refiere la crónica?

La crónica nos sitúa exactamente en el tiempo: el 5 de abril del año 750 que, efectivamente, fue domingo. Por otro lado, Constantino V gobernó el Imperio bizantino entre los años 741 y 775. No acierta en que fuera su sexto año, pero también es verdad que Constantino no empezó su reinado muy tranquilo: tuvo que huir de Constantinopla en el año 742 y no regresó hasta fines del 743. Con lo que tampoco se sabe cuando empieza a contar el cronista los años de reinado.

Vayamos al fenómeno astronómico. La explicación es realmente descriptiva: tres hoces de fuego con brillos de color esmeralda que refulgen en pleno día y durante unas tres horas seguidas. ¿A qué se está refiriendo?

Descartando la opción OVNI, en principio, podemos pensar en algún bólido o bola de fuego (fireball) asociado a alguna lluvia de estrellas especialmente fuerte.

En el mes de abril ocurre una lluvia de estrellas de las más importantes del año: las Líridas. Es provocada por el cometa C/1861_G1_(Thatcher) y, actualmente, su actividad abarca entre los días 16 y 26 de abril, siendo el máximo el día 22 de abril. Todos sabemos que entre el año 750 y el momento actual ha habido una reforma del calendario, debida al papa Gregorio XIII, que hizo que por ejemplo, en España, después del jueves 4 de octubre de 1582 viniera el viernes 15 de octubre. Es decir, “desaparecieron” 10 días. Teniendo en cuenta estos hechos, el máximo de las Líridas en el 750 debía de ocurrir en torno al 9 o 10 de abril. En conclusión, la lluvia de las Líridas ocurría en torno a la fecha descrita por el cronista.

Las Líridas se llaman así porque tienen su radiante en la constelación de Lira. Normalmente tiene una frecuencia de 10 meteoritos por hora pero, en ocasiones, y sin que se sepan las causas, esta frecuencia sube bruscamente hasta100 meteoritos por hora. En esos máximos es posible que, además, se puedan ver bólidos, meteoritos mucho más grandes y con una mayor luminosidad. 

Además, puede ocurrir, como parece el caso, que al amanecer, con la constelación de Lira cercana al horizonte, se puedan ver meteoros rasantes (earthgrazers), que entran de canto en la atmósfera (pudiendo llegar a rebotar) y dan lugar a meteoritos espectaculares, muy coloridos y de lenta desintegración. Un ejemplo es el gran meteoro diurno que se observó el 10 de agosto de 1972 en Utah.


Otra curiosidad es que las Líridas es la lluvia de estrellas de la que se tiene un registro histórico más antiguo: el año 687 a. C. en China. Esta primera observación escrita aparece en la Crónica de Zuo (Zuo Zhuan). La Crónica de Zuoes una de las crónicas históricas chinas más antiguas y abarca el período del 722 al 468 a.C. Es imprescindible para estudiar el período Primavera y Otoño de la historia china. La cita dice aproximadamente así:

El día […] del mes 4 en el verano (del año 7 del rey Zhuang de Lu), por la noche, las estrellas fijas son invisibles, a medianoche, las estrellas cayeron como si fuera lluvia.

Por si alguien sabe chino y puede localizar y traducir desde el original la referencia exacta dejo aquí un enlace al texto.

En conclusión, la referencia astronómica de nuestra crónica es una nueva mención a la lluvia de las Líridas, en uno de sus máximos o coincidiendo con uno o varios meteoros rasantes de gran tamaño.

http://www.condadodecastilla.es/blog/astronomia-en-la-cronica-mozarabe-del-754/

domingo, 13 de septiembre de 2015

La Iglesia Mozárabe de San Torcuato,Toledo

La Iglesia de San Torcuato era la más moderna de las seis parroquias mozárabes de Toledo, siendo su fundación a principios del siglo VIII bajo el reinado del visigodo Erica. Sin embargo, también fue de las primeras, en el siglo XVII, en quedarse sin feligreses. 

Según nos cuenta Sixto Ramón Parro, en el siglo XVI y siguiendo órdenes del Cardenal Arzobispo Don Gaspar de Quiroga, se construye una nueva Iglesia que, manteniendo la titularidad de la parroquia de San Torcuato, sirve también de templo a las monjas Agustinas, quienes han trasladado su convento a unas casas llamadas de las Melgarejas y contiguas a la parroquia mozárabe. 

Estas monjas procedían del Beaterio de Santa Mónica, fundado por ocho mujeres que en 1520 se establecieron en una vivienda situada junto a la Puerta del Cambrón, al lado del Convento de los Agustinos, quienes las dirigían, habiendo ellas adoptado el hábito de San Agustín.

El traslado se produjo tras haberles sido concedido el velo y la clausura por el anteriormente mencionado Arzobispo.

Tras la Revolución de 1868, se decide eliminar y derribar tanto el convento como la Iglesia, habiéndose salvado únicamente la portada que vemos en la fotografía, construida a principios del siglo XVII por Jorge Manuel Theotocopuli, hijo de El Greco.

Localización: Calle de San Torcuato, 11.

http://www.unaventanadesdemadrid.com/toledo-vii.html

sábado, 22 de agosto de 2015

Cristianos, judíos y musulmanes en el siglo VIII

Las tres religiones a comienzos del siglo VIII

Vaya por delante que no pretenden estas líneas describir detalladamente los pormenores de la situación de las distintas creencias a comienzos del siglo VIII, simplemente buscan esbozar de forma sucinta el escenario religioso de una época convulsa en la que la fe juega un papel muy importante.

Desde el siglo VI, el estado visigodo era, formalmente, un estado cristiano que reconocía el credo niceno como el verdadero[1]. Esta afirmación no esconde que, tras esta aparente uniformidad, existían corrientes heréticas y pervivían cultos paganos. La situación en Hispania no era muy distinta a la que se dio en los antiguos territorios del Imperio de los césares durante la antigüedad tardía. Sin embargo, tenía algunas peculiaridades, veamos algunos aspectos relevantes:

Los visigodos al llegar a la península ibérica eran arrianos. El arrianismo fue una doctrina que arraigó con fuerza en el mediterráneo oriental en el siglo III y que negaba la naturaleza divina de Cristo al afirmar que el Hijo había sido creado por Dios.

 Los godos fueron convertidos a esta fe desde sus creencias paganas y la mantuvieron en los siglos siguientes como una seña de identidad. Al asentarse en la Península se produjeron situaciones de conflicto que no concluyeron hasta la conversión de Recaredo al catolicismo en el año 589 d. C. Posiblemente, la unidad en la fe fue considerada una necesidad para la construcción del estado visigodo y, a partir de ese momento, la mutua dependencia entre la monarquía y la iglesia hispana fue haciéndose cada vez más patente[2].

En el siglo IV y V se produjo un importante movimiento en el seno de la iglesia hispana: el priscilianismo. Su fundador, un hombre al parecer de origen noble, predicaba una doctrina que hundía sus raíces en el gnosticismo y el maniqueísmo. Abogaba por un ascetismo extremo y llegó a contar con numerosos seguidores (sobre todo en el norte peninsular).

Prisciliano fue condenado a instancias de algunos obispos por parte del poder civil a la pena capital en Tréveris. En esta situación, inédita en el mundo tardoromano hasta ese momento, algunos han querido ver un antecedente de la inquisición. Sus restos fueron traídos de vuelta a Hispania, posiblemente a Galicia, donde hay constancia de que su tumba fue venerada hasta el siglo VII.

Sobre todo en el mundo rural, la iglesia hispana no fue capaz de erradicar creencias paganas[3] porque estaban muy arraigadas en el seno de la sociedad. Por las actas de los concilios sabemos que la situación se prolongó durante siglos; sin embargo, es difícil diferenciar qué cultos o creencias no cristianas contaron con más adeptos.

La situación de los judíos en época visigoda pasó por distintas etapas:
Durante los años que transcurren desde la formación del reino visigodo de Toledo(principios del s. VI d. C.) hasta la conversión de Recaredo (en el 589 d. C.), se puede hablar de cierta tolerancia hacía los israelitas[4]. Incluso, en relación a la fase anterior tardoromana, se podría afirmar que su situación mejoró.

Tras la conversión de la Corona al catolicismo, la cuestión judía ganó cada vez mayor peso político. La unidad religiosa fue vista por la monarquía como un elemento imprescindible para el fortalecimiento del reino. En este contexto, la legislación antijudía se hizo cada vez más importante.

La presión resultó insoportable desde mediados del siglo VII. Los concilios toledanos aprobaron medidas como: la conversión forzosa, la prohibición de ejercer cargos públicos o la obligación de separar a los niños judíos de sus padres para educarlos en el cristianismo.

Tan solo la incapacidad de la administración goda de hacer cumplir estas normas impidió la desaparición de los judíos hispanos[5]. En este contexto,las noticias que llegaban desde el norte de áfrica sobre la tolerancia de los musulmanes hacia el pueblo de Moisés sin duda serían un factor importante para favorecer el apoyo de los judíos a la causa de los conquistadores[6].

Repasada la situación de cristianos, judíos y paganos en las fases finales del reino visigodo, veamos en breves pinceladas el escenario que se abre desde el punto de vista religioso a la llegada de los conquistadores musulmanes.

El Islam, en esta fase temprana de su expansión (no habían pasado cien años desde la huída de Mahoma a la Meca cuando se produce la conquista) demuestra una gran capacidad para atraer a nuevos fieles. Su mensaje es claro, en realidad, para los habitantes de Hispania se presenta como una religión revelada que viene a devolver a cristianos y judíos a la verdadera fe. Además, sus postulados son sencillos y fácilmente comprensibles, especialmente en un contexto en que las discusiones cristológicas se habían convertido, desde hacía mucho, en ininteligibles para la mayor parte de la población.

Las tropas que desembarcaron con Táriq, formadas en su mayor parte por contingentes bereberes que hasta no hacía mucho se habían enfrentado a los árabes, no podían estar, en el mejor de los casos, sino superficialmente islamizadas.

La llegada del contingente árabe bajo el mando de Muza y la posterior consolidación del emirato implica una mayor importancia de la religión islámica como factor de diferenciación ligado al nuevo poder que se instaura.

El carácter tolerante del Islam con las religiones del Libro permite, en una primera fase, una convivencia no exenta de tiranteces. Recordemos que el hecho de practicar estas religiones al amparo del poder musulmán implica estar sujeto a determinadas limitaciones (ej. la imposibilidad de construir nuevos lugares de culto) y cargas impositivas. A pesar de todo, los conquistadores no obligaron a adoptar la nueva fe y eso tuvo que ser un factor importante en el mantenimiento de la paz social.

Es posible que entre las élites dominantes que pactan con los conquistadores se produjera un proceso islamización más rápido que en otras capas sociales.

Este proceso se produce a través de dos mecanismos: los matrimonios de nobles cristianas con la oficialidad árabe (que implica la educación en la nueva fe de los vástagos fruto de estas uniones) y las conversiones directas a la fe del Profeta de nobles cristianos (como sucedió en el caso del conde Casio en la zona del valle Ebro).

Con el paso del tiempo aparecerán tensiones entre los distintos grupos étnicos y religiosos que habitaban al-Ándalus. Durante el siglo IX se producirán revueltas que harán tambalearse el poder omeya que, desde mediados de la anterior centuria, se había instaurando sobre la mayor parte del antiguo del reino visigodo.

[1] Rosa Sanz Serrano: Historia de los godos. Una epopeya histórica de Escandinavia a Toledo. La esfera de los libros, 2009, p. 570

[2] 711 Arqueología e historia entre dos mundos, vol. I. Varios autores. Revista Zona Arqueológica. Museo Arqueológico Regional de Madrid, 2011. p. 47

[3] Rosa Sanz Serrano, op. cit., pp. 572-573

[4] María Antonia del Bravo: Sefarad, los judíos de España. Ed. Sílex 1997 p. 88-89

[5] Luís Suárez: Los judíos. Ed. Ariel, Barcelona, 2005 p. 253

[6] María Antonia del Bravo, op. cit., p. 107

http://elpuentedeltiempo.com/es/c/Las_tres_religiones_en_el_siglo_VIII

jueves, 19 de marzo de 2015

Táriq, Muza y el rey Rodrigo: conquista de Hispania por los Sarracenos

Táriq, Muza y el rey Rodrigo

Descubre quiénes son los principales personajes históricos involucrados en la conquista de Hispania

La conquista del reino visigodo por las huestes árabes y norteafricanas a comienzos del siglo VIII es un periodo lleno de interrogantes. Una de las cuestiones que más quebraderos de cabeza ha dado a los historiadores es saber qué papel jugaron los principales personajes nombrados por las crónicas. En la raíz de estas discusiones está que muchos de los textos que hablan de la caída del reino son muy posteriores a los hechos que relatan y, los que no lo son, contienen imprecisiones. 



Ante este panorama, averiguar qué es lo que realmente pasó ha resultado misión casi imposible. No obstante, la historiografía recoge una serie hechos que hacen verosímil la existencia de un enfrentamiento entre facciones visigodas(1) en el momento de la llegada de Táriq. 

Veamos quienes son los protagonistas de esta rivalidad:

A la muerte del rey Witiza en el 709 un grupo de nobles palatinos, en circunstancias algo confusas, apoyan la ascensión al trono de Roderico (posiblemente duque de la Bética). Este acontecimiento pudo suponer un revés para los familiares del último monarca que aspirarían a mantener su status y poder a través de la continuación de la dinastía.

Los familiares de Witiza, como ya había ocurrido en anteriores enfrentamientos civiles, conspirarán para hacer valer sus pretensiones. Entre los intrigantes destaca la figura deOppas, personaje que la Crónica mozárabe de 754 hace hermano del difunto monarca y que probablemente ejercía como obispo de Sevilla(2) (Ispalis en aquellos tiempos).

Entre el 710 y el 713, un personaje llamado Agila II, que algunos textos hacen hijo de Witiza y por tanto sobrino de Oppas, llegó a acuñar moneda como rey en zonas del noreste peninsular. Es posible que Agila reinara en la Tarroconense y la Septimania incluso antes de la caída de Roderico. De ser tal extremo cierto, nos encontraríamos ante un reino completamente dividido incluso antes de la fase de conquista.

En esta situación de enfrentamiento interno, es creíble que los nobles del partido witiziano buscaran apoyos externos para volver a hacerse con el poder. La estrella del Imperio omeya refulgía en la orilla sur del mediterráneo y los conspiradores, según las crónicas árabes, recabaron su apoyo. A continuación se indican los personajes más relevantes del lado musulmán:

Muza (o Musa) ibn Nusair, gobernador del norte de áfrica, como máximo representante del Califa sería el responsable de autorizar la empresa. De origen árabe, sagaz y precavido es probable que se sintiera tentado por la oferta de botín a cambio de apoyo. No obstante, antes de dar el paso pidió autorización a su superior el califa al-Walid (punto este que es negado por algunos(3)). El comendador de los creyentes le conminó a extremar las precauciones por lo que decidió enviar a uno de sus generales para explorar las posibilidades de éxito de la empresa.

El general que comandó la expedición fue Táriq ibn Ziyad. De origen bereber y liberto de Muza, se cree que no obedeció completamente las órdenes recibidas (incluso se afirma que el paso del estrecho fue iniciativa únicamente suya(4)) y con unos 8.000 efectivos se lanzó a la aventura de someter el reino tras el éxito que supuso la victoria sobre Rodrigo en Guadalete. Mantuvo un importante enfrentamiento con su señor que se resolvió a su favor al regresar ambos a Damasco y someterse al juicio del Califa(5).

Junto a Táriq cruzó el estrecho un noble de origen sirio que las crónicas nombran comoMuguit (o Mugit) al-Rumi. El sobrenombre de este lugarteniente: “el romano” denota su origen cristiano-bizantino. Sobre él recayó la responsabilidad de la toma de Córdoba y, según algunas fuentes como Al-Makkari(6), se crió en la corte de Damasco junto al califa Al-Walid. De fuerte temperamento parece que tuvo sus más y sus menos con Táriq y Muza.

Muza, después de someter Hispania, partió rumbo a Damasco dejando como responsable de los territorios sometidos a su hijo Abd al Aziz. Este, tras pacificar Hispania, la impone el “yugo del censo” y se casa con Egilona, la viuda de Rodrigo. En el 715 es asesinado acusado de querer instaurar un reino independiente del poder omeya. 



Para terminar de perfilar el elenco de protagonistas falta un controvertido personaje al que la leyenda reserva una posición relevante: el conde Iulianus (o el conde don Julián) gobernador de Ceuta. Según la versión más pintoresca de los hechos, sería el ansia de venganza del gobernador la causa de la “pérdida de Hispania”. 

Roderico habría abusado de su hija durante la estancia de la muchacha en la corte de Toledo y, para vengar el honor mancillado, el conde habría abierto de par en par las puertas del reino ofreciendo los medios y el asesoramiento necesarios para que las tropas musulmanas pudieran atacar la Península. Este conde don Julián podría ser el eco lejano de un tal Urbano que en la Crónica Mozárabe de 754(7) aparece mencionado como un noble cristiano de una “región de áfrica”. Según esta fuente Urbano habría acompañado a Muza durante sus campañas en Hispania actuando como su consejero.

La falta de consistencia de los relatos sobre los personajes hace difícil asegurar al cien por cien sus motivaciones e incluso su papel en los hechos. Aún así, la magnitud de los acontecimientos en los que se vieron envueltos, los convierte en estrellas de uno de los momentos más sugerentes y dramáticos de la historia de España. Su recuerdo pervive en las crónicas y la leyenda e incluso en la geografía: Gibraltar debe su nombre a Táriq ya que este topónimo proviene de la expresión Djebel Tariq o “Montaña de Táriq”. Intentar arrojar luz sobre los acontecimientos que vivieron es sin duda una cuestión difícil, pero también apasionante.

(1) Pablo C. Díaz Martínez, Clelia Martínez Maza y Francisco Javier Sanz Huesma: Hispania tardoantigua y visigoda. Ediciones Istmo, S.A. 2007, p. 607

(2) Roger Collins: La conquista árabe 710-797. Editorial Crítica 1991, p. 37

(3) Pedro Chalmeta Gendrón: Invasión e islamización: la sumisión de Hispania y la formación de al-Ándalus. Universidad de Jaén, 2003, p. 124

(4) Ibíd., p. 125

(5) IbnAbd-el-Hakem's History of the Conquest of Spain. Göttingen, 1858 p.26

(6) Pascual Gayangos y Arce: The history of the mohammedan dynasties in Spain. Londres 1840, vol. I, p. 194

(7) José Eduardo López Pereira: Crónica Mozárabe de 754, Edición Crítica y Traducción. Zaragoza, 1980, 57

http://elpuentedeltiempo.com/es/c/Tariq_Muza_y_el_rey_Rodrigo

miércoles, 12 de noviembre de 2014

Batalla del Rio Guadalete: El Fin del Reino Visigodo de Toledo

Todo ocurrió hace unos 1.300 años, cuando un ejército compuesto por tropa de bereberes y algunos árabes invadieron el reino de los godos de Hispania. En poco tiempo las hordas musulmanas dominaron prácticamente toda la Península Ibérica.


Entre el 19 y el 26 de julio del 711, se enfrentaron en el rio Guadalete los ejércitos del reino Visigodo de Hispania, capitaneados por su rey don Rodrigo y un ejército de árabes y bereberes al mando de Táriq Ibn Ziyad. La batalla terminó con aplastante victoria musulmana y fue el inicio de la pérdida de Hispania y del sometimiento rápido de casi todo su territorio al imperio musulmán. 

Ficha de la Batalla de Guadalete

Antecedentes Históricos de la Batalla de Guadalete

El año 570, en las Arenas del Desierto.

En el año 570 de nuestra era los desiertos de Arabia vieron llegar al Profeta, su nombre era Mahoma. En el 610, Mahoma se encontraba meditando en una cueva cuando una noche se le apareció el arcángel san Gabriel que le transmitió todos los conocimientos necesarios y Mahoma concibió el Corán.

Las ciudades de Arabia, no sin resistencia, se fueron uniendo al mensaje de Alá. La Meca, Medina, vieron crecer los seguidores de Mahoma y conocieron su mensaje , la Yihad, la Guerra Santa contra los infieles y comenzó su propagación.

 Los países fueron sumándose a la nueva religión, cayó Israel, Jordania, Irán. 

A continuación el islam tomó Egipto, Libia, Túnez, los territorios de la actual Marruecos. 

En el año 698, los soldados de Alá tomaron Cartago, la capital de los cartagineses y después rodearon Ceuta y pasando un pequeño estrecho de mar de 14 km, donde se encontraba el Continente Europeo. La Península Ibérica iba a ser la siguiente conquista, un nuevo territorio donde difundir el mensaje de Alá. Los visigodos serían sus nuevas víctimas.



España se perdió en el 711 por las Discordias y Corrupciones.

En el sistema político visigodo los reyes no eran hereditarios, sino elegidos en asamblea entre los nobles. Cuando moría un rey, se volvía a elegir otro, que no tenía que estar necesariamente emparentado con el difunto. Esto suponía frecuentes insurrecciones, rebeliones, conspiraciones, asesinatos e incluso fueron también frecuentes los regicidios. Las guerras civiles podían estallar muy fácilmente entre aquellos que aspiraban al trono. Esta falta de continuidad dinástica fue lo que indirectamente causó la desaparición de la monarquía visigoda del reino de Hispania.

El poder real constituía una formidable meta en la vida política de la oligarquía gótica. Los magnatesestaban al acecho de la ocasión para alcanzar el trono a la muerte del monarca reinante. La corrupción y la politización de la Iglesia, se combinaron fatalmente con los problemas del ejército. La Iglesia sirvió al Estado y se sirvió de él. Cuando la Iglesia fue infectada por los clérigos visigodos, la Iglesia sufrió una grave crisis moral y participó en las luchas por el poder político y por la laica riqueza.

La discordia final y definitiva sobrevino por la herencia y sucesión del rey Vitiza. En el año 710 en el reino visigodo hay una guerra civil por el trono del reino de Hispania, hay guerras sangrientas y disputas internas. La contienda es entre los hijos de Vitiza y los seguidores de don Rodrigo, el duque de la Bética. Vitiza había muerto en febrero del 710 con 30 años y sus hijos eran demasiados jóvenes para asumir ese trono.

A la muerte de Vitiza, un grupo de nobles nombraron rey al hijo mayor de Vitiza, Achila II, que tenía 10 años. Pero el duque de la Bética no lo aceptó y se iniciaron las disputas entre vitizanos y seguidores de don Rodrigo.

Don Rodrigo lo intentó y finalmente en el año 710 logró el trono del reino Visigodo y fue proclamado Rey. Pero el trono ya estaba ocupado por los vitizanos y hubo de desalojarlos de él por la violencia.

Achila II huyó humillado retirándose al norte de la península. Los hermanos de Vitiza, entre ellos Sisbertoy don Oppas, arzobispo de Sevilla, junto con el conde don Julián, pensaron en pedir ayuda a los musulmanes para expulsar a don Rodrigo del trono. Esto facilitó la entrada de musulmanes en nuestro territorio y posteriormente una infame traición, de don Oppas, en el campo de batalla de Guadalete precipitó el final del reinado visigodos en Hispania.

La Traición de don Julián

El conde don Julián, gobernador de Ceuta, preparó su venganza, su hija la cava Florinda, había sidoforzada por don Rodrigo en la corte de Toledo. Se conoce por referencias musulmanas que don Julián, personaje misterioso de raza incierta, se hallaba ligado a Vitiza por los vínculos de fidelitas.

El gobernador de Ceuta, puntal de la defensa del reino visigodo entregó Ceuta a los musulmanes a la muerte de Vitiza. Don Julián entabló negociaciones con Musa o Muza para invitarle a desembarcar en la Península. Muza ben Nusayr, era el emir de África del Norte nombrado por el califa de Damasco. Los musulmanes aceptaron el pacto ofrecido por el conde para participar en la guerra civil en apoyo de los vitizanos como tropa auxiliar.

Los vitizanos soñaron con obtener la ayuda de los mahometanos. Atanagildo había vencido a Agila gracias a la ayuda de los bizantinos que dominaban África. Sisenando había destronado a Suintilaapoyado por el franco Dagoberto. Los vitizanos pensaron que llamarían a los mahometanos asentados en la Tingitania, recuperarían el trono y que posteriormente sus aliados volverían a su territorio africano igual que había ocurrido otras veces en el pasado.

Comienza la Invasión Musulmana

Julio de 710. El califa aconseja hacer una exploración para verificar las información de don Julián. Muza envió a un capitán musulmán llamado Tarif abu Zara, que desembarcó en la costa de Cádiz con 400 hombres y algunos caballos. A partir de entonces el punto de desembarco recibió su nombre Tarif, Tarifa. La incursión fue muy productiva, Tarif asoló la región y consiguió un valioso botín. A su vuelta, el capitán musulmán, de origen bereber, contó su aventura a Muza y le anima con proseguir la incursión ahora ya con un mayor contingente de tropas.

En la noche del 27 al 28 de abril de 711, Muza envió a su lugarteniente Táriq ibn Ziyad, quien desembarcó con unos 7.000 soldados beréberes en un monte que tomó su nombre, es decir, Yebel-Táriq, (Gibraltar). Don Julián cedió cuatro naves para el transporte del ejército de asalto musulmán. Este es el inicio de la invasión musulmana de Hispania y de la desviación del auténtico camino que debería haber seguido la historia de España.

Cuenta la leyenda que Táriq, mandó quemar las naves para obligar a sus hombres a combatir hasta la muerte. Los musulmanes inician los ataque y correrías por la zona de Cádiz. Sancho, el sobrino de don Rodrigo intenta hacer frente a las tropas bereberes, pero es imposible. Manda correo urgente a su tío don Rodrigo, que se encuentra en Navarra.

En vista de los buenos resultados logrados por Táriq, Musa se anima y decide apuntalar definitivamente la incursión mediante el envío de 6.000 soldados más desde Ceuta. El Cuerpo de Ejército musulmán asciende ya a 13.000 soldados, fanatizados y determinados a conquistar para Alá la infiel Hispania .

Don Rodrigo, no pudo acudir a tiempo a la cita con los invasores, porque en estas fechas, se encontraba en Navarra sofocando una rebelión de los vascones. Arregló lo que pudo y partió rápidamente para atender la frontera sur de su reino. Reclutó fuerzas voluntarias y junto con su ejército personal y el tesoro real se dirigó a Cádiz con intención de parar la invasión sarracena. Logró reunir entre de 30.000 y 40.000 soldados, fuerza que en un principio hubiera sido suficiente para acabar con la invasión.

Cuando Don Rodrigo llega, Táriq ya había consolidado su cabeza de puente andaluza. Habían vencido a las tropas godas de defensa y ocupado la antigua Carteya, el fondo de la bahía que hoy llamamos Algeciras.

Comienza la Batalla de Guadalete

Mientras don Rodrigo de dirigía, desde los valles navarros a Cádiz, el ejército de Tarik avanzó ocupando los distritos e Algeciras

El 19 de julio de 711 se inicia la batalla decisiva que abrirá definitivamente las puertas de Hispania a 8 siglos de dominación musulmana. El lugar del enfrentamiento aparece en las fuentes árabes con varias denominaciones: Wadi Lakk o Río del Lago, identificado tradicionalmente con el Guadalete; Wadi-l-Buhayra o Río de La Albufera, que puede corresponder al río Barbate o a la laguna de La Janda. Nosotros nos hemos referido a ella siempre como la batalla de Guadalete o de la Janda

Por un lado tenemos al ejército Godo con unos 40.000 soldados, que en principio deberían ser suficientes para derrotar a las fuerzas invasoras. En el Cuerpo Central, y al mando del ejército el rey don Rodrigo. En los flancos, los hermanos de Vitiza, la traición estaba cerca y don Rodrigo fue un ingenuo o tuvo un exceso de confianza al situar en las alas de su ejército a los que recientemente habían pugnado por su trono, él creyó en la lealtad a la causa Goda frente a la invasión musulmana.

Por otro lado 13.000 hombre muy motivados e impaciente por iniciar el combate. Determinados a la victoria y alcanzar el paraíso eterno. Los bereberes eran muy buenos guerreros y excelentes jinetes, creían en su superioridad y tenían la ventaja moral para conseguirla.

Se enfrentaban dos culturas con dos ideas muy diferentes de la vida, la espada frente al alfanje, la cruz frente a la media luna. Un Imperio en expansión, se abría paso a codazos, motivado, joven e impulsado por una idea común. En frente, la decadencia de una monarquía vieja, cansada, dividida y sin objetivos comunes; iba a llegar la revolución al viejo reino visigodo.

La batalla se prolongó entre el 19 de julio y el 26. La rivera del rio Guadalete se llenaban de muerte y desolación. Se enfrentaron la caballería visigoda y la musulmana, con mucho ímpetu y determinación. Los días iban reduciendo los recursos de ambos contendientes, el resultado era incierto. Los godos hacían valer su superioridad numérica y los musulmanes no podían resistir muchas jornada más.

La Traición de los Vitizanos.

Pero en el momento crucial de la batalla, en el momento decisivo, los hermanos de Vitiza, entre ellos el arzobispo de Sevilla don Oppas y Sisberto, se pasan en masa al bando musulmanes. Don Rodrigo y los suyos quedan asombrados por la traición y desmoralizados por la deserción de sus compatriotas.

Todas las fuentes escritas de la batalla, tanto cristianas como árabes coinciden en que los parientes de Vitiza cambiaron de bando en mitad de la batalla. También los cronistas árabes, aseguran que fue determinante la traición, los visigodos se vieron privados de su clara superioridad numérica y quedaron indefensos ante la táctica envolvente de los musulmanes. Habían pactado la traición la noche anterior, en una reunión en el campamento árabe, a cambio de mantener sus derechos al trono y sus propiedades. La verdad es que los vitizanos sí cumplieron su pacto, pero los musulmanes se olvidaron de todo lo pactado. Cosas de la historia.

Los musulmanes motivados aún más por tan sorprendente refuerzo, embiste con más virulencia y fuerza contra el cuerpo central del ejército Godo. Don Rodrigo queda totalmente aislado con su ejército y ya predice su incierto futuro. Atacan con todo lo que tienen, entre gritos y alabanzas a Alá. El cuerpo de ejército de caballería de arqueros bereber destrozan el cuerpo central godo. El reino godo se está decidiendo en esos momentos, Hispania está perdida. Los vitizanos conocería en sus propias carnes y sin mucho esfuerzo, la diferencia entre alianza y dominación de su territorio.

Posiblemente don Rodrigo se escapó a la antigua Lusitania con un puñado de leales. Allí, siglos mástarde, en la localidad de Viseu, se descubrió una lápida con una inscripción que rezaba: “Aquí yace Roderico, rey de los godos”. Según testimonio del abate Antonio Calvalho da Costa en su Corografía portuguesa, dicha lápida se conservó hasta el siglo XVIII en la iglesia de San Miguel de Fetal.

El 26 de julio de 711, fue el final del ejército godo, ya nunca más volvieron a ser una fuerza de combate. Los musulmanes tuvieron 3.000 muertos y los godos unos 10.000. El inmenso tesoro real fue captura por las tropas de Táriq. Siglos más tarde descubriremos los tesoros Godos en Torredonjimeno y Guarrazar.

El aspecto positivo de la derrota de Guadalete fue que a partir de entonces, los musulmanes fueron el enemigo común de todos los reinos cristianos que poco a poco se fueron configurando en el norte de la península.Posiblemente sin este enemigo común, nunca se hubiera llegado a la unidad de España.
Consecuencia de la Batalla de Guadalete

La Galopante conquista la Península

Ante la extraordinaria noticia, Muza envió nuevas tropas a la península. 18.000 nuevos soldados que reforzarían las tropas de Táriq. Con aproximadamente 28.000 efectivos, Táriq inicia la conquista de Hispania, en pocos meses van sometiendo toda la Península Ibérica.

Inexplicablemente lo que Roma necesitó 2 siglos para conquistar, cuando no existía estado que la defendiera, los musulmanes pudieron conquistarla en sólo unos meses, luchando contra un estado y su ejército.

Los vitizanos reciben en Toledo a los musulmanes con vítores como liberadores, por fin van a conseguir el trono godo. Toledo, ni si quiera presenta batalla, son recibidos como aliados de la corte. La leyenda dice que en Toledo los hombres de Táriq se apoderaron de la Mesa del Rey Salomón.

Los historiadores explican la fulminante conquista de la península por el islam por la traición de los godos vitizanos y los judíos. 

Los motivos de los vitizanos ya han sido comentados; entre los españoles de aquella época quedó muy arraigada la traición de los judíos, sentimiento que perduró a todo lo largo de la Edad Media, y ha sido una de las principales causas del odio a los judíos en la España Reconquistada. 

Parece que fue decisiva la ayuda de los judíos en la conquista y caída de Toledo y de Granada.

Los Pactos con los Agarenos frente a la Lucha Armada

La rápida pérdida de Hispania a manos de los musulmanes, tuvo lugar mediante dos vías: por pactoscon los godos locales o mediante las armas

Por las Armas:

Cuando una plaza o pueblo caía en manos musulmanas, la población quedaba prisionera, no podía abandonar la ciudad, sus bienes eran confiscados por el estado y pasaban a ser botín de guerra a manos de las tropas y fuerza musulmanas. 

Los bienes ciertos ( las tierras) pasaban en su quinta parte al estado y el resto se repartían entre los conquistadores participantes, en modo de pleno dominio o en usufructo de por vida.

Por pactos:


Muchos territorios se adhirieron voluntariamente a las fuerzas agarenas. En este caso las ciudades conservaron así sus leyes pero se sometían al pago de impuestos establecido por el Corán para los infieles. Precisamente este fue el hecho que catalizó ( fenómeno no espontáneo) la conversión en masa de cristianos al islam, son los muladíes. En caso de pactos, también quedaban confiscados para el estado los patrimonios de los muertos, huidos y de la iglesia

De esta manera, la mayor parte del territorio quedó en manos de los hispanos-romanos , porque la mayoría de los territorios prefirieron pactar antes que luchar con sus armas. 

Mantenían sus dominios, perdiendo sus derechos y libertades.

Al norte de África, llegaba las buenas noticias y los voluntarios esperaban impacientes para pasar a la península para enriquecerse y lograr su botín, la llamada a la Yihad era ya imparable. 

En dos años habían conquistado la práctica totalidad de la Península Ibérica.

Fuente: http://www.grandesbatallas.es/batalla%20de%20guadalete.html

martes, 26 de agosto de 2014

Witiza, Rey de los Visigodos

Witiza

Reinado 700 - 710/711 (Junto a Égica hasta 702/703)
Fallecimiento 710/711

Predecesor Égica
Sucesor Rodrigo
Familia
Padre Égica
Madre ¿Cixilo?

Witiza1 fue un rey de los visigodos que fue asociado al trono hacia 694 y reinó conjuntamente regni concordia desde su unción el 15 de noviembre del 700, hasta finales de 702 o 703, en que falleció su padre Égica. Reinó en solitario hasta su muerte ocurrida en el 710 o 711.

Ascendencia

Su padre, el rey Égica, casó con Cixilo, hija del rey Ervigio como una parte del compromiso para compatibilizar los intereses de la familia de Ervigio y la de Égica.

Pero tal compromiso solo tendría validez si existía descendencia del matrimonio.2 Witiza fue hijo de Égica, y el hecho que fuera ungido a finales del año 700 pudo ser debido a que debía tener en torno a los catorce años de edad, y entonces puede ser factible que Witiza fuera hijo del matrimonio de Égica con Cixilo.3

Sin embargo, a tenor de la descripción literal establecida en el canon 7 delXVII Concilio, por el que se protegía a la descendencia de Égica, parece deducirse que la reina Cixilo aún no tenía hijos en el año 694, por lo que Witiza no era hijo de Égica sino de un matrimonio anterior.4

El hecho que aparezca un conde Égica firmando como asistente al XIII Concilio en 683, generalmente aceptado que fuera el posterior rey, muestra que podría tener entonces al menos treinta años y por tanto, al acceder al trono en la década de 680, tener hijos de un matrimonio anterior al de Cixilo.5 

Pero también esta postura ha sido puesta en duda puesto que en XVI Concilio —donde no se menciona a la reina— se puso bajo protección a los hijos del rey con sus cónyuges una vez muerto el rey, y a pesar que esos hijos casados no podrían por edad ser hijos de Égica con Cixilo, no existe constancia de tal matrimonio anterior ni que tuviera hijos ya casados en el momento del Concilio XVI, por lo que entonces hay historiadores que deducen que los cánones conciliares que protegían a la familia de Égica eran genéricos.6

Aún así, hay estudiosos que han deducido que la ausencia de mención de Cixilo en el XVI Concilio es porque aún no tenía hijos, el equilibrio entre las familias de Ervigio y Égica no se habría alcanzado aún, por lo que los hijos de Égica mencionados procederían de un matrimonio anterior, para los que Égica buscaba protección incluso frente a los hijos de Ervigio.7 

Siguiendo esta hipótesis, la vuelta a planteamiento de la protección de la descendencia de Égica al año siguiente en el XVII Concilio no sería del mismo tipo, pues en este caso se refiere a la reina Cixilo y a la futura descendencia con ella, una protección necesaria frente a sus hermanastros habidos del hipotético primer matrimonio de Égica.8

Por tanto, si Witiza no hubiera sido hijo de Cixilo, las medidas tomadas por Égica siguen una lógica: en el III Concilio de Zaragoza (691) hizo que la reina viuda ingresara en un monasterio para que una vez fallecido Égica su viuda Cixilio ingresara en su momento para evitar que usara su poder e influencia contra los hijos habidos en el primer matrimonio, y en el XVI Concilio (693) Égica puso bajo protección a los hijos del primer matrimonio, pero en el XVII Concilio (694) hizo proteger a los hijos habidos con Cixilo —ante la situación futura que se quedaría viuda y tendría que ingresar en un monasterio— de sus hermanastros una vez muerto el rey.9

Corregencia de Égica y Witiza[editar]

La Crónica de 754, más cercana a los hechos, establece que Witiza fue asociado al trono en el año 698, sin embargo, existe un documento contemporáneo por el que se indica que Witiza fue asociado al trono a finales de 693 o en 694, lo que viene corroborado por el número total de moneda acuñada en relación con otros reinados del siglo VII. De este modo, esto vendría a ser consecuencia de la rebelión de Suniefredo para asegurar y monopolizar el trono para su familia frente a otros candidatos.

En este sentido la misma asociación de Witiza puede verse como demostración de que no era hijo de Cixilo, pues si Witiza hubiera sido hijo de Cixilo no habría oposición entre las dos familias a la sucesión, y la unción de Witiza se presentaba como la forma de garantizar el apoyo del clero ante una eventual oposición a dicha sucesión.

La afirmación de la Crónica de Alfonso III de vincular a Witiza como hijo de Cixilo, y así nieto de Ervigio, podría verse en este sentido como una forma de establecer una familia real malvada que habría llevado la ruina de España ante la invasión árabe.10

Sin embargo, existe la postura contraria, que Witiza fue hijo de Cixilo y que ante las complicadas circunstancias de la sublevación de Suniefredo, la asociación le habría sido impuesta, lo que vendría ilustrado en los tipos monetarios de bustos enfrentados, que ilustran una forma de compromiso entre facciones en oposición.11

La versión ovetense de la Crónica de Alfonso III indica que Égica dejó a cargo de Witiza el gobierno del antiguo reino suevo estableciendo su residencia real en Tuy.12 La Chronica regum Visigothorum establece que Witiza fue ungido el 15 de noviembre del año 700, de lo que parece derivarse que fue en ese año cuando alcanzó la edad para no estar sometido a una tutela, esto es, en torno a los catorce años de edad,3 aunque por otra parte hay autores como Julia Montenegro y Arcadio del Castillo que establecen que Witiza tendría los catorce años al inicio de la corregencia hacia 694,13 con lo que el acto de la unción en el año 700 es el habría generado un verdadero cogobierno.14 15

La corregencia fue un periodo turbulento,15 así pues, la Crónica de 754 indica que el reino visigodo sufrió una epidemia de peste, por la que los reyes tuvieron que abandonar Toledo hacia 701.16 Y alrededor del año 700 hubo campañas de los aquitanos sobre la Narbonense que posiblemente capturaron Carcasona.17 

El Cronicon Pacense establece que en los reinados de Égica y Witiza hubo confrontaciones bélicas entre visigodos y bizantinos,18 que estuvieron enmarcadas en la debilidad de los emperadores Leoncio y Tiberio III Apsimaros en la defensa de África.19

En este reinado conjunto se conoce que una flota bizantina atacó las costas del sur de Hispania y fue rechazada por un noble llamado Teodomiro,20que se puede deducir que es el mismo que pactó en 713 con los musulmanes en el pacto de Teodomiro.21 22 23

La fecha de este evento es dudosa: Roger Collins indica que pudo haber sucedido durante la expedición mandada por el emperador Leoncio entre 697-698 para recuperar Cartago de los árabes;24 o quizás al finalizar el reinado de Witiza.25 Tal y como establece E.A. Thompson no se conoce el contexto de este suceso, aunque puede estar ligado con los enclaves bizantinos de Tánger y Ceuta, como establece Collins.24

No se tiene constancia de la muerte de Égica, la última mención figura en una ley promulgada a finales de 702, pero quizás podía haberse producido en 703.26 Su hijo Witiza quedó como rey único.

Reinado en solitario

Un tremissis de oro acuñado en Braga durante el reinado de Witiza.

La documentación del reinado de Witiza ha quedado plasmada en dos tendencias opuestas que responsabilizaban de la caída del reino visigodo o a Witiza o a su sucesor Rodrigo.27

Por un lado, las crónicas asturianas redactadas en torno al año 900 son de carácter antiwitizano ya que responsabilizan a este rey de la decadencia política y moral que produjo la ruina del reino de manos de los árabes. Por otro lado, para los mozárabes del siglo VIII el reinado de Witiza fue caracterizado como buenos tiempos.28

Tras la muerte se Égica, se convocó el VIII Concilio de Toledo comprendida entre los años 702-703, pero sus actas no se han conservado.29 Desde San Isidoro de Sevilla, los cánones conciliares se habían incluido en la Collectio canonum Ecclesiae Hispania, denominada simplemente como Hispania.30 La última actualización de esta compilación de actas conciliares españolas se produjo tras el VII Concilio de Toledo.

Y la conquista árabe dio fin a proseguir con la compilación, con lo que las actas del XVIII Concilio no llegaron a tiempo a ser incluidas.31 Se tiene constancia de la existencia de este concilio por el manuscrito de Celanova, que recogía una Recensión Vulgata de la colección Hispania;32 manuscrito que desapareció durante la guerra civil española y reapareció en la década de 1980.33 Sin embargo, dado que se ha conservado el Concilio de Córdoba de 839, la ausencia de las actas pudiera deberse a una acción deliberada. 

Puesto que la Crónica de Alfonso III indica que obligó a los clérigos a casarse, esto puede dar indicio que el XVIII Concilio se hubiera aprobado los cánones del Concilio Quinisexto (692), rechazado por la Iglesia de Roma, cánones en los que se aceptaba un clero casado. Este hecho hubiese seguido un proceso similar con respecto del Concilio de Constantinopla III (680-681), que fue aprobado en el XIV Concilio de Toledo (684).34

De este modo cuando la Crónica mozárabe indica que el metropolitano de Toledo, Sinderedo ofendió a los hombres de la Iglesia a instigación del rey,35 puede entenderse aparte que ejerciera presiones sobre la jerarquía de la Iglesia hispana por orden del rey,36 el que Witiza puso bajo su patrocinio las decisiones del Concilio Quinisexto a través Sinderedo.

 Dado que con la invasión árabe no hubo más Concilio de Toledo para repudiar esa actas, su no inclusión en la compilación canónica Hispania sirvió para tal efecto, no obstante, la versión rotense de la Crónica de Alfonso III indica que la derogación de los cánones del VIII Concilio se llevó a cabo por Fruela I de Asturias.37 Sin embargo, puede entenderse que la postura de Witiza fue la de reformar la corrupción de la Iglesia.38

La Crónica mozárabe de 754 muestra un carácter más conciliador de Witiza en contraste con el autoritarismo de Égica. En este sentido la Crónica indica que concedió una amplia amnistía a los que habían sido condenados por su padre, restauró el Oficio Palatino, que había sufrido una gran merma a causa de las conjuras como la de Suniefredo y Sisberto, restituyendo el cargo y las propiedades confiscadas a los que había sido despojados, también compensó a los desterrados, y quemó públicamente las declaraciones sobre deudas al Tesoro que habían firmadas a la fuerza.39 40 20

Además devolvió al Tesoro público las propiedades que Égica había tomado como posesión personal, diferenciando entre el patrimonio personal del rey, y el del cargo.36 41 Puede suponerse que estas medidas en favor de la nobleza perseguida por Égica pudieran haber sido adoptadas en el XVIII Concilio.42

Se sabe también que durante el reinado de Witiza se produjeron hambrunas por las malas cosechas en los años 707 y 709, y una gran epidemia de peste.14 43 Y que el Código de leyes se amplió, lo que puede entenderse como muestra de debilidad política.41

Sucesión

No se tiene constancia de su muerte ni de las circunstancias de su sucesión, aunque se puede deducir que no fue pacífica.42 Según la Chronica Regum Visigothorum el reinado de Witiza terminó en 710, mientras que la Crónica mozárabe lo sitúa en 711.

De forma general se acepta que el reinado de Witiza terminó cuando murió, cuando aún no habría cumplido los treinta años de edad, alrededor de sus veinticinco años de edad,15 44 de acuerdo a si se considera que fue hijo de la reina Cixilo; aunque si se considera que Witiza no fue hijo de Cixilo sino de un matrimonio anterior de Égica, entonces tendría una edad avanzada relativamente.45

Descendencia

La Crónica del siglo X de Abu Bakr Ibn Umar Ibn Al-Qutiyya —que declaraba ser descendiente de Witiza a través de una nieta llamada Sara— establece que Witiza tuvo tres hijos: Olmundo, Artobás y Rómulo.46 Pero la aceptación de la veracidad de esta descendencia no es unánime entre los especialistas.47

Algunas crónicas afirman la existencia de un Flavio Sisebuto, juez de los cristianos de Coimbra, como hijo de Witiza. Algunos genealogistas modernos han llegado a identificar a este Sisebuto con el Artobás registrado en las crónicas árabes. Pero si este conde realmente existió, por cronología sería más probable que fuese hermano y no hijo de Witiza.

También se ha especulado con que el rey Agila II, rival de Rodrigo, fuese uno de los hijos de Witiza, pero esto es un error consecuencia de datos contradictorios y legendarios de la historiografía hispanoárabe.48

Fuente: wikipedia
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...