sábado, 8 de septiembre de 2018

Por el Bajo Alberche ,,,hasta la Desembocadura

BAJO ALBERCHE 
Detalle del rollo de Cardiel de los Montes

Vamos a seguir descendiendo el río por el último tramo, el más llano, arenoso y plácido que, aunque está sitiado por urbanizaciones abusivas, mantiene un bosque de ribera que sorprende por su gran belleza. 

Densas alamedas naturales o repobladas, alisedas y fresnedas que se prolongan por los arroyos tributarios y saucedas que festonean el cauce hacen muy agradable el paseo por la zona contemplando las arboledas y las viñas silvestres y el lúpulo y las hiedras que trepan por sus troncos y ramas. 
















Incluso hay algunas zonas pantanosas con pequeñas pozas en la zona de El Casar. 

En la orilla izquierda discurrimos por el término de Nombela, y otros pueblos ya en el ámbito de la Sierra de San Vicente de los que hablaremos en otros capítulos. 



En la orilla derecha se encuentran otras dos poblaciones que pertenecieron al señorío de Escalona.Paisaje del bajo Alberche

Hormigos es una pequeña aldea del señorío de Escalona cuya iglesia es del siglo XVII, construida en ladrillo pero con una parte granítica con restos de una espadaña de mayor antigüedad. 

Encontramos en un paseo por el casco algunas casas de arquitectura tradicional de interés.En algunas zonas del bajo Alberche podemos ver el lúpulo subiendo por las ramas del arbolado.

Río abajo nos encontramos con El Casar de Escalona que antiguamente se llamó El Casar de Alberche. 

Los lugares hoy despoblados de El Bravo al sur, y Hortúm Sancho, junto al río, estuvieron en el término de El Casar, que cuenta con poco patrimonio histórico en su casco urbano. 

Su iglesia parroquial está construida en ladrillo y canto rodado, destacando la torre y los aleros de ladrillo aplantillado del ábside y el crucero. 

También tiene cierto encanto la ermita de San Roque a las afueras del pueblo.Arenales del Vado de San Benito en el Alberche

Podemos recorrer las riberas por un camino paralelo al río hasta llegar al reculaje del embalse de Cazalegas.

 Muy cerca se encuentra la pequeña localidad de Cardiel de los Montes, cuyo nombre han relacionado unos eruditos con los cardos y otros con los jilgueros (“carduelis” en latín). 

Es lugar que se sitúa junto a un antiguo vado del Alberche al que protegía la atalaya que da nombre a una urbanización cercana. 

En esta zona el río se remansa y es agradable navegar en piragua entre sus saucedas y carrizos. 

Perteneció el lugar al marqués de Navamorcuende hasta que se independizó judicialmente con el privilegio de villazgo que es simbolizado por el magnífico rollo erigido en la plaza.Cormoranes en las choperas del Alberche

En las relaciones de Felipe II se dice que los vecinos consideraba a Cardiel el pueblo más antiguo de la zona y que había un despoblado con ruinas de una iglesia en el lugar llamado Casas del Bispo. 



En ese mismo documento se describe así nuestro río:

“Que cerca de dicha villa pasa un río que tiene por nombre Alberche, el cual de invierno es muy caudaloso y de verano tiene poco agua, el cual no tiene frutales en las riberas, ni árboles algunos, ni otro aprovechamiento que el abrevadero de ganados, porque la dicha ribera son grandes barrancos. 

El río por la parte de la villa no tiene puente ninguno sino una barca que es del señor don Enrique, en el que llaman puerto de Atacón. 

En dicho río se crían bogas, y barbos y peces más pequeños que se pescan con mangas y cestos y, en tiempos de desovadero, con atarrayas para la rexaca”.



La tupida vegetación ribereña del Alberche forma verdaderos manglares en algunas zonas

En el lugar ribereño de El Rincón hay un paraje en el que las praderas llegan hasta el río y las gentes acuden a disfrutar de un buen día en el campo. 

También hay en el pueblo dos viejas fuentes, la del Arco y la Fuentona.

La iglesia se construye en varias fases que comienzan en el siglo XIV y conserva tallas de antiguas como las de Santa Brígida, San Gregorio o San BenitoLavanderas en el Alberche a su paso por El Casar

LA EXCURSIÓN

El recorrido que planteamos para conocer estos pueblos y los parajes de su entorno parte del puente de la carretera que une la Nacional V con Cardiel de los Montes cuando cruza el Alberche. Un poco antes de llegar al río sale un camino que nos llevará paralelamente al cauce, aunque nos podemos acercar al mismo por caminos trasversales que a veces se dirigen a antiguos vados.

Es el caso del vado de San Benito por el que si el río no lleva mucho caudal podremos cruzar a la otra orilla con facilidad para dirigirnos hacia Cardiel a través de un paisaje de hermosas dehesas y sotillos de fresnos que festonean los arroyos.

Desde Cardiel podremos bajar de nuevo hasta el Alberche por la carretera o por un camino paralelo a la misma que nos lleva hasta el reculaje del embalse de Cazalegas. Allí cerca podremos visitar el paraje de El Rincón.

Si no podemos cruzar el Alberche la alternativa es subir hasta El Casar de Escalona para después volver por los caminos y cordeles indicados hasta nuestro punto de partida, aunque este es un recorrido mayor, recomendable en bicicleta o todoterreno pues son unos 30 kilómetros.

Recorrido aproximado primera parte 15 kilómetros, 4 horas. Segunda parte treinta kilómetros.

Las barranquillas de la orilla norte del embalse de Cazalegas

HACIA LA DESEMBOCADURA

La localidad de Cazalegas cuenta con numerosas huellas del paso de los romanos, que incluso puede que dejaran el nombre de Cazalia al lugar. 

Daremos una vuelta por su caserío contemplando algunas de sus viviendas que tienen una curiosa decoración en sus revocos con esgrafiados, técnica de tradición segoviana que es única en la comarca. 

La orden de Calatrava tuvo aquí casas y una torre y también hubo algunos palacios como el de los condes de Aguilafuente. 

 San Vicente Mártir es la advocación de la iglesia parroquial construida en ladrillo, y en su honor se hacen las fiestas con gran hoguera en la plaza.Embalse de Cazalegas

Volvemos a descender hacia el río donde se encuentra el mayor atractivo de Cazalegas, la presa del Alberche, que sirve como azud para desviar el agua por el canal construido a finales de los años cuarenta para extender el regadío a la vega talaverana. 

Las obras de los canales y el embalse fueron en su mayor parte realizados por los presos forzados republicanos de la Penitenciaría de Santa Apolonia en Talavera. 

La orilla izquierda del embalse está ocupada por una urbanización, pero en la orilla derecha hay un camping y fue durante los años setenta una verdadera playa en la que acampaban cientos de familias que provenían en gran parte de Madrid y que disfrutaban del baño y del embarcadero, donde se podían hacer viajes en una barcaza de recreo. 

Hoy se quiere reactivar el turismo, que también puede disfrutar de los agradables parajes del vivero de Obras Públicas que se extiende por esa misma orilla. 

En la orilla de enfrente, aguas arriba de la urbanización, el paisaje es diferente, una gran dehesa con pequeñas barrancas en la ribera.Patio de Las Torres de Salinas

Desde el embalse el río continúa descendiendo y pasa por el antiguo vado de la Cabra, por donde cruzaban gentes y ganados si había estiaje. 

Cerca se encuentra la finca de Salinas donde se encuentra una pequeña laguna salada que en tiempos fue explotada para extraer la sal, como la del arroyo de la Sal que discurre cerca, camino del Alberche. 



Desde aquí hasta la desembocadura en el Tajo pasamos por una zona que tanto en la Batalla de Talavera en 1809, como durante la Guerra Civil formó parte de la línea del frente entre los dos bandos. 

Los franceses vadearon el río por sorpresa en cierta ocasión y lord Wellington que mandaba las tropas inglesas fue cogido por sorpresa en la labranza de La Torre y hubo de salir precipitadamente para salvar su vida. 

Junto al puente del Alberche se conservan varios búnkers que fueron construidos por las tropas nacionales para batir el puente e impedir los intentos de recuperar el terreno por los republicanos.El embalse de Cazalegas con la sierra de San Vicente al fondo

Las inmediaciones del puente por el que atraviesa la vía del tren fueron utilizadas por el rey Alfonso XIII en cierta ocasión en que pasando hacia Extremadura paró a merendar con toda su comitiva. 

El siguiente puente es el que actualmente da servicio a la nacional V y se construyó en los años cuarenta. 

Junto a él se encuentra el viejo puente que desde los romanos, según atestiguan los restos de algunos de sus tajamares, sirve para cruzar el Alberche. En la orilla izquierda, estaba la Venta del Alberche, hoy completamente arruinada. 

Junto a ella se cobraban pontazgos y el impuesto de la asadura, que percibía la Santa Hermandad en concepto de protección por esta institución de policía rural a los ganados trashumantes que cruzaban las tierras de Talavera.zulejo de Ruiz de Luna como muchos de los rótulos de los canales del Alberche

Siempre fue lugar de paso, frecuentado por ganaderos, soldados, prostitutas, pícaros y jugadores. 

La comarca que se encuentra entre el Tajo y el Alberche fue tierra de Talavera que se llamaba el Horcajo, debido a la horca o “Y” formada por los dos ríos. La zona más próxima a la desembocadura es el Soto de Entrambosríos. En la zona se han hallado tres verracos que atestiguan la presencia vetona. 

Cuando el Alberche va crecido por lluvias y deshielos y el Tajo también lleva elevado caudal, el agua inunda Talavera corriendo a través de la vieja cañada, como nos explica el dicho: “Si el Alberche y el Tajo se amistan, Talavera Dios te asista”.

Podemos volver a Cazalegas por el antiguo cordel que sigue el trayecto indicado.

LA EXCURSIÓN

El embalse a la desembocadura

Después de disfrutar de las riberas del embalse de Cazalegas seguiremos bajando por la orilla norte y recorriendo las riberas del Alberche hasta el puente de la antigua Nacional V, donde podremos observar los búnkers que defendían el paso en la Guerra Civil, el viejo puente tantas veces derruido por las avenidas del Alberche pero en el que podemos ver las bases de los tajamares de probable origen romano y, ya derruida, la antigua venta que tantos viajeros vio pasar. Seguiremos hasta la desembocadura del Alberche en el Tajo y volveremos al pueblo por el cordel tal como se indica en el texto.

Recorrido aproximado 15 kilómetros. 3 horas y media

http://lamejortierradecastilla.com/alberche-19-por-el-bajo-alberche/
http://lamejortierradecastilla.com/alberche-20-hacia-la-desembocadura/

viernes, 7 de septiembre de 2018

La increíble historia de Francisco Hernández de Toledo 1571…la primera expedición científica de la historia moderna (II)

Una ciencia, la medicina que surgía luminosamente buscando nuevos caminos tras las brumas del medioevo.




















El mayor laboratorio de destilación del mundo

Debió ser impresionante. Al menos las fuentes nos hablan de lo fabuloso y fantástico que resultaba, del enorme esfuerzo que supuso levantar todo aquello en El Escorial.

El laboratorio de «destilación» anejo a la botica del Escorial estaba dotado de un magnífico equipo que esperaban aquellas plantas.

En su Historia de la Orden de San Jerónimo, allá por 1605, José de Sigüenza expone como aquello fue construido por iniciativa personal de Felipe II y habla con admiración de los aparatos instalados en sus once habitaciones; «con que se hacen mil pruebas de la naturaleza y que con la fuerza del arte del fuego y otros medios e instrumentos descubren sus entrañas y secretos”.


Su testimonio es el de un profano que ve «pruebas de cosas maravillosas», que resultaba claro que allí se obtenían «quintaesencias y aceites», se preparaban y destilaban de muy diferentes vegetales y minerales, así como preparados alquímicos, entre ellos, el llamado «oro potable».


Todo aquello suponía una auténtica revolución biológica, medica y farmacéutica.

Parecida es la actitud de Jerónimo de Sepúlveda: «¿A quién no admiran aquellas máquinas tan grandes de sacar aguas por vidrios?.

Toda aquella factoría de destilación, aquellas calderas y alambiques, probetas y demás placebos alimentarían el inconsciente colectivo sobre los descubrimientos, incluso alquimistas, durante siglos. Se trataba de aquel gabinete misterioso, aquel taller y laboratorio del Escorial.

En 1587, el mismo año de la muerte de Hernández, apareció la primera edición del libro de Francisco Valles, en la que su autor se refirió en términos muy generales e imprecisos a la expedición y a la Historia de las plantas de Nueva España, en relación con los jardines reales:

«Felipe II, mi señor, ha gastado mucho dinero para que se traigan remedios medicamentosos de América y del resto del mundo y para que se cultiven en jardines plantas medicinales, así como para que se realicen estudios sobre la historia natural americana».

El rey del mundo necesita encontrar nuevos remedios, nuevas medicinas.

La auténtica impaciencia del rey por ver los resultados de la labor de Hernández en su importante misión, hizo que en agosto enviara dos órdenes casi consecutivas a su oficiales en Sevilla para que «enviáseles a esta corte las cajas en que vienen los libros que envía el Dr. Francisco Hernández … y las cajas vengan a muy buen recaudo y de manera que allá no se abran en manera alguna ni que en el camino se puedan desclavar».

Como si se tratase de una película de aventuras, el rey manda a unos expedicionarios a tierras lejanas y está impaciente por ver los resultados.

La imagen, en el puerto americano, estibando decenas y decenas de cajas provistas de aquella colosal expedición científica debió ser proverbial.

Hernández tenia que soportar las prisas y premisas del monarca, no debía ser poca la cosa.

Por esas fechas Felipe II no podía firmar con facilidad ya que sufría una fuerte artritis que le paralizaba la mano derecha. El gran monarca del mundo entraba la década de los setenta con un aspecto envejecido por las responsabilidades, por el trabajo diario y algunas de sus múltiples enfermedades que lo minaban. El futuro y la ciencia formaba parte de la solución al problema.

Eran unos 70, los médicos de cámara que estaban pendientes diariamente del Emperador. Catedráticos de Alcalá o de Valladolid, con personajes como el famoso licenciado Mochales, médico del hospital real de Santiago o Francisco de Cocarrubias a su continua sombra.

 Una medicina aún antigua, que funcionaba bajo el influjo de Dioscórides, a base de remedios preparados en botica en forma de jarabes, píldoras, ungüentos y emplastes.

Y por supuesto, las famosas y dolorosas sangrías.

De ahí, pasábamos al aceite de Láudano o la tritura de perlas o el aceite de vitriolo, todas estas extraídas de plantas naturales.

De ahí que por allí pululasen Luis de León, Francisco Holleue o Juan Vicencio, maestros en destilación obtenían plantas para experimentar, germinar, sembrar y estudiar en los alrededores de los palacios de El Escorial, Aranjuez o Segovia.


Es en este contexto donde se entiende perfectamente el secreto e importante misión que tenía Francisco Hernández en América. Y junto a él, muy cerca un personaje muy curioso llamado Fragoso. Personaje que bebe del manantial de Paracelso y que confesó haber leído su cirugía.

 Con continuas alusiones a Falopio o a Gesner, Fragoso por aquel entonces ya era un gran conocedor de las drogas asiáticas y su relación con las plantas que los Españoles extraían y traían por las rutas marítimas de las Indias Orientales.

Su estela influiría notablemente en la botánica del momento. Un manual, “Emfermedades contagiosas y la preservación de ellas”, de 1569, crucial para que Felipe II mandase encontrar plantas medicinales a toda costa. ¿Y si en América se encontrase las soluciones a todos esos males?.

Y a toda costa se convirtió en una gran aventura, una de esas que se torna irrepetible en la vida. A ello se empeñó Francisco en cuerpo y alma.

Sin lugar a dudas hizo «el estudio de su vida». Hoy en día sería una de esas grandes expediciones publicadas a lo largo y ancho del planeta.

En su momento, la ardua labor del Toledano, supuso una epopeya épica.

Su saber y entender le dejó bien claro que la fauna y la flora debía ir unida en su estudio del descubrimiento de aquel nuevo continente.

Junto a su impresionante herbolario, viajarían en las bodegas de los galeones las descripciones de 400 animales incluyendo mamíferos, ovíparos, insectos, reptiles y 35 minerales usados en medicina.

En algunos casos viajaban por mar incluso las propias pruebas vivas.

Al mejor estilo Darwin en el “Beagle”, con la única diferencia que paradójicamente la del británico fue la que pasaría a la historia y esta se produciría casi tres siglos después.

Nada más y nada menos que siglos después como luego veremos.


Los resultados son impresionantes, a priori se le debe a Francisco Hernández, el descubrimiento occidental de la piña, el maíz, el cacao, las granadinas, el achiote, ají o chili, la datura estramonium, el maracuyá, tabaco y el peyote. Hernández identificó las aves en su nombre Náhualt a partir de los cuales es posible clasificarlas.

Su obra, que comenzó siendo una expedición para buscar nuevos remedios «medicinales», terminó siendo la enciclopedia de historia natural más importante del mundo sobre América.

Todo un legado, que hoy en día, definiríamos, como único. Y tuvo unas consecuencias singulares.

El empeño de Hernandez por la gran obra naturalista

Hemández reiteró su promesa, indicando que eran dieciséis los volúmenes que iba a remitir y que se enviarían prontamente.

El envío se hizo finalmente en la última semana de marzo de 1576, hecho sobre el que informaron al monarca casi simultáneamente el virrey Henríquez de Almansa, los oficiales reales de México y el propio expedicionario.

“Entregados tengo a los oficiales reales, para que envien a V.M. con el armada que al presente está para partir, diez y seis cuerpos de libros grandes de la Historia Natural de esta tierra», decía éste en su carta.

 Y volvía, posiblemente tras terminar o al menos dejar medio terminada aquella impresionante obra de arte;

 «No he respondido a la carta de V.S. esperando se acabase primero la del Libro de los animales de las Indias, el cual no he dexado de las manos un solo día hasta acabarle».

 Tras elliber unus, relativo a los cuadrúpedos, se transcriben los de las aves, reptiles, insectos y animales acuáticos y, por último, el de los minerales.

«No van tan limpios, ni tan limados, o tan por orden (ni ha sido posible) que no deban esperar la última mano antes que se impriman, en especial que van mezcladas muchas figuras que se pintaban como se ofrecían». la fechada el 31 de marzo de 1574 decía, por ejemplo:


 «Yo he andado casi un año cuarenta leguas a la redonda de México por diversos temples de tierras … en la cual peregrinación acabé y mejoré casi siete volúmenes de plantas pinctadas y otro de muchos linajes de animales peregeinoa, sin [contar] otros dos volúmenes que vinieron en esquizos o pinturas pequeñas».

Un apasionado por hacer correctisimamente su trabajo. Su obsesión por el detalle, le lleva hasta a elegir las cajas de colores, el color exacto de las vayas, los plumajes carmesís y cobaltos de las aves.

Publicado por Javier Noriega el Jun 7, 2016
http://abcblogs.abc.es/espejo-de-navegantes/2016/06/07/la-increible-historia-de-francisco-hernandez-1571-la-primera-expedicion-cientifica-de-la-historia-moderna/

jueves, 6 de septiembre de 2018

Arquitectura popular de la Calzada de Oropesa

Casa de la Hidalga en Calzada de Oropesa

Resultado de imagen de Calzada de Oropesa mapa













Es una localidad de la Campana de Oropesa que como tal está situada en el Campo Arañuelo y es limítrofe con tierras extremeñas, influencia que se deja notar en su arquitectura. 



La mampostería de granito y algo de pizarra así como el adobe son los materiales más empleados, aunque el ladrillo y la sillería se emplean en las edificaciones y casonas de las clases más pudientes.

Portada de una vivienda en La Calzada de Oropesa

La Calzada cuenta con algunas casas solariegas y viviendas más humildes de típica arquitectura popular que nos invitan a dar una vuelta por el pueblo.Arquitectura popular de Calzada de Oropesa













Las viviendas modestas suelen estar construidas en adobe con un zócalo de mampostería de pizarra y granito. 






Los huecos son pequeños y sus paredes enjalbegadas. 

En el diccionario de Moreno Nieto de 1960 se dice que las cuadras y pajares están dentro de las viviendas, que los tejados son de regular inclinación y que la lumbre es baja con chimenea de campana.

Cerradura de una vivienda de Calzada de Oropesa

Abundan las puertas carreteras con su tejaroz y algunas portadas se realzan con jambas y dinteles de granito a veces rematadas en arco de medio punto.

Muchas de las portadas de Calzada están rematadas en arco de medio punto

Entre las viviendas de más prestancia destacan la antigua casa de los presbíteros y canónigos del siglo XVI al XVIII, la casa curato del XVII, o la casa de los Tebar también de esa centuria, además de algunas viviendas decimonónicas de empaque como la casa de la Hidalga, la casa de La Castilla, la casa de los Huertas Vega y algunas más repartidas por el casco urbano. 



Las portadas con arco de medio punto en piedra nos recuerdan a las viviendas extremeñas.Casa curato de La Calzada de Oropesa

Desde el punto de vista etnográfico debemos destacar también la existencia de varios lagares,


 uno de los cuales, en la llamada Casa de la Hidalga, es de los tradicionales de viga con tornillo de madera y se encuentra junto a un gran número de útiles y herramientas de la cultura rural de La Calzada.

Otras dos casonas de La Calzada de Oropesa

También se reparten por el término algunos hornos de tejares.

El denominado ventorrillo daba servicio a los trashumantes que recorrían las cañadas y cordeles que surcan el término.Vivienda humilde en La Calzada de Oropesa

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miércoles, 5 de septiembre de 2018

La increíble historia de Francisco Hernández de Toledo 1571…la primera expedición científica de la historia moderna (I)


Empresa verdaderamente grande para ponerla en competencia de Alexandro con Aristóteles; y aunque no está tan acabado este trabajo como pudiera, es un más que principio para los que quisieren llevarla al cabo; no es negocio que puedan abarcarlo las fuerzas de un solo hombre.

Están estos quince tomos encuadernados hermosamente, fuera de lo que en esta librería es usado, cubiertos y labrados de oro sobre cuero azul, manecuelas, cantoneras y bullones de plata muy gruesos y de excelente labor.



Juan de Siguenza, bibliotecario de El Escorial

En la librería, hay una curiosidad de grande admiracion y estima, que es la Historia de todos los Animales y Plantas de las Indias OccidentáIes, con sus mismos nativos colores.

 El mismo color que el árbol y la yerba tiene en raíz, tronco, ramas, hojas, flores, frutos, el que tienen los animales, las hermosisimas plumas de tantas extrañas aves … cosa de gran deleite y entretenimiento, y digna del ánimo y grandeza del fundador de esta libreria, que encomendó tal empresa al Doctor Francisco Hernández, natural de Toledo, para aumentarla con novedad tan rara» 

“Este doctor se ha prometido muchas veces enviar los libros de esta obra y que nunca lo ha cumplido; que se los forme y los envié en la primera flota a buen recaudo»
Carta del Emperador Felipe II a Francisco Hernández. México, 20 marzo 1575. 

“A la naturaleza hay que sentirla; quien sólo ve y abstrae puede pasar una vida analizando plantas y animales, creyendo describir una naturaleza que, sin embargo, le será eternamente ajena”. Carta de Humboldt a Goethe del 3 de enero de 1810.

Fue posiblemente la primera gran expedición científica del mundo moderno. Ríete tú de las exploraciones del National Geographic y del Attenborough.

Aquel tal Francisco Hernández, oriundo de la Puebla de Montalban (Toledo), recorrió tozudamente kilómetros y kilómetros de Terra incógnita para descifrar los secretos botánicos que contenía aquel nuevo continente.

Hernández era el primero que llegaba a América con una misión que no era diplomática, ni secreta, ni de estado, ni religiosa, cosa rara en el mundo de entonces. Su misión era total y absolutamente científica.
Era tal la oportunidad que se abría ante él. Y allí que iba, con sus lápices y sus papeles a cuestas, con su hijo mayor Juan, con varios dibujantes, escribientes, algunos curanderos indígenas, mozos de mulas y su poderosa convicción entre cejo y cejo, con pocos mapas y mucha determinación.






Después de estudiar Medicina en la Universidad de Alcalá, ejerció su profesión en Torrijos y bregando en los hospitales del Monasterio de Guadalupe, en los que realizó disecciones de cadáveres y se curtía en lo indiano, todo lo que caía en sus manos en aquel centro neurálgico del nuevo mundo que se erigía en las tierras extremeñas.

Ante el panorama, Felipe II le rogaba marchase a las Américas con una misión secreta.

Era la época de Miguel Servet y Hernández se codeaba con lo más granado de la intelectualidad de la época.

 Había que ver si en El Dorado también podrían encontrar el elixir de la “eterna juventud” o los males a las miles y purulentas enfermedades que asolaban desde hacía siglos las pétreas ciudades y los campos de Europa.

Era menester y prioritario. A ver si entre tanta baya, arbusto y raíces podían encontrar remedios a muchos e importantes problemas.


Sus contemporáneos eran nada más y nada menos que Andrés Vesalio, Juanelo Turriano, Juan de Herrera y Benito Arias Montano.

Casi nada. Repóker de ases, sin lugar a dudas de una época apasionante. Con ellos discutía, comentaba, buscaba libros y les pedía consejo sobre tal o cual cosa.

De aquel elenco de pensadores de vanguardia no podía salir salvo algo bueno, representaban el más fiel termómetro de la España del momento. La metrópoli del mundo.

Ya por aquel entonces se las manejaba al mejor estilo naturalista, pateándose, viéndoselas con el tomillo y el espliego de las sierras andaluzas.

Se ocupó del jardín botánico de los hospitales de Guadalupe, observando cómo podían curar y vivificar.

De la naturaleza de algunas sierras extremeñas, el gusto por el monte y la selección, el pateo y el olfateo, lo cual vendría muy bien para lo que le esperaba en América.

Hernández tradujo y realizó unos amplios y ajustados comentarios científicos en castellano a una de las obras más influyentes en el conocimiento de la naturaleza en el siglo XVI europeo; la Historia natural de Plinio y Teofrasto.

Planificando la aventura en terra incognita

¿Qué debía hacer en el territorio americano?. Su misión era preguntar a los médicos y en general a todas aquellas personas, españolas o indias, que supieran algo de las propiedades medicinales de las plantas de ese territorio americano; debía escribir una relación de los vegetales de uso medicinal y tenía que informar sobre la forma de cultivarlos y especialmente de conservarlos y traerlos a toda costa a Europa.

Científico reputado y cortesano, a los 56 años de edad, recibe el pase para América, así como la responsabilidad de organizar la primera gran expedición científica al Nuevo Mundo para realizar el estudio mas completo de las plantas medicinales de la época. Imagínense.

Aquello, lo de viajar a la América recién descubierta, como recientemente nos decía José María Lancho, debía ser como viajar a la luna, como si fueran los ecos de la última frontera conocida. Un nuevo continente daba mucho de sí a la hora de descubrir.

Toda una oportunidad. En este contexto, en el que se encuentran tres millares de plantas mexicanas por parte de Hernández, sus resultados de búsqueda y pateo incesante de los páramos americanos.

Significaba una ruptura total con el pasado, una puerta abierta al futuro. Aquellos nombres en náhuatl y otros idiomas amerindios significaban una savia nueva para el conocimiento ancestral y cuasi medieval de las especies botánicas y sus remedios medicinales.

Publicado por Javier Noriega el Jun 7, 2016
http://abcblogs.abc.es/espejo-de-navegantes/2016/06/07/la-increible-historia-de-francisco-hernandez-1571-la-primera-expedicion-cientifica-de-la-historia-moderna/

martes, 4 de septiembre de 2018

Un paseo desde Maqueda hasta el Castillo de San Silvestre


Un paseo hasta el castillo de San Silvestre

Aparte de recorrer el camino del Lazarillo en sí, vamos a realizar desde Maqueda una excursión que nos llevará hasta el poco conocido castillo de San Silvestre, situado en una aldea medieval hoy despoblada de la que solamente queda la antigua iglesia junto al castillo que visitaremos.


Tomaremos para ello el camino vecinal de Maqueda a Nové, que parte cerca de la rotonda de la carretera que pasa debajo de la autovía, en el lado sur. 

Seguiremos el camino que va paralelo al valle del arroyo Grande y de la acequia del Prado que riega sus tierras ribereñas. 

Portada del castillo de San Silvestre en Maqueda

Llegaremos así a un viejo molino con un gran cubo que también se surtía por una acequia que a la vez regaba esas vegas. 

Poco después accederemos al castillo que impresiona emergiendo en estas soledades. 

Se trata de una fortaleza del siglo XV construida por el Comendador Gutierre de Cárdenas. 

Tiene planta cuadrada y conserva tres de los lienzos de su muralla con torres redondas de base troncocónica. 

Castillo de San Silvestre

Cuenta con buena portada blasonada a saliente que tuvo puente levadizo sobre el foso. Son peculiares las almenas dobles de piedra y ladrillo así como las saeteras cruciformes de granito. 

En el interior se conservan dos grandes salas subterráneas abovedadas. 

En sus cercanías hay también un pozo de nieve.Cubo del molino de San Silvestre

A la vuelta cruzaremos el arroyo y pasaremos, según indica el plano, junto a la ermita de Nuestra Señora de la Monjía que se encuentra enfrente del molinillo. 













Ermita de Nuestra Señora de la Monjía, cerca del castillo de San Silvestre

Es una ermita a la que se hace romería desde Novés el domingo siguiente a San Isidro. Este pueblo, que también tiene una iglesia de interés, es el lugar de nacimiento de los comuneros Padilla y Bravo y también residió aquí temporalmente Lope de Vega, en el llamado palacio de “Las Cadenas”. 

 Después de visitar la ermita seguiremos de vuelta nuestro paseo hasta Maqueda cruzando nuevamente el arroyo.


http://lamejortierradecastilla.com/paseo-hasta-el-poco-conocido-castillo-de-san-silvestre/#more-9131

lunes, 3 de septiembre de 2018

El Rey Sabio y los judíos. El Fuero Real, el Espéculo y el Código de las Siete Partidas


Resultado de imagen de El Rey Sabio y los judíosA mediados del siglo XII, las coronas de Castilla y Aragón promulgaron distintas leyes que afectaron a las relaciones judeo-cristianas en la península ibérica.

En Castilla, el complejo proceso legislativo alfonsí, sustentado en una recuperación del Derecho Romano y Canónico, tendrá consecuencias de envergadura para la vida de los judíos hispanos. Los grandes textos que analizaremos serán el Fuero Real, el Espéculo y el Código de las Siete Partidas.

El Fuero Real  de 1255, dedica varias leyes a la regulación de la vida entre los judíos. Existen siete leyes del título II del libro IV que los involucra.


El proselitismo religioso es una de las preocupaciones más latentes entre las autoridades y por lo tanto esta legislación castiga severamente con la pena capital cualquier tipo de proselitismo religioso por parte de los judíos. Además, se prohíbe a todo judío que tenga libros contrarios a la religión como asimismo proferir insultos contra Dios, la Virgen y los Santos.

Resultado de imagen de las Siete PartidasLa crianza mixta queda prohibida: “Ningún judío nin judía non sea osado de criar fijo de cristiano, nin de cristiana nin de dar su fijo a criar a cristiano nin a cristiana”.  El Fuero Real, por el contario, garantiza en su ley octava el libre ejercicio de la religión a los miembros de la minoría judía a la vez que les permite guardar el sábado y sus festividades religiosas.

Asimismo, quedan regulados los contratos de préstamos permitiendo la realización de contratos entre judíos, fijando la usura judía en 3 x 4. Este interés (33,3%) será habitual durante toda la Edad Media. Alrededor de 1260, aparece el Espéculo y la cuestión judía es nuevamente puesta de manifiesto aunque en menor medida si lo comparamos con el Fuero Real y las Partidas.

En el caso del Espéculo, encontramos que prohíbe a los creyentes de religiones no cristianas (judíos, moros) que atestigüen contra cristiano a excepción que el caso involucre al rey o al reino. Los judíos tendrán voz por sí mismos y por los de su ley, pero no contra cristianos.

 Finalmente, en el libro quinto (título XI) la ley XVI recoge la fórmula de juramento específico para los judíos. El Código de las Siete Partidas es el texto que mejor y más profusamente recoge el tema judío y sus consecuencias sociales, religiosas y políticas en el siglo XIII.

La Séptima Partida es la que de forma específica analiza y regula la conducta del judío en el plano religioso y social, así como el desempeño por parte de ellos de cargos públicos, la celebración del sabbath, la conversión al cristianismo, las uniones prohibidas, el proselitismo, los distintivos en su vestimenta, el problema de los siervos cristianos, etc.

No obstante, encontramos muchas otras disposiciones a lo largo del texto que reflejan la consideración que los juristas de Alfonso X y el propio rey tenían de los judíos.

 Estrella Ramos Garrido en uno de sus artículos, ha estudiado en detalle cada una de las leyes contenidas en el título XXIV de la Partida Séptima llegando a la conclusión de que el rey castellano es notablemente tolerante en dos áreas de interés para los judíos, la práctica religiosa y el sustento económico.

Para la autora, aunque el rey sabio adopta medidas segregacionistas en Partidas, no podemos dejar de notar que el rey castellano fue “tolerante” y “benévolo” con los judíos (protegió la sinagoga, reconoció el sabbath y prohibió la conversión forzosa).

En términos de Ramos Garrido, “Alfonso X no fue solo Sabio, sino también Tolerante”. Si bien acordamos con Ramos Garrido en que la legislación alfonsí da muestras de tolerancia hacia la presencia judía y esto se expresa en la protección regia tanto hacia sus personas como bienes y en el libre ejercicio de su religión no debemos perder de vista el contexto en el que tiene lugar la promulgación de Partidas.

En la plenitud del siglo XIII, las disposiciones tendientes a propiciar la segregación social de los judíos aumentan con el fin de dificultar la convivencia judeo-cristiana para de este modo impedir no sólo el proselitismo religioso sino también para favorecer la conversión voluntaria de los judíos al cristianismo.

http://bibliotecadigital.uca.edu.ar/repositorio/revistas/judios-legislacion-castellana-medieval.pdf

domingo, 2 de septiembre de 2018

Siguiendo al rio Alberche: El Lazarillo llega a Maqueda

Puerta árabe de arte califal que formaba parte del recinto fortificado. Siglo XI






















Seguimos el camino que hizo el Lazarillo hacia Toledo y llegamos a Maqueda. Villa antigua que nos recibe con el rollo jurisdiccional que lo atestigua.Rollo jurisdiccional de Maqueda


La importancia estratégica del lugar en el camino de Extremadura y el que unía Toledo con Ávila y Salamanca hicieron que en la zona hubiera población ya en tiempos prerromanos y que se construyera en la Edad Media el castillo que domina con su mole sobre el caserío.Castillo de Maqueda

Se trata de una fortaleza de origen musulmán, aunque la mayor parte de los restos son de época cristiana. 

Tiene planta cuadrada con torres circulares en sus cuatro esquinas y en la mitad tres de los lienzos de su muralla, pues en el cuarto se sitúa la portada con detalles isabelinos de decoración, sobre el que campa el escudo de los Cárdenas y una cruz de Santiago.Torre de la vVela en Maqueda, resto de la antigua fortificación de la villa

La mayor parte de la obra fue levantada en el siglo XV y su potencia defensiva se completaba con la muralla que circundaba a la localidad y de la que quedan pocos restos salvo la estructura que precede a la puerta de la iglesia y la llamada torre de la Vela que es una estructura con uno de los lados redondeados y aparejo mudéjar con ladrillo y mampostería y con dos órdenes de ventanas rematadas con arcos de medio punto.












Detalle de la puerta del castillo de Maqueda

Esta iglesia parroquial no fue la única del pueblo, pues quedan todavía los restos de Santo Domingo, otro templo del que solamente nos queda la espadaña.Restos de la espadaña de Santo Domingo

Es la iglesia de Santa María de los Alcázares y su nombre es debido a que se levanta en el entorno de la antigua entrada principal a la fortaleza con su puerta califal.Capitel romano en la iglesia de Maqueda

En su interior podemos ver varios paneles de cerámica talaverana del siglo XVI, un retablo con pinturas de la misma centuria y un capitel corintio de probable origen romano. La capilla bautismal está cubierta por artesonado mudéjar.

EL LAZARILLO Y EL CLÉRIGO

En este pueblo se desarrolla todo el tratado segundo del Lazarillo de Tormes, que escapó del trueno y dio en el relámpago, según el mismo dice, pues fue a ponerse al servicio de un clérigo que era aún más ruin que el ciego. 

Con él suceden algunos episodios más en el que siempre está presente el fino humor de esta obra magistral. 

Cuando le daba una humilde cebolla le decía que no hacía “sino golosinar”, y cuando le ofrecía una cabeza de carnero de la que solamente quedaban los huesos, le reprochaba al infeliz muchacho que tenía mejor vida que el Papa. 

Consigue Lázaro una llave para abrir el arca donde guardaba el cura los panes o bodigos y los roe diciendo que es un ratón quien se los come. Lázaro llega a devorar de pura hambre hasta las cortezas de queso que el clérigo pone en la ratonera. 

Pero un vecino dice que más bien debe ser una culebra, y cuando el pobre chaval duerme con la llave escondida en la boca provoca un silbido al respirar que le hace creer al amo que el ruido proviene de la culebra que le roba su pan, y descarga un fuerte garrotazo sobre el desgraciado Lazarillo que, después de recuperarse, es despedido emprendiendo nuevamente viaje a Toledo.El Lazarillo comiendo los bodigos del lérigo de Maqueda

Texto completo del tratado segundo que nos relata la estancia de Lazarillo en Maqueda:

Tratado segundo

Cómo Lázaro se asentó con un clérigo, y de las cosas que con él pasó

Otro día, no pareciéndome estar allí seguro, fuime a un lugar que llaman Maqueda, adonde me toparon mis pecados con un clérigo, que, llegando a pedir limosna, me preguntó si sabía ayudar a misa. Yo dije que sí, como era verdad; que, aunque maltratado, mil cosas buenas me mostró el pecador del ciego, y una de ellas fue ésta. Finalmente, el clérigo me recibió por suyo.

Escapé del trueno y di en el relámpago, porque era el ciego para con éste un Alejandro Magno, con ser la misma avaricia, como he contado. No digo más, sino que toda la lacería del mundo estaba encerrada en éste: no sé si de su cosecha era o lo había anejado con el hábito de clerecía.

Él tenía un arcaz viejo y cerrado con su llave, la cual traía atada con un agujeta del paletoque. Y en viniendo el bodigo de la iglesia, por su mano era luego allí lanzado y tornada a cerrar el arca. Y en toda la casa no había ninguna cosa de comer, como suele estar en otras algún tocino colgado al humero, algún queso puesto en alguna tabla o en el armario, algún canastillo con algunos pedazos de pan que de la mesa sobran; que me parece a mí que, aunque de ello no me aprovechara, con la vista de ello me consolara.

Solamente había una horca de cebollas, y tras la llave, en una cámara en lo alto de la casa. De éstas tenía yo de ración una para cada cuatro días, y, cuando le pedía la llave para ir por ella, si alguno estaba presente, echaba mano al falsopeto y con gran continencia la desataba y me la daba diciendo:

-Toma y vuélvela luego, y no hagáis sino golosinar.


Como si debajo de ella estuvieran todas las conservas de Valencia, con no haber en la dicha cámara, como dije, maldita la otra cosa que las cebollas colgadas de un clavo. Las cuales él tenía tan bien por cuenta, que, si por malos de mis pecados me desmandara a más de mi tasa, me costara caro. Finalmente, yo me finaba de hambre.

Pues ya que conmigo tenía poca caridad, consigo usaba más. Cinco blancas de carne era su ordinario para comer y cenar. Verdad es que partía conmigo del caldo, que de la carne ¡tan blanco el ojo!, sino un poco de pan, y ¡pluguiera a Dios que me demediara!El clérigo repara el baúl de los bodigos

Los sábados cómense en esta tierra cabezas de carnero, y enviábame por una, que costaba tres maravedís. Aquélla le cocía, y comía los ojos y la lengua y el cogote y sesos y la carne que en las quijadas tenía, y dábame todos los huesos roídos, y dábamelos en el plato, diciendo:

-Toma, come, triunfa, que para ti es el mundo. Mejor vida tienes que el papa.

«¡Tal te la dé Dios!» -decía yo paso entre mí.

A cabo de tres semanas que estuve con él vine a tanta flaqueza, que no me podía tener en las piernas de pura hambre. Vime claramente ir a la sepultura, si Dios y mi saber no me remediaran. Para usar de mis mañas no tenía aparejo, por no tener en qué dalle salto. Y, aunque algo hubiera, no podía cegalle, como hacía al que Dios perdone (si de aquella calabazada feneció), que todavía, aunque astuto, con faltalle aquel preciado sentido, no me sentía; mas estotro, ninguno hay que tan aguda vista tuviese como él tenía.

Cuando al ofertorio estábamos, ninguna blanca en la concha caía, que no era de él registrada: el un ojo tenía en la gente y el otro en mis manos. Bailábanle los ojos en el casco como si fueran de azogue. Cuantas blancas ofrecían tenía por cuenta, y, acabado el ofrecer, luego me quitaba la concha y la ponía sobre el altar.

No era yo señor de asirle una blanca todo el tiempo que con él viví, o, por mejor decir, morí. De la taberna nunca le traje una blanca de vino; mas aquel poco que de la ofrenda había metido en su arcaz compasaba de tal forma que le duraba toda la semana

Y por ocultar su gran mezquindad, decíame:

-Mira, mozo, los sacerdotes han de ser muy templados en su comer y beber, y por esto yo no me desmando como otros.

Mas el lacerado mentía falsamente, porque en cofradías y mortuorios que rezamos, a costa ajena comía como lobo y bebía más que un saludador.

Y porque dije de mortuorios, Dios me perdone, que jamás fui enemigo de la naturaleza humana sino entonces. Y esto era porque comíamos bien y me hartaban. Deseaba y aun rogaba a Dios que cada día matase el suyo. Y cuando dábamos sacramento a los enfermos, especialmente la extremaunción, como manda el clérigo rezar a los que están allí, yo cierto no era el postrero de la oración, y con todo mi corazón y buena voluntad rogaba al Señor, no que le echase a la parte que más servido fuese, como se suele decir, mas que le llevase de aqueste mundo.

Y cuando alguno de éstos escapaba, ¡Dios me lo perdone!, que mil veces le daba al diablo; y el que se moría, otras tantas bendiciones llevaba de mí dichas. Porque en todo el tiempo que allí estuve, que serían casi seis meses, solas veinte personas fallecieron, y éstas bien creo que las maté yo, o, por mejor decir, murieron a mi recuesta; porque, viendo el Señor mi rabiosa y continua muerte, pienso que holgaba de matarlos por darme a mí vida.

Mas de lo que al presente padecía, remedio no hallaba; que, si el día que enterrábamos yo vivía, los días que no había muerto, por quedar bien vezado de la hartura, tornando a mi cotidiana hambre, más lo sentía. De manera que en nada hallaba descanso, salvo en la muerte, que yo también para mí, como para los otros deseaba algunas veces; mas no la veía, aunque estaba siempre en mí.

Pensé muchas veces irme de aquel mezquino amo; mas por dos cosas lo dejaba: la primera, por no me atrever a mis piernas, por temer de la flaqueza que de pura hambre me venía; y la otra, consideraba y decía: «Yo he tenido dos amos: el primero traíame muerto de hambre y, dejándole, topé con este otro, que me tiene ya con ella en la sepultura; pues si de éste desisto y doy en otro más bajo, ¿qué será, sino fenecer?». 

Con esto no me osaba menear, porque tenía por fe que todos los grados había de hallar más ruines. Y a abajar otro punto, no sonara Lázaro ni se oyera en el mundo.

Pues estando en tal aflicción, cual plega al Señor librar de ella a todo fiel cristiano, y sin saber darme consejo, viéndome ir de mal en peor, un día que el cuitado, ruin y lacerado de mi amo había ido fuera del lugar, llegóse acaso a mi puerta un calderero, el cual yo creo que fue ángel enviado a mí por la mano de Dios en aquel hábito. Preguntóme si tenía algo que adobar.

«En mí teníades bien que hacer, y no haríades poco, si me remediásedes» -dije paso, que no me oyó.

Mas, como no era tiempo de gastarlo en decir gracias, alumbrado por el Espíritu Santo, le dije:

-Tío, una llave de este arcaz he perdido, y temo mi señor me azote. Por vuestra vida, veáis si en ésas que traéis hay alguna que le haga, que yo os lo pagaré.

Comenzó a probar el angélico calderero una y otra de un gran sartal que de ellas traía, y yo ayudalle con mis flacas oraciones. Cuando no me cato, veo en figura de panes, como dicen, la cara de Dios dentro del arcaz, y, abierto, díjele:

-Yo no tengo dineros que daros por la llave; mas tomad de ahí el pago.

Él tomó un bodigo de aquéllos, el que mejor le pareció, y, dándome mi llave, se fue muy contento, dejándome más a mí.

Mas no toqué en nada por el presente, porque no fuese la falta sentida, y, aun porque me vi de tanto bien señor, parecióme que la hambre no se me osaba allegar. Vino el mísero de mi amo, y quiso Dios no miró en la oblada que el ángel había llevado.

Y otro día, en saliendo de casa, abro mi paraíso panal y tomo entre las manos y dientes un bodigo y en dos credos le hice invisible, no olvidándoseme el arca abierta. Y comienzo a barrer la casa con mucha alegría, pareciéndome con aquel remedio remediar dende en adelante la triste vida. Y así estuve con ello aquel día y otro gozoso; mas no estaba en mi dicha que me durase mucho aquel descanso, porque luego, al tercero día, me vino la terciana derecha. 

Y fue que veo a deshora al que me mataba de hambre sobre nuestro arcaz, volviendo y revolviendo, contando y tornando a contar los panes. Yo disimulaba, y en mi secreta oración y devociones y plegarias decía: «¡San Juan y ciégale!»

Después que estuvo un gran rato echando la cuenta, por días y dedos contando, dijo:

-Si no tuviera a tan buen recaudo esta arca, yo dijera que me habían tomado de ella panes; pero de hoy más, sólo por cerrar la puerta a la sospecha, quiero tener buena cuenta con ellos: nueve quedan y un pedazo.

«¡Nuevas malas te dé Dios!» -dije yo entre mí.

Parecióme con lo que dijo pasarme el corazón con saeta de montero y comenzóme el estómago a escarbar de hambre, viéndose puesto en la dieta pasada. Fue fuera de casa. Yo, por consolarme, abro el arca y, como vi el pan, comencélo de adorar, no osando recebillo.


 Contélos, si a dicha el lacerado se errara, y hallé su cuenta más verdadera que yo quisiera. Lo más que yo pude hacer fue dar en ellos mil besos, y, lo más delicado que yo pude, del partido partí un poco al pelo que él estaba, y con aquél pasé aquel día, no tan alegre como el pasado.

Mas, como la hambre creciese, mayormente que tenía el estómago hecho a más pan aquellos dos o tres días ya dichos, moría mala muerte; tanto, que otra cosa no hacía, en viéndome solo, sino abrir y cerrar el arca y contemplar en aquella cara de Dios, que así dicen los niños. Mas el mismo Dios, que socorre a los afligidos, viéndome en tal estrecho, trajo a mi memoria un pequeño remedio, que, considerando entre mí, dije: 

«Este arquetón es viejo y grande y roto por algunas partes, aunque pequeños agujeros. Puédese pensar que ratones, entrando en él, hacen daño a este pan. Sacarlo entero no es cosa conveniente, porque verá la falta el que en tanta me hace vivir. Esto bien se sufre».

Y comienzo a desmigajar el pan sobre unos no muy costosos manteles que allí estaban, y tomo uno y dejo otro, de manera que, en cada cual, de tres o cuatro desmigajé su poco. Después, como quien toma gragea, lo comí y algo me consolé. Mas él, como viniese a comer y abriese el arca, vio el mal pesar y sin duda creyó ser ratones los que el daño habían hecho, porque estaba muy al propio contrahecho de como ellos lo suelen hacer. Miró todo el arcaz de un cabo a otro y viole ciertos agujeros por do sospechaba habían entrado. Llamóme, diciendo:

-¡Lázaro, mira, mira, qué persecución ha venido aquesta noche por nuestro pan!

Yo híceme muy maravillado, preguntándole qué sería.

-¿Qué ha de ser? -dijo él-. Ratones, que no dejan cosa a vida.

Pusímosnos a comer, y quiso Dios que aun en esto me fue bien: que me cupo más pan que la lacería que me solía dar, porque rayó con un cuchillo todo lo que pensó ser ratonado, diciendo:

-Cómete eso, que el ratón cosa limpia es.

Y así, aquel día, añadiendo la ración del trabajo de mis manos, o de mis uñas por mejor decir, acabamos de comer, aunque yo nunca empezaba.

Y luego me vino otro sobresalto, que fue verle andar solícito quitando clavos de las paredes y buscando tablillas, con las cuales clavó y cerró todos los agujeros de la vieja arca.

«¡Oh Señor mío -dije yo entonces-, a cuánta miseria y fortuna y desastres estamos puestos los nacidos, y cuán poco duran los placeres de esta nuestra trabajosa vida! Heme aquí, que pensaba con este pobre y triste remedio remediar y pasar mi lacería, y estaba ya cuanto que alegre y de buena ventura. 

Mas no quiso mi desdicha, despertando a este lacerado de mi amo y poniéndole más diligencia de la que él de suyo se tenía (pues los míseros por la mayor parte nunca de aquélla carecen), agora, cerrando los agujeros del arca, cerrase la puerta a mi consuelo y la abriese a mis trabajos».

Así lamentaba yo, en tanto que mi solícito carpintero, con muchos clavos y tablillas, dio fin a sus obras, diciendo:

-Agora, donos traidores ratones, conviéneos mudar propósito, que en esta casa mala medra tenéis.

De que salió de su casa, voy a ver la obra, y hallé que no dejó en la triste y vieja arca agujero ni aun por donde le pudiese entrar un mosquito. Abro con mi desaprovechada llave, sin esperanza de sacar provecho, y vi los dos o tres panes comenzados, los que mi amo creyó ser ratonados, y de ellos todavía saqué alguna lacería, tocándolos muy ligeramente, a uso de esgrimidor diestro. 

Como la necesidad sea tan gran maestra, viéndome con tanta siempre, noche y día estaba pensando la manera que tendría en sustentar el vivir. Y pienso, para hallar estos negros remedios, que me era luz la hambre, pues dicen que el ingenio con ella se avisa, y al contrario con la hartura, y así era por cierto en mí.

Pues estando una noche desvelado en este pensamiento, pensando cómo me podría valer y aprovecharme del arcaz, sentí que mi amo dormía, porque lo mostraba con roncar y en unos resoplidos grandes que daba cuando estaba durmiendo. 

Levantéme muy quedito, y, habiendo en el día pensado lo que había de hacer y dejado un cuchillo viejo que por allí andaba en parte do le hallase, voyme al triste arcaz, y, por do había mirado tener menos defensa, le acometí con el cuchillo, que a manera de barreno de él usé. Y como la antiquísima arca, por ser de tantos años, la hallase sin fuerza y corazón, antes muy blanda y carcomida, luego se me rindió y consintió en su costado, por mi remedio, un buen agujero. 

Esto hecho, abro muy paso la llagada arca, y, al tiento, del pan que hallé partido, hice según de yuso está escrito. Y con aquello algún tanto consolado, tornando a cerrar, me volví a mis pajas, en las cuales reposé y dormí un poco, lo cual yo hacía mal, y echábalo al no comer. Y así sería, porque cierto, en aquel tiempo, no me debían de quitar el sueño los cuidados del rey de Francia.

Otro día fue por el señor mi amo visto el daño, así del pan como del agujero que yo había hecho, y comenzó a dar a los diablos los ratones y decir:

-¿Qué diremos a esto? ¡Nunca haber sentido ratones en esta casa, sino agora!

Y sin duda debía de decir verdad, porque, si casa había de haber en el reino justamente de ellos privilegiada, aquélla de razón había de ser, porque no suelen morar donde no hay qué comer. Torna a buscar clavos por la casa y por las paredes, y tablillas a atapárselos. Venida la noche y su reposo, luego yo era puesto en pie con mi aparejo y, cuantos él tapaba de día, destapaba yo de noche.

En tal manera fue y tal prisa nos dimos, que sin duda por esto se debió decir: «donde una puerta se cierra, otra se abre». Finalmente, parecíamos tener a destajo la tela de Penélope, pues, cuanto él tejía de día rompía yo de noche. Ca en pocos días y noches pusimos la pobre despensa de tal forma que, quien quisiera propiamente de ella hablar, más corazas viejas de otro tiempo, que no arcaz, la llamara, según la clavazón y tachuelas sobre sí tenía.

De que vio no aprovecharle nada su remedio, dijo:

-Este arcaz está tan maltratado y es de madera tan vieja y flaca, que no habrá ratón a quien se defienda. Y va ya tal que, si andamos más con él, nos dejará sin guarda. Y aun lo peor, que, aunque hace poca, todavía hará falta faltando, y me pondrá en costa de tres o cuatro reales. El mejor remedio que hallo, pues el de hasta aquí no aprovecha: armaré por de dentro a estos ratones malditos.

Luego buscó prestada una ratonera, y con cortezas de queso que a los vecinos pedía, contino el gato estaba armado dentro del arca. Lo cual era para mí singular auxilio, porque, puesto caso que yo no había menester muchas salsas para comer, todavía me holgaba con las cortezas del queso que de la ratonera sacaba, y sin esto no perdonaba el ratonar del bodigo.

Como hallase el pan ratonado y el queso comido y no cayese el ratón que lo comía, dábase al diablo, preguntaba a los vecinos qué podría ser comer el queso y sacarlo de la ratonera y no caer ni quedar dentro el ratón, y hallar caída la trampilla del gato.

Acordaron los vecinos no ser el ratón el que este daño hacía, porque no fuera menos de haber caído alguna vez. Díjole un vecino:

-En vuestra casa yo me acuerdo que solía andar una culebra, y ésta debe de ser sin duda. Y lleva razón, que como es larga, tiene lugar de tomar el cebo, y, aunque la coja la trampilla encima, como no entre toda dentro, tórnase a salir.

Cuadró a todos lo que aquél dijo y alteró mucho a mi amo, y dende en adelante no dormía tan a sueño suelto, que cualquier gusano de la madera que de noche sonase, pensaba ser la culebra que le roía el arca. Luego era puesto en pie, y con un garrote que a la cabecera, desde que aquello le dijeron, ponía, daba en la pecadora del arca grandes garrotazos, pensando espantar la culebra. 

A los vecinos despertaba con el estruendo que hacía, y a mí no me dejaba dormir. Íbase a mis pajas y trastornábalas, y a mí con ellas, pensando que se iba para mí y se envolvía en mis pajas o en mi sayo; porque le decían que de noche acaecía a estos animales, buscando calor, irse a las cunas donde están criaturas, y aún mordellas y hacerles peligrar.

Yo las más veces hacía del dormido, y en la mañana, decíame él:

-¿Esta noche, mozo, no sentiste nada? Pues tras la culebra anduve, y aun pienso se ha de ir para ti a la cama, que son muy frías y buscan calor.

-¡Plega a Dios que no me muerda -decía yo-, que harto miedo le tengo!

De esta manera andaba tan elevado y levantado del sueño, que, mi fe, la culebra (o culebro por mejor decir) no osaba roer de noche ni levantarse al arca; mas de día, mientras estaba en la iglesia o por el lugar, hacía mis saltos. Los cuales daños viendo él, y el poco remedio que les podía poner, andaba de noche, como digo, hecho trasgo.

Yo hube miedo que con aquellas diligencias no me topase con la llave, que debajo de las pajas tenía, y parecióme lo más seguro metella de noche en la boca, porque ya, desde que viví con el ciego, la tenía tan hecha bolsa que me acaeció tener en ella doce o quince maravedís, todo en medias blancas, sin que me estorbase el comer, porque de otra manera no era señor de una blanca que el maldito ciego no cayese con ella, no dejando costura ni remiendo que no me buscaba muy a menudo.

Pues, así como digo, metía cada noche la llave en la boca y dormía sin recelo que el brujo de mi amo cayese con ella; mas cuando la desdicha ha de venir, por demás es diligencia. 

Quisieron mis hados, o por mejor decir mis pecados, que, una noche que estaba durmiendo, la llave se me puso en la boca, que abierta debía tener, de tal manera y postura que el aire y resoplo, que yo durmiendo echaba, salía por lo hueco de la llave, que de cañuto era, y silbaba, según mi desastre quiso, muy recio, de tal manera que el sobresaltado de mi amo lo oyó, y creyó sin duda ser el silbo de la culebra, y cierto lo debía parecer.

Levantóse muy paso con su garrote en la mano, y, al tiento y sonido de la culebra, se llegó a mí con mucha quietud, por no ser sentido de la culebra. Y, como cerca se vio, pensó que allí en las pajas, do yo estaba echado, al calor mío se había venido. Levantando bien el palo, pensando tenerla debajo y darle tal garrotazo que la matase, con toda su fuerza me descargó en la cabeza un tan gran golpe que sin ningún sentido y muy mal descalabrado me dejó.

Como sintió que me había dado, según yo debía hacer gran sentimiento con el fiero golpe, contaba él que se había llegado a mí y, dándome grandes voces, llamándome, procuró recordarme. Mas, como me tocase con las manos, tentó la mucha sangre que se me iba, y conoció el daño que me había hecho. Y con mucha prisa fue a buscar lumbre y, llegando con ella, hallóme quejando, todavía con mi llave en la boca, que nunca la desamparé, la mitad fuera, bien de aquella manera que debía estar al tiempo que silbaba con ella.

Espantado el matador de culebras qué podría ser aquella llave, miróla sacándomela del todo de la boca, y vio lo que era, porque en las guardas nada de la suya diferenciaba. Fue luego a proballa, y con ella probó el maleficio. Debió de decir el cruel cazador: «El ratón y culebra que me daban guerra y me comían mi hacienda he hallado».


De lo que sucedió en aquellos tres días siguientes ninguna fe daré, porque los tuve en el vientre de la ballena, mas, de cómo esto que he contado oí, después que en mí torné, decir a mi amo, el cual a cuantos allí venían lo contaba por extenso.

A cabo de tres días yo torné en mi sentido, y vime echado en mis pajas, la cabeza toda emplastada y llena de aceites y ungüentos, y, espantado, dije:

-¿Qué es esto?

Respondióme el cruel sacerdote:

-A fe que los ratones y culebras que me destruían ya los he cazado.

Y miré por mí, y vime tan maltratado que luego sospeché mi mal.

A esta hora entró una vieja que ensalmaba, y los vecinos. Y comiénzanme a quitar trapos de la cabeza y curar el garrotazo. Y, como me hallaron vuelto en mi sentido, holgáronse mucho y dijeron:

-Pues ha tornado en su acuerdo, placerá a Dios no será nada.

Ahí tornaron de nuevo a contar mis cuitas y a reírlas, y yo, pecador, a llorarlas. Con todo esto, diéronme de comer, que estaba transido de hambre, y apenas me pudieron demediar. Y así, de poco en poco, a los quince días me levanté y estuve sin peligro (mas no sin hambre) y medio sano.

Luego otro día que fui levantado, el señor mi amo me tomó por la mano y sacóme la puerta fuera y, puesto en la calle, díjome:

-Lázaro, de hoy más eres tuyo y no mío. Busca amo y vete con Dios, que yo no quiero en mi compañía tan diligente servidor. No es posible sino que hayas sido mozo de ciego.

Y santiguándose de mí, como si yo estuviera endemoniado, tórnase a meter en casa y cierra su puerta.


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sábado, 1 de septiembre de 2018

Los petroglifos de Quero ya pueden verse en excursiones nocturnas

Resultado de imagen de Quero toledo mapaEl municipio toledano es el primero en incluir en ruta estos grabados populares de los siglos XVI, XVII y XVIII

Un nuevo género de arte popular acaba de ponerse en valor en Castilla-La Mancha. El Ayuntamiento de Quero ha programado visitas guiadas al paraje «Casa del Oro», antigua zona de cañadas y caminos históricos, cuyo interior alberga un variado repertorio de petroglifos, trazados por pastores, ganaderos y labradores entre finales del siglo XV y el siglo XVIII.

Las excavaciones comenzaron el verano pasado, y han concluido recientemente. Los trabajos de campo han sido dirigidos por el arqueólogo y profesor Víctor Manuel López Menchero, quien a su vez ha operado bajo la supervisión del proyecto «Petroglifos y cazoletas de Castilla-La Mancha», financiado por la Junta y dirigido por el profesor de Historia de la UCLM en Ciudad Real, Jorge Onrubia.


Otras estaciones rupestres similares de la región han sido estudiadas por el mismo equipo técnico en Villafranca de los Caballeros, en la provincia de Toledo, y en Alcázar de San Juan, Campo de Criptana y Picón, en Ciudad Real. Se prevé una próxima excavación en el municipio ciudadrrealeño de Puertollano.

Uno de los petroglifos que pueden verse en la ruta nocturna
Un total de 15 paneles rocosos con grabados han sido hallados en el paraje «Casa del Oro» de Quero. 

Sus autores trazaron en ellos símbolos cristianos como amuletos de defensa ante sus padecimientos. López Menchero habla de la protección divina que solicitaban los vecinos del campo en episodios de sequía, tormentas, plagas o epidemias, o incluso para guardarse de espíritus malignos y demonios.

El terreno es ligeramente elevado, con pequeños cerros y lomas, por lo que no ha sido necesario extraer grandes cantidades de tierra, ya que los sedimentos apenas han colmatado el yacimiento.

Los petroglifos están ubicados en antiguas áreas de descanso, cerca de pozos y abrevaderos, donde pastores y campesinos reparaban horas y horas durante sus largas jornadas de labor.

Los arqueólogos están inmersos en la tarea de descifrado de algunos símbolos, aunque otros los han podido apreciar con bastante nitidez. Hasta ahora se han podido identificar la cruz y el orbe –representación de Cristo reinante en el mundo– , la cruz de San Juan, la cruz griega, la cruz de calvario, advocaciones a la Virgen María con una «M» mayúscula, y «podomorfos», o siluetas de pies, tanto de niños como de adultos. Algunas rocas presentan «cazoletas», pequeñas cavidades unidas por acanaladuras, a través de las cuales circulaban líquidos, como el agua de rocío.

Las referencias documentales a estos pictogramas no existen, debido al analfabetismo de las clases sociales inferiores, algo que obliga a los arqueólogos a establecer lazos con otros yacimientos de cronología similar.

Cultura popular

Fundamentalmente, ellos siguen la estela de «expresiones de la cultura popular» como estas para llegar a entender cuán débil era la «frontera que separaba la superstición de la religión», afirma López Menchero, en los hábitats más depauperados de la época de los petroglifos de Quero, pues el concepto de fe en el campo no estaba nutrido del estudio teológico y el dogmatismo de las ciudades.


Para su difusión, el Ayuntamiento de Quero ha programado rutas nocturnas. Es la primera localidad que enseña a turistas arte rupestre de este tipo.

Los interesados pueden acompañar en esta expedición al mismo alcalde, José Rubén Torres, que a partir de septiembre, junto con otros interventores de la excavación, hará visitas a altas horas de la noche, provisto de una linterna de luz LED, que iluminará los petroglifos de modo que resalten en toda su plenitud. La experiencia ya se probó a principios de este mes de agosto, con muy buena aceptación.


24/08/2018 14:02h
https://www.abc.es/espana/castilla-la-mancha/toledo/pueblos/abci-petroglifos-quero-pueden-verse-excursiones-nocturnas-201808241402_noticia.html

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