viernes, 27 de septiembre de 2019

Despoblado de Corralnuevo, Toledo

Corralnuevo, perteneciente al municipio de Gálvez, del cual le separa una distancia de 4 km, es un pueblo abandonado que forma parte de la comarca de los Montes de Toledo, situándose al sur de dicha provincia.


Corralnuevo no es una de las poblaciones que se convirtieron en pueblos fantasma debido al éxodo de sus vecinos en busca de mejores oportunidades, sino que en este caso la despoblación, que tuvo lugar en el siglo XVII, se debió a la llegada de diversas plagas, que obligaron también a quienes habitaban el lugar a tener que emprender rumbo hacia otras tierras.

Aún hoy podemos ver los restos de sus viviendas, así como tres de las cuatro torres, aunque ya en muy mal estado, que quedan de su antiguo castillo, construido en el siglo XII. También se puede observar junto al pueblo, en la pequeña colina conocida como cerro de Santa Brígida, unos restos, cimientos incluidos, que se supone pertenecieron a la antigua ermita dedicada a dicha santa.




Como hecho curioso, cabe comentar que las viviendas del nuevo poblado de Corralnuevo fueron construidas con piedras procedentes de la parte del castillo que falta, que fue desmontado para ello.

Historia: Al lado de este pueblo de Corralnuevo se hizo, en el siglo Xlii, un castillo o casa fuerte, de planta rectangular, flanqueada en sus esquinas por torres semicirculares. Posiblemente su iglesia estuvo dedicada a San Pedro Apóstol. 

En el siglo XVI ya estaba despoblado, sin que se conozcan las causas de tal hecho; tal vez las continuas y lamentables plagas de langosta pudieran ocasionar la ruina"- 

Este despoblado, llamado tambien Dos Barrios, fue una villa de señorío perteneciente al señor duque de Uceda y conde de Montalbán. 

Según Ensenada, su jurisdicción estaba conferida a los alcaldes ordinarios de la villa de Gálvez y se encontraba situado en la zona que en el término de Gálvez hoy llaman de los castillos. 

Respondiendo a la pregunta tres del Interrogatorio, se afirma que su término ocupa desde poniente a levante como tres cuartos de legua y de norte a sur como media legua.

 Confronta por levante con la dehesa de labranza llamada Alpédrega, dehesa que fue de la Santa Iglesia de Toledo. Por el norte confronta con la dehesa de pasto que llaman fuente el Caño. Por el poniente, con el término de La Puebla de Montalbán y por el sur con el término de Gálvez. 

Miden con fanegas de quinientos estadales. El diezmo por las tierras de regadío vale 200 reales, por las de secano 200 fanegas de trigo, 320 de cebada, 16 de centeno, 25 de algarrobas. Por el voto de Santiago 10 fanegas de trigo.

EL REPARTO DE LA PROPIEDAD DE LA TIERRA 

Una vez más, apreciamos que la propiedad de estas tierras estaba en manos de la nobleza

PRODUCCIÓN DE LAS TIERRAS 

Como es natural, había una gran diferencia de producción según la clase de tierra que tenía, así como su calidad. 

Muy escasa o casi nula era la propiedad de la tierra en manos de las capellanías y obras pías. Así se constata en la Capellanía de Catalina Cabrera, de Menasalbas, que poseía un pedazo de tierra de buena calidad, de 10 celemines, situado en el arroyo de los castillos. 

También la Capellanía de Juan López Chamarra, de San Martín de Montalbán, que disponía de un trozo de tierra de buena calidad, con una extensión de una fanega; o la Obra Pía de Francisco Albarrán, de la villa de Cuerva, que poseía dos fanegas de regadío de mediana calidad, situada en la zona de los castillos. 




Entre las cargas que tenía el despoblado de Corralnuevo estaba el diezmo ordinario, teniendo que entregar de cada diez fanegas o arrobas de producción agrícola, una fanega. Al ser Corralnuevo un anejo de la villa de Gálvez, el diezmo se entregaba a la fábrica de la iglesia de la misma. 


jueves, 26 de septiembre de 2019

El Hotel Castilla de Toledo y unos apuntes de su Historia

El Hotel Castilla aún en obras. Fotografía de Alguacil. Archivo Municipal de Tole
En plena Regencia de María Cristina, el marqués de Castrillo (1849-1910) promovió esta iniciativa hotelera cerca de la plaza de Zocodover

RAFAEL DEL CERRO MALAGÓN@abc_toledoTOLEDO
Actualizado:12/03/2019 13:34h

En octubre de 1892 se vivieron en España profusas evocaciones para recordar los cuatrocientos años del descubrimiento de América.

En Madrid hubo actos oficiales, una cabalgata histórica y diversos foros académicos, alguno con una visita añadida a Toledo. 

El día 20 del mismo mes, llegaba un grupo de estudiantes que fueron invitados por los alumnos de la Academia a un almuerzo en el lujoso Hotel Castilla abierto semanas atrás. 





Un establecimiento que sumaba un eslabón más a una cadena de factores que brindaba la ciudad: su acervo histórico, la cercanía a Madrid y un enlace ferroviario desde 1858.

En plena Regencia de María Cristina, con el pacto entre conservadores y liberales como fondo, alguien con visión de negocio y sin aparente relación con Toledo, Juan José Fernández de Villavicencio, marqués de Castrillo (1849-1910), promovería una peculiar iniciativa hotelera. 

El Hotel Castilla aún en obras. Fotografía de Alguacil. Archivo Municipal de ToleEn su juventud había apoyado activamente la causa carlista, siendo un hombre bien relacionado con círculos de la nobleza y la alta burguesía española y francesa. Debió fijarse como crecía la moda de los viajes de placer entre las élites que él frecuentaba. Aumentaba un turismo mundano que, bien equipado y con toda la familia, recorría España y el extranjero en programados periplos. 

El litoral cántabro, las capitales andaluzas, la costa catalana o el sur de Francia eran etapas ajustadas a lo largo del año. Se trataba de disfrutar, según el destino, de los baños de ola, los balnearios, visitar monumentos o asistir a celebraciones como la Semana Santa o el Corpus. Eso sí, un transporte adecuado y un albergue confortable eran condiciones básicas.

Próxima a Madrid, Toledo podía ser un punto para llevar a aquella élite viajera durante unos días y descubrir, desde un confortable hotel, una ciudad repleta de historia, poseedora de un rico álbum artístico. 

Estimada la idea, en 1889 adquirió un céntrico solar en la plaza de San Agustín, muy cerca de Zocodover. Hasta 1821, había sido un cenobio de agustinos recoletos que, tras ser desamortizado, se subastó por lotes en 1835. 

Un hábil especulador, José Safont Lluch (1803-1861), compró los mejores para transferirlos de inmediato a un particular que hizo almoneda de lo más aprovechable. La excelente ubicación facilitó la continua compraventa para albergar almacenes, una fábrica de fideos o un teatro de verano entre 1881 y 1882. 

El marqués pagó al último propietario 30.000 pts. por los casi 1.400 metros cuadrados del antiguo cenobio que alcanzaba hasta la cuesta del Águila. En 1890, ante el Ayuntamiento -entonces presidido por Lorenzo Navas, también de filiación carlista-, solicitó el permiso de obras para erigir allí un hotel que pronto destacaría entre los hospedajes existentes. 

Uno de ellos era la Fonda de Caballero, en la calle de la Sillería, donde siempre se habían alojado forasteros acomodados o de origen extranjero, como Borrow (1835), Gautier (1840) o Amicis (1872).

Para su proyecto, Castrillo recurrió al arquitecto madrileño, de raíces alsacianas, Joaquín Kramer Arnaiz (1842-1913), titulado por la Real Academia de San Fernando en 1864. Formó parte de la Sociedad Central de Arquitectos de Madrid, de la Institución Libre de Enseñanza y del Ateneo. 

Ejecutó encargos en Madrid como el Hotel Asturias (1882), el colegio evangélico El Porvenir (1894) o la iglesia de Nuestra Señora de la Paz (1905). Apeló a formas neogóticas y conjuntos con vocación palaciega, si bien, en 1908, elaboró alguna obra funcionalista, desligada de los revivals anteriores.





Kramer optó en el encargo toledano por una fórmula ecléctica a partir del gótico hispano-flamenco y del plateresco. En las fachadas de un cúbico inmueble, diseñó huecos, antepechos y una crestería inspiradas en San Juan de los Reyes que, entonces, reconstruía Arturo Mélida (1849-1902). 

En el vestíbulo y en las galerías asomadas al patio situó matices platerescos de Alonso de Covarrubias (1488-1570) vistos en la capilla de San Clemente y en el Hospital de Santa Cruz, cuya escalera claustral copió a menor escala. De las yeserías murales se encargó el escultor M. Castaños. En torno al gran patio-recibidor, emplazó el comedor, diversas salas de estar y una terraza. En la primera planta estaban las estancias más lujosas con baño completo incluido. 

La segunda acogía las de menor categoría. En total había una treintena de habitaciones. El sótano albergaba los servicios generales: cocina, despensa, bodega, lavandería, etc. Desde sus inicios, el flamante hospedaje contó con agua corriente, electricidad, teléfono y calefacción central, comodidades impensables para la mayoría de la población. Existía un jardín posterior, propicio para la tertulia, colindante con la vivienda privada de los dueños.

Como Hotel Castilla lo abrió Willemenot et Cíe, una entidad dirigida por el marqués de Castrillo y un socio francés en la gerencia: Alfonso Willemenot. Pronto se debió disolver el consorcio.

 Desde 1894, al frente del negocio aparece Francisco Priede Fernández (1849-1921), casado como Mercedes Hevía Suárez (1857-1923), ambos de ascendencia asturiana y siempre conocidos como «los dueños del Castilla».

Algunos de sus hijos (Francisca, Carlos, Mercedes –casada con el escritor Félix Urabayen-, María Josefa, Francisco y Juan) se involucraron en la actividad de la empresa paterna.

El Hotel Castilla aún en obras. Fotografía de Alguacil. Archivo Municipal de Tole Hasta julio de 1936, el hotel tuvo su época dorada como referimos en el artículo que publicamos en la revista Archivo Secreto (Toledo, nº 7, 2018). Siempre fue un referente en la vida de la ciudad y bien conocido fuera de ella. Atraía su artístico edificio, la cuidada atención, una cocina con matices internacionales y ser un espacio ideal para todo tipo de actos.

La Guerra Civil dejó en pie el edificio, sin embargo, los propietarios habían salido de Toledo y, desde octubre de 1936, la comandancia militar situó allí su sede. Sabida la cercanía de los Priede a los partidos republicanos, sus bienes, incluido el Castilla, fueron incautados por las leyes franquistas.




En 1938 quedó gestionado por el Servicio Nacional del Turismo. La lucha de la familia ante los tribunales concluyó, en 1946, con la devolución del hotel. 

Ahora, a los muchos problemas para recuperar el antiguo esplendor, se unían los efectos de dos posguerras -la española y la mundial-, las dificultades del abastecimiento y un exiguo turismo. En 1948, los dueños vendían el inmueble al Instituto Nacional de Previsión. Así, en la plaza de San Agustín, quedaba varado el Hotel Castillacomo un veterano paquebote tras una travesía que había durado cincuenta y seis años.

Rafael del Cerro, historiador - ABC

miércoles, 25 de septiembre de 2019

"Traida" de la Virgen de Ronda a El Carpio de Tajo

El Carpio de Tajo, en la provincia de Toledo, es un pueblo acogedor cuyas tierras están bañadas por el río que le da sobrenombre. 

Lugar de antiguas tradiciones, de rico folklore, y de vestigios etnográficos conservados por el tesón de sus vecinos.

Cuenta El Carpio con una tradición muy arraigada, quizá la que más, la que llena los corazones de los carpeños y que hace que haya una fecha en el calendario que no se puede pasar por alto. Se trata de la “Traída de la Virgen de Ronda” al pueblo cada Domingo de Resurrección. 

La imagen de la Patrona, que permanece todo el año en su ermita a orillas del Tajo, es llevada hasta El Carpio para dedicarla las fiestas del Domingo de Quasimodo o primer domingo de Pascua de Resurrección. 

Allí permanecerá hasta el primer domingo de junio en que será devuelta a la ermita de Ronda.

Resultado de imagen de El Carpio de Tajo mapaEl santuario de la Virgen se encuentra en un lugar privilegiado, a pocos kilómetros de la localidad, a orillas del río y rodeado de grandes extensiones de olivos.

 Se trata de un lugar cargado de leyendas, todas ellas alusivas a la presencia de la Virgen en Ronda, poblado del que recibe su nombre. Se tienen datos de la presencia visigoda en el lugar, existiendo una necrópolis en los alrededores, y también está documentada la presencia de la orden del Temple.




 Los templarios escogieron ese lugar para fijar su residencia y veneraron la sagrada imagen de la Virgen. 

Resulta este hecho muy curioso, pues en la misma comarca se tiene constancia de otros enclaves ocupados por los templarios donde también se veneraron imágenes de la Virgen con la peculiaridad de ser negras. 

Estos lugares son Melque, en el término de San Martín de Montalbán, y la Monjía en Novés. 

La única de estas tres imágenes que conserva ese característico color negro es la patrona de Novés, Nuestra Señora de la Monjía, a la que también se dedican interesantes fiestas y romerías a lo largo del año.

 La leyenda popular de la aparición de la Virgen a un pastor, es la que se ha ido manteniendo por la tradición oral, y la que ha pasado de padres a hijos, quedando incluso recogida en coplillas populares. 

Se dice que la Virgen apareció a orillas del río en forma de paloma, y que viendo un pastor el ave resplandeciente, lanzó su honda malhiriendo al animal. 

Al acudir a recoger la pieza halló milagrosamente la imagen de la Madre de Dios, que desde aquel dichoso momento pasó a ser la joya más preciada de los carpeños.

En recuerdo de aquello, la Virgen luce un cardenal en su mejilla derecha.

Se trata de una bonita tradición que los carpeños llevan grabada a fuego desde que nacen. Tanto en la “Traída” como en la “Llevada”, la imagen de la Virgen es portada por cuatro cargadores que tras una larga lista de espera les ha tocado el turno de llevar a su Patrona. 

La lista es interminable, es costumbre que cuando un niño nace se le apunte para llevar a la Virgen, tocándole el turno ya de mayor.

Cada Domingo de Resurrección los carpeños desde por la mañana se congregan en la ermita de Ronda esperando impacientes las cinco de la tarde, momento en que comienza el traslado. 

La imagen sale a hombros de sus portadores y durante el trayecto que separa el santuario del pueblo, se va rezando el Rosario y cantando coplillas propias de la Virgen. 

El pueblo espera en el lugar conocido como “El Calvario”, donde hay tres cruces, para recibir a la Virgen que llegará a las seis.

 Mientras tanto, los carpeños que no han bajado a Ronda a recoger a la Virgen, acompañan a las imágenes de San Rafael Arcángel y del Patrón Santiago Apóstol desde la iglesia parroquial hasta la salida del pueblo, donde recibirán a la Santísima Virgen. 

El momento más emotivo del traslado tiene lugar cuando la Virgen llega al Calvario. En este punto los portadores inician una apresurada carrera hasta llegar al lugar del recibimiento. Aquí afloran los más profundos sentimientos, la alegría, el llanto, los vivas a la Virgen ahogados por la emoción, los aplausos… 

La Virgen corre al encuentro de sus hijos, corre porque no puede esperar más tiempo a estar con ellos, corre contagiada por la alegría de su pueblo. La carrera no dura muchos metros, pero supone el punto álgido de la tradición, todos quieren ver correr a su Virgen, de esta manera se habrá cumplido de nuevo con el rito. 

Al llegar, la banda de música interpreta el himno nacional y el pueblo entona la Salve. Prosiguen los vivas a la Virgen, y el sacerdote desde un balcón la dedica unas palabras de recibimiento. 

No cabe un alfiler, las gentes se agolpan para estar cerca de la Patrona que emprende su subida al pueblo por una larga y empinada calle precedida de las imágenes de San Rafael y Santiago. 

Al llegar a la iglesia tiene lugar el besamanto, y se entonan coplas a la Virgen como la que reproduzco a continuación:

Virgen de Ronda, mística flor
Puerto y refugio del pecador
Tú eres de El Carpio gloria y honor
Mis esperanzas y único amor.

Virgen Bendita de Ronda
Flor junto al Tajo nacida
Vida de mi misma vida
Consuelo de mi dolor.

Ese mismo día da comienzo la Novena a la Virgen, que desembocará en el día grande de las fiestas, que tiene lugar el domingo siguiente, conocido como Domingo de Quasimodo, día en que la Virgen recorre las calles de El Carpio sobre un precioso carro, ataviada con sus mejores galas. 




Permanecerá todo el mes de mayo en el pueblo, recibiendo la visita de sus devotos hijos que nuevamente la llevarán a Ronda el primer domingo de junio.


La Virgen inicia su carrera al llegar al Calvario


Recibimiento de la Virgen



El patrón Santiago acompaña a la Virgen

San Rafael y Santiago Apóstol reciben a la Virgen

Publicado por Objetivo Tradición 

martes, 24 de septiembre de 2019

Tumba de Alcantarilla, Mozarambroz, Toledo


Mirando el plano de la necrópolis de la Sepultura del Moro en Sonseca (de José A Cunha) vi que en el mismo, también venían marcadas unas sepulturas cerca de la casa de Alcantarilla, esta perteneciente al término de Mazarambroz.

Me acerque al lugar en busca de la pequeña necrópolis pero a pesar de recorrer el camino en ambas direcciones varias veces no pude dar con ella.

En su lugar pude ver una sola sepultura junto al camino que conduce a la casa, esta cubierta de tierra, pero parece ser rectangular, de adulto y orientada correctamente según los ritos cristianos Este (pies) Oeste (la cabeza) desconozco si pertenece a la necrópolis antes nombrada o si por consiguiente es otra sepultura.




En otra ocasión volveré a buscar por aquí.

ACCESO:

Circulando por la carretera CM-410 en dirección Cuerva nada terminar las casas de Mazarambroz y poco antes de llegar a la señal de final de la población nos desviaremos a mano izquierda por una ancha pista. A 375mt.

Nos desviaremos a mano derecha, ahora seguiremos esta pista sin desviarnos durante 3,6Km. hasta llegar al arroyo de Guajarraz, el cual seguiremos por la izquierda y antes de llegar a la finca de Alcantarilla a mano izquierda muy cerca del camino encontraremos la roca donde se sitúa esta sepultura.




domingo, 22 de septiembre de 2019

El Sacristán de Burguillos Asesina a su Novia y lo indultan en Viernes Santo

Cuenta la tradición que en el año 1855 la Virgen del Rosario se apareció a un campesino de la localidad toledana de Burguillos, haciéndole la revelación de que si sacaban procesionalmente su imagen, cesaría la terrible epidemia de cólera que les asolaba.

 No se demoraron sus vecinos en cumplir el exhorto, sanando todos los enfermos y no registrándose más defunciones. En agradecimiento, el pueblo hizo voto de mantener esta procesión de su patrona en los primeros días de octubre.

Esta conmemoración religiosa es conocida como la «fiesta de las mujeres», pues ellas se encargan de su preparación. 

En el año 1911, las celebraciones transmutaron la alegría en tristeza a causa del asesinato de Dionisia Juaristi, quien estando asomada a la ventana de su casa recibió un disparo mortal de su novio, Mariano Sánchez. 

ENRIQUE SÁNCHEZ LUBIÁN@eslubian
TOLEDO

Él era sacristán de la parroquia de Santa María Magdalena, ella tenía dieciocho años y estaba embarazada.Iglesia parroquial de Santa María Magdalena, donde ejercía como sacristán Mariano Sánchez (Foto, Archivo Diputación Provincial de Toledo)

La tarde del 5 de octubre, Mariano se hallaba acechando el domicilio de su novia, viéndola asomarse para cerrar una ventana, momento que aprovechó para dispararle un tiro de escopeta en el pecho, ocasionándole la muerte casi al instante. Este dramático hecho causó gran consternación e impresión en Burguillos. 

Al dar cuenta del sangriento suceso, «El Eco Toledano« decía que el criminal sostenía con frecuencia algunos altercados con la novia, «pero sin que nadie apercibiera importancia en ellos».




 En el pueblo no se encontraba explicación a lo sucedido, ni a cuáles podrían haber sido los móviles del asesinato. «No obstante –aventuraba dicho diario-, se cree que las divergencias surgidas entre ambos amantes han tenido origen en que las relaciones amorosas que ambos mantenían eran tan íntimas, que la finada se hallaba en cinta desde hace algunos meses»,

Tras efectuar el mortal disparo, el sacristán se marchó a su domicilio, donde poco después fue detenido por la Guardia Civil y trasladado a la cárcel provincial de Toledo. Practicada la autopsia del cadáver de la víctima, se certificó que estaba embarazada de un feto hembra de ocho meses, motivo por el que Mariano fue acusado de dos delitos: infanticidio y asesinato.

 Estas circunstancias fueron suficientemente llamativas, como para que el suceso traspasase el ámbito provincial y fuera recogido en algunas publicaciones nacionales. Una de ellas, el semanario «Las Ocurrencias», ilustró su crónica con un dibujo recreando el momento en que el sacristán disparaba contra Dionisia.

Vista de la cárcel provincial, antiguo convento de San Gil, bajo el puente de San Martín, donde purgaron sus penas Mariano Sánchez e Ignacio Rodríguez de la Cruz (Foto, Loty, Archivo Diputación Provincial de Toledo

Ocho meses pasó Mariano en la cárcel toledana a la espera de ser sometido a juicio en la Audiencia Provincial. El mismo se celebró a finales de junio de 1912, siendo declarada su vista secreta, por motivos de moralidad, y desarrollándose a puerta cerrada. 

Ello causó un gran malestar entre el público que deseaba presenciarla, aunque algunos comentarios periodísticos consideraban que la decisión era acertada, para evitar que el apasionamiento de los presentes pudiera influir en el ánimo de los jurados.

Mientras la defensa del sacristán argumentaba que lo ocurrido había sido fruto de una desgraciada imprudencia, el fiscal sostenía que se trataba de un delito complejo de asesinato con alevosía y aborto, añadiéndose la agravante de haber sido cometido en el propio domicilio de la víctima. Acorde con esas consideraciones, se pedía la pena de muerte para Mariano Sánchez.

La sesión judicial apenas duró unas horas. El jurado también tardó poco en alcanzar el veredicto de culpable, siendo condenado a la última pena. 

En la sentencia se indicaba que sería ejecutado en la cárcel toledana, no aconsejándose al gobierno que ejerciese la gracia de indulto. En todo caso se advertía de que sí acaso se llegase a conmutar la pena, el reo sufriría inhabilitación absoluta perpetua.

Noticia de última hora en «Heraldo Toledano» dando cuenta de apuñalamiento de Joaquín Martín Arredondo y su hija.

«El procesado –se relataba en la reseña del juicio publicada por “El Eco Toledano”- oyó la sentencia con aparente tranquilidad. Pero, realmente, debió producirle penosísima impresión, que supo reprimir durante la lectura del terrible fallo». 

Minutos después, cuando salió de la Audiencia custodiado por la Guardia Civil para dirigirse a la cárcel atravesando por entre los curiosos que esperaban su salida, «el reo lloraba amargamente».

Muchas lágrimas debió derramar Mariano en las lúgubres dependencias de la prisión provincial del antiguo Convento de Gilitos, hasta que en marzo de 1913, pese a lo sugerido en la sentencia, recibió la noticia de su indulto.

El mismo fue firmado por Alfonso XIII el día 21, Viernes Santo, en el Palacio Real de Madrid. 

El texto de la medida de gracia es ejemplo de la retórica de la época, donde la magnanimidad real se trufaba de una acrecentado sentimiento de generosidad religiosa: «Considerando que los Reyes de España –dice- han solemnizado siempre el día de hoy, en que la Iglesia conmemora el Augusto Misterio de la Redención del Género humano con el perdón de algunos reos sentenciados a la última pena, piadosa costumbre que es muy grata a Mi Corazón seguir observando [...] vengo en conmutar, en el acto de la Adoración de la Santa Cruz, la pena de muerte impuesta a Mariano Atanasio Sánchez Díaz por la inmediata de cadena perpetua». 

Al día siguiente, junto al indulto al sacristán burguillano, la «Gaceta de Madrid» publicaba la conmutación de otras doce penas máximas en toda España.Calle Ajofrín de Burguillos, donde se cometió el crimen del anciano Joaquín Martín Arredondo (Foto, Archivo Diputación Provincial de Toledo)

Otro crimen en la calle Ajofrín

El asesinato de la joven Dionisia no fue el único suceso mortal que vivieron los vecinos de Burguillos en aquel arranque del siglo XX. Tres años antes, también a principios de octubre conocieron sobresaltados otro horrendo crimen en la persona de Joaquín Martín Arredondo, de setenta y cuatro años de edad, a manos de un jornalero suyo, quien también intentó acabar con la vida de su hija Joaquina. En el origen del crimen se mezclaron pendencias laborales y amorosas.




Joaquín Martín Arredondo era dueño de una labranza conocida como «La Casa de Meca», en ella había trabajado durante un tiempo como mayoral Ignacio Rodríguez de la Cruz, (a) «El Moreno», casado y quien no contaba con buenos antecedentes en el pueblo. Seis años antes de cometer este crimen, había sido condenado a dos años, once meses y once días de prisión correccional por un delito de lesiones causado con arma de fuego, habiendo cumplido la pena en la cárcel provincial de Toledo.

Horas antes del suceso, el jornalero había sido despedido, reconcentrando en «su alma todo el odio de que es capaz la bestia humana», señalaba «Heraldo Toledano». Obcecado, premeditó el crimen de su antiguo patrón. Sabiendo que el mismo y su hija se encontraban enfermos y guardaban cama en su vivienda de la calle Ajofrín, entró en la vivienda, armado con una navaja de afeitar y asestó al anciano varias cuchilladas, una de ellas en el cuello que le seccionó la yugular. 

Al presenciar lo ocurrido, Joaquina se escondió debajo de una cama, siendo arrastrada por el agresor e infiriéndole, también a ella, varios cortes en diferentes partes del cuerpo. Luego, echándosela al hombro, la llevó a casa de un pariente común. Aunque en un principio se publicó que ella también había muerto, luego se constató no ser así.

Conocidos los hechos, el juez municipal acudió a detener a Ignacio, quien se resistió ferozmente, no siendo posible retenerlo ni con la colaboración de varios vecinos. Ante esa circunstancia, hubo de recurrirse a la presencia de la Guardia Civil, presentándose horas después una pareja a caballo que procedió a capturar al asesino.

Mientras la joven era evacuada al Hospital Provincial, los miembros de la Benemérita condujeron a Ignacio a la cárcel de Toledo. Veterano ya del lugar, llevó consigo un pequeño talego donde portaba un pan y un trozo de carne frita. 

Al preguntarle los empleados del correccional por semejante contenido, él dijo que como conocía los horarios del establecimiento sabía que cuando ingresase ya se habría pasado la hora del rancho, por lo que decidió llevarse su propia cena. Aquella noche, fuerzas de la Guardia Civil patrullaron por Burguillos, para evitar que algunos vecinos realizasen actos de hostilidad contra la familia del detenido.

Llevando ya varios meses en prisión, el 30 de enero de 1909, Ignacio intentó fugarse de la cárcel provincial. Junto a Petronilo Gálvez (a) «El Raspa», procesado por robo, y Enrique Colón, condenado también por este mismo delito, escalaron sus tapias con intención de saltar a la calle, pero fueron sorprendidos por los vigilantes. 

De ellos, solamente Colón logró evadirse, circunstancia que ya había repetido en varios presidios españoles y no siendo la primera vez que lo intentaba en la toledana. Al día siguiente fue localizado y detenido por la Guardia Civil en la estación de Castillejo.

Año y medio después, el sumario judicial estaba completo. El ministerio fiscal solicitaba pena de muerte para Ignacio. En sus conclusiones señalaba que el día de autos, entró en la casa de su víctima y atrancó todas las puertas para evitar que pudieran sorprenderle. Se dirigió a su antiguo amo pidiéndole que le volviese a contratar, aunque fuese como jornalero, pero Joaquín le dijo que hasta no comenzase a llover no podría admitirlo. 

Como respuesta a esta negativa, el agresor le asestó nueve navajazos. También indicaba que su hija precisó treinta y un días de asistencia médica para curar las heridas recibidas. En su escrito, el fiscal de la Audiencia Provincial, Enrique Gotarredoma, desvelaba que pese a estar casado, Ignacio había mantenido relaciones amorosas con Joaquina, siendo posteriormente rechazado por ella.

Celebrada la vista, en octubre de 1910, el abogado José Esteban asumió la defensa del agresor, argumentando que había obrado con «arrebato y obcecación y en vindicación próxima de una ofensa grave», consiguiendo que la penas finales fuesen de veinte años de reclusión temporal y dos años y un día de prisión mayor, por dos delitos de homicidio, uno consumado y otro en grado de fustración.

No concluirían aquí los sobresaltos que alterarían la tranquila vida en Burguillos. En noviembre de 1914, el vecino Sebastián Díaz procedía a labrar unas tierras, cuando la reja del arado chocó contra una gran piedra. Al retirarla, encontró bajo la misma unos restos humanos. 

Rápidamente corrieron por el pueblo numerosos rumores y comentarios, centrándose los mismos en la misteriosa historia de un «brujo» que años atrás había vivido en una casa llamada «El Ventorrillo», sita cerca del lugar donde se produjo el macabro hallazgo del labrador. 




Hasta allí se desplazó el reportero «HONN», ya citado en estas crónicas, quien en las páginas de «Diario Toledano» desgranó una fantástica historia digna de una novela de Conan Doyle y de la que más detalladamente nos ocuparemos en otra entrega de estos esbozos.


El sacristán de Burguillos asesina a su novia y lo indultan en Viernes Santo

ENRIQUE SÁNCHEZ LUBIÁN@eslubianTOLEDO
Actualizado:10/07/2017 10:22h



sábado, 21 de septiembre de 2019

El Convento Franciscano de Santa Olalla, el convento de San Juan Bautista

En el último cuarto del siglo XVI bajo la protección de los Condes de Orgaz y Señores de Santa Olalla se inició la construcción, extramuros de la villa de Santa Olalla, del convento de San Juan Bautista. 

El convento se ponía bajo la advocación de San Juan Bautista ya que su principal impulsor fue el conde don Juan Hurtado de Mendoza y Guzmán (Antoniana (Álava), 1536 - Santa Olalla, 1606). Además el convento se construía sobre la ermita de San Juan Bautista que aparece 

mencionada en 1575 en las relaciones de Felipe II: “Al quincuagésimo primo se responde que hay dos ermitas extramuros la una se dice de San Juan Bautista y otra de Santa Olalla”. 

Se situaba en el arrabal de la puerta de Talavera, en el entorno de la actual calle Prolongación de San Juan. Se trataba de un bello y sencillo edificio que albergaba a una comunidad de unos veinte franciscanos descalzos. En 1580 lo ocupan franciscanos de la provincia de San Gabriel, a instancias de fray Francisco de Odón; en el archivo del convento se guardaba la licencia del Arzobispado de Toledo, del 8 de octubre de 1580 por la que Luis Tofiño de Sahagún, cura propio de la iglesia de San Pedro, y Juan Vélez Calderón, cura propio de la iglesia de San Julián, dieron la posesión de la ermita de San Juan a fray Ángel de Miranda, descalzo de la Provincia de San Gabriel. Pero en 1592 toma posesión del edificio la provincia de San José, siendo provincial de ésta fray José de Santa María y en esta provincia estaría incluido hasta la exclaustración en el siglo XIX.




En los primeros años desde su fundación algunos de los frailes deciden embarcarse hacia América, tal vez huyendo de las penurias de aquellos primeros años fundacionales. El 16 de mayo de 1590 parten hacia Florida los frailes del convento de Santa Olalla fray Juan de Santiago, fray Juan del Castillo, fray Blas Rodríguez, fray Diego de Valverde y fray Alonso de Reinoso. Y el 9 de enero de 1593 les sigue fray Andrés Muñoz.

El 4 de octubre de 1606 sobrevino la muerte del conde don Juan Hurtado de Mendoza y el convento no había quedado totalmente terminado. Entendemos que hubo desinterés por parte de sus sucesores y fue la propia villa quien se convierte en protectora y patrona del convento. 


Concesión del Patronazgo al Concejo de Santa Olalla

Año 1610 - Archivo Municipal 

El 9 de septiembre de 1610 logró el concejo de la villa hacerse con el patronato del convento siendo provincial de los franciscanos fray Andrés de Ocaña que hacia esta concesión desde el convento de San Gil de Madrid: “les ha querido y quiere fundar un convento, acabar y poner en toda perfección el que esta comenzado de la advocación del glorioso San Juan Bautista que será como hacerle nuevo, fuera de la dicha villa, cerca del muro a la puerta de Talavera”.

Desde aquel momento el concejo se comprometió al mantenimiento de la comunidad y para esa tarea debió reunir no con pocas dificultades los fondos que año a año debía entregar al convento. Entre los escasos pero interesantes documentos relativos al convento que conserva el Archivo Municipal de Santa Olalla encontramos una real cedula de Felipe III del 30 de mayo de 1615 por la que se autoriza a destinar de sus propios 200 reales al año, durante cuatro años. Lo justifican diciendo: “El dicho convento no tenía renta de que se sustentara y el lugar era corto y pobre, de manera que no tenían limosnas y padecían necesidades muy grandes y por socorrer para ayuda y sustento y porque no se fuesen a vivir a otra parte por falta de sustento”. Esta provisión mencionada se renovó en sucesivas ocasiones. 

Resultado de imagen de santa olalla mapaEl patronazgo por parte de la villa al convento se vio interrumpido en 1720, al no poder mantener la institución por el pésimo estado de las arcas municipales y la crecida del número de religiosos. 

Posteriormente el traslado de muchos religiosos, que huyeron del hambre y las fiebres terciarias, y la concesión de una real provisión de Felipe V en 1727 por la cual se autorizaba la venta de la rastrojera de los sembrados y la pampanada de las viñas y con ella poder reunir 200 ducados anuales que sumados a dádivas y limosnas al convento permitieron el restablecimiento del patronazgo municipal sin modificación hasta 1748.

Desde 1748 se subió la asignación del convento, algo que nos se formalizo hasta 1769. En 1769 se llega a un nuevo acuerdo por el que de 200 reales de vellón se sube a 1.500 reales, “consignándose del producto de las hierbas mayores de los prados de Almorquín y Valdeflores propios del concejo y cuando no alcanzase del producto, que se pagase la cantidad que faltase por los mismos vecinos, solicitando la correspondiente facultad para su repartimento”. 

El concejo se hacía cargo con esta cantidad de los sermones de las cuatro festividades de la Virgen, de los viernes y domingos de Cuaresma y de Semana Santa. Y tenía derecho además de los repetidos beneficios espirituales a un sitio reservado en la iglesia, en banco especial, y un alcalde a custodiar la llave del Santísimo en el Jueves Santo.

El 3 de octubre de 1764 el Convento de Santa Olalla recibió la visita de “fray Juan Antonio de Olivares, predicador, ex definidor, ex comisario y visitador de la Provincia de la Purísima Concepción y segunda vez Ministro provincial de esta santa provincia de San José de Menores Descalzos de nuestro padre San Francisco” que hizo descripción de la fundación del convento y de sus rentas.

“El ingreso de limosnas en varias especies es el siguiente: Del trigo que en toda la guardianía se recoge cada un año, poco más o menos veinticuatro fanegas; de cebada, treinta; de garbanzos, dos fanegas; de algarrobas, tres; de centeno, media; de habas, una fanega.

Y el señor Excelentísimo y Eminentísimo Cardenal Arzobispo de Toledo, que Dios prospere y guarde muchos años, da a esta Comunidad una limosna voluntaria de trigo de veinticinco fanegas.

Pídese el pan de varios lugares, y no se recoge lo suficiente para mantener la Comunidad, y es necesario cocer el trigo recogido y de lo que nos da el señor Eminentísimo para la Comunidad y los pobres, que son muchos.

Limosna de aceite se pide y otras, y se recogerán de aceite treinta arrobas; de vino, ochenta; de lana, tres arrobas; de seda, una libra; y de lino y estopa una arroba.

En los lugares donde se piden estas limosnas se va por la Cuaresma de vereda y se les predica y confiesa por dos religiosos, y en Cebolla se les predica Ceniza y los domingos primeros de Adviento y Cuaresma, y en los días festivos va un confesor a confesar. Y donde los señores curas piden predicador para algún domingo de Cuaresma o Adviento, se les envía.

Las limosnas que en especie de dinero entran en poder del síndico de esta comunidad son las siguientes: De sermones panegíricos 2.200 reales de vellón; De sermones morales 1.500; De hábitos de difuntos que piden varios devotos 1.100; De la limosna que da la Villa de Santa Olalla del situado 1.500; De la lana que se recoge y la que se corta de cincuenta o más carneros que compra el síndico para la Comunidad 800; De la limosna que da la Villa de Cebolla 1.100; De varias limosnas de devotos de entre-año 1.500; De lo que da el Rey nuestro señor para pagar el pase de las cartas 160; De los señores alcaldes de Santa Olalla para ayuda a dos festividades para sus gastos 120; Importan todas las limosnas pecuniarias que recibe nuestro sindico 9.980 reales de vellón.




Gasto preciso de esta Comunidad en cada un año, poco más o menos, en especie de dinero, que exhibe y paga nuestro síndico: De pescado abadejo, 45 arrobas, reguladas al precio de cuarenta reales cada arroba, 1.800; De 250 arrobas de vino, cada una a diez reales de vellón 2.500; De 220 varas de sayal, a ocho reales la vara, 1.760; De lienzo para paños menores a los religiosos, que se les da dos veces cada año, noventa varas, 455; De lienzo, lo más forzoso, no lo que se necesita, para la sacristía y enfermería, 200; De los carneros que para la comunidad compra nuestro sindico, 1.000; De la carne de vaca que se trae para cenar, 800; Del tocino que compra el síndico para la comunidad 300; De la cera que se compra para las misas 500. De las soldadas que ganan mozos, lavandera, barbero y herrador 1.348; De botica para los enfermos 400; De la nieve que se gasta 300; De la sal y precisas especias 300; De varios reparos y quiebras del convento 400; De portes para pagar las cartas 160; Importa el dinero que da nuestro sindico para gastos de la comunidad 12.223 reales de vellón.

Lo que se da los pobres de limosna en varias especies importara lo menos trescientos ducados.

¡Este es el milagro de la Divina Providencia con sus pobres evangélicos! ¡Sea Dios bendito y glorificado para siempre de todas las criaturas, y especialmente de los hijos de nuestro padre San Francisco y San Pedro de Alcántara, por cuyos méritos el Señor nos alimenta! Amén.

Es cuanto debo decir en la materia mandada. Y para que conste, lo firmé de mi mano y los discretos y sellé con el sello del sobredicho convento en quince de noviembre de 1764. Fray José de Puertollano o Santa Bárbara, guardián, fray Manuel de Mora y fray Eusebio de Pinilla (Firman y rubrican).”

El último convenio entre la villa como patrona y el convento llegaría el 4 de julio de 1808, después de un tiempo de “distracciones” se vuelve a ajustar el convenio en las mismas condiciones con el pago de los 1.500 reales, las obligaciones de los frailes quedan también actualizadas “Que los religiosos del convento han de quedar obligados a asistir y concurrir en forma y cuerpo de comunidad a las funciones de iglesia del Corpus Christi, Virgen de la Piedad, Cristo de la Caridad , procesiones de la Octava del Corpus y otras generales de publica rogativa”.

El Convento fue usado como acuartelamiento francés durante la Guerra de la Independencia, destruido a causa de la guerra y abandonado por tanto por los frailes. Terminada la guerra en 1815, la cofradía de San Antón y el ayuntamiento firman un convenio para instalar a los padres Franciscanos de San Pedro de Alcántara en el Hospital de San Antón, algo que no se logró. 

El Convento de San Juan fue reedificado parcialmente en 1832, aunque aun así los monjes no regresaron. Finalmente las medidas de exclaustración que llegaron con las reformas liberales imposibilitaron ya su regreso por lo que se utilizó finalmente como cementerio.

El diccionario de Madoz nos da una de las ultimas referencias al convento: “En las afueras un convento de San Francisco, derribado en la Guerra de la Independencia, reedificado en 1832; pero que no llegó a habitarse por haber sobrevenido la exclaustración, y sirve en el día para teatro; 2 ermitas dedicadas a San Roque y San Sebastián, y unido al convento, el cementerio que no ofende a la salud”.

La vida del convento se basaba en rezos y misas diarias y en el cuidado del huerto próximo llamado huerto de San Juan. El convento disponía de diez y ocho celdas para los religiosos y tres para enfermos y huéspedes, claustro, archivo e iglesia.

El claustro era sencillo pero decorado con siete cuadros de grandes dimensiones que recordaban pasajes de la vida de San Francisco de Asís, destacando el de menor tamaño, situado sobre la puerta que daba acceso a la portería. Éste representaba a este santo arrojado a las llamas, desnudo, poniendo freno a la tentación lasciva.

En el archivo se conservaba un Lignium Crucis (reliquia o fragmento de la cruz en la que Cristo fue crucificado) donado por doña Isabel de Samaniego, vecina de Otero.

En la iglesia destacaba una pintura en el altar mayor que representaba a San Juan Bautista, titular del templo, bautizando a Cristo en las orillas del Jordán. Por la capilla mayor del templo a la parte del medio día se hallaba la lujosa capilla mandada construir por suscripción popular y la iniciativa del emprendedor y entusiasta fray Francisco de Lillo en el año 1743. Al poco de finalizar la obra él murió siendo enterrado según sus últimos deseos en esta capilla.

En ella recibía culto una pequeña imagen que fue un regalo del obispo de Segovia e inquisidor general don Baltasar de Mendoza y Gómez de Sandoval (Madrid, 1652 - Segovia, 1727), hijo de los condes de Orgaz y señores de Santa Olalla y un personaje muy destacado durante la Guerra de Sucesión.

Del convento solo han sobrevivido hasta nuestros días unas cuevas usadas por los frailes como bodegas. Y probablemente la pequeña imagen de San Juan Bautista que se conserva en la iglesia de San Julián.


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