martes, 6 de agosto de 2019

La Mina de Safont, Toledo (y III)

Resultado de imagen de Mina de Safont toledoEn 1890 la ciudad fue dotada por fin de energía électrica y los molinos harineros situados en la hoz de Tajo fueron poco a poco sustituidos por el nuevo invento, más cómodo y ericaz que la energía hidráulica para moler el trigo.

 La presa de Safont ya no tenía utilidad para los molinos constru idos por éste; pero en cambio, sí que la tuvo para instalar en ella turbinas que generaran electricidad . y así se hizo.

Una sociedad formada por herederos de Safont (Hidroeléctrica Santa Teresa, S.A.), la familia Leyún Villanueva, instaló allí una moderna central que comenzó a competir con la que hasta entonces tenía de hec ho la exclusiva en el suministro de fluid o a Toledo, La Electricista Toledana, S.A. 

Por no muchos años, yu que ésta fu e absorbida por una importanté empresa madrileña, a la que acabó también cediendo su mercado y vendiéndola el nuido la segunda productora toledana.




 La concentración de empresas del sector eléctrico llegó a Toledo y las modestas entidades que, precariamente ya, hacían frente como podían al aumento del consumo, acabaron por integrarse en una productora de ámbito nacional.

Pero esta venta de nuido no afectó, ni tenía que afectar, a la mina cuya pequeña historia hemos querido escribir. Siguió enviando agua a las tierras bajas de la vega toledana, gracias a ser una concesión perpetua, anterior a la Ley de Aguas de [879. 

Resultado de imagen de Mina de Safont toledoAdemás de las tierras que comprara Safont, parece que cedía el sobrante al Vivero de Obras Públicas y no sabemos si también a la Fábrica de Armas o a otras huertas particulares de la orilla derecha del Tajo. 

Quizá como recuerdo de aquel acuerdo entre Jaime Safont y el Ayuntamiento, se regaban también los árboles de la avenida de Barber. si bien extrayéndola con motobombas, como hemos presenciado personalmente en los años 40 de este siglo. Por aquellas fec has, la Fábrica de Armas compró a los sucesores de Safont buena parte de las tierras que éste podía regar. 

Por su parte, el Ayuntamiento pró también el ramal que, bajo la avenida del Coronel Baeza, desaguaba en el río cerca de Bucnavista, para destinarlo a colector del nuevo barrio de Palomarejos. Y al fin , una avería en la galería - posiblemente su atcrramicnto- obstruyó la mina. 

Por las características legales del aprovechamiento, su disfrute había de ser gratuito; no interesaba, por tanto, a sus propietmios acometer una reparación costosa, y posiblemente arriesgada. de la galería, sin obtener nada a cambio. y así, este primer aprovechamiento del río para riegos sin tener que elevar el agua, terminó, creemos que definitivamente. 

IV 

Pero, ¿qué fue después de don José Safont (y Lluch, pues éste era su segundo apellido)? Los antiguos empleados de la presa toledana saben que se ahogó en el río Jarama, ignorando cuándo Fue y en qué circunstancias. Y una obra publicada en Madrid en 188 1 confirma tal hecho, añad iendo que sucedió en 1843 ".

 Esta fecha desde luego es errónea, pues en abril de 186 1 José Safont y su hermano Jaime cancelaban una hipoteca sobre sus bienes que garantizaba la devolución de un préstamo en valores enlregados por la ya citada María Catalina de Barbería 17, no sabemos si sólo prestamista o también financiera , hipoteca impuesta sobre la dehesa de Perovéquez, en término de Val de Sto. Domingo, que fue de la catedral toledana y comprada por José Safon t 1M. 

El año 1862 se publica la ' excelente Historia de Toledo del antes mencionado Martín Gamero, y en ella figuran como suscriptores José y Jaime Safon!; y el II de diciembre del mismo año, Francisco Freat, «apoderado de D. Jaime Safont, heredero de su hermano D. José» ingresa en la Tesorería de Hacienda de Toledo la elevada suma de 335.010 reales, en dos láminas de Partícipes Legos en diezmos, como pago de la tercera parte del precio de la dehesa de Nohalos, en Escalonilla (Toledo), también desamortizada a varias memorias de la Primada ".

Luego el fallecimiento de José tendría lugar en 1862 o, a lo sumo, después de abril de 1861. 




Se da la coincidencia de que dos hijos del don José habían fallecido también ahogados. éstos en el río Henares, el 24 de febrero de 1841, época propicia para avenidas flu viales 20, sin que sepamos si tuvo alguno más. 

Aunque de edad avanzada para la época, no era muy viejo pues nació en Vi eh el 5 de julio de 1903 " . 
Y demostró pronto sus aficiones a comprar bienes desamorti zados, pues en el Trienio constitucional, concretamente en 1822, él Y su hermano Manuel (tal vez mayor que él) compraron el convento de Trinitarios descalzos de Toledo, lindero de las 24 fanegas compradas a los herederos de Navarro !!. 

Anuladas estas ventas al recobrar el poder Fernando VII, consiguieron su devolución a partir de 1834. Una anécdota muy conocida en Toledo, que oímos contar a una anciana parienta nuestra fallecida en febrero de 1931, con 92 años, relataba que al venir a la ciudad en el ferrocarril recién construido por su amigo el marqués de Salamanca, CastillejosToledo, le esperaba en la estación su cochero con el carruaje del financiero. 

En lugar de ir a su presa por el camino habitual, cruzando el puente de Alcántara, ordenó que cruzara el río, de escaso caudal entonces por ser verano. El conductor le advirtió que tal paso era peligroso; pero Safont repitió su orden, diciendo que «por donde pasa el Sol, pasan los caballos de Safont>,. 

En efecto cruzaron el Tajo y, naturalmente, tal frase se hizo célebre en la ciudad, siendo recordada también por el administrador de la central eléctrica don Bernardo Ugalde, q'Jien me la confirmó en los años 60, lo que nos hace pensar que la modestia no fue muy practicada por Safont

 Además de los ya citados Manuel y Jaime, éste su colaborador frecuente y al final su heredero, tuvo otro hermano llamado Miguel, residente en Barcelona como los otros dos y también comprador de bienes onfi s~a os al clero en otras provincias. 

Está por averiguar la relación mercantil entre ellos de estas operaciones, aunque es frecuente que compre un hermano de José para ceder después a éste, fónnula autori zada legamente para hacer posible enviar a un testaferro en nombre del verdadero adquirente  .

Este Miguel era desde luego vecino de Barcelona (donde también compró fincas José, además de en Gerona y otras 'provincias), pues en 1864 era vocal de cierta junta inspectora de la S.A. Crédito Hipotecario y Mercantil, entidad importante pues su capital era de cien millones de reales, representado por acciones de 2.000 rs. cada una, suscribiendo cada fundador dos mil títulos 1 

Que el heredero de José Safont fuera su hermano Jaime y no su esposa o sus hijos parece corroborar que al fallecer aquél no dejara herederos más directos.

Es decir, que la tradición, tanto en Madrid como en Toledo, de haberse ahogado con su familia inmed iata es verosímil, aunque haya llegado a nosotros adornada con detalles legendarios.

 El ya citado D. Bernardo Ugalde, al que preguntamos cómo habían adquirido la presa y los demás bienes la familia Leyún, nos dijo que lo habían heredado de unas tías muy ancianas.

Si éstas eran descendientes de Jaime Safont o de alguno de los otros hermanos, no lo sabía.

En resumen, concluimos que si bien en el aspecto económico José Safont y L1uch fue tan hábil como afortunado, reuniendo un gran conjunto de bienes (o al menos comprando y vendiendo, con el lógico beneficio), su vida personal y familiar terminó de forma trágica. 




De haber llegado este final al conocimiento del canónigo gerundense D. Cayetano Barraquer, que siguió las andanzas de aquéllos y de sus colegas en el oficio, no habría dejado de citarlo entre los fallecimientos desgraciados, como prueba de su afirmación de que «los bienes de la Iglesia no suelen aprovechar a los compradores que los reciben del Estado, y que no sólo se pierden ellos, sino que acostumbran [perderse] tras sí sus familiares» 2'1 . 

La docena de casos, o poco más, que relaciona en su extensa óora sobre los conventos catalanes (ruina, suicidio, accidente mortal, etc.), frente a los miles de compradores que no parecen haber padecido tales calamidades (y cuyos descendientes siguen teniendo extensas posesiones) la hubiera ampliado gustoso con el caso de José Safont

A Francisco Tomás y Valiente 



sábado, 3 de agosto de 2019

La Mina de Safont, Toledo (II)

Resultado de imagen de Mina de Safont, ToledoNaturalmente, Safont se opuso a todo ello, alegando que, como poseedor del señorío útil de la presa y las 24 fanegas ya acensuadas, no tenía por qué pedir licencia para construir molinos ni para elevar el azud, obras que no eran repercutibles sobre el importe del canon anual, ya que el Ayuntamiento no había aportado nada a la nueva obra. Y pidió la condena en costas para sus contrarios. 

De momento, el Consejo Real ordenó al Jefe Político (Gobernador actual) que dispusiera lo conveniente para que la Fábrica de Armas pudiera recibir agua como lo hacía antes de las nuevas obras hechas por el banquero. Y se entró en el estudio y decisión fin al del litigio por el Consejo. 

La sentencia del máximo órgano judicial de entonces, de 25 de mayo de 1853, es un excelente estudio jurídico de la legislación ge te ~ y su aplicación al completo litigio tramitado.




 Tal legislación era totalmente contraria, tanto a las obras en los ríos sin autorización gubernativa, como a la enajenación de ejidos y terrenos de uso común, que no pueden tampoco ganarse por prescripción. 

Hace constar que la elevación de la presa no se autorizó por el Gobierno ni por el Ayuntamiento; que las tierras de la Vega no podrían usarse hasta que no tuvieran agua, pero tales tierras eran de aprovechamiento común y además no puede conducirse agua a ellas por perjudicar a derechos previos, de la Fábrica y de otros terceros. 

Y como tal concesión de ti erras no tiene eficacia legal, tampoco puede aprovechar Safont la presa ni la mina. cedidas a la viuda de Navarro con esta única finalidad. 

Resultado de imagen de Mina de Safont, ToledoNi siquiera puede conservar su propiedad. pues al acensuarlas ya se hizo constar que sólo se cedían las 24 fanegas del terreno donde estaban la presa, los cerros, el horno, el cañar y la huerta; pero no otros bienes.

 En consecuencia, la apelación del Ayuntamiento y la Fábrica fue estimada, revocando el acuerdo del Consejo Provincial y ordenando la destrucción de la sobrepresa, anulando la concesión de las 300 fanegas. la presa y la mina autorizadas por la R.O. de 18 de febrero de 1834.

Pero a todo esto resulta que Safont ya no era dueño de la fábrica de harinas, molinos, rodetes, cañar y terreno desde la ermita de San Antón hasta la presa del Corregidor.

Es decir, las 24 fanegas que se cedieron a censo enfitéulico. 

Pues el Banco de España se personó en el pleito, ya que adeudándole José Safol1t más de cinco millones de reales, el Tribunal de Comercio de la Corte adjudicó al Banco en pago, tanto aquellos artefactos como el terreno donde estaban. Y había tomado posesión de todo lo adj udicado los días 2 y 3 de diciembre de 185 1 ' . 

Pidió portanto el Banco al Consejo Real la nulidad de actuaciones de fecha posterior a esta dicación en pago de la deuda, petición a la que se adhirió el propio Safont, si bien éste insistió en sus derechos sobre la mina y las 300 fanegas de tierras en la Vega.

 El Consejo rechazó ambas peticiones y sólo admitió al Banco como parte en el estado actual del pleito. 

No se conformaron, ni Sarant ni el Banco de España, con la sentencia anterior y entablaron el último recurso que les quedaba: el extraordinario de revisión, basado en supuestos análogos a los que ex ige hoy la legislación procesal: acordar el fallo cosas no pedidas, contener resoluciones contradictorias y aparecer nuevos documentos desconocidos en su momento y hallados después. 

Nada de esto se admitió por el Consejo y el 20 de enero de 1858, un Real Decreto firmado por Isabel 11, publicaba la sentencia definitiva declarando no haber lugar a la revisión, quedando firme y subsistente la sentencia anterior. De momento, las cosas quedaron así. 

Pues el primer plano topográfico de Toledo, trazado por Maximjliano Hijón y editado por el ingeniero Francisco Coello (también comprador de bienes desamorti zados), impreso en 1858, recoge meticulosamente el trazado de la mina subterránea (consultaría el proyecto, ya que no era visible) desde la alameda que antes dijimos o paseo de Safont, eliminado por cierto en 1974, hasta una zona al sur del Cementerio Viejo, aproximadamente en el comienzo de la actual Avenida de Baeza. Sobre tal trazado se indica: «Mina abandonada de Safon (sic) para el ri ego de la Vega Baja». 

En su final se dibuja lo que parece una amplia excavación de tierras, que se haría para seguir la mina y cubrirla después, al hallarse ya a poca profundidad, sistema que no podía hacerse en su inicio bajo los cerros de San Antón. 

A juzgar por esta dirección final parece que el proyecto primero intentaba seguir la galería hacia la Venta de la Esquina 10, regando así una superficie muy extensa. 

En la inscripción registral se describe la obra compuesta de dos galerías, una de 1.766 metros desde las inmediaciones de la presa, galería que será la que discurre bajo la cañada ganadera que es hoy la avenida del Coronel Baeza, y otra de 1.500, cuya ternlinación hemos conocido funcionar en su salida junto al arco en pie del circo romano. 

Con el caudal de ésta se regaban los viveros de Obras Públicas y los terrenos inmediatos. La galería más larga es hoy propiedad del Ayuntamiento toledano ". 




Pero no hemos de suponer que José Safont -al que algunos documentos dan el tratamiento de Ex.cmo. Sr., no sabemos por qué- se quedara de brazos cruzados ante lo que parecía ser la pérdida definitiva de sus posesiones toledanas, de momento como censatario hasta que se permitiera la redención de censos, lo que 110 tardó en legislarse por el Gobierno.

Su amistad y su colaboración constante con los progresistas, ya desde la época de Mendizábal " le había proporcionado una fortuna considerable y, a la vez, una posición intluyente en política. 

Y cuando este panido volvió a gobernar, ya con Pascual MaJaz en el Ministerio de Hacienda, la última y más amplia nOfma desamortizadora, la ley de l.' de mayo de 1855, le dará la solución de su litigio toledano incluso antes de que lo perdiera por la sentencia terminante del Consejo Re.:'11.

Tal ley, además de poner nuevamente en vigencia la nOfmas anteriores declarando bienes nacionales los del clero regular y secular, dio la misma consideración a los de entidades civiles, desde el Patrimonio Real, instrucción y benefi cencia, a los bienes de propios de los Ayuntamientos. 

Todos ellos se declararon en estado de venta mediante subasta pública. y así sucedió con las parcelas que tenía el municipio en la Vega Baja. 

En el Boletín Oficial de la Provincia del 4 de marzo de 1859 (poco más de un año después de perder el pleito sobre la mina y la presa) se anuncia ya la subasta de estas parcelas, divididas en tres suertes o porciones, con 8 1,29 ha. en total. 

Menos de las 300 fanegas que se pensó acensuar para regarlas, pero hay que tener en cuenta que se excluían los restos del que llaman «circo máximo de los romanos», varios caminos públicos que las cruzaban, especialmente las vía pecuarias y descansadero de ganados, y el «sitio donde sacan tierra los alfareros», cuya situación y superficie no se especifica. 

El resultado de tales subastas se anuncia en los BB. OO. de la provincia de los días 13 de junio y 12 de agosto de 1859. 

La primera suerte, tasada en 64.500 reales, se adj udicó a cierto D. José Pozo por 94.000; no pagó y en segunda subasta fue para Mariano Moreno. 

La segunda a Santiago Alcaraz por 152.020 reales, el cual se la cedió a Safont. y la tercera, tasada solamente en 9.360 reales, se adjudicó por la misma cifra (luego no hubo más postores) al propio José Safon!. y en esta tercera parcela desaguaba la mina, siendo su superficie de nueve hectáreas, lindando con una cañada de 90 varas ... bajo la cual discurría el otro ramal de la mina. 

Parece que esta finca se delimitó a la medida de los deseos del financiero u. Es decir que, gracias a las últimas disposiciones desamorlizadoras, pasó Saront de aspirante a censatario a pleno propietario de estas tierras, que treinta años antes pretendía regar el corregidor Navarro, sin hacer caso de la legislación de propios.

Se explica así la noticia que publicaba la revista local El Tajo, editada por el buen historiador Antonio Martín-Gamero, en 1866: que en este año ya coma el agua por la mina, gracias a un acuerdo entre el Ayuntamiento y «Jaime Safont, vecino de Barcelona y fabricante en ésta (sic, por «esa») ciudad», para regar los árboles de la Vega con el sobrante de la conducción.

 Luego aquél ya regaba sus parcelas y, recibiendo más agua de la necesari a (parece que la Fábrica no resulLó perjudicada o llovió mucho por entonces), el sobrante se cedía, quizá graciosamente, al municipio 14 . 111 Pero los tiempos cambiaron .

A Francisco Tomás y Valiente 



viernes, 2 de agosto de 2019

La Mina de Safont , Toledo (I)

LA MINA DE SAFONT

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Sobre esta ingeniosa obra de riego, primera que conocemos que usaba el agua del Tajo sin tener que elevarla mecánicamente, y sobre la presa donde tenía su origen, ya publicamos algunos datos en dos obras nuestras anteriores , 

No conseguimos hallar entonces las fechas seguras de construcción de esta galería y de la presa (llamada entonces del Corregidor) ni de la forma en que adquirió José Safont la propiedad de este conjunto hidráulico.




 Pero recientemente hemos podido conocer el texto íntegro de una sentencia del Consejo Real (antecesor del Tribunal Supremo) que resolvió, al parecer definitivamente, un largo litigio entre el comprador y el Ayuntamiento toledano, con una detallada historia de todo el proceso terminado por el Real Decreto de 25 de mayo de 1853, confirmado en revisión por otro de 20 de enero de t 858 2, 

Creemos interesante relatar un extracto de este pleito. así como completar en lo posible las noticias que publicamos con anteriorid~d. 

Resultado de imagen de mina de safont toledoSiendo corregidor de Toledo don Antonio María Navarro, en los años 25 al 31 del siglo pasado ' -por tanto, durante la llamada «Década ominosa», último período del gobierno absolutista de Fernando VII-, inició aquella primera autoridad local el año 1829 unas obras, muy ambiciosas y originales desde luego, en terrenos de propios (no enajenables por tanto) y sin obtener licencia del Ayuntamiento que presidía. 

Consistieron estas obras en una «casa-huerta», un plantío de vides y árboles frutales en los cerros de la orilla derecha del Tajo, un tejar, un cañar o arti lugio para capturar peces, una presa para embalsar el agua y una galería subterránea o mina para conducirla hasta la Vega Baja, pasando bajo la carretera de Madrid, el terreno que ocupa ahora la plaza de toros y la Escuela de Educación Física, hasta llegar a las inmediaciones del circo romano. 

Pretendía ya en este lugar regar 300 fanegas de tierra (2,134 fanegas de Toledo equivalen a una hectárea), entonces sin cultivo y que cruzaban numerosos caminos ganaderos y veredas públicas y se usaba como descansadero del ganado, tanto estante como trashumante. Y también pertenecía a los propios de la ciudad. 

El 26 de enero de 1933, en vida aún del Rey Deseado, doña Magdalena Escanez, viuda y heredera del corregidor Navarro, solicitó del Gobierno que le fuera concedida la propiedad de tales obras, ofreciendo concluirlas y pagar por el terreno ocupado por su esposo el canon de un censo enfitéutico a constituir, a favor del Ayuntamiento toledano. 

Y como según reconocía en su escrito, las obras se habían costeado en parte por su esposo, más diversos subsidios del Arzobispo y de la Comisaría de Cruzada y con el trabajo de penados recl uidos en el presidio provincial, ofrecía también reintegrar a la hacienda los jornales correspondientes a este trabajo, cuya labor no parece que fuera autorizada por nadie, salvo por el propio corregidor desde luego. 

Es decir, pretendía legalizar ahora una serie de actos evidentemente ilegales. Se dio traslado de tal pretensión al Ayuntamiento y éste se opuso terminantemente a ello.

Afirmaba que las obras se hi cieron por Navarro contra la voluntad del municipio y sin su permiso, a pesar de manifestarle reiteradamente que los terrenos eran de propios de la ciudad y, además, que perjudicaban al vecindario y a antiguas servidumbres públicas.

Apoyado sin duda en su preeminente posición política, Navarro no hizo caso de tales objeciones. 

Pero su cese y, naturalmente, su fallecimiento, impidieron que terminara su proyecto. Pese a tal oposición inicial debió llegarse a un acuerdo, quizá por la utilidad de tal obra.

 Pues la Real Orden de 18 de febrero de 1834 resolvió que se cedieran a la viuda de Navarro, a censo, las 300 fanegas de tierra de la Vega para regarlas con la mina cuando ésta se terminara, con un canon an ual del 2% del valor a determinar del terreno regable, y sin perjudicar al cordel de ganado y su descansadero, situado en parte de aq uellas tierras.

 Que además y gravado con otro censo, ocupara la viuda los cerros comprendidos desde la ermita de San Antón (entonces dedicada a venta, a la derecha de la carretera a Madrid), ya plantados por Navarro con vides, olivos y frutal es, hasta la presa construida por éste y el sitio donde hi zo un horno de ladrillos. Igual sistema de cesión se haría sobre la pesca obtenida en el cañar y la casahuerta, pues todo esto se hallaba sobre terreno de propios. 

En total, 24 fanegas de tierra, con el canon anual de 90 reales. En cuanto a las tierras de la Vega se condicionaba su entrega a que pudiera regarlas, lo que precisaba de la terminación de la mina.

 Y teniendo en cuenta que el trabajo de los penados sólo podía tener por objeto las obras de utilidad pública o de beneficencia, pero no de interés privado, debía pagar la viuda a la Sociedad mica de Amigos del País, o a la Junta de Caridad, el valor del trabajo de tales presos, que se graduó en 80.691 reales. 




Pero no mediante el abono de tal cantidad, sino constituyendo un tercer censo enfitéutico sobre la presa y demás terrenos inmediatos, a razón del 2% anual de aquella suma 4

 • Tales condiciones fueron aprobadas por el Ayuntamiento ---con la sola oposición del procurador síndico- y la conformidad de la Diputación Provincial y de los herederos de Navarro. 

Dato toponímico menor es que entonces comienza a llamarse «Presa del Corregidor» s al azud construido por éste, si bien y por cambiar de dueño, será conocida como «Presa de Safont» hasta nuestros días, y «Camino de Safont» a un paso arbolado paralelo a un canal con el que se regaba la huerta de la Isla, entre aquél y el río. 

Pues el 3 de diciembre de 1842, José Safont, comerciante enriquecido con la compra de bienes valiosos desamortizados a la Iglesia regular y secular, compraba a los herederos de Navarro el conjunto ya legalizado (cañar, casa-huerta, presa, tejar, cerros repoblados, etc.), si bien expresando que sobre la mina y las 300 fanegas de la Vega «nada podía tratarse».

Es posible que no viera todavía clara esta inversión, o no le pareciera interesante entonces. Y como tal comprador fue él quien otorgó la escritura de censo dispuesta por la R. O. citada, asumiendo por tanto el pago de los 90 reales al Ayuntamiento. 

Por su parte, los herederos de Navarro instaban del municipio, como paso previo para continuar la mina, el reconocimiento, deslinde y valoración de los terrenos a regar con ella, petición que convendrían con Safont para venderle también este conjunto.

 Y sin esperar a este trámite, éste pedía el 1 l de julio de 1844 al Señorío de la Huerta del Rey ' que consintiera en que él elevase la altura de la presa para dar agua a unos molinos harineros que, también de motu propio y sin contar con nadie, había construido aguas abajo del azud. 

Tal obra le fue autorizada por la huerta, pero siempre que asumiera la responsabilidad de los daños que pudieran causarse a ésta (por una crecida, por ejemplo) y a ejecutar las obras de precaución que evitaran tales daños en lo sucesivo, obras que no se detallan. 

Evidentemente, Safont era tan expeditivo como Navarro. Pues sin haber finnado el compromiso exigido por el Señorío de la Huerta del Rey, ésta denunció dos años después (Agosto de 1846) que habían visto operarios de aquél preparando el recrecimiento de la presa. 

Y el año anterior (7 de noviembre de 1843) la Fábrica de Armas de Toledo denunciaba ante el Juzgado de Primera Instancia que Safont había continuado la mina; y en septiembre de 1844, nueva denuncia por haber recrecido la presa, lo que produciría perjuicios a la fuente de energía de aquélla, es decir, los molinos de Azumel, aguas abajo del puente de San Martín, molino que había do el Estado a dicha Fábrica desde el 10 de mayo del mismo año

El Juzgado dispuso entonces que se paralizaran tales obras, orden que no consta que se ejecutase. Pues la presa se elevó tres pies (unos 90 cm.) sobre la preexistente del corregidor.

Resultado de imagen de mina de safont toledo

Y como ya hemos indicado, había construido además unos molinos harineros al pie de la presa, molinos cuyo edificio se conserva, aunque naturalmente sin uso, obra que no contó con la licencia municipal ex igible.

 Por lo visto, el primer azud bastaba para el cañar e incluso para derivar el agua hacia la mina; pero no embalsaba lo suficiente para, además, mover los molinos. 

Varias gestiones de los perjudicados por estas obras, Ayuntamiento, Huerta del Rey y Fábrica de Armas, motivaron una Real Resolución de 13 de enero de 1847, confirmando la orden judicial de suspensión de las obras ... que estaban ya terminadas, claro. 

Hubo por tanto nuevas reclamaciones y nuevos acuerdos. Se remitió el caso al Consejo Provincial (Diputación), superior jerárquico del municipio. 

Y este organismo, sorprendentemente, en mayo de 1849 absolvía a Safont del litigio, denegando lo pedido por sus contrarios salvo en las obras protectoras de la Huerta del Rey. y en cuanto a los perjuicios a los molinos de la Fábrica, dispuso que si no había agua bastante y se detenían éstos, sólo pudiera regarse por Safont «en los días y horas en que se pararan las máquinas». 

Parece claro que SafonL estaba bien relacionado con los miembros del Consejo, pero no con la Fábrica, dependiente del Ministerio de la Guerra, ni con el Ayuntamiento, sin cuyo permiso se ed ificaron los molinos. 

Y la fábrica no reclamaba por capricho pues en julio de 1850, terminada ya la galería subterránea y corriendo el agua por ella gracias a la nueva presa, quedaron parali zadas las máquinas de ésta durante todo un mes, hecho que puso en conocimiento de la Dirección General de Artillería. 

Y es sabido que los gobiernos de la época eran presididos por Narváez o por Espartero, generales los dos, a los que la Fábrica de Armas importaba mucho más que la mina. 




Contra la resolución de la Provi ncia recurrieron el Ayuntamiento, la Fábrica y el Fiscal representando a los dos. Solicitó el Ministerio Público que Safont demoliera la mayor elevación dada a la presa y que «bajo ningún concepto saque la más pequeña porción de agua de la mina».

 El municipio se adhirió a ambas peticiones y añadió que Safont no tenía ningún derecho sobre los terrenos que empezaba a regar; que había construido los molinos sin licencia; que no se había revisado el censo enfitéutico graduado sólo para la galería y el cañar y que no se había convenido el nuevo censo para las ti erras de la Vega. 


A Francisco Tomás y Valiente 

jueves, 1 de agosto de 2019

La Olvidada historia del General Ben Mizzian, el Marroquí que salvó la vida a Franco

Resultado de imagen de general Ben MizzianApadrinado cuando era un niño por Alfonso XIII, el rifeño combatió en la Guerra Civil y fue el único marroquí que alcanzó el generalato en el Ejército español del periodo franquista

La crudeza de las guerras de carácter colonial que efectuó España en el Norte de África a principios de siglo XX dio lugar a una relación de amor odio entre el Ejército español y Marruecos. Fueron muchos los soldados marroquíes que lucharon en el bando español y que, como Mohamed Mizzian, avanzaron hasta lo más alto de la escala militar.

Hijo de Mohamed Ameziane (llamado por los españoles El Mizzian), un líder marroquí que apoyaba la colonización española, el rifeño se ganó de niño la simpatía del Rey Alfonso XIII en una visita de este a la Escuela Indígena en Melilla. 

Según recoge el periódico melillense «El Telegrama del Rif», el profesor Abd el-Krim (quien años más tarde lideraría la revuelta rifeña contra los españoles) llamó al encerado al alumno Mohamed ben Mizzian quien resolvió «un complicado problema de regla de interés y fue capaz de señalar en los mapas de Europa ríos, regiones y capitales».




 El Monarca, agradado, preguntó al pequeño qué quería ser y éste le contestó: «Capitán».

Con 17 años el rifeño ingresó bajo la tutela del Rey en la Academia de Infantería de Toledo, teniéndose para ello que modificar la ley, pues la academia no admitía alumnos no cristianos.

«Un moro se alza contra el grupo de ambos tenientes, y su máuser se alza apuntándoles»

Tras su paso por esta academia, cuyo ingreso fue todo un acontecimiento social recogido en una portada del diario ABC, fue destinado al Ejército de África, donde dos años más tarde ascendió a Teniente. 

Durante la Guerra del Rif (1921-1926) Mizzian, al mando de tropas indígenas, luchó contra su otrora maestro y entonces líder de la revuelta rifeña, Abd el-Krim.

En el conocido como desastre de Annual de 1921, alcanzó el grado de capitán por méritos de guerra y, poco después, se granjeó la amistad de Franco, entonces teniente coronel, al que salvó la vida durante la campaña.

Según escribe Emilio López, corresponsal de «El Telegrama de Melilla» en Tetuán, en una crónica fechada el 3 de octubre de 1924, tras una dura escaramuza en la zona del Mitral, con un saldo de 109 muertos en ambos bandos, entre un puñado de rifeños partidarios de Abdelkrim el Jatabi y los soldados españoles, «irrumpieron los rebeldes que dirigen un fuego violentísimo contra nuestras tropas.

Un moro enemigo se alza de pronto a unos cuatro metros del grupo que forman ambos tenientes coroneles, y su máuser se alza apuntándoles.

 Pero en aquel instante, un segundo no más antes de que el enemigo apriete el disparador, se siente un disparo que atruena en los oídos de ambos jefes que ven llenos de estupor cómo el moro atacante da una voltereta y cae a tierra».

Con un rápido movimiento de pistola, el capitán Mizzian había salvado al que sería en el futuro «Caudillo» de España. No en vano, muchos años después la Guerra Civil dio ocasión a que los dos viejos amigos volvieran a luchar juntos.

Del Alcázar de Toledo a la batalla del Ebro

Aunque desde el origen del conflicto colonial existían unidades españolas formadas por la población indígena, como la Compañía de Mogataces de Orán o la Milicia Voluntaria de Ceuta, no fue hasta la creación de los Regulares en 1911 cuando se dispuso de una fuerza establece de esta índole. Precisamente al frente de esta unidad acudió Ben Mizzian a romper el sitio del Alcázar de Toledo a principios de la Guerra Civil.

 «Con el aliento de la venganza de Dios sobre las puntas de sus machetes persiguen, destrozan, matan y embriagados con la sangre la columna avanza», relata el jesuita Alberto Risco, en su libro «La epopeya del Alcázar de Toledo», sobre la entrada en la ciudad de las tropas del coronel Mohamed Mizzian.

Si bien un informe de la Unión Militar Republicana Antifascista de Melilla le citaba entre los cinco únicos comandantes de la Circunscripción Oriental de Marruecos «sin un sentido específico antirrepublicano», lo cierto es que Ben Mizzian no dudó en unirse desde el principio a la sublevación militar. 

Además de en el Alcázar de Toledo, el oficial marroquí tomó parte de algunas de las más emblemáticas batallas del conflicto, desde el asedio de Madrid a la batalla del Ebro.Los regulares en acción durante una operación en Zarinna. - Lázaro

Con el final de la guerra, Mizzian fue nombrado comandante general de Ceuta y ascendido a teniente general en 1953 con mando en la Capitanía General de la VIII Región Militar gallega. 

Dos años después, el marroquí pasó a ser Capitán General de Canarias. Sin embargo, iba a ser aquel su último destino en el Ejército Español puesto que en 1956, al obtener Marruecos la independencia, el rey Mohammed V pidió al rifeño que se encargara de la organización del nuevo ejército marroquí, por lo que solicitó su baja en el Ejército español.





En Marruecos fue nombrado ministro de Defensa en 1958 y más tarde enviado de embajador de Marruecos a Madrid como, en palabras de Hassan II, «gesto de buena voluntad de acercamiento a España». En 1970 volvió a formar parte del gobierno marroquí como ministro de Estado, etapa donde fue ascendido a mariscal, convirtiéndose en el militar de más alta graduación del ejército marroquí.

Siempre a medio camino entre sus dos patrias, el 27 de marzo de 1975 el rifeño ingresó aquejado de una grave enfermedad en el Hospital General del Aire de Madrid, donde falleció el 1 de mayo, siendo sus restos trasladados a Marruecos.

César Cervera@C_Cervera_M21/07/2019 11:35h


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