lunes, 1 de diciembre de 2014

Toledo: En un Callejón sin Salida

EN UN CALLEJÓN SIN SALIDA 

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La trama urbana actual de nuestra ciudad esconde, generalmente de forma sutil, recuerdos de su vieja disposición de calles, plazas y adarves. Recuerdos de otra forma de organización de casas y edificios, y de los caminos de acceso y circulación entre ellos. Existen, aún todavía, marcas indelebles de como estaban dispuestos los viales en otros tiempos.

Resultado de imagen de Toledo: En un Callejón sin SalidaA veces una sola marca no dará suficiente información como para poder recrear de nuevo, en nuestra imaginación, lo que el paso del tiempo borró, pero si tenemos la suerte de poder encadenar varias piezas del puzle entonces, ante nuestros ojos, se abrirá con facilidad una ventana al pasado.

Existe en el Callejón de los Bécquer una portada de traza sencilla, con su vano tabicado hace ya tiempo y huérfana de su portón.

 Cierra el paso esta portada, dispuesta como la puerta de una tapia, a lo que parece inicialmente un desangelado pasillo, un adarve abierto entre edificios con historia, en su lado izquierdo lo que en tiempos fue una pensión donde al parecer vivieron los hermanos Gustavo Adolfo y Valeriano Bécquer, y en el lado derecho un abandonado palacete con artesonados y yeserías.

Sin embargo este callejón, que serpentea en forma de L, presenta en su codo un antiquísimo paramento, aparejado con ciclópeos sillares de caliza y granito, muy castigados por el paso del tiempo, formando un paredón monumental diseñado sin género de duda para quedar visto hacia una calle.

Resultado de imagen de Toledo: En un Callejón sin SalidaÉste pétreo cerramiento, estudiado hace unos años por el arqueólogo Arturo Ruiz Taboada, marca la traza de una posible calle de época romana.

Al fondo de este callejón sin salida, se abre la boca de una potente bóveda de ladrillo, en su interior, y dispuestas de forma aleatoria en sus paredes, se abren varias hornacinas cegadas con grandes sillares.

Existe un segundo detalle que refuerza la hipótesis de una posible calle de la Toletvm romana. Cerca de este emplazamiento se encuentra un tramo de alcantarilla romana, descubierto recientemente, bajo los inmuebles de la Calle de la Sal nº 5 y el Callejón de los Becquer nº 4.

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El desarrollo en zig-zag de esta cloaca parece dirigirse hacia este enclave, al menos eso parece indicar una cata arqueológica realizada en este último inmueble confirmando esta alineación.

Bajo el inmueble donde vivieron los hermanos Bécquer, en el nº 3 de la calle del mismo nombre, existe un interesante sótano, casi todo él excavado en roca con una pequeña cueva en su fondo, no advirtiéndose ninguna señal de la galería romana. Al otro lado del adarve, en los sótanos del palacete, tampoco se aprecia la impronta de la citada galería, aunque aquí es más difícil descubrir su ubicación al estar los paramentos revestidos.

Resultado de imagen de Toledo: En un Callejón sin Salida Estas disposiciones constructivas parecen indicarnos que el único paso franco que tiene la galería es el callejón que describimos. Generalmente los sistemas de saneamiento y alcantarillado suelen coincidir con la trama de calles.

De esta manera es fácil imaginar que la cloaca de la Calle de la Sal nos marqué un antiguo trazado romano, y su prolongación teórica va directo a lo que parece un paramento de una calle muy antigua.

El desarrollo actual conocido de la cloaca romana se ha podido determinar con precisión mediante la realización de un levantamiento topográfico contratado por el Consorcio de la Ciudad de Toledo.

Éste tipo de trabajos, realizado de forma sistemática desde hace varios años por nuestra institución, documenta de forma gráfica todos aquellos elementos arqueológicos de entidad sobre los que interviene el Consorcio. En este caso particular en condiciones de trabajo muy complicadas.
Esperamos en un futuro no muy lejano confirmar nuestras sospechas, y contribuir con nuevos descubrimientos al conocimiento más detallado de la Toletvm romana.

https://consorciotoledo.wordpress.com/2014/08/28/en-un-callejon-sin-salida/

¿Que significa Carpetano?

Para responder a esta pregunta tan peliaguda hay que hacer una larga introducción del asunto, que nos lleva hasta la primera guerra púnica, pues tiene cierta relación, un poco enrevesada, eso sí, pero no menos entretenida.

No me extenderá demasiado sobre la primera guerra púnica. Esta fue una de las primeras guerras mundiales, pues involucraron a las dos potencias principales del Mediterráneo central, que comenzaron a dirimir quién es quién en el concierto internacional: una muy veterana en estas lides, Cartago, y otra, advenediza y que pedía su sitio en el nuevo orden internacional, como decía Bush Jr., Roma. 

El caso es que la isla de Sicilia fue el oscuro objeto del deseo de ambas, y después de muchos años de guerras y matanzas, al final, Cartago perdió la guerra, se firmó un tratado de paz por el que los púnicos (otra manera de nombrar a los cartagineses) se comprometieron, entre otras muchas cosas, a pagar a Roma una astronómica indemnización de guerra, que es lo que pasa cuando uno pierde: hay que pagar al que gana. 

Y como los cartagineses estaban en bancarrota ya que además de a los romanos, debían dinero a sus mercenarios, que los tenían y en cantidades ingentes, se fueron a buscar oro y plata con que pagar tan cuantiosa deuda. Ciudadanos cartagineses que se enrolasen en el ejército debía haber pocos, y los que había no firmaban de muy buen agrado, parece ser. Así que optaron por la posibilidad más cara, la de externalizar el servicio, que como sabemos, suele ser más oneroso. Y se fueron a buscarla un poco lejos de Cartago (ciudad que estaba muy cerca de la actual ciudad de Túnez). Así que recalaron en la Península Ibérica, donde fenicios (los predecesores de los púnicos) y griegos (amiguetes de los romanos) hacían las Américas (en este caso las Hispanias), pues había en esta tierra oro y plata para dar y tomar. 

Y allí que se fueron los Barca, familia de potentados púnicos, para sacar un dinerillo para el Estado, y de paso para ellos mismos. O al revés. Y durante su periplo por meseta, uno de los cachorros de la familia Rayo (que es lo que siginfica en castellano Barca), el inconmensurable Aníbal, se dio de bruces contra un buen número de pueblos, tribus, etnias de la meseta, entre las cuales estaban nuestros viejos conocidos. Todo esto es mucho más complicado, pero baste esta información para dar una ligera semblanza de donde nos estamos introduciendo. Estamos hablando de finales del siglo III a.C.

Aunque debía estar un poco despistado Aníbal, pues en la tierra de los que habitan sobre lugares poco elevados, poca plata debía de haber. Y a esta gente mesetaria los púnicos les dieron el nombre de kart-p-(t)anos, que no quería decir ni más ni menos que "aquellos que habitan los escarpes", es decir, lugares poco elevados situados en las inmediaciones del río Tajo y sus afluentes. 

Los autores griegos, que estaban al servicio de los romanos y les escribían sus crónicas, transcribieron la vieja grafía fenicio-púnica y les llamaron karpetanoi. Julio Caro Baroja ubicaba sobre riscos y escarpes numerosas ciudades carpetanas. Y el arqueólogo Dionisio Urbina, reinterpretando al antropólogo y etnólogo, iba más allá: los carpetanos son los "habitantes de las ciudades de los escarpes" y la Carpetania, el "país de aquellos que habitan en las ciudades de los escarpes" que yo añadiría del Tajo.

Así que en resumidas cuentas, el término carpetano tiene un origen cartaginés y no procede de los Cárpatos, como algún autor ha dicho por ahí.

http://www.rutasconhistoria.es/articulos/quienes-eran-los-carpetanos

sábado, 29 de noviembre de 2014

¿ Bargas, Colonia Judía ?


A pocos kilómetros de la Imperial Ciudad existe un pueblo que se singulariza por su modo de ser, de los demás que le rodean, y cuyos habitantes son objeto de la mayor atención e interés no sólo por parte de los turistas, sino hasta por los mismos toledanos, no obstante hallarse en continua relación con aquél.

Es bien extraño que dicho público no haya tenido un cronista que se ocupara de escudriñar cuanto se relaciona con su origen y desenvolvimiento. 

Lo Poco que se ha escrito acerca del puehlo de Bargas, que es al que nos referimos, no ha salido de los límites de artículos de fantasía, descripción de la fiesta religiosa que se celebra en los últimos días de septiembre y alguno que otro cuadro en su aspecto pintoresco. 

Nada de cuanto atañe a su historia, en lo que esta rama del saber significa, exponiendo las vicisitudes de su vida en su doble faceta interna y externa.

Por lo pronto, sólo podemos contar, como elemento para enjuiciar el asunto, que la simple observación y las hipótesis; no entendiendo por éstas el supuesto que se apoya en la fantasía, a veces, y, en ocasiones, en el sofisma, sino el que descansa en buena lógica; la hipótesis que surge por natural inducción, después de examinados serenamente los hechos.


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La supervivencia de la tradición plasmada en sus hábitos, costumbres, modismos, indumentaria y otros pormenores que atañen a su estado social, y las características que distingue a este pueblo de los demás de la provincia; y acrecienta, al propio tiempo, el afán de cuantos dedican sus estudios a la ciencia sociológica y cultivan el folklore.

De momento llaman la atención del observador los rasgos fisonómicos del tipo bargueño, que estimulan a aventurar la afirmación de que se trata de un pueblo de origen semita: sus ojos negros, rasgados, propiamente orientales, velados por largas pestañas, que guardan ritmo con caras redondas, de color trigueño;la mujer, además, se distingue por su garbo y pudor arisco, grada en el lenguaje, dulzura y cierto asomo de fiereza cual los hijos del desierto; cubren su cabeza con la falda que llaman cobijo, a modo de alquicel, asomando un triángulo de su cara, como acostumbran los moros y judíos. 

Su traje es verdaderamente típico; no es necesario describirlo, pues lo tenemos a la vista en las muchas sirvientes que residen en nuestra ciudad, y son la mejor prueba de que en ellas perdura la tradición de su linaje; pues a pesar del continuo trato y roce que mantienen con sus compañeras de profesión, que son de Toledo o de otros puntos, no se han contaminado con los atavíos que hoy luce la grey doméstica, declarando aquéllas que son criadas y no quieren se las confunda con las señoritas; ante todo, dicen, son bargueñas. 

En cuanto a su carácter industrial y mercantil, se observa también una gran semejanza con la raza hebrea. Es gente muy experta en el arte de comprar y vender; trafican en todo: son ladinos, zalameros y con su especial gracejo y artificioso agrado saben captarse la voluntad de los compradores; aunque en su honor hay que subrayar que son muy laboriosos. 

Mientras los hombres se dedican a las labores del rampo y oficios análogos, sus mujeres vienen a Toledo y pueblos próximos con los objetos del tráfico, desafiando las inclemencias del tiempo, y con gran presteza recorren los nueve kilómetros que les separa de la capital

Por regla general, en sus cruzamientos no se registran elementos extraños; así se explica la perpetuidad de la tradición, conservando los rasgos y caracteres de la raza, digámoslo así. 

Viven tan apegados a su terruño, que prefieren la estrechez de sus viviendas a la holgura que les brindan importantes lugares y villas de la provincia.

¿Qué se pretende, en vista de las anteriores consideraciones, afirmar que el pueblo de Bargas desciende de una colonia judía?


 Hasta ahora no disponemos de otros elementos de juicio, que los ya expuestos más arriba. La arqueología y etnología podrían orientarnos hacia una solución verdadera.

La investigación detenida de las viviendas, a mpliada por los alrededores, pudiera ilustrarnos mucho, si tuviesemos la suerte de hallar vestigios arqueológicos.

En el Museo provincial existe una lápida sepulcral hebrea, procedente del lugar denominado dehesa de Darrayel, que dista poco del término de Bargas; este objeto arqueológico es buen indicio, y bien pudiera ser el primer jalón en el camino de nuestras investigaciones. 

Tal vez, los archivos parroquial y del Ayuntamiento puedan facilitarnos también datos de algún interés.

Hasta el presente no tenemos fuentes seguras de conocimiento acerca del problema que pretendemos resolver, el cual encierra varias incógnitas.

¿De dónde proviene el nombre del pueblo? ¿Pudiera provenir del nombre del sei\or de quien sería feudatario? ¿Qué antigiledild cuenta tal núcleo de población?

¿Podrá tener su origen como consecuencia del decreto de expulsión, acogiéndose, en calidad de converso, al privilegio de indemnidad formando un núcleo de población? 


La meritísima obra de mi inolvidable maestro, D. José Amador de los Rios, titulada .Historia social, política y religiosa de los judíos de España y Portugal, se ocupa en uno de sus apéndices del «repartimiento  hecho a los judíos por Habhi Jacob Núñez, juez mayor de los judíos y físico del Rey
D. Enrique IV, de los servicios que las aljamas de sus reinos y señoríos han de dar a su señoría, en el afio 1464»: en tal repartimiento figuran una porción de pueblos de esta provincia, como Gálvez, Torrijos, Puebla de Montalbán, Escalona, Torre de Esteban Hambrán, Maqueda, Santa Olalla, Camarena, IlIescas,etc., y no aparece Bargas. 

¿Es que no existía o estaba exento de tributo? 

Si lograsemos esclarecer estos puntos, tendríamos resuelto el problema.

En las relaciones topográficas de los pueblos de Esparña, hecha de orden de Felipe II. se dice de Bargas lo siguiente: el lugar llamado antes Valdeolivas, situado en terreno enfermizo, se trasladó al sitio donde hoy está, tomando el nombre de Vargas. Se llama el lugar Vargas, porque donde está fundado tenía una casa Diego Pérez de Vargas, natural de Toledo.

 Son anejos a la parroquia de dicho lugar las dehesas de Serranos, Mejorada, Darrayel y otras.

No nos engrían las ilusiones, pero tampoco nos subyuguen las flaquezas ni e1 pesimismo.

Brindo estas líneas al claro entendimiento de mis compañeros, para que, con sus iniciativas, pueda la Academia ver coronados sus afanes en este asunto. Los esfuerzos que empleemos irán alentados por el esparcimiento de nuestro espíritu y de nuestros sentidos, en las excursiones que hayamos de practicar, como acontece cuando se va en busca de lo desconocido. No es labor de un día: las grandes
empresas requieren perseverancia y tenacidad. 

No perdamos de vista aquel sabio apotegma: "Guita cavat lapidem, non vi, sed soepe cadendo".

Teodoro de San Román


Fuente: http://www.realacademiatoledo.es/files/toletum/1042/07.pdf
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