domingo, 27 de octubre de 2019

Pervivencia de la Escritura Visigotica en la comunidad Mozárabe de Toledo

Resultado de imagen de Escritura Visigotica en la comunidad Mozárabe de ToledoPERVIVENCIA DE LA ESCRITURA VISIGÓTICA EN LA COMUNIDAD MOZÁRABE DE TOLEDO (CON ESPECIAL REFERENCIA A LAS PARROQUIAS DE LAS SANTAS JUSTA y RUFINA y SANTA EULALIA) 

Nada nuevo decimos al afinnar que la historia cultural de Toledo es verdaderamente monumental, y aunque son muchos los estudios realizados sobre diversos aspectos no se agota, ni mucho menos, toda la riqueza que el tema puede aportar. 

En este trabajo nos ocuparemos de un tema de cierta relevancia dentro del campo de la cultura escrita: la pervivencia de la escritura visigótica en la ciudad de Toledo. 

Sobradamente conocido es el proceso por el cual la escritura carolina se implanta en los reinos peninsulares y su cronología, la cual está magníficamente estudiada en algunos lugares " siendo Galicia y Portugal los últimos lugares donde, según los manuales al uso de paleografía, llegó la carolina, a finales del s. XII y comienzos de la siguiente centuria '. No vamos a discutir esto, pues es correcto, aunque incompleto. 

Ciertamente en las zonas más occidentales de la Península se conservó durante más tiempo la escritura visigótica'. Pero en la ciudad de Toledo la pervivencia de la escritura visigótica es no sólo comparable a la del occidente peninsular, sino probablemente superior. 

La causa que explica esto es, en nuestra opinión, múltiple, pero ligada a las características culturales/cultuales de la comunidad mozárabe. 





Es sabido que la substitución de la escritura visigótica fue de la mano del cambio del rito hispano-visigótico-mozárabe por el romano, siendo sobradamente conocido que sus hitos fundamentales fueron el Concilio de Burgos de \080 para la cuestión ritual y el de León de \090 para la escritura. 

Con relación a esta cuestión escribe Agustín Millares Cario: 

"La abolición del rito mozárabe contribuyó no poco a la desaparición de la escritura visigótica; pero de que tal hecho no debió ser la causa determinante de dicho acontecimiento es prueba evidente la existencia dentro del siglo Xl y principios del XII de varios códices de la liturgia romana, para cuya transcripción se empleó la escritura tradicional" 

Probablemente aquí estribe la razón por la cual en Toledo, y más concretamente, dentro de la comunidad mozárabe, se documente la perduración de la escritura visigótica más allá de su desaparición en las zonas más "conservadoras" desde el punto de vista gráfico, como Galicia. 

Si la substitución del rito hispano significó no sólo el cambio del tipo de escritura sino también la destrucción de muchos de los códices escritos en visigótica, por carecer de utilidad litúrgica 5, en los lugares donde prosiguió el rito hispano este proceso no tuvo lugar, y parece evidente que, al ser copiados, se mantuviese en ese ambiente cultural refractario a las influencias culturales externas el tipo de letra tradicional. 

La oposición entre los mozárabes y los cristianos del norte que llegaron masivamente con la reconquista de la ciudad en 1085 es sobradamente conocida 6, siendo el arzobispo Ximénez de Rada, una fuente privilegiada para conocer estas cuestiones. 

De igual manera, no hace falta insistir en el papel de irradiación cultural y cultual que el arzobispo D. Bernardo tuvo no sólo en su etapa de pontificado toledano sino también en su época de abad del monasterio de Sahagún, foco de la irradiación cluniacense en los reinos de Castilla y León. 

De hecho, la implantación de la escritura carolina, se realiza con fuerza en Toledo, y concretamente en su Catedral; por lo que se refiere a los documentos, escribe el Dr. Fernández Catón:

 "Ningún documento en escritura visigótica anterior a la reconquista de la ciudad, y sólo cuatro originales, pertenecientes a los años 1086, 1088 Y dos a 1103, más otro pequeño grupo de finales del s. XI y principios del siglo XII, es el material con que se encuentra quien desee elaborar un estudio paleográfico-diplomático de la escritura documental visigótica en tierras toledanas" . 

También la Catedral de Toledo es un centro donde la escritura carolina aparece en fecha temprana. De hecho, es el lugar de toda Castilla donde primeramente aparece documentada; escribe lo siguiente D. Ramón Gonzálvez al respecto: 

"En una fecha tan temprana como la de 1115, es decir, unos 30 años después de la reconquista de Toledo y aún dentro del período de reorganización de la catedral, hallamos la mención del maestro Pedro, que desempeñaba el cargo de gramático de Santa María de Toledo [ ... J Con el mismo nombre de Pedro encontramos también a un copista de libros, el cual transcribió en 1105 en una bella letra carolina el manuscrito 14- 3 , el códice más antiguo fechado en Castilla copiado en este tipo de escritura". 

Así pues, nos encontramos, en Toledo, en el siglo XII una situación dúplice dentro de la escritura latina: la visigótica, mantenida por la comunidad mozárabe (hasta el siglo XIV como veremos) y la carolina, vinculada al rito romano" y a la población franca 10, al menos en un momento iniciaL 

Concretamente, dentro de la comunidad mozárabe, parece que la parroquia de las Santas Justa y Rufina, una de las que todavía en la actualidad conserva la liturgia visigótico-mozárabe, es el centro escriptorio del que más objetos escritos en escritura visigótica de datación tardía se conservan, aunque también la parroquia de Santa Eulalia proporciona algún ejemplo, como veremos, El primer ejemplo que aduciremos es el Liber Misticus conservado en la Biblioteca Nacional de Madrid, "escrito por Fernando Juánez en la parroquia toledana de las Santas Justa y Rufma". 

En el Corpus de códices visigóticos de D. Agustín Millares Cario la datación del códice la realiza el Prof. Mundó, y le asigna una cronología entre los siglos XIII-XIV". 

Pero lo que resulta más interesante no es sólo la existencia de este ejemplar tardío, sino que no es el único 1'. Y, lo que es, si cabe, más destacable, es que representan una tendencia gráfica muy continuista, pues un reconocido experto como el Prof. Millares Cario dio a bastantes de estos códices visigóticos toledanos una cronología bastante anterior a la que les asigna el Prof. Mundó. 

La razón parece evidente. De igual manera que el mundo mozárabe propiamente dicho representó una continuación de lo visigodo en sí mismo, en el mundo de los mozárabes toledanos tras la reconquista de la ciudad debió suceder algo similar con sus peculiaridades culturales.

 Si asociamos la pervivencia de la letra visigótica hasta el siglo XIV al empleo del árabe en documentos hasta la misma centuria, como se puede comprobar en la magnífica y no igualada edición de A. González Palencia, es fácil darse cuenta de esta continuidad de los rasgos culturales, a lo cual quizá contribuyese la llegada a Toledo de muchos mozárabes procedentes del sur. 

Centrándonos en los códices, es llamativo observar cómo la datación del Prof. Millares es, en algunos casos, hasta tres siglos anterior a la del Prof. Mundó; así, para unos fragmentos de códice conservados en la Catedral Primada de Toledo, el Prof. Millares aporta una cronología del siglo IX, mientras que el Prof. Mundó la ubica cronológicamente a finales del siglo XII D. 

Para el caso de un Liber Misticus procedente, también, de la Parroquia Mozárabe de la Santas Justa y Rufina, conservado en el Museo de los Concilios y de la Cultura visigoda, con sede en la toledana Iglesia de San Román, el Prof. Millares opina que data del siglo X, mientras que el Prof. Mundó lleva la cronología al siglo XIII .

 La pervivencia de la escritura visigótica en los ambientes mozárabes toledanos no se documenta exclusivamente en códices. También las inscripciones dan fe de ello. 

En concreto, nos referimos a dos inscripciones bilingües, escritas en latín y árabe, datadas respectivamente en 1156 y 1160 

". La parte latina de la inscripción de 1160, reaiizada sobre barro, se limita a la repetición dos veces de la siguiente frase: "In nomine Domini nostri Iesu Christi amen" "'. 

Sobre ésta, escribe el P. Fidel Fila: "De las dos inscripciones latinas, con tipos del siglo XII [ ... ]la lectura no es dudosa, como tampoco lo es su mérito litúrgico. De ella nos da oportuna explicación el oficio de difuntos de la iglesia mozárabe.

 Reproducen (si bien acortan y abrevian por falta de espacio) la invocación ritual, que daba término á la bendición del moribundo .. ," 

Queremos llamar la atención sobre dos cuestiones: el origen del texto y el tipo de letra. 

Respecto a lo primero, nos encontramos, una vez más, con la liturgia hispana, lo que equivale a decir, en esta época, que estamos hablando de la comunidad mozárabe. 

En cuanto a la cuestión gráfica, los "tipos del siglo XII" nos parecen propiamente visigóticos y no carolinos, lo cual encaja plenamente en el ambiente cultural de las parroquias mozárabes toledanas. 

Más claramente, si cabe, se comprueba todo esto en la otra inscripción bilingüe citada, de la que sí se conoce su procedencia: una vez más, la parroquia de las Santas Justa y Rufina. 

Está realizada sobre piedra, lo cual permite estudiar con más seguridad los caracteres gráficos tanto de los tipos árabes, con los característicos remates de la escritura cúfica y, lo que más nos interesa ahora, los evidentes rasgos visigóticos de la parte latina. 

Por citar alguno, mencionaremos la "A" mayúscula sin trazo horizontal, que muestra claramente su claro visigoticismo. 





No obstante, un análisis detenido permite comprobar cómo también aparecen ya algunos indicios carolinos. 

Uno de ellos es el signo de abreviación que aparece en la primera y segundo línea, que tradicionalmente se ha considerado como de origen carolino, lo cual no vamos a discutir, siempre y cuando tengamos en cuenta que también aparece en objetos escritos de la Península Ibérica de escritura visigótica y de cronología muy anterior a la de las influencias carolinas '"o Verdaderamente no son estas inscripciones de cronología tan tardía como los códices toledanos anteriormente citados. 

Pero sí indica la persistencia cultural de los mozárabes toledanos, de la mano, como es evidente, del mantenimiento de la liturgia hispana, a pesar de la enorme influencia de los francos en Toledo, que ya comentamos al comienzo. 

El estudio del mundo gráfico toledano medieval no tiene interés sólo per se, sino también por las conclusiones que podemos obtener sobre objetos escritos aparecidos en otros lugares. En concreto, nos referimos a una inscripción conservada en el Museo Provincia de León, a la que ya hemos dedicado un trabajo . 

La inscripción consta de un texto latino y "Junto al primer renglón, a la derecha, se arañó someramente, en letras menudillas, la fórmula inicial musulmana: Bism Allah ar-Rahman ... y al otro volvieron a escribirse, aún más pequeñas, las dos palabras primeras. Esto 10 haría probablemente algún cautivo" . 

Por lo que se refiere a la parte latina, que nos proporciona la fecha de la pieza -año 1122-, llamó su atención el tipo de escritura en la que está realizada: una letra visigótica muy pura. 

Por nuestra parte, opinamos que debió ser realizada por un mozárable, al aunarse una tradición gráfica visigótica ya un tanto tardía con la utilización de una fórmula típicamente musulamana  

Consideramos que estos ejemplos muestran cómo la pervivencia de la escritura visigótica dentro de la comunidad mozárabe en cronologías tardías fue característica evidente ", y en el caso de Toledo, ciudad a la que sin duda podemos calificar de capital del mozarabismo, se ejemplifica de modo evidente. 

Esperamos, por último, que en los nuevos tratados y manuales de paleogafía española se haga mención de esto y se añada el nombre de Toledo a los de Galicia y Portugal como lugares donde la letra visigótica perduró de modo especial.

Lorenzo Martínez Ángel 

sábado, 26 de octubre de 2019

Romanización judía de Hispania. ¿Desde cuándo hay Judíos en Toledo?


La llegada de los judíos a la Península Ibérica todavía es en gran medida un misterio.

 Nunca sabremos cuándo precisamente llegaron nativos del reino de Judea al otro lado del Mediterráneo.

 Uno de los principales motivos es que los judeos que llegaron a la Península no se pudieron distinguir del resto de la población fenicia, oriental, o directamente romana que colonizaron lo que se llamó Hispania.




 Fue en época romana cuando se puede identificar a los judíos peninsulares como un grupo definido.

Bajorrelieve en panel sur del arco de Tito (siglo I d.C., Roma). Procesión de victoria romana sobre la primera guerra judía (66-73 d.C)

La tendencia historiográfica tradicional para entender la llegada de los judíos a la Península fue la de verlos como un elemento foráneo que se asentó en una Hispania cada vez más romanizada. 

Pocos plantearon esa llegada como parte íntegra de la romanización en sí, entendiendo la “romanización” como el proceso en que un territorio se integra en el sistema político, y las redes económicas de un Mediterráneo cada vez más unificado. 

Esto queda claro si analizamos los primeros materiales arqueológicos que atestiguan esta presencia judía hispana.

Historiográficamente existen testimonios, ya sean bíblicos como de autores clásicos que apuntan a una presencia hispanojudía a inicios del siglo I a.C. Según relata Flavio Josefo (Antigüedades de los judíos, XIV, 7:2), el geógrafo Estrabón ya apuntó dificultad de encontrar una región del mundo sin la presencia de judíos habitando en él, cosa que incluye Hispania. 

Asimismo, la aparente intención de Pablo de Tarso de visitar Hispania (Romanos 15:24-28) apunta a la presencia ya establecida de comunidades judías en esta región hacía mediados del siglo I d.C.

Arqueológicamente tenemos evidencia que hacía finales del siglo I a.C. o inicios del I d.C. ya había comunidades judías en algunas ciudades o centros hispanos. 

De esta época se fecha un ánfora con letras hebreas דו (leída como “do” o “dv”) en Mallorca que atestigua un contacto comercial con el reino de Herodes el Grande [Luis García Iglesias, Los judios en la España antigua (Madrid: Cristiandad, 1978), 50-51]. 

Fechado al siglo I d.C., previo a la destrucción del Templo de Jerusalén el año 70 por las tropas de Tito, son hallazgos numismáticos en ciudades antiguas de importancia como Ampurias (Emporion) o Mértola (Myrtilis, Portugal) con origen en Judea, afirmando la existencia de comunidades en contacto con la (entonces) rica provincia oriental [Eduardo Ripoll, José María Nuix, y Leandro Villaronga, «Monedas de los judíos halladas en las excavaciones de Emporiae», Numisma 26 (1976): 59-66; Rui M. S. Centeno y Valladares Souto, «Depósito de moedas da Judeia achado em Mértola», Nummus, 2a, 16-20 (1997 de 1993): 197-204.].

Existen varios factores que nos hacen entender por qué justamente es en el cambio de era, en época de la monarquía herodiana en Judea, surge la visibilidad de comunidades judías en la Península Ibérica. En primer lugar, a diferencia de épocas anteriores en la historia mediterránea, el siglo I a.C. se define por la cimentación definitiva de la Pax Romana. 

Si bien es verdad que el término en sí tiene mucho de propaganda del emperador Augusto más que una realidad cotidiana ya establecida hacía el siglo II a.C., lo cierto es que con el fin de las Guerras Civiles las rutas comerciales y, por ende, las de comunicación permitieron un fácil y seguro transporte de personas e ideas. Las comunidades judías ahora podían comunicarse con mayor facilidad con el reino de Judea.

Maqueta del Templo de Jerusalén de época herodiana (siglos I a.C. – I d.C.), en el Museo de Israel.

En segundo lugar, desde época de César el rey Herodes el Grande comenzó a establecer obras públicas de enorme calado en su reino, para entonces cliente de Roma.

 Esto se da con la construcción de Cesarea Maritima en la costa del Mediterráneo Oriental, y la monumental ampliación de la explanada del Templo de Jerusalén, hoy la explanada de las Mezquitas, cuyos restos se dan hoy día en el Muro de las Lamentaciones. 




Algunos autores señalan que no sólo se buscó congraciarse con el poder de Roma y afirmar su poder ante una élite local muy hostil a su reinado, sino además aumentar el peregrinaje a Jerusalén de personas de la periferia judea (como Galilea) o de la diáspora, menoscabando la influencia de estas élites [Martin Goodman, «The Pilgrimage Economy of Jerusalem in the Second Temple Period», en Jerusalem: Its Sanctity and Centrality to Judaism, Christianity and Islam, 1999]. 

Esta política parece haberse mantenido durante los reinados de los descendientes de Herodes, hasta la destrucción del Templo en el 70 d.C.

En tercer lugar, se da el desarrollo de un judaísmo integrado en el sistema imperial romano, permitiendo la presencia de estas poblaciones en varias ciudades en Hispania sin que pierdan su identificación como judíos. En realidad, conocemos muy poco de los rituales, organización, y vida social de las comunidades judías en la diáspora mediterránea previa a la destrucción del Templo. 

Sin embargo, sabemos que tenían el privilegio otorgado por el emperador Augusto de evitar el pago de impuestos como habitantes de poleis locales, reemplazándolo con el impuesto sagrado del medio shekel al Templo de Jerusalén.

 Esto fue una causa de profundas tensiones en ciudades de mayoría helénica en oriente, provocando disturbios en lugares como Alejandría en Egipto o Berenice en Cirenaica [Lo recoge bien Shim’on Applebaum, Jews and Greeks in ancient Cyrene (Leiden: Brill, 1979)].

Moneda del procurador romano en Judea Marcus Ambivulus, que gobernó entre los años 9 y 13 de nuestra era. Este tipo de monedas de cobre son los que se encontrarían en Mértola, aunque en Hispania la mayoría son de Valerius Gratus, entre los años 15 y 26.

Todo lo anterior nos apunta que la llegada de los judíos a la Península Ibérica, o al menos su visibilidad historiográfica y arqueológica, son producto de la romanización del Mediterráneo, y particularmente en Hispania.

Si bien esto debería ser evidente dados los testimonios, autores de importante calado académico en España presentan otro matiz. En su clásico de la historia judía, García Iglesias apunta a que los judíos eran imposibles de absorber por las comunidades que les acogieron, y en consecuencia se mantendrán como elemento foráneo durante los siglos venideros [García Iglesias, Los judios en la España antigua, 13]. Lo “romano” y lo “judío” se contraponen, cosa que luego se traduce a lo “cristiano” y lo “judío” en época posterior. 

En una línea similar está la obra de García Moreno Los judíos de la España Antigua. Siendo una obra contestataria a la de García Iglesias, sin embargo, concuerda en la separación de los judíos del resto de la población peninsular a su llegada. 

En su libro, García Moreno escribe sobre supuestas “aljamas”, y sobre todo la falta de integración socioeconómica de éstos en el mundo antiguo y tardoantiguo [Luis García Moreno, Los judíos de la España antigua (Madrid: Ediciones Rialp, 2005), 49-61].

Otros autores como Sayas Abengochea [«Cuestiones controvertidas acerca de los judíos en la Historia Antigua peninsular», en Espacio, Tiempo y Forma, II, Historia Antigua, 6 (1993)] y Gonzálbes Craivioto [ «En torno a los judíos en la Hispania romana», en Doctrina a magistro discipvlis tradita: estudios en homenaje al Prof. Dr. D. Luis García Iglesias, Madrid: Ediciones UAM, 2010], escribiendo ya en el siglo XXI, siguen la discusión sobre la representatividad de la evidencia arqueológica y epigráfica judía en la Península y su representatividad de la realidad social e intelectual de estas comunidades. 

Sin embargo, se evita cuestionar la supuesta contradicción artificial entre “romano” y “judío”. Se trata, en palabras del eminente historiador norteamericano Yossef Hayim Yerushalmi, de un “ghetto historiográfico” [«Medieval Jewry from Within and from Without», en Aspects of Jewish Culture in the Middle Ages, Nueva York: Albany: State University of New York Press, 1979]. O más bien en contexto español, una “aljama historiográfica”. Dicho de otro modo, de la marginación de la comunidad judía del devenir de la historia “habitual”.

En defensa de la producción intelectual española, cabe señalar que este mito no fue siempre dominante. Influido por nociones de un romanticismo nacionalista, con toques posteriores de positivismo historiográfico, José Amador de los Ríos (1818-1878) – junto con Adolfo de Castro en 1847 – será un pionero de la historia académica del judaísmo peninsular (si no el europeo) con su obra Estudios históricos, políticos y literarios de los judíos en España en 1848. 

En una de sus obras más tardías, la Historia social, política y religiosa de los judíos en España y Portugal (tres volúmenes, 1875-1876), Amador de los Ríos presenta una comunidad judía incapaz de producir un “arte propio” en el sentido nacionalista al carecer de un Estado. Sus logros arquitectónicos y artísticos son de la “civilización castellana” que deriva de la “latino-bizantina” peninsular, cosa que desarrolla en otras obras de décadas pasadas [Historia social, política y religiosa de los judíos de España y Portugal, Madrid: Imprenta de T. Fontanet, 1875].

Hejal de la Sinagoga de Samuel Haleví o del Tránsito, s. XIV (Foto: David Utrilla)

Por ejemplo: ¿Cómo uno explica la sinagoga del Tránsito en Toledo? Simplemente los judíos se hicieron “expertos” incuestionables de la producción cultural castellana. Para Amador de los Ríos, los judíos son precisamente exponentes de “lo hispano”, y no un elemento aislado del resto de la sociedad. 

Esto es lo que ciertamente se da en el caso de una de sus primeras publicaciones populares, Toledo Pintoresca, de 1845 [Toledo pintoresca, o descripción de sus más célebres monumentos, Valladolid: Maxtor, 1845].

Dejando de lado la postura de Amador de los Ríos, en el que el estilo artístico se vincula fuertemente a una idea de “soberanía nacional”, lo cierto es que su trabajo fue en gran medida innovador en el panorama intelectual europeo dominado por una admiración infantil a lo germánico/ario. 

Sin embargo, acabó siendo poco influyente, con el surgimiento de posturas más positivistas como las de Fidel Fita y Colomer (1835-1918), eminente epigrafista y hebraísta. En consecuencia, tanto en entornos españoles como internacionales, se afirmó la invisibilidad de la historia judía. En el mejor de los casos, se menciona como un capítulo o sección aparte, sin mucha relevancia para el devenir de los pueblos europeos y mundiales.

La evidencia arqueológica mencionada al inicio de este artículo, unido al creciente volumen de estudios sobre historia y arqueología judía en variados contextos, está forzando una revisión de las posturas ideológicas anteriores. La “romanización” implicó la integración y mixtura de etnias y comunidades religiosas distintas a lo largo y ancho del Mediterráneo. 

La visibilidad arqueológica no se limita a una reconstrucción de sociedades monolíticas representativas de las autoridades políticas y culturales, sino además nos presenta con minorías, conflictos, resistencias y heterodoxias. 

Asumiendo la existencia inevitable de tales minorías en sociedades del pasado, uno construye una imagen histórica más precisa y menos propensa a idealizaciones modernas. Por lo tanto, “lo romano” incluye “lo judío”, que no sólo se complementan, sino se contribuyen en el proceso de romanización de Hispania. Rompiendo este mito contribuye con una noción de la historia con mayor diversidad y, lo que es más importante, vacunada de muros divisores que imponen identidades arbitrariamente excluyentes.




Todo esto no responde a preguntas que siguen siendo pertinentes, a saber: ¿por qué llegaron los judíos a una tierra tan lejana como Hispania? ¿Cuál fue su relación con el Templo y Judea? ¿Cambió su vida drásticamente con la destrucción del Templo en el 70 d.C.? 

A partir del siglo II de nuestra era, ya en época del emperador Adriano y sus sucesores, las comunidades judías en el Mediterráneo empiezan a adoptar otras formas de expresar su identidad si nos guiamos por los epígrafes encontrados. 

Los judíos del siglo I, a diferencia de sus descendientes en época posterior, son menos explícitos con su judaísmo – a pesar o precisamente por la mayor tolerancia a esta identidad por parte de las autoridades romanas. 

No sabemos si se organizaban en sinagogas, como sus compatriotas en Roma capital o en la isla griega de Delos, donde se evidencian referencias y restos arqueológicos de sinagogas del siglo I d.C. Tampoco sabemos siquiera qué lenguas hablaban, aunque de paralelos en Roma se asume que mantuvieron un habla griega por mucho tiempo tras su llegada.

Sabemos muy poco, y no hay que pretender tener las respuestas a estas preguntas. Aun así, formularlas es ya una victoria ante siglos de marginación en la historiografía convencional. ¿Quién sabe? Puede ser que en un futuro cercano se podrán ver en museos a judíos viviendo (aunque no necesariamente conviviendo) en una vida romanizada junto a sus vecinos gentiles. Sin esta imagen a la antigüedad hispana faltará una pieza importante para entenderla.

por tulaytula | 31/Jul/2019

viernes, 25 de octubre de 2019

Arqueologia en la Atalaya de La Guardia, Toledo (y II)

Resultado de imagen de arqueologia Atalaya de La Guardia toledo

Respecto a la industria de hachas pulimentadas, procedentes del cerro de que se trata y de sus contiguos, podernos asegurar que es producto ele importación, pues ni la fibrolita, ni la diorita, ni la diabasa, son materiales litológicos propios de aquella facies geológica tereiaria, de los cerros que se extienden con su caraeterístico t'eliove tabular, en muehos kilómetros a la redonda. 

Únicamente la sierra de Mora ha podido proporeconar alguno de los materiales, pero no olvidemos la distancia que la separ'a de La Guardia, lo que confirmará nuestrn sospeeha y nos hará pensar en un intercambio comercial con otras tribus, antes que en un taller neolítieo, in situ. 

En el cerro practicamos algunos sondeos el día de nuestra excursión, especialmente en una de sus laderas, donde el señor Romero tenía referencias de unos labriegos acerca del hallazgo de una sepultura provista de su correspondiente losa, que al ser descubierta por unos campesinos, fué tapada inmediatamente, y sin tocar el esqueleto que contenía, por el temor que les inspirara el macabro hallazgo. 





Pero bien sea por la perfección con que fué de nuevo sepultada o porque no estuviesen seguros los que la descubrieron, del lugar en que lo realizaron, lo cierto es que no pudo darsc con el único hallazgo que hubiera podido ilustrarnos tanto, en cuanto se refiere a la arqueología y cronología prehistóricas de los primitivos habitadores del cerro. 

También tuvimos noticia de haberse hallado un esqueleto de niño, pero no pudimos ver más restos que un premolar y un trozo de vasija, muy pequeño, así como los fragmentos o astiles de ciervo, que se hallaron próximos a dicho esqueleto. 

En resumen: los hallazgos prehistóricos de La Guardia son datos dignos de tenerse en cuenta para un futuro venturoso en hallazgos, con estratigrafía, que esperamos no ha de tardar en venir, gracias al entusiasmo y al celo que, como buscador y aficionado a estos estudios, ha venido demostrando D. Vicente Homero, a quien esta Academia le queda muy reconocida, tanto por su actuación presente como por la que ha de seguir realizando. 

Así nos lo prometió y así lo esperamos. y con una promesa y una . esperanza, que es el emblema de la vida, emprendimos el regreso a Toledo, no sin antes volver la vista atrás para filosofar un poco acerca del problema interesante de geografía humana, que plantea la vida de aquel curioso pueblo manchego, con su vivienda semi-actual y semi-troglodita.. 


Toledo, 6 de abril de 1930.

jueves, 24 de octubre de 2019

Arqueologia en la Atalaya de La Guardia, Toledo (I)

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Hace algún tiempo que el vecino de La Guardia, D. Vicente Homero, persona muy culta y de carrera, comunicó a esta Academia que en el cerro denominado de la Atalaya, próximo al referido pueblo, venian apareciendo útiles de piedra y fragmentos de cerámica, de época prehist6rica, remitiendo, al propio tiempo, algunos do los hallazgos por él realizados. 





En vista de esto, la Academia encargó a los académicos Sres. San Román Fernández, Sánchez-Comendador, Homán y del Pan, que visitasen el lugar de los aludidos hallazgos, lo que verificaron el día 3 de abril del año actual. 

Naturaleza geológica del cerro de la «Atalaya»-

Resultado de imagen de la guardia toledo mapaEI pueblo de La Guardia es uno de tantos como hay enclavados en la llanura manchega; sobre el extenso manto mioceno de tierra parda, espeeie de sayal franciscano, se destacan toda una serie de ccrretes en forma de artesa volcada y de poca altitud, uno de los cuales se ve flanqueado por las tres series superpuestas de silos o cuevas, excavadas a fuerza de pico, por una buena parte del vecindario de La Guardia, que hace vida troglodita en la actualidad. 

Todos los cerros circunvecinos, al igual que en el que se asienta el pueblo, están formados por estratos de yeso compacto y de la variedad espejuelo, que alternan con arcillas y conglomerados. 

Cuando los hiere el sol, brillan algunos cual si estuvieran tachonados de brillan tos, por el sin número de cristalitos de sulfato cálcico, mostrando agudo contraste con la austera sublimidad y ambiente sereno y plácido, de la llanura suavemente ondulada que se contempla desde el santuario del histórico Niño de La Guardia. 

De la llanura sin fin, destácase solitario, como centinela avanzado, el cerro de la «Atalaya», especie de cono truncado, al parecer colocado allí por manos de titanes, pero en realidad modelado por la erosi6n de las aguas salvajes y de las grandes avenidas de época cuaternaria, que, en su circulación destructora, convirtieron a este mogote de yeso y arcilla, en un «cerro testigo», separado de los otros fronterizos, al correr de los tiempos geológicos,

 Su forma especial y su situación, hacen fijar en él los ojos, sin querer, es bien posible qne hayan sido la causa del sugostivo nombro que lleva on la actualidad, sin descartar que otros motivos de estrategia, en las edades hisóricas, le hayan hecho calitiear así. 

Los hallazgos prehistóricos.

Lo cncontrado por D. Vicente Romero en el cerro de la .Atalaya», es lo siguiente: Seis hachas-martillos neolíticas y dos hachitas de pequeñas dimensiones, de las consideradas como amuletos o bien votivas () de ofrenda, 

El material pulimentado de que están hechas, responde a tres diferentes substaneías: diorita, diabasa y fibrolita. 

Dos fragmentos de pedernal de dudosa talla, que es casi seguro sean dos eolitos naturales, Vados fragmentos de cerámica de tipo neolítico, así como también del bronce y hallstatianos. 

Debieron pertenecer, por su morfologia, a vasijas de variado aspecto, urnas, vasos calieifol'lnes, vasos·cuoncos, etc., de barro tosco y negruzco 1m; unos y de barro rojizo o negruzco, pero fino y brillante, los demás; estando unas veces rodeados de incisiones en los bordes, y otras provistas de mamelolles distribuidos por el exterior. 

Un molino de mano hecho de granito alterado. 

Punzón y puñal, toscamente fabricados con un húmero y un hueso metacarpiano de rumiante. Por último, trozos de cuernos de ciervo en avanzado estado de fosilización, y una espeeie de grueso adobe elipsoidal. 

Todos estos objetos han pasado, por donación, al Museo Arqueolúgieo provincial. 

Impresión de la visita al cerro de la «Atalaya» . .... 

Los objetos anteriormente reseñados, enumerados por el Sr. Homero, fueron recogidos en una excavaci6n irregular, hecha en la cima del cerro con el fin de extraer cantos rodados que sirviesen de grava para la carretera, 

No permiten, pues, las condiciones del hallazgo determinar niveles cuya estratigrafía pudiera proporcionar datos cronológicos concretos.

 La mayoría de dichos restos son hallazgos de superficie. 

Así pudimos comprobarlo, cuando galantemente conducidos al cerro do la «Atalaya» por el Sr. Homero, ascendimos hasta la cima después de recoger en sus laderas varios fragmentos de cerámica, de los muchos que yacían dispersos. 

Todo cuanto se iba encontrando, desparramabase sin orden ni concierto, como si hubiera rodado por la acción do Ias alguas salvajes o hubiese sido revuelto en aquellos sitios de la ladera destinados al cultivo. 

Nuestra impresión de conjunto es que por ahora no se puede hablar de la existencia en la Atalaya de un verdadero Yacimiento Arqueologico que debió existir, indudablemente, pero a cuya destrucción han contribuído las intemperies y las inexpertas y codiciosas manos do los «buscadores de tesoros.

No hay que echar en saco roto la leyenda qno circula entre las personas viejas del pueblo, respecto a que del cerro de la Atalaya» salen de vez en cuando damas o princesas moras, quienes estarian encantadas con Sus tesoros, acicate de la codicia de los lugareños. 




Quizás esto sea la causa principal del destrozo arqueológico de tan interesante cerro. 

No obstaute, los hallazgos hechos por el Sr'. Homero en un hoyo o excavaci6n, de unos dos metros, que hicieron unos picapedreros, hacen pensar' en la existencia de «fondos de cabañas  neolíticas», con su típico ajuar de percutores, molinos de mano, vasijas negt'as de forma de olla y cuencos, punzones de hueso y huesos calcinados, etc" mudos testigos de aquel primitivo sibaritismo de pueblos agricultores y ganaderos, cuya alimentación fuera a base de las semillas de sus pobres cultivos o de la carne de sus animales domésticos de apacentamiento, 

Cabe aún también hacer la consideración de que este cerro de la «Atalaya. pudiera haber sido el punto avanzado defensivo de un poblado neolítico, situado en los cerros fronteros, pero es algo aventurado por las circunstancias especiales en que, hasta aquÍ, se encuentran rodeados los hallazgos. 


miércoles, 23 de octubre de 2019

Necrópolis Casar del Asno: Menasalvas, Toledo


Esta necrópolis también conocida como del Cerro de le Corucha o tumbas moras, está situada a unos 7 Kilómetros de Menasalbas, a escasos 200mts. del embalse del Torcón y en plena cañada real Segoviana.




La necrópolis abarca una superficie de unos 150mts. de ancho por unos 200mts. de largo, en su núcleo principal, pues parece ser que 300mts al Sur y a orillas del pantano hay un grupo de 5 sepulturas que parte del año están cubiertas por el agua.


Esta necrópolis esta formada por una treintena de tumbas distribuidas en seis pequeños grupos de 3 a 7 ejemplares, y alguna sepultura suelta, están separados entre si como si formaran pequeños grupos familiares o de clanes diferentes.

Al igual que en la de Malamoneda la orientación de los sepulcros es muy diferenciada, pero la mayoría sigue el eje habitual Este-Oeste.


Los tipos de sepulturas que encontramos son muy variadas parecen evolucionar de las ovaladas y rectangulares a algunas que tienen el encaje de la cabeza, ligeramente marcado y a las antropomorfas con el encaje fuertemente marcado, que son las dominantes, alguna de las sepulturas está sin terminar.


ACCESO:

Existe una ruta marcada con letreros que desde Menasalbas en la carretera CM-403 y a la altura del campo de fútbol coge la pista conocida como camino de Robledo y se dirige al pantano para bordearlo y llegar a las sepulturas, nosotros al llegar al pantano nos fue imposible de vadearlo pues el agua estaba muy alta y buscamos una ruta alternativa que ahora describo.

Cogemos también en la carretera CM-403 pero 900mts. después del campo de fútbol o sea en dirección a Navahermosa, y a mano izquierda una pista ancha.




A 1,6 Km. se bifurca seguimos el ramal de la izquierda, la pista igualmente ancha va estrechándose paulatinamente, 3,5Km. después, de nuevo seguiremos el ramal de la izquierda y 800mts. después, otra vez el de la izquierda pero este en peores condiciones y más estrecho, en este tramo a nuestra izquierda en medio del campo podemos ver una roca con forma zoomorfa que por aquí dicen que es un posible berraco.


Seguimos unos 500mts y desembocamos en la cañada real que también cogeremos a la izquierda (de vuelta coger esté mismo camino nosotros intentamos salir por la derecha de la cañada real y nos quedamos atascados en el barro) seguimos por la cañada hasta que nos parece que empeora el camino y dejamos aparcado el coche para seguir andando 1Km. siempre a la izquierda hasta llegar a las sepulturas. (ver mapa)


COORDENADAS:

WGS 89
Lat. 39º37´04,6” Lon. 4º21´37,3”



martes, 22 de octubre de 2019

Suintila, el unificador de la Península Ibérica



Suintila fue el hoy casi desconocido primer rey visigodo que consiguió unificar la Península Ibérica. Reinó entre los años 621 y 631. Era hijo de Recaredo I y de su mujer Clodosvinta, princesa de Austrasia.

Carrera de Suintila

Fue un gran general, y ya desde el año 620 combatió a los bizantinos, que se habían establecido en la Península Ibérica en 620, a las órdenes del rey visigodo Sisebuto.

Suintila: Extensión del Reino Visigodo hacia principios del siglo VI.

En el convulso año de 621, fue elegido rey tras el fallecimiento de Recaredo II (en ese mismo año de 621 murió Sisebuto, reinó y murió Recaredo II y empezó a reinar Suintila).

Una vez con la corona bien asentada en su cabeza, se dedicó a combatir a los vascones, que hacían incursiones constantes de saqueo en la provincia Tarraconense, y uno de sus logros mas importantes contra los vascones fue conseguir una deditio (rendición incondicional), nunca antes lograda. 

Con los prisioneros vascones, construyó Oligicus u Ologite, que junto con Vitoria formaría una línea defensiva contra futuras incursiones.




Campañas de Suintila

Con los vascones sometidos, Suintila volvió sus ojos hacia los bizantinos que ocupaban desde el siglo VI algunas zonas de las costas mediterráneas en la franja costera que va desde Valencia hasta Cádiz

Nuevamente triunfó expulsandolos, y de esta forma completó la unificación territorial de la península, que había sido el sueño de todos los reyes visigodos anteriores.Tremis de oro acuñado en los tiempos de Suintila

La caída de Suintila

Aprovechando sus éxitos militares, decidió reforzar la autoridad del rey frente a la nobleza y la iglesia, que estaban logrando acumular progresivamente más poder. 

También quiso hacer hereditaria la monarquía y asoció a su hijo Ricimiro a la corona.Iberia en 586

Estos intentos provocaron una reacción contraria en algunos magnates y la iglesia, lo que fue el principio del fin para el rey Suintila.Suintila

En el año 631 Sisenando, gobernador de la provincia de la Narbonense (la Septimania en el sur de la actual Francia), organizó una rebelión que, con el apoyo extranjero de Dagoberto de Neustria, se fue extendiendo con sucesivas deserciones, incluida la de Geila, hermano del rey.

Finalmente el rey aislado fue depuesto. En el IV Concilio de Toledo del año 633, presidido por Isidoro, arzobispo de Sevilla, Suintila fue excomulgado y recibió el anuncio de la confiscación de todos sus bienes.

En ese mismo concilio, Sisenando fue legitimado como rey y también se estableció oficialmente el carácter electivo de la monarquía visigoda. Suintila murió un año más tarde, en el 634.



lunes, 21 de octubre de 2019

25 de mayo de 1590. Lucrecia de León frente a la Inquisición de Toledo. (y II)

Escapulario de seda negra con cruz blanca de algún seguidor de Lucrecia de León (AHN, Madrid).

Lucrecia y Mendoza habían violado el acuerdo. Ella salía del convento, visitaba las cuevas, siguió soñando y siguieron difundiéndose sus sueños aunque Mendoza se había comprometido a no hacerlo. Mendoza la había introducido en sectores cortesanos y apenas disimulaban ya sus intenciones: unidos alrededor de Lucrecia creyeron que podrían echarle un pulso al rey y a su gobierno.

 Justo entonces, en abril de 1590, Antonio Pérez conseguía escapar de la cárcel, llevándose miles de papeles y secretos de Estado que serían difundidos por Europa y servirían para alimentar la aún viva Leyenda Negra española. Fue entonces cuando se desencadenó una persecución contra los partidarios de Pérez, y entonces cuando Lucrecia fue considerada uno de ellos.

Lucrecia ante la Inquisición de Toledo

Hace exactamente 429 años que Lucrecia se enfrentó a la Inquisición de Toledo.

El primer paso que dio el tribunal fue requisar los papeles de Mendoza el 23 de mayo de 1590, unos 30 cuadernos con más de 400 sueños transcritos entre 1587 y 1590. Dos días después, el 25 de mayo de 1590, Lucrecia fue detenida siguiendo el procedimiento habitual del tribunal, sin decirle los motivos, sin que se registren en el proceso las causas.

 A la misma vez fueron detenidos Mendoza y todos sus colaboradores. Hacía sólo cinco meses que el clérigo había comenzado a difundir copias manuscritas de sus sueños entre los partidarios de Antonio Pérez. El 31 de mayo estaban ya todos en la cárcel de la inquisición de Toledo.




Durante los interrogatorios Lucrecia contó a los inquisidores que eran dos las cosas que le atormentaban: sus sueños y no haberse casado. Y es aquí donde se muestra nuevamente la verdadera Lucrecia, sin la manipulación de Mendoza. 

Porque el trato que la Iglesia dio a Santa Teresa, Catalina de Siena y otras mujeres visionarias fue distinto ya que podían estar equivocadas pero eran monjas y con buena reputación moral. 

Lucrecia no, nunca tuvo vocación religiosa, lo que le dejaba en una flaca posición ante los inquisidores. Unos meses antes de ser detenida se había comprometido secretamente con uno de los ayudantes de Mendoza.

Mantenerlo en secreto había sido una estrategia clara para no afectar a la reputación de casta y virtuosa de Lucrecia, pero sirvió de poco. Lucrecia fue detenida estando ya embarazada, con 21 años de edad, y fue madre en la cárcel durante el verano de 1590. Su hija vivió con ella en la celda de la prisión durante todo el tiempo que duró el proceso. 

Muchos meses en los que Lucrecia jamás escondió sus sueños políticos ni tampoco su sexualidad, pues por el proceso sabemos que discutía abiertamente con sus compañeras de celda y con conocimiento de causa sobre los distintos tipos de consoladores que empleaba en la cárcel y que alguien le suministraba. 

En una ocasión, después de escuchar a su compañera de celda describirle el que ella usaba hecho de piel de oveja, Lucrecia admitió sus preferencias: “el miembro de cierta madera, que no declaró, con gosnes, y con ciertas clavijas, y una funda de raso o terciopelo”, como el que también tenía una amiga suya de Madrid.

Al salir del espacio privado y doméstico en el que estaban obligadas a estar y tomar la palabra en público, las mujeres se convertían en transgresoras. Les quedaba sólo una defensa: decir que su conocimiento no era propio sino que tenía inspiración divina. 

Reprimirse, fingir, disimular, autohumillarse. Lucrecia jugó a presentarse como una víctima. Jugó con su condición de mujer, consciente del disimulo y “falta de talento” que se le presuponía, quejándose de que los que habían transcrito sus sueños “tenían la culpa por ser hombres y esta mujer (ella) a la que debían advertir”. Su inocencia era algo que no parecía preocupar a los inquisidores. 

Nunca creyeron, dado su carácter subversivo, que fuesen de inspiración divina, y empezaban a tener claro que Lucrecia pensaba, soñaba y decía lo que quería, más allá de las intenciones de Mendoza. 

Y sólo el demonio podía inducir a una mujer, siempre ellas, a soñar de la forma en la que Lucrecia lo hacía, promoviendo sublevaciones y una desobediencia generalizada al rey y a la Iglesia.

Los Cuatro jinetes del Apocalipsis (Alberto Durero, 1498)

Lucrecia siguió soñando a diario en la cárcel, lejos ya de Mendoza y de la campaña política orquestada a su alrededor. Siguió soñando que un dragón de 7 cabezas arrasaría España y que sería destruida primero y ganada después por el rey de Francia. 

La Inquisición había conseguido acallar y encerrar a Lucrecia la profetisa, pero no silenciar a la Lucrecia la soñadora, valiente, que escapaba a cualquier tipo de control y seguía manifestando sus políticas visiones sin tapujos. Y seguía manifestando un carisma excepcional y seduciendo a quienes la custodiaban. 

Convenció a sus carceleros y conquistó a algunos jueces, que comenzaron a darle un trato de favor que irritaba en Madrid al Consejo de la Suprema, la más alta institución ante la que respondían los tribunales como el de Toledo. Se hacía urgente acelerar el proceso y silenciar cuanto antes a Lucrecia, aunque su calvario realmente sólo acababa de empezar.

El 7 de diciembre de 1591 fue torturada: “y por estar negativa esta rea en lo que era acusada por el fiscal de las dichas comunicaciones le fue dado tormento, en el cual confesó muchas cosas”. Ninguna nueva, pues incluso bajo tortura dijo lo que ya había manifestado anteriormente, defendiendo sus sueños y culpando a Mendoza de haber orquestado una personal campaña política. 

Pero el proceso tenía que avanzar. En 1593, tras más de dos años de juicio y de estancia en la cárcel, se presentaron 78 cargos encabezados por 3 acusaciones generales:

– El origen de los sueños de Lucrecia no era divino porque estaban plagados de proposiciones escandalosas y falsas.

– Lucrecia pretendía difamar al rey y a sus ministros.

– Los sueños eran perjudiciales a la iglesia porque buscaban dar “ocasión a grandes disensiones y levantamientos no sólo de los reinos de España y los demás estados de Su Magestad pero en los demás así católicos como herejes”.

Los inquisidores, a la luz de las transcripciones de los sueños, añadieron una nueva dimensión al caso y Lucrecia fue acusada de cometer herejía, sedición, pacto con el diablo, blasfemia, falsedad y sacrilegio.

La Inquisición buscaba a toda costa que ella reconociese algo de culpa, que admitiese haber inventado los sueños, pero jamás lo admitió. Resulta difícil imaginar la perplejidad vivida por todos los inquisidores durante el proceso, creyendo que torturada, aislada, encarcelada y humillada admitiría los cargos y reconocería la culpa que se le quería imponer. Nunca lo hizo.

 Tras la acusación de 1593 fueron dos años más, hasta 1595, los que pasaron intentando vencer la tenacidad de Lucrecia, que tenía ya 25 años de edad y llevaba 5 en la cárcel. En junio de 1595 la Suprema se decidió a intervenir ante el fracaso del tribunal toledano. 




Ordenaron a los jueces que hiciesen a Lucrecia dos últimas preguntas antes de deliberar: ¿eran los sueños realmente sueños? ¿eran ilusiones diabólicas? Si lo reconocía, podría resolverse el juicio. Si no lo hacía, debería volver a ser torturada hasta que lo reconociera. Y como era de esperar, tampoco entonces lo reconoció.

 Fingió la invención de algunos sueños por ella, otros por Mendoza, y explicó que lo que dijo fue siempre por el bien del rey y de sus reinos. A pesar de ser torturada nuevamente jamás reconoció la culpa que querían imponerle. 

Lleno de contradicciones y sin unanimidad entre jueces, el juicio tenía que acabar por orden estricta del Consejo de la Suprema. Todos los jueces estaban de acuerdo en que las proposiciones de Lucrecia eran sediciosas, pero no había acuerdo en si ella había inventado o no con fines sediciosos los sueños. Aún así y a pesar de las diferencias, también tenían claro que no podían dejar a Lucrecia sin castigo.

Lucrecia sentenciada: ilusa y maestra de profetas

El final puede parecer sorprendente, a tenor del tesón de los inquisidores y la duración del proceso, pero no lo es, pues no existían pruebas ni testimonios para acusarla de lo que se pretendía.

 Lucrecia fue sentenciada a abjurar de forma privada de leví, la pena más suave de las que el tribunal de la Inquisición podía imponer, y su auto de fe se celebró en privado el 20 de agosto de 1595 en el patio del convento de San Pedro Mártir, para no generar escándalo y atracción hacia quien ya había alcanzado suficiente fama. Acudió vestida de penitente, con un sanbenito y soga alrededor del cuello y sosteniendo una vela en la mano. 

Fue azotada 100 veces, fue desterrada de Madrid y de Toledo y obligada a una reclusión de 2 años en un beaterio o convento. Cuando se le leyó el texto de la sentencia era realmente la primera vez en 5 años que ella escuchaba los delitos de los que se le acusaba, entre ellos de ser “madre de profetas” por haber animado a otros a predecir el futuro. Como tonta, ilusa o iludente fue juzgada.

Pieza perteneciente al proceso original de Lucrecia de León (AHN, Inquisición, Leg. 114, exp. 10). Portada moderna.

¿Qué pasó con el resto de protagonista de esta historia? Vitores, transcriptor de los sueños de Lucrecia por orden de Mendoza, con el que ella se había prometido en secreto y era el padre de su hija, fue absuelto y desterrado de Madrid, abandonando a su prometida y a su hija. Allende, el más estrecho colaborador de Mendoza, fue condenado a 1 año de reclusión en el convento que él eligiera, prefiriendo para su destierro primero el de San Juan de los Reyes y después el de franciscanos de Ciudad Real. 

Ni azotes ni escarnio público. En Ciudad Real fue apoyado por los frailes y llegó a ser comisario. Murió tranquilo, de anciano y acomodado en el monasterio.

Mendoza siempre se mantuvo firme como teólogo en su derecho de transcribir los sueños de Lucrecia, para estudiarlos y entenderlos. Pero también había escenificado unos brotes de cólera, atacando a los jueces y gritando en la cárcel, lo que hizo creer a los inquisidores que estaba falto de juicio. Y tuvo mejor suerte que ninguno de los procesados. 

El 9 de septiembre de 1597 se le culpó tan sólo con 2 años de reclusión en el monasterio de la Sisla, en una celda cómoda y decorada con paños y lienzos “para satisfacer a los ojos”, cama nueva, ventanas amplias y biblioteca propia. Ahí recibía a sus parientes y amigos, muchos, lo que hizo al prior del monasterio quejarse de que parecía más “casa de orates que de religiosos”. 

Tras la muerte de Felipe II en 1598, el influyente Mendoza fue puesto en libertad por Portocarrero, el nuevo inquisidor general, pero prefirió no abandonar su nueva y lujosa casa, donde siguió viviendo con sus cuadros y libros hasta que murió en 1603.

Es en este punto donde aparece el último gesto de mezquindaz en la vida de Lucrecia. La única institución dispuesta a acogerla a ella y a su niña de 4 años eran las Beatas de la Reina, a condición de que ella pagase los gastos. Alonso Franco, el padre de Lucrecia, que tenía dinero de sobra, alegó pobreza y se negó a socorrer a su hija.

 Lucrecia permaneció en el hospital de San Lázaro extramuros, rodeada de leprosos y mendigos, hasta que el 27 de octubre pidió ser llevada al de San Juan Bautista-Tavera, pero se negaron a aceptarla. 

La Inquisición volvió a escribir a Alonso Franco pidiendo dinero, pero el padre de Lucrecia ni siquiera contestó a esta carta. Aquí se le pierde la pista a ella y a su hija. Tenía 27 años y no hay un sólo documento que nos permita saber qué fue de ella tras el abandono absoluto de su familia y de quienes habían sido sus colaboradores y manipuladores. 

Parece obvio que no pudo volver a su casa familiar, repudiada por su padre, ni a una casa propia -que nunca tuvo- junto a su hija y a un prometido que también la abandonó. Es bonito pensar que quizá Mendoza la pudo acomodar a servir en casa de algún amigo toledano, y con ella a su hija pequeña, pero no hay prueba alguna de ello. La mendicidad o la prostitución serían entonces las únicas salidas que encontrase esta mujer.

Al abordar las vidas de las mujeres del siglo XVI siempre hay que ser cauteloso y no trasladar conceptos actuales al pasado. Lo tenían difícil para ser libres en sus acciones y expresiones, así que no es tan fácil decir que fue una valiente, aunque sin duda sí una mujer polémica.

¿Mantenida y manipulada por hombres? ¿Una ingenua como a veces quiso defender, que soñaba cosas y no era consciente de la implicación política de sus sueños? ¿Consciente de todo ello y de su papel como agitadora, que inventó los sueños sabiendo que atraía hacia ella oídos para escuchar sus opiniones políticas y las de su facción?

 Lo que está claro es que Lucrecia nunca hubiese trascendido sin la estrategia de Mendoza. Nunca podremos saber si soñaba lo que recogen los sueños transcritos por él, o si no soñaba exactamente eso y Mendoza lo distorsionaba en su propio beneficio. Pero sin duda sin la estrategia de copia y difusión manuscrita jamás hubiese trascendido.



La muerte y el demonio sorprendiendo a una mujer (Daniel Hopfer, c. 1520)

Y está claro también que fue una víctima de toda una honda tradición patriarcal y misógina transmitida y sustentada por fuentes médicas y teológicas que adjudicaban a las mujeres una naturaleza proclive al mal, a la debilidad, a lo diabólico.

 Por ese motivo también se desconfiaba de la palabra femenina. Existieron profetas mujeres, sí, pero sólo al inicio del cristianismo, cuando aún no estaba bien institucionalizado. 




Cuando se consolidó se marginó a la mujer y se bloqueó su acceso a la alta jerarquía del poder político, reservado a los hombres. 

Sería un profundo error hablar de feminismo para definir el posicionamiento de Lucrecia durante toda su vida, pero es innegable que durante todo el proceso buscó ocupar espacios tradicionalmente reservados a los hombres, y sobre todo ejercer su derecho a soñar, manifestar su opinión y elegir qué hacer con su futuro sentimental. Por eso lo que quizá no sea un error es pensar que también se habría acercado a votar este domingo si siguiese viva.


por tulaytula | 23/May/2019 

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