viernes, 7 de abril de 2017

La lengua en el frasco de formol y la Cueva de Aldovera

LA LENGUA EN EL FRASCO DE FORMOL Y LA CUEVA DE ALDOVERA

9 FEBRERO, 2015

A tan bizarro título responde un hecho sucedido en Santa Cruz de la Zarza (Toledo) en el último tercio del siglo XIX, reinando en España el Rey Amadeo I.

Dado que lo narrado en las próximas líneas no es ficción y los descendientes de los protagonistas viven en la actualidad en dicho pueblo, evitaremos nombrar en lo posible la casa y la familia en cuestión. La historia narra el asesinato y posteriores sucesos ocurridos a raíz de dicho acontecimiento a través de más de medio siglo.



Incidentes explicables, si es que se puede, dentro de la fenomenología poltergeist, es decir, fenómenos extraños o paranormales inexplicables dentro de las leyes de la naturaleza.

Todo comenzó con motivo del fallecimiento de una vecina de Santa Cruz llamada B.R., quién en vez de dejar la herencia a su marido decide dejar gran parte de la misma a sus hermanos P.R., R.R. y otra hermana cuyo nombre desconozco. Así pues, el marido de la viuda, E.M., llamado “El R.”, hombre con tendencia a tener problemas derivados del consumo del alcohol, estalla en una violenta discusión con los hermanos de la fallecida durante el sepelio de ésta amenazándoles de forma violenta.

Pasó algo de tiempo cuando un día P.R., hombre de una talla intelectual y cultural prominente, abogado de profesión y ligado al ayuntamiento de su pueblo, paseaba con su perro por el camino denominado en el municipio “de la Veguilla”, cuando salió a su encuentro E.M. a lomos de una burra portando en sus manos una escopeta. Al pasar al lado y sin cruzar palabra, este último descerrajó un disparo a boca jarro al abogado destrozándole por completo la cavidad abdominal, la herida fue mortal de necesidad. Al parecer, el suceso fue advertido por una mujer y su hija que se encontraban trabajando en unos sembrados cercanos, y así lo narraron a las autoridades competentes de la época. R.R., hermano del asesinado y abogado igualmente de profesión, fue el encargado de llevar a juicio al asesino y hacer que recayese sobre el mismo una pena de cárcel bastante importante con un posterior destierro del pueblo.

Dichos hermanos, hombres realmente importantes en su época, tenían unos fuertes ideales republicanos y anticlericales, no obstante, fueron los que trajeron los ideales de la República, si se puede decir de esta forma, a su pueblo. Igualmente fundaron un teatro y una banda de música. Se decía que Don R.R. se reunía en secreto con una serie de personas afines a su ideología en cuevas y lugares apartados donde poder discutir ideas y propósitos con cierta seguridad. De ahí que en Santa Cruz se escuchase por esta época el siguiente dicho:

“Dónde vas R.R.,
tan gallardo y tan ufano,
a la Cueva de Aldovera,
con todos los republicanos.”

Hasta este punto todo parece un suceso más de aquellos llamados de la “España negra”, de herencias y ajusticiamientos. Lo raro y lo absurdo sucede cuando en la autopsia del asesinado, según cuentan los ancianos del pueblo, que a su vez lo han escuchado de sus mayores, el hermano decide coger la legua del fallecido e introducirla en un frasco de formol, dejándola posteriormente en el aparador de la biblioteca de la casa. Pasa el tiempo y mueren todos los individuos relacionados con este luctuoso suceso. Que decir cabe que son enterrados, con el resto de la familia, en el cementerio civil de la localidad.

Trascurridos unos años la casa es heredada por una sobrina nieta, la tía C., mujer muy religiosa, hasta tal punto de vestir habitualmente con el hábito de la Virgen del Carmen. Era muy dada a invitar a casa a sacerdotes y personas afines al ideario católico, para comer o charlar de sus temas. He aquí cuandose empiezan a desencadenar una serie de hechos difícilmente explicables: ruidos, movimientos de objetos con cierta violencia, desapariciones de cosas, etc. Llegó a tal punto que los vecinos contaban que algunas veces se había visto salir de la casa a los criados, con la velocidad de quién haya visto al diablo. Los sucesos lejos de remitir se incrementaron con el tiempo, siendo imposibles de aplacar; rezos y misas no surtían efecto.

Viendo lo que estaba sucediendo, la tía C., aún siendo católica a ultranza, dejó dicho que a su fallecimiento fuese enterrada en el cementerio civil, al lado de toda su familia. Hecho que acaeció a principios de los años 30 del siglo XX. La casa fue heredada por una hija de ésta, y dándose cuenta que la legua de su antepasado estaba todavía en el frasco de formol en un estante de la biblioteca, hizo enterrarla en la misma casa, ofreciendo rezos y misas por el descanso de Don P.R., desapareciendo los fenómenos a partir de entonces.

Dicha familia, buena y querida en el pueblo, todo hay que decirlo, quedó tan marcada por estos acontecimientos que eran dados a visitar lugares de poder con fenomenología parecida siempre que les fuera posible.

No obstante, fueron de los primeros en visitar Garabandal (Cantabria), cuando los famosos sucesos de las apariciones marianas, allá por el año 1961. Para finalizar, comentar que la casa donde sucedieron estos hechos aún permanece en pie, muy cerca el ayuntamiento de la localidad. Las tumbas de los protagonistas se pueden visitar dentro de lo que era el antiguo recinto civil del cementerio. Igualmente se me ha comentado que de los hechos acaecidos queda algún registro en los archivos parroquiales.
El antiguo rito del Ro-lang, el cadáver que se levanta 

Alexandra David-Néel fue una antropóloga y aventurera francesa que viajó al Tíbet a principios del siglo XX. Sus estudios y descubrimientos , muchos de ellos relacionados con el mundo ancestral y mágico, los recogió en su libro Magos y Místicos de Tíbet. En dicho libro podemos encontrar un rito descrito por un hechicero cuyos orígenes se hunden en la bruma de los tiempos, mucho antes de que el budismo se introdujese por estas tierras. En sus páginas se describe el antiguo rito del Ro-lang, que traducido viene a decir el cadáver que se levanta. Resumiendo, podemos imaginar al viejo hechicero tumbado sobre un cadáver con la boca abierta, recitando una fórmula mágica de boca a boca, al poco tiempo el muerto irá cobrando vida, y es cuando el hechicero aprovechará para arrancarle la lengua y conservarla como objeto mágico.

Pero, ¿por qué la lengua?, puede que sea porque ésta sea un órgano utilizado por el ser humano para articular el lenguaje, y fuese una forma de tener un nexo de unión para el contacto con el más allá. De ahí el querer conservarla, disecada o untada en ungüentos por culturas ancestrales, o en nuestro caso, conservada en formol. Hemos de tener en cuenta que este relato, el de Santa Cruz de la Zarza, transcurre en el siglo XIX, la época del romanticismo y el espiritismo, de la importación a Europa de conocimientos y saberes de lugares lejanos y exóticos.

¿Pudo haberse utilizado este rito en nuestro caso? casi con toda seguridad, no. Pero de ser cierta la historia puede haberse utilizado algo parecido, seguramente para mantener el contacto de alguna forma con el hermano fallecido.
La Cueva de Aldovera

En el relato tenemos una coplilla popular cantada por las gentes de Santa Cruz hasta hace relativamente poco tiempo que hablaba de un lugar de reuniones secretas llamado Cueva de Aldovera, curioso porque no deja de ser la cueva en sí un lugar de adoración y misticismo desde tiempos pretéritos.

Curioso es también que en el pueblo ya nadie se acordase de la ubicación de dicho lugar, ni los eruditos del pueblo conocían su paralelo. Fue un pastor de 90 años quién habló a mi persona por primera vez de esta cueva. Resulta que cuando era niño los pastores de Santa Cruz de la Zarza y los pueblos de alrededor solían llevar a sus rebaños a un despoblado llamado Aldovera, situado a pocos kilómetros del pueblo de Illana (nombre que dicen proviene de la diosa romana Juliana ), provincia de Guadalajara. En un risco sobre un río estaba enclavada dicha Cueva de Aldovera, que en el pueblo alcarreño la denominan “de la Mora Encantada“. Nombre eminentemente mágico donde los haya; más si contamos que la Cueva de Aldovera es una cavidad artificial de datación imprecisa y varias estancias, con entrada dificultosa por su altura y una curiosa leyenda, pues en las noches especiales como la de San Juan, al reflejarse la luna sobre una de las paredes de la cueva se aparece la silueta del rostro de la dama encantada, que si nos detenemos en contemplarla nos daremos cuenta enseguida que más bien parece el rostro de una bestia o un baphomet que el de una dulce doncella.

Para terminar con la cueva diremos que está muy cerca y en el camino del Prado de San Isidro, lugar donde acaeció uno de los milagros achacados a este santo, sin olvidar que el hijo del mismo se llamaba San Illán, como el pueblo.

Fuente: Guía Mágica. La Mesa de Ocaña (Antonio Martín Asperilla)
http://iberiarcana.com/la-lengua-en-el-frasco-de-formol-y-la-cueva-de-aldovera/

jueves, 6 de abril de 2017

¿1850: Brujas en Consuegra ?

O el caso de un asesinato sin resolver...

La (macabra) historia que vamos a narrar a continuación, sucedió en Consuegra en el mes de abril de 1850. El consaburense Felipe Díaz-Tendero Fernández, que había sido bautizado en la conocida por todos, ermita del Santo Cristo de la Vera Cruz, el 15 de septiembre de 1813, era un vecino más de esta tranquila localidad toledana, que trabajaba en el campo como jornalero, al igual que tantos otros, y que se había casado con Antonia en 1844, una moza también de Consuegra que le ayudaba en las labores agrícolas y del hogar. 

El episodio más inquietante (y estremecedor) de la vida de Felipe, transcurre cuando tiene 37 años, está felizmente casado y es padre de un hijo de corta edad llamado Benito (como su abuelo paterno) y único hijo del matrimonio, mientras vivían en su domicilio familiar de la calle de la Fábrica (actual calle Santas Justa y Rufina). 



Actual calle Santas Justa y Rufina, donde vivieron los protagonistas de esta historia

La truculenta historia sucede, según la prensa de la época, en la madrugada del 26 de abril. Felipe marcha acompañado de su mujer, Antonia López-Aguado, a buscar al pequeño Benito, que estaba en casa de los abuelos maternos, como otros tantos días. A la noche de aquél día, sorprendentemente regresa Felipe solo a casa de sus padres, y como llegaba sin la compañía de su mujer e hijo, sus padres le preguntan asustados que donde estaban. Él contesta, fría e inquietantemente, que a la salida de Consuegra, se les habían aparecido 4 hombres que les parecían brujas, y dos de ellos se llevaron a su mujer sin saber a dónde. Los otros dos se le llevaron a él a una cueva de las Yeseras (un paraje ubicado en las afueras de Consuegra), donde le ataron los brazos con un pie y le dejaron una naranja, de la que él confesó había comido media. 

Dijo a sus padres que había permanecido en esa posición todo el día, en el paraje de las Yeseras y que de repente y “como por encanto” se sintió desatado sin auxilio de nadie. Posteriormente, en el citado sitio de las Yeseras se encontró el cadáver ensangrentado de Antonia, bárbaramente asesinada y estrangulada con una cuerdecita de esparto, que encontraron junto al cuerpo. El juzgado toma cartas en el asunto, se detiene a Felipe y le interrogan. Felipe con una frialdad increíble cuenta un caso que estremece aún más que los últimos hechos sucedidos en Consuegra; cita en su declaración, que estando de guarda de viña, en el camino de Urda, hace 3 o 4 años, “se le presentó una mujer, le dio garbanzos a comer y le maldijo, pronosticándole que ya no sería más hombre, como ha sucedido”, dijo Felipe en su declaración.



Diario La Época de 7 de mayo de 1850 donde apareció la noticia del suceso

Posteriormente, se reconoció frenológicamente a Felipe, por facultativos expertos, y en base al test o sistema de “Gail y Lavater”, se determinó que tenía muy desarrollados “los órganos de la destructibilidad”, es decir que aparentemente y según este antiguo sistema de identificación de la personalidad, Felipe tenía todas las pintas de ser un asesino.

Se concluyó el sumario a los tres, días y todas las pruebas (según la prensa) apuntaban a Felipe como culpable. El juez de Primera Instancia, don Tomás Oliver, se marchó a la localidad de Madridejos, ya que era este juzgado el que estaba llevando el caso.


El castillo de Consuegra, atalaya de nuestra historia

Pero el juicio no llegaría a celebrarse. El día 30 de abril al anochecer, es decir 4 días después de hallarse el cuerpo de Antonia, se le comunica al juez Oliver, que Felipe, el supuesto culpable del asesinato de su esposa, se había suicidado en su celda con una pequeña soga de tres cuartos con la cual se suspendían los grilletes que llevaba puestos y que le sirvió para ahorcarse.

Así de trágicamente terminaba este extraño episodio de nuestra historia local, en el cual intervienen factores muy dispares, empezando por la muerte tan horrible de Antonia, siguiendo por las declaraciones del susodicho, y continuando con las posibles “apariciones” de esos cuatro hombres “que les parecían brujas” y esa otra mujer que maldijo a Felipe años atrás, bajo la amenaza (según la declaración) de quitarle su hombría… ¿Alucinaciones, simple imaginación de Felipe buscando una coartada, síntomas de una patología mental de nuestro paisano…? Son muchos interrogantes en esta historia tan difícil de recomponer al haber pasado tantas décadas.

Felipe, debido a las causas de su muerte fue enterrado fuera de sagrado, es decir en un lugar fuera del terreno cristiano reservado para determinadas muertes o personas que renunciaban a enterrarse en suelo cristiano. Como curiosidad, en el documento de la partida de defunción de Felipe, y como “marca” significativa de que había muerto de una manera poco habitual, se dibujó, (imaginamos que por parte del sacerdote encargado del entierro Guillermo Antonio Díaz-Cordobés) una especie de calavera, justo debajo del nombre del difunto (como vemos en la imagen).

Partida de defunción de Felipe Díaz-Tendero Fernández

Detalle del dibujo de una calavera en la partida de defunción de Felipe

Un fin triste, para una historia rocambolesca que le sucedió a una familia de consaburenses, hace ahora 165 años, pero que nos sigue poniendo los pelos de punta al recordarla, y sobre la cual siguen abiertas muchas preguntas, como por ejemplo si el pobre Felipe fue o no culpable de aquel horrible crimen.

José García Cano


Fuente:http://consuegraenlahistoria.blogspot.com.es/2015/08/brujas-enconsuegra-en-1850-o-el-caso-de.html

miércoles, 5 de abril de 2017

El Salmo 16 esconde el verso de la sinagoga del Tránsito en Toledo



HABLEMOS DE LA BIBLIA, CON IRIT GREEN – Salmo 16



Poema de David.
¡Cuida, oh Dios, de mí, pues en ti busco protección!
Yo te he dicho:
«Tú eres mi Señor, mi bien;
nada es comparable a ti.»
Los dioses del país son poderosos,
según dicen los que en ellos se complacen,
los que aumentan el número de sus ídolos
y los siguen con gran devoción.
¡Jamás tomaré parte en sus sangrientos sacrificios!
¡Jamás pronunciaré sus nombres con mis labios!
Tú, Señor, eres mi todo;
tú me colmas de bendiciones;
mi vida está en tus manos.
Primoroso lugar me ha tocado en suerte;
¡hermosa es la herencia que me ha correspondido!
Bendeciré al Señor, porque él me guía,
y en lo íntimo de mi ser me corrige por las noches.
Siempre tengo presente al Señor;
con él a mi derecha, nada me hará caer.
Por eso, dentro de mí,
mi corazón está lleno de alegría.
Todo mi ser vivirá confiadamente,
pues no me dejarás en el sepulcro,
¡no abandonarás en la fosa a tu amigo fiel!
Me mostrarás el camino de la vida.
Hay gran alegría en tu presencia;
hay dicha eterna junto a ti.

http://www.radiosefarad.com/el-salmo-16-esconde-el-verso-de-la-sinagoga-del-transito-en-toledo/

martes, 4 de abril de 2017

Historia de Quero ( Toledo)

Los primeros pobladores de Quero se asentaron en los alrededores de la laguna Grande o de la Sal. La presencia de fuentes de agua dulce, pasotos y pedernales atrajeton a gentes de las culturas del Paleolítico, Neolítico y la edad de Bronce, así como la Ìbera y Romana. Su antiguo nombre (Quero) vendría a significar "montículo rocoso o peñascoso".

En algunos textos hay evidencia de una calzada romana que comunicaba la ciudad de Laminio con Alces y Titulcia, pudiendo servir a la ancestral explotación de sus salinas en la citada laguna Grande.

Destacar vestigios de la època visigoda, la ocupación musulmana y la reconquista cristiana enlos siglos XI-XII. Quero fue uno de los primeros municipios en obtener el título de Villa en el año 1359.



Entre los restos de la época visigoda se encuentra una lápida de cancel pertenciente a su primitiva iglesia, datada en el siglo VII, con una interensante simbología religiosa esculpida, expuesta en el Excelentísimo Ayuntamiento de Quero.

En una reducida zona, son de culturas romanas fundamentalmente, aunque también los hay medievales. Pertenecen a tradicionales quinterías que han llegado hasta nuestros días con las correspondientes transformaciones.

Todos los anteriores yacimientos constituyen zonas de asentamiento claras, pero también existen la de ocupación ocasional, paso o simples casas de campo como:

- Cuesta de Quintanar, en los altos: con piezas de sílex y cuarcita, sin restos cerámicos, de algún asentamiento ocasional o paso de grupos pre-neolíticos o neolíticos.

- Cerro-molino: de similares características al anterior.

- Zona de la cruz de arriba: con fragmentos cerámicos y de cristal romanos. Esta parte, por su proximidad, se la puede englobar como extremo de la aldea romana de Quero.

- Camino de Quintanar, en plenos Altos: con fragmentos de teja de tejado romana correspondiente a alguna vivienda campestre.

- Por último, que las piezas ocasionales en sílex o cuarcita, restos de actividad de paso del hombre prehistórico, aparecen en múltiples lugares del término.

Del nombre de Quero

Resultado de imagen de monumentos quero toledoLas referencias escritas de Quero aparecen desde el siglo XII, de las siguientes maneras:

- Kero, en el año 1.162.

- Quero, en el resto de referencias: la Carta-puebla de 1.241; Relaciones de Felipe II, año de 1565; Catastro de la Ensenada, año de 1.751; y registros parroquiales de los siglos XVI, XVII, XVIII, XIX y XX.

Las tierras de Quero pasan pronto a la orden de San Juan, en el 1162. Estando Alfonso VIII en Toledo hace donación: "Dono itaque nobis... Et Sancto Ospitali quatour uilas Anchitrana, Villa aliorum, Kero et Atárez...". Luego, en 1214, pasa a la iglesia toledana, por donación del mismo Alfonso, hasta que, por fin, vuelve al ámbito sanjuanista. Es repoblada por el comendador de Consuegra, de quien depende el territorio de Quero en 1241.

Las referencias de Jiménez de Gregorio a que en 1.594 se le conoce como Quero o Quer, y en 1.646 como Cueros corresponden a indudables equivocaciones del que así lo tomara, pues los referidos registros parroquiales desde 1.566 son muy claros al llamar al pueblo como villa de Quero. La equivocación en uno de los casos (Cuero) proviene de ponerle diéresis a la u, degenerando su lectura a Qüero(Cuero) y su posterior confusión con el apellido; así lo vimos de mal escrito en una relación del Campo de S. Juan, en Consuegra del siglo XVII. Por tanto no tenemos duda respecto al uso del nombre de Quero desde el siglo XII hasta hoy.

Respecto al origen de tal nombre, M. Pidal lo hace derivar de un sustantivo ilirio (provenientes de las gentes de invasiones célticas de los campos de urnas del primer milenio a. C.) que significa roca.

Este topónimo en zonas como Cataluña significa monte peñascoso (Quer).

Otros posibles orígenes son:

- Derivación de la palabra bajo-latina Cherus, que significa peña.
- Sincopación de la palabra latina quercus, que significa encina.

En la aplicación de uno u otro significado tenemos que buscar la relación con las características de la población. Quercus haría referencia a paraje de encinas, algo común a múltiples zonas del país y no exclusivo de Quero, por lo que dudamos de tal origen. En cambio los otros sustantivos alusivos a peña o roca, si manifiestan una característica del subsuelo (la roca tosca) y de las peñas (caliza cavernosa de los sitios) de la parte Norte del casco. De ahí que bien pudiera significar ROCA o PEÑA.

Finalmente hubo una castellanización de –us en –p.

Qüerc-us o Cher-us en QUERO.

Apellidos y Topónimos de Quero

El nombre de Quero fue tomado en el pasado para apellidos de personas que en muchos casos tuvieron un origen relacionado con nuestro pueblo. Conocida era la afición de los españoles a ponerse como apellidos el topónimo de su procedencia. Igualmente muchas personas emigradas a otros lugares debieron de llevar el citado apellido, conservándose en la actualidad.

Población

Los primeros datos corresponden a tiempos de la Reconquista, no teniendo nada anterior para los periodos árabes, godos, romanos y pre-romanos, únicamente la evidencia de que existió población quereña.

- 1.241, primera referencia en datos a demografía. Se da la cifra de 90 pobladores (60 quiñoneros o agricultores y 3 atemplantes o cuidadores de ganado) que vienen a repoblar la despoblada aldea tomada a los árabes a finales del siglo XII.

- 1.517, baja demografía con solo 34 vecinos. Entre la anterior fecha y ésta debió estar más poblada, pues se manifestaba “… fue gran Villa del Priorazgo de S. Juan. “ (Descripción de F.Colón)

- 1.575, se refieren unos 200 vecinos. Sensible aumento desde los comienzos de siglo. 

- Siglo XVII, se deben mantener unas parecidas cifras demográficas en torno a los 200 vecinos. La emigración de forasteros se mantiene,

- Siglo XX, tendrá una primera mitad de crecimiento y una segunda de descenso considerable para estabilizarse la población en la actualidad. 

http://www.quero.es/turismo-y-festejos/historia


lunes, 3 de abril de 2017

Toledo: Una historia de España completa

Pero de una simple contemplación de la ciudad no saca el viajero sino una gran confusión de ideas. Ve una multitud de edificios de todos los estilos: góticos, árabes y del renacimiento; de todas clases: religiosos, señoriales y militares; y no acierta a clasificarlos con algún método.

Toledo es una historia de España completa.



En resumen, todo lo que aquí ha habido de caballeresco en las costumbres, de noble y ejemplar en la vida, de osado en las empresas, de original y picante en la literatura, de delicado en las artes, ha tenido por teatro esta ciudad, clavada en una peña, combatida siempre por recios y helados vientos, en situación inaccesible, áspera, sombría, oscura, silenciosa, menos cuando tocan, simultáneamente, a misa, las campanas de sus cien iglesias.

Benito Pérez Galdós. Toledo, su historia y su leyenda (1923)


















Estatutos Jurídicos de Toledo tras la ReConquista

Resultado de imagen de Líber ludicumESTATUTOS JURÍDICOS 

La formación de jerarquías sociales en la población cristiana se vio matizada, por lo tanto, debido a la pertenencia a diversas comunidades con estatutos jurídicos propios. Sólo paulatinamente predominaron los elementos comunes de organización, basados en la riqueza, la capacidad militar y la actividad económica y política, sobre estos factores peculiares.

Hacia 1101 la presencia de castellanos y francos era ya abundante, pasadas las dificultades repobladoras de los primeros momentos, y también habría concluido lo más nutrido de la emigración musulmana a otras tierras. En aquel momento otorgó Alfonso VI un fuero a los vicini mozárabes para asegurar el respeto y permanencia de sus propiedades.

El vicinus mozárabe sólo podría venderlas a otro, pero no a populator castellano o franco. La identidad del grupo se garantizaba por el empleo del Líber ludicum, la antigua compilación legal hispanovisigoda, para sus litigios internos, y su libertad también, puesto que podían disponer de sus bienes y acceder al grupo de los caballeros quienes combatiesen de dicha forma y mantuvieran habitualmente caballo y armas.



Parece que también en 1101 el rey definió el derecho particular de los grupos de populatores castellanos y francos. El derecho de los castellanos se conoce indirectamente a través del fuero dado a Escalona, en 1130, y el de los francos por una confirmación de 1136 que se refiere a su barrio y actividades económicas. La unificación de regímenes jurídicos se consiguió a lo largo del 82 siglo XII, aunque persistieran algunas disposiciones peculiares.

García Gallo ha demostrado ampliamente cómo el derecho de los castellanos fue «sumergido» por el Fuero Juzgo mozárabe, «e incrementado con distintas cartas, privilegios y refundiciones, llegó a constituir el Derecho de Toledo, que alcanzó amplia difusión» como modelo seguido para organizar las ciudades del Sur conquistadas en el siglo XIII. Un primer paso en la unificación jurídica se produjo en 1118, cuando todos, mozárabes, castellanos y francos, llamados ya cives y no, separadamente, vicini o populatores, recibieron un fuero relativo a los privilegios y deberes de los caballeros y al régimen judicial y de propiedad que afectaba al conjunto de la población cristiana.

El fuero de 1118 extendía el Líber ludicum para todos para el procedimiento procesal y para el homicidio, robo, rapto, aunque en los otros los castellanos podían acogerse al suyo privativo, liberalizaba la capacidad de compraventa, donación y herencia de tierras entre cristianos, aseguraba la libertad de los campesinos, aunque pagaran al rey el diezmo fiscal, de origen islámico, y la capacidad de todos ellos para acceder a la caballería..La situación de caballero comportaba el deber de participar en guerra ofensiva una vez al año, y el de defender permanentemente a la ciudad, de la que el caballero sólo podría ausentarse, dejando un sustituto, entre octubre y mayo, que era tiempo de tregua forzosa.

Además, todos los vecinos de Toledo habían de contribuir a conservar las fortificaciones de la urbe, y se obligaban a no exportar caballos ni armas a tierra musulmana. En contrapartida, el rey regulaba la forma de repartir el botín obtenido en expediciones militares, aseguraba que la ciudad nunca dejaría de pertenecer a realengo, y ordenaba que nadie tuviera propiedades inmuebles en ella salvo sus vecinos y moradores habituales.

Los toledanos recibieron otros privilegios, en el mismo texto de 1118, como eran quedar libres de prenda judicial, la inviolabilidad de sus domicilios frente a merinos y sayones, la exención de huéspedes forzosos, la libertad de matrimonio de las toledanas (dato importante, por las consecuencias sociales y económicas que tenía), la sujeción a jueces cristianos en los casos de litigio contra moros o judíos, y ciertas exenciones fiscales para favorecer la liberación de cautivos, situación frecuente en aquella tierra de frontera.

El año 1118 es, en conclusión, la fecha inicial del largo proceso acumulativo de privilegios y libertades que constituirían el «derecho de Toledo», común a todos sus vecinos cristianos y aplicado no sólo en la ciudad, sino en todas las pueblas del territorio, fuera cual fuese su jurisdicción. Un nuevo privilegio general en 1155 y otros privilegios y cesiones en la segunda mitad del s. XII, citados por Julio González, completan esta enumeración. 83

Aunque los textos jurídicos son, aparte de su valor histórico intrínseco, un punto de vista excelente para comprender realidades sociales, éstas se aclararán un poco más si consideramos también las funciones económicas de Toledo en aquellos siglos, y los procedimientos de su organización gubernativa y administrativa

Miguel Ángel Ladero Quesada 
Universidad Complutense.
 Madrid
https://rua.ua.es/dspace/bitstream/10045/7136/1/HM_03_03.pdf

domingo, 2 de abril de 2017

El secreto del Conde de Orgaz

Resultado de imagen de secreto del Conde de OrgazCÓMO DON DEMETRIO, párroco de la iglesia de Santo Tomé, ha logrado descubrir el lugar donde estaba enterrado el noble toledano del siglo XIV mirando el lienzo que pintó El Greco

ROBERTO LANCHA DE LOS SILOS

En el lienzo se ha de pintar una procesión de cómo el cura y los demás clérigos que estaban haciendo los oficios para enterrar a don Gonzalo Ruiz de Toledo, señor de la villa de Orgaz, y bajaron San Agustín y San Esteban a enterrar el cuerpo de este caballero (...)». (Contrato entre el Greco y don Andrés Núñez, párroco de Santo Tomé. 18 de marzo de 1586).



Aquella noche de marzo del nuevo siglo les sorprendió de nuevo picando el suelo de la iglesia. La madrugada anterior, justo debajo de la vieja ubicación del cuadro, sólo lograron dar con un grueso muro romano. Don Demetrio Fernández, el cura párroco de Santo Tomé, insistía con urgencia en que ése, y no otro, era el lugar donde debía de encontrarse el sepulcro. Fue poco antes de que el jefe de obra diese por agotada otra jornada de búsqueda baldía cuando José, el hijo de Antonio, dio con su pala en una piedra que casi le revienta los brazos.

«No fuerces», le dijo su padre, «ésa no es una piedra cualquiera, creo que lo hemos encontrado».

Unos días después, frente a un muro de cámaras y micrófonos, don Demetrio habría de recordar la tarde plomiza de otoño en la que «vivió» por vez primera el entierro del Señor de Orgaz.Don Gonzalo Ruiz de Toledo quiso, y así lo reflejó en su testamento, que su cuerpo descansara en la parte diestra de la puerta occidental, en una de las capillas más recónditas de su querida iglesia de Santo Tomé Apóstol, la que él mismo hizo reconstruir por los años del Señor de 1300. Veintitrés años después, cuando rondaba los 60 de edad, don Gonzalo entregaba su último hálito al convento de los frailes agustinos, donde fue enterrado. Pero quiso la lectura de su testamento respetar su última voluntad, por lo que en 1327 la ciudad renovó su luto para trasladar los restos al lugar que él había elegido.

«(...) Fue llevado su cuerpo a sepultar a la iglesia de Santo Tomé (...); y estando en medio de ella puesto, acompañándole todos los nobles de la ciudad y habiendo ya la clerecía dicho el oficio de difuntos, y queriendo llevar el cuerpo a la sepultura, vieron visible y patentemente descender de lo alto a los gloriosos santos San Esteban protomártir y San Agustín, con figura y traje que todos los conocieron; y llegando donde estaba el cuerpo, lleváronle a la sepultura, donde en presencia de todos le pusieron, diciendo: "tal galardón recibe quien a Dios y a sus santos sirve"; y luego desaparecieron». (Francisco de Pisa. s. XVI)

Los ojos de don Demetrio se quedaron prendados de aquella secuencia atrapada por la pincelada larga del Greco. Era un 22 de septiembre de 1996, su primer día como párroco de la iglesia toledana, cuando el cura soñador de Puente del Arzobispo se quedó a solas con El Entierro. Quiso apurar la última luz de la tarde para acariciar con la vista la obra inabarcable a la que la imaginación quiso partir en dos. Ahora tenía ante sí el lienzo de casi cinco metros de alto por cuatro de ancho, compuesto por tres tiras cosidas de arriba abajo, conformando el ilustre soporte llamado «mantelillo veneciano» o «rosetta de Barga» en el que el pintor de Candía inventó la obra imposible que conjugaba con descomunal maestría el cielo y la tierra; el milagro de los santos y el del óleo insomne entregado a la inmortalidad.

Desde niño, cuando lo observaba en los libros de arte, le había superado aquel escaparate de rostros y matices, de miradas absorbidas por el luto y la congoja, por esa Gloria inerte que les cubría la existencia. Pero nunca como en el crepúsculo de su primera visita reposada se había fijado con tanta atención en el hombre de la piel mortecina, el que dejaba su cuerpo abandonado a la armadura noble y a las manos vaporosas de su devoción pretérita.Él, el caballero del semblante acariciado el día en que los tonos grises gobernaron la paleta de Creta, era el protagonista de una historia que, siglos después, le seguía desbordando.

En aquel cadáver de las manos cruzadas sobre el vientre se clavaban cada día dos mil miradas. Todas se fijaban en el caballero que tanto había querido a esa iglesia, que llegó a donar a sus administradores «2 carneros, 16 gallinas, 2 pellejos de vino, 2 cargas de leña y 800 maravedíes para sostenimiento de los sacerdotes y para la atención de los pobres». Quizá por eso quiso don Demetrio comprometerse a conocerlo todo sobre don Gonzalo Ruiz de Toledo.Ni una sola de las noches que se sucedieron desde entonces dejó pendiente su visita al cuadro de los 1.200 ducados. En cada una de ellas intentaba descubrir una pista, una llave que descongelara la escena y le dejara ver su prolongación. De esta guisa le sorprendió un día el vicario parroquial.

«Tenemos que encontrar el sepulcro, José María», le dijo don Demetrio sin retirar la vista. «Ese hombre tiene que estar enterrado aquí».

A menudo quiso buscar la solución en la mirada estrábica del Greco, suspendido por su propio pincel y escondido entre un fraile dominico y varios caballeros de la Orden de Santiago. Pero fue en los documentos numerosos que fue desempolvando por los rincones de la Ciudad Imperial, y no en la presencia burlona y glacial de Theotocópuli, donde empezó a ser consciente de la importancia del Conde de Orgaz.

Sus interminables noches de insomnio le permitieron escurrir su mirada entre textos que hablaban del niño que nació en torno a 1263 en las casas de un Mayorazgo (donde hoy se levanta la iglesia de los Jesuitas) descendiente del linaje de don Esteban Illán. Se encontró al caballero piadoso, al joven que desperezó sus sentidos en tiempo de Alfonso X el Sabio y al lúcido estudioso que con Sancho IV el Bravo llegaría a ser notario mayor de Castilla y alcaide de Toledo en 1296. Pero lo que más le sorprendió fue la silenciada labor que ejerció desde la sombra en la espinosa etapa de regencia de María de Molina, viuda del rey Sancho. Su voz, la que educó y condujo a la infanta Beatriz, edulcoró los oídos de la regente amenazada permitiendo así la traslación natural del décimo al undécimo de los Alfonsos.

«¿Quién eres en realidad?», le preguntó a don Gonzalo una madrugada sin Dios. «¿Dónde estás?

Tanto le empujó su curiosidad que una mañana de primavera le llevó a conocer al que era en 2001 el Conde de Orgaz. Gonzalo Crespí de Valldaura le esperó en Ávila, en la casa de doña Güimar de Ulloa, antepasada suya y gran amiga de Santa Teresa de Jesús. El anfitrión le habló con fascinación del Gonzalo de otro tiempo, un noble de refinadas maneras que casi sobrepasaba los 160 centímetros.La expresión solemne que el Conde dejó ver en su relato se rompió para animarle a encontrar los restos del caballero cuyo nombre había conservado casi 700 años después.

OJOS TRISTES
Anochecía cuando el párroco regresó a Toledo. No se olvidó de la visita diaria. Al entrar en la capilla entregó su mirada al Entierro con la voz aún reciente de don Gonzalo Crespí. El recuerdo de sus palabras le llevó de nuevo a la mirada distante del Greco.Viendo que seguía sin sacar nada del cretense, vino a centrar su ojeada en los ojos tristes del pequeño Jorge Manuel, junto a su padre el único habitante del óleo que se permitía escrutar al visitante. 

Don Demetrio le miró sin parpadear, sin tomar aliento, consciente de que ahí descansaba la respuesta. Dejó arrastrar su vista por el trazo negro que daba vida al brazo del infante, continuó por la pincelada sutil que descubría su dedo inerte señalando al mismo corazón del Señor de Orgaz, fijó sus pupilas en la diagonal perfecta que desembocaba sin estruendo en el cuerpo de don Gonzalo, sintió su peso, la gravedad de la tierra que reclamaba lo que era suyo. Y así permitió que sus ojos cayeran junto al cadáver del caballero, hundiéndose con él en las baldosas firmes que siguen albergando sus restos.

http://www.elmundo.es/cronica/2001/CR290/CR290-12.html

sábado, 1 de abril de 2017

Topónimos hebreos y memoria de la España judía en el Siglo de Oro ( II )

Resultado de imagen de España judía en el Siglo de OroA MEMORIA JUDÍA EN EL SIGLO DE ORO

Para llevar a cabo su interpretación de los topónimos españoles, Arias Montano no disimula haberse valido de fuentes rabínicas («Narrant enim Hebraei»). Entre ellas, y aunque no menciona estas fuentes, es identificable la tradición medieval judía del Rey Piro, difundida en el Siglo de Oro por el libro que Selomoh Ibn Verga escribió, en 1536, desde su lejano exilio de Constantinopla, el Sefer Shebet Yehudad, La Vara de Yehudad.

En esta obra, el cronista judío evoca la historia de los orígenes de Sefarad para que sus descendientes conserven la memoria de la antigua presencia de los judíos en España y graben en su corazón el recuerdo de las prestigiosas ciudades que fundaron, desde su llegada en 586 antes de Cristo, con el Rey Piro y Nabucodonosor:



Cuando Jerusalén fue repartida entre aquellos reyes, Nabucodonosor tomó para sí dos recintos [...]. El tercer recinto lo entregó a Piro e a Hispano.

Resultado de imagen de España judía en el Siglo de Oro
El referido Piro tomó unas naves y llevó a todos los cautivos a la antigua Sefarad, esto es, a Andalucía, y a la ciudad de Toledo; desde allí se extendieron porque eran numerosos y el país no podía contenerlos a todos. Algunos, que eran de prosapia real, se dirigieron a Sevilla y desde ésta marcharon a Granada.

El hecho de que Arias Montano recurra a la memoria judía

para forjar representaciones del pasado de España no convence a todos sus lectores, y no es sorprendente que su censor, el jesuíta Juan de Mariana, encargado del dictamen sobre la controversia de la Biblia Poliglota

, matice las afirmaciones del autor del [...] legimus Vespasianus, quo tempore triumphum ex Iudaea capta reportavit, persuasum a prefecto quodam, qui in Lusitania provincia erat, ut si quos ex his, quos Ierosolymis abduxerat, alio traducendos deccrneret, ad se in Hispaniam transmitteret» (En este libro leemos también que Vespasiano, quien en este tiempo había hecho cautiva a Judea, persuadido por el gobernador de la provincia de Lusitania, condujo allí a los habitantes de Jerusalén, de donde les hizo pasar a España), ibid.

Selomoh Ibn Verga, La Vara de Yehudad (Sefer Shebet Yehudad), introducción, traducción y notas por María José Cano, Barcelona, Río Piedras Ediciones, 1991. En este libro, Ibn Verga imagina una conversación entre un rey de España (no identificado, según el traductor) y un sabio cristiano, Tomás, encargado por el rey de aconsejarle a propósito de su política para con los judíos de su reino, acusados de haber cometido un crimen ritual con motivo de la preparación de la fiesta Pesah (Pascua). Entonces, Tomás evoca los orígenes de este pueblo en Sefarad y su llegada con Nabucodonosor tras la toma de Jerusalén.

 Selomoh Ibn Verga, op. cit., p. 49. Tras evocar los orígenes del pueblo judío en Sefarad y su llegada con Nabucodonosor, Tomás refiere la segunda venida de los judíos a España: «Cuando sucedió la destrucción del segundo Templo había en Roma un César que imperaba sobre todo el mundo. Tomó de Jerusatén cuarenta mil familias del linaje de Judah —de Jerusalén y de otras ciudades— y diez mil del de Benjamín y los sacerdotes, enviándolas a Sefarad, que formaba parte de su imperio por aquellos días. La mayoría de los del linaje de Benjamín y los sacerdotes, y unos pocos de los hijos de Judah, marcharon a Francia [...], de suerte que los judíos que están hoy en tu reino son de estirpe real y una gran parte de ellos, del linaje de Judah. Por tanto, ¿cómo se maravilla nuestro señor de hallar una familia que descienda de David?», ibid.

Para la difusión de este relato entre los judíos, véase Isaac Cardoso, Las Cinco Excelencias de los
Hebreos, Amsterdam 1679, citado por Yoseph Hayim Yerushalmi, ibid. Véase también la carta que el
apologista del judaismo, Isaac Cardoso, mandó al rabino de Venecia Samuel Aboab; véase supra la nota

 Al cabo de dos años de estudio, Juan de Mariana presentó su censura de la obra de Arias Montano
en el Tractatu pro Editione Vulgata, en el cual reconoce la importancia de los textos bíblicos antiguos.

Apparatus. Cierto es que se refiere también Mariana a la tradición judía en su libro Historiae de Rébus Hispaniae*7 , mencionando la etimología hebrea de Toledo; pero no se deja seducir por ella ya que ni la apoya ni la refuta, considerándola como mera conjetura:

Esta venida de Nabucodonozor es muy célebre en los libros de los hebreos, y por causa que en su compañía trajo muchos judíos, algunos tomaron ocasión para pensar y aun dezir que muchos nombres hebreos en Andalucía y assí mismo en el reyno de Toledo quedaron en diversos pueblos, que se fundaron en aquella sacón por aquella misma gente. Entre éstos cuentan a Toledo, Escalona, Noves, Maqueda, Yepes sin otros pueblos de menor cuenta: los quales dizen tomar estos apellidos de Ascalon, Nobe, Magedon, Yope, ciudades de Palestina; el de Toledo quieren que venga de Toledoth, dicción que en hebreo significa 'linages' y 'familias': quáles fueron las que dizen se juntaron en gran número para abrir las can jas y fundar aquella ciudad. Imaginación aguda sin duda, pero que en este
lugar ni la pretendemos aprovar ni reprovar de todo punto. Basta advertir que el fundamento es de poco momento, por no estribar en testimonio y autoridad de algún escritor ' antiguo... 18

Así, a finales del siglo XVI en España, se inicia un debate en torno al tema de la antigüedad de los judíos en España. Y podemos valorar el alcance de las palabras de Mariana en dicho debate cuando éste, a su vez, algunos años más tarde, ve su obra criticada por Ferrer, quien le reprocha el no haberse referido a Abdias ni a Sefarad, ni al comentario de San Jerónimo In Abdiam, como lo hizo Arias Montano". De hecho, si Ferrer espera encontrar estas referencias bajo la pluma de Mariana, es que
se trata de ideas que empiezan a imponerse y a difundirse en la época  , no sólo entre los amantes del idioma hebreo sino también entre los defensores de otra lengua, el vasco.

postbabélicas

. Así, en 1571, el mismo año que el comentario de Arias Montano, y de la misma imprenta, la de Plantino en Amberes, sale el libro de Esteban de Garibay, el Historial de las Crónicas23 , en el cual su autor intenta demostrar que la primera región a que llegó Túbal, hijo de Jafet, nieto de Noé, el antepasado bíblico de los españoles según la tradición medieval24 , fue el país vasco y que, por consiguiente, el idioma español, después del hebreo, procede del vasco25.

Según Garibay, se puede encontrar en la toponimia marcas inmarcesibles de una presencia histórica del pueblo de la Biblia en España:

 Véase Andrés de la Poca, De la antigua lengua, poblaciones y comarcas de Lis Españas, en que de
paso se tocan algunas cosas de la Cantabria, Bilbao, 1587. En el prefacio el autor expone su propósito
apologético: «aquí se trata de ¡Ilustrar y vandear nuestra lengua vascongada», op. cit., f. 1, y afirma que:

«En nuestra España, allende de la lengua hebrea y general del mundo, luego entró la vascongada como puramente babylónica», citado por el Conde de la Vinaza, op. cit., pp. 16-17. Andrés de la Poca ofrece numerosas topoetimologías hebreas:

«Hasta hoy día en nuestros tiempos ha quedado un rastro general de la lengua hebrea en los nombres de las más señaladas provincias:

Toledo en Hebreo significa madre de gentes; Tarragona está compuesto de la lengua hebrea, en la qual significa abundante en bueyes, y de la vascongada, en la qual ona es bondad y excelencia», ibid. Nótese por fin, el empleo de la voz Sefarad:

«Así también nuestra España en esta misma lengua primitiva no sin misterio es llamada Sefarad como se puede ver en el profeta Abdias...», ibid. 2

3 El historiador vasco Esteban de Garibay nació en 1539 en Mondragón (Guipúzcoa) y murió en Madrid en 1599. Conocedor profundo del griego y del latín, obtuvo el cargo de bibliotecario de Felipe II, quien más adelante le nombró aposentador (1576) y cronista (1592). Publicó, a los treinta y dos años de edad, el Compendio Historial de las Crónicas e Historia Universal de Todos los Reinos de España, donde se ponen en suma los condes señores de Aragón con los reyes del mismo reino, y condes de Barcelona, reyes de Ñapóles y de Sicilia (Amberes 1571), obra dividida en cuarenta libros; algunos años después, editó las Ilustraciones genealógicas de los reyes católicos de España y de los emperadores de Constantinopla hasta el rey don Felipe II y sus hijos (Madrid, 1596), y se le debe también los Letreros de las insignias y armas reales de los reyes de Oviedo, León y Castilla: Discurso e ilustraciones de las dignidades seglares de España (sin fecha).

Asimismo dejó en manuscrito unas interesantes Memorias y una colección de refranes vascongados, publicados en el Memorial histórico de la Real Academia de la Historia (t. VII, 1854); véase Enciclopedia Universal ilustrada Europeo-Americana, Madrid, Espasa - Calpe, 1928, tomo XXV pp. 863-864. Tomás Muñoz y Romero, en su Diccionario bibliográfico-histórico de los Antiguos Reinos, Provincias, Ciudades, villas, Iglesias y Santuarios de España (Madrid, Ediciones Atlas, 1973, p. 259), hace referencia a un manuscrito de Esteban de Garibay que trata de «la fundación de la imperial ciudad de Toledo, cabeza de las Españas, y las de muchos pueblos de sus comarcas, con otras cosas notables suyas, MS. de letra del autor, en el tomo IX de sus obras originales, que se guardan en la Academia de la Historia, f. 77-203.

En los seis primeros capítulos trata de probar que Toledo fue fundación de los hebreos; habla después del río Tajo y de algunas cosas notables de la ciudad, de las poblaciones comarcanas, fundadas también por hebreos, de algunos vocablos de su lengua que existen en la castellana, de la grande estimación en que han tenido a Toledo los reyes de España y los pontífices romanos, con lo que concluye este opúsculo».

Américo Castro, reflexionando sobre la necesidad de distinguir la historia «fabulosa» de los españoles de la verdadera, cita la crónica escrita en latín en el siglo XII por el navarro Jiménez de Rada, arzobispo de Toledo, según el cual Túbal es el antepasado de los españoles: «Del quinto fijo de Japhet, que ovo nombre Thubal, donde vinieron los españoles», Américo Castro, Sobre el nombre y el quién de los españoles, Madrid, Taurus, 1973, p. 72.

 «De la venida a España del patriarca Túbal, su primer rey, y de diversas razones manifiestantes
aver sido su assiento y habitación en la región de Cantabria y tierras de Navarra y que la lengua de
Cantabria, llamada agora bascongada, fue la primera de España», Garibay, Historial de ¡as Crónicas, 

En comprobación y evidencia d'esto, se hallan en la mesma región [Andalucía], diversos nombres chaldeos, y aun hebreos [...]. El nombre de la ciudad de Hispalis, llamada agora Sevilla, y primero Sepilla, es chaldeo, que según antes queda declarado, significa 'llanura', siendo su nombre muy proprio y consono al assiento muy llano que tiene esta ciudad, la qual es población d'esta gente chaldea, hecha en memoria y post[r]ero documento de su venida a España.26

Así, la argumentación topoetimológica hebrea permite al historiador vasco afirmar que los judíos llegaron a España en el siglo sexto antes de Cristo. Garibay dedica a este tema un nutrido capítulo titulado:

De la destruyción de la sancta ciudad de Hierusalem por Nabucadnezer, príncipe de los Babylonios caldeos [...] y socorros que d'España fueron a Tiro contra este príncipe, y venida suya a ella con Chaldeos y Persas y Indios y nombres chaldeos que en España se hallan y fundación de las ciudades de Sevilla y Córdoba y Toledo y de otros pueblos del contorno de Toledo y principio de las synagogas d'España. Es capítulo grande, pero muynotable.27

La pieza maestra de la demostración de Garibay es el nombre de Toledo, ciudad fundada, según él, por los judíos venidos con Nabucodonosor y ocasión para este autor —caso insólito para la época— de una apología del monoteísmo judío visto como preparación para la futura evangelización de España:

Los judíos, que era una de las más señaladas naciones que en los exércitos de Nabucadnezer venían, hicieron en España diversas poblaciones, siendo ésta su primera venida en ella, y comenzaron a estender en ella la sancta Ley de Escritura, dada por Dios a Moysén en el monte Sinay, para la carrera y salvación futura de las gentes, siendo la que mandó Dios observar, y la que los santos y justos siguieron hasta la predicación de la ley evangélica de Gracia, cuya figura era aquélla. Estas gentes passaron hasta la provincia de Carpetania, en la qual fundaron en la rivera de Tajo, en un cerro alto bien fuerte a natura, una población, que en su lengua hebrea llamaron Toledoth que significa 'generaciones', resultando este nombre por haber concurrido a su población y fundación de todas las generaciones de los diez tribus de Israel; y d'esta mesma opinión es el doctor Benito Arias Montano; y con el progreso del tiempo quitadas las dos últimas letras T y H se dixo Toledo, muy célebre ciudad de España cuya fundación hecha por estas gentes confirman y verifican algunos nombres que desde estos tiempos hasta los nuestros se conservan en la mesma ciudad [...]. Estas gentes teniendo en su ley y letras mucha pericia y doctrina fundaron synagoga, en su nueva ciudad, que fue la más principal que uvo en España, por cuyo sirio señalan a la yglesia de Santa María la Blanca en la parroquia de Santo Tomás.

Y, a continuación, Garibay muestra cómo los judíos, en tiempos del retorno del exilio babilónico, prefirieron no volver a Jerusalén y quedarse en España, fundando nuevas ciudades, réplicas de las de Tierra Santa:

Ellos, siendo llamados de los demás a su originaria patria quando tornó a ser reedificado el templo de Salomón, no quisieron bolver, respondiendo que, por auctoridades de profetas, sabían que aquel templo avía de ser tornado a destruir, y así sucedió en efecto en el tiempo del emperador Vespasiano [...]• Estos tribus de Israel no sólo fundaron la ciudad de Toledo, constituyéndola por cabeza de sus poblaciones en España, mas aún en su territorio fabricaron y erigieron otras poblaciones con los nombres de sus propias patrias y naturaleza, siendo una délias la villa de Escalona, a ocho leguas della, puesta en la ribera de Alberche, dándole el nombre de Ascalona, pueblo de los confines del reyno de Judá [...].

Fundaron en el mesmo territorio la villa de Maqueda, con nombre de su región [...] y lo mesmo hizieron en la mesma comarca a Noves, dándole el nombre de Nove, pueblo de su patria, y por la misma orden fundaron otro pueblo, llamado Yope, de donde vino después a derivarse el nombre de Yopes, y de Yopes Yepes, y esta propria consideración tuvieron en otro pueblo más conjunto a la mesma ciudad, llamado Aceca, y en otros muchos que en su circunferencia fundaron. En cuyas erecciones, con el grande amor de su patria, no sólo con los nombres, mas aún con las distancias de cada pueblo, fundando cada uno a tanto espacio de la ciudad de Toledo quanto los de aquella su región distaban de la ciudad de Jérusalem, de manera que en esto y en lo demás se esforçaron a retractar a su patria.29

Con este último verbo («retractar»), Garibay destaca, entre España y la Tierra Santa de la Biblia, una voluntad de fuerte paralelismo fundado en similitudes toponímicas entre ambas entidades. Y esta analogía puede interpretarse a la luz del propósito inicial del autor o sea la exaltación de «la mucha santidad y religión de la nación española»30. En dicho contexto apologético, la toponimia hebrea viene a ser un recurso idóneo para «sacralizar» la tierra de España, según un proceso que analizaremos más lejos al hablar de Covarrubias y que remite a una actitud, muy frecuente en el Siglo de Oro, de apropiación de todo lo hebreo bíblico (tierra, personajes, historia, etc.)31

En el caso de Garibay, se trasluce en sus escritos una afanada búsqueda de todos los detalles que permitan celebrar la unión de las dos tierras; para enriquecer su evocación, no vacila, como Arias Montano, en aludir a la tradición judía de la venida a España de un rey Piro:

A esta serie toponímica Garibay añade los nombres de lugares de la región andaluza: «Después, con el discurso del tiempo, siendo estas gentes en mayor augmento, se derramaron a otras diversas provincias de España, y d'estos primeros fueron a la Andaluzía, donde en la villa de Lucena tuvieron universidad de letras hebreas como lo escribe Iosepho Abarbenel en el Comento de los profetas menores» (ibid.); sigue el autor pasando revista a las ciudades judías diciendo que:

«En la ciudad de Çamora vinieron también a tener notable synagoga, y aun los ludios suyos se preciaron de ser a ellos escrita por Sant Pablo la Epístola a Hebreos, como en el mismo tratado lo notó el doctor Figuerola, aunque aquélla se escribió a los habitantes de Hierusalem: pero como Beuter dize, pudo ser que ellos tuvieron la copia y pidieron a Sant Pablo les diesse la razón de la Fe que predicava», ibid. 30 

Uvo en España un Rey llamado Pirrus, de nación griego, [...] yerno del rey Hispan, y que, siendo llamado por Nabucadnezer para la sobredicha guerra de Hierusalem, por ser su aliado, quando volvió a España, traxo muchos millares de ludios de la porción de su despojo, y que con ellos no sólo pobló en el territorio de Toledo muchos pueblos, pero aun fundó en la misma ciudad la synagoga, arriba nombrada, trayendo para su fábrica mucha tierra de Hierusalem.

A diferencia de Arias Montano, sin embargo, Garibay termina rechazando esta versión judía por sus anacronismos. En efecto, al evocar la tradición que exculpa a los judíos españoles de la muerte de Cristo, cambia de tono, abandonando la apología para negar todas las alegaciones a favor de los sefardíes:

Y aun passan de aquí diziendo que los judíos desta ciudad, siendo tan antiguos, por no haber consentido por sí ni por sus mensajeros en la pasión y muerte del Redemptor del mundo, vinieron después a ser exemptos y libres de cierto género de tributo que los demás hebreos de las otras regiones pagavan a sus príncipes. Todo esto es fabuloso, porque nunca uvo en España Rey, llamado Piro, y menos da lugar la concordancia de los tiempos para que el sobrino de Hércules el Griego pudiesse ser yerno del rey Hispan, ni tampoco a que el tal pudiesse alcançar los tiempos de Nabucadnezer [...] sino en tiempo del emperador Vespasiano, siendo Piro gobernador de la ciudad de Mérida...

Vemos que por muy apologético y «filohebraísta»34 que es, Garibay no se aparta del pensamiento teológico de su época, según el cual todos los judíos descienden de los que mataron a Cristo35; alaba la fidelidad y el amor que los hispanojudíos tienen por España, pero queda fuera de su propósito exculparles. Así, en el debate topoetimológico, Garibay aparece como el portavoz de cuantos no ven en la afirmación de la preeminencia del hebreo y de la antigua presencia de los judíos en España ningún agravio para con el honor nacional, sino, al contrario, un medio privilegiado para sus fines apologéticos. 

Con esta expresión de «filohebratsmo» calificamos la actitud de los autores del Siglo de Oro que intentan hacer derivar las raíces semíticas del español, sobre todo las fenicias y árabes, del idioma hebreo;

véase un ejemplo de esta actitud en Garibay, a propósito del nombre de la ciudad de Cádiz: «que los fenices por llamar en su lengua Gadir a los palenques, surtió esta ciudad Erithrea, su segundo nombre de Gadir, diziéndose después Gades y Cáliz, que en caldeo significa cosa magnificada y engrandecida. Por otra parte es dicción hebrea pues si de los fenices vino el nombre había de ser hebreo porque ellos sabían la hebrea, [...] que sea dicción hebrea no provino de los fenices sino de los muchos judíos que después vinieron a España con Nabucadnezer...», Garibay, op. cit., Libro V, cap. 3, p. 123. Esta actitud de «filohebraísmo» es la que Aldrete rechaza rotundamente, operando exactamente al revés y haciendo derivar el hebreo del idioma fenicio, como veremos más adelante (véase, infra, la nota 70).

En la perspectiva apologética es también interesante la actitud adoptada por Maluenda. El autor del De Antichristo (citado supra en la nota 15) sigue primero la opinión de Garibay a quien cita: «Tune sane Nabuchodonosorum multos Iudaeos, vel captivos, vel milites, in eam Hispanicam expeditionem
traxisse, qui postea in Hispánica haeserunt, genus in posteros propagaverint, nomina Hebraica urbibus a historiadores opinan como él y combaten esta actitud por juzgarla indecente, emprendiendo una guerra contra el hebreo y proponiendo otras topoetimologías. Tal es el caso de Bernardo de Aldrete, quien se luce en el debate por alzar la voz y salir en defensa del honor de la nación española.

Dominique Reyre
LEMSO, Universidad de Toulouse-Le Mirail

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