domingo, 18 de marzo de 2018

El Tesoro de los Sefardíes que abandonaron España


No sabemos quiénes fueron, ni cuánto tiempo tardaron en copiar los versos del Talmud. Palabra tras palabra, ilustración tras ilustración. Sabemos que el pergamino fue encargado en Barcelona hacia mitad del siglo XIII por una familia judía en buenas relaciones con la Corona de Aragón.

Durante cien años, las 34 páginas ilustradas de esta Hagadá (así se llaman los textos leídos durante la Pésaj, la pascua judía), se conservaron en la Barcelona. Pero antes de que llegara el verano de 1492, el libro estaba de camino hacia Italia.

Los Reyes Católicos habían concedido tres meses a los judíos que vivían en la Península Ibérica para decidir: o se bautizaban o se iban. El Edicto de Granada, emanado pocos meses después de la conquista de la Alhambra, sentaba las bases para una España donde había sitio sólo para los cristianos. A los judíos que decidieron marchar se les prohibió llevarse oro, dinero y plata. Pero sí les dejaron sacar algo incluso más valioso: los libros.



La tierra adoptiva de los sefardíes

Empezaron así las peregrinaciones de esta Hagadá, un libro que se ha vuelto un símbolo del desarraigo y de las tribulaciones de la comunidad sefardí. La belleza de sus ilustraciones, la riqueza de sus colores, lo convirtieron enseguida en un codiciado manuscrito. En Venecia, donde los judíos gozaban de una cierta libertad, el cura católico Giovanni Visitorini puso su firma encima del volumen: el libro podía quedarse sin temor a represalias por parte de la Iglesia.

Edicto Granada 

Volvemos a encontrarlo en 1894 en el Imperio Otomano, en la ciudad de Sarajevo, cuando una familia judía decide venderlo al Museo Nacional de Bosnia y Herzegovina. “Los judíos españoles, los sefardíes, vivían en la ciudad hacía ya cientos de años. Vinieron más o menos cuando se construyó el puente sobre el Drina”, cuenta el escritor bosnio Ivo Andrić en su novela sobre la historia de Sarajevo.

Cuando las tropas serbias asediaron la capital, durante la guerra de Bosnia en 1992, proteger el tesoro más preciado de los sefardíes se convirtió en una prioridad. Cincuenta años antes la Hagadá, escondida entre los muchos títulos conservados en el museo, se había salvado de la destrucción nazi. O por el altruismo de un clérigo musulmán que la ocultó bajo un nogal, según reza una versión más novelada. Pero ahora, con la Biblioteca de Sarajevo en llamas, el riesgo de perderlo para siempre había vuelto.

El Museo Nacional, donde la Hagadá era custodiada, se convirtió en un blanco constante de los francotiradores serbios. Su director, Rizo Sijari, murió por la explosión de una granada mientras intentaba reparar los huecos abiertos en los muros por el fuego de las ametralladoras.

La Hagadá se escondió en una cámara de seguridad subterránea

“El gobierno bosnio lo ha vendido para comprar armas, decía un rumor. No, se lo habían llevado agentes del Mossad por un túnel bajo el aeropuerto de Sarajevo. No creía en ninguna de las opciones. El libro se había convertido probablemente en ceniza después de haber pasado por el fuego de las bombas de fósforo”, escribe Geraldine Brooks, ganadora del premio Pulitzer, en El pueblo del libro, donde se reconstruyen la vicisitudes de la Hagadá.

El libro, sin embargo, se salvó. Fue escondido en secreto en la cámara de seguridad subterránea de un banco. En 1995, con los escombros todavía por las calles de Sarajevo, se concedió a la comunidad judía de la ciudad permiso para celebrar la Pascua con su Hagadá.

En 2002, después de 10 años, volvió a exponerse en el restaurado Museo Nacional bajo la protección de un vidrio acorazado.

Hagadá Sarajevo

La gestación de la diáspora

“Las bibliotecas de Roma, París y Londres y Oxford están llenas de manuscritos sefardíes de incalculable valor”, explica José Ayaso, docente de Historia del Pueblo Judío en la Universidad de Granada.

Un patrimonio que España ha perdido para siempre. “Algo queda en Escorial y en la Biblioteca Nacional”, añade Mariano Gómez Aranda, investigador del CSIC, “pero en España sigue habiendo libros que todavía ni se han ni estudiado ni traducido”.



En la Península Ibérica el antisemitismo fue un fenómeno relativamente tardío con respecto al resto de Europa, debido a los siglos de convivencia entre las tres religiones monoteístas. “El Edicto de Granada fue el último acto de una persecución empezada cien años antes”, explica la profesora María Antonia Bel Bravo, de la Universidad de Jaén. Progresivamente la comunidad hebrea se ruralizó y abandonó las juderías. Para vivir mejor muchos se convirtieron, manteniendo al mismo tiempo la religión y las instituciones judías. “Sin embargo, el nuevo reino construido por los Reyes Católicos era un estado centralista y unificador, no admitía una comunidad autónoma con reglas propias”, añade Bel Bravo.

Es posible que las consecuencias del Edicto fueran más allá de lo previsto. “Los reyes querían prohibir una religión, no expulsar un pueblo entero”, afirma Aranda, investigador especializado en Estudios Judíos. “Las condiciones fueron tan duras con el objeto de obligarlos a quedarse y no perder todos sus bienes. Pero no fue así”, añade.

Los judíos creían que volverían a España al cabo de pocos años

Por el norte de África, Italia, Holanda o el Imperio Otomano (que entonces comprendía lo que hoy es Israel) los sefardíes se refugiaron en los países donde podían vivir el judaísmo. Muchos se fueron creyendo que volverían al cabo de pocos años. Pasaron siglos.

“¿A este Fernando le llamáis rey, que empobrece sus estados para enriquecer los míos?”. La frase, atribuida al sultán turco Bayaceto II, sirve para entender la magnitud del error de Isabel y Fernando. Para Gómez Aranda no se puede cuantificar el daño económico que provocó la diáspora judía, sin embargo fue una grave pérdida cultural en el campo científico, filosófico y financiero.
El lento renacimiento de la comunidad judía

La vida para los que se quedaron en España fue terrible. “Después de la expulsión, oficialmente los judíos no existían. Los que mantuvieron en secreto su religión vivían con la amenaza constante de la Inquisición”, explica la profesora Bel Bravo. Las cosas no fueron mejor para los marranos: nunca consiguieron quitarse de encima la reputación de ser unos impostores.

Los judíos volverán con los negocios y el ferrocarril. En 1834, con la abolición definitiva de la Inquisición, los banqueros Rothschild se instalaron en Madrid. El gobierno necesitaba urgentemente nuevas fuentes de financiación para salvarse de la quiebra.

Sinagoga de la Calle Balmes

FRANCISCO DIEZ DE VELASCO - UNIVERSIDAD LA LAGUNA

La libertad de culto se restauró con la constitución de 1869 pero hasta 1917 no habrá en Madrid un lugar de culto abierto al público. Entonces cientos de judíos llegaron a España huyendo de la Primera Guerra Mundial. “Se trataba de una nueva comunidad, que no tenía nada a que ver con la que vivía en España antes de la diáspora”, explica Jacobo Israel. “Algunos de ellos eran sefardíes, pero la mayoría no”, añade este historiador y ex presidente de la Federación de las Comunidades Judías de España.

En 1968 el franquismo intentará aprovecharse de la inauguración de la sinagoga de la Calle Balmes para darse un aire de modernidad. El Ministerio de Justicia incluso envió una carta para comunicar a la comunidad judía de la capital que el Edicto de Granada quedaba “sin efecto según la vigente ley”. La noticia acabó en la portada del New York Times y del Chicago Tribune.

El franquismo se aprovechó de la inauguración de la Sinagoga de Madrid para “abolir” el Edicto de Granada



Para el profesor Ayaso las heridas se cerraron del todo en 2015, cuando el gobierno de Mariano Rajoy aprobó la ley que otorga la nacionalidad a los descendientes de sefardíes. “Un hito histórico, ratificado por unanimidad por el parlamento”, afirma Isaac Querub, presidente de la Federación de las Comunidades Judías. Sin embargo, se trata de una norma muy farragosa, repleta de requisitos y con fecha de caducidad. El plazo para pedir el pasaporte español caducará en 2018 y de momento ha habido sólo unas tres mil solicitudes.

La comunidad judía cuenta hoy con unas 45.000 personas: “La integración en la sociedad española es perfecta”, explica Querub. Los años en que España se veía como un país excesivamente católico y antisemita forman parte del pasado. Miguel de Lucas, director del Centro Sefarad Israel de Madrid añade que con respecto a otros países europeos, hay muy pocas manifestaciones antisemitas aunque las tensiones en Oriente Próximo derivan en sentimientos ‘antisionistas’.

El Centro Sefarad Israel, institución impulsada por la diplomacia española, celebra en 2017 su décimo aniversario. “Somos un puente entre España y el judaísmo”, explica de Lucas. “Trabajamos para recuperar el tiempo perdido. Hay mucho deseo de conocimiento sobre el mundo judío en la sociedad, desde la historia de Israel al Holocausto”.

Ahora España tiene que reconocer la herencia de los moriscos

“Se han dado grandes pasos en el reconocimiento de la cultura hebrea”, afirma Ayaso. Los ateneos de Madrid, Barcelona, Salamanca y Granada, o el CSIC están a la vanguardia en los estudios semíticos. El turismo ha contribuido a la creación de la Red de Juderías, dedicada a la recuperación de los antiguos barrios judíos en toda la península. Sin embargo, para el investigador Gómez Aranda, falta un museo de la historia de los judíos en España digno de este nombre. “De momento sólo existe una pequeña exposición en la Sinagoga del Tránsito de Toledo. Demasiado poco para expresar la aportación judía a la cultura española. Los judíos no son ‘otra gente’, somos nosotros, los españoles”.

En opinión del profesor José Ayuso, a España le queda también otro reto pendiente: reconocer y recuperar también la herencia de los moriscos, los musulmanes obligados a convertirse al cristianismo en 1502 y definitivamente expulsados por orden de Felipe III en 1609.

https://www.elindependiente.com/tendencias/2017/05/28/tesoro-de-los-sefardies/

sábado, 17 de marzo de 2018

Rurta del Menhir: Entre Gamonal y Velada

Ruta del menhir



Desde el lavadero de Gamonal tomaremos el camino que sale en dirección norte, justo en la raqueta del cruce de la carretera de Ávila, e iremos ascendiendo por él. 



A unos quinientos metros se ven a la izquierda unos pequeños taludes arenosos donde algunas mujeres de Gamonal extraían la arena y la vendían en Talavera para fregar las sartenes. Alguna de ellas falleció atrapada por la tierra cuando se derribó la pequeña galería de la que la extraían.

Seguimos subiendo por este camino y, aproximadamente a dos kilómetros del inicio, podemos desviarnos hacia el noroeste hasta la ermita de la Encarnación, antigua iglesia de un despoblado medieval anterior al actual asentamiento de Gamonal. 

Conserva todavía los muros muy deteriorados, la espadaña sobre un muro fortificado y también se percibe que tuvo un pequeño pórtico en la entrada sur.

Desde allí seguiremos campo a través hasta la elevación que se percibe a poniente sobre con una roca con un vértice geodésico. 

Ésta es el Cancho del Niño que, como el resto del paraje inmediato del Cerro de los Lobos debe su nombre a que según una tradición, en una ocasión el hijo de una lavandera que jugaba por la zona se alejó de su madre y fue devorado por un lobo.Ermita de la Virgen de Gracia de Velada en dibujo de Enrique Reaño

Desde allí seguiremos por estas estribaciones del Berrocal, según indica el plano, hasta llegar a una vaguada que desciende en dirección oeste y que llega hasta la ermita Virgen de Gracia, patrona de Velada, que cuenta con una interesantísima azulejería de Talavera del siglo XVI y XVII con una zona arreglada para las romerías.Reatablo de azulejería del siglo XVII en la ermita de Virgen de Gracia de Velada

Desde aquí seguiremos paralelamente a la carretera de Ávila que cruzaremos antes de que trasponga hacia los llanos del Baldío, dirigiéndonos hacia lo que parece una torre o atalaya, y que en realidad es un molino de viento que perteneció a los marqueses de Velada, cuyo escudo lucía sobre la puerta, aunque fue robado. 

 Desde allí la vista es magnífica sobre los Llanos de Velada, donde se producen sus magníficas sandías y carillas, y el valle del Guadyerbas festoneado por su bosque de ribera, ambos protegidos por su riqueza ambiental, y al fondo, la sierra de Gredos. 

Podemos descender unos cientos de metros hasta la pintoresca fuente de Praomaría, junto al camino que desciende a los Llanos del Baldío velaíno, para desde aquí regresar por ese mismo camino a Velada,Molino de Viento de Velada

Éste es un pueblo con un patrimonio considerable y digno de detenernos, como describimos en el capítulo en el que la Cañada Leonesa Oriental pasa por aquí.Fuente de Praomaría

Partimos después desde Velada en dirección sur por la cañada hasta donde se cruza con el Carril de las Mulas, y cerca del paraje conocido como la laguna del Conejo, a la derecha de nuestro camino, se encuentra sobre una elevación un curioso menhir que, como otros monumentos megalíticos de la comarca, también se localiza junto a estas viejas vías pecuarias. 

Se trata de un bloque granítico con la típica forma apuntada de los menhires que tiene en su cara sur numerosos huecos semiesféricos, las llamadas “cazoletas”, cuyo significado ritual para las gentes que lo erigieron hace cuatro mil quinientos años desconocemos. 

Algunas de estas cazoletas están comunicadas por canalitos cuyo simbolismo también ignoramos.Menhir de la laguna del Conejo

Después nos dirigiremos por ese mismo carril de las Mulas hasta Gamonal, el punto de partida.Detalle de las cazoletas del menhir de la Laguna del Conejo con la flecha señalando uno de los canalillos

http://lamejortierradecastilla.com/ruta-del-menhir-entre-gamonal-y-velada/

viernes, 16 de marzo de 2018

Señores y Condes de Cedillo : Historia de una familia toledana de los Siglo XV a XVIII (II)

Resultado de imagen de cedillo del condadoY de ambos nacieron: 

1) Fernán López de Toledo, que premurió a su padre, pues al servicio del Infante Don Enrique se halló combatiendo en la batalla de Olmedo, el 19 de mayo de 1445, de la que salió herido, falleciendo en Aragón poco después.

2) Juan Álvarez de Toledo, que por muerte de su hermano mayor heredó Tocenaque. IV. JUAN ÁLVAREZ DE TOLEDO (llamado a veces en los documentos JUAN ÁLVAREZ ZAPATA), Señor de Tocenaque, doncel del Rey Juan II, regidor de Toledo desde 10 de septiembre de 1434.



Documentado por vez primera en escritura datada en 1425, que cita el P. Román, sirvió al Rey en el invierno de 1438-1439, cuando el Infante Don Enrique quiso apoderarse de Toledo; y más tarde acompañó al Rey en la batalla de Olmedo en 1445. Hizo testamento en Toledo a 24 de septiembre de 1453, ante Juan Núñez de Toledo28.

Se casó con DOÑA CATALINA ZAPATA, hija de don Luis Pérez Zapata y de doña Mencía de Torroellas, vecinos de Calatayud, y pertenecientes al conocido y noble linaje de Zapata allí radicado, línea de Tobía29 .

Resultado de imagen de Condes de CedilloEstando en la villa de Illescas, embarazada de muchos meses, esta señora hizo poder para testar a favor de su marido, el 30 de julio de 1452, ante Juan Núñez de Toledo, y murió enseguida, probablemente durante el parto de su última hija; el marido testó en la villa de Illescas el 16 de septiembre, ante el mismo escribano.

Ambos cónyuges yacen sepultados en su capilla toledana de San Juan, en la iglesia de San Salvador, y fueron padres de:

1) Hernán d’Álvarez de Toledo, que sigue.

2) Francisco Álvarez de Toledo, o Álvarez Zapata, doctor en ambos Derechos y gran letrado, fue canónigo y maestrescuela de Toledo desde antes de 148630, y protonotario apostólico.

Fundador del Colegio de Santa Catalina de Toledo en 1485, que dotó con veintidós cátedras (entre ellas las de Teología, Cánones, Leyes, Artes, Medicina y Cirugía, Retórica, Griego y Matemáticas), y que transformó en Universidad por bula pontificia dada el 22 de febrero de 1520.
En 1487 fue vicario general del Arzobispado de Toledo (nombrado por el Gran Cardenal de España). El canónigo maestrescuela Zapata fue acusado en 1489 de judaizar, como su hermano fray García, pero tuvo más suerte porque resultó finalmente absuelto, y logró que fuesen castigados severísimamente los falsos testigos que le acusaron, por sentencia dada el 2 de abril de 148932. Más tarde fue inquisidor de Toledo y miembro del Consejo Real de los Reyes Católicos. En 1514 algunos caballeros toledanos le sorprendieron cerca del monasterio de San Bernardo, y le vejaron y maltrataron cruelmente, dejándole muy malherido, lo que causó un proceso criminal del que resultaron varias penas de muerte.
En 1494 reconstruyó el claustro y dotó una suntuosa capilla en el monasterio de San Bernardo de Monte Sión, extramuros de Toledo y cabeza de la Orden de San Bernardo en Castilla. Hizo su testamento en Toledo el 7 de diciembre de 152033 . Por aquellas fechas era uno de los más conspicuos comuneros toledanos, pero tras la derrota de aquellos revoltosos fue exceptuado del perdón dado en 1521, y fue juzgado, pero en 1523 resultó absuelto con facilidad, quizá porque era eclesiástico34. Murió en Valladolid el 5 de septiembre de 1523, y fue llevado a enterrar a Toledo, a su capilla del Colegio de Santa Catalina .

3) Fray García Zapata, fraile jerónimo en el convento de la Sisla de Toledo, y prior de su convento. También acusado de judaizar, parece ser que sufrió tormento, se le probó el delito y fue condenado a muerte y relajado al brazo secular, que lo ejecutó en la hoguera frente al propio convento36 .

4) Pedro Zapata, que fue regidor de Toledo desde 149137, contador de la ciudad de Toledo, y pagador de las obras reales en el monasterio de San Juan de los Reyes, propietario de la dehesa de Zurraquín, alijares de Toledo. Fundó dos mayorazgos, ambos con imposición del apellido Zapata: el primero en 22 de febrero de 1502 en cabeza de su hijo Juan, y el segundo el 19 de febrero de 1503, en cabeza de su hijo Francisco, ambos ante Alfonso Álvarez, en Toledo40; en julio de 1504 ya había muerto41. También fundó una rica capilla en el monasterio toledano de San Miguel de los Ángeles. De su matrimonio con doña Aldonza de la Fuente tuvo por sus hijos a:

A) Juan Álvarez Zapata, primer llamado al mayorazgo fundado por su padre; fue jurado y contador de Toledo desde 149243, y más tarde regidor de Toledo –parece que lo era en 1520, cuando al tiempo de las Comunidades se opuso a las órdenes del Rey44–. Marido de doña María Arias, hija de Álvar Gómez de Ciudad Real, Señor de Pioz. Con descendencia.
B) Francisco Álvarez Zapata, gentilhombre del Emperador Carlos V, segundo llamado al mayorazgo que fundó su padre. Marido de doña Isabel de la Cerda, natural de Guadalajara e hija de Antonio de la Cerda. Con sucesión en a) Don Francisco Zapata de la Cerda, dueño de muchos pares de casas en Zocodover, demolidas en 1608, por cuyo derribo el Ayuntamiento de Toledo indemnizó años después al Conde de Cedillo, que fue su heredero .
C) Doña Catalina Zapata, esposa de Alonso de Silva, regidor de Toledo desde 1502 (hijo de Arias Gómez de Silva, maestresala de los Reyes, y de doña Mayor de Ayala). Con tres hijos y larga descendencia .
D) Doña María de Toledo, casada con Fernán Pérez de Guzmán.
E) Hernán d’Álvarez Zapata, tercer llamado al mayorazgo fundado por su padre en 1503.

5) Diego López de Toledo, regidor de Toledo, contador, documentado desde 146147 y muerto en 1491. Fundó el convento de franciscanas de San Miguel de los Ángeles, en Toledo. No tuvo hijos de su matrimonio con doña María de Santa Cruz, finada en Toledo en 1504 –era, al menos desde 1498, la abadesa del mencionado convento de los Ángeles–.

6) Doña María Álvarez de Toledo, que fue monja en el monasterio toledano de Santo Domingo el Antiguo.

7) Doña Mencía de Toledo.

8) Don Luis Álvarez Zapata, documentado desde 1458, regidor de Toledo entre 1486 y 1507 –año de su muerte–, y patrono de la capilla de San Juan Bautista en la iglesia parroquial de San Salvador. Fue desposado en primeras nupcias en Madrid con doña Catalina de Herrera; y en segundas con doña María González de Jarada, hija de Alfón Núñez de Jarada –que fue acusada de judaizante y condenada por el Santo Oficio–. Fueron hijos de ambas uniones:
A) Juan Álvarez de Toledo, vecino y jurado de Toledo, que en 1499 fue testigo en el testamento del secretario su tío, en 1509 litigó por la sucesión en la regiduría paterna, y todavía en 1514 figura como testigo en un acta notarial. Parece que fue padre de:

a) Bernardino Zapata de Herrera, capiscol y canónigo de Toledo, dueño de la dehesa de Monteagudo en los alijares de Toledo en el año de 155551, y sobre todo fundador en 1558 del Colegio Mayor de San Bernardino, que instaló en unas casas que él mismo adquirió de los jesuitas en 1569, y que funcionó hasta 184652 .
b) Francisco de Herrera, igualmente canónigo de Toledo.

B) El licenciado Bernardino Zapata el cojo, maestrescuela de la catedral de Toledo, que al parecer fue gran comunero y diputado de la Junta de la Comunidad toledana durante el sangriento episodio de las Comunidades de 1520-152153 .

 C) Francisco Álvarez Zapata.

D) Doña Isabel Zapata, casada antes de 1505 con Martín de Alarcón, hijo del jurado y fiel ejecutor toledano Rodrigo Cota54. Con sucesión.

E) Doña Catalina Zapata, mujer de Diego López de Haro, vecino de Toledo; sin descendencia. Esta señora fue procesada por el Santo Oficio en 1507, por judaizante, como su madre55 .

9) Doña Catalina Álvarez de Toledo, durante cuyo parto en Illescas falleció su madre a finales de julio de 1452. Citada en 1503, en el testamento de su hermano Pedro. Fue mujer de Juan Álvarez de Madrid, vecino de la villa de Madrid. Fuera de matrimonio, y en la montañesa doña María de Bustamante (hija de Juan de Bustamante), el Señor de Tocenaque tuvo otro hijo:

9) Juan Álvarez Zapata, que tomó el nombre de la esposa de su padre por haberle criado esta con amor. Este caballero fue regidor de Toledo y pagador de la despensa de la Reina, y recibió de los Reyes Católicos varias mercedes en el reino de Granada: una regiduría, y el Señorío de las Guájaras. Pasó entonces –hacia 1492– a residir en la capital granadina, y fue su procurador en las Cortes de 1515. Se casó allí con doña Francisca Álvarez de Santisteban, de la que tuvo hijos que murieron en la infancia. Y, habiendo criado en su casa a dos sobrinos Juan y Fernando de Bustamante y Aguayo, les prohijó por escritura hecha el 19 de julio de 1503 ante Alonso de la Peña, escribano de Granada. Tomaron el apellido de Zapata, y Juan fundó en cada uno de ellos dos mayorazgos. Tuvieron muy ilustre descendencia en Granada: del mayor, Juan, descienden los Señores de las Guájaras del Faguid, de Orjiva y de Alhendín, con enlaces incluso con los Condes de Cabra y los Condes de la Alcudia; de Fernando, que fue veinticuatro de Granada, descienden los Señores de las Guájaras del Fondón –más tarde recayó en esta descendencia el mayorazgo de su hermano Juan, por extinción de la suya– .

V. HERNAN D’ÁLVAREZ DE TOLEDO, hijo mayor, que fue el gran personaje de esta familia, y un personaje de extraordinaria relevancia en la corte castellana de su tiempo. Ya he dicho antes que fue Señor de Tocenaque y Manzaneque, continuo del Rey Don Enrique IV, regidor de Toledo desde 1471, y secretario de los Reyes Católicos desde 1477, y de su Consejo; notario mayor del reino de Granada desde 1492, comendador de Castilnovo y de Herrera en la Orden de Alcántara, y Señor de la villa de Cedillo desde 1487. Fundó mayorazgo de sus estados y bienes en 1407, como antes dije, testó en 1499, y falleció hacia 1508, siendo enterrado en su capilla de Santa Catalina, en San Salvador. Se había casado con DOÑA ALDONZA DE ALCARAZ, dama de la Reina Católica, que todavía era viva en 1514, y tuvieron muchos hijos, que fueron: 



1) Juan Álvarez de Toledo, que murió en la niñez.

2) Doña Constanza de Toledo, que nació en Toledo el 4 de noviembre de 1484, y murió en la misma ciudad el 24 de marzo de 1557, bajo testamento cerrado hecho allí el 13, ante Gaspar de Navarra. Desde 1490, siendo muy niña62, fue desposada con el comendador Pero López de Ayala, Señor de Peromoro y San Andrés, regidor de Toledo desde 1511, hijo natural legitimado en 1484 del segundo Conde de Fuensalida, quien fue un destacado comunero durante la revuelta de 1520-1521 y vio confiscados sus bienes63. Dejó poder para testar hecho en Peromoro el 22 de diciembre de 1537, y falleció antes de acabar el año; siendo otorgado su testamento en Toledo el 5 de abril de 1538, ante Alonso de Rivadeneira. Ambos cónyuges fueron sepultados en la capilla mayor de la iglesia de Santo Tomé, y en los descendientes de su único hijo don Juan de Ayala y Toledo recaerá el Condado de Cedillo y mayorazgos anejos a partir de 1684, como se verá más adelante.

3) Don Antonio, primer llamado al mayorazgo paterno, que sigue.

4) Fernán d’Álvarez de Toledo, paje y continuo de los Reyes Católicos, comendador de Bienvenida en la Orden de Santiago, y más tarde fraile bernardo. Hizo testamento el 31 de diciembre de 150864 .

5) Don Juan de Luna, canónigo de Toledo y arcediano de Écija, que era vivo en 150865 .

6) Frey Diego López de Toledo, comendador de Castilnovo66 y de Herrera en la Orden de Alcántara, teniente de la fortaleza de Piedrabuena (1494), escribano de la villa de Alcántara (1495)68 , y alcaide de los castillos de Villatoro y Navamorcuende (1504)69 . Acompañó a Portugal a la Infanta Doña Catalina cuando fue allí a casarse con el monarca lusitano, y por fin presidente del capítulo general de las Órdenes Militares celebrado en 1557 en Madrid. Tuvo este hijo natural:
A) Don Antonio Álvarez de Toledo, primer llamado al mayorazgo que fundó su tío don Bernardino de Alcaraz. Fue en su juventud continuo de la Real Casa. Contrajo matrimonio con doña Aldonza de Rivera, hija de Per Afán de Ribera, hermano del Señor de Malpica. Sin sucesión.

7) Don Juan Álvarez de Toledo, arcediano de Écija y dignidad de la Santa Iglesia Patriarcal de Sevilla, y después canónigo de Toledo. Fundó un mayorazgo para los segundogénitos de la Casa de los Señores de Cedillo, por escritura otorgada en Toledo el 22 de octubre de 1532, ante Álvaro de Uceda. En 1547 aún vivía, y fue uno de los capitulares que se opuso a la introducción del estatuto de limpieza de sangre por el cardenal Silíceo .

8) Pedro Zapata, que fue capitán en Italia con el Gran Capitán . Soltero.

9) Don Bernardino de Alcaraz, comendador de las Aceñas de Alhóndiga en la Orden de Calatrava, y después canónigo y maestrescuela de Toledo en sucesión de su tío homónimo, y fue un religioso ejemplar. Heredó de sus padres unas casas principales a la colación de San Román, en las que habían residido sus abuelos maternos. En diciembre de 1529 adquirió ciertas rentas de las dehesas de Castrejón, Albaladejo y El Allozar, de las que luego diré más. En 1547 se opuso, con otros capitulares, al intento del cardenal Silíceo de establecer un estatuto de limpieza de sangre73. Acrecentó varias capellanías del Colegio de Santa Catalina en 1549, y fundó un buen mayorazgo en cabeza de su sobrino Antonio, por escritura hecha el 9 de diciembre de 1553 ante Juan Sánchez de Canales; y firmó su testamento en Toledo el 5 de marzo de 1556, que se abrió el día de su muerte, 2 de noviembre de aquel mismo año74 .

10) Francisco Álvarez de Toledo, casado en Talavera de la Reina con doña Catalina de Meneses, hija de Hernán Álvarez de Meneses y de doña Catalina de Herrera. De quienes nacieron: A) Don Fernando de Toledo y Meneses, que fue padre de don Bernardino de Meneses, capitán y sargento mayor en Milán. B) Don Pedro Suárez de Meneses, que fue sacerdote. C) Don Bernardino de Meneses, que se casó con doña María de Robles, y ambos pasaron a Indias. D) Doña Aldonza de Toledo, mujer de Juan Hurtado de Mendoza. E) Doña Catalina de Meneses, casada con Rui Gómez de Figueroa, hijo de Lorenzo Suárez de Figueroa y de doña Mencía de Ayala.

11) Doña Catalina de Toledo o Zapata, muerta en Córdoba en 1507. Fue casada en 149275 con Martín Alonso de Montemayor, comendador de la Orden de Santiago, veinticuatro de Córdoba, donde testó el 2 de agosto de 1505, ante Pedro Fernández el Rico, mandándose enterrar en la capilla de San Pedro de la catedral cordobesa; debió de morir allí por entonces. Este caballero, que era hijo de Martín Alfonso de Montemayor, IV Señor de Alcaudete, y de doña María Carrillo de Córdoba (hija a su vez de los primeros Condes de Cabra), previa facultad real, fundó mayorazgo el 14 de julio de 1505 ante dicho escribano76. Padres de:
A) Don Baltasar Fernández de Córdoba, nacido hacia 1500, que era menor al morir sus padres en 1505 y 1507, y se discernió su tutela, y la de su hermana, a su abuela materna77. Era vivo en 1582, habiéndose casado con doña Leonor de Zúñiga, hija de don Álvaro de Zúñiga, prior de la Orden de San Juan. Con prole.
B) Doña María Carrillo, nacida hacia 1503. Fue casada primeramente con don Pedro de los Ríos, veinticuatro de Córdoba, hijo de los Señores de las Escalonías. De cuya unión desciende doña Jacinta de Córdoba, que poseyó este mayorazgo y fue esposa de don Jerónimo Sfondrato, Marqués de Masibradi, suegros ambos del Conde de Cifuentes; y después de enviudar, fue casada con don Diego de Cárcamo, de quien hubo muchos hijos, y entre ellos: a) Don Bernardino de Sotomayor, canónigo de Toledo.

12) Fray Fernando Álvarez de Toledo, comendador de Bienvenida en la Orden de Calatrava, y más tarde monje bernardo y abad de su convento.

13) Doña Isabel de Toledo, abadesa del Monasterio de la Concepción de Toledo, de la Orden de Santa Clara.

14) Doña María de Toledo, abadesa del Monasterio de San Miguel de los Ángeles de Toledo.

VI. ANTONIO ÁLVAREZ DE TOLEDO

(llamado a veces Antonio Álvarez Zapata), Señor de Cedillo, Tocenaque y Manzaneque, paje de la Reina Católica desde 1488, y del Príncipe Don Juan desde 1496, continuo de la Casa Real, regidor de Toledo, patrono de la Universidad de Santa Catalina, veinticuatro de Sevilla y alcaide del castillo de Cala desde 1495, contador mayor de la ciudad de Sevilla desde 1495, notario mayor del Reino de Granada desde 1498, escribano mayor de rentas de Toledo, su partido y su arcedianazgo desde 1498, escribano de rentas del Priorato de la Orden de San Juan en Castilla, en 1504, confirmador y concertador de los privilegios reales .



Sirvió, como su padre, a los Reyes Católicos, y éstos le premiaron haciéndole otras mercedes económicas, además de las mencionadas, y por fin creándole CONDE DE CEDILLO por merced hecha en Laredo a 3 de agosto de 1496, que transcribo al final de este relato genealógico. En 1506 fue embajador en Portugal para pactar la división del Océano y del norte de África.

Durante la revuelta de las Comunidades (1520-1521), encabezó la minoría de regidores que se opuso a los comuneros, enfrentándose a Juan de Padilla en sesión concejil con el puñal en la mano, y después se encastilló con hombres y artillería en un barrio de Toledo, informando de todo lo que hacían los comuneros a la corte. Esta actitud le valió la enemiga de poderosos toledanos, que en 1430 intentaron sacarle del banco de caballeros del Concejo, dando origen a una memorable causa que concluyó ya su hijo en 1534, pues él murió en 1529. Se había casado en 4 de agosto de 1493 con DOÑA MARÍA PONCE DE LEÓN Y LUNA, dama de la Reina Católica, hija de Luis Ponce de León, bisnieto del II Conde de Arcos, y de doña María Fernández de Vargas. Esta señora litigó por el estado de Arcos y villas de Marchena, Zahara, Rota, Mairena y Bailén, como herencia de su abuelo el Duque de Cádiz; cuyo pleito se concertó mediante el pago por el Duque de Arcos de cuatro cuentos de maravedís para la dote de doña María, por escritura otorgada en Sevilla el 5 de abril de 1494. Entonces doña María Ponce de León fundó mayorazgo de los bienes que mediante esa concordia obtuvo, por escritura hecha en Olías a 18 de octubre de 1530, ante Alonso de Ribera, escribano de Toledo, como vínculo de segundogenitura al que llamó en primer lugar a su hijo Luis. Fueron sus hijos:

1) FERNANDO ÁLVAREZ DE TOLEDO Y PONCE DE LEÓN, Señor de Cedillo y Tocenaque, notario mayor del Reino de Granada, patrono de la Universidad de Santa Catalina, que fue regidor de Toledo en banco de caballeros desde 8 de julio de 1534, y se halló con el Emperador en el socorro de Perpiñán en 1542.

Se casó primeramente con DOÑA FRANCISCA DE GUEVARA, hija de Gonzalo Chacón, Señor de Casarrubios del Monte, y de doña Francisca Pacheco, y aunque de este matrimonio hubo hijos, todos ellos murieron niños. Después de enviudar, hizo este Señor de Cedillo segunda boda en 1542 con DOÑA LEONOR DE MENDOZA, hija de don Alonso Suárez de Figueroa y Mendoza, III Conde de Coruña, Vizconde de Torija, comendador de Mohernando en la Orden de Santiago; y de doña Juana Ximénez de Cisneros (hija a su vez de don Juan Ximénez de Cisneros, hermano del Cardenal, y de doña Leonor Zapata de Luján). Esta señora hizo su testamento en Toledo el 7 de marzo de 1598; y muchos años antes, siendo ya viuda, fundó el 17 de abril de 1567 la capilla del Corpus Christi en el monasterio toledano de San Agustín, y el 4 de junio de 1596 fundó el Hospital de Convalecientes, que puso a cargo de los hermanos de la Orden de San Juan de Dios.

Fueron fruto de este segundo matrimonio:

A) Antonio Álvarez de Toledo, que murió siendo niño.
B) Doña María Ponce de León y Luna, que no pudo suceder a su padre por no permitirlo sus llamamientos vinculares. Pero se casó en 1561 con su primo hermano don Antonio Álvarez de Toledo, ya Señor de Cedillo y Tocenaque, como enseguida veremos.
C) Doña Juana de Mendoza, que fue monja en el monasterio toledano de la Madre de Dios. Fuera de matrimonio, el Señor de Cedillo fue padre de Juan de Luna, y de doña María Ponce de León, que fue monja en San Miguel de los Ángeles.

2) Luis Ponce de León, primer llamado al mayorazgo materno, fallecido en Madrid el 21 de julio de 163594, siendo marido de doña Isabel de Toledo, hija de don Diego de Merlo y de doña Ana de Padilla. No tuvieron descendencia.

3) Don Juan de Toledo y Luna, arcediano de Galisteo en la catedral de Plasencia, y después canónigo de Toledo, a quien el Cardenal Tavera llamaba espejo de la Iglesia.

4) Antonio Álvarez de Toledo, que sucedió en la casa por muerte de su hermano mayor, como enseguida diré.

5) Pero Ponce de León, que murió en la niñez.

6) Doña Antonia de Toledo, también muerta siendo niña.

7) Doña Aldonza de Toledo o Ponce de León, mujer de Gabriel de Rojas Sarmiento, Señor de la Baronía de Ribarroja en el reino de Valencia95, e hijo de los primeros Marqueses de Poza. Sin hijos.

8) Doña Ana Ponce de León, que falleció siendo doncella.

VII. DON ANTONIO ÁLVAREZ DE TOLEDO,

Señor de Cedillo, Moratalaz, Tocenaque y Manzaneque, notario mayor del Reino de Granada, regidor de Toledo, patrono de la Universidad de Santa Catalina, y mayorazgo de Ponce de León. Llamado El Bueno por su carácter bondadoso y apacible, fue un grandísimo gastador que disipó los bienes del mayorazgo.

En 1574 adquirió del Rey Don Felipe II la jurisdicción señorial de Moratalaz (Madrid), antigua encomienda calatrava, en permuta de la dehesa de Barciles, en las riberas del Tajo, con la que el monarca deseaba ampliar el Real Sitio de Aranjuez; más tarde permutó otras varias dehesas con las que el monarca dotó el monasterio del Escorial; e hizo agregación al mayorazgo de segundogenitura fundado por su madre, por escritura hecha en Toledo ante Juan Sánchez de Canales, el 5 de marzo de 1570. Murió en sus casas de Cedillo en el año de 1596.

Este Señor de Cedillo se casó tres veces.

La primera con DOÑA ISABEL DE AYALA Y HEREDIA, Señora de la Fuente, hija de don Pedro Maraver y Messía, y de doña Ana de Palomeque y Ayala.

La segunda, en el año 1558, con DOÑA MARÍA DE ALARCÓN Y TOLEDO, hija de don Rodrigo de Alarcón, gentilhombre del Emperador Carlos Quinto, y de doña Bernardina de Toledo.

Y la tercera, siendo ya muy viejo, con la napolitana DOÑA JUANA DE AYALA, de quien no tuvo hijos, y era hija de su nuera doña Inés de Ayala.

En la primera unión fue padre de:

1) Don Antonio Álvarez de Toledo Luna y Ayala, que sigue.
2) Don Diego Ponce de León Luna y Toledo, que gozó alguno de los mayorazgos familiares de segundogenitura (el del comendador de Herrera). Militar, sirvió al Rey en la guerra de Granada, en la batalla naval de Lepanto, y después en Nápoles y en Milán. Se casó en Nápoles con la viuda doña Inés de Ayala, y no tuvieron hijos (ella los tenía de primer matrimonio).
3) Doña Ana de Ayala Palomeque, que el 22 de septiembre de 1579 se entró monja en San Clemente de Toledo (renunciando aquel día la legítima materna por escritura hecha ante Juan Núñez de Rivadeneira). 

jueves, 15 de marzo de 2018

Monasterio Jerónimo de Santa Catalina en Talavera de la Reina (y II)

Puerta llamada de “los Serafines”

Las primitivas construcciones de esta iglesia, por ser en su mayoría edificadas a finales del siglo XIV e inicios del XV , fueron levantadas en estilo gótico-mudéjar, de ellas apenas nos quedan restos, solamente la conocida como puerta del Serafín, frente a la desembocadura de la calle Empedrada y alguna ventana cegada , como la que se observa en esa misma construcción frente a la torre de la Colegial. 














Algún otro detalle como la rejería o los canecillos y aleros nos orientan sobre la antiguedad de esta parte del monasterio de Santa Catalina.

Puerta sur de la iglesia del monasterio de Santa catalina

Ya hemos comentado que la misma puerta del Serafín era la que daba acceso al templo primitivo y por ello era necesario entonces pasar por el claustro para acceder al templo. 

Para remediarlo, en 1452, concede el papa Nicolás V permiso para construir una nueva iglesia cuyo edificio coincide con la nave de la actual. 



Precisamente el retablo de esta nueva construcción fue estofado por Copin de Holanda y pintado por Juan de Borgoña, aunque hoy ha desaparecido.

 La nave está cubierta por una bóveda de cañón y a los pies otra bóveda rebajada soporta el coro


.Cúpula de la iglesia de los jerónimos

Los canónigos de la Colegial se opusieron a la nueva edificación, como también se negaron a que se construyera la capilla mayor que, sin embargo, se comenzó a levantar en 1536 con el permiso de Pablo III . 



Esta parte del monasterio es la más característica del mismo y un elemento característico del paisaje urbano de la antigua Talavera. 

El padre Sigüenza, en su Historia de la Orden de San Jerónimo, decía:

 «Por ignorancia o malicia de los oficiales no se ha podido acabar fábrica de harta costa y apariencia, sin fundamentos, de tal suerte que estando casi cerrada la cúpula del cimborrio, se venía toda al suelo, y el mejor medio es deshacerla piedra a piedra.» 

 No hizo falta llegar a tanto, ya que se llamó a Juan de Herrera que se encontraba entonces construyendo otro monasterio jerónimo,el de El Escorial. 

Vino a Talavera y consiguió salvar el edificio, aunque quedaron como recuerdo de aquellos percances los antiestéticos machones y contrafuertes de la cara sureste del testero y las fisuras que todavía hoy se perciben en el mismo.

Retablo de la iglesia de los jerónimos de Santa Catalina

Diferentes avatares históricos hicieron perder a esta iglesia su primitiva grandeza. 

En la capilla mayor estaban los enterramientos de los señores de Gálvez y Jumela y en el claustro se hicieron sepultar numerosos caballeros y nobles talaveranos. 

Celebrábanse los oficios «con toda grandeza, puntualidad y magestad que puede encarecerse teniendo siempre capilla de sonoras voces e instrumentos. Los ornamentos son muchos, ricos y costosos. 

El aderezo de plata es muchísimo»

Detalle de la decoración renacentista del edificio de los jerónimos de Santa Catalina

El acceso actual al templo desde la calle se realiza a través de la portada de piedra de la fachada sur, un tanto vulgar si la comparamos con la grandeza del resto del edificio.

 En el interior destacaremos la capilla mayor.

Los mármoles que la decoraban adornan ahora el altar mayor de la basílica de Ntra Sra del Prado. 

La cúpula es de grandes proporciones, las pechinas se ornamentan con relieves de los cuatro evangelistas y bajo ellas se sitúan las estatuas de cuatro doctores de la Iglesia.

La sacristía es de gran belleza, octogonal y con cúpula toda de piedra, menos decadente que el renaciente estilo del resto de la iglesia. 

También al siglo XVII pertenece la grandiosa escalera de subida al coro, toda de sillería y suspendida en el vacío.

Menos conocida aunque muy curiosa se nos muestra la escalera helicoidal de acceso al exterior de la cúpula, “la giralda”, que se rodea de balaustrada con adorno de pirámides.

Contrafuerte que se construyó por indicación de Juan de Herrera, arquitecto de El Escoria,l para evitar que aumentaran las grietas del edificio



Se mantiene en un estado lamentable el claustro sur, que durante años ha sido casa de vecindad hasta su amenaza de ruina. Se perciben los arcos gótico-mudéjares ya cegados y en algunas de pendencias pueden observarse restos de pinturas en los muros, muy similares a otras pequeñas muestras que persisten en la granja jerónima de La Alcoba y Guadalupe.

http://lamejortierradecastilla.com/monasterio-jeronimo-de-santa-catalina-descripcion/

miércoles, 14 de marzo de 2018

Señores y Condes de Cedillo : Historia de una familia toledana de los Siglo XV a XVIII (I)

Resultado de imagen de Condado de Cedillo
Si existe una familia a la que sin duda alguna convenga el calificativo de toledana, es la de los Condes de Cedillo, merced nobiliaria creada por los Reyes Católicos en 1496, en cabeza del hijo mayor de uno de sus más célebres secretarios: Fernando Álvarez de Toledo o más bien Hernán d’Álvarez de Toledo (c.1435-c.1508).

Perteneciente a un antiguo linaje toledano que decía traer sus orígenes del no menos célebre Munio Alfonso, princeps militia toletana1 , y en sus vástagos los Señores de Ajofrín2 , también tenía el secretario, con toda seguridad, mucha sangre de conversos, al menos por su familia materna, los Zapata3 . Las grandes Casas Reales, como las nobiliarias, han sido con frecuencia apellidadas o denominadas por los genealogistas, con el fin de ayudar al historiador en la comprensión de las a veces frondosas ramas de los respectivos árboles genealógicos.



El uso de la denominación de primera raza o segunda raza suelen referirse simplemente a las estirpes que sucesivamente las han encabezado. En el caso de los Condes de Cedillo, titulo creado en 1496 pero solo confirmado en 1624, la primera raza corresponde a los seis primeros Condes, pertenecientes al linaje de Álvarez de Toledo, extinguido poco antes de 1684; mientras que la segunda raza sería la de los Ayala o López de Ayala, poseedores de la Casa condal desde 1684 hasta hoy.

Resultado de imagen de Condes de CedilloEn las páginas que siguen me propongo establecer, no tanto la historia de la Casa condal en el periodo comprendido entre los siglos XV y XVII, sino tan solo ajustar de una manera ordenada y documentada la estructura genealógica de la familia. Dejando comprometido para más adelante el sucesivo relato de los Condes de Cedillo de la segunda raza –López de Ayala–.

FERNÁN D’ÁLVAREZ DE TOLEDO, SECRETARIO DE LOS REYES CATÓLICOS

Antes de pasar adelante con el prolijo relato genealógico, creo necesario trazar una semblanza del más conspicuo miembro de esta familia toledana: Fernando Álvarez de Toledo, o Hernán d’Álvarez de Toledo, que fue secretario de la Reina –de los Reyes Católicos– a partir de 1477, y uno de los principales artífices de aquel gran reinado, que unió definitivamente los reinos peninsulares, y trajo a las Españas un rey, una ley, un imperio y una espada.

De su persona tenemos noticia precisa por el cronista real Gonzalo Fernández de Oviedo, que le conoció y trató, inserta en la batalla primera de sus Batallas y quincuagenas, obra escrita entre 1535 y 1550 .

Oviedo le llama Hernán Álvarez Zapata, y viene a decir que era un hombre hecho a sí mismo y que por sí mismo hizo su fortuna, que en la parte económica alcanzó a ser notable: quanto a quién fue, digo quél fue el fundador de su casa e mayorazgo, y él ganó hacienda e mayorazgo que sus hijos gozan..., valuado en dos quentos e más de renta de patrimonio en cada un año, e con vasallos, e fueros e rentas e mucho pan de renta en Toledo... e en otras partes de Castilla.

Y sugiere que por esa fortuna sus hijos y parentela emparentaron con la más ilustre nobleza, porque el tiempo y el dinero igualan las sangres, considerando que en fin, mirad en estos nuestros tiempos quántos vimos sin capa e los habemos visto morir con estados e títulos... ansí van las cosas entre los humanos...

Ciertamente, durante todo el siglo XV se observa una paulatina incorporación a la corte y cancillería castellana de letrados y profesionales de la pluma, laicos –en vez de eclesiásticos–, capaces, polifacéticos y acaparadores de cargos ejercidos simultáneamente –secretario, escribano, chanciller, contador– en el aparato burocrático del poder real, los cuales eran en su mayoría homines novi, como denunció entonces Fernando del Pulgar5 , pero que al socaire de las crisis políticas y de los consiguientes cambios sociales rápidos o incluso bruscos, supieron muy bien engarzarse en la antigua nobleza de sangre, caballeresca y terrateniente.

Pero no estoy yo del todo seguro de que tal fuese el caso del secretario Toledo, por cuanto más bien parece que estos Toledos y Zapatas ya eran alguienes, aunque solo en la ciudad de Toledo, y ya poseían una buena posición económica, antes del nombramiento y del ascenso del secretario, a partir de 1477.



Por otra parte, se ha considerado que el secretario era de origen judeoconverso, probablemente con razón, a la vista de los numerosos procesos que la Inquisición siguió contra algunos de sus cercanos familiares, a los que luego me referiré.

Esa sangre le vendría seguramente por su linaje materno de Zapata Oviedo nos informa además de que Hernán d’Álvarez sirvió bien y fielmente a los Reyes; que era muy bienquisto de ellos; y, a más, que era varón muy afable e de vivo ingenio; y que era antiguo criado de la reyna doña Isabel. Sin duda alguna, fue uno de los más relevantes personajes de aquella corte, y de los más fieles y devotos de Doña Isabel y Don Fernando, como nos recuerda el académico Marqués de Lozoya, que le considera dueño de todos los resortes de la administración... por quien pasaron durante muchos años todos los asuntos del gran reinado , en lo que coincide con Oviedo, para quien igualmente fue el secretario regio más preeminente entre todos sus colegas.

Pondré aquí luego, por su orden cronológico, algunas noticias que de su persona y vida he ido allegando. En primer lugar, quiero decir que en su adolescencia y juventud, fue continuo del Rey Don Enrique IV, y este monarca le permitió comprar en 1472 la escribanía mayor de rentas de Toledo (con quince excusados perpetuos en el arcedianato de Toledo), y adquirir en 1474 las tercias de Cubas, Griñón y Vallecas.

Fue después, sucesivamente, regidor de Toledo en 1471, secretario de los Reyes Católicos desde febrero de 1477 (con 200.000 maravedís anuales de sueldo), y de su Consejo; lugarteniente de concertador de los privilegios reales desde 1477; escribano mayor de los privilegios y confirmaciones; notario mayor de los privilegios entre 1488 a 14908 ; y contador mayor del Rey Don Fernando, y de la Orden Militar de Santiago .

Obtuvo también, para sus hijos, las encomiendas de Castilnovo y de Herrera, en la Orden de Alcántara, y la encomienda de Bienvenida en la Orden de Santiago . Según su primer biógrafo, la crónica de los Reyes Católicos cita a cada paso con desusado elogio a este caballero. Y añade que el secretario Hernán d’Álvarez acompañó a los Reyes Católicos durante toda la campaña de Granada, distinguiéndose especialmente en los asedios y tomas de Baza, Guadix, Almería y Loja, tanto con las armas en la mano como con sus diligencias secretas –es sabido que la guerra de Granada se ganó no solamente por las armas, sino haciendo correr torrentes de oro entre los príncipes y notables granadinos–; y sobre todo en la entrega de la propia ciudad de Granada, cuya capitulación redactó y firmó personalmente, tras haber colaborado en los tratos que secretamente encabezó Hernando de Zafra.

Por estos servicios fue creado notario mayor del reino de Granada por juro de heredad, por merced dada en Santa Fe a 30 de enero de 1492. El 9 de enero de 1487 compró al Conde de Fuensalida el señorío y jurisdicción de la villa de Cedillo. Y en 20 de octubre de 1490 adquirió de Rui López de Toledo, tesorero de la Reina Católica, las casas palaciegas que había edificado en 1335 Suero Téllez de Meneses (†1360), y que más tarde pertenecieron al condestable Rui López Dávalos (†1428), situadas en la plazuela, calle y travesía de San Andrés, que tenían su entrada principal en la plazuela frente al convento de Santa Isabel13 .

En premio de sus muchos servicios, los Reyes Católicos le concedieron numerosos privilegios: el de llevar ciertos derechos sobre el trigo que se vendía en los soportales de la plaza de Zocodover; las rentas de los moros de Sevilla y otros lugares de Andalucía, en 1477; ciertas cargas de pan y de sal en Jerez de la Frontera, en 1480 y 1486; y unas casas y otros bienes confiscados en Toledo a herejes condenados, en 1489 ; etcétera.

Poco después de la sentidísima muerte del Príncipe Don Juan, acaecida en Salamanca el 4 de octubre de 1497, según Fernández de Oviedo, los Reyes Católicos reformaron su Consejo Real en profundidad, despidiendo a casi todos sus oidores y letrados por cohechos e indignos del lugar que tenían, y añade que ansimesmo fue despedido Hernán de Álbarez Çapata, secretario [del Consejo] e el principal, quien fue sustituido por el célebre Gaspar de Gricio .

Fundó mayorazgo del estado de Cedillo y Manzaneque, y de las casas principales en Toledo a San Salvador, en cabeza de su hijo mayor Antonio, en virtud de facultades reales despachadas en Madrid el 20 de enero de 1495, y en Burgos el 15 de enero de 149719, por escritura hecha en dicha ciudad el 26 de enero de 1497, ante Francisco Ramírez de Madrid. Hizo dos testamentos, mancomunados con su mujer, por escrituras hechas en Toledo el 1 de abril de 1493, y de 16 de julio de 1499, ante Pero Núñez de Ribadeneira21, fundando por ellos la capilla de Santa Catalina en la colación de San Salvador22, y otra capilla en el convento de San Jerónimo. Falleció don Hernán en Toledo en el año de 1504 –hacia 1508, según otras fuentes–, y fue enterrado en la capilla de Santa Catalina, que él había fundado y que hoy sigue perteneciendo al actual Conde de Cedillo, sita en la parroquial de San Salvador de Toledo, y dotada con un capellán mayor (siempre canónigo de Toledo), y ocho capellanes menores. De su matrimonio con una ilustre dama toledana, y de su prole, diré más adelante.

ARMAS DE LOS SEÑORES Y CONDES DE CEDILLO

Con el mismo apellido de Toledo, existen en Castilla varias familias que, a pesar de ser homónimas, ningún parentesco tuvieron entre sí. Así, los Álvarez de Toledo, Condes y Duques de Alba de Tormes (que usan un célebre jaquelado de plata y azur); los Álvarez de Toledo de Cuenca, Marqueses de Villamagna, descendientes del converso Alonso Álvarez de Toledo, contador mayor de Castilla entre 1435 y 1456 (que usaban por armas la divisa aragonesa de la Jarra y la Azucena, es decir el emblema de la Virgen, de plata sobre campo de azur, y bordura de oro con cuatro o con ocho estrellas de azur); los Núñez de Toledo, descendientes del converso médico toledano maestre Alfonso Chirino y de su hijo Francisco Núñez de Toledo, secretario de Enrique IV (que blasonaban de gules con una banda engolada de plata, acompañada en lo alto de un león de oro, y en lo bajo de un tao); y por fin nuestros Álvarez de Toledo, Señores de Tocenaque, también toledanos .

Estos Álvarez de Toledo (o Suárez de Toledo o Álvarez Zapata o López de Toledo), radicados en Toledo desde el siglo XIV al menos, y vástagos de los Ajofrín, de los Palomeque y de los Zapata, usaban por armas un castillo de acero (¿azur?) en campo de oro ya en el siglo XIV, como se muestra en el acceso de las casas principales de esta Casa Condal, que fueron de la madre del Rey Católico por herencia de su abuela doña Inés de Ayala, en la hoy llamada plazuela del Rey Don Pedro .

Estas armerías primitivas se cuartelarán, desde los mismos días del secretario, con las de los Ajofrín (de azur con una cruz florenzada de plata), y las de los Bocanegra (cuartelado en franje de plata y gules, el jefe de Génova, que es de plata con la cruz llana de San Jorge, de gules).



Habitualmente, las armas de Ajofrín se colocarán en escusón, en reiterado brochante sobre las de Bocanegra. Esta composición heráldica, de gran belleza y muy acorde con los usos de la época –en que florecieron las composiciones en cuartelado perfecto–, aparece en muchos monumentos y documentos realizados entre los siglos XVI y XX, tanto en Toledo, como en Cedillo, como en Madrid; llevando por timbre la corona condal a partir de 1624.

GENEALOGÍA DE LOS TOLEDO, SEÑORES Y CONDES DE CEDILLO

Para trazar la genealogía y descendencia de esta ilustre familia he tomado como bases, en primer lugar la obra titulada Genealogía de los Condes de Zedillo y de la diferencia de Armas de que usan los que tienen el apellido de Toledo, echa en la Ciudad de Granada por Blas de Salazar, en zinco días de março de mill seiscientos veinte y nuebe, que se conserva inédita en la Real Academia de la Historia; los escritos sobre familias de Toledo debidos a la cuestionada pluma de fray Jerónimo Román de la Higuera; también algunos documentos de la colección Salazar y Castro, en el mismo depósito.

Seguidamente, he acudido al rico archivo de la Casa condal, que afortunadamente se conserva en perfectas condiciones, y que ha sido bien clasificado y ordenado por el actual Conde de Cedillo, que también lo es de Fuensalida –y cabeza, por lo tanto, de la nobleza histórica de Toledo–. Las noticias obtenidas en dichas fuentes han sido enriquecidas merced a las obtenidas en otros muchos depósitos archivísticos, y mediante el manejo de una acuciosa bibliografía, que en cada momento iré señalando.

Y, aunque la genealogía de este linaje toledano puede remontarse de manera documentada hasta el mencionado Munio Alfonso, en los mismos días de la reconquista de la ciudad, para el propósito que me ocupa ahora bastará iniciar esta historia familiar durante el siglo XIV, es decir con I.

ALFÓN GONZÁLEZ DE AJOFRÍN, vecino de Toledo, documentado en escrituras que cita el P. Román, y que se datan en 1370 y en 1383. Quien fue marido de DOÑA TERESA LÓPEZ DE TOLEDO, Señora de Tocenaque, hija única y heredera de Lope Fernández de Toledo, Señor de Tocenaque, y nieta de Hernando Vicente de Toledo, Señor de Tocenaque y alcalde mayor de Toledo. Doña Teresa aparece en sendas escrituras citadas por el P. Román y datadas en 1347 y 1393.

De cuya unión nació: II. FERNÁN D’ÁLVAREZ DE TOLEDO, Señor de Tocenaque y vecino de Toledo en los días del reinado de Juan I, que fue casado con DOÑA INÉS DE PANTOJA, hija de Juan Fernández de Pantoja, caballero toledano. Padres que fueron de: III. ALFONSO GONZÁLEZ DE TOLEDO, Señor de Tocenaque y fundador, en la claustra de San Pedro Mártir, de una capilla dedicada a Santiago. Cuya esposa fue DOÑA SANCHA DE BOCANEGRA, hija de Francisco de Bocanegra, que a su vez era descendiente directo de micer Egidio de Bocanegra, almirante mayor de Castilla. Esta señora doña Sancha aparece en una escritura de compra de tierras en Tocenaque, datada el 20 de febrero de 1428, mencionada por el P. Román.

DR. D. ALFONSO DE CEBALLOS - ESCALERA Y GILA Vizconde de Ayala
http://realacademiatoledo.es/wp-content/uploads/2016/06/10.-Los-se%C3%B1ores-y-condes-de-Cedillo-en-Toledo-durante-los-siglos-XV-al-XVII-por-Alfonso-de-Ceballos-Escalera-y-Gil.pdf

martes, 13 de marzo de 2018

Monasterio Jerónimo de Santa Catalina en Talavera de la Reina (I)

Monasterio de Santa Catalina con la cúpula en construcción y los claustros delante

Como vimos en el capítulo referente a la Colegial, el Arzobispo de Toledo, D. Pedro Tenorio, a finales del siglo XIV, visto el escandaloso proceder de los canónigos de la iglesia mayor de Talavera, les ofreció llevar vida reglada, enclaustrándolos en un monasterio que a la sazón fundaría en el actual solar del convento de Santa Catalina, más conocido hoy por los talaveranos como San Prudencio. 

No fue del agrado de los canónigos la propuesta y el arcipreste de Hita nos describe su descontento en el Libro del Buen Amor.

Foto de Clifford de mediados del siglo XIX donde se aprecia todavía el edificio más meridional del claustro hoy desaparecido

El arzobispo había acompañado su oferta con la donación al futuro convento de numerosas propiedades, entre las que destacaba por su rentabilidad la de tres casas de aceña (molino de rueda vertical) que el arzobispo había heredado de su madre, los llamados molinos de Calbete, que pudieran ser los conocidos más tarde como molinos de Abajo. 



Al no ser aceptadas las condiciones por los canónigos, se lo propone a los jerónimos y envían para la nueva fundación, la cuarta de esta orden, a doce frailes del monasterio de la Sisla en Toledo que eligen como prior a fray Gonzalo de Olmedo. 

Se pone el nuevo convento bajo la advocación de Santa Catalina, a la que D. Pedro Tenorio tenía gran devoción, heredada la parecer de su madre, pues recordemos que tanto el puente como los molinos y el hospital de Puente del Arzobispo estaban también bajo el patrocinio de esta santa cuyo símbolo, la rueda con la que sufrió martirio, podemos contemplar en el testero de la iglesia, en el escudo de cerámica del monasterio que se encuentra en el Museo Ruiz de Luna y en el dintel de la puerta de entrada de los molinos de Puente del Arzobispo.

Rueda de Santa Catalina en el ábside del monasterio de su mismo nombre

Juan Ortiz Calderón era un caballero talaverano que poseía una gran fortuna; al parecer mató a un alcalde de nuestra ciudad y, desterrado en Portugal, conoció al obispo de Coimbra que entonces no era otro que D. Pedro Tenorio, al cual nombra su albacea testamentario. 

Entre las muchas propiedades de Juan Ortiz se hallaban las dehesas de Valdemorales, Pompajuela y Castellanos. 

En esta última, situada en el actual término de Alcaudete, dejó mandado se fundase un monasterio de jerónimos. 

Tenorio consideró más adecuado, por lo insalubre del terreno y por la insuficiencia de la dote, que la nueva institución se afincara en Talavera y para ello añadió al patrimonio del futuro convento varias paradas de molinos y algunas fincas que había heredado de su madre, Juana Duque, nacida en Talavera. 

Parte del terreno necesario para la construcción de la iglesia y las dependencias monacales, de muy inferiores proporciones a las actuales, fue cedido por los canónigos de la Colegial y otra parte fue donada por el concejo de la villa, comprando más tarde el monasterio manzanas enteras con diversas donaciones de talaveranos acaudalados.

Escudo de la orden jerónima en el muro sur del templo

El Monasterio de Santa Catalina tenía por ello gran número de propiedades en toda la comarca, según Ildefonso Fernández, superiores a las de los otros dos grandes cenobios jerónimos, el de Guadalupe y el de El Escorial, ya que fue recibiendo durante siglos numerosas donaciones llegó a ser la mayor potencia económica de la comarca y el primer terrateniente. 

Estaban bajo su dominio la tercera parte de todos los bienes de instituciones religiosas. Cuando se desamortizó el convento era el décimo propietario de la provincia por la extensión de sus fincas.

Además de las propiedades ya enumeradas se donaron al monasterio grandes fincas como Maricantarillo, al sur de Talavera -cerca de las barrancas del Águila- las fincas de La Alcoba, El Pinar y Torrejón, situadas todas en el ámbito de El Casar de Talavera. 



Estas últimas posesiones estaban enclavadas en antiguos yacimientos romanos y guardaba por ello el monasterio una magnífica colección de monedas y otros objetos hallados allí. La dehesa de Lientes -junto al arroyo del mismo nombre-, numerosas posadas de colmenas, otras fincas cercanas a Talavera como Las Jarillas y Las Albueras. 

Propiedades diversas en Espinoso, Piedraescrita y Villar del Pedroso, Brujel, Gamonal, Calera, Fuentelapio y Valdeazores además de innumerables censos, capellanías y memorias que hacían de este monasterio de Santa Catalina una de las instituciones religiosas más ricas de España. 

Además, regentaban los frailes una botica que abastecía a la comarca, tenerías, lagares, molinos y aceñas del Tajo que tenían una elevada rentabilidad. En el siglo XVIII por ejemplo, llegó a tener hasta diez mil cabezas de ganado lanar.

Pueden todavía encontrarse numerosas superficies que estaban pintadas en los claustros mudéjares de Santa Catalina y hoy ocultas

Pedro Tenorio solamente tenía labrados el claustro alto y bajo con dos órdenes de celdas, sirviendo de iglesia que luego se denominó capilla del capítulo a la cual entraba el pueblo a través de la puerta del Serafín. Por ella también se accedía al cementerio de la Colegial, situado frente a la conocida entonces como calle Empedrada.

Por bula del papa Nicolás V se permite la construcción de un nuevo templo que comienza a edificarse en 1452, en presencia del arzobispo Alonso Carrillo, que se encontraba en Talavera y asistió al acto de “echar los cordeles”.Detalle de la decoración del ábside de Santa Catalina

En 1455 se procedió a la construcción de una iglesia de mayores proporciones. Según el Conde de Cedillo, en la decoración del retablo intervinieron Juan de Borgoña y Copin de Holanda. 

Este templo ocupaba el espacio de la nave actual y a mediados del siglo XVI se construyó el crucero y la capilla mayor por bula de Pablo III, con la oposición de la Colegial que entabló un pleito contra el monasterio. Felipe II pernoctaba en el convento siempre que pasaba por Talavera. En 1624 se reconstruyó el cuerpo de la iglesia.

Varios fueron los monjes ilustres de este monasterio, el predicador Fray Alonso de Plasencia, los dos priores historiadores de Talavera, Fray Andrés de Torrejón y Fray Alonso de Ajofrín, y Fray Pedro de los Molinos, llamado así por ser arquitecto e ingeniero hidráulico que diseñó y construyó numerosas obras de aceñas y molinos de Talavera, Puente del Arzobispo y otros lugares de España. 

Fray Alonso de Oropesa fue su prior en tiempo de los Reyes Católicos. 

Fue familiar de Fray Hernando de Talavera y General de la Orden Jerónima.Detalle de la decoración del ábside

También Cedillo nos dice que «durante la Guerra de la Independencia y con motivo de las varias estancias de los franceses en Talavera el convento quedó muy mal parado…el claustro bajo convirtieron en cuadra, la iglesia en depósito de granos, el claustro alto en enfermería, los panteones fueron abiertos, el molino de aceite destruido y las imágenes quemadas».



La decadencia del monasterio comienza en el siglo XVIII y tras varios escándalos de índole sexual y económico, que requieren la presencia de visitadores que inspeccionan las costumbres y la gestión económica de la institución, acaba por cerrarse en 1821 por un decreto de las cortes durante la oleada revolucionaria de Riego. 

Se abre otra vez en 1823 con la reacción absolutista para cerrarse definitivamente en 1835. 

Con la desamortización se vende su edificio y propiedades en lotes que se destinan a cuartel, casa de vecindad, fábrica de sedas y cerillas, almacén de paja y hasta circo de caballos.detalle del muro sur de Santa Catalina

En 1882 vuelven los jesuitas a Talavera y se les dona el edificio para establecer en él la Compañía su Escuela Apostólica de San Jerónimo. En 1903 una comunidad de padres agustinos calzados se instalaron en la parte del edificio que habían ocupado anteriormente los jesuitas y establecieron allí un colegio.

http://lamejortierradecastilla.com/monasterio-jeronimo-de-santa-catalina/

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