miércoles, 7 de noviembre de 2018

Grabados Rupestres en La Jara (I)

Vista del orden de los circulos grabados de la Etrera. Rio Estenilla. Anchuras.

FOTO DOMINGO PORTELA

Los grabados rupestres postpaleoliticos de “La Etrera”. Rio Estenilla. Anchuras. Ciudad real (España). Una nueva estación con grabados rupestres en la Comarca de La Jara

DOMINGO PORTELA HERNANDO
MIGUEL MÉNDEZ-CABEZA FUENTES

RESUMEN: En este trabajo presentamos el estudio de una nueva estación con grabados rupestres postpaleolíticos al aire libre “La Etrera”, que se encuentra en la margenderecha del río Estenilla en el término municipal de Anchuras (Ciudad Real).

Fueron descubiertos por Javier Méndez – Cabeza Sánchez en 1991 y dados a conocer en la prensa local por Miguel Méndez-Cabeza Fuentes.

En el estudio que presentamos describimos los aspectos técnicos e iconográficos, clasificamos los motivos por tipos, buscamos sus paralelos, proponemos su cronología y la comparamos con las cercanas estaciones, ya publicadas (Portela 2006), de “El Martinete” (Alcaudete de la Jara) y “La Zarzuela” (La Nava de Ricomalillo).

Esta nueva estación viene a incrementar el número de lugares con grabados rupestres en la Comarca de La Jara y los Montes de Toledo, amplia el catálogo de motivos conocidos en la zona y plantea nuevas interrogantes sobre su dispersión y significado.


PALABRAS CLAVE: Arte postpaleolítico. Montes de Toledo. Comarca de La Jara. Anchuras. Estación de arte rupestre “La Etrera”. Grabados aire libre. Edad del Bronce.

Los grabados inéditos que presentamos fueron descubiertos de manera casual por Javier Méndez-Cabeza en 1994 y que tengamos noticias no ha sido objeto de ningún estudio ni mención, solo conocemos una breve reseña sobre su descubrimiento y un dibujo publicado Miguel-Méndez Cabeza en el periódico local la Voz de Talavera en 1994

.Entorno de los Grabados en el río Estenilla de Anchuras. FOTO DOMINGO PORTELA

Esta nueva estación con arte rupestre formaba parte del estudio del conjunto de grabados y pinturas postpaleolíticas en los Montes de Toledo. Respecto a la Jara que es la zona que nos ocupa donde se localizan los grabados de la Etrera, se conocen dos importantes estaciones, “El Martinete” y “LaZarzuela”.

El abrigo de El Martinete, (Alcaudete de la Jara), en la orilla izquierda del río Gébalo, junto al cauce, conserva cinco paneles, que fueron grabados durante toda la Edad de Bronce, en los que conviven algunas pinturas ocres, en estudio, y numerosos grabados realizados principalmente por picado, entre ellos destacan los antropomorfos semiesquemáticos y esquemáticos, los zoomorfos y los carros. El lugar fue dado a conocer por D. Fernando Jiménez de Gregorio, en 1973.

 La estación al aire libre de la “La Zarzuela” (La Nava de Ricomalillo), en la que sobre un afloramiento de pizarras aparecen grabados tres paneles de la I Edad del Hierro, fue dada a conocer por Miguel Méndez Cabeza en las Actas del I Congreso de Arqueología de la provincia de Toledo en 1990. 

Ambas estaciones rupestres, “El Martinete” y “La Zarzuela”, fueron estudiadas en 1993 por Domingo Portela Hernando quien la presentó en 1994, como tesina, en el Departamento de Prehistoria e Historia Antigua de la UNED y fueron publicadas en las actas del Congreso de Arte Rupestre Esquemático en la Península ibérica en 2006.

Localizacion y características Los grabados están hechos al aire libre, junto a la orilla del río, en una zona inundable, que en algunas épocas pudo estar cubierta de agua, sobre una roca plana de pizarra, un poco más baja que las rocas que la rodean y ligeramente inclinada hacia el río, lo que permitiría poder deslizarse por ella.

Aunque presentan un alto grado de erosión, que no permite casi ni verlos durante la mayor parte del día, están en muy buen estado y no han sufrido ningún tipo de agresión antrópica.Dibujo esquemático sobre los grabados rupestres de La Etrera en el río Estenilla de Anchuras

Contexto histórico-arqueológico, geológico y geográfico

Los grabados de La Etrera se hallan en el término municipal de Anchuras de los Montes, localidad situada en la provincia de Ciudad Real, pero que geográfica e históricamente pertenece la comarca de La Jara. Este extenso territorio es el alfoz de repoblación medieval de Talavera de la Reina, ciudad que aún hoy mantiene su influencia económica y de servicios sobre la localidad de Anchuras. Esta situación especial es la que ha hecho que se denomineel término de este municipio el “Enclave” o “Rincón” de Anchuras (Jiménez 1953). 

Su territorio se compone de la propia población de Anchuras

y sus cuatro aldeas: Encinacaída, La Enjambre, Gamonoso y Huertas del Sauceral, localidad ésta última que se encuentra más próxima a los grabados objeto de este artículo. Todos estos pueblos se sitúan en las estribaciones hacia el sur de las sierras de Altamira, La Hiruela y Sevilleja. Geológicamente la zona se encuentra como la mayor parte de La Jara sobre rocas consolidadas silíceas y de gran antigüedad sobre las que predominan las pizarras.

 Las zonas más elevadas de los serratos están formadas por crestas cuarcitas con pedrizas a veces muy extensas tendidas sobre las laderas. Los afloramientos graníticos que se dan más en la zona norte de la comarca, así como los pizarrosos de la zona que nos ocupa están cubiertos por arcillas y cantos de cuarcita formando extensas llanuras llamadas rañas,cortadas y delimitadas por profundos surcos que han sido excavados por los cursos de agua. Se trata de un relieve “apalachense” y en el área donde se localizan los grabados el suelo está compuesto por pizarras silíceas, litarenitas y areniscas de la serie anteordovícica superior (Muñoz 1991).

Las sierras cuarcíticas al norte de los grabados de La Etrera ascienden por encima de los 1300 metros mientras que las rañas se sitúan entre los 600 y los 700 metros. La estación rupestre se encuentra en la orilla de uno de los ríos que ha excavado este territorio, el Estenilla. 

Los suelos pizarrosos y de cuarcita son en general muy pobres por loque los cultivos se limitan prácticamente a las llanuras cerealistas de las rañas y a los olivares de las “barreras” y llanuras de menor pendiente cercanas a los pueblos.

Los pastos son de buena calidad pero escasos y algunos huertecillos se riegan con las numerosas corrientes de ríos y arroyos que atraviesan la zona, aunque tienen regímenes caudalosos en época de lluvias pero con estiajes prolongados en verano. El caudal medio de los ríos comarcanos es de unos 2 m/s en la desembocadura.


Las precipitaciones son más abundantes según ascendemos orográficamente a las sierras adyacentes llegando hasta los 1000 l./m2 con temperatura media anual inferior a los 14º, mientras que en las zonas más bajas como la que aloja los grabados oscilan las lluvias entre los 400 y 600 l./m2, según la cercanía a las elevaciones serranas, sobrepasando los 15º de temperatura media.

La minería ha sido un recurso aprovechado durante siglos. En el entorno La zona fue rica asimismo en balnearios populares cuyas propiedades medicinales eran aprovechadas por los vecinos para aliviar sus patologías reumáticas.

La caza sigue siendo aún hoy, junto al olivar, el principal recurso económico de la zona por las extensísimas zonas de monte bajo cerrado, jarales, encinares y alcornocales con robles, quejigos, enebrales y pinares de repoblación.

Una rica flora y fauna muy similar a la del colindante Parque Nacional de Cabañeros, con los venados y jabalíes como especies cinegéticas más abundantes. La pesca de sus ríos pudo ser en la zona un recurso de cierta importancia para las gentes de la prehistoria y la miel es otra de las producciones tradicionales y, de hecho, sus primeros repobladores medievales fueron colmeneros.

El río Estenilla, en cuyas riberas se localizan los grabados, nace en el cercano término de otra población jareña, Los Navalucillos. Discurre en suprimer tramo en dirección sur por terreno montuoso para girar hacia el oeste y pasar junto a la aldea de Los Alares. Después de dar agua a algunos huertecillos y molinos hidráulicos, toma de nuevo la dirección sur para llegar asu desembocadura en el Guadiana, en los reculajes del embalse de Cijara y muy cerca de la desembocadura de otros dos ríos que confluyen casi juntos: el Estena y el Estomiza.

Estos ríos fueron sin duda las primitivas vías de comunicación de una zona tan retirada y agreste, además de los caminos que llegaban desde Talavera de la Reina, la ciudad capital del alfoz al norte, y los que llegaban desde el sur, sin localidades importantes hasta desplazarnos muy al mediodía en la llamada Siberia extremeña y el señorío de la Puebla de Alcocer.

Un poco más al norte de los grabados cruza un puente que por su aspecto parece haberse construido en el siglo XIX, tal vez para aprovechar los recursos mineros y para conectar estos territorios con el sur, pues el camino que por él cruza el río viene desde la localidad de El Bohonal, hoy con escasos habitantes pero que fue uno de los primeros núcleos en ser repoblados después de la batalla de Las Navas de Tolosa.

Desde ese momento la frontera entre árabes y cristianos bajó desde el Tajo hasta el Guadiana, dejando el enorme desierto de La Jara para ser repoblado desde Talavera. De hecho, la población madre de Anchuras fue Sevilleja de La Jara, repoblada por mozárabes sevillanos (y también cordobeses que poblaron la cercana Cordobilla, hoy desaparecida). Iban encabezados por su obispo Clemente que pidió tierras al concejo talaverano tras su huida de la represión de los almohades.

Madoz en su Diccionario Geográfico dice que “el terreno es sumamente montuoso, áspero y cruzado de sierras en todas direcciones”. Hemos de recordar también para ilustrar lo apartado y agreste de estos territorios que es aquí donde se producen las incursiones primeras de los Golfines, bandoleros que hubieron de ser reprimidos por la Santa Hermandad Real y Vieja de Talavera

antecedente como policía rural de la Guardia Civil y que se funda como una cofradía de autodefensa de los colmeneros perjudicados por las incursiones de los salteadores. Partidas carlistas o de guerrilleros antifranquistas también se refugiaron en estos montes.

En cuanto al entorno arqueológico de los grabados solamente podemos hacer referencia a las azuelas y hachas pulimentadas halladas en las rañas y a algunos topónimos como “La Torrezuela” o “Las Ruinas” en el valle del de Anchuras y la localidad de Sevilleja, de la que dependía como anejo hasta hacerse municipio independiente en 1785, se han documentado cerca de medio centenar de explotaciones mineras, especialmente de galenas argentíferas y hierro, además de una mina de oro muy próxima, en la localidad de la Nava de Ricomalillo, la llamada mina La Oriental de Sierra Jaeña, la más importante explotación aurífera en el territorio nacional durante los siglos XVII y XVIII y que parece haber sido aprovechada desde tiempos romanos. De ella se extraía el metal para elaborar las conocidas durante el siglo XVII como doblas jaeñas.

En Anchuras se explotó hasta los años ochenta la mina de plata El Brillante, la última en cerrar en la zona y de cuya presa se abastece de agua potable actualmente el pueblo. Colindante con Anchuras se encuentra la localidad de Minas de Santa Quiteria, que es el lugar más cercano a los grabados en el que se documentan minas de cobre así como en el paraje de El Labradillo, en Sevilleja.
(Montero et al. 1990; Urbina et al. 1994).

En algunos de estos yacimientos es tan frecuente el hallazgo de cierta proporción de estaño junto al cobre que podríamos hablar de aleación natural de bronce, circunstancia que podría explicar los relativamente numerosos asentamientos del calcolítico y el bronce en La Jara, a pesar de ser tan escasos sus recursos agrícolas (Carrobles y Méndez-Cabeza 1991).

En cuanto a otros yacimientos de cobre que pudieran condicionar la presencia de grupos humanos en la Edad del Bronce la extracción más cercana se encuentra en la localidad de Aldeanueva de San Bartolomé, en la conocida como mina de La Borracha.

Hay algunas instalaciones de aprovechamiento del mineral, tanto en lapropia Anchuras junto al río Fresnedoso, como en localidades colindantes. 

Es el caso de las importantes ferrerías de El Mazo en Navalucillos, el Martinete que da nombre a un paraje en término de Alcaudete de La Jara o el mazo que da apellido al municipio situado al norte de Anchuras, Robledo del Mazo. En este mismo municipio se encuentra también el topónimo minero de arroyo de los Lavaderos. Hay referencias en la obra de Larruga a minas de cobre en término también de Alcaudete. 

En Campillo de la Jara se han hallado minerales de cobre y estaño. En Los Navalmorales se encontraban las ferrerías de la Herrera y también hay referencias a la existencia de plomo y cobre. En la cercana aldea de Robledo del Buey en el río Estenilla, aguas arriba de los grabados de La Etrera también hay restos de una mina de galena.

La zona fue rica asimismo en balnearios populares cuyas propiedades medicinales eran aprovechadas por los vecinos para aliviar sus patologías reumáticas. La caza sigue siendo aún hoy, junto al olivar, el principal recurso económico de la zona por las extensísimas zonas de monte bajo cerrado, jarales, encinares y alcornocales con robles, quejigos, enebrales y pinares de repoblación.

Una rica flora y fauna muy similar a la del colindante Parque Nacional de Cabañeros, con los venados y jabalíes como especies cinegéticas más abundantes. 

La pesca de sus ríos pudo ser en la zona un recurso de ciertaimportancia para las gentes de la prehistoria y la miel es otra de las produccionestradicionales y, de hecho, sus primeros repobladores medievales fueron colmeneros.

El río Estenilla, en cuyas riberas se localizan los grabados, nace en el cercano término de otra población jareña, Los Navalucillos. Discurre en su primer tramo en dirección sur por terreno montuoso para girar hacia el oestey pasar junto a la aldea de Los Alares. Después de dar agua a algunos huertecillos y molinos hidráulicos, toma de nuevo la dirección sur para llegar a su desembocadura en el Guadiana, en los reculajes del embalse de Cijara y muy cerca de la desembocadura de otros dos ríos que confluyen casi juntos: el Estena y el Estomiza.

Estos ríos fueron sin duda las primitivas vías de comunicación de una zona tan retirada y agreste, además de los caminos que llegaban desde Talavera de la Reina, la ciudad capital del alfoz al norte, y los que llegaban desde el sur, sin localidades importantes hasta desplazarnos muy al mediodía en la llamada Siberia extremeña y el señorío de la Puebla de Alcocer.

Un poco más al norte de los grabados cruza un puente que por su aspecto parece haberse construido en el siglo XIX, tal vez para aprovechar los recursos mineros y para conectar estos territorios con el sur, pues el camino que por él cruza el río viene desde la localidad de El Bohonal, hoy con escasos habitantes pero que fue uno de los primeros núcleos en ser repoblados después de la batalla de Las Navas de Tolosa.

Desde ese momento la frontera entre árabes y cristianos bajó desde el Tajo hasta el Guadiana, dejando el enorme desierto de La Jara para ser repoblado desde Talavera. De hecho, la población madre de Anchuras fue Sevilleja de La Jara, repoblada por mozárabes sevillanos (y también cordobeses que poblaron la cercana Cordobilla, hoy desaparecida). Iban encabezados por su obispo Clemente que pidió tierras al concejo talaverano tras su huida de la represión de los almohades.

Madoz en su Diccionario Geográfico dice que “el terreno es sumamente montuoso, áspero y cruzado de sierras en todas direcciones”. 


Hemos de recordar también para ilustrar lo apartado y agreste de estos territorios que es aquí donde se producen las incursiones primeras de los Golfines, bandoleros que hubieron de ser reprimidos por la Santa Hermandad Real y Vieja de Talavera antecedente como policía rural de la Guardia Civil y que se funda como una cofradía de autodefensa de los colmeneros perjudicados por las incursiones de los salteadores. Partidas carlistas o de guerrilleros antifranquistas también se refugiaron en estos montes.

En cuanto al entorno arqueológico de los grabados solamente podemos hacer referencia a las azuelas y hachas pulimentadas halladas en las rañas y a algunos topónimos como “La Torrezuela” o “Las Ruinas” en el valle del Estenilla, al norte de los grabados, así como una Laguna de los Moros tambiéncerca del cercano pueblo de Los Alares y en cuyo entorno se han halladoescorias de fundición con hierro, plomo e indicios de zinc y plata.

En las cumbres cercanas de La Jara Alta, al noroeste de los grabados hay algunos topónimos de etimología probablemente más morfológica que arqueológica, como son “El Castillazo” o “El Atalayón”, aunque hay otros como “Las Moradas”, cumbre más elevada de la zona donde sí que se perciben restos de construcciones precarias, que son de difícil datación pues no aparecen materiales en superficie. 

http://lamejortierradecastilla.com/nuevos-grabados-rupestres-en-la-jara/

martes, 6 de noviembre de 2018

Clero Regular en la ciudad de Toledo en 1569

Imagen relacionadaEl último elemento importante de la población toledana que se incluye en este censo es el clero regular, tanto masculino como femenino. 

Toledo se enorgullecía de tener por estas fechas 37 casas religiosas, 23 de monjas y 14 «varoni-les» 23 . 

Su emplazamiento se situaba sobre todo en el centro de la ciudad con preferencia a los barrios marginales, los más pobres. 

La parroquia de Santo Tomás, por ejemplo, tenía seis casas de religiosos, seguida de cerca por la de San Román, con cinco, y San Lorenzo, con cuatro. 

La concentración de casas de religiosos en el centro eran de tales proporciones que ya en el año 1535 el ayuntamiento de Toledo intentó prohibir la fundación de nuevos monasterios, pero estas medidas poco pudieron hacer para impedir que Toledo se convirtiera en esa «ciudad conventual» que llegaría a ser en el siglo XVII . 

Ese proceso de «conventualización» es indicado por el número de religiosos que residían en Toledo. En 1569 había 1.668 religiosos, dos tercios de los cuales eran monjas. 



Frailes y monjas sumaban alrededor del 3 por ciento de la población total de la ciudad. 

Resultado de imagen de CLERO REGULAR  toledo siglo xviTal concentración de religiosos, quizás no igualada por ninguna otra ciudad castellana, con la probable excepción de Sevilla, convertía a Toledo en algo así como un centro de poder espiritual. Hacia 1591, sin embargo, la ciudad era un caso especial. 

Debido sobre todo a varias nuevas fundaciones, su población monástica se había incrementado en un 16 por ciento hasta llegar a un total de 1.942 religiosos (1.339 mujeres y 603 hombres), cifra que supone el 4,5 por ciento de los ya algo disminuidos efectivos demográficos de la ciudad. 

Esta tendencia persistió en el siglo XVII, a medida que seguía reduciéndose la población laica de Toledo. 

Imagen relacionada

De acuerdo con el censo de 1569, las casas religiosas de mujeres, cada una de las cuales tenía una media de 52 monjas, tendían a ser mayores y mejor dotadas que sus homologas de hombres, que en media sólo disponían de 35 frailes.

No obstante, estas cifras pueden ser engañosas. 



El mayor establecimiento religioso de la ciudad era el convento benedictino de San Clemente. 

En 1576 tenía 150 monjas. 


Imagen relacionada

El monasterio agustino popularmente conocido con el nombre de Nuestra Señora de Gracia, que era la mayor casa de religiosos varones, tenía 105 frailes.

 En el otro extremo de la escala, había dos casas empobrecidas, una masculina (Monte Sion) y otra femenina (Beatas Mínimas de Jesús María), con no más de una docena de religiosos viviendo dentro de sus muros.

lunes, 5 de noviembre de 2018

Balneario popular de La Retortilla en la Jara

Resultado de imagen de Aldeanueva de Barbarroya mapa
Palomar de los baños de la Retortilla junto a la Vía verde de La Jara. 

Término de Aldeanueva de Barbarroya

Baños de la Retortilla. Sus edificios se encuentran casi arruinados pero, deambulando con precaución entre sus restos.

Todavía podemos observar las dependencias que servían como cocina de campana con su rústico fregadero y el hueco para las tinajas de agua y aceite, las habitaciones en las que se alojaban desde el siglo pasado las personas que aquí acudían en mulas para buscar alivio a sus dolencias reumáticas.



La cantina, los almacenes con sus alacenas, el palomar, que es una curiosa construcción circular en pizarra donde se criaban los pichones, considerados por creencia popular como alimento beneficioso para enfermos y embarazadas. 

Incluso dos naves más modernas en las que vivían los trabajadores de la vía que luego sería la Vía Verde de La JaraVista general de los Baños de la Retortilla

Por debajo de este primer edificio se halla otra edificación en la que se encuentran los baños propiamente dichos. 

Una conducción llevaba las aguas medicinales hasta una primera alberca de almacenamiento y de aquí pasaban a una habitación donde se encontraba el horno y la retorta para calentar las aguas. 

Este sistema de calentamiento puede que sea el origen del nombre de los baños de La Retortilla que, como tantos otros de la comarca.

También se denominan “de la Guarra”, aunque también podría tener su origen la denominación en una curva o “retuerta” muy pronunciada que hace el río Uso en sus proximidades. 

Todos estos baños populares tienen la misma fantástica historia en cuanto a su descubrimiento. 

Un cerdo o un jabalí tullido se revuelca en el manantial y cura sus males, más tarde el afortunado hallazgo es aplicado a los humanos.

Planta de los Baños de la Retortilla y sus dependencias

Por el estucado de sus muros, otra pieza adyacente al horno parece haber sido una especie de pequeña piscina cubierta o un aljibe para el almacenamiento del agua. 

Entramos en el edificio ya muy derruido y se perciben las habitaciones con sus bañeras. 

Todas bajo el nivel del suelo, salvo una bañera exenta que fue robada hace tiempo.

Alacenas de la despensa de los baños bajo el palomar

Sentados a la puerta podemos evocar aquellos años en los que este rústico balneario se llenaba de gentes y el curioso ambiente que reinaría en este agreste y popular centro de hidroterapia.

Depósito del agua y edificio de las bañeras de los baños de la Retortilla


http://lamejortierradecastilla.com/el-balneario-popular-de-la-retortilla/

domingo, 4 de noviembre de 2018

La huella del Ángel. Ermita de San Blas. Los Yébenes. (Toledo).











Un redescubrimiento realizado por “Juan” quien nos llevo a la ermita de San Blas para mostrarnos esta “huella del Ángel”. Que a pesar de Internet, no he visto reflejada en la red. Un aporte sin duda interesante del cual no hay información.










Ermita de San Blas.

















La ermita cuenta con un vórtice de 13500 UB en dextrógiro, igual que en la huella, en la cruz hay un punto de meditación, también dextrógiro.




https://senderosesotericos.wordpress.com/category/toledo/

sábado, 3 de noviembre de 2018

Fotos de la Guerra Civil en Talavera de la Reina

Tropas republicanas en El Carmen ?

Podemos ver aquí dos fotos de la Guerra Civil en Talavera de la Reina. 

En la primera de ellas se ve a un grupo de milicianos republicanos que se despliegan en acción de combate por las calles de Talavera. 

Una ciudad que nos muestra una arquitectura popular de paredes encaladas, ladrillo y tapial con las calles empedradas.

Es difícil saber la localización exacta de la escena e invito a quien visite esta página a intentar una exacta localización. 

Yo creo que puede tratarse de la calle Salmerón y que a la izquierda se verían las tapias traseras del convento del Carmen, alfar que fue de cerámica y hoy biblioteca. 

Al fondo se percibiría una vivienda de las situadas al final de la calle Padre Juan de Mariana, junto a la Puerta de Cuartos.Foto de El País en la que aparecen milicianos desplegándose por las calles del extrarradio de Talavera

En la otra fotografía se puede ver a las tropas nacionales según se apunta en la ilustración de una edición de la Guerra Civil española de Hugh Thomas descansando en lo que a mí me parece el muro norte de la ermita de Nuestra Señora del Prado aunque un lector nos comenta que como se dice en “La guerra civil en Talavera de la Reina. 

Conflicto bélico, represión y vida cotidiana” de José Pérez Conde, Juan Carlos Jiménez Rodrigo y Benito Díaz Díaz.




En la página 368 se muestra esta imagen y debajo pone:

“Una compañía de soldados de aviación enviada por el mando republicano para intervenir en la zona de Navalmoral, aparecen descansando en la calle del Carmen. 

Entre los soldados el talaverano Saturnino Arriero Patavia, apoyado en la pared. Diario Ahora de 27 de agosto de 1936”

Los dos grupos de soldados van equipados con sus fusiles, una manta y las comunes y humildes alpargatas. 

Las dos fotografías parecen haberse realizado en el verano de 1936, como se deduce del vestuario y de que los republicanos solamente mantuvieron sus posiciones en la ciudad hasta su toma por el ejército de Franco el 3 de Septiembre de ese año.

Una mujer da agua a soldados durante la Guerra Civil

En otra de las fotografías se ve a una mujer dando de beber a las tropas republicanas, no olvidemos que el avance de las tropas nacionales se produce en plena canícula y la ocupación de Talavera se produce el 3 de septiembre.

Guardias de asalto republicanos motorizados fotografiados en Talavera

La Guardia de Asalto fue leal a la república y en otra de las fotografías se puede ver a varios guardias motorizados en Talavera. 

Llevan las cazadoras de cuero típicas de la época, las gorras con orejeras y las gafas del equipamiento habitual en aquellos tiempos.

Civiles armados republicanos se dirigen al frente en un carro.

Otra fotografía muestra a voluntarios y milicianos del ejército republicano que se dirigen al frente de Talavera. 


En muchos casos la Guerra Civil marcó el paso de las guerras tradicionales a las acciones bélicas con armamento y trasporte más avanzado. 


Aquí el carro tirado por mulas que lleva la matrícula con el rótulo de Talavera lleva a los entusiastas milicianos que chocarán con el ejército mejor dotado y entrenado de los sublevados.

Republicanos fusilados en la calle Carnicerías tras la entrada de las tropas nacionales.

Una de las fotografías ha sido motivo de discusión pues, aunque refleja la imagen de los cuerpos de fusilados republicanos a la entrada de los nacionales, el bando de franco quiso durante un tiempo hacer creer que era por el contrario un grupo de nacionales fusilados por los milicianos.

Soldados de las tropas de Franco cogiendo el tren en Talavera para ir al frente de Madrid

Esta última foto de un diario italiano muestra a tropas nacionales cogiendo el tren en la estación de Talavera para ir al frente de Madrid. 

Así mismo hay una colección de fotografías de Alfonso, conocido fotógrafo de la época que comentaremos en otra ocasión.

http://lamejortierradecastilla.com/dos-fotos-de-la-guerra-civil/

viernes, 2 de noviembre de 2018

En 1906, Matanza de un cerdo para encubrir el asesinato de una anciana

El ocho de enero de 1906, en Madridejos, fue encontrado el cuerpo sin vida de Leocadia Moreno Cid, de setenta y nueve años de edad. Yacía sobre un charco de sangre en una cuadra de su vivienda de la calle Amargura

Paseo y Ermita del Cristo de la localidad de Madridejos, municipio donde residían Leocadia Moreno Cid y su agresor (Foto, Diputación Provincial de Toledo)Enrique Sánchez Lubián
@eslubianTOLEDO

Junto a ella había un tronco de madera, con el que presuntamente le habían golpeado la cabeza. La investigación de su muerte fue asumida por el juez Antonio Delgado Curto. Durante la inspección de la casa pudo comprobarse que en las habitaciones había algunos baúles abiertos, estando sus ropas revueltas y tiradas por el suelo. 

También se localizaron varios documentos de crédito a favor de la mujer, sin hallar rastro de dinero en metálico, aunque en el pueblo se decía que guardaba alguna cantidad. Parecía claro que el robo era el motivo del asesinato, si bien quedaba pendiente de averiguar quién o quienes podrían ser sus autores.



Desde un primer momento las sospechas del juez recayeron en Juan García Portanova (a) «Cascorro», quien tiempo atrás había tenido una disputa con Leocadia a causa de un préstamo que ella le había hecho. 

Según declararon unas sobrinas de la víctima, tras reclamarle la mujer el pago de una cantidad que le adeudaba, él se la entregó «con mucha ira», diciéndole que «tenía que cortarle el cuello el día que menos lo imaginase».

Durante las diligencias, el juzgado de Instrucción tuvo conocimiento de que mientras se cometió el crimen, en la vivienda de IsabeloPablo de Mora (a) «Cuco», contigua a la de la víctima, éste, junto a «Cascorro» y sus esposas, María Paz Pérez de Neira y Vicenta Martín Camuñas, procedieron a matar un cerdo. 

Este hecho, aparentemente casual, llamó la atención de los investigadores al deducir que la matanza podría ser una coartada para que en caso de encontrar algún rastro de sangre en la ropa del presunto autor, el mismo pudiera ser achacado a tal faena. 

El juez también averiguó que una de las mujeres intentó esconder en un arca la camisa manchada del principal sospechoso. Con estos indicios, se dictaminó el procesamiento de los cuatro y su ingreso provisional en la cárcel del partido. 

Al entrar en la misma, el director de la prisión se percató de que Portanova tenía en su calzado manchas que bien podrían ser de sangre.
Noticia del «Heraldo Toledano» dando cuenta del crimen cometido en los primeros días del año 1906.

En la mañana del día once, el vigilante de la cárcel encontró a «Cascorro» cubierto de sangre. 

Reconocido por el forense, se le apreció una herida en el cuello, de seis centímetros de extensión, causada con una pequeña navaja, y una herida contusa en la sien derecha, producida al golpearse la cabeza con un guijarro. 

Ambas eran de carácter leve. Interrogado por el juez de instrucción, manifestó haber intentado suicidarse para evitar la vergüenza que le producía el que se le creyera culpable del asesinato de Leocadia.

Tres años tardó el suceso en ser juzgado por la Audiencia Provincial de Toledo. La vista tuvo lugar en abril de 1909 y para entonces una de las encausadas, Vicenta Martín, había fallecido. En sus conclusiones provisionales, el fiscal, Mariano Arredondo, consideraba que Juan e Isabelo habían sido los autores materiales del crimen. Sostenía que pasaron a su domicilio saltando una pared contigua, sorprendiendo a Leocadia cuando salía de una habitación y se dirigía a la cuadra donde guardaba la leña.

 Consideraba los hechos constitutivos de un delito de homicidio con las agravantes de «haberse efectuado en la morada de la ofendida, con desprecio y ofensa del sexo y edad de la finada, con abuso de superioridad». 

Estimaba, también, que sus esposas eran cómplices del delito, habiendo acechado a la víctima para facilitar el robo y participando en la matanza del cerdo con la pretensión de disponer de una excusa por si acaso eran descubiertos. En consecuencia pedía penas de veinte años de reclusión para ellos y de ocho años y un día de prisión mayor para María Paz.



Pese a esas certezas, las pruebas y testimonios evacuados durante la vista fueron bastante inconsistentes. Aunque la autopsia había determinado que Leocadía había fallecido por asfixia incompleta de presión sobre el cuello y por golpes intensos sobre el cráneo, los peritos médicos no pudieron asegurar si en la muerte intervinieron una o dos personas. 

No había ningún rastro del dinero que podría haber sido robado y las declaraciones de los testigos citados no derivaban hacia nada concluyente. Las dudas sobre la implicación de los encausados en la muerte de la anciana se extendieron entre los miembros del tribunal y personas asistentes a la vista.

Pese a no creer en los alegatos de inocencia que exponían los tres acusados y sus defensas, el fiscal retiró las acusaciones intentando evitar que el proceso concluyese con un lamentable error judicial. El acusador particular, Federico Lafuente, se sumó parcialmente a esas tesis, aunque mantuvo la consideración de culpabilidad sobre «Cascorro». 

Esa misma calificación fue asumida por el tribunal popular, considerando que Juan García Portanova era culpable de un delito de homicidio. Antes de que se dictase sentencia, la fiscalía y el abogado del procesado, considerando que tal veredicto era desacertado, solicitaron que la causa fuese revisada. La petición fue aceptada de inmediato.

La revisión tuvo lugar en marzo de 1910. Ante este segundo capítulo de la vista por el crimen de Leocadia Moreno, desde las paginas de «El Porvenir», semanario carlista, se procuraba captar la máxima atención entre sus lectores: 

«Ayer dio principio, ante el Tribunal popular, la revisión de un grave y curioso proceso con motivo de un crimen horrendo que por la astucia y el sigilo con que su autor o autores lo perpetraron, aparece envuelto en las sombras más impenetrables». 

Semejante consideración contribuyó a que los toledanos siguiesen expectantes cuanto sucedía en la Audiencia durante esos días

Vista aérea de Madridejos, cuyos vecinos hubieron de esperar cuatro años hasta conocer la sentencia definitiva impuesta a Juan García Portanova (a) 

«Cascorro» - ARCHIVO DIPUTACIÓN PROVINCIAL

Durante la vista, el fiscal, Luis Barroeta, volvió a retirar la acusación contra «Cascorro» porque, como su antecesor, carecía de pruebas concluyentes para mantenerla aunque estaba convencido de su culpabilidad. 

La acusación privada volvió a reiterarse en sus peticiones, mientras el defensor, Francisco Bejerano, reclamaba la absolución del ya único encausado.


Como ocurriera la vez anterior, el jurado popular volvió a considerar que el procesado había cometido un delito de homicidio. Ante tal circunstancia, y tras ser oídas todas las partes, el tribunal de derecho, presidido por Sérvulo Miguel González, impuso a «Cascorro» una pena de diecisiete años, cuatro meses y un día de reclusión temporal.

El uno de marzo de 1920, una vez que Juan García Portanova ya había cumplido las tres cuartas partes de su condena, el rey Alfonso XIII firmó un real decreto por el que se le concedía la libertad provisional. Horas después «Cascorro» abandonaba la prisión gaditana de San Fernando, donde hasta entonces había permanecido recluido.

26/06/2018 13:38
Enrique Sánchez Lubián, escritor y periodista
https://www.abc.es/espana/castilla-la-mancha/toledo/abci-matanza-cerdo-para-encubrir-asesinato-anciana-201806261333_noticia.html#ns_campaign=mod-sugeridos&ns_mchannel=relacionados&ns_source=matanza-de-un-cerdo-para-encubrir-el-asesinato-de-una-anciana&ns_linkname=noticia.foto.local&ns_fee=pos-1

jueves, 1 de noviembre de 2018

La Guerra Carlista comenzó en Talavera

Foto de la plaza del Reloj de Talavera de la Reina a principios del siglo 20. 

Con un aspecto no muy diferente del que tendría durante el pronunciamiento carlista del siglo XIX

UNA GUERRA CIVIL COMIENZA EN TALAVERA

1833. Cuatro hombres se abrazan y sonríen mientras los soldados cierran los portones de la prisión madrileña. 


Los barrotes, la humedad, el frío y los gritos de los carceleros no han conseguido que se movieran ni una pulgada de sus convicciones. Manuel María González, el jefe de correos de Talavera, se apoya en el hombro de sus compañeros y, mirándoles con fiereza, besa un enorme escapulario que cuelga de su pecho y dice: Dios, la Patria y el Rey legítimo de España premiarán y reconocerán nuestra lucha. ¡Viva el rey Carlos!.

 Dos de sus compañeros del batallón de Reales Voluntarios Realistas de Talavera, hoy destituidos por el gobierno liberal, han llevado caballos frescos a su comandante y todos juntos toman el camino de Extremadura.

Semanas más tarde, ya en Talavera, se empiezan a agrupar algunos jinetes en la plaza del reloj que acaba de dar ocho campanadas, Bajo sus capotes, apenas disimulan las armas. 

Los mercaderes de la plaza Real ya han recogido los géneros de los soportales y van cerrando sus tenderetes. 

Los caballistas, con las bestias tan nerviosas como ellos y armados hasta los dientes, se concentran en el lugar mientras que algunos de ellos, obedeciendo la voz de su jefe, se dirigen a cada una de las puertas de la muralla de la ciudad cerrando el paso.

Escena costumbrista en la Plaza del Reloj recreada por Enrique Reaño sobre una foto antigua

Un zapatero comenta con su vecino el espartero que el hombre que parece mandar la tropa es comandante de los Voluntarios Realistas Manuel María González quien, en ese momento, saca un pliego de una de sus cartucheras y comienza a leerlo en voz alta ante la sorpresa de los vecinos.

 El caballo gira haciendo que salten chispas del empedrado sin que deje de leer su manifiesto. 

Los vecinos escuchan estupefactos que Manuel María, el manchego que dirigía correos, está proclamando rey de España al infante don Carlos María Isidro, exigiendo volver al orden tradicional y a la sucesión masculina al trono.

 Los talaveranos, que son llamados a unirse a la sublevación, comienzan a darse cuenta de la gravedad de los hechos que están presenciando y se encierran en sus casas.


 La plaza queda desierta.

Placa de una asociación carlista en la Plaza del Reloj de Talavera

Pasa el tiempo y los rebeldes comprueban que nadie se une a ellos, ni siquiera los correligionarios que daban por seguro que iban a sumarse al pronunciamiento. Irritados, se dirigen al ayuntamiento y retienen al alcalde y a algunos concejales. 

Dos de los carlistas se dirigen al domicilio del general Antonio María de Rojas y le conducen a la plaza del Pan arrestándole junto a la corporación. El cabecilla decide 

reponer a los regidores de 1832 y destituir a estos que él denomina hatajo de liberales y traidores. Pero los antiguos concejales se niegan a salir de sus casas y los sublevados se ven obligados golpear a alguno de ellos mientras otros son llevados de la pechera hasta el ayuntamiento. Nadie quiere implicarse en una causa que nunca tuvo arraigo en la ciudad y que de antemano se da por perdida.

Exaltados y nerviosos, los revolucionarios encierran a sus rehenes en el claustro de los jerónimos. Mientras pasan la noche en vela, se engañan a sí mismos pensando que a la mañana siguiente una multitud se unirá a su causa. Pero, sin embargo, varios vecinos liberales se apostan en las calles cercanas y se oyen algunos disparos contra los sublevados.Soldados carlistas

Manuel María no sale de su asombro, es hombre de convicciones profundas y había pensado muchas veces en cómo, al llegar este momento, sus paisanos se revelarían contra el sindiós en que se estaba convirtiendo España. 

Se da cuenta de que mantenerse en Talavera es encerrarse en una ratonera. No se resigna y vuelve a intentarlo con otra proclama a la mañana siguiente. 

Únicamente obtiene el silencio sepulcral de la ciudad roto tan solo por algunos adversarios que comienzan a sacar sus caballos y a situarse en las calles vecinas. 

Una masacre o un enfrentamiento no conducirían a nada y Manuel María, que es al fin y al cabo un hombre religioso, decide retirarse hacia Calera.

Requisan todos los caballos que pueden y se apoderan de los fondos públicos, ciento veinte mil reales. 

Disparando al aire, el grupo sale a galope por la puerta de Mérida y se dirige hacia el oeste. 

Hay que acercarse a Portugal, allí se han refugiado don Carlos y los suyos. 

Las sierras de Guadalupe les darán el amparo que siempre ofrecieron a los que se echaron al monte por estas tierras. Llegan a Calera y en la plaza otra vez proclaman a su rey, y otra vez predican en el desierto, sólo silencio.

Desde Talavera una fuerza armada ha partido ya en su persecución y va pisándoles los talones. Al llegar a Puente del Arzobispo están esperándoles sus habitantes armados y comienza el tiroteo. 

Seis hombres se entregan y salvarán así sus vidas pero otros seis son apresados.

Entre ellos se encuentra un hijo de Manuel María que, como sus compañeros, es fusilado en Talavera, junto al Calvario, y enterrado en el cementerio de Santa Leocadia.

Torre de la iglesia de Santa Leocadia donde fueron enterrados los rebeldes carlistas tras su ejecución

A finales de Octubre el resto de la partida es apresada en Villanueva de la Serena y son fusilados sus miembros.


Los pronunciamientos salpican todo el territorio nacional. Acaba de comenzar otra guerra entre españoles.

http://lamejortierradecastilla.com/la-guerra-carlista-comenzo-en-talavera/

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