martes, 24 de febrero de 2015

La Muralla de Zocodover I

Al aparecer restos de un antiguo muro, durante el descombro que se realizaba en Zocodover el año 1941, el Director de nuestra Academia, D. Francisco de San Román, me animó para que procediera a su estudio, ofreciendo toda clase de facilidades por lo mucho que interesaba aquel descubrimiento.

Aun suponiendo las dificultades con que había de tropezar, acepté sus indicaciones, tanto por complacerle como por mi deseo de aclarar todo lo concerniente al recinto romano de Toledo, tan equivocadamente tratado.

 Imaginé desde el-principio que aquella muralla, que seguía la dirección de la fachada del Arco de la Sangre hacia el Alcázar, tenía relación con lo ya observado en la basé del torreón S. O., que podía ser su punto de arranque, y que,. por el interior de las casas de la calle de las Armas, continuaba hasta el paseo del Miradero; pues los sillares que parecían haber formado esquina en la casa núm. 4 de la travesía de Santa Fe, pertenecían al paramento exterior de la muralla. 

El estudio de estos restos era difícil por tratarse de un descombro y no de una exploración arqueológica.

Tuve que limitarme a obtener un croquis del conjunto de la muralla (Lártl. XlII) , Y algunos dibujos de los sitios de mayor interés; encargando, por último, se hiciese un cierto número de fotografías que, una vez desaparecida aquélla, dieran idea exacta de todo lo descubierto (Láms. 1 a VI). 

Entre los restos arqueológicos, procedentes de distintas reconstrucciones, que fueron apareciendo, figuraban fragmentos de frisos con decoración visigoda, descubriendo el 22 de Mayo una estela romana, de granito, partida y muy deteriorada, que se encontraba a nivel del suelo. Todos pasaron al Museo Arqueológico Provincial, con los encontrados entre los escombros, después del derribo de la muralla .

En la sesión celebrada por la Academia el día 30 de Mayo, dí cuenta de las observaciones realizadas, por medio de la siguiente nota:

Los trabajos de descombro que se realizan en la Plaza de Zocodover, me han ofrecido ocasión para continuar las observaciones y notas que, acerca de las murallas, puertas y puentes de Toledo, he presentado a nuestra Academia en diversas ocasiones. 

Los trabajos indicados han puesto al descubierto los restos del muro que, según los historiadores, unía el Alcázar o fortaleza de la parte más elevada de la ciudad, con el que ocupaba el sitio donde se edificaron después los conventos de Santa Fe y la Concepción.

Esta muralla nos era desconocida, deduciéndose su existencia, no sólo por las referencias de cronistas e historiadores, sino también por el Arco de la Sangre, que parecía confirmarla, y por las observaciones que pudieron hacerse al realizar en aquel sitio obras para la alcantarilla del evacuatorio de Zocodover, 

Debieron conocerla sin duda los historiadores del siglo XVI por causa del gran incendio de 1589, que redujo a escombros la mayor parte de las casas de esta plaza, y esto explica las palabras « ... e1 muro que hasta hoy va desde este Alcázar al de Galiana» empleadas por Pisa.

La muralla descubierta tiene 2,60 metros de espesor, y venia sirviendo de separación entre los sótanos de la plaza y los de la calle de Santa :re, y de apoyo o cimentación a la medianería de las casas construidas sobre ellas, Presenta, por esto, huellas de utilización, especialmente por la indicada calle, unas veces para paso y otras para hueco de escaleras, alacenas, etc. 

Su construcción presenta gran desorden y repetidas reconstrucciones 'hacia la calle (Lám. 1), y por la parte de Zocodover abundan los sillares romanos (y tal vez algunos prerromanos), colocados unas veces en obra y otras, las más, como material aprovechado en las distintas reparaciones. Entre ellas se encuentra tendida, casi a nivel del suelo, una estela sepulcral de 1,98 por 0,38 metros. Es, por el estado en que se encuentra, de dudosa lectura, apreciándose claramente al principio las iniciales D. N. De los estudios realizados, deduzco que este muro se extendía en dirección N. a S., desde el Miradero hasta el Alcázar. 

Fijamente se encuentran señales de su construcción en la pared de una de las casas situadas en la travesía de Santa Fe (Lám. 1) y en toda la extensión de la plaza (Lám. ll), siendo muy verosímil que estén en relación con la obra de sillería que, según observé a principios de 1936, servía de base al torreón SO. del Alcázar, y tal vez de cimentación a la fachada occidental. También se rastrea esta muralla siguiendo la línea recta en el muro de Santa Fe, desde la escalerilla del Miradero a la esquina, frénte a la caseta del guarda. Sería muy interesante descubrir el paso que seguramente existió en la muralla para comunicar una parte y otra de la ciudad, ya que no pudo ser el Arco de la Sangre por estar construido sobre restos del muro antiguo. Tal vez pueda esto aclararse cuando se excave la parte de sótanos de la calle de Santa Fe.

Es muy aventurado hablar todavía del destino que pudo tener esta muralla, que me pareció desde luego de separación entre lo que pudo ser acrópolis de la primitiva ciudad, o sea la parte alta y oriental de Toledo y el resto de la población.

De la principalidad que debió tener esta parte, y de su natural y lógica separación, nos da perfecta idea, aun en su aspecto actual, la fotografía de Aviación Militar que reproducimos (Lám. X). La observación de otra, nos demuestra el notable paralelismo que existe entre los grandes edificios de esta zona, cuyas principales lineas tienen en perspectiva el mismo punto de concurso. en el horizonte (Lám. XII).

Pedro Román Martinez, de la Real Academia de Toledo
Fuente:
http://www.realacademiatoledo.es/files/toletum/1059/01.pdf

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