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viernes, 26 de mayo de 2023

El Relieve figurado de Tradición Visigoda: La Placa de Calera y Chozas

El proceso de Cristianización de estas tierras orientales en la Lusitania hay varias interpretaciones de carácter historiográfico (Mateos Cruz, 1995: 239-264; C.M. Jorge, 2002), que hablan de una presunta propagación del cristianismo avanzado el siglo IV d.C. 

El territorio de Caesarobriga-Elbora disfrutaría de su situación privilegiada entre la vía Emerita augusta y Caesaraugusta. Siendo comunicación de influencias culturales y religiosas, como es el caso del cristianismo. 

Actualmente presenta ciertas dificultades establecer el origen organizado en torno a Caesarobriga-Elbora (César Pacheco, 2007: 145-146), indica que desde el siglo III d.C. Caesarobriga habría mantenido algún contacto con cristianos. 

Caesarobriga-Elbora, formaría el centro político y administrativo sobre un ager circundante cuya economía se basaba en el comercio y en la actividad agropecuaria. 

La organización territorial estaría controlada por elementos fortificados destinados a la vigilancia de caminos y campos con villae, villula, pagus, vici, castella y turres. 

Testimonios de propagación del culto cristiano en el ámbito geográfico que nos ocupa, es la conversión de recintos anteriores hispanorromanos con centros de práctica cristiana en la fase Visigoda (Cerrillo, 1992: 359-375; Sotomayor, 1982: 639-670), que en nuestra zona toma forma en la basílica y en el mausoleo, elementos que corresponden con asentamientos tardorromanos. 

El Sauceda, es ejemplo en la vega de Talavera y objeto de excavaciones sistemáticas, que representa la transformación de villa a centro religioso paleocristiano a finales del siglo V d.C. o comienzos del VI d.C., que toma forma en basílica, tesis que defiende también Raúl Arribas (2000: 103-111). 

Placa de Calera y Chozas

Donde se construye en el siglo VII d.C. una pila bautismal de doble escalinata como espacio litúrgico (Castelo, 2000: 93). 

No hay que olvidar el hallazgo de algunos objetos con simbología cristiana, como es el caso de una placa calada con crismón (Aguado Malina et al, junio 2003: 52-59), o la ficha de juego con el crismón grabado (Aguado Malina et al , 2001: 139 y ss.). 

El caso de la necrópolis y mausoleo de las Vegas de Puebla Nueva, es otro testimonio donde se halló una cripta en 1870, siendo excavado en los años 60 del siglo XX por el Instituto Arqueológico Alemán (Hauschild, 1971: 332 y ss.), y donde fue hallado un sarcófago paleocris6ano datado en tiempos de Teodosio. Por último cabe mencionar dentro del ámbito urbano de Caesarobriga-Elbora, el hallazgo en un solar de la calle Lechuga de un fuste de columna con el grabado de un ancoriforme (Pacheco, 2007: 162). 

Entre los siglos VI y X d.C. hay un periodo de cierta oscuridad y silencio documental en el espacio que nos ocupa. Coincide en Caesarobriga-Elbora con la invasión visigoda y musulmana, y con el proceso de expansión del cristianismo. 

En lo que sabemos, hay cierta permeabilidad al mensaje cristiano, aunque todo apunta a un paulatino proceso en coexistencia con las prácticas y creencias tradicionales junto a las aportaciones del mundo islámico.

CONCLUSIONES

En cuanto a la cronología de la placa aquí descrita, nos hemos encontrado con el problema de la ausencia de datos con los que poder establecer sus límites cronológicos, ya que este ejemplar no ha sido encontrado dentro de su primitivo contexto, por lo que los criterios utilizados, han sido su posible localización, motivos decorativos, talla, etc. 

Entre los elementos ornamentales labrados que se encuentran en la placa, apreciamos elementos característicos iconográficos de tradición visigótica. Lo que nos indica su epigrafía, su representación escultórica e incluso elementos arquitectónicos son testimonios de un mismo lenguaje de carácter simbólico. 

La variedad decorativa de la placa, puede ser testimonio de la rica vitalidad y tradición del taller que la realizó. La combinación de moti vos deja vislumbrar datos cronológicos que nos pueden ayudar a un mejor conocimiento de la producción de este tipo de pJacas en el entorno de Caesarobriga-Elbora-Talabira. 

Esta constituye un mensaje iconográfico asociado al texto que se refleja, no supone una periodización cronológica clara, lo que parece ser indicativo de diversos gustos o estilos y que puede indicar la existencia de diversos taneres u oficinas, cabe mencionar que nos encontramos en una zona de influencia de los talleres Emeritenses y Toledanos. 

Su decoración gira en tomo a las representaciones principales: la cruz, el león y a una columna, elementos altamente simbólicos de la fe cristiana. Esta mezcla de elementos geométricos, vegetales, animalísticos e incluso arquitectónicos puede indicar una producción peculiar que puede ser tenida como Caesarobrigense. 

En primer lugar el elemento fundamental por su significado simbólico es la invocación de Cristo a través de la cruz. La cruz patada ha sido documentada ampliamente en el taller de Mérida, desde donde se irradia a otros lugares (Arbeiter, 2000: 261). La cruz monogramática comienza a aparecer a finales del siglo V d.C. o comienzos del VI d.C. en diversas manifestaciones epigráficas. 

A partir del siglo V el crismón comienza a ser acompañado por diversos motivos arquitectónicos como por ejemplo: el arco, con un amplio desarrollo durante el primer tercio del siglo VI d.C. en la Lusitania (Mertola, Évora, Beja). 

La relación entre la representación serpentiforme y la del león, puede adquirir un sentido apocalíptico, evocando, al final de los tiempos, cuando la gran serpiente, la muerte, termine por ser vencida, será el león, símbolo de la resunección, el que tendrá la última palabra y reducirá todo a la unidad. Encontramos representaciones de leones rampantes durante el prerrománico y durante el románico, como ejemplos cabe mencionar: Matauco, Peñacerrada, Busto, Luzuriaga, Gojain, Mendoza, Estíbaliz, etc. 

La idea de un valor funerario de esta pieza, pudiera indicar que el difunto, protegido por Cristo, representado por la cruz o por el propio león, ha alcanzado la parte más importante de su existencia, la vida eterna junto a dios, y comparte el sacrjficio de Cristo, cuyo camino sigue al pasar de la vida terrenal a la eterna.

 Sería, por tanto, una alusión a la resurrección que convierte al difunto en digno de veneración, puede ser interpretada la placa como una exaltación de la resunección. Cabe mencionar que la presencia de la palma puede indicar la presencia de un mártir por la fe que se anima a seguir el camino de la vida eterna.

 Las características técnico formales de la inscripción "VIMATIA" son de tradición visigótico-mozárabe, encuadradas en un marco cronológico entre los siglos VIII y XI. Puede estar asociada a dos símbolos sitos a la derecha de la cruz (9e) y que puede tratarse de una abreviatura asociada a la inscripción, cuya función probablemente tiene una finalidad consecratoria al difunto. 

Respecto a la procedencia arqueológica y ubicación original de la placa, presumiblemente pudo servir como ornamentación de un cío de carácter religioso. 

Pudiendo tratarse de un cancel, losa grande que separa el presbiterio de la iglesia o de una lápida de sentido funerario , planteamos la hipótesis de que pudo ser hallada en el antiguo despoblado de Cobisa, de donde tenemos constancia de poblamiento desde época romana y tardoantigua. 

En cuanto al poblamiento de cronología medieval es probable que antes de ]a reconquista cristiana este lugar ya estuviera poblado, conocemos el hallazgo de registros numismáticos pertenecientes al reinado de Alfonso I, lo que nos indica ya la circulación monetaria de patrón cristiano en este lugar en el siglo XI. 

Disponemos de una referenci a documental que cita Cobisa, que data de 1152, en un documento de Alfonso VII (Gómez Menor, 1965: 53-54), donde limita los términos de Avila y de Talavera: " ... E de fa9e a Talavera et adelante quomodo tornant las aguas a los Finojo sos, e dende a Covisa, e por todos los visos a derechas ubi sedit Inperator de pectes ... ". 

El hecho de la existencia de un núcleo habitado nos inclina a pensar en la existencia de una comunidad cristiana en el lugar, y como consecuencia la presencia de un espacio sacro dedicado al culto, donde probablemente estuviera ubicada la placa objeto de nuestro estudio y que por razones de expolia y reutilización de materiales dedicados para la construcción fuese desubicada de su contexto original. En cuanto a la presencia de una parroquia en Cobisa, Rodríguez Picavea (1996: 81), indica que ya antes de finales del siglo XIII se habían constituido ya las parroquias de Azután, Brugel, Cazalegas, Covisa, Lucillos y Sangrera.

Alberto Moraleda Olivares 
Sergio de la Llave Muñoz

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domingo, 21 de mayo de 2023

Simbología de los Elementos Ornamentales del Mundo Visigodo


Palma. 
Este motivo geométrico se documenta, sobre todo, en el sur de la península. Es posible que este motivo proceda del norte de África (Villalón, 1985: 342). Símbolo de victoria. La primitiva iglesia la adoptó para expresar el triunfo del cristiano sobre la muerte por la resurrección. Suele aparecer acompañada del monograma constantiniano, en este caso significa que toda victoria del cristiano sobre sus enemigos se debe a este nombre y a este signo. 

A partir de la Edad Media la palma se empleó como símbolo de martirio (Martigny, 1894: 614-615). Para Cirlot es también emblema de la victoria (1985: 353). Línea ondulante o Zig-zag. 

Se trata de una decoración muy común en cualquier arte geométrico. Villalón lo relaciona con el arte geométrico de Tripolitania (Argelia) desarrollado entre los siglos V y VI d.C. y dispersa su aparición en toda España.

 Rosetas. 

Aparecen representadas de dos formas: a) Roseta de cuatro pétalos lanceolados radiales. Esta figuración está relaóonada con las combinaciones geométricas a compás tan frecuentemente utilizadas en las composiciones ornamentales romanas, sobre todo en la musivaria;

 b) Roseta de ocho pétalos. Procede de composiciones inspiradas en los esquemas musivarios. 

Se trata de un emblema símbolo ligado desde la más remota antigüedad a concepciones cósmicas y religiosas. 

Es uno de los signos que más dominio ha tenido en la historia de la representación geométrica (Cruz Villaló, 1985: 318-320). Tanto las rosetas como las estrellas son formas de representación que pertenecen a la categoría de los signos centrados, están trazados en tomo a un punto central desde el que irradian sus partes componentes y del que equidistan las mismas al encontrarse la mayor parte de las veces inscritos en círculos. 

Existe una asociación simbólica con las ideas del equilibrio que se identifica con la armonía y el justo medio, equivalentes a la justicia y con las ideas del principio y fin de todas las cosas, imagen de la unidad primordial y en sentido inverso, es el centro al que han de retornar todas las cosas que han salido de él. 

Ambos signos geométricos aluden a la divinidad de modo abstracto (Cruz VilJalón, 1985: 325-326). 

El caso de las rosetas de cuatro pétalos lanceolados puede simular la representación de estrellas, estos signo debieron llevar implícito un simbolismo semejante al de Cristo o el Crismen . 

Las estrellas pueden ser símbolos de la divinidad, de la eternidad del Salvador; indican al soberano dominio que su padre le ha dado en los cielos, así como también el reino eterno que ha conquistado él mismo por su pas1on sobre el género humano (Martigny, 1894: 300). 

Para Cirlot como fulgor en la oscuridad, es símbolo del espíritu. 

Siguiendo a Bayley la estrella tiene muy pocas veces sentido singular y aparece casi siempre bajo el aspecto de multiplicidad. 

Simboliza entonces el ejército espiritual luchando contra las tinieblas. Cree que su significado dependerá de su forma, número de puntas, disposición y color (1985: 199). Globo, punto o Perla. 

El punto para Cirlot es en origen centro. Principio de la manifestación y de la emanación (1985: 377), la perla ha sido asimilada al alma humana (Cirlot, 1985: 358). 

Motivos Vegetales. 
La flor es al mismo tiempo causa y efecto, la culminación y el comienzo, lo engendrado de la planta y el engendrador de la semilla de la que crece la planta. Su forma, el cáliz, la vincula física y etimológicamente con el cáliz de la liturgia. 

La flor con frecuencia es el símbolo de la Virgen María (Baldock, 1992: 124). Triángulos. Imagen geométrica del ternario, equivale en el simbolismo de los números al tres. En su posición normal , con el vértice hacia arriba también simboliza el fuego y el impulso ascendente de todo hacia la unidad superior, desde lo extenso (base) a lo intenso (vértice), imagen o punto irradiante. 

El triángulo invertido es un símbolo complejo y ambiguo. Signo del agua, expresa la involución por la dirección hacia abajo de su punta (fuerza) (Cirlot, 1985: 448). En la iconografía moderna son considerados como símbolo de la trinidad (Martigny, 1984: 819).

 Cruz. 
En el complejo simbolismo de la cruz, que no niega ni sustituye, sino ratifica su sentido histórico en la realidad del cristianismo, entran dos factores esenciales: el de la cruz propiamente dicha y el de la crucifixión. La cruz se ofrece como una incursión del árbol de la vida paradisiaco. 

León. 
Desde la antigüedad el león ha simbolizado para los seres humanos al rey de los animales. Se creía que su naturaleza tenía una afinidad esencial con el fuego; que de sus ojos irradiaba el fuego del sol con una fuerza en cierto modo animal. La figura del león se ponía en las puertas de los templos paganos antiguos y en los tronos reales, como señal de poder y vigilancia. 

También el león representaba en algunas ocasiones poderes catastróficos. En la Biblia la imagen del león aparece con los significados positivos y negativos. En la antigüedad decían que el león mientras dormía vigilaba (de ahí la figura del león en las puertas y en los llamadores de las puertas). 

Durante la Edad Media, para explicar el simbolismo del león, se decía que las leonas parían a su cachorro muerto, pero que su padre lo despertaba al tercer día con su ali ento, como también Jesucristo fue despertado de entre los muertos. 

Suele tener una simbología positiva, siendo identificado con Cristo, "León de Judá" . El león es una animal que devora pero al que se le atribuye la cualidad de regenerar al hombre, capacitándolo para una nueva vida , porque confiere a su víctima algo de su propia potencia vital, realizando en ella una verdadera metamorfosis, por eso es símbolo de resurrección. 

Elementos serpentiformes. 
La serpiente tanto en la escena del Génesis como en la iconografía mariana en general representa el demonio, enemigo de dios y de la salvación de los hombres. 

Puede ser la representación del pecado original. Uno de los serpentiformes parece representar una bola o esfera en la boca, lo que puede hacer alusión a la bestia de siete cabezas del Apocalipsis, que según los bestiarios, se consideraba que era producido por la baba de la serpiente. 

Columna o pilar. 
En muchas tradiciones la columna o el pilar pertenecen al grupo cósmico del eje del mundo (árbol, escala, mástil y cruz). Ambos elementos unen y separan simultáneamente el cielo y la tierra. 

Cuando los israelitas salieron de Egipto para dirigirse a la tierra prometida 

« ... el Señor iba delante de ellos de día en columna de humo para guiarles el camino y de noche en columna de fuego para alumbrarles, de manera que pudieran viajar de día y de noche» (Éxodo 13:21-22); " ... Salomón levantó dos columnas de bronce en la entrada al vestíbulo del templo" (I Reyes 7:15-22). 

Dos columnas o pilares delimitando la entrada o acceso al santuario representan un estado de dualidad que se resuelve con el camino entre ambas que conduce a una nueva idea (Baldock, 1992: 139). 

En los monumentos cristianos se emplea ordinariamente la columna aislada como símbolo de la Iglesia. 

Para Cirlot en las alegorías y símbolos gráficos casi nunca aparece una columna sola, sino que son dos. Cuando están colocadas a los lados de un escudo equivalen a los tenentes (fuerzas contrarias en equilibrio tenso). 

Lo mismo si sostienen un dintel. Los dos pilares o columnas simbolizan cósmicamente la eterna estabilidad, su hueco, la entrada a la eternidad. Aluden también al templo de Salomón (imagen de la construcción absoluta y esencial). 

Recoge la idea expresada por Saunier y considera que las dos columnas que se alzan a la entrada de los templos expresan las ideas de evolución e involución, el bien y el mal. 

En algunas ocasiones esta dualidad se marcaba físicamente con la distinta naturaleza del material; según las leyendas, en el templo de Hercules en Tiro una de las columnas era de oro y la otra de piedra semipreciosa. En la tradición hebrea las dos columnas se denominan de la Misericordia y del Rigor (1985: 141). 

Para R. Barroso y J. Morín de Pablos (1995: 9) la representación de la columna está ligada al crismón y a la cruz. Especifican que el tema de la "columna universal" gozó de cierta fama dentro del mundo visigodo. 

A través de ella se puede observar el proceso de progresiva esquematización del árbol de la vida y su transformación en pilar, siendo interpretado como un paso de Jo concreto a lo abstracto. 

La columna se ha representado con sus tres partes esenciales (basa, fuste y capitel), con ciertas semejanzas a las columnas de época Visigoda, muy habituales en la escultura de Mérida y Toledo (Villalón, 1985: 177 y ss.). 

Venera. 
Probablemente representada de modo esquemático en el elemento trilobulado. Símbolo referente a la vida eterna y felicidad celestial , símbolo de la resurrección. 

La concha es la tumba, una morada momentánea que el hombre debe abandonar un día. La membrana con la que el molusco cierra su entrada en el invierno y que no rompe hasta la primavera representa la tapa del ataúd que debe ser levantada el dfa de la resurrección. En los sepulcros cristianos se observa con frecuencia la presencia de conchas marinas enteras o rotas fijadas en el exterior de los loculi

Alberto Moraleda Olivares 
Sergio de la Llave Muñoz

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jueves, 12 de agosto de 2021

El Ejercito Visigodo en la Secesión de la Narbonense (II) : Preparativos y Partida

PREPARATIVOS Y PARTIDA


La marcha de Wamba a combatir a los vascones la conocemos por el relato de Julián, pero allí no están recogidos la totalidad de los rituales que sabemos acompañaban el acto de la partida y que aparecen descritos en el Liber Ordinum, el manual visigodo de los rituales sacramentarios. 

El lugar donde se desarrollaba la ceremonia de partida del ejército hacia la guerra era la basílica toledana de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo. Una vez allí, Wamba fue hacia la puerta y fue incensado por dos diáconos. Entró en la iglesia precedido por dos clérigos portadores de la cruz y una vez dentro, con la totalidad del clero en pie y guardando silencio, el rey se postró en oración y cuando se levantó el coro cantó: «que Dios esté en vuestro camino y su Ángel os acompañe». 

Tras esto, el obispo rezó una oración donde rogaba a Dios que asistiera al rey Wamba y a su pueblo y concediese al príncipe los bienes que necesitara: un ejército valeroso, jefes leales y la concordia de los corazones para obtener la victoria y volver triunfante. Entonces, un diácono levantó una cruz de oro que contenía un fragmento del Lignum Crucis y la llevó al obispo. 

El prelado toledano le dio la cruz al rey, el cual se la dio al clérigo que tenía que llevar la cruz delante del monarca, como regia enseña, durante toda la campaña. Los abanderados se acercaron y recibieron sus estandartes de manos del obispo y cuando todos estaban reunidos fuera de la iglesia, un diácono dijo la fórmula de despedida: 

«En nombre de Nuestro Señor Jesucristo, id en paz». Tras esto, Wamba y el obispo se abrazaron, el rey montó a caballo, el clérigo que llevaba la cruz se puso delante de él y el ejército inició la marcha. Se cree que mientras la hueste se alejaba de la ciudad el clero cantaba el himno litúrgico de In profectione exercitus, que se ha conservado en el Himnario de Toledo y en el que se ruega a Dios que proteja a los monarcas que parten a la guerra con sus huestes. 

La liturgia de la despedida se completaba con las ofrendas y súplicas del rey y el ejército, que duraban hasta que la campaña finalizara. Este ritual de partida a la guerra del rey y todo su ejército era un espectáculo del poder, la ceremonia era un acto de exaltación monárquica que quería originar la admiración de sus súbditos. 

No olvidemos que los monarcas visigodos hacían la guerra en nombre de Dios porque así protegían la fe de su pueblo, la inviolabilidad de sus fronteras y la legitimidad de su soberano. Julián de Toledo, en su Historia Wambae, anota que el rey consideraba que la guerra era un juicio divino presidido por Dios y se debían evitar los excesos y saqueos por parte de los soldados. 

Los ejércitos iban a la guerra precedidos de estandartes protectores entre los que ocupaba el lugar privilegiado la cruz dorada que contenía el mencionado fragmento de la cruz de Cristo traído del Monte Calvario. 

En un principio, el servicio militar visigodo era obligatorio para los hombres libres y, al menos desde el reinado de Leovigildo, cada primavera se organizaba una leva militar, a tiempo para las campañas estivales. Wamba impuso la movilización guerrera también a los siervos. 

El núcleo del ejército era la mesnada real y otras huestes, clientelas o séquitos dirigidos por duques, condes y magnates. La mesnada del rey estaba formada por la guardia regia y los miembros de la clientela real, es decir, los fidelis regis y los gardingos. Esta clientela real servía al príncipe, le custodiaba y le vigilaba. 

Por tanto, el ejército estaba formado por dos ramas, un cuerpo profesional fijo denominado exercitus, formado por magnates y hombres de armas que constituían la oligarquía militar del reino y un cuerpo reclutado ocasionalmente con carácter forzoso u hostis, formado por tropas reclutadas para el servicio militar cuya movilización, por lo general, se producía cuando lo exigían las amenazas exteriores o los propios peligros internos. 

En estos llamamientos a la guerra se incorporaban también los nobles con sus clientes armados, que reclutaban soldados entre sus dependientes y formaban así ejércitos propios, las comitivas privadas. 

Las comitivas privadas, cada vez más importantes, fueron consideradas un proceso de ruptura con las antiguas estructuras tribales y conformarían nuevas relaciones sociales que marginaban aspectos, hasta entonces importantes, como el parentesco. Estas comitivas armadas van a mantenerse a lo largo de toda la existencia del reino visigodo de Toledo y fueron la base de su ejército ya que los reyes convocaban a estas comitivas para acompañar al ejército regular. 

El hecho de que los nobles fueran con sus siervos armados a la guerra indica que se va a ir produciendo un proceso de privatización, lo que Claudio Sánchez-Albornoz entendería como una traslación de la vinculación política a las relaciones militares, considerando que se habría producido una ‘protofeudalización’ del ejército.

 Proceso que Abilio Barbero y Marcelo Vigil consideraron de manera más amplia, como una consecuencia de la organización social en su conjunto, donde las relaciones militares debían entenderse dentro de un marco global de relaciones personales, feudales, de dependencia. 

Aunque no es el objetivo de este trabajo entrar en la naturaleza del debate feudal en relación al ejército visigodo. Volviendo a nuestro hilo argumental, la marcha al combate exigía la decisión de hacer la guerra, la planificación de la campaña. 

No sabemos cómo se había actuado en los preparativos de la acción contra los vascones, pero Julián sí informa de cómo se deciden los pasos a dar contra el usurpador Paulo, decisión que debe tomar en territorios de Cantabria, antes de llegar al campo de batalla en Vasconia. 

Hay que apuntar que la arenga a los nobles y a las tropas está en buena parte condicionada por una carta que el rebelde ha remitido al rey. Debemos hacer constar que, a pesar de la aparente coherencia de la secuencia narrativa de Julián, es posible que los tiempos hayan sido achatados para lograr un efecto dramático. En todo caso, el mensaje de Paulo es una evidente provocación:

En el nombre del Señor, Flavio Paulo, ungido rey del Este, a Wamba rey del Austro. Si ya has acabado de rondar por las peladas e inhóspitas peñas de los montes; si, como el más fornido león, has tronchado ya con tu pecho los angostos pastizales de los bosques; si ya has cortado de raíz el correteo de cabras montesas y los brincos de ciervos y la voracidad de jabalíes y osos; si ya has vomitado venenos de serpientes y víboras, repara en nos, guerrero, repara en nos, señor, amigo de selvas y roquedales.

Pues si todo eso yace abatido y tú en persona te aprestas a venir ante nos, para silenciar el poderoso canto del ruiseñor y, con ello, hombre arrogante, tu corazón asciende hasta su refortalecimiento, desciende hasta las ‘Clausuras’; ahí encontrarás un digno adversario, con el que puedas medirte en justa lid. Paulo no sabe en qué momento de la campaña contra los vascones le va a llegar su misiva al rey, pero le reta a que combata con él, un digno adversario, y no un enemigo menor, los vascones, a quienes compara con unas fieras indignas de su poderío como rey. 

Más allá de la bravuconada de Paulo, o del juego metafórico, resultaba claro que el texto pretendía poner en evidencia la misma capacidad del rey para sostenerse en el trono. Paulo se ha declarado rey del Este, donde la intencionalidad sediciosa es innegable, pero probablemente pretenda el trono visigodo, pues se atribuye el título ‘Flavio’, parte de la titulatura imperial que los reyes visigodos han adoptado para sí. 

De ahí que Wamba se vea obligado a replantearse sus planes de batalla sobre la marcha y convoque a su entorno de notables, para que decidan la estrategia a seguir, esencialmente si podían desplazarse desde allí a las Galias directamente o si debían volver a bases seguras, donde reclutar efectivos suficientes para emprender una expedición con garantías hasta un punto tan lejano, a la vez que decide arengar directamente a las tropas. «Jóvenes, habéis oído que se ha producido una calamidad y estáis al cabo de con qué valedores se ha armado el promotor de esta conspiración». 

Estas son las palabras con las que Wamba comienza su arenga. El soberano sabe cómo deben actuar pero quiere convencer a sus hombres de lo que deben hacer llegados a este punto. Para ello provoca a los suyos llenándolos de ira contra el enemigo. «Miedicas», así se refiere Wamba a sus soldados por dudar de enfrentarse a una táctica guerrera común entre los francos, la tortuga, mucho más endeble que las que ellos utilizaban. 

Las tácticas en el ejército visigodo eran importantes. Este ejército, heredero en un principio de las formas romanas, con el paso del tiempo fue evolucionando hacia formas nuevas. El problema es que partían de un manejo deficiente de la táctica militar y lo que más utilizaban eran las emboscadas y las incursiones por sorpresa, las cuales utilizaban cuando los enemigos eran superiores en número o cuando estaban mejor armados y equipados. 

En su desenvolvimiento práctico se habían servido, en origen, de pequeños grupos de siervos, soldados semi-profesionales ligados por juramento de lealtad a sus señores, los cuales pugnaban entre sí por incrementar su poder y prestigio. 

En el momento que ahora nos interesa esos cabezas de séquitos habían pasado a ser la aristocracia propietaria, fuesen germanos o provinciales hispano-romanos, que proporcionaban sus contingentes, algunos de ellos preparados y entrenados, mientras que una parte importante eran muy probablemente campesinos que actuaban como soldados solo cuando la situación era excepcional. Pero las tácticas visigodas empleadas en batalla no eran muy sofisticadas. 

Era un sistema flexible formado por la caballería y la infantería, que se organizaba dependiendo de si iban a hacer frente a un ataque o a una defensa. En las tácticas de ataque, los visigodos utilizaban su propia caballería para dispersar a la caballería enemiga y cuando lo conseguían, intentaban envolver a la infantería del enemigo para atacarla con saetas y flechas y después cargar sobre ella con lanzas y espadas. 

Si el enemigo no tenía caballería, la caballería visigoda atacaba frontalmente a la línea de infantería enemiga con venablos, lanzas y espadas, a la vez que sonaban las trompetas y se escuchaban gritos e insultos hacia el enemigo. 

En situaciones defensivas en las que podía verse envuelto el ejército visigodo tras arremeter contra una plaza fuerte, para evitar ser sorprendidos en el repliegue construían ingenios de protección en los que utilizaban setos y cestones. 

Si la defensa era en campo abierto, la infantería resistía las acometidas del enemigo y la caballería, situada en las alas, aguardaba el momento propicio para cargar contra los atacantes. Esta táctica fue muy utilizada y dio buenos resultados. 

No obstante, Wamba no se olvida en su discurso de elevar la moral de los suyos alegando que los francos no pueden resistir a los godos, ni los galos hacer algo egregio sin los visigodos. Tampoco se olvida de los problemas en el abastecimiento, para lo cual afirma que es más gloriosa una victoria con ciertas dificultades ya que, así, serían mucho más admirados por su sacrificio. 

Tal y como señala el soberano, «mientras dura la fogosidad del ánimo, no debe haber ninguna demora en la marcha; mientras la ira enardece los ánimos contra el enemigo, ninguna tardanza debe detenernos», ya que así será mucho más fuerte el ataque. Estas palabras se contraponen a lo que ocurrió cuando Paulo marchó a la Narbonense para terminar con la revuelta: «Paulo, por marchar con el ejército a paso lento, hizo flaquear al ejército por las interrupciones y retrasos». 

Si los soldados están llenos de ira, hay que aprovechar el momento para combatir con más fiereza. Sin embargo, Paulo, en su marcha, «tampoco participó personalmente en la lucha ni dirigió las primeras acometidas contra el enemigo y con semejante dilación enfrió el ánimo de los jóvenes del ardor por la lucha en que se consumían». La lucha del líder militar junto a los suyos es muy importante para demostrar su liderazgo, su valentía, su empatía y su capacidad militar. 

Así, gracias al discurso de Wamba, la furia de los soldados hacia sus enemigos fue en aumento, momento perfecto para intentar abatir al enemigo. Por tanto, Wamba termina el discurso con una idea firme, derrotar a los vascones y dirigirse, acto seguido, a la Narbonense para terminar con la revuelta y sus líderes. 

Como anota el mismo Julián, «con estas palabras se caldean los ánimos de todos y exteriorizan su anhelo de que se lleve a efecto lo que se les pide». La arenga había sido eficaz. La necesidad de una marcha rápida como garantía de eficacia es recordada varias veces en el texto y esa misma política se aplica ahora a la solución del problema vascón. 

Es indudable en el relato que la táctica a emplear se adapta a las circunstancias y características del enemigo. La campaña se ejecuta en tres fases que aparentemente se completan en siete días: un enfrentamiento en campo abierto, a continuación el hostigamiento de los emplazamientos militares fuertes donde probablemente se han replegado los restos de enfrentamiento precedente, por fin la destrucción de las aldeas o granjas. 

A lo que sigue lo que probablemente era el protocolo seguido en estas campañas contra los pueblos del norte, la toma de rehenes, como elemento precautorio ante un nuevo levantamiento, la imposición de compensaciones de guerra (tributis) y la fijación de las condiciones de paz. 

Que la campaña en la Narbonense es el objetivo esencial, y que las dimensiones de sus preparativos son mucho mayores y más exigentes se evidencia inmediatamente después, cuando, sin dilación alguna aparente, Wamba ordena su ejército en marcha hacia el foco del conflicto. Parece claro que, o bien antes de la escaramuza vascona, o en su transcurso, los primates palatii han convenido que marchar directamente hacia las Galias es la opción más conveniente. Paulo le ha anunciado en su texto que le espera en los pasos pirenaicos. 

Wamba reúne a las tropas y marcha por Calahorra hasta Huesca, probablemente es aquí donde divide a sus tropas en tres cuerpos de ejército (turmae), elige los duces correspondientes y se encaminan a los pasos claves de la cordillera donde los rebeldes controlarían los accesos. 

La turma era la unidad militar en la que se dividía el ejército de Wamba, un reparto de tropas en grupos sin un esquema concreto, donde la división en unidades menores no debe descartarse, ni tampoco que estas mantuviesen el esquema decimal romano que organizaba a los soldados en millenae, quingentenae, centenae y decenae, así como la thiufa, nombre genuinamente godo, que podía aludir a la millena de la tradición imperial.

La primera de estas unidades iría por el valle del Segre, atravesaría la Cerdaña y llegaría a Llívia, su capital, pasando cerca de la actual Puigcerdá, para desde allí entrar en Septimania por la cabecera del rio Ter. La segunda de las unidades fue por el norte de Ausona y alcanzaría la via Domitia para cruzar el Pirineo por el paso de Perthus, descendiendo por el valle del Tech hasta Ceret. 

La última de estas divisiones avanzó hacia la costa siguiendo la via Augusta. El recorrido que realizarían estas columnas que formó Wamba sería, la primera 662 km, la segunda 656 km y la tercera 749 km. El grupo de expedicionarios del rey iría en la retaguardia de estas unidades. 

Hemos anotado que antes de relatar las características estratégicas y tácticas del combate nos interesaba la marcha expedicionaria y esta debía ser ordenada. La intendencia era un punto importante y la disciplina no lo era menos. 

Hacer acopio de los abastecimientos para el ejército y repartir las vituallas necesarias para las tropas que marchan al combate corresponde al annonarius y al erogator annonae. Estas figuras tenían una radicación urbana y se encargaban de las requisas imprescindibles en su demarcación para atender tanto a las tropas que se acantonaban como a las que estaban de tránsito hacia el frente, por supuesto atendían a las necesidades de la marcha en el tramo correspondiente. 

Su eficacia dependía de un buen ajuste logístico pero, igualmente, de un control estrecho del cumplimiento de su cometido. La legislación visigoda recuerda que en muchas ocasiones el erogator annonae se quedaba con aquellos bienes que estaban destinados al abastecimiento, estableciendo que si se daba esta situación, los culpables debían entregar por cuadruplicado los bienes sustraídos. Pero no solo se atendía al abastecimiento de alimentos y productos necesarios para el día a día de los soldados en la guerra, también era importante el abastecimiento de armas. 

Gracias a su epitafio fúnebre, conocemos la figura de Opilano, un soldado de cierto rango a quien, en el año 642, se le encargó llevar un conjunto de proyectiles o iacula para abastecer al ejército que combatía en el frente vascón. En el desarrollo de los acontecimientos fue herido y falleció al regreso en su domicilio en las proximidades de Córdoba. 

Esta legislación contempla otras casuísticas que podían poner en peligro una expedición. Caso de los sobornos hacia los jefes (prepositi) del ejército para abandonar filas y volver a casa. Incluso, en ocasiones podían ser los propios jefes del ejército los que abandonaban la campaña militar, siendo en ese caso castigados con la pena capital o, dependiendo de la gravedad de la acción, teniendo que pagar una cierta cantidad de dinero, repartido después entre los antiguos componentes de la unidad que dirigían. También se contempla el abandono de la hueste por parte de los jefes del ejército o la negativa a ir a una campaña estando sano.

Casuísticas todas que conllevaban castigos tanto si los infractores eran hombres sin rango como oficiales con mando. Por supuesto, el ejército debe guardar en su marcha una serie de comportamientos que sabemos eran trasgredidos habitualmente: saqueos, destrucciones o agresiones sexuales eran comunes. Julián anota en su relato como Wamba se vio obligado a atajar estos comportamientos:

En vista de que una indecorosa ansia de rapiña no sólo embotaba a los nuestros, sino que incluso con el incendio de las casas perpetraba el pecado del adulterio, el mencionado príncipe castigaba con tal rigor disciplinario el pecado cometido por ellos, que pensarías que les imponía sanciones más severas que si contra su persona hubieran procedido hostilmente. Prueba de ello son los prepucios cortados de algunos violadores, a los que impuso esta pena en castigo por su fornicación.

Los saqueos y el ansia de rapiña de los soldados sobre las poblaciones sometidas eran muy frecuentes, como el texto muestra tanto sobre el pueblo vascón como en las ciudades sucesivamente tomadas en la Tarraconense y la Narbonense. Las leyes recogen diferentes penas sobre estos delitos. 

Especialmente severas en el caso de los que yendo en expedición se apropian de algo ajeno, quienes deberán devolver el cuádruple de lo robado, si no pueden afrontar ese pago devolverán lo robado y recibirán 150 azotes, 200 en caso de ser siervos que actuasen sin conocimiento de sus dueños. 

La norma se sitúa dentro de una serie de leyes sobre la represión de robos y saqueos donde se contemplan algunas casuísticas que pueden ser de interés, como la defensa de los intereses de los propietarios, de sus bienes y de sus siervos, precauciones que afectarían a los plazos de los juicios o a la demora en la ejecución de indemnizaciones por parte de aquellos que se encontrasen in expeditione publica. 

Este tipo de acción depredatoria sería la más frecuente, muchos soldados se quedarían para sí una parte de los bienes sustraídos y, a veces, delataban a sus compañeros de rapiña.

 A muchos de los saqueadores sus acciones les han traído muchos problemas e, incluso, la muerte. Ejemplo de ello lo tenemos en el asalto a Nimes: Y cuando les dio la impresión de que les seguían algunos de los nuestros, que se habían entregado a la rapiña, tan pronto se adelantaron hasta allí, mueren degollados, antes de que lograran introducirse en la fortaleza de las Arènes. 

Pero muchos de nuestra tropa, que se habían quedado fuera ávidos de botín, cayeron abatidos a tajos de espada, no por hacer gala ante los demás de un valor extraordinario, sino (según el proceder característico de los salteadores, pues sabían que se habían acercado hasta la fortaleza de las Arènes con las miras puestas en el botín) como si con ello doblegaran con más facilidad a quienes habían encontrado divididos y no dos a la vez contra uno.

arece que Wamba estaba personalmente empeñado en no dejar impunes a los que llevaban a cabo estas acciones e imponer el rigor de la disciplina: Con que el resultado de la guerra está próximo y vosotros os divertís mancillando vuestra alma. 

Estoy seguro, ya estáis cerca de la prueba decisiva del combate; mirad que no perezcáis víctimas de vuestras sordideces. Si yo no castigo esta depravación, me voy de aquí atado. Llegaré hasta ser acogido en el justo juicio de Dios, si, viendo la perversidad del pueblo, no la reprimo. 

De ejemplo debe servirme aquel sacerdote Elí, mencionado en las Sagradas Escrituras, quien, por no querer increpar a sus hijos por la monstruosidad de sus fechorías, oyó que murieron en combate y él mismo expiró en pos de sus hijos con el cuello quebrado. 

Así, pues, estas cosas debemos tomarlas en serio y, por tanto, si seguimos limpios de pecado, no habrá duda de que obtendremos el triunfo sobre el enemigo. Bajo esta disciplina que hemos descrito, el mencionado rey, que guiaba gloriosamente al ejército y contenía la moral de cada uno al amparo de las normas divinas, veía con el correr del tiempo que prosperaba su propuesta de lucha y la victoria en el combate.

file:///C:/Users/L/Downloads/18447-Texto%20del%20art%C3%ADculo-66685-2-10-20190116%20(2).pdf 

martes, 10 de agosto de 2021

El Ejercito Visigodo en la Secesión de la Narbonense (I)

RESUMEN: La fuente más importante para conocer cómo era el ejército visigodo en la segunda mitad del siglo VII es la Historia Wambae de Julián de Toledo, obra literaria y retórica creada para mayor engrandecimiento del rey Wamba, pero que nos proporciona una información única sobre las campañas militares de este monarca, la que le enfrentó a los vascones y, en especial, la que llevó contra el rebelde Paulo. 

El autor no se conforma con exaltar al rey, su relato pormenorizado es un testimonio excepcional sobre el desenvolvimiento estratégico de un ejército tardoantiguo en campaña y un documento único para conocer la estructura y el comportamiento de los ejércitos visigodos; así como el ceremonial asociado a la guerra y a la victoria.

Pocas fuentes post-romanas han dedicado una atención tan pormenorizada a la descripción de una campaña militar como el relato que el obispo Julián de Toledo construyó a finales del siglo VII para dar cuenta de la represión llevada a cabo por el rey visigodo Wamba contra la provincia rebelde de la Narbonense1 . Wamba era ya un anciano cuando en el año 672 fue forzado por sus colegas nobles a aceptar su nombramiento como rey . 

El relato de esta elección, que, según Julián, se habría producido en la localidad de Gerticos, en el territorium de Salmantica, a unas 120 millas de la ciudad regia, se atiene a las exigencias que la legislación visigoda consideraba legítimas para dar por buena la designación, lo que se vería confirmado por el hecho de que Wamba aceptó ser rey solo a condición de que su nombramiento fuese confirmado en Toledo mediante la unción episcopal, que sería llevada a cabo en la iglesia dedicada a san Pedro y san Pablo en el Pretorio, donde, de acuerdo al ritual, prestó juramento de fidelidad al pueblo y luego recibió sobre su cabeza el óleo sagrado de mano del obispo Quirico . 

Una vez ungido, Wamba necesitaba conseguir fama y prestigio para obtener el apoyo de la nobleza guerrera y para estrechar vínculos con los hombres de armas. La mejor manera de hacerlo era promover una campaña, a poder ser una campaña rápida y victoriosa, que además de reportarle prestigio personal contentase las ansias de botín de los combatientes . 

La oportunidad se la proporcionó uno de los periódicos levantamientos de los pueblos de la orla cantábrica, en este caso de la población vascona. Situación que se iba a complicar porque, cuando se aproximaba a las inmediaciones del territorio vascón, a finales de la primavera del 672, tuvo noticias de un levantamiento en la provincia de la Narbonense. 

La iniciativa de este levantamiento en la provincia más periférica del Imperio había partido del comes de Nimes, un godo de nombre Ilderico, aunque Julián asume que se trataba de un rumor . 

La iniciativa habría sido secundada por Gumildo, obispo de Maguelonne, y Ranimiro, un abad de ubicación incierta que, al igual que el anterior, parece también un godo. La implicación religiosa en la revuelta parece evidente por cuanto Ranimiro habría sido anticanónicamente ordenado obispo de Nimes al tiempo que Aregio, su titular, habría sido expulsado de la sede al negarse a secundar la revuelta . 

Una iniciativa presumiblemente apoyada por los francos, esa es la procedencia de los obispos que ordenan a Ranimiro, y que, en principio, sería una muestra del descontento de una provincia periférica que se sentía relativamente marginada de las decisiones de Toledo . 

Posiblemente su aristocracia habría sido ignorada en la reciente designación de Wamba como rey. Los rebeldes parecen haber tenido un relativo éxito inicial, enseguida se apoderaron del espacio entre Nimes y el Mons Camelis (Montcamel, Hérault). La revuelta sería, en ese momento, un problema localizado y poco importante, de hecho, la capital, Narbona, no parece implicada. Sin embargo, ocupado en los preparativos de la campaña vascona, Wamba encargó al dux Paulo, un personaje del entorno del rey8 , aunque no sabemos si tenía mando sobre un espacio concreto, la contención de la revuelta. 

Pero Paulo, «tentado por la ambición del poder» , y sabedor de las dificultades que Wamba tendría de combatir simultáneamente en dos frentes tan alejados entre sí, parece haber decidido usar de la revuelta en su propio beneficio, momento en el cual los acontecimientos van a dar un giro radical. Paulo se gana para su causa sediciosa al dux de la Tarraconense, Ranosindo, y a un gardingo de nombre Hildigiso. 

Con todo, de momento, fingiendo fidelidad, se dirige hacia la Narbonense a luchar contra los seguidores de Ilderico, pero desenmascarado por el obispo de Narbona, Argebado, se declara abiertamente en rebeldía. Para Orlandis, el motivo de esta sublevación era, inicialmente, secesionista. 

La unión del duque de la Tarraconense convirtió la revuelta en más ambiciosa, siendo la constitución de un reino oriental el primer paso hacia el objetivo de derrocar a Wamba y encumbrarse como rey de la monarquía goda, por lo que era un verdadero intento de deponer al rey. 

Julián es claro, «para erradicar de inmediato el nombre de los sediciosos, destina un ejército a las Galias al mando del duque Paulo». El título de dux es uno de los pocos mandos militares que se recogen en la obra, quizás intercambiable por el genérico praepositi exercitus o praepositi hostis de la legislación civil.

Aunque es posible señalar otros mandos existentes en el mundo visigodo que, o bien ayudaban al dux o complementaban su trabajo, son los comites civitatis, que contarían con el auxilio de al menos un praepositus comitis o un comiti exercitus, el vicarius y el gardingus16, los spatarii17, sin olvidar evidentemente a los oficiales de tropa que veremos más adelante. 

El relato de los acontecimientos, la campaña militar de Wamba, primero contra los vascones, luego contra Paulo y todos los que se le suman, en la que a la postre parece la revuelta más organizada de todo el siglo VII, constituye una secuencia narrativa excepcional que culmina con la derrota de los rebeldes y la celebración del triunfo en Toledo. 

Lo que ahora nos interesa no van a ser los detalles de ese enfrentamiento, sino los elementos simbólicos y prácticos de la campaña militar misma.

 Los preparativos, la partida, las formas de combatir y la estrategia de los combates, el aprovisionamiento y la celebración. 

A través de ellos intentaremos comprender el trasfondo de la práctica guerrera en el tardío reino toledano.

file:///C:/Users/L/Downloads/18447-Texto%20del%20art%C3%ADculo-66685-2-10-20190116%20(2).pdf

jueves, 10 de junio de 2021

El Último Arriano

Corría el año 610 de nuestra era cuando en Toledo existían acaloradas discusiones entre católicos y arrianos. 

Ya hacía varios años que el rey Recaredo había oficializado el catolicismo como religión del reino. 

Pero ahora, llegado al trono Viterico, se proponía reinstaurar de nuevo el arrianismo. 

Por eso los cristianos censuraban la intención del monarca, aportando importantes razones que iban en beneficio de la cultura y del bienestar del pueblo godo. 

Los partidarios del arrianismo, por su parte, elogiaban las radicales medidas del monarca, mostrando descaro e insolencia. 

Pero afortunadamente éstos últimos eran los menos, pues la sociedad visigoda había comprobado en los últimos años las excelencias del catolicismo, y veía en su líder al principal enemigo del reino.

Witerico, rey de los Visigodos (Museo del Prado), por Benito Soriano Murillo

Las referidas discusiones se desarrollaban primero en los palacios de los nobles godos, directamente descendientes de Recaredo, pero con el tiempo se extendieron a las calles, plazas y mercados.

Conociendo Viterico el peligro de su impopularidad, se esforzaba en mantener satisfecha a la guardia real, temiendo ser algún día el blanco de las iras públicas. Pese a ello no había abandonado su vida libertina, ocupado en acudir a numerosas fiestas y en relacionarse con mujeres de dudosa reputación.

El descontento popular creció ante esta conducta licenciosa y frívola, y los nobles y vasallos comentaban persistentemente la necesidad de eliminar al miserable Viterico por el bien del reino.

La ocasión se presentó en uno de los numerosos banquetes que el arriano organizó en los salones de su palacio. A él estaban invitados todos los miembros de la nobleza toledana, que, como ya dijimos, hacía tiempo que detestaban al rey. Reunidos todos los comensales, y presidido el banquete por el propio rey, transcurrió el convite sin incidencias. 

Pero finalizado éste, y de improviso, numerosos nobles acompañados por sus sirvientes rodearon al sorprendido Viterico, que inmediatamente después moriría acribillado a puñaladas. Nada pudieron hacer los escasos vasallos fieles al rey, que con estupor habían presenciado todo lo ocurrido.

Los nobles, acto seguido, entregaron el cadáver al pueblo, que lo arrastró por todas las calles de la ciudad para después enterrarlo en un lujar alejado y que se desconoce.

Este fue el fin del último arriano.

Sobre relato de Juan Moraleda y Esteban
https://www.misteriosdetoledo.com/el-ultimo-arriano/

domingo, 8 de noviembre de 2020

Favila: la absurda muerte del rey español hijo de Don Pelayo a manos de un oso furioso

Cuenta la tradición que el sucesor del vencedor de Covadonga apenas reinó dos años y falleció devorado por un animal salvaje

Tres líneas de un texto medieval de más de dos centenares de páginas bastaron al monarca Alfonso III para narrar la vida de un personaje tan desconocido como olvidado por la historia. 

En las dos versiones de la crónica que, se cree, elaboró el rey astur con sus propias manos (la Rotense y la Ovetense), apenas se especifica que Favila, hijo del mitificado Don Pelayo, «ocupó el puesto de su padre» después de que este falleciera. Poco más añade además de que «vivió breve tiempo» y que «fue muerto» en extrañas circunstancias en el 739 «por un oso en el segundo año de su reinado».

A partir de esta escueta reseña, y de algún que otro dato más, se ha forjado el mito de Favila (o Fafila) y del animal que le dio muerte. Leyenda que se extendió a lo largo y ancho de España durante décadas y que se grabó en la mente de la sociedad hasta tal punto que, en el siglo XIX, diferentes medios de comunicación se hicieron eco de la aparición de los restos de «un oso muy grande en estado fósil». «Con doctórica seguridad afirman los aldeanos de la comarca […] que perseguido muy de cerca desapareció, cayendo en una cueva que cuidaron de tapiar para que el animal muriera sitiado por el hambre».

Cambio de rey

Entender esta curiosa historia requiere retroceder en el tiempo hasta la aparición de Don Pelayo en una península tomada, en gran medida, por las tropas musulmanas. Narra la crónica de Alfonso III que, en el año 714, «un cierto Pelayo, que había sido espatario de los reyes Vitiza y Rodrigo, agobiado por la dominación de los ismaelitas, se metió en Asturias». 

Munnuza, gobernador entonces del norte de Hispania, debió ver en él a un enemigo, pues mandó a un ejército en su busca y le obligó a marcharse, a todo galopar, hacia las montañas. Allí se proclamó príncipe de los cristianos que resistían, algo que, según se recoge en el texto, generó una «ira vesánica» al árabe.

Don Pelayo

Lo que sigue es más que conocido. Munnuza envió una hueste al norte para enfrentarse a los revoltosos y sufrió una derrota tan escalofriante como mitificada en Covadonga. Según la crónica, en la batalla «fueron muertos 124.000 musulmanes» primero, y 63.000 más después, en una colina cercana. 

Cifras que hoy se han confirmado exageradas, pero que denotan la importancia que tuvo en la época aquella contienda. Para Alfonso III, aquel fue el evento clave de la vida de Pelayo, pues después apenas le dedica unas líneas más en las que explica que casó a su hija con «Alfonso, hijo de Pedro, duque de los cántabros» y que falleció «de muerte natural».

La mayor parte de los textos de época coinciden en fechar la muerte de Don Pelayo durante el año 737 en Cangas de Onís. Poco más se sabe más allá de que dejó este mundo como monarca tras casi dos décadas (diecinueve años) de reinado. 

Y hete aquí la llegada de Favila al trono, según desvela tanto la citada Crónica de Alfonso III (en sus dos versiones) como la Crónica Albeldense (la más antigua de las asturianas, terminada en el 881 y predecesora de la elaborada por el rey). Ambas coinciden en que pasó de perfil por la historia.
Extraña vida y rara muerte

De las dos versiones de la Crónica de Alfonso III, la más escueta es la Ovetense. Esta, al igual que la Albeldense, determina que «tras él [Pelayo], su hijo Fafila ocupó el puesto de su padre». A su vez, desvela que «vivió breve tiempo» y que «a causa de una ligereza fue muerto por un oso en el segundo año de su reinado, en la era 777 [año 739]». 

La Rotense, no obstante, ofrece un dato más: «Edificó, en una obra admirable, una basílica en honor de la Santa Cruz». El hecho es clave para el fallecido medievalista Juan Ignacio Ruiz de la Peña Solar.

En un dossier sobre el personaje elaborado para la Real Academia de la Historia, el versado experto incide en que este primitivo templo, reformado en el siglo XVII y destruido en la Guerra Civil, «inauguró en el naciente reino de Asturias un culto a la Santa Cruz que enlaza directamente con la tradición visigoda y que, muy pronto, se manifestaría pródigo en dedicaciones piadosas y manifestaciones artísticas tan extraordinarias como la Cruz de los Ángeles (808) y la Cruz de la Victoria (908)»

.

Ruiz de la Peña explica también que, a pesar de que el epígrafe original de consagración del templo (una suerte de leyenda en la que se incluían datos como el rey que había ordenado su construcción) se perdió, existen transcripciones que nos aportan más datos de la vida de Favila y sus antepasados.

El primero es el año en el que murió Don Pelayo, 737, el mismo en el que fue levantada la iglesia; el segundo, «la existencia de la esposa de Favila, de nombre Froiliuba, y de sus hijos, a los que hay que suponer de corta edad a la muerte de su padre, lo que explicaría su exclusión de la sucesión a favor de Alfonso, yerno de Pelayo». Todos ellos, según explican los historiadores, habrían sido enterrados en el mencionado templo.

A partir de aquí solo podemos suponer los pormenores de su muerte. En «Historias de Idacio obispo, que escribió poco antes de que España se perdiese» (alumbrado por Prudencio de Sandoval en el siglo XVII), se especifica que «el rey Favila» quiso ir de montería «sin quitarse el saco de malla que traía, con el pavés en la mano y la espada en la cinta». Narra también (en un texto recogido de forma magistral por Javier Iglesia Aparicio en «Condado de Castilla») que su mujer intentó disuadirle porque le sabía cansado de pelear, pero que no lo consiguió. Aquella locura le costó la vida.

«El rey subió por un monte que está cerca de la vega […] metióse en un vallecillo […] y yendo sólo se topó con un oso; osada y atrevidamente, soltando el pájaro que llevaba echó mano de su espada y embrazó el pavés, cerró con el oso dándole una estocada por los pechos o hijadas, más no bastó en quitar al oso que no se abrazase con el rey, y le hiriese hasta matarle sin tener quien le ayudase. En el lugar donde los suyos le hallaron muerto está hoy una cruz».
«Oso regicida»

Lo que tenemos por seguro es que la historia de Favila y el oso ha pasado de generación en generación a lo largo de los siglos. El ejemplo más claro de ello lo ha expuesto el profesor y estudioso de las tradiciones orales José Luis Garrosa Gude en el dossier «La muerte del rey Favila: huellas de su osadía en la prensa decimonónica», elaborado para el Centro Cervantes Virtual. En el mismo estudio rescata dos artículos publicados en la prensa decimonónica que hacen referencia al descubrimiento de los supuestos restos del «oso regicida» cerca de una iglesia.

El primer texto se pudo leer el 5 de abril de 1880 en el periódico carlista «El siglo futuro»:

«De Asturias nos escriben que en Covadonga, en una cueva, y en el lugar donde se hacen los cimientos del magnífico templo que el señor obispo construye, apareció no ha muchos días un oso, muy grande, parte de él ya en estado de fósil. Cuenta la tradición, y con doctórica seguridad lo afirman los aldeanos de la comarca, que perseguido el oso regicida […] muy de cerca desapareció, cayendo en una cueva que cuidaron de tapiar para que el animal muriera sitiado por hambre. 

Si no señalaban el lugar donde acaeció el suceso, contaban aquello al menos, añadiendo que era el regicida un oso mayor que los que acostumbraban a ver por aquellos lugares. Así cuando apareció este, cuyas señas convienen con las de aquella voz pública, vio en él al mismo que mató a Favila. Y no admiten en ello duda los aldeanos de la comarca»

.
Favila

El segundo periódico en el que apareció la noticia fue «La lucha». En un artículo publicado el 9 de abril de 1880, el diario especificaba que «según noticias de persona verídica, en una de las muchas grietas y pequeñas cavernas que se han descubierto en las fundaciones del nuevo templo de Covadonga» había sido hallado el cadáver de un «oso de grandes dimensiones, perfectamente petrificado». 

Y sentenciaba: «La magnitud de la bestia, el sitio donde ha aparecido y la remota antigüedad que revela su estado fósil ha dado margen a que varias personas aficionadas a reconstrucciones históricas traten de ver en dichos restos al oso que, según la tradición, mató a D. Favila».

Manuel P. Villatoro
https://www.abc.es/historia/abci-favila-absurda-muerte-espanol-hijo-pelayo-manos-furioso-202010220107_noticia.html

jueves, 22 de octubre de 2020

RELIEVES DE EPOCA VISIGODA: La Placa de Las Tamujas en Malpica de Tajo (I)

La placa de Las Tamujas (Malpica de Tajo, Toledo) 


En el Museo de los Concilios de Toledo y de la Cultura visigoda se exhibe un relieve visigodo de considerable interés, tanto por su importancia altística como, más propiamente, por su valor iconográfico, al tratarse de uno de los escasos ejemplos conservados de relieve figurado dentro de la plástica visigoda. 

Publicado en 1955 por A. Palomeque Torres 

Como resultado de los trabajos desarrollados en la villa de Las Tamujas 2, es extraño el escaso interés que ha despertado. quizás debido a lo enigmático de la representación y a la falta de paralelos claros que permitieran una soluci6n concluyente. 

La pieza en cuestión, de piedra caliza o mármol azulado, fue encontrdda hace unos años sobre el terreno de cultivo, a unos 200 m. de las ruinas de la iglesia. Sus dimensiones son: 43 cm. de longitud, 30 cm. de anchura y 5 cm. de grosor. 

La decoración está ennmarcada a ambos lados por crucetas o rosetas de cuatro hojas a manera de cruz griega, dentro de unos círculos tangentes inscritos en recuadros sucesivos. Dentro de c:ste marco, el artista ha tallado una figura bajo una venera cuya charnela es una esvástica o rueda solar de brazos CUIVOS. 

Esta venera o concha está sostenida por dos columnas de fuste sogueado. En el centro, ocupando la parte principal de la placa, enmarcado a la vez por rosetas y por amhas columnas, se ha tallado la figura humana a que antes nos referíamos, entre tallos vegetales que ocupan los lados inferiores de la placa. 

El personaje en cuestión lleva el cabello largo, con peinado rematado en bucles y hace ademán de mostrar, con su mano derecha, una trifolia o, mejor, un ave que desciende. 

Esta figura ha presentado algunas diferencias de interpretación entre los diversos autores que se han ocupado de su estudio, dada la ingenuidad del trabajo de talla. Sí está clara sin embargo, a pesar de su esquematismo, la trifolia que se ha tallado en el torso de la figura. Ésta parece surgir de una serie de ondas que ocupan la mitad inferior de la placa, cubriendo al personaje hasta su cintura. 

La decoración de los biseles está muy marcada con Intención evidente de forzar el clásico efecto de claroscuro característico de la escultura decorativa visigoda. 

Las interpretaciones de esta escena varían entre los distimos autores. 

Según Palomeque Torres, a quien parece seguir Matilde Revuelta, estaríamos ante la representación de una "divinidad, posihlemente agrícola, salida de las aguas, las cuales. junto con la luz y el calor solar, daría vida a las plantas representadas por los tallos y las tres hojas que aparecen junto a la mano derecha 

Yacimiento arqueológico "Las Tamujas" Malpica de Tajo

Por el contrario, Isabel Zamorano se inclina, más acertadamente. por incluirla dentro de un contexto cristiano, de forma que, en su opinión, se trata más bien de la representaci6n de una figura importante, quizá alguna dignidad eclesiástica bendiciendo o sermoneando ex-cátedra, ya que la parte que cubre la mitad inferior de la figura bien pudil'w ser la representación tosca de un cancelo ambón visigodo, y en cuanto a la parte posterior sobre la que destaca la figura bien parece representar una venera, cancel o exedra ...  

Es decir, para dicha autora, esta figura "pudiera interpretarse por una dignidad eclesiástica o representación de un santo o predicador, ya que más bien parece una vara florida o báculo lo que sostiene entre ambas manos 4.

Una interpretación similar parece dar J.J. Storch, según el cual el personaje en cuestión sería una alta dignidad de la época 

Tanto Palomeque como Zamorano coinciden en frxhar esta pieza dentro de la séptima centuria, no así M. Revuelta, que se decide por una cronología anterior, entre los siglos V y VI ( Fn cuanto a su posible funcionalidad, tan sólo Palomeql..le apunta la posibilidad de su utilización como placa de cancel "'. 

Antes de comenzar a dar una lectura de la decoración esculpida en esta placa, queremos hacer notar la similitud formal que presenta la composición de esta placa con la serie de nichos y nichos-placas de época visigoda estudiada por varios autores . 

En ambos casos se trata de relieves enmarcados por columnas y cobijados bajo una venera. Los motivos representados son, exclusivamente, el tema del Árbol de la Vida y el Crismón, en sus más diversas variantes. 

Creemos haber demostrado ya en otro lugar que ambos motivos obedecen a la misma idea de imentar plasmar la noción de Dios, constituyéndose en un perfecto sustituto del propio concepto ele divinidad . 

A la hora de estudiar la placa de Las Tamujas hahrá que tener, pues, muy en cuema estos precedentes. Indicábamos entonces que este tipo de representaciones deben interpretarse como símbolos del Templo ierosolimitano y que, por tanto, aparecen en los nichos y nichos-placas en cuanto reducción del sancta sanctorun de las iglesias . 

En otras palabras. las iglesias visigodas de la séptima centuria se establecen siguiendo el arquetipo simbólico de la Jerusalem Celestial descrita por san Juan en el Lihro del Apocalipsis 11; de este modo, los nichos, como elementos que acaparan el carúcter más sagrado del templo, no son más que una imagen alegórica del Templo salomónico, es decir, de! propio Cristo (Jn.lL 19-22). 

De hecho, las mismas columnas sogueadas (salomónicas) que enmarcan estas piezas representan las dos columnas que remata han el Templo de Jcrusalem, Jakir! ("Estahilidad,,) y Boaz ("Fortaleza,,) (1 R.VIl, ISss.; 2 C.IlI, 16s.) 

No hay ninguna duda, pues, en ver en el personaje representado en la placa de Las Tamujas a la figura de Cristo, el nuevo Templo espiritual profetizado por Isaías (Is.LIV y LXV!) Y Ezequiel (Ez.xL-XLIV) y testimoniado por San Juan (Jn.n, 19-22; Apoc.XXn. 

Esto queda reafirmado por la decoración lateral a base de cruces. Más adelante volveremos de nuevo sohre el tema. Por ahora interesa dar una correcta lectura de cada uno de los elementos tallados en la placa para. posteriormente, intentar interpretar la escena con exactitud

En primer lugar, hay que destacar e! simholismo de la venera y la esvástica como plasmación de la bóveda celeste y del mismo sol 11 que, en el arte cristiano de los primeros tiempos, se asocia a Dios, especialmente en e! sentido ele nuevo Sol imActus 1:1. 

A este respecto, conviene tener en cuenta el paralelismo con otras esculturas de la época y, muy significativamente, con el clípeo del Sol de la iglesia burgalesa de Santa María de Quintanilla de las Viñas donde, igual que aquÍ, cabe interpretarse como una imagen de Dios Padre  

Este simholismo del astro rey como figura de! Dios cristiano tiene su hase en la interpretación de las Escrituras, especialmente del pensamiento de San Juan \1. La esvástica I() como símbolo cristiano 

de Dios se encuentra ampliamente representada en el al1e \'isigodo, destacando las tallas de las iglesias de San Pedro de la Nave y San Juan de Baños (en la inscripciún de Recesvinto) incluso, en algunos objetos de carácter más popular y de uso cotidiano como son los broches de cinturón () en algún anillo, con evidente sentido apotropaico 

En cuanto a la trifolia, resulta evidente su sentido trinitario y, dada su profusa ap:lrición en la mayoría de los nichos de la época, de representación alegórica del propio Dios. 

Este simholismo es el que vemos representado en otras muchas piezaS visigodas, entre las que destacan los rdieves de la iglesia zamorana de San Pedro de la .\Jave, e-"pecialmente en la imagen de san Felipe . 

A tenor de lo dicho hasta ahora, parece claro que la placa de Las Tamujas es una imagen de la di\'inidad trinitaria en la que el Padre eterno ha quedado simbolizado por el sol. el Espíritu Santo por la trifolia (?) que muestra la figura, si es que no se trata en realidad, como pensamos, de una paloma torpemente ejecutada. 

En cuanto a Cristo, éste aparece representado en cuanto lo permite su encarn~lción, su naturaleza humana, ya que de otro modo no se ~.'oncihe una plasmaciún m:ltlTial, siendo entonces simbolizado por el Crismón o una imagen análoga. Aun así, para remarcar su naturaleza divina, el autor talló una trifolia en el torso de la figura .

Desde este punto de vista, la escena parece cobrar un nuevo sentido. La figura de Cristo se halla, efectivamente, dentro del agua, tal como pensaba palomeque Torres, que es lo que parecen indicar las ondas que ocupan la mitad inferior de la placa y que encuentran cierta semejanza iconológica con la representación de Daniel en el foso de los leones de San Pedro de la Nave . 

No existe ningún paralelo exacto de esta pieza dentro del arte visigodo y el más c~rcano que conocemos pertenece ya al pleno románico, pero donde se observa un tratamiento de las aguas muy similar: se trata de un capitel de la iglesia de Santa María de rEstany con representación de la escena del Bautismo de Cristo . 

El relieve de Las Tamujas parece estar basado de alguna forma en la lectura de Ezequiel (Ez.XLVII) y en la exégesis que se hace de las aguas que brotan a borbollones y que no es otra que un símbolo de la propia Iglesia, a la que se accede por el hautismo. 

La presencia de los tallos vegetales a ambos lados, que preferimos interpretar como juncos o, mejor aún, siguiendo a Ezequiel, como árboles, indican efectivamente que la escena se desarrolla en el interior de un río. Esto sólo tiene, a nuestro entender, una interpr~tación posible: estamos, sin lugar a dudas, ante una representación del Bautismo de Cristo en el Jordán 25 (Mt.III, 13-17~ Mc.L 9-11; Lc.lIl, 21-22 y Jn,], 29-34). 

El paralelo con el texto del profeta hebreo sirve además para mostrar el cumplimiento de su visión profética y se puede interpretar, muy probablemente, como un mensaje destinado a frenar el proselitismo judío. 

El episodio bihlico del bautismo de Jesús tiene una importancia capital ahadida para el cristiano por cuanto es el momento de la revelación del Misterio de la Trinidad, el Misterio por excelencia de la fe católica. 

Como epifanía de la Trinidad se muestra en el mandato de bautizar en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo (MLXXVTII, 19) y este carácter eminentemente trinitario se observa en el simbolismo que tiene en san Isidoro (quien lo toma a su vez de Tertuliano y Jerónimo) la forma ideal de baptisterio 2-l. 

Su aparición en el arte visigodo no debe extrañar puesto que. a partir de la conversión de 589, tiene lugar un auge significativo de las imágenes trinitarias que ponen de relieve la divinidad de la Segunda Persona. negada tiempo atrás por la herejía arriana y amenazada por el entonces activo proselitismo judío. 

https://realacademiatoledo.es/wp-content/uploads/2014/02/files_anales_0031_03.pdf
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