miércoles, 30 de julio de 2014

El Rollo de Justicia de Lillo

Insignia de jurisdicción de villa que Lillo adquiere con la autonomía concedida en 1430.

Los rollos son símbolos de justicia y jurisdicción civil, es decir simbolizan la autonomía de la villa. Quieren dejar bien claro que la localidad ha recibido privilegio de villazgo y, por tanto, el pueblo no se encuentra sometido a ningún señor o señorío.

En España hay cientos de rollos de justicia, a los que también suele denominarse picotas... la diferencia es que las picotas solían utilizarse para castigar a los delincuentes, para dejar bien a la vista del pueblo las sanciones ejemplarizantes. 

Resultado de imagen de El Rollo de Justicia de LilloLa vergüenza pública como parte fundamental del castigo, sobre todo para pequeñas faltas, como por ejemplo los bodegueros que tenían la osadía de engañar a sus clientes con las medidas o los carniceros no demasiado escrupulosos con la calidad de su género. 

Por eso los rollos y picotas suelen encontrarse o a la entrada de la villa, o en la plaza más concurrida.

Estilo: Transición gótico-renaciente

Rollo de justicia: impresionante mole de piedra de más de 6 metros de altura.

Asentado sobre seis gradas de piedra caliza del siglo XVI, formado por un fuste estriado dividido en dos partes por una moldura saliente. 

El capitel es renacentista y sobre él un remate de una pequeña columnilla central.

Juanelo Turriano,relojero del emperador

El inventor cremonés Juanelo Turriano no sólo fue el más reputado relojero de su tiempo, sino también un competente ingeniero capaz de diseñar los más increíbles inventos hidráulicos, como el famoso artificio de Toledo. 

Es tendencia común describir la vida del emperador Carlos I en Yuste como un retiro espiritual donde dejaba pasar las horas absorto en la contemplación de su magnífica colección de relojes. Quizás no fuese tan contemplativa la vida monacal del emperador – dicen que nunca se desentendió de los asuntos de España – pero lo cierto es que entre su reducida corte estaba el relojero real, el inventor de ingenios Juanelo Turriano. 

Sobre Juanelo Turriano, nacido en un pueblecito de Lombardía y bautizado Giovani, han corrido numerosas leyendas, como aquella que asegura que un autómata suyo, como si se tratase de un Golem, recorría todos los días el camino que iba de la casa del inventor al palacio arzobispal, en Toledo, donde recogía la comida que depositaban en sus manos de madera para después deshacer el camino con su característico paso pendular. 

Como a tantos otros hombres de ciencia de su tiempo, a Juanelo Turriano le envolvía cierto halo mágico, como si las ciencias ocultas explicasen de forma más convincente los avances científicos que las matemáticas o la física. 

Giovani o Gianello Turriano nació, como dijimos, en Lombardía, en un pequeño pueblo cercano a Cremona hacia el año 1500, aunque siempre pasaría por cremonés. Turriano se criará en aquellas tierras septentrionales de la península itálica, las mismas que España se anexionará tras la victoria de Pavía. Precisamente de la ciudad de Pavía era Girolamo Cardano, uno de los grandes matemáticos de su época junto con Niccolo Fontana ‘Tartaglia’, ambos contemporáneos de Turriano y cuya influencia marcará de algún modo su vocación científica. 

Se dice que su niñez fue muy humilde, que se dedicaba al pastoreo y que aprovechaba las noches de vigilia para observar los cuerpos celestes, atribuyéndole ya entonces una precocidad extraordinaria a la hora de determinar órbitas y trayectorias que parece carecer de consistencia histórica, sin que por ello haya que desmerecer los méritos y capacidades del personaje. La realidad es que a pesar de su modesto origen, Turriano fue iniciado en la astronomía por Giorgo Fondulo, médico y matemático que impartía clases de filosofía moral en la Universidad de Pavía y que fue amigo, maestro y protector de Turriano en su primera formación. 

Poco más sabemos de la juventud de Turriano, salvo que se convirtió en maestro relojero en su Cremona natal y que era admirado y respetado por los grandes científicos de la época, como Girolamo Cardano, aunque nunca recibió una formación académica y su ciencia era más fruto del trabajo y la observación que del conocimiento teórico. No obstante su ingenio estaba fuera de toda duda y además de fabricar relojes, inventaba toda clase de máquinas de utilidad, como grúas para levantar objetos muy pesados o un mecanismo para dragar la laguna de Venecia. 

Por unas cosas y otras es bien seguro que Gianello Turriano era ya un hombre muy popular en Italia cuando el Gran Duque de Milán, Francisco II Sforza, le llamó para que reparara el reloj astronómico que Giovani Dondi diseñó en 1381, una gran obra maestra de su tiempo conocido como ‘Astrarium’ y que sólo el cremonés parecía capaz de volver a poner en marcha. Con aquel presente el Gran Duque quería obsequiar al emperador Carlos I por haberle repuesto en el cargo tras vencer a los franceses en Pavía. 

En vez de repararlo, Turriano fabricó un reloj nuevo con más de 1.800 piezas a semejanza del original pero mucho más potente, pues reflejaba los astros y estrellas principales, las horas solares y lunares, las ocho órbitas planetarias y los signos del zodiaco. Como puede deducirse, en aquella época lo que menos interesaba del reloj era que dividiera las horas del día – y mucho menos los minutos –, pues nadie necesitaba conocerlas con tal precisión. Su uso era mucho más útil para los estudiosos de la astronomía y en ese campo, el emperador era un consumado aficionado. 

Veinte años invirtió el relojero en introducir todo el sistema solar en la esfera de un reloj y tres años más en construir sus muelles y ruedas dentadas. Cuando por fin le fue entregado al emperador en marzo de 1552 – había sido encargado en 1530 – este quedó tan complacido que premió a Turriano con una pensión vitalicia de 150 ducados al año. El Planetario – como se le llamó al reloj – levantaba del suelo algo más de medio metro y tenía una esfera de unos 40 centímetros de diámetro apoyada sobre una base y dividida en ocho haces y tres estancias circulares.

Al servicio del emperador

Poco después de la entrega del Planetario, Juanelo Turriano empezaría una nueva restauración para Carlos I, la del ‘Cristalino’, una especie de zodiaco giratorio tallado en metal y cubierto por una gran esfera de cristal. Tal vez Turriano fue a Yuste para terminar esta obra o quizás para conservar y poner en hora la completa colección de relojes del emperador, el caso es que el ingenioso inventor formó parte de la reducida corte privada de Carlos I en su último retiro hasta su fallecimiento en 1558. Por entonces, Turriano ya era un inventor de prestigio, no sólo por su pericia como relojero sino también por otros ingenios, como sus marionetas autómatas, figurillas que entraban en movimiento gracias a una sencilla maquinaria. 

Felipe II, menos aficionado a los relojes que su padre, acogió a Turriano en la Corte y desde allí se ocupó de la conservación de la colección real y de otros encargos que le hacían tanto desde España como de Italia o Alemania, donde el inventor mantenía intacto su prestigio. El Papa Pío V, por ejemplo, le encargó la construcción de dos máquinas hidráulicas para bombear agua desde los ríos a las tierras de cultivo y las fuentes. En la Corte, Turriano trabó amistad con el arquitectoJuan de Herrera y se hizo muy conocido tanto por su fuerte acento italiano como por su peculiar apariencia. 

Y es que a pesar de su brillantez, Juanelo Turriano tenía una figura un tanto tosca, tanto que el escultor Leone Leoni le describe como “un buey con forma humana”. Para el cronista Esteban de Garibay era “alto y abultado de cuerpo, de poca conversación y mucho estudio y de gran libertad en sus cosas: el gesto algo feroz y el habla algo abultada, y jamás habló bien la española; y la falta de dientes por la vejez le era aún para la suya italiana grave impedimento”. 

El obispo de Alba, Girolamo Vida, describe a Turriano como un hombre “tan rudo, deforme y rústico de cara y figura y de aspecto tan poco distinguido que no revela dignidad alguna, carácter alguno, indicio alguno de habilidad”. Aunque el obispo trataba de ensalzar a Turriano y a la ciudad de Cremona frente a su rival Pavía, la descripción del religioso continúa poco esperanzadora para el científico: “Contribuye a aumentar su repulsión el verle siempre con la cara, cabello y barba cubiertos y tiznados de abundante ceniza y hollín repugnante, con sus manos y dedos gruesos y enormes siempre llenos de orín, desaseado, mal y estrafalariamente vestido, de forma que se le creería un Bronte o Esterope o algún otro siervo de Vulcano, que todo lo que hace lo moldea en el yunque con sus propias manos, trabajador de fragua nato”.

Los inventos de Turriano

Dada la amistad de Juanelo con Juan de Herrera no es descartable que el eminente arquitecto emplease alguna de sus máquinas, principalmente grúas, en la construcción del monasterio de El Escorial, aunque sus obras más brillantes tuvieron que ver con sus conocimientos hidráulicos. Juanelo Turriano asesoró durante años a los ingenieros del rey en la construcción de presas y canales cuando las obras presentaban problemas orográficos aparentemente insalvables. En las acequias del Jarama y Colmenar, así como en la presa de Tibi, en Alicante – la más alta del mundo, con 43 metros, hasta al menos la mitad del siglo XVIII –, las soluciones aportadas por Turriano permitieron reconducir las obras y en muchos casos sus ideas fueron tan innovadoras que mantuvieron su vigencia varios siglos después. 

Con todo, su principal mérito fue la invención de una gigantesca máquina para elevar el agua desde al Tajo hasta la ciudad de Toledo, una empresa en la cual ya habían fracasado otros ilustres ingenieros puesto que había que salvar un desnivel de casi cien metros, el que había entre el río y el Alcázar, situado en la parte más alta de la ciudad. El ingenio inventado por Turriano estaba compuesto por varias torres enlazadas y provistas de brazos terminados en grandes cazuelas que iban traspasándose el agua cada vez a mayor altura. La fuerza motriz venía de una enorme rueda hidráulica movida por la corriente del Tajo. El mecanismo fue terminado en cuatro años y era capaz de transportar 18.000 litros de agua al día, 6.000 más de los que Juanelo había acordado. 

A pesar de superar las expectativas, el Ejército – propietario del Alcázar – decidió quedarse con la totalidad del agua de modo que Juanelo tuvo que construir una segunda máquina adosada a la primera para abastecer al resto de la ciudad. Mientras lo hacía, el inventor debía cobrar lo estipulado por la primera de las máquinas pero el acuerdo se había cerrado con la ciudad de Toledo y esta seguía sin agua, de modo que Juanelo decidió terminar la segunda obra antes de empezar a litigar con un adversario tan poco asequible como la milicia. Sin embargo, al término de la segunda máquina, la ciudad de Toledo seguía sin querer pagar y para colmo, el primero de los ingenios había dejado de funcionar a pleno rendimiento. 

El Rey, que había tratado de mediar, resolvió que la primera máquina debía de ser para su uso personal y el de la milicia y la segunda, sobre la que tenían derecho Turriano y sus descendientes, podía ser vendida libremente a la ciudad de Toledo. Sin embargo, el rey incluyó una cláusula que le permitía obtener el agua gratuita y prioritariamente cualquiera que fuese su origen y esa fue, a la postre, la cláusula que arruinó a Turriano puesto que la primera máquina dejó de bombear agua al ritmo inicial y el rey dispuso del agua de la otra, lo que impidió a Turriano vender y legitimó a los toledanos para no pagar. Poco después, ambas máquinas necesitaron continuos cuidados y reparaciones pero Turriano había caído enfermo y ya no pudo ocuparse. 

Pasó su último año escribiendo asiduamente al rey y lamentando su enorme pobreza y murió muy modestamente el 13 de julio de 1585. Su artificio sería durante años una visita obligada para todos los viajeros y un monumento más que caracterizaría la silueta de la imperial Toledo. Sobre aquella ingeniosa máquina compuso el poeta Luis de Góngora estos versos:

¿Qué edificio es aquel que admira el cielo?
Alcázar es Real el que señalas.
¿Y aquél, quién es, que con osado vuelo
a la casa del Rey le pone escalas?

El Tajo, que hecho Ícaro, a Juanelo,
Dédalo cremonés, le pidió alas.
Y temiendo después al Sol el Tajo
tiende sus alas por allí debajo.

Y estos otros de Francisco de Quevedo:

Vi el artificio espetera
pues con tantos cazos pudo
mover el agua Juanelo
como si fueran columpios;

Flamenco dicen que fue
y sorbedor de lo puro
muy mal con el agua estaba
que en tal trabajo la puso.

Muy populares fueron también sus figurillas autómatas, capaces de bailar o de tocar el tambor mientras se movían a lo largo de una mesa. Estos juguetes a los que daba cuerda igual que un reloj eran mucho menos complejos que sus planetarios pero más efectistas a la hora de impresionar a la gente, de ahí las leyendas que surgieron sobre el inventor, como la mencionada del Golem que salía a pedir limosna para un viejo y arruinado Juanelo o la invención de pájaros autómatas de madera capaces no sólo de batir las alas, sino de volar por los aires e incluso de trinar como si estuvieran vivos. 

Con el tiempo y debido a su extraordinaria fama, el nombre de Juanelo ha quedado para nombrar genéricamente lo que resulta ingenioso o nunca antes había sido explicado y en México se emplea la expresión ‘el huevo de Juanelo’ del mismo modo que aquí decimos ‘el huevo de Colón’. 

29/11/2013 - Pedro García Luaces

martes, 29 de julio de 2014

Termas Medievales de Toledo: Los Baños del Ángel o Baños de Zeid

El baño de la Calle del Ángel es uno de los mejor conservados entre los ocho que aún mantienen estructuras reconocible dentro del Casco Histórico de Toledo.

Mantiene el hipocausto ,sala caliente o gloria con gran parte de los pilares que sustentaban el suelo de la sala., mejor conservado de la ciudad. En uso entre los siglos X y XIII , hoy todavia se pueden contemplar sus alcobas y bañeras, y las lucernas para el paso de luz y regulación de la densidad del vapor y calor del baño.

Esta sala tiene una configuración tripartita con dos alcobas en los laterales del espacio central, separadas por dos arcos de herradura sobre columnas de mármol.

 En cada una de las alcobas se aloja una bañera de diferente tamaño, con un banco que ocupa dos laterales en la bañera grande y uno en la bañera pequeña, lo que nos da indicios del carácter social que también tenía del acto del baño. 

El espacio está cubierto con un sistema de bóvedas de medio cañón. En la bóveda central se abren una serie ordenada de pequeños huecos o lucernas que realizan una doble función: matizar la entrada de luz exterior y regular la densidad de vapor y el calor del baño.

Algunos de ellos fueron expoliados y los que se conservan presentan el deterioro propio de las llamaradas con las que se calentaba la habitación.

Aunque en la actualidad los dos únicos accesos desde la calle al baño se encuentran en la calle del El Ángel, en origen debió estar en la calle de Santa María La Blanca, lo que supondría una gran proximidad a la sinagoga del mismo nombre.

Los baños del Angel: Una puerta escondida

Algo interesantisimo : han descubierto los restauradores con las catas murarias del vestibulo, ya que ha aparecido una puerta cegada que nos era totalmente desconocida en una de las esquinas, en la esquina propiamente dicha.

Esta puerta no aparece mencionada en ninguno de los estudios anteriores que se han hecho sobre el baño, por lo que es completamente inedita ¿a donde conducira, que grado de conservacion tendra la sala o pasillo que esconde, que descubriremos en el,…

Fuentes: 

http://www.toledo-turismo.com/es/banos-del-%C3%81ngel_321
http://www.turismocastillalamancha.es/patrimonio/banos-del-angel-14964/visita/
http://www.lurearqueologia.es/noticias-arqueologia/los-banos-del-angel-una-puerta-escondida/

Iglesia de San Juan Bautista (Ocaña)

La iglesia de San Juan Bautista es posiblemente la más antigua de Ocaña, fechándose en el siglo XIII su originaria edificación, aunque como es habitual, las reformas, reconstrucciones y adiciones enmarcaran bastante esta primitiva fundación.

Se cree que esta iglesia mudéjar se construyó sobre una sinagoga.


Iglesia Parroquial de San Juan Bautista

La trascendental Iglesia Parroquial de San Juan Bautista de Ocaña, de evocaciones góticas y mudéjares combinadas, es el monumento más preciado de esta Villa en cuanto a arquitectura religiosa y objeto de diversas investigaciones.

Historia

Sus orígenes se remontan a una sinagoga judía, siendo su terreno y parte de la edificación utilizados para levantar una Iglesia cristiana que se dedicó a San Juan Bautista, cuya talla en piedra fue emplazada en la parte superior de la puerta principal del templo en 1634 y demolida durante la Guerra Civil española.

De la originaria Iglesia mudéjar de mediados del siglo XIII, aún hoy se mantienen sus arcos de herradura, que a cada lado dividen las tres naves, así como una pequeña estancia a la que se entra a través de la capilla de la Concepción o de los Chacones.

Las tres naves primitivas están cubiertas por cinco bóvedas ojivales y a los pies se agregó una capilla dedicada a Santa Ana, posteriormente de las Ánimas.

Las columnas de caliza (hoy en día pintadas con un desatino total), reemplazaron después de la restauración en el siglo XV a los originales pilares de ladrillo que formaron los arcos que dividen las naves y por donde aún corre la original imposta.

Sobre las bóvedas de la nave lateral, aún pueden advertirse aunque tapiadas las cinco ventanas originales que daban luz a la nave central y antes de construirse la cubierta actual, encubiertos por las bóvedas góticas y la techumbre del templo, se hacen evidentes los "canecillos" pintados al temple en diferentes colores: algama, rojo, amarillo, negro y dorado, configurando ilustraciones y caracteres cúficos propios del arte mudéjar.

El Arqueólogo Basilio Pavón Maldonado dice de ella, que posee sobrados componentes arquitectónicos y decorativos como para asignarla al arte mudéjar toledano de la segunda mitad del siglo XIII, pudiendo enumerarse junto con la Iglesia de San Lucas, Iglesia de Santa Eulalia e Iglesia de San Román de Toledo, entre las más remotas iglesias mudéjares toledanas.

Características

Tiene tres naves con arcos formeros de herradura que pertenecen a la iglesia primitiva. Estos arcos apoyaban en pilares de ladrillo que luego fueron sustituidos por columnas actualmente pintadas de manera poco acertada.

Sus naves laterales son construidas en el siglo XIV, tallándose sus columnas a fines del siglo XV. De principios del siglo XVI es la construcción de la capilla mayor, así como de la segunda mitad del mismo, son los austeros casetones de yeso que preservan y decoran el gótico arco triunfal; y del siglo XVI las bóvedas de arista que preservan los trechos de la nave lateral izquierda, divididos entre sí por arcos de medio punto, todo ello pintado hoy por un manto de blanqueo.

 Como resultado de repetidas reformas fueron añadiéndose a la iglesia capillas ojivales, tales como la de Nuestra Señora de los Dolores y la de Santa Ana, así como la de los Bujanda o de Santo Tomás Cantuariense, ambas en el lateral derecho del templo. A la izquierda de la nave se ubican la de Nuestra Señora Virgen de los Remedios (Patrona de Ocaña) y la de laPurísima Concepción o de los Chacones.

Las bóvedas son de crucería, de época posterior así como la cabecera reconstruida en el siglo XVI.

Fuente: wikipedia
http://www.arteguias.com/toledo/ocanatoledo.htm

Caballos enjaezados de Carpio: a velocidad de vértigo

Situación dentro de la provinciaUna tradición centenaria que regresa todos los años a este pueblo toledano

La Hermandad de Santiago Apóstol de El Carpio de Tajo celebró el viernes su tradicional carrera de caballos enjaezados, uno de los espectáculos más emocionantes de la región. 

Es uno de los momentos álgidos de las fiestas de Santiago en El Carpio de Tajo, en Toledo, cuando a gran velocidad cruzan la plaza por pareja

Esta tradición, comienzan a realizarse en la localidad de El Carpio de Tajo a partir de 1580, instauradas por un militar carpeño que formaba parte de los tercios de Flandes.

Las parejas de jinetes, abrazados por el hombro, recorren a toda velocidad la plaza del municipio abrazados los caballistas en una perfecta comunión entre los dos animales y sus dos dueños. 

Todos los participantes en este ancestral evento que lleva realizándose en Carpio de Tajo desde hace más de 400 años, deben recoger en su domicilio al hermano mayor para que sea el encargado de encabezar los actos que se desarrollan a lo largo de todo el día. 

De esta forma y, portando el pendón con la figura del santo, llegan a la plaza del pueblo para dar el pistoletazo de salida a la primera de las carreras.

Todos los caballistas agrupados con el estandarte del hermano mayor a la cabeza, comienzan el tradicional desfile previo en el que dan tres vueltas al rededor de la plaza principal del municipio a un ritmo lento. Con este paseo se pretende que las miles de personas que se concentran a ambos lados de la plaza para disfrutar de cerca de la velocidad y la espectacularidad de este festejo, puedan reconocer fácilmente quiénes serán las parejas de jinetes que participarán en esta tradición.

El primero en salir a galope por las calles del pueblo es el hermano mayor portando el pendón del apóstol Santiago. En esta edición, y por primera vez en los más de 400 años de historia de este festejo, la responsable de portar el estandarte fue una mujer.

Un impresionante espectáculo ecuestre donde la velocidad y la vestimenta de los equinos se tornan en protagonistas de estas originales fiestas patronales. 

Un auténtico espectáculo, lleno de color, tradición y muchas emociones.. 

Son meses de preparación para participar en este emocionante espectáculo, donde los jinetes llegan a superar velocidades de vértigo a lomos de sus monturas.



Día 26/07/2014 - 15.18h
ANA PÉREZ HERRERA

Fuente:

http://www.abc.es/toledo/ciudad/20140726/abci-caballos-enjaezados-carpio-velocidad-201407261442.html
 http://www.latribunadetalavera.es/noticia/Z5554036F-C903-D964-B7C4EFA733E795B6/20140726/cabalgando/largo/430/a%C3%B1os/tradicion

lunes, 28 de julio de 2014

Historia de Villarrubia de Santiago

El término de "Villarrubia" podría derivarse de "Villarroja". Así se indica en un documento de 1576 en el que se dice que "... créese que se llama Villarrubia porque mucha parte del pueblo y tierra que confinan con él es colorada".

La antigüedad de su fundación queda constatada en los restos arqueológicos de tiempos prehistóricos. Estuvo poblada por íberos, romanos y árabes, pero su importancia histórica la alcanzaría en la Edad Media.

En el siglo XII existía el castillo del Tormón que quedó abandonado durante el reinado de Alfonso VII, edificándose en su lugar una iglesia donde la tradición popular indica como lugar de aparición de la Virgen del Castellar.

Tras crearse la encomienda de Biezma, aldea antecesora de Villarrubia, aparece en 1204 un documento en el que se indica la fundación del municipio por el maestre de Santiago Don Hernán González de Marañón, dándole el fuero de Ocaña al que se unieron los núcleos de población que existían en torno a la mencionada encomienda de Biezma.

Junto con estas dos encomiendas existía la de Villoria, a la que pertenecían el ejido de Alboer, San Bartolomé, Villoria, Villahandín y la Dehesa del Castillo. 

En un principio figuran unidas las encomiendas de Biezma y Villarrubia y en el siglo XV lo hace también la de Villoria. 

Por lo tanto, esta villa fue sede de tres encomiendas, la de Villarrubia cuyo gobernador era Don Juan de Borja, la de Villoria encomendada a Don Hernán Tello de Guzmán y la de Biezma a Don Pedro Padilla.

Poco después de la fundación de Villarrubia, se despoblaron Biezma y Villoria a favor de la primera, aunque sus territorios no se incorporaron hasta fechas posteriores, posiblemente en el siglo XVI. 

En Biezma sólo quedaron la ermita en el lugar que ocupó el castillo del Tormón. Se cree que Villoria se despobló por la falta de agua dulce y en el siglo XVI aún existían algunas casas y su iglesia.

En 1645 se indica que el pueblo posee tierra fértil, abundancia de ganados, fruta y caza, de donde se explica el desarrollo progresivo de la población.

A principios del siglo XVIII, el lugar alto que ocupó el castillo del Tormón fue motivo de disuasión de las tropas del Archiduque que en número de 6.000 hombres al mando de Gallobay pretendía tomar Villarrubia. Aquellas supusieron fortificado el lugar y desistieron del ataque, atribuyendo los vecinos este hecho a la intercesión de la Virgen del Castellar 

En 1712, Villarrubia contaba con 189 vecinos, creciendo a lo largo de este siglo la población hasta 521 que se censan en1787, lo que hace un total aproximado de 2.086 habitantes.

Fuente: Wikipedia

Presa romana de Moracantá.

Situada al norte del término municipal de Villaminaya, muy cerca del término municipal de Almonacid de Toledo, la presa romana de Moracantá se encuentra ubicada entre la margen izquierda de la vaguada y un espolón rocoso que dividía el arroyo de captación en dos. 

Esta presa de gravedad captaba sus aguas de un único arroyo procedente del Guazalote, fuente o manantial al que los vecinos denominaban “Fuente Recén”. 

El muro conservado presenta en la actualidad 33 metros de longitud, aunque bien es verdad que pudo ser mayor. La anchura es de 1´85 metros y la altura de 2´13 metros hasta la coronación,contando con una capacidad de aproximadamente 5.632 metros cúbicos.

Resultado de imagen de Presa romana de Moracantá.La estructura de la presa está formada por un muro de pantalla plana compuesta por dos lienzos yuxtapuestos presentando, al mismo tiempo, una planta recta y una sección rectangular. Los muros, bastante gruesos, son de opus incertum aguas arriba y de opus caementicium aguas abajo.

El desagüe, actualmente muy deteriorado, conduciría las aguas hacia el norte. Hay que añadir, además, que estapresa debió contar en sus orígenes con otro muro hoy no conservado.

Esta presa, datada en los siglos I ó II, sirvió para proporcionar el riego a una extensa zona de terreno cerealístico existente entre el arroyo Guazalote yAlmonacid, donde se ha documentado la existencia de una villa romana, la Villa de Villaverde.

Se trataba de un pequeño asentamiento rural romano situado en las proximidades de la vega del arroyo, del que en la actualidad tan sólo se conservan los restos constructivos de algunos hogares. No obstante, en esta villa se han documentado materiales de cierta relevancia como fragmentos de cerámica común y de construcción, terra sigillata hispanica , tejas, ladrillos o tres inscripciones funerarias (Dehesa de Villaverde, Peña Panadera y Los Casares).

Entre estas inscripciones destaca la más próxima al puente de Villaverde leída por Mario Arellano y que dice así :

Nezutus / Caecili / Lucani / serbus (sic) / h(ic) s(itus) est / - - - - - -(?)

Autor: Miguel Ángel Novillo López
Fuente: http://www.academia.edu/2032903/Presas_romanas_de_regadio_en_la_provincia_de_Toledo   

El Rollo de Justicia de Almorox

El término "Almorox" deriva del árabe al murug que significa los prados. Anteriormente se denominó Almoroyo o Almoroyuelo.


Ayuntamiento y Plaza de Almorox

Una plaza muy bonita, en la que encuentras muy cerca "El Ayuntamiento", "El Rollo de Justicia" y "La Iglesia".

Rollo de Justicia


No existen datos acerca de la fecha de la fundación ni de quienes la fundaron, aunque hay quien opina que se debió realizar en tiempos de las invasiones romanas, ya que hay restos de puentes que así lo indican, como el de Barguillas. 

Tras la reconquista, perteneció al Ducado de Escalona, del cual se independizó, junto con otras poblaciones de la comarca, en 1567. Por estos años Felipe II le concede el título de villa, pasando a tener su propia jurisdiccción y justicia.

Insigne monumento que se alza en el centro de la plaza mayor, que representa para el titulo de Villa , y la emancipación del poder de los señores feudales, y que contruye el año 1566, y cuyo titulo  otroga el Rey Felipe II, por Cédula Real firmada en Uclés el 11 de abril de 1566.

El Rollo de Justicia de Almorox, se asemeja al que hay en Castillo de Bayuela.

Pero si nos fijamos bien, entre uno y otro hay algunas diferencias:

Las gárgolas están mas cerca de la base superior en el de Castillo de Bayuela.

En la base superior (con las 4 columnas), no tiene un adorno justo encima en el de Almorox.

La base es redonda en el de Castillo de Bayuela y cuadrada en el de Almorox...

Aunque es el primer Rollo de Justicia que encuentro con una relativa "coincidencia" con otro ya visitado...sigue siendo distinto...

No hay 2 Rollos de Justicia iguales...









Fuente: http://elrealdesanvicente.blogspot.com.es/2013/10/el-termino-almorox-deriva-del-arabe-al.html

domingo, 27 de julio de 2014

Los Conversos y El Santo Niño de La Guardia

Es sabido que uno de los problemas más enconados y agudos de nuestra historia durante el siglo XV fue el suscitado por los conversos del judaísmo.

Las persecuciones y matanzas de 1391, las predicaciones de apóstoles como San Vicente Ferrer, las controversias religiosas y las leyes civiles y eclesiásticas de la época aumentaron de tal modo el número de los convertidos, que éstos, por su cuantía, la frecuente doblez de su conversión y su considerable poder, llegaron a constituir peligro social para el Nuevo Estado que nacía en la España del siglo XV y principios del XVI.

Fracasados los esfuerzos persuasorios, los Reyes Católicos logran en 1478 de Sixto IV la bula que establecía la Inquisición, y en 1480 se nombran los primeros inquisidores, que al año siguiente comienzan a actuar contra los falsos conversos. La bula de constitución de la Santa Inquisición, al contrario de lo que dice la leyenda negra alimentada por los grupos hostiles a la Iglesia Católica, no le permitía actuar contra los no católicos, por lo que difícilmente pudo actuar contra judíos, musulmanes y protestantes.

La resistencia de los conversos de origen judío, al establecimiento e iniciales actuaciones de los tribunales inquisitoriales fue inmediata, y no sólo en forma diplomática y pacífica. Conocido es el complot que contra los inquisidores primeros suscitó Diego Susán con otros varios conversos de los más acaudalados de Sevilla. En Zaragoza logran asesinar a media noche y en plena Seo, en septiembre de 1485, al inquisidor Pedro de Arbués. En Teruel impiden durante casi dos años la entrada de los inquisidores, y la misma violenta oposición comprobamos en Valencia y Barcelona. Dentro de este mismo ambiente de violencia y terrorismo creado por los conversos judíos, ha de encuadrarse el trágico episodio del Santo Niño de La Guardia, en la provincia de Toledo.

Precisamente fue esta capital, a lo largo de la segunda mitad del siglo XV, sangriento campo de lucha contra los conversos. Ya en 1449 estalló el cruento motín promovido por Diego Sarmiento y el bachiller Marquillos. En julio y agosto de 1467 se repitieron los alborotos, que en años posteriores se extienden a Córdoba, Jaén y Segovia. En 1485 comienza a actuar la Inquisición toledana. Una relación coetánea nos cuenta que pasaron bien quince días sin que nadie se presentara a reconciliación, "por cuanto los conversos que en esta çibdad vivían tenían ordenada una traiçión para el día del Corpus Christi, cuando la gente christiana fuese en procesión con el cuerpo de Ihesu Christo, salir en las cuatro calles y matar a los dichos inquisidores e a los otros señores e caballeros e toda la gente christiana..." Descubierta la trama y ahorcados los más comprometidos, a partir de este momento los autos de fe menudean en Toledo, especialmente desde febrero de 1486 a julio de 1488, años en que varios miles son penitenciados y al pie de un centenar relajados o muertos. Impresionantes serían aquellas procesiones de centenares de reconciliados vecinos de las diversas parroquias, en que hombres y mujeres desfilaban descalzos, sin bonetes y descubiertos, ellos y ellas con candelas en las manos.

La comitiva, salida de una de las parroquias de la ciudad, recorría ésta siguiendo el itinerario de la procesión del Corpus hasta llegar a la iglesia mayor. Entrando por su puerta les hacían a cada uno en la frente la señal de la cruz, y llegados al cadalso, donde estaban los padres subidos, les predicaban y les decían misa. Tras ella, se alzaba un notario llamando a cada uno por su nombre y pregonando públicamente la manera en que había judaizado. Después les señalaban dura y humillante penitencia.

Fácil es comprender que judaizantes y falsos conversos judíos, presos de pánico inmenso, ante la reiteración de espectáculos tan amargos, buscaran salvarse aun por los medios más absurdos.

En este ambiente social y de violencia religiosa, surgió del ánimo de los cinco judíos y seis judaizantes que intervinieron en el martirio del Santo Niño de La Guardia la idea de liberarse de los inquisidores mediante extraño sortilegio o encantamiento logrado por el corazón de un muchacho cristiano y una hostia consagrada. El crimen, como señaló bien el sabio judío I. Loeb, no es uno de tantos crímenes rituales que durante la Edad Media la superstición popular atribuyó a los judíos, a quienes se acusaba de muerte de niños cristianos, cuya sangre luego mezclaban en los panes ácimos de la Pascua hebrea para usos de rito judaico. 

El caso del Santo Niño es muy diverso. A mitad del 1487 ó 1488, Alonso Franco es traído a la vergüenza pública como judaizante y debió de ser sometido a penitencia lúgubre, o procesión, de sangrienta disciplina en la villa de La Guardia. 

Parece que él y sus tres hermanos —Pedro García, Iohan y Lope— se pusieron en contacto con el médico de Tembleque Yuçá Tazarte, judío perito en sortilegios, que les aconsejó trabajaran por hacérselas con un muchacho cristiano. Se supone que el mismo auto en que fue penitenciado Alonso terminó en quema de otros reos en el Horno de la Vega, extramuros de Toledo; a ella asistieron el referido judaizante Juan y el judío de Tembleque Mosé Franco, quien, apesadumbrado, como su compañero, de aquel espectáculo, dijo al converso que todo ello podía remediarse si lograran el corazón de un niño cristiano.

Pronto decidieron actuar, y parece que fue Juan, entre dichos hermanos judaizantes, dedicados al comercio y el transporte, quien raptó al niño en Toledo, donde aquél fuera a vender una carretada de trigo. Hecha la venta, a la tarde apoderóse del muchacho en la Puerta del Perdón de la catedral. Tratábase de un inocente chiquillo de tres a cuatro años, hijo de Alonso de Pasamontes o Alonso Martín de Quintanar y de Juana la Guindera, a la cual hacen ciega algunos relatos. Engañado aquél con una chuchería (un nuégado o unos borceguillitos...) sustrájole el raptor, ayudado probablemente por Benito García, de las Mesuras, judío bautizado, cardador de oficio. Habiendo tenido escondido al infante en la Hoz de La Guardia, dehesa próxima a la ribera del Algodor, los confabulados idearon la diabólica traza de que, pues se acercaba la semana en que los cristianos conmemoraban la crucifixión de Jesús, era buena ocasión para repetir en aquella indefensa criatura la pasión de Cristo. Trasladáronse, en efecto, los verdugos a una de las cuevas que se abren en el accidentado terreno del término de La Guardia, en carreocaña o carrocaña (e. d. carrera o camino de Ocaña), amparados en el secreto de la noche del Viernes Santo de 1489, a la luz de una candela, y tapada la boca de la caverna con una manta o una capa, realizaron en el niño toda clase de perfidias. 

La sentencia inquisitorial condenatoria de uno de los cómplices, el mozo judío Yucé Franco, zapatero de Tembleque, nos describe que extendieron los brazos y piernas del niño en dos palos puestos a manera de cruz, le azotaron, escupieron, abofetearon y repelaron, y poniéndole una corona de hierbas espinosas en la cabeza, le colocaron también parte de éstas en las espaldas y plantas de los pies. El propio Yucé teníale de un brazo al niño desangrándose, dióle repelones y bofetadas y fue en abrirle el costado con un cuchillo y sacarle el corazón. 

A la vez, como si tuvieran presente la persona de Jesucristo, colmaban al mártir de vituperios mientras le azotaban: "A este bellaco, traidor hechicero, que con sus hechizos y embaucamientos venía a engañar y tornar a los judíos cristianos, y a echar pajarillas a volar, y que hacía cesar a los pescados en la mar y que a sus discípulos que tenía mandaba que los fuesen a tomar con redes, y que cabalgaba sobre el sol". Y también: "A este traidor, engañador, que cuando predicaba, predicaba mentiras contra la Ley de Dios y contra la Ley de Moisén...". Y así otras muchas oprobiosas palabras. Expiró al fin el atormentado y crucificado niño, quien quitado de la cruz, aquella misma noche fue llevado a enterrar en lugar secreto donde de él no se pudiese tener noticia, en una heredad próxima a Santa María de Pera.

Cumplida la primera parte de su delito, judaizantes y judíos juntáronse de nuevo en el secreto de la misma cueva días más adelante, concertados en practicar ciertos conjuros y experimentos de hechizos con el referido corazón infantil y una hostia consagrada que el sacristán de La Guardia, Juan Gómez, sobrino de Alonso Franco, proporcionó al cómplice Benito García sacrílegamente. Objeto del conjuro y experimento diabólico era lograr que los inquisidores y demás cristianos muriesen rabiando, pereciese la ley y la fe católica y los judíos se enseñoreasen y la ley mosaica fuera ensalzada. Mas, como vieran que el experimento no salía a medida de sus deseos, al cabo de un tiempo los confabulados reuniéronse una vez más en cierto lugar y, de común acuerdo, enviaron a Benito de las Mesuras con el mencionado corazón y otra hostia consagrada a ciertos judíos de Zamora a quienes ellos tenían por sabios, para que verificasen el hechizo de forma eficaz. Descubierto el emisario en Astorga a mediados de 1490, dio con sus huesos en la cárcel inquisitorial, en la que pronto ingresaron los demás cómplices todavía vivientes. Interesantísimas resultan las 68 piezas de los actos del proceso seguido a Yucé Franco, uno de los que más paladinamente cantaron amarrado a la escalera del tormento. Los otros procesos no han aparecido aún, si bien conservamos una relación que en 1569 tres secretarios del Consejo de la Suprema Inquisición de Madrid sacaron de los archivos de la Inquisición vallisoletana con desuno a la iglesia parroquial de La Guardia.

De los once complicados en el crimen, tres habían muerto ya cuando la Inquisición dictó su sentencia condenatoria el 16 de noviembre de 1491: "Mosé Franco, David de Perejón y Yuçá Tazarte; el octogenario judío Ça Franco, fue, sin duda, perdonado; los otros siete cómplices perecieron amarrados a sendos postes en el Brasero de la Dehesa, de Avila, ya atenazados y quemados vivos a fuego lento, ya estrangulados antes de abrasados por confesar arrepentidos su culpa. Más tarde se agregó a la lista de acusados el nombre de Fernando de Rivera, tachado de haber ejercido el papel de Pilatos en el simulacro de pasión referido.

La repercusión popular que el crimen y el proceso aludidos tuvieron pronto en toda España fue inmensa. Sabemos que en Avila el escándalo del pueblo contra los judíos fue tal que los Reyes Católicos tuvieron que poner a éstos bajo su guarda, por diciembre de 1491, y algunos piensan que en el decreto de expulsión de los judíos en 1492 tuvo no escasa parte la desastrada muerte del Niño de La Guardia. Que en ésta y los territorios vecinos la conmoción fue, como era de esperar, amplísima e intensa, lo prueba una carta de noviembre de 1491 en que un notario de Avila, dirigiéndose a autoridades y pueblo de La Guardia, refiérese a las "chismerías" que por la villa corrían y al mandato dado de que se publicara la sentencia y la noticia de la ejecución de los reos para que "cada uno calle su boca, porque el asno está enalbardado", con lo que se alude al refrán do vino el asno vendrá la albarda.

Pronto también una exaltada piedad rompió los frenos y la leyenda se apoderó del santo niño inocente, tratando de aplicarle todos y cada uno de los pormenores de la pasión y muerte de Cristo y hasta de su resurrección gloriosa. Incluso trató de verse en La Guardia y sus parajes circunvecinos la más exacta correspondencia topográfica con Jerusalén y pueblos aledaños. Fue desde entonces cuando se trocó el nombre del infante en el de Cristóbal, comenzándole a invocar como a otro Cristo en pequeño.

Su culto comenzó muy temprano, pues ya en las visitas eclesiásticas a partir de 1501 hallamos referencias a los santuarios constituidos en los lugares donde el tierno niño padeció o fue enterrado y La Guardia le tomó por Patrón, celebrando fiesta solemne así en el día de los Santos Inocentes como el 25 de marzo o en la semana de quasimodo; sólo desde 1580 se votó para en adelante la celebración el 25 de septiembre de cada año. También las autoridades religiosas dieron reiteradas pruebas de devoción hacia el mártir; así el cardenal Siliceo, que en 1547 alegaba en abono de su Estatuto de limpieza la crucifixión de aquél, y el cabildo de la Iglesia primada, que en 1613 pedía a varios cardenales y a la Congregación de Ritos licencia para rezar al inocente mártir a lo menos en todo el arzobispado toledano. Al arzobispo Alonso de Fonseca se debe el encargo del antiguo retablo que se puso en la cueva de la crucifixión, así como a Lorenzana el haber mandado pintar, de la diestra mano de Bayéu, el martirio del niño en los claustros de la iglesia capitular. Consta asimismo de la admiración que le profesaron monarcas como Fernando V, Carlos I y Felipe II. El papa Pío VII confirmó su culto en 1805.

Carecemos de espacio para aludir siquiera debidamente al cúmulo de milagros que desde el mismo momento de la sangrienta muerte del mártir se atribuyeron a su mediación: la devolución de la vista a su madre ciega, las cuatro curaciones obradas con ciertas personas de Alcázar de Consuegra al comenzar el 1492; un tullido, una mujer con la boca torcida hacía más de dieciocho años, un sordo total y una pobre ciega, aparte de otros mil prodigios referentes a niños quebrados y enfermos de todas clases cuya curación detallan los rótulos que sobre cada caso pendían del santuario de La Guardia.

También la poesía, así latina como castellana, cantó la pasión del infante toledano, a quien se refiere el popular romance:

Del Quintanar y Tembleque
se parten ocho judíos 
Con dañados corazones 
en busca del santo niño.

Y no es de extrañar que, al ponderar don Francisco de Quevedo en el memorial por el patronato de Santiago cuánto le sobra al Niño de La Guardia para compatrón y aun para patrón de España, escribiese al rey: "No es traslado de la pasión de Cristo en una parte, es un original espantoso, con exceso de azotes en falta de años. Este es, Señor, grande abogado que puede interceder a Dios, como no puede otro alguno, por la pasión que Cristo pasó por él y por la que él pasó por Cristo".

Fuente: http://www.architoledo.org/Parroquias/SantasJustayRufina/HistoriasdeToledo.htm
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