jueves, 28 de agosto de 2014

Localizan la Casa de Cervantes en Toledo

En la plaza de los Tintes

Hasta el presente, los biógrafos cervantinos habían tratado infructuosamente de localizar la casa propiedad de Cervantes y de su mujer Catalina, en donde supuestamente se alojaba el escritor durante sus visitas a Toledo. 

La investigación de la que da cuenta este artículo establece que la llamada «casa de Cervantes en Toledo» se alzó con mucha probabilidad en el solar que hoy ocupa el inmueble 3 - 9 de la plaza de los Tintes.

Se sabía por los documentos relativos a la familia de Catalina de Palacios, esposa de Cervantes, que la casa que heredaron en Toledo, de la suegra de éste, se encontraba en la parroquia de San Lorenzo y en el barrio del Andaque. El problema era situar la casa en un espacio concreto de dicho barrio y parroquia.

ANA PÉREZ HERRERA

En el solar de esta casa, de los años 60, se alza la contrucción que ocupó Cervantes. Está situadaentre la calle de los Tintes y el callejón de Adabaquines

Como recoge Luis Moreno Nieto en su libro «Toledo y los toledanos en la obra de Cervantes», investigaron sobre la localización de la casa tanto Foronda como San Román y posteriormente Ventura F. López. Este último conjeturó que la casa era la señalada con el número 35 de la calle del Barco (a fecha de 1916). Y el propio Moreno Nieto aventuró la hipótesis de que podría ser una «derruida junto a la Casa del Diamantista».

«Lindan con casas de Diego de Cuéllar»

Por fortuna, el Archivo Histórico Provincial de Toledo guarda el testamento de la tía de Catalina Palacios, María de Cárdenas, en el que afirma (1591) que lega a su nieta María de Guzmán y a su yerno Francisco Guzmán una parte de casas que tenía en Toledo, en la parroquia de San Lorenzo, «que alinda con casas de Diego de Cuéllar, vecino de Toledo, y con la calle Real, que son frontero de las casas que dicen de la Galera.»

Por otra parte, en diversos documentos se informa que María de Guzmán poseía un tercio de la casa, Cervantes y Catalina poseían otro, y el tercero era propiedad de un hermano de Catalina. Así pues, la casa aludida en el testamento de María de Cárdenas era también, parcialmente, la de Cervantes.

Esta premisa resulta capital, pues nos permite deducir que ésta lindaba con la casa de Diego de Cuéllar. Averiguando dónde se situaba la casa de este «vecino de Toledo», habríamos localizado también la de Cervantes y su mujer.

Por lo que a la casa de Diego de Cuéllar se refiere, pudimos averiguar que se localizaba en la plazuela de la Retama gracias al documento del Archivo Histórico Nacional 7087, fol. 27r, en el cual se dice que Diego de Cuéllar, ya difunto, había poseído unas casas que alindan «por delante con la plazuela que llaman de la Retama y viene a caer entre la calle Real y la callejuela que sube de la dicha plazuela a la casa de la Galera». Por si fuera poco, existe un documento excepcional que retrata la casa de Diego de Cuéllar a finales del siglo XIX, pues Casiano Alguacil la convirtió en una de sus magníficas postales bajo el título «Una calle de Toledo».

Llegados a este punto, la conclusión es que la casa que buscamos de nuestro genial escritor estuvo situada a la espalda de la casa de Diego de Cuéllar, ocupando el solar donde hoy se alza el inmueble de la plaza de los Tintes entre el número 3 del Callejón de los Adabaquines y el número 9 de la Calle de los Tintes. A sus costados tenía las «dos calles reales» que todavía existen (bajo los nombres de Los Tintes y Adabaquines), y enfrente la famosa «casa de la Galera» que en el pasado dio pie a muchas especulaciones sobre su localización.

La herencia

La casa había pertenecido a los bisabuelos de Catalina, esposa de Cervantes. Los padres de ésta poseían dos tercios de la casa, y el otro tercio pertenecía a una tía de Catalina llamada María de Cárdenas. Catalina y su hermano Francisco heredaron cada uno un tercio de la casa, valorada globalmente en doscientos mil maravedís, aunque con un cargo de 600 ducados de tributo al monasterio de Santo Domingo El Real. La esposa de Cervantes llegó a ser, pues, propietaria de un tercio de la casa, pero en cierto momento renunció a su parte en favor de su hermano Francisco, el cual acabó vendiendo en 1612 tanto su parte como la recibida de su hermana, a la propietaria del otro tercio restante, nieta de María de Cárdenas, llamada María de Guzmán.

La razón por la que Catalina se deshizo de su tercia parte en favor de su hermano Francisco, cura comisario de la Inquisición de Toledo, no se declara en los documentos, pero cabe suponer que no le resultaría sostenible el pago de los 200 ducados que anualmente debía tributar al Monasterio de Santo Domingo Real.

En cualquier caso, desde su boda con Catalina (1584), hasta 1612, en que Francisco de Palacios vende sus dos tercios de la casa, Cervantes pudo residir en ella con ocasión de sus visitas a la Ciudad Imperial, ya que le asistía el derecho moral derivado de la cesión de su propiedad. El admirado cervantista Astrana Marín opinaba que Cervantes debió de alojarse en su casa de Toledo con ocasión de sus viajes a esta ciudad, al igual que hacía su pariente Gonzalo de Salazar: «Recuérdese —escribe— que Gonzalo de Salazar, aun teniéndola alquilada su parte de casa, se reservaba en ella una cama adonde se aposenta cuando va a negociar, lo que le cumple, a la dicha ciudad».

La casa «donde se tradujo el Quijote»

Según Cervantes relata en El Quijote, la traducción del manuscrito de Cide Hamete Benengeli se realizó en la propia casa del narrador: …«le truje a mi casa [al morisco aljamiado], donde en poco más de mes y medio la tradujo toda». En el mundo real, «mi casa» no podía ser otra que el tercio de vivienda heredada de su suegra, en la plaza de la Retama.

Esta casa o, mejor dicho, su enclave topográfico, está llamado a constituir una de las evocaciones cervantinas más interesantes de Toledo, ya que junto con el Alcaná y el claustro de la Catedral, forman lo que podríamos llamar el triángulo germinal de El Quijote.

Los viajes de Cervantes a la ciudad del Tajo serían relativamente frecuentes y en ocasiones prolongados, pues, convertido el escritor en el administrador de la familia tras su boda, tuvo que enfrentarse a la resolución de asuntos pendientes con diversos acreedores. Sus visitas tendrían el aliciente añadido del brillante ambiente cultural toledano, pues la ciudad constituía por entonces un foco literario importante, donde residía por temporadas Lope de Vega y vivían muchos otros escritores y poetas, algunos de los cuales participaban, como él mismo en ocasiones, en las tertulias auspiciadas por su gran mecenas, el arzobispo don Bernardo Sandoval y Rojas.

La casa «donde se tradujo El Quijote» ha experimentado radicales transformaciones a lo largo del tiempo, hasta el punto de no conservar nada de su antiguo aspecto, aunque permanece prácticamente intacto el paisaje de «peñascosa pesadumbre» que se divisa al otro lado del río, y que contemplaría Cervantes muchas veces cuando tuvo su esporádica morada en este popular barrio de pescadores, tintoreros y pelaires.


MARIANO CALVO Y JEAN PASSINI
Día 28/04/2012 - 18.41h
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miércoles, 27 de agosto de 2014

El Bandolerismo en el Siglo XIX en los Montes de Toledo

EL BANDOLERISMO EN EL SIGLO XIX

El siglo XIX supone la reaparición del bandolerismo en los Montes de Toledo y quizás con más virulencia que en ningún otro momento de su historia.

Las causas podemos encontrarlas en la inestabilidad política, social y económica del país, acrecentándose más aún en esta comarca que representa un islote en el centro peninsular entre los ríos Tajo y Guadiana, aproximadamente, 6.500 km2 de montes, rañas, dehesas y valles, con una densidad de población inferior a 10 habitantes por km2.

Su interior es un intrincado laberinto de valles y sierras en todas las direcciones cubiertas de un monte cerrado que solo conocen pastores y carboneros.La desamortización no hizo sino traspasar los montes de manos y no principalmente a las de sus habitantes. Aparecen las poderosas familias de distinto origen y foráneas al territorio, que adquieren extensas fincas, fenómeno que allí perdura hoy y tratan de sacar provecho en las zonas roturables cultivando las rañas y algunos valles o bien convirtiéndolas en montes privados para recreo de sus propietarios.

Los montes públicos y comunales quedan reducidos a la extensión necesaria para el abastecimiento de leña, carbón y pasto. En este escenario surge el bandolerismo.La guerrilla que aparece con la invasión napoleónica de España, y se hace permanente en la comarca durante un lustro, sirvió de escuela obligada y voluntaria a muchos patriotas que se refugiaron en sus espesuras aprendiendo a vivir en ellas. La procedencia de las guerrillas era fundamentalmente monteña buenos conocedores del territorio. Estas partidas aprendieron a interceptar correos, asaltar convoyes y destacamentos franceses, establecieron puestos de observación de tropas, etc… todo ello en provecho de la Junta Central a través de un Estado Mayor residente en Horcajo de los Montes.

Distinguiose como jefe D. Ventura Jiménez, conocido como el héroe del Tajo, muerto en Los Navalucillos a consecuencia de las graves heridas sufridas en un ataque a Toledo.La aparición del bandidaje actuando al tiempo que la guerrilla es aprovechada por la autoridad josefina para desacreditar a los patriotas. Son los inicios del bandolerismo contemporáneo que podemos calificar en estos primeros tiempos de ocasional, aprovechando la confusión reinante.Desde 1814 y hasta después de la primera carlista no conocemos una actividad permanente y destacada en la comarca. Los pueblos del interior continuaron sumidos en el abandono y con una economía de subsistencia. Las tentativas de reactivación económica iniciadas por algunos liberales no condujeron a nada positivo.

A iniciativa de los grandes y pequeños ganaderos se presento en octubre de 1834 un proyecto de ley para disolver las hermandades viejas de Toledo, Talavera y Ciudad Real, suprimir el derecho de asadura mayor y menor y dar utilidad pública a sus establecimientos. Algunos de los últimos cuadrilleros ocuparon cargos en la Sociedad Económica de Amigos del País en Toledo.Por causas suficientemente conocidas surgen las guerras carlistas o civiles y en ellas tienen su origen gran parte de la actividad bandolera en los Montes que se desarrollará hasta finalizado el s. XIX, cuya casuística evolucionó con los intereses colectivos e individuales de las partidas.

Avanzada la guerra, las tropas carlistas, más reducidas, recurrieron a la guerra en guerrillas formando grupos de una docena de hombres aproximadamente llamados “gavillas” con objetivos de merodeo y acoso de las comarcas. En 1835 capitaneaba las partidas carlistas que operaban en los Montes, el Coronel D. Cándido López, asistido por sus segundos la Diosa, Galán, Perfecto y Mariano Peco. El ejército realista o cristino era mandado por el ex-guerillero toledano Paralea, buen conocedor de este tipo de acciones. La derrota de Los Yébenes inflingida a los carlistas de Jara por el brigadier Flinter el 19 de febrero de 1838 supuso la muerte de 500 carlistas, 300 heridos y 2.600 prisioneros (B.O.P 9-VI- 1838) de los cuales 396 eran de los Montes y Jara naturales de San Martín de Montalbán, Cuerva, Navahermosa, San Pablo, Ventas con Peña Aguilera, los Alares, Casasbuenas, Aldeanueva de Barbarroya, Mohedas de la Jara. Nava de Ricomalillo, Navalmoralejo, Campillo de la Jara, Anchuras y Aldeanueva de San Bartolomé. Todos fueron indultados. Sus edades oscilaban entre los 17 y 21 años. Otros veinte indultados en el mismo año por abandonar las partidas carlistas, eran en su totalidad jornaleros con edades inferiores a los 30 años, solteros, que habían estado encuadrados en las partidas de Palillos, Serrador, Gil, Jara, Melitón y Lago. Estos perdones no se cumplieron en algunas ocasiones, dando lugar al retorno a la facción con los resentimientos oportunos, convirtiendo a los individuos en más peligrosos y sanguinarios.

A medida que avanza el conflicto la ideología de muchas facciones carlistas se transfiere a un segundo orden y la relación de ejército regular desaparece dando paso a la partida que apoyándose en la lucha. busca el botín, independiente de las órdenes que pueda recibir. La situación de alarma permanente en la comarca lo evidencian los ataques que sufren algunas poblaciones siendo especialmente graves los dos asaltos a Navahermosa realizados por las partidas de Jara, Peco y Tercero. Parecidos episodios sufrieron en Gálvez. Belvís, Puebla de Montalbán, La Estrella, San Pablo, Las Navillas. Orgaz, que nos muestra una situación de inseguridad y angustia dada la crueldad con la que se condujeron las facciones en muchas de las tristes jornadas que protagonizaron.

El 13 de noviembre de 1839 se levantó el estado de sitio en la provincia, la paz sólo fue en el papel para la comarca de los Montes que continuó infestada de partidas “facciosas” mostrando su verdadera faz sin posibilidad de disfraces políticos. Entre los montes quedaron los Palillos, el Valenciano, el Mestizo, Tripacana, Carnicero, Mariano Ruiz el Pichapelá, Francisco del Moral, Pata de Porra, estos dos últimos fusilados en Toledo. La guerra teóricamente estaba concluida y los carlistas pudieron acogerse al indulto decretado o salir del país, pero aquellos que no habían hecho otra guerra que la suya, optaron por quedarse en las sierras continuando la vida a la que se habían adaptado. Por los años cuarenta continuaba Rito Flores al mando de la partida Palillos merodeando por los Montes.

ULTIMO CUARTO DEL SIGLO XIX

Reaparece en los años setenta un nuevo rebrote de bandolerismo sin móvil político que continúa generacionalmente buscando una solución radical a diversas situaciones de origen delictivo, marginal o social. Esta generación de bandoleros en los Montes procede de las zonas periferias de la comarca y de su interior, muchos de ellos jóvenes que vivirían al margen de la ley una corta y azarosa existencia.

El 20 de julio de 1874 se declaró el estado de guerra en las provincias de Toledo, Ciudad Real, Cuenca, Guadalajara y Segovia. En 1875 recorren el interior de la comarca las partidas de los Juanillones, Purgaciones. el Magro, Polo y Merendón. Las dos primeras se distinguieron por sus numerosas acciones criminales, contando con varios muertos y secuestros.

En 1877 el Magro, los Juanillones y Purgaciones secuestraron a D. Pedro Guerrero Quintanilla de Horcajo de los Montes para pedir rescate, en cuya acción participó también Moraleda. El Magro mato a un sargento de la Guardia Civil en una celada y secuestró al hijo del alcalde de Pulgar.Aplicaron los bandoleros a los propietarios de las grandes fincas, un impuesto llamado “limosna”, con el fin de poder visitar sus predios sin ser molestados. En 1880 se delimitaba la zona de refugio y actividad bandoleril por un extenso triángulo con vértices en Consuegra, Malagón y Navahermosa.Se inicia el declive del bandolerismo en los Montes con la celada de Villacañas. En aquella ocasión quedaron batidos en el campo algunos bandoleros.

 Fueron apresados Ambrosio y Casimiro Navarro los Purgaciones, Juan y Felipe García-Quilón López-Simancas los Juanillones y Bernardo Moraleda que más tarde logró escapar con Felipe el Purgaciones. Los componentes de las partidas se dispersaron unos hacia Andalucía, otros a Extremadura, otros simplemente desaparecieron. Algunos de los que escaparon a Portugal fueron repatriados.

http://fontanarejo.wordpress.com/2007/07/19/de-los-golfines-al-maquis/

La casa de Corcho de Toledo



La configuración del Paseo de la Vega data del año 1868 cuando, bajo el gobierno de Antonio Gallardo, se decidió dotar de vegetación a la zona con la plantación de árboles y arbustos. 

Posteriormente, el Paseo de la Vega, incluiría en su espacio fuentes, bancos así como una casa de estilo rústico diseñada por el arquitecto Ramiro Amador de los Ríos. Esta vivienda, fue denominada popularmente la Casa del Corcho y sirvió de domicilio para el guarda del parque.



La Casa del Corcho fue construida a finales del siglo XIX por el arquitecto Ramiro Amador de los Ríos

Cristianización de campesinos en la Hispania Visigoda

Resultado de imagen de Cristianización de campesinos en la Hispania VisigodaSegún los textos conciliares.

Se ha considerado el 399 dC como el año del fin oficial del paganismo en Hispania. De esa fecha se conoce una ley dirigida a Macrobio, “vicario hispaniarum”, que comienza de la siguiente manera: “Sicut sacrificia prohibemus, ita volumus publicorum operum ornamenta servari...”.

No obstante, a pesar de los esfuerzos de la autoridades cristianas , tanto imperiales como clericales por reprimir cualquier manifestación “pagana” , los cultos politeístas pervivieron durante mucho tiempo, tras la caída de Roma y las invasiones germanas del siglo V, en nuestra Península.

En amplias áreas rurales de Hispania, los cultos religiosos ancestrales indígenas, sincretizados en algunos casos con elementos del politeísmo romano o incluso mezclados puntualmente, tal vez, con el paganismo de suevos, vándalos o alanos, se mantenían con pleno vigor en los tiempos de la monarquía visigoda, especialmente entre los campesinos.

Las ciudades eran focos de cristianización, sin embargo , las gentes de las aldeas rurales permanecían aferradas a sus creencias ancestrales, especialmente en la franja norte de la Península Ibérica. De ahí el término “paganos”,( la gente de los pagos), que era como se referían despectivamente los clérigos a los campesinos que permanecían fieles a sus dioses ancestrales , rechazando la imposición cristiana. 
Incluso tras haber sido oficialmente “cristianizados”, volvían a practicar sus ritos paganos al menor descuido del control de la Iglesia o las autoridades visigodas.

En muchos casos era una población teóricamente cristianizada, pero que “RINDE CULTO DE VENERACIÓN A LOS DEMONIOS MÁS QUE HA DIOS”, como se lamenta Martín de Braga en su “De Correctione Rusticorum”. 

“Demonios”, esa era la terminología despectiva empleada por los cristianos para referirse a los Dioses.

Prisciliano, obispo de Ávila también había condenado el politeísmo: 
“Sea anatema quienquiera que llame dioses al Sol, a la Luna, Júpiter, Marte, Mercurio, Venus o Saturno...” , Prisciliano condena, pues, todas las formas de “idolatría”, que considera como “culto al diablo”. Así, nos confiesa, refiriéndose a los campesinos hispano-romanos: “...en el mar invocan a Neptuno, en los ríos a las Lamias, en las fuentes a las Ninfas, en los bosques a las Dianas, QUE SON TODOS DEMONIOS Y ESPÍRITUS MALIGNOS...”

Los textos cristianos que se han conservado de aquellos siglos, entre el final de la Antigüedad y los primeros siglos de la Edad Media, están llenos de mal intencionadas alusiones a la pervivencia de las viejas religiones de Hispania que las autoridades eclesiásticas trataban por todos los medios de erradicar.

Ya a comienzos del siglo IV dC , cuando aún el cristianismo no contaba con el respaldo del Estado Romano, el canon XLI del Concilio de Iliberris (Granada) obligaba a los grandes propietarios cristianos nada menos que a destruir los “ídolos” (representaciones de los Dioses) y evitar su culto entre sus siervos.

Esta política represiva contra el politeísmo ibérico fue continuada y ampliada por los emperadores romanos tras su cristianización y posteriormente por los reyes visigodos .

Así, en el canon XVI del IV Concilio de toledo se dicta: “Que los obispos en unión de los jueces DESTRUYAN LOS ÍDOLOS, y que los señores PROHÍBAN A LOS SIERVOS LA IDOLATRÍA.”

En el canon LXXII del Concilio II de Braga, celebrado en el año 572, se prohíbe conservar las tradiciones de los “gentiles”, ni festejarlas, ni tampoco tomar en cuenta los elementos, o el curso de la luna, o de las estrellas, para la siembra o plantación de árboles o para la celebración del matrimonio. En el LXXIII se prohíbe celebrar las calendas (día primero de mes, especialmente el de enero), ni adornar las casas con laurel, coronas vegetales etc. En el LXXIV , se prohíbe recoger hierbas medicinales .

El concilio III de toledo , del año 589, en su canon XVI menciona lo arraigado que estaba en casi toda Hispania y Galia el “sacrilegio de la Idolatría”.

Todavía en el año 675, en la celebración del Concilio XII de toledo , los obispos reunidos renuevan la represión de los paganos o politeístas en estos términos:

Canon XI.
“No para castigo de los delincuentes, sino para TERROR no imponemos por este nuestro decreto la pena de muerte, sino que avisamos a los adoradores de los ídolos, a los que veneran las piedras, a los que encienden antorchas, y adoran las fuentes y los árboles, que reconozcan como SE CONDENAN ESPONTÁNEAMENTE A MUERTE A AQUELLOS QUE HACEN SACRIFICIOS AL DIABLO(...)y CASTIGUEN CON AZOTES a todos aquellos que concurren a un horror de esta naturaleza, y CARGÁDOLOS CON CADENAS, los entreguen a sus señores, siempre que sus dueños prometan, mediante juramento, que ellos les vigilarán tan cuidadosamente que no les sea posible en adelante cometer tal crimen(...) y si fueran personas libres las que estuvieran complicadas en estos errores, serán castigados a la pena de excomunión perpetua y ENVIADOS A UN SEVERO DESTIERRO”.

El mismo canon XI, parafraseando una cita del Éxodo(20,4), comienza de esta forma:
“No te harás obra de escultura, ni figura alguna de lo que hay arriba en el cielo, ni de lo de abajo en la tierra; NO LOS ADORARÁS NI LES DARÁS CULTO. Además , EL QUE SACRIFICA A LOS DIOSES EXCEPTO SÓLO AL SEÑOR, SERÁ MUERTO.”

Años después, en el canon II del Concilio XVI de toledo se siguen persiguiendo a “los adoradores de los ídolos, los veneradores de las piedras, los encendedores de antorchas, los que rinden culto a los lugares sagrados de las fuentes y de los árboles, y se hacen augures y encantadores y otras muchas cosas que sería largo de narrar”.

Ejemplos como estos debieron ser muy frecuentes en aquellos lúgubres siglos dónde, a nuestros antepasados, no les quedaba, casi, más opción que la conversión al cristianismo o la muerte. Y a pesar de todo , la fuerza ancestral del politeísmo consiguió pervivir y manifestarse de múltiples maneras a lo largo de los siglos, a pesar del barniz judeocristiano y la brutal represión de los dictados del monoteísmo bíblico.

¡Vae Victis! 

Autor: IVLIANVS
lunes, 06 de enero de 2003
Información publicada por: IVLIANVS


Leer más: http://www.celtiberia.net/articulo.asp?id=399&cadena=toledo#ixzz3BZWOYhkW

martes, 26 de agosto de 2014

Witiza, Rey de los Visigodos

Witiza

Reinado 700 - 710/711 (Junto a Égica hasta 702/703)
Fallecimiento 710/711

Predecesor Égica
Sucesor Rodrigo
Familia
Padre Égica
Madre ¿Cixilo?

Witiza1 fue un rey de los visigodos que fue asociado al trono hacia 694 y reinó conjuntamente regni concordia desde su unción el 15 de noviembre del 700, hasta finales de 702 o 703, en que falleció su padre Égica. Reinó en solitario hasta su muerte ocurrida en el 710 o 711.

Ascendencia

Su padre, el rey Égica, casó con Cixilo, hija del rey Ervigio como una parte del compromiso para compatibilizar los intereses de la familia de Ervigio y la de Égica.

Pero tal compromiso solo tendría validez si existía descendencia del matrimonio.2 Witiza fue hijo de Égica, y el hecho que fuera ungido a finales del año 700 pudo ser debido a que debía tener en torno a los catorce años de edad, y entonces puede ser factible que Witiza fuera hijo del matrimonio de Égica con Cixilo.3

Sin embargo, a tenor de la descripción literal establecida en el canon 7 delXVII Concilio, por el que se protegía a la descendencia de Égica, parece deducirse que la reina Cixilo aún no tenía hijos en el año 694, por lo que Witiza no era hijo de Égica sino de un matrimonio anterior.4

El hecho que aparezca un conde Égica firmando como asistente al XIII Concilio en 683, generalmente aceptado que fuera el posterior rey, muestra que podría tener entonces al menos treinta años y por tanto, al acceder al trono en la década de 680, tener hijos de un matrimonio anterior al de Cixilo.5 

Pero también esta postura ha sido puesta en duda puesto que en XVI Concilio —donde no se menciona a la reina— se puso bajo protección a los hijos del rey con sus cónyuges una vez muerto el rey, y a pesar que esos hijos casados no podrían por edad ser hijos de Égica con Cixilo, no existe constancia de tal matrimonio anterior ni que tuviera hijos ya casados en el momento del Concilio XVI, por lo que entonces hay historiadores que deducen que los cánones conciliares que protegían a la familia de Égica eran genéricos.6

Aún así, hay estudiosos que han deducido que la ausencia de mención de Cixilo en el XVI Concilio es porque aún no tenía hijos, el equilibrio entre las familias de Ervigio y Égica no se habría alcanzado aún, por lo que los hijos de Égica mencionados procederían de un matrimonio anterior, para los que Égica buscaba protección incluso frente a los hijos de Ervigio.7 

Siguiendo esta hipótesis, la vuelta a planteamiento de la protección de la descendencia de Égica al año siguiente en el XVII Concilio no sería del mismo tipo, pues en este caso se refiere a la reina Cixilo y a la futura descendencia con ella, una protección necesaria frente a sus hermanastros habidos del hipotético primer matrimonio de Égica.8

Por tanto, si Witiza no hubiera sido hijo de Cixilo, las medidas tomadas por Égica siguen una lógica: en el III Concilio de Zaragoza (691) hizo que la reina viuda ingresara en un monasterio para que una vez fallecido Égica su viuda Cixilio ingresara en su momento para evitar que usara su poder e influencia contra los hijos habidos en el primer matrimonio, y en el XVI Concilio (693) Égica puso bajo protección a los hijos del primer matrimonio, pero en el XVII Concilio (694) hizo proteger a los hijos habidos con Cixilo —ante la situación futura que se quedaría viuda y tendría que ingresar en un monasterio— de sus hermanastros una vez muerto el rey.9

Corregencia de Égica y Witiza[editar]

La Crónica de 754, más cercana a los hechos, establece que Witiza fue asociado al trono en el año 698, sin embargo, existe un documento contemporáneo por el que se indica que Witiza fue asociado al trono a finales de 693 o en 694, lo que viene corroborado por el número total de moneda acuñada en relación con otros reinados del siglo VII. De este modo, esto vendría a ser consecuencia de la rebelión de Suniefredo para asegurar y monopolizar el trono para su familia frente a otros candidatos.

En este sentido la misma asociación de Witiza puede verse como demostración de que no era hijo de Cixilo, pues si Witiza hubiera sido hijo de Cixilo no habría oposición entre las dos familias a la sucesión, y la unción de Witiza se presentaba como la forma de garantizar el apoyo del clero ante una eventual oposición a dicha sucesión.

La afirmación de la Crónica de Alfonso III de vincular a Witiza como hijo de Cixilo, y así nieto de Ervigio, podría verse en este sentido como una forma de establecer una familia real malvada que habría llevado la ruina de España ante la invasión árabe.10

Sin embargo, existe la postura contraria, que Witiza fue hijo de Cixilo y que ante las complicadas circunstancias de la sublevación de Suniefredo, la asociación le habría sido impuesta, lo que vendría ilustrado en los tipos monetarios de bustos enfrentados, que ilustran una forma de compromiso entre facciones en oposición.11

La versión ovetense de la Crónica de Alfonso III indica que Égica dejó a cargo de Witiza el gobierno del antiguo reino suevo estableciendo su residencia real en Tuy.12 La Chronica regum Visigothorum establece que Witiza fue ungido el 15 de noviembre del año 700, de lo que parece derivarse que fue en ese año cuando alcanzó la edad para no estar sometido a una tutela, esto es, en torno a los catorce años de edad,3 aunque por otra parte hay autores como Julia Montenegro y Arcadio del Castillo que establecen que Witiza tendría los catorce años al inicio de la corregencia hacia 694,13 con lo que el acto de la unción en el año 700 es el habría generado un verdadero cogobierno.14 15

La corregencia fue un periodo turbulento,15 así pues, la Crónica de 754 indica que el reino visigodo sufrió una epidemia de peste, por la que los reyes tuvieron que abandonar Toledo hacia 701.16 Y alrededor del año 700 hubo campañas de los aquitanos sobre la Narbonense que posiblemente capturaron Carcasona.17 

El Cronicon Pacense establece que en los reinados de Égica y Witiza hubo confrontaciones bélicas entre visigodos y bizantinos,18 que estuvieron enmarcadas en la debilidad de los emperadores Leoncio y Tiberio III Apsimaros en la defensa de África.19

En este reinado conjunto se conoce que una flota bizantina atacó las costas del sur de Hispania y fue rechazada por un noble llamado Teodomiro,20que se puede deducir que es el mismo que pactó en 713 con los musulmanes en el pacto de Teodomiro.21 22 23

La fecha de este evento es dudosa: Roger Collins indica que pudo haber sucedido durante la expedición mandada por el emperador Leoncio entre 697-698 para recuperar Cartago de los árabes;24 o quizás al finalizar el reinado de Witiza.25 Tal y como establece E.A. Thompson no se conoce el contexto de este suceso, aunque puede estar ligado con los enclaves bizantinos de Tánger y Ceuta, como establece Collins.24

No se tiene constancia de la muerte de Égica, la última mención figura en una ley promulgada a finales de 702, pero quizás podía haberse producido en 703.26 Su hijo Witiza quedó como rey único.

Reinado en solitario

Un tremissis de oro acuñado en Braga durante el reinado de Witiza.

La documentación del reinado de Witiza ha quedado plasmada en dos tendencias opuestas que responsabilizaban de la caída del reino visigodo o a Witiza o a su sucesor Rodrigo.27

Por un lado, las crónicas asturianas redactadas en torno al año 900 son de carácter antiwitizano ya que responsabilizan a este rey de la decadencia política y moral que produjo la ruina del reino de manos de los árabes. Por otro lado, para los mozárabes del siglo VIII el reinado de Witiza fue caracterizado como buenos tiempos.28

Tras la muerte se Égica, se convocó el VIII Concilio de Toledo comprendida entre los años 702-703, pero sus actas no se han conservado.29 Desde San Isidoro de Sevilla, los cánones conciliares se habían incluido en la Collectio canonum Ecclesiae Hispania, denominada simplemente como Hispania.30 La última actualización de esta compilación de actas conciliares españolas se produjo tras el VII Concilio de Toledo.

Y la conquista árabe dio fin a proseguir con la compilación, con lo que las actas del XVIII Concilio no llegaron a tiempo a ser incluidas.31 Se tiene constancia de la existencia de este concilio por el manuscrito de Celanova, que recogía una Recensión Vulgata de la colección Hispania;32 manuscrito que desapareció durante la guerra civil española y reapareció en la década de 1980.33 Sin embargo, dado que se ha conservado el Concilio de Córdoba de 839, la ausencia de las actas pudiera deberse a una acción deliberada. 

Puesto que la Crónica de Alfonso III indica que obligó a los clérigos a casarse, esto puede dar indicio que el XVIII Concilio se hubiera aprobado los cánones del Concilio Quinisexto (692), rechazado por la Iglesia de Roma, cánones en los que se aceptaba un clero casado. Este hecho hubiese seguido un proceso similar con respecto del Concilio de Constantinopla III (680-681), que fue aprobado en el XIV Concilio de Toledo (684).34

De este modo cuando la Crónica mozárabe indica que el metropolitano de Toledo, Sinderedo ofendió a los hombres de la Iglesia a instigación del rey,35 puede entenderse aparte que ejerciera presiones sobre la jerarquía de la Iglesia hispana por orden del rey,36 el que Witiza puso bajo su patrocinio las decisiones del Concilio Quinisexto a través Sinderedo.

 Dado que con la invasión árabe no hubo más Concilio de Toledo para repudiar esa actas, su no inclusión en la compilación canónica Hispania sirvió para tal efecto, no obstante, la versión rotense de la Crónica de Alfonso III indica que la derogación de los cánones del VIII Concilio se llevó a cabo por Fruela I de Asturias.37 Sin embargo, puede entenderse que la postura de Witiza fue la de reformar la corrupción de la Iglesia.38

La Crónica mozárabe de 754 muestra un carácter más conciliador de Witiza en contraste con el autoritarismo de Égica. En este sentido la Crónica indica que concedió una amplia amnistía a los que habían sido condenados por su padre, restauró el Oficio Palatino, que había sufrido una gran merma a causa de las conjuras como la de Suniefredo y Sisberto, restituyendo el cargo y las propiedades confiscadas a los que había sido despojados, también compensó a los desterrados, y quemó públicamente las declaraciones sobre deudas al Tesoro que habían firmadas a la fuerza.39 40 20

Además devolvió al Tesoro público las propiedades que Égica había tomado como posesión personal, diferenciando entre el patrimonio personal del rey, y el del cargo.36 41 Puede suponerse que estas medidas en favor de la nobleza perseguida por Égica pudieran haber sido adoptadas en el XVIII Concilio.42

Se sabe también que durante el reinado de Witiza se produjeron hambrunas por las malas cosechas en los años 707 y 709, y una gran epidemia de peste.14 43 Y que el Código de leyes se amplió, lo que puede entenderse como muestra de debilidad política.41

Sucesión

No se tiene constancia de su muerte ni de las circunstancias de su sucesión, aunque se puede deducir que no fue pacífica.42 Según la Chronica Regum Visigothorum el reinado de Witiza terminó en 710, mientras que la Crónica mozárabe lo sitúa en 711.

De forma general se acepta que el reinado de Witiza terminó cuando murió, cuando aún no habría cumplido los treinta años de edad, alrededor de sus veinticinco años de edad,15 44 de acuerdo a si se considera que fue hijo de la reina Cixilo; aunque si se considera que Witiza no fue hijo de Cixilo sino de un matrimonio anterior de Égica, entonces tendría una edad avanzada relativamente.45

Descendencia

La Crónica del siglo X de Abu Bakr Ibn Umar Ibn Al-Qutiyya —que declaraba ser descendiente de Witiza a través de una nieta llamada Sara— establece que Witiza tuvo tres hijos: Olmundo, Artobás y Rómulo.46 Pero la aceptación de la veracidad de esta descendencia no es unánime entre los especialistas.47

Algunas crónicas afirman la existencia de un Flavio Sisebuto, juez de los cristianos de Coimbra, como hijo de Witiza. Algunos genealogistas modernos han llegado a identificar a este Sisebuto con el Artobás registrado en las crónicas árabes. Pero si este conde realmente existió, por cronología sería más probable que fuese hermano y no hijo de Witiza.

También se ha especulado con que el rey Agila II, rival de Rodrigo, fuese uno de los hijos de Witiza, pero esto es un error consecuencia de datos contradictorios y legendarios de la historiografía hispanoárabe.48

Fuente: wikipedia

Siberia en los Montes de Toledo


Este vídeo pretende dar a conocer la existencia de dos museos en la provincia de Toledo, dedicados a los pueblos indígenas de Siberia, su cultura y forma de vida.

La idea de crear estos museos es una consecuencia de las 18 expediciones que he realizado a Siberia, haciendo trabajo de campo etnográfico entre diferentes comunidades nativas, a lo largo de 14 años.




Carmen Arnau Muro

www.carmenarnaumuro.com
www.fundacioncarmenarnaumuro.org
www.etnomuseosiberia.org

Historia de Almonacid de Toledo

Resultado de imagen de Almonacid de Toledo

Según algunos autores, Almonacid es un topónimo latinizado usado quizás por los almorávides, que significa el monasterio. Efectivamente, cercano al lugar que ocupa hoy la población hubo un monasterio visigodo, muchas de cuyas impostas con bajorrelieves se encuentran dispersas por la población.

Durante la época árabe debió construirse el castillo que domina la población y que ya existía en el 840. Fue testigo de enfrentamientos sangrientos que se desarrollaron junto al río Guadalacete dónde fueron derrotados los berberiscos hispanos por el walí de Córdoba Abdelmelek ben Kotan El Fehri entre el 740 y 742.

Otro suceso acaecido ante los muros del castillo fue la batalla dónde se enfrentaron las tropas del emir de Córdoba a las del walí toledano Lobia junto a mozárabes de la ciudad, siempre levantiscos frente al dominio andaluz.

El castillo formaba parte de las defensas que rodeaban a Toledo y fue tomado por Alfonso VI quizás antes del 1085. En diciembre de 1086 donó este rey al arzobispo toledano Don Bernardo, Almonacid y su castillo por lo que se cree que en estas fechas debió existir ya una población no muy grande, acogida a la protección del castillo.

En documentos mozárabes de 1129 figura Almonacid como alquería en la comarca de la Sisla. Alfonso VII hizo donación de parte de sus tierras al conde Pons de Cabrera y en 1176 encontramos de nuevo al rey realizando más donaciones de tierras de Almonacid a la Orden de Calatrava.

No obstante el castillo y la aldea siempre estuvieron bajo la jurisdicción de la mitra toledana.

Alfonso VIII encarga en 1226 al arzobispo Jiménez de Rada la repoblación de Almonacid y en el siglo XIV encontramos al arzobispo Don Pedro Tenorio nombrado alcaide de la fortaleza, quien cobraba 20.000 maravedíes anuales y ordenando hacer reparaciones.

En estas fechas sirvió el castillo como prisión del Estado. Allí estuvo preso el conde de Gijón y Noreña, Don Alfonso, hermano bastardo de Enrique II que antes había estado también bajo arresto en la Puebla de Montalbán (1383) a causa de sus pretensiones a ocupar el trono portugués.

A ruego del arzobispo Tenorio fue trasladado a Monterrey bajo la responsabilidad del Maestre de Santiago.

En 1849 se proyectó una reparación importante en la fortaleza por parte del maestro de obras de la catedral de Toledo Pedro Gumiel quien realizó un extenso informe que nos da idea de la distribución de las dependencias de la fortaleza en este siglo.

Perteneció la villa al llamado común de San Martín de la Montiña, comunidad de pueblos agrupados en torno a la Hermandad civil de esta titularidad, por lo que tenia derecho a pastos en la zona oriental de los Montes de Toledo.

En el siglo XVI su iglesia pertenecía al arciprestazgo de la Guardia y tenía como anejos Ablates, Romaila y Montalbanejos.

En 1571 contaba con 200 vecinos que fueron en aumento en la centuria siguiente.

En el siglo XVIII conservaba cuatro ermitas dedicadas a San Sebastián, al Santo Ángel de la Guarda, a Santa Bárbara y a la Virgen de la Oliva patrona de la villa.

El día 10 de agosto de 1809 el general patriota Venegas reunió sus fuerzas en Almonacid para hacer frente al ejército francés al que creía inferior en número.

El general Sebastián, adelantándose a los españoles, trabó batalla con 26.000 infantes y 4.000 caballos.

Almonacid y sus flancos fueron defendidos por tropas españolas que después de larga y reñida batalla se retiraron a la Mancha quedando en el campo de batalla 4.000 españoles muertos y 2.000 franceses, ocupando el ejército invasor las posiciones de Almonacid.

Días después de la batalla los guerrilleros de los Montes de Toledo al mando de Don Ventura Ximénez, conocido por el Héroe del Tajo, asaltaba la guarnición francesa que defendía la ermita de la Virgen de la Oliva, convertida en depósito de prisioneros y hospital de sangre, pasando a cuchillo a los franceses.

 Fernando VII creó para todos los que participaron en la batalla de Almonacid la Cruz Militar que lleva su nombre.

Fuente: http://www.almonaciddetoledo.es/secciones/Historia

lunes, 25 de agosto de 2014

Zonas Arqueológicas de Villacañas, Toledo




Puerta de Los Arbitrios o de San Martín en Toledo

Puerta de San Martín 

Diputación de Toledo - Toledo. Puerta de San Martín, 1929. Fondo Loty

Toledo. Puerta de San Martín, 1929. Fondo Loty

Con tal nombre se conocen en Toledo varias puertas, ya que incluso la del Cambrón fue llamada así; todas ellas están relacionadas con el barrio de San Martín próximo al puente del mismo nombre, como consecuencia de haber estado situada en aquella zona la parroquia de San Martín de Tours. 

Lo cierto es que, a efectos defensivos, no existió nunca en aquella zona puerta alguna, sirviendo corno cerramiento del puente la torre de acceso al mismo por la ciudad, por lo que es posible que los documentos antiguos que citan dicha puerta se refieran a la de dicha torre, excepto en los documentos mozárabes del siglo XIII, que citan como de San Martín a la del Cambrón.

En 1864 se edificó una puerta al principio de la cuesta de San Martín y frente al puente, más con fines recaudatorios que con fines militares, ya que en esa época estas defensas no tenían objeto; puerta que fue derribada en el año 1967, al ensanchar la zona para ordenar el tráfico en la misma.

De obra gótica, se encuentra en el lado oeste del casco histórico de Toledo.

Otra Opción



Formaba parte del sistema defensivo de la ciudad junto al puente de Alcántara, situado en su lado oriental.

No se conoce con exactitud su fecha de construcción, aunque se hace ya referencia a él en documentos del año 1.165.

El torreón mudéjar que hay a pocos metros aguas abajo, junto a la torre coracha, es el llamado Baño de la Cava, uno de los estribos del puente de barcas que existía desde el periodo de dominación árabe. 

Años más tarde, en 1.203, según otro documento de la época, una gran crecida del río destruyó este puente de barcas, hecho que propició la construcción del actual, quedando terminado a principios del siglo XIV y recibiendo el nombre de una iglesia cercana. 

Resultado de imagen de Puerta de Los Arbitrios o de San Martín en ToledoLa construcción también se vio favorecida por el hecho de que, en 1.246, los Montes de Toledo fueran vendidos por el rey Fernando III de Castilla al ayuntamiento de la ciudad, desaparecido el peligro musulmán, permitiéndose la colonización del territorio.

se utilizó como portazgo para el paso del ganado trashumante, enlazando la ciudad con la comarca de los Montes de Toledo y con Extremadura y permitiendo el paso, además del ganado, del granito procedente del cercano pueblo de Ventas con Peña Aguilera, del mármol de San Pablo de los Montes, del carbón vegetal o de otros productos de la zona.

Durante el reinado de Carlos II, a finales del siglo XVII, el puente se reformó parcialmente, ensanchándose sus accesos y modificando el torreón interior, cuya puerta fue rematada con un gran escudo imperial flanqueado por las figuras de dos reyes sedentes y sendas placas de piedra que detallan las características de la obra y su fecha de conclusión, 1.690.

El torreón exterior mantuvo sus bóvedas nervadas y arcos apuntados y de herradura.

Un siglo más tarde, en 1.760 y con Carlos III como rey, el puente se pavimentó, tal y como recoge una placa tallada en piedra situada en el pretil derecho. Fue declarado Monumento Artístico Nacional en 1.921, soportando el paso de tráfico rodado hasta 1.976, fecha a partir de la que sólo se permite su uso peatonal.

Fuentes:
http://www.elarcodepiedra.es/index_archivos/Puente_de_San_Martin_Toledo.htm
http://marisasicilia.blogspot.com.es/2013_02_01_archive.html

La fiesta pagana de San Juan en el Toledo Musulman

¿Sabíais que en la España musulmana se celebraba San Juan en una fiesta llamada la ANSARA?

 Una jarcha describe este día:

1 Albo dia, este día, 2 día del ansara haqqa!
3 Vestiré mew 'l-mudabbaj 4 wa nashuqqu 'l-rumha shaqqá

1 !Albo día este día, 2 día de San Juan, en verdad!
3 Vestiré mi [jubón] brochado 4 y quebraremos la lanza

En la Córdoba califal de Abderramán III (siglo X), que marca el apogeo de Al-Ándalus, gozaba de esplendor la pascua de Ansara o fiesta del solsticio de verano, el 24 de junio, que conmemoraba tanto la natividad de Juan el Bautista como la hazaña de Josué al detener el curso del sol para conseguir el exterminio del ejército de los Amorreos.

En tal día, se estrenaban vestidos y destacaban las carreras de caballos, ejercicios de destreza, disfraces carnavalescos, certámenes poéticos y hogueras, preferentemente encendidas junto a higueras. Otras costumbres típicas, como regar las casas y sacar los vestidos al rocío, eran criticadas como propias de «incrédulos». 

El influjo de costumbres de los cristianos sobre los musulmanes es denunciada en un documento enviado al poeta y rey de Toledo y Córdoba Al-Ma'mun (siglo XI), respecto de una de sus mayores fortalezas, la de Magerit, posterior ciudad de Madrid:

«En las noches de San Juan y de san Pedro se tenía que reforzar la vigilancia en las murallas de la plaza, porque los infieles y enemigos de Alá se juntaban a pretexto de sus devociones a los benditos siervos del Señor, y recorrían los campos con lascivos bailes y gritos de alegría, así los hombres como las mujeres, que, sin velos que tapasen sus rostros, corrían desordenadamente ofendiendo a Alá con sus gritos», y a pesar de las advertencias en sentido contrario, los musulmanes acudían «a estas escandalosas fiestas a pretexto de encender luminarias, en las que oían azalás (preces) subversivas y blasfemias contra el profeta querido de Dios», por lo que se solicitaba del poderoso monarca «que tales noches prohíba ir a los cristianos a la ermita de la Virgen de las Tochas, que contra la ley del Corán se les permite adorar como gentiles idólatras de los ídolos, y que mande se cierren las casas de los ídolos cristianos, que cercando la población eran cuarteles donde, además de juntarse para maldecir a Alá y al Profeta, tramaban conspiraciones para apoderarse de las fortalezas»

Como vemos, la festividad de origen pagano de San Juan, no solo se seguía celebrando en la Castilla del norte, la original, la vieja, aun en tiempos cristianos. Sino que en el reino de Toledo, que mas tarde seria conocido como Castilla la Nueva, las gentes continuaban celebrando al menos esta festividad pagana aun en tiempo de los musulmanes. En parte, porque el grueso de la población no era árabe, sino Hispana sometida al islam. 

Fuente: http://nueva-bardulia.blogspot.com.es/2013/06/la-fiesta-pagana-de-san-juan-en-la.html
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